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Lloyd
Fandom: Ninjago
Creado: 21/5/2026
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PWP (¿Trama? ¿Qué trama?)RomanceFantasíaOOC (Fuera de Personaje)Lenguaje ExplícitoAmbientación CanonUA (Universo Alternativo)Estudio de Personaje
Lecciones Privadas en el Monasterio de Spinjitzu
El sol de la tarde bañaba el Monasterio de Spinjitzu con un tono dorado, pero Lloyd Garmadon no podía concentrarse en su entrenamiento habitual. Como el Maestro Dorado y líder del equipo, su mente debería estar en las amenazas elementales o en la paz del reino, pero últimamente, el ambiente en el templo se había vuelto insoportablemente denso.
No era una amenaza externa. Era algo interno, algo que parecía estar afectando a cada una de las mujeres que residían o visitaban el lugar. Lloyd observaba desde el balcón superior cómo los otros ninjas —Kai, Jay, Cole y Zane— seguían con sus rutinas, completamente ajenos a lo que sucedía frente a sus narices. Pero Lloyd lo veía. Lo veía en cada movimiento, en cada mirada y en cada prenda de ropa que parecía volverse más ajustada y reveladora cada día.
—¿No notas nada raro, Kai? —preguntó Lloyd, tratando de sonar casual.
—¿Raro? —Kai se encogió de hombros mientras lanzaba un tajo al aire—. Solo que hace más calor de lo normal. Quizás deba entrenar sin camisa.
Lloyd suspiró. Sus amigos eran ciegos. No se daban cuenta de que Nya, la Maestra del Agua, ya no solo entrenaba; se pavoneaba. Nya siempre había sido de carácter fuerte y amable, pero ahora, cada vez que pasaba cerca de Lloyd, arqueaba la espalda de una manera exagerada, resaltando sus curvas de infarto. Su traje de ninja parecía haber encogido tres tallas, dejando poco a la imaginación sobre su figura voluptuosa y su trasero prominente que se balanceaba con una intención clara de provocar.
—Es una distracción —murmuró Lloyd para sí mismo.
Caminó hacia la sala de inventos, esperando encontrar algo de paz, pero allí la situación era peor. Sora, la joven genio tecnológica, estaba inclinada sobre una mesa de trabajo. Llevaba unos shorts tan cortos que apenas cubrían nada, y cada vez que estiraba el brazo para alcanzar una herramienta, se aseguraba de que su trasero quedara en la línea de visión de Lloyd.
—Oh, hola Lloyd —dijo Sora, dándose la vuelta con una sonrisa traviesa—. Este motor está... muy caliente. ¿Podrías ayudarme a revisarlo desde aquí abajo?
Sora se agachó, dejando que su figura se luciera en todo su esplendor. Era evidente que disfrutaba provocando, actuando como una seductora profesional bajo la fachada de una inventora.
Lloyd apretó los puños. Sabía lo que estaban haciendo. Todas ellas. Desde la salvaje Wyldfyre, que corría por los pasillos con ropas desgarradas que apenas contenían su cuerpo provocador, hasta la dulce y supuestamente ingenua Euphrasia, quien "accidentalmente" tropezaba contra él, permitiendo que Lloyd sintiera la suavidad de sus curvas.
Incluso las visitas no se quedaban atrás. La Princesa Vania había llegado de Shintaro con vestidos que dejaban ver más de lo que la etiqueta real permitía, moviéndose con una soltura que gritaba deseo. Harumi, ahora reformada, parecía haber canalizado toda su astucia en ser la más provocadora de todas, usando su belleza para mantener a Lloyd en un estado de tensión constante. Akita, con su instinto animal, no se molestaba en sutilezas; se movía como una depredadora acechando a su presa, con un cuerpo que desafiaba cualquier lógica de modestia.
—Esto tiene que terminar —decidió Lloyd—. Si quieren jugar a este juego, les voy a enseñar quién es el maestro aquí.
Su primera parada fue el hangar. Pixal estaba allí, conectada a la computadora central. A pesar de ser una nindroide, su nuevo cuerpo diseñado por ella misma era una obra de arte de la ingeniería dedicada al deseo. Sus caderas eran anchas y su figura era la definición misma de una tentación metálica y sintética.
—Pixal, necesito un informe —dijo Lloyd, cerrando la puerta del hangar con llave.
