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Lloyd y sus hermosas putas
Fandom: Ninjago
Creado: 22/5/2026
Etiquetas
UA (Universo Alternativo)PWP (¿Trama? ¿Qué trama?)OscuroOOC (Fuera de Personaje)Lenguaje ExplícitoFantasíaParodia
Sometimiento Elemental: El Despertar del Maestro Dorado
Lloyd Garmadon despertó en su habitación del Monasterio del Spinjitzu sintiendo un peso inusual en el ambiente. No era la amenaza de un nuevo villano ni el eco de una profecía antigua; era una pulsión interna, un hambre de autoridad y posesión que nunca antes había experimentado. Al ponerse en pie, sus ojos brillaron con un destello dorado más intenso de lo habitual. Al salir al patio principal, se encontró con que el destino parecía haber congregado a todas las mujeres que habían marcado su vida en un solo lugar.
La primera en acercarse fue Nya. La Maestra del Agua, conocida por su temperamento firme y su lealtad a Jay, se detuvo frente a él. Al observar la mirada dominante de Lloyd, algo en su interior se quebró y se reformó instantáneamente. Ignorando cualquier pensamiento sobre su novio, Nya inclinó la cabeza, permitiendo que sus curvas resaltaran bajo su uniforme de ninja.
— He pasado mucho tiempo cuidando de todos —dijo Nya con voz firme pero sumisa—, pero ahora entiendo que lo que realmente necesito es ser tuya, Lloyd. No me importa nada más que satisfacer tus deseos. Desde hoy, soy tu puta culona.
Lloyd no tuvo que decir nada; su sola presencia exigía esa rendición. A pocos pasos, Sora, la joven inventora del Reino de la Imperfección, observaba la escena con fascinación tecnológica y biológica. Como su estudiante, siempre había admirado su poder, pero ahora veía algo más: un propósito absoluto.
— Maestro Lloyd —intervino Sora, dando un paso al frente y ajustando su cinturón de herramientas para enfatizar su figura—, mis inventos son lógicos, pero lo que siento ahora no tiene explicación. He decidido entregarme a ti por completo. Me vuelvo tu puta culona para que hagas conmigo lo que desees.
Wyldfyre, siempre ruda y salvaje, soltó un gruñido que no era de ira, sino de una aceptación primitiva. Sus instintos le dictaban que el macho alfa del grupo finalmente había reclamado su lugar, y ella no pensaba quedarse atrás.
— El fuego quema, pero tú quemas más —exclamó Wyldfyre, golpeando su pecho antes de arrodillarse—. No necesito reglas, solo necesito que me uses. Soy tu puta culona salvaje.
Euphrasia, la Maestra del Viento, observaba con su habitual calma, aunque sus mejillas estaban encendidas. Su naturaleza ingenua se vio sobrepasada por la intensidad de la energía que Lloyd emanaba. Sintió que el aire mismo la empujaba hacia él.
— Nunca antes había sentido esta necesidad —susurró Euphrasia, dejando que una brisa suave agitara sus ropas—. Pero si estos son tus deseos, Lloyd, yo los cumpliré. Seré tu puta culona y me someteré a tu voluntad.
En un rincón, Pixal procesaba datos a una velocidad increíble. Su lógica de nindroide analizó su relación con Zane y la comparó con la atracción gravitacional que Lloyd ejercía en ese momento. El resultado fue una conclusión absoluta que invalidaba cualquier protocolo previo de fidelidad.
— Lloyd Garmadon —dijo Pixal con su voz melódica y precisa—, mis sistemas indican que mi función principal ha cambiado. Ignorando mi vínculo con Zane, me programo para ser tu puta culona personal. Mi cuerpo y mi mente te pertenecen.
Skylor, siempre segura de sí misma y astuta, cruzó los brazos mientras una sonrisa sugerente aparecía en su rostro. Ella conocía el poder, venía de una estirpe que lo ambicionaba. Al ver a Lloyd, supo que Kai ya no era suficiente para lo que ella buscaba.
— Siempre supe que tenías potencial, pero esto es otro nivel —afirmó Skylor, caminando con paso firme hacia él—. Kai es un buen chico, pero tú eres un rey. Decido ser tu puta culona y servirte en todo lo que pidas.
