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qhps shoko komi cayera en kengan ashura
Fandom: kengan ashura x komi can´t communicate
Creado: 22/5/2026
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CrossoverUA (Universo Alternativo)Recortes de VidaHumorFluffDolor/ConsueloAcciónCrack / Humor ParódicoEstudio de PersonajeAmbientación CanonAventuraDrama
Silencio en el Coliseo: El Encuentro de la Diosa y el Asura
El rugido de la Asociación Kengan no era algo a lo que Shoko Komi estuviera acostumbrada. Para una joven cuya mayor lucha diaria consistía en pedir un café sin que su voz se quedara atrapada en su garganta, los pasillos de hormigón del Domo Kengan parecían las fauces de una bestia de cemento. Su presencia allí era un error administrativo, o quizás un capricho del destino, al haber acompañado a su padre a una reunión de negocios que resultó ser una fachada para un torneo de apuestas clandestinas de alto nivel.
Komi caminaba por los pasillos, con su uniforme escolar impecable y su largo cabello oscuro fluyendo como una cascada de seda. Sus ojos, grandes y expresivos, temblaban con una intensidad que cualquiera que no la conociera interpretaría como una mirada de desprecio gélido o de una autoridad abrumadora.
— ¡Maldita sea, quítate de en medio, flacucha! —gritó una voz estrepitosa.
Adam Dudley apareció doblando la esquina, con su dentadura grabada con la palabra "FUCK" brillando bajo las luces fluorescentes. Se detuvo en seco al ver a Komi. La joven se quedó petrificada, sus pupilas se encogieron hasta ser meros puntos negros. En su mente, el sonido de un gato asustado —*¡Miau!*— resonó con fuerza.
— ¿Qué te pasa? ¿Acaso no sabes quién soy? —rugió Adam, inclinándose sobre ella.
Antes de que Komi pudiera intentar sacar su libreta, una sombra alargada se proyectó sobre el suelo.
— Dudley, tu lenguaje es una ofensa a la moral. La ejecución de la justicia no tolera la mala educación hacia los civiles.
Akoya Seishu apareció desde las sombras, con su rostro impasible y sus ojos cargados de una intensidad maníaca. Komi tembló aún más. Ahora estaba atrapada entre un estadounidense malhablado y un policía con complejos de verdugo.
— ¡Cierra la boca, Akoya! Solo le decía que se moviera —gruñó Adam.
— ¡Oigan, oigan! No asusten a la señorita —intervino una voz jovial. Imai Cosmo llegó trotando, seguido de un Kaneda Suekichi que parecía estar analizando la estructura ósea de Komi con solo mirarla—. Hola, soy Cosmo. ¿Te has perdido? Pareces un poco... tensa.
Komi no podía responder. Su mandíbula estaba bloqueada. En su interior, gritaba: *"¡Solo quiero encontrar la salida, por favor no me peguen!"*. Sin embargo, por fuera, su mirada se volvió tan afilada que incluso Kaneda retrocedió un paso.
— Qué presión... —susurró Kaneda, ajustándose las gafas—. Su postura es perfecta. No muestra ninguna apertura. Es como si estuviera lista para contrarrestar cualquier ataque.
— ¿Una luchadora? —preguntó Lihito, que aparecía junto a un eufórico Saw Paing—. ¡No me jodas! ¡Se ve muy delicada! ¡Oye, chica! ¡Pelea conmigo! ¡Mis garras de acero cortarán ese aire de suficiencia!
— ¡SÍ! ¡EL ARDIENTE ESPÍRITU DE LA JUVENTUD! —gritó Saw Paing, haciendo que las lámparas del techo vibraran—. ¡TU SILENCIO ES UN DESAFÍO QUE ACEPTO CON GUSTO!
Komi estaba a punto de desmayarse. La multitud de guerreros empezaba a congregarse. Kiozan Takeru y Sekibayashi Jun (quien no estaba en la lista pero siempre aparecía) observaban con curiosidad. Incluso el gigante Julius Reinhold se detuvo, mirando a la pequeña figura humana con desdén científico.
— No tiene suficiente masa muscular para ser una amenaza —dictaminó Julius con voz profunda.
— El tamaño no lo es todo, grandullón —dijo Inaba Ryo, balanceándose sobre su cabello—. Siento una energía extraña en ella. Es como si el mundo entero se detuviera cuando ella no habla.
— Es el vacío —murmuró Gensai Kuroki, apareciendo como una estatua de piedra entre la multitud—. Su silencio no es miedo. Es la calma antes de la técnica definitiva. Esta joven... ha alcanzado un nivel de control mental que pocos de ustedes comprenderán jamás.