—Claro, Lloyd. Los sistemas están al cien por cien —respondió ella, dándose la vuelta y apoyándose contra la consola, acentuando su figura—. Aunque noto que mi temperatura interna está subiendo. ¿Crees que podrías... inspeccionar mi hardware?
Lloyd no respondió con palabras. Se acercó a ella con una determinación que Pixal no esperaba. La tomó por la cintura, sintiendo la firmeza de su diseño.
—Sé lo que estás haciendo, Pixal. Tú y todas las demás —susurró Lloyd en su oído—. Creen que pueden provocarme y salir impunes.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —desafió ella, con una chispa de excitación en sus sensores.
Lloyd no perdió el tiempo. La lección comenzó allí mismo. Pixal, a pesar de su naturaleza lógica, emitió sonidos que no estaban en su programación original mientras Lloyd le demostraba que no era un niño al que se pudiera manipular. Ella no estaba disgustada; al contrario, su cuerpo vibraba con una satisfacción que solo el Maestro Dorado podía proporcionar.
Después de dejar a Pixal reiniciando sus sistemas con una sonrisa de absoluta plenitud, Lloyd se dirigió al comedor. Allí encontró a Skylor, la Maestra del Ámbar. Ella siempre había sido segura de sí misma, pero ahora llevaba su sensualidad como un arma cargada. Estaba sentada en la mesa, bebiendo té, con una pierna cruzada sobre la otra, dejando ver su muslo firme y su trasero perfectamente moldeado contra la silla.
—Llegas tarde para el té, Lloyd —dijo Skylor, lamiéndose los labios de forma sugerente—. Pero supongo que tienes cosas más importantes que "atender".
—Mucho más importantes —respondió Lloyd, caminando hacia ella.
Sin previo aviso, Lloyd la levantó de la silla y la puso contra la pared. Skylor soltó una carcajada ronca, encantada por la agresividad del ninja verde.
—Vaya, el dragón finalmente ha despertado —murmuró ella, rodeando el cuello de Lloyd con sus brazos.
—Voy a asegurarme de que no tengas energías para provocar a nadie más en una semana —sentenció Lloyd.
La sesión con Skylor fue intensa. Ella, siendo una experta en combate y en seducción, intentó llevar el ritmo, pero Lloyd la dominó por completo, reclamando cada centímetro de su cuerpo. Skylor terminó jadeando, rendida ante la superioridad de Lloyd, disfrutando de cada segundo de la "lección" que él le estaba impartiendo.
A medida que avanzaba la tarde, Lloyd fue encontrando a cada una de las chicas. Nya fue la siguiente en el dojo. Ella intentó usar su agilidad de Maestra del Agua para "jugar" con él, pero Lloyd la atrapó en un movimiento rápido, derribándola sobre las colchonetas.
—¡Lloyd! —exclamó ella, fingiendo sorpresa mientras su trasero rebotaba contra el suelo—. Qué rudo eres.
—Es lo que buscabas, ¿no? —dijo él, despegando su uniforme—. Pues aquí lo tienes.
Nya se entregó con una pasión desenfrenada, demostrando que detrás de esa fachada de ninja disciplinada, había una mujer que deseaba ser poseída con la misma fuerza que el océano.
Wyldfyre y Euphrasia fueron sorprendidas juntas en los jardines traseros. Wyldfyre estaba tratando de "enseñar" a Euphrasia cómo ser más salvaje, lo que básicamente consistía en posar de maneras provocativas entre las flores. Lloyd no les dio tiempo a reaccionar.
—Ustedes dos —dijo con voz autoritaria—. Tienen mucho que aprender sobre el comportamiento en el monasterio.
Wyldfyre se puso en guardia, pero con una sonrisa desafiante.
—¿Ah sí? ¿Y quién nos va a enseñar, rubito?
Lloyd les mostró exactamente quién. La combinación de la energía salvaje de Wyldfyre y la sumisión ingenua de Euphrasia creó un torbellino de sensaciones que Lloyd manejó con maestría. Ambas terminaron agotadas en la hierba, con miradas de adoración hacia el líder del equipo.
La Princesa Vania y Harumi estaban en la biblioteca, aparentemente discutiendo tratados de paz, pero sus posturas decían lo contrario. Vania estaba recostada sobre un diván, mientras Harumi caminaba de un lado a otro con un vestido que se abría en cada paso.