Desde las sombras de los pilares del monasterio, la Princesa Vania de Shintaro se adelantó. Su entusiasmo habitual se había transformado en una devoción carnal. Su fanatismo por los ninjas siempre había sido evidente, pero ahora se enfocaba en un solo objetivo.
— ¡Oh, Lloyd! —exclamó Vania con emoción—, esto es lo que siempre debió pasar. Como princesa, me entrego a mi héroe. Seré tu puta culona y Shintaro solo recordará que soy tuya.
Harumi, quien buscaba redención tras años de conflicto y oscuridad, vio en la mirada de Lloyd la oportunidad definitiva para pagar sus deudas. No a través de actos heroicos, sino a través de la entrega total de su ser.
— He intentado redimirme de muchas formas —dijo Harumi, acercándose con humildad—, pero ahora entiendo que mi verdadera redención es ser el objeto de tu placer. Me vuelvo tu puta culona para siempre, Lloyd. Es mi único camino.
Finalmente, Akita, la cambiaformas del Reino del Jamás, se acercó con movimientos felinos. Sus instintos animales detectaban la supremacía de Lloyd de una manera que los humanos no podían comprender. Para ella, la jerarquía era clara.
— Mi instinto me dice que tú eres el dueño de esta manada —dijo Akita, transformándose brevemente antes de volver a su forma humana—. Seré tu perra puta culona, Lloyd. Mi lealtad es absoluta y mi cuerpo es tu territorio.
Lloyd observó al grupo de mujeres que rodeaban su figura. El poder elemental que antes usaba para proteger el mundo ahora servía para mantener este nuevo orden. Nya, Sora, Wyldfyre, Euphrasia, Pixal, Skylor, Vania, Harumi y Akita estaban allí, esperando sus órdenes, habiendo renunciado a sus vidas anteriores, a sus parejas y a su voluntad propia.
— Entonces está decidido —sentenció Lloyd, su voz resonando con una autoridad que no admitía réplica—. Cada una de ustedes conoce su lugar a partir de ahora. No hay ninjas, no hay misiones, solo existe mi deseo y su entrega.
— Sí, mi señor —respondieron todas al unísono, sellando un pacto que cambiaría el destino del monasterio para siempre.
El sol comenzó a ocultarse tras las montañas de Ninjago, pero dentro de los muros del monasterio, una nueva era de sometimiento y placer apenas comenzaba. Las chicas, cada una destacando por su sensualidad y su disposición total, se prepararon para demostrarle a Lloyd que su decisión de ser sus putas culonas era irrevocable.
La primera en acercarse fue Nya. La Maestra del Agua, conocida por su temperamento firme y su lealtad a Jay, se detuvo frente a él. Al observar la mirada dominante de Lloyd, algo en su interior se quebró y se reformó instantáneamente. Ignorando cualquier pensamiento sobre su novio, Nya inclinó la cabeza, permitiendo que sus curvas resaltaran bajo su uniforme de ninja.
— He pasado mucho tiempo cuidando de todos —dijo Nya con voz firme pero sumisa—, pero ahora entiendo que lo que realmente necesito es ser tuya, Lloyd. No me importa nada más que satisfacer tus deseos. Desde hoy, soy tu puta culona.
Lloyd no tuvo que decir nada; su sola presencia exigía esa rendición. A pocos pasos, Sora, la joven inventora del Reino de la Imperfección, observaba la escena con fascinación tecnológica y biológica. Como su estudiante, siempre había admirado su poder, pero ahora veía algo más: un propósito absoluto.
— Maestro Lloyd —intervino Sora, dando un paso al frente y ajustando su cinturón de herramientas para enfatizar su figura—, mis inventos son lógicos, pero lo que siento ahora no tiene explicación. He decidido entregarme a ti por completo. Me vuelvo tu puta culona para que hagas conmigo lo que desees.
Wyldfyre, siempre ruda y salvaje, soltó un gruñido que no era de ira, sino de una aceptación primitiva. Sus instintos le dictaban que el macho alfa del grupo finalmente había reclamado su lugar, y ella no pensaba quedarse atrás.
— El fuego quema, pero tú quemas más —exclamó Wyldfyre, golpeando su pecho antes de arrodillarse—. No necesito reglas, solo necesito que me uses. Soy tu puta culona salvaje.