Komi quería llorar. El "Maestro de las Lanzas" acababa de validarla como una experta en artes marciales solo porque ella era incapaz de decir "hola".
— ¡Basta de charlas! —Raian Kure empujó a Saw Paing de un manotazo—. Me da igual quién sea. Si me mira así de nuevo, le arrancaré la cabeza.
Raian se acercó a Komi, con sus ojos negros y venas hinchadas. La intención asesina era palpable. Komi, en un acto reflejo de puro pánico, sacó su libreta y su bolígrafo a una velocidad que incluso Kaolan Wongsawat, el Dios de la Guerra tailandés, encontró impresionante.
— Qué velocidad de manos... —comentó Kaolan, cruzándose de brazos—. Ni siquiera vi el movimiento.
Komi escribió frenéticamente y mostró la libreta.
*"Lo siento mucho. Por favor, no me maten."*
Raian parpadeó, confundido. Agito Kanoh, el Colmillo de Metsudo, se acercó y leyó el mensaje por encima del hombro de Raian.
— ¿Es una técnica de distracción? —preguntó Agito con su voz dual—. ¿O es que "Nosotros" estamos siendo subestimados?
— ¡Es adorable! —exclamó Sen Hatsumi, apareciendo con su habitual aire de pereza—. Vamos, dejen de acosarla. Es solo una estudiante. Aunque... —Sen se rascó la nuca— esa mirada de "te voy a matar si me tocas" es bastante intensa.
De repente, el ambiente cambió. El aire se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que erizó los vellos de los brazos de todos los presentes. Los pasos que se escuchaban al final del pasillo eran rítmicos, tranquilos, pero cada impacto contra el suelo resonaba como un tambor de guerra.
Ohma Tokita, el Asura, apareció caminando con las manos en los bolsillos. A su lado, Yamashita Kazuo temblaba como una hoja, tratando de seguirle el ritmo.
— ¿Qué es todo este alboroto? —preguntó Ohma, deteniéndose frente al círculo de peleadores.
Sus ojos se encontraron con los de Komi. El tiempo pareció detenerse.
Komi vio a un hombre con el cabello revuelto, marcas de batallas en su cuerpo y una mirada que parecía haber visto el fondo del abismo y haber regresado para contar la historia. Ohma, por su parte, vio a una chica que vibraba con una intensidad que no podía comprender.
— Tú... —dijo Ohma, entrecerrando los ojos.
Komi se tensó tanto que su cuerpo emitió un pequeño sonido de crujido.
— ¿Quieres pelear conmigo? —preguntó el Asura, adoptando una postura relajada pero alerta.
Komi negó con la cabeza tan rápido que su cabello golpeó las caras de Lihito y Cosmo, que estaban demasiado cerca.
— No mientas —dijo Ohma, dando un paso adelante—. Tu cuerpo está emitiendo una señal de auxilio, pero tus ojos... tus ojos están buscando algo. Estás en guardia.
*"¡Estoy en guardia porque tienes músculos en los músculos!"*, pensó Komi desesperadamente.
— Ohma-san, por favor, ¡es solo una niña! —suplicó Yamashita, tirando de la camiseta de su peleador.
— No, Yamashita. Hay algo en ella. Es como el Estilo Niko... fluye pero no se mueve.
Kiryu Setsuna apareció de la nada, con una sonrisa perturbadora en el rostro, mirando a Komi con envidia.
— Oh, Ohma... ¿quién es esta nueva flor que ha captado tu atención? ¿Acaso debería marchitarla antes de que florezca para ti?
— Cállate, Kiryu —gruñó Ohma sin quitarle la vista a Komi.
Komi Shoko, al borde del colapso social, hizo lo único que su cerebro le permitió hacer en un momento de crisis absoluta. Se inclinó en una reverencia de noventa grados, tan perfecta y rápida que creó una pequeña ráfaga de viento.
— ¡Miau! —se le escapó un pequeño sonido agudo debido a la presión.
Se hizo el silencio total en el pasillo. Los hombres más peligrosos del mundo procesaron el sonido.
— ¿Dijo... miau? —preguntó Karo Yoshinari, hablando por primera vez.
— Es un código —afirmó Hanafusa Hajime, el médico de la serie, mientras jugaba con un escalpelo—. Claramente es una señal onomatopéyica diseñada para desorientar el sistema nervioso del oponente. Fascinante.
Komi volvió a levantarse, con la cara completamente roja, y mostró su libreta de nuevo.
*"Me llamo Shoko Komi. No sé cómo salir de aquí. Me gustaría ser su amiga, pero me da mucho miedo hablar."*
Ohma leyó el mensaje. Sus cejas se levantaron. Por un momento, la sombra del Asura desapareció, dejando ver al hombre que simplemente buscaba su lugar en el mundo.