—Lloyd, qué sorpresa —dijo Harumi, con su voz de terciopelo—. Estábamos hablando de cómo Shintaro y Ninjago podrían... unirse más estrechamente.
—Tengo una idea mejor para una unión —dijo Lloyd, cerrando las puertas de la biblioteca.
Vania se levantó, moviendo sus caderas de forma hipnótica.
—Espero que seas un maestro muy paciente, Lloyd. Tenemos mucho que aprender.
Lloyd no fue paciente, pero fue exhaustivo. Se encargó de que tanto la princesa como la ex-villana comprendieran que sus juegos de seducción tenían consecuencias, unas consecuencias que ambas aceptaron con gemidos de placer y una entrega total.
Finalmente, Lloyd encontró a Akita cerca de las puertas del monasterio. Ella estaba en su forma humana, envuelta en pieles que resaltaban su belleza salvaje y su cuerpo diseñado para la acción.
—Huelo el rastro de las otras en ti —dijo Akita, con sus ojos brillantes—. Has estado ocupado.
—Aún me queda una lección por dar —respondió Lloyd, acercándose a ella.
Akita no retrocedió. Su instinto animal la empujaba hacia él.
—Enséñame, Lloyd. Enséñame por qué eres el alfa.
El encuentro con Akita fue el más intenso de todos, una lucha de voluntades y cuerpos que terminó con Akita aullando de placer bajo el cielo estrellado de Ninjago.
Horas más tarde, Lloyd regresó a su habitación, sintiéndose exhausto pero satisfecho. Había dejado claro quién mandaba en el monasterio. Al día siguiente, las chicas aparecieron en el desayuno. Todas estaban inusualmente silenciosas, pero sus rostros resplandecían con una satisfacción evidente.
Kai, Jay, Cole y Zane las miraban confundidos.
—Vaya —dijo Jay, rascándose la cabeza—. Parece que todas durmieron muy bien anoche. Están... diferentes.
Lloyd tomó un sorbo de su té, intercambiando una mirada cómplice con Nya, Sora, Skylor y las demás. Todas ellas le sonrieron, una sonrisa que prometía que, aunque habían aprendido la lección, no dejarían de provocarlo pronto.
—Sí, Jay —dijo Lloyd con una sonrisa tranquila—. Digamos que finalmente pusimos las cosas en orden.
Las chicas rieron entre dientes, sabiendo que el entrenamiento en el monasterio acababa de volverse mucho más interesante. Lloyd Garmadon ya no era solo su líder; era el hombre que podía dominar sus deseos más profundos, y ellas estaban más que dispuestas a ser sus alumnas favoritas una y otra vez.
No era una amenaza externa. Era algo interno, algo que parecía estar afectando a cada una de las mujeres que residían o visitaban el lugar. Lloyd observaba desde el balcón superior cómo los otros ninjas —Kai, Jay, Cole y Zane— seguían con sus rutinas, completamente ajenos a lo que sucedía frente a sus narices. Pero Lloyd lo veía. Lo veía en cada movimiento, en cada mirada y en cada prenda de ropa que parecía volverse más ajustada y reveladora cada día.
—¿No notas nada raro, Kai? —preguntó Lloyd, tratando de sonar casual.
—¿Raro? —Kai se encogió de hombros mientras lanzaba un tajo al aire—. Solo que hace más calor de lo normal. Quizás deba entrenar sin camisa.
Lloyd suspiró. Sus amigos eran ciegos. No se daban cuenta de que Nya, la Maestra del Agua, ya no solo entrenaba; se pavoneaba. Nya siempre había sido de carácter fuerte y amable, pero ahora, cada vez que pasaba cerca de Lloyd, arqueaba la espalda de una manera exagerada, resaltando sus curvas de infarto. Su traje de ninja parecía haber encogido tres tallas, dejando poco a la imaginación sobre su figura voluptuosa y su trasero prominente que se balanceaba con una intención clara de provocar.
—Es una distracción —murmuró Lloyd para sí mismo.
Caminó hacia la sala de inventos, esperando encontrar algo de paz, pero allí la situación era peor. Sora, la joven genio tecnológica, estaba inclinada sobre una mesa de trabajo. Llevaba unos shorts tan cortos que apenas cubrían nada, y cada vez que estiraba el brazo para alcanzar una herramienta, se aseguraba de que su trasero quedara en la línea de visión de Lloyd.