Euphrasia, la Maestra del Viento, observaba con su habitual calma, aunque sus mejillas estaban encendidas. Su naturaleza ingenua se vio sobrepasada por la intensidad de la energía que Lloyd emanaba. Sintió que el aire mismo la empujaba hacia él.
— Nunca antes había sentido esta necesidad —susurró Euphrasia, dejando que una brisa suave agitara sus ropas—. Pero si estos son tus deseos, Lloyd, yo los cumpliré. Seré tu puta culona y me someteré a tu voluntad.
En un rincón, Pixal procesaba datos a una velocidad increíble. Su lógica de nindroide analizó su relación con Zane y la comparó con la atracción gravitacional que Lloyd ejercía en ese momento. El resultado fue una conclusión absoluta que invalidaba cualquier protocolo previo de fidelidad.
— Lloyd Garmadon —dijo Pixal con su voz melódica y precisa—, mis sistemas indican que mi función principal ha cambiado. Ignorando mi vínculo con Zane, me programo para ser tu puta culona personal. Mi cuerpo y mi mente te pertenecen.
Skylor, siempre segura de sí misma y astuta, cruzó los brazos mientras una sonrisa sugerente aparecía en su rostro. Ella conocía el poder, venía de una estirpe que lo ambicionaba. Al ver a Lloyd, supo que Kai ya no era suficiente para lo que ella buscaba.
— Siempre supe que tenías potencial, pero esto es otro nivel —afirmó Skylor, caminando con paso firme hacia él—. Kai es un buen chico, pero tú eres un rey. Decido ser tu puta culona y servirte en todo lo que pidas.
Desde las sombras de los pilares del monasterio, la Princesa Vania de Shintaro se adelantó. Su entusiasmo habitual se había transformado en una devoción carnal. Su fanatismo por los ninjas siempre había sido evidente, pero ahora se enfocaba en un solo objetivo.
— ¡Oh, Lloyd! —exclamó Vania con emoción—, esto es lo que siempre debió pasar. Como princesa, me entrego a mi héroe. Seré tu puta culona y Shintaro solo recordará que soy tuya.
Harumi, quien buscaba redención tras años de conflicto y oscuridad, vio en la mirada de Lloyd la oportunidad definitiva para pagar sus deudas. No a través de actos heroicos, sino a través de la entrega total de su ser.
— He intentado redimirme de muchas formas —dijo Harumi, acercándose con humildad—, pero ahora entiendo que mi verdadera redención es ser el objeto de tu placer. Me vuelvo tu puta culona para siempre, Lloyd. Es mi único camino.
Finalmente, Akita, la cambiaformas del Reino del Jamás, se acercó con movimientos felinos. Sus instintos animales detectaban la supremacía de Lloyd de una manera que los humanos no podían comprender. Para ella, la jerarquía era clara.
— Mi instinto me dice que tú eres el dueño de esta manada —dijo Akita, transformándose brevemente antes de volver a su forma humana—. Seré tu perra puta culona, Lloyd. Mi lealtad es absoluta y mi cuerpo es tu territorio.
Lloyd observó al grupo de mujeres que rodeaban su figura. El poder elemental que antes usaba para proteger el mundo ahora servía para mantener este nuevo orden. Nya, Sora, Wyldfyre, Euphrasia, Pixal, Skylor, Vania, Harumi y Akita estaban allí, esperando sus órdenes, habiendo renunciado a sus vidas anteriores, a sus parejas y a su voluntad propia.
— Entonces está decidido —sentenció Lloyd, su voz resonando con una autoridad que no admitía réplica—. Cada una de ustedes conoce su lugar a partir de ahora. No hay ninjas, no hay misiones, solo existe mi deseo y su entrega.
— Sí, mi señor —respondieron todas al unísono, sellando un pacto que cambiaría el destino del monasterio para siempre.
El sol comenzó a ocultarse tras las montañas de Ninjago, pero dentro de los muros del monasterio, una nueva era de sometimiento y placer apenas comenzaba. Las chicas, cada una destacando por su sensualidad y su disposición total, se prepararon para demostrarle a Lloyd que su decisión de ser sus putas culonas era irrevocable.