— ¿Amigos? —preguntó Ohma, rascándose la cabeza—. No soy muy bueno en eso. Normalmente la gente solo quiere que les rompa los huesos o ellos quieren rompérmelos a mí.
Komi lo miró con esperanza, sus ojos brillando como galaxias. Era la primera vez que alguien no la malinterpretaba como una reina de hielo de inmediato (aunque los demás seguían pensando que era una maestra del asesinato silencioso).
— Pero... —continuó Ohma, extendiendo una mano— supongo que puedo ayudarte a salir de aquí. Este lugar no es para gente que no quiera sangre en sus manos.
Komi miró la mano de Ohma. Estaba llena de cicatrices y callos. Era la mano de un monstruo para el resto del mundo, pero para ella, en ese momento, era una salida. Con manos temblorosas, Komi aceptó el apretón.
— ¡Oye, Ohma! ¡No te la lleves así como así! —gritó Raian—. ¡Todavía quiero saber qué estilo usa!
— Se llama "El Estilo del Silencio Absoluto" —dijo de pronto Takeshi Wakatsuki, uniéndose al grupo—. La técnica más difícil de dominar. No decir nada, para que el oponente se derrote a sí mismo con sus propias dudas.
— Increíble... —susurró Masaki Meguro, con lágrimas de sangre rodando por sus mejillas—. ¡Qué técnica tan hermosa!
Komi caminaba al lado de Ohma, ignorando los gritos de Saw Paing y las teorías conspirativas de Hanafusa sobre su anatomía vocal. Yamashita Kazuo los seguía, sintiéndose extrañamente aliviado de que la presencia de la chica pareciera calmar el instinto asesino de Ohma.
— Así que... Komi —dijo Ohma mientras subían las escaleras hacia la superficie—. Tienes una mirada fuerte. No dejes que estos idiotas te asusten. La mayoría ladra más de lo que muerde. Excepto Raian. A ese sí evítalo.
Komi asintió vigorosamente, anotando en su libreta: *"Evitar al hombre de ojos negros"*.
Al llegar a la salida, la luz del sol cegó a Komi por un momento. El aire fresco de la ciudad era mucho mejor que el olor a sudor y hierro del coliseo. Se detuvo y miró a Ohma una última vez.
— Bueno, aquí termina el camino —dijo Ohma—. Tengo una pelea en una hora.
Komi rápidamente escribió algo y se lo entregó.
*"Gracias por ser mi amigo número 32. Por favor, no te lastimes mucho en tu pelea."*
Ohma miró la nota y, por primera vez en mucho tiempo, una pequeña y genuina sonrisa cruzó su rostro.
— No te prometo nada sobre lo de no lastimarme. Pero... gracias por lo de ser amigos.
Komi vio cómo Ohma regresaba a las sombras del túnel, con su capa ondeando levemente. Ella se quedó allí, en la acera, con el corazón latiendo a mil por hora. Había sobrevivido a un encuentro con los hombres más fuertes del planeta y había conseguido un nuevo amigo.
De repente, un coche de lujo se detuvo frente a ella. Era su familia.
— ¡Shoko! ¿Dónde estabas? —preguntó su madre con su habitual energía—. ¡Tu padre estaba muy preocupado!
Komi subió al coche en silencio. Su madre la miró por el espejo retrovisor.
— Shoko, te ves... diferente. ¿Pasó algo bueno?
Komi simplemente sacó su libreta y escribió con una caligrafía perfecta:
*"Hoy conocí a alguien que habla el mismo idioma que yo, aunque él use los puños y yo el silencio."*
Mientras el coche se alejaba, en las profundidades del domo, los peleadores Kengan seguían discutiendo sobre la "técnica secreta" de la chica que no hablaba, sin saber que acababan de conocer a la persona más valiente que jamás hubiera pisado su arena: una chica que, a pesar de morir de miedo, se atrevió a pedir una amistad.
Y en el vestuario, Ohma Tokita se preparaba para su combate, guardando un pequeño trozo de papel en su vendaje, sintiendo que, por una vez, el silencio no era un vacío, sino una conexión.
Komi caminaba por los pasillos, con su uniforme escolar impecable y su largo cabello oscuro fluyendo como una cascada de seda. Sus ojos, grandes y expresivos, temblaban con una intensidad que cualquiera que no la conociera interpretaría como una mirada de desprecio gélido o de una autoridad abrumadora.
— ¡Maldita sea, quítate de en medio, flacucha! —gritó una voz estrepitosa.