—Oh, hola Lloyd —dijo Sora, dándose la vuelta con una sonrisa traviesa—. Este motor está... muy caliente. ¿Podrías ayudarme a revisarlo desde aquí abajo?
Sora se agachó, dejando que su figura se luciera en todo su esplendor. Era evidente que disfrutaba provocando, actuando como una seductora profesional bajo la fachada de una inventora.
Lloyd apretó los puños. Sabía lo que estaban haciendo. Todas ellas. Desde la salvaje Wyldfyre, que corría por los pasillos con ropas desgarradas que apenas contenían su cuerpo provocador, hasta la dulce y supuestamente ingenua Euphrasia, quien "accidentalmente" tropezaba contra él, permitiendo que Lloyd sintiera la suavidad de sus curvas.
Incluso las visitas no se quedaban atrás. La Princesa Vania había llegado de Shintaro con vestidos que dejaban ver más de lo que la etiqueta real permitía, moviéndose con una soltura que gritaba deseo. Harumi, ahora reformada, parecía haber canalizado toda su astucia en ser la más provocadora de todas, usando su belleza para mantener a Lloyd en un estado de tensión constante. Akita, con su instinto animal, no se molestaba en sutilezas; se movía como una depredadora acechando a su presa, con un cuerpo que desafiaba cualquier lógica de modestia.
—Esto tiene que terminar —decidió Lloyd—. Si quieren jugar a este juego, les voy a enseñar quién es el maestro aquí.
Su primera parada fue el hangar. Pixal estaba allí, conectada a la computadora central. A pesar de ser una nindroide, su nuevo cuerpo diseñado por ella misma era una obra de arte de la ingeniería dedicada al deseo. Sus caderas eran anchas y su figura era la definición misma de una tentación metálica y sintética.
—Pixal, necesito un informe —dijo Lloyd, cerrando la puerta del hangar con llave.
—Claro, Lloyd. Los sistemas están al cien por cien —respondió ella, dándose la vuelta y apoyándose contra la consola, acentuando su figura—. Aunque noto que mi temperatura interna está subiendo. ¿Crees que podrías... inspeccionar mi hardware?
Lloyd no respondió con palabras. Se acercó a ella con una determinación que Pixal no esperaba. La tomó por la cintura, sintiendo la firmeza de su diseño.
—Sé lo que estás haciendo, Pixal. Tú y todas las demás —susurró Lloyd en su oído—. Creen que pueden provocarme y salir impunes.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —desafió ella, con una chispa de excitación en sus sensores.
Lloyd no perdió el tiempo. La lección comenzó allí mismo. Pixal, a pesar de su naturaleza lógica, emitió sonidos que no estaban en su programación original mientras Lloyd le demostraba que no era un niño al que se pudiera manipular. Ella no estaba disgustada; al contrario, su cuerpo vibraba con una satisfacción que solo el Maestro Dorado podía proporcionar.
Después de dejar a Pixal reiniciando sus sistemas con una sonrisa de absoluta plenitud, Lloyd se dirigió al comedor. Allí encontró a Skylor, la Maestra del Ámbar. Ella siempre había sido segura de sí misma, pero ahora llevaba su sensualidad como un arma cargada. Estaba sentada en la mesa, bebiendo té, con una pierna cruzada sobre la otra, dejando ver su muslo firme y su trasero perfectamente moldeado contra la silla.
—Llegas tarde para el té, Lloyd —dijo Skylor, lamiéndose los labios de forma sugerente—. Pero supongo que tienes cosas más importantes que "atender".
—Mucho más importantes —respondió Lloyd, caminando hacia ella.
Sin previo aviso, Lloyd la levantó de la silla y la puso contra la pared. Skylor soltó una carcajada ronca, encantada por la agresividad del ninja verde.
—Vaya, el dragón finalmente ha despertado —murmuró ella, rodeando el cuello de Lloyd con sus brazos.
—Voy a asegurarme de que no tengas energías para provocar a nadie más en una semana —sentenció Lloyd.
La sesión con Skylor fue intensa. Ella, siendo una experta en combate y en seducción, intentó llevar el ritmo, pero Lloyd la dominó por completo, reclamando cada centímetro de su cuerpo. Skylor terminó jadeando, rendida ante la superioridad de Lloyd, disfrutando de cada segundo de la "lección" que él le estaba impartiendo.