Adam Dudley apareció doblando la esquina, con su dentadura grabada con la palabra "FUCK" brillando bajo las luces fluorescentes. Se detuvo en seco al ver a Komi. La joven se quedó petrificada, sus pupilas se encogieron hasta ser meros puntos negros. En su mente, el sonido de un gato asustado —*¡Miau!*— resonó con fuerza.
— ¿Qué te pasa? ¿Acaso no sabes quién soy? —rugió Adam, inclinándose sobre ella.
Antes de que Komi pudiera intentar sacar su libreta, una sombra alargada se proyectó sobre el suelo.
— Dudley, tu lenguaje es una ofensa a la moral. La ejecución de la justicia no tolera la mala educación hacia los civiles.
Akoya Seishu apareció desde las sombras, con su rostro impasible y sus ojos cargados de una intensidad maníaca. Komi tembló aún más. Ahora estaba atrapada entre un estadounidense malhablado y un policía con complejos de verdugo.
— ¡Cierra la boca, Akoya! Solo le decía que se moviera —gruñó Adam.
— ¡Oigan, oigan! No asusten a la señorita —intervino una voz jovial. Imai Cosmo llegó trotando, seguido de un Kaneda Suekichi que parecía estar analizando la estructura ósea de Komi con solo mirarla—. Hola, soy Cosmo. ¿Te has perdido? Pareces un poco... tensa.
Komi no podía responder. Su mandíbula estaba bloqueada. En su interior, gritaba: *"¡Solo quiero encontrar la salida, por favor no me peguen!"*. Sin embargo, por fuera, su mirada se volvió tan afilada que incluso Kaneda retrocedió un paso.
— Qué presión... —susurró Kaneda, ajustándose las gafas—. Su postura es perfecta. No muestra ninguna apertura. Es como si estuviera lista para contrarrestar cualquier ataque.
— ¿Una luchadora? —preguntó Lihito, que aparecía junto a un eufórico Saw Paing—. ¡No me jodas! ¡Se ve muy delicada! ¡Oye, chica! ¡Pelea conmigo! ¡Mis garras de acero cortarán ese aire de suficiencia!
— ¡SÍ! ¡EL ARDIENTE ESPÍRITU DE LA JUVENTUD! —gritó Saw Paing, haciendo que las lámparas del techo vibraran—. ¡TU SILENCIO ES UN DESAFÍO QUE ACEPTO CON GUSTO!
Komi estaba a punto de desmayarse. La multitud de guerreros empezaba a congregarse. Kiozan Takeru y Sekibayashi Jun (quien no estaba en la lista pero siempre aparecía) observaban con curiosidad. Incluso el gigante Julius Reinhold se detuvo, mirando a la pequeña figura humana con desdén científico.
— No tiene suficiente masa muscular para ser una amenaza —dictaminó Julius con voz profunda.
— El tamaño no lo es todo, grandullón —dijo Inaba Ryo, balanceándose sobre su cabello—. Siento una energía extraña en ella. Es como si el mundo entero se detuviera cuando ella no habla.
— Es el vacío —murmuró Gensai Kuroki, apareciendo como una estatua de piedra entre la multitud—. Su silencio no es miedo. Es la calma antes de la técnica definitiva. Esta joven... ha alcanzado un nivel de control mental que pocos de ustedes comprenderán jamás.
Komi quería llorar. El "Maestro de las Lanzas" acababa de validarla como una experta en artes marciales solo porque ella era incapaz de decir "hola".
— ¡Basta de charlas! —Raian Kure empujó a Saw Paing de un manotazo—. Me da igual quién sea. Si me mira así de nuevo, le arrancaré la cabeza.
Raian se acercó a Komi, con sus ojos negros y venas hinchadas. La intención asesina era palpable. Komi, en un acto reflejo de puro pánico, sacó su libreta y su bolígrafo a una velocidad que incluso Kaolan Wongsawat, el Dios de la Guerra tailandés, encontró impresionante.
— Qué velocidad de manos... —comentó Kaolan, cruzándose de brazos—. Ni siquiera vi el movimiento.
Komi escribió frenéticamente y mostró la libreta.
*"Lo siento mucho. Por favor, no me maten."*
Raian parpadeó, confundido. Agito Kanoh, el Colmillo de Metsudo, se acercó y leyó el mensaje por encima del hombro de Raian.
— ¿Es una técnica de distracción? —preguntó Agito con su voz dual—. ¿O es que "Nosotros" estamos siendo subestimados?
— ¡Es adorable! —exclamó Sen Hatsumi, apareciendo con su habitual aire de pereza—. Vamos, dejen de acosarla. Es solo una estudiante. Aunque... —Sen se rascó la nuca— esa mirada de "te voy a matar si me tocas" es bastante intensa.