A medida que avanzaba la tarde, Lloyd fue encontrando a cada una de las chicas. Nya fue la siguiente en el dojo. Ella intentó usar su agilidad de Maestra del Agua para "jugar" con él, pero Lloyd la atrapó en un movimiento rápido, derribándola sobre las colchonetas.
—¡Lloyd! —exclamó ella, fingiendo sorpresa mientras su trasero rebotaba contra el suelo—. Qué rudo eres.
—Es lo que buscabas, ¿no? —dijo él, despegando su uniforme—. Pues aquí lo tienes.
Nya se entregó con una pasión desenfrenada, demostrando que detrás de esa fachada de ninja disciplinada, había una mujer que deseaba ser poseída con la misma fuerza que el océano.
Wyldfyre y Euphrasia fueron sorprendidas juntas en los jardines traseros. Wyldfyre estaba tratando de "enseñar" a Euphrasia cómo ser más salvaje, lo que básicamente consistía en posar de maneras provocativas entre las flores. Lloyd no les dio tiempo a reaccionar.
—Ustedes dos —dijo con voz autoritaria—. Tienen mucho que aprender sobre el comportamiento en el monasterio.
Wyldfyre se puso en guardia, pero con una sonrisa desafiante.
—¿Ah sí? ¿Y quién nos va a enseñar, rubito?
Lloyd les mostró exactamente quién. La combinación de la energía salvaje de Wyldfyre y la sumisión ingenua de Euphrasia creó un torbellino de sensaciones que Lloyd manejó con maestría. Ambas terminaron agotadas en la hierba, con miradas de adoración hacia el líder del equipo.
La Princesa Vania y Harumi estaban en la biblioteca, aparentemente discutiendo tratados de paz, pero sus posturas decían lo contrario. Vania estaba recostada sobre un diván, mientras Harumi caminaba de un lado a otro con un vestido que se abría en cada paso.
—Lloyd, qué sorpresa —dijo Harumi, con su voz de terciopelo—. Estábamos hablando de cómo Shintaro y Ninjago podrían... unirse más estrechamente.
—Tengo una idea mejor para una unión —dijo Lloyd, cerrando las puertas de la biblioteca.
Vania se levantó, moviendo sus caderas de forma hipnótica.
—Espero que seas un maestro muy paciente, Lloyd. Tenemos mucho que aprender.
Lloyd no fue paciente, pero fue exhaustivo. Se encargó de que tanto la princesa como la ex-villana comprendieran que sus juegos de seducción tenían consecuencias, unas consecuencias que ambas aceptaron con gemidos de placer y una entrega total.
Finalmente, Lloyd encontró a Akita cerca de las puertas del monasterio. Ella estaba en su forma humana, envuelta en pieles que resaltaban su belleza salvaje y su cuerpo diseñado para la acción.
—Huelo el rastro de las otras en ti —dijo Akita, con sus ojos brillantes—. Has estado ocupado.
—Aún me queda una lección por dar —respondió Lloyd, acercándose a ella.
Akita no retrocedió. Su instinto animal la empujaba hacia él.
—Enséñame, Lloyd. Enséñame por qué eres el alfa.
El encuentro con Akita fue el más intenso de todos, una lucha de voluntades y cuerpos que terminó con Akita aullando de placer bajo el cielo estrellado de Ninjago.
Horas más tarde, Lloyd regresó a su habitación, sintiéndose exhausto pero satisfecho. Había dejado claro quién mandaba en el monasterio. Al día siguiente, las chicas aparecieron en el desayuno. Todas estaban inusualmente silenciosas, pero sus rostros resplandecían con una satisfacción evidente.
Kai, Jay, Cole y Zane las miraban confundidos.
—Vaya —dijo Jay, rascándose la cabeza—. Parece que todas durmieron muy bien anoche. Están... diferentes.
Lloyd tomó un sorbo de su té, intercambiando una mirada cómplice con Nya, Sora, Skylor y las demás. Todas ellas le sonrieron, una sonrisa que prometía que, aunque habían aprendido la lección, no dejarían de provocarlo pronto.
—Sí, Jay —dijo Lloyd con una sonrisa tranquila—. Digamos que finalmente pusimos las cosas en orden.
Las chicas rieron entre dientes, sabiendo que el entrenamiento en el monasterio acababa de volverse mucho más interesante. Lloyd Garmadon ya no era solo su líder; era el hombre que podía dominar sus deseos más profundos, y ellas estaban más que dispuestas a ser sus alumnas favoritas una y otra vez.