De repente, el ambiente cambió. El aire se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que erizó los vellos de los brazos de todos los presentes. Los pasos que se escuchaban al final del pasillo eran rítmicos, tranquilos, pero cada impacto contra el suelo resonaba como un tambor de guerra.
Ohma Tokita, el Asura, apareció caminando con las manos en los bolsillos. A su lado, Yamashita Kazuo temblaba como una hoja, tratando de seguirle el ritmo.
— ¿Qué es todo este alboroto? —preguntó Ohma, deteniéndose frente al círculo de peleadores.
Sus ojos se encontraron con los de Komi. El tiempo pareció detenerse.
Komi vio a un hombre con el cabello revuelto, marcas de batallas en su cuerpo y una mirada que parecía haber visto el fondo del abismo y haber regresado para contar la historia. Ohma, por su parte, vio a una chica que vibraba con una intensidad que no podía comprender.
— Tú... —dijo Ohma, entrecerrando los ojos.
Komi se tensó tanto que su cuerpo emitió un pequeño sonido de crujido.
— ¿Quieres pelear conmigo? —preguntó el Asura, adoptando una postura relajada pero alerta.
Komi negó con la cabeza tan rápido que su cabello golpeó las caras de Lihito y Cosmo, que estaban demasiado cerca.
— No mientas —dijo Ohma, dando un paso adelante—. Tu cuerpo está emitiendo una señal de auxilio, pero tus ojos... tus ojos están buscando algo. Estás en guardia.
*"¡Estoy en guardia porque tienes músculos en los músculos!"*, pensó Komi desesperadamente.
— Ohma-san, por favor, ¡es solo una niña! —suplicó Yamashita, tirando de la camiseta de su peleador.
— No, Yamashita. Hay algo en ella. Es como el Estilo Niko... fluye pero no se mueve.
Kiryu Setsuna apareció de la nada, con una sonrisa perturbadora en el rostro, mirando a Komi con envidia.
— Oh, Ohma... ¿quién es esta nueva flor que ha captado tu atención? ¿Acaso debería marchitarla antes de que florezca para ti?
— Cállate, Kiryu —gruñó Ohma sin quitarle la vista a Komi.
Komi Shoko, al borde del colapso social, hizo lo único que su cerebro le permitió hacer en un momento de crisis absoluta. Se inclinó en una reverencia de noventa grados, tan perfecta y rápida que creó una pequeña ráfaga de viento.
— ¡Miau! —se le escapó un pequeño sonido agudo debido a la presión.
Se hizo el silencio total en el pasillo. Los hombres más peligrosos del mundo procesaron el sonido.
— ¿Dijo... miau? —preguntó Karo Yoshinari, hablando por primera vez.
— Es un código —afirmó Hanafusa Hajime, el médico de la serie, mientras jugaba con un escalpelo—. Claramente es una señal onomatopéyica diseñada para desorientar el sistema nervioso del oponente. Fascinante.
Komi volvió a levantarse, con la cara completamente roja, y mostró su libreta de nuevo.
*"Me llamo Shoko Komi. No sé cómo salir de aquí. Me gustaría ser su amiga, pero me da mucho miedo hablar."*
Ohma leyó el mensaje. Sus cejas se levantaron. Por un momento, la sombra del Asura desapareció, dejando ver al hombre que simplemente buscaba su lugar en el mundo.
— ¿Amigos? —preguntó Ohma, rascándose la cabeza—. No soy muy bueno en eso. Normalmente la gente solo quiere que les rompa los huesos o ellos quieren rompérmelos a mí.
Komi lo miró con esperanza, sus ojos brillando como galaxias. Era la primera vez que alguien no la malinterpretaba como una reina de hielo de inmediato (aunque los demás seguían pensando que era una maestra del asesinato silencioso).
— Pero... —continuó Ohma, extendiendo una mano— supongo que puedo ayudarte a salir de aquí. Este lugar no es para gente que no quiera sangre en sus manos.
Komi miró la mano de Ohma. Estaba llena de cicatrices y callos. Era la mano de un monstruo para el resto del mundo, pero para ella, en ese momento, era una salida. Con manos temblorosas, Komi aceptó el apretón.
— ¡Oye, Ohma! ¡No te la lleves así como así! —gritó Raian—. ¡Todavía quiero saber qué estilo usa!
— Se llama "El Estilo del Silencio Absoluto" —dijo de pronto Takeshi Wakatsuki, uniéndose al grupo—. La técnica más difícil de dominar. No decir nada, para que el oponente se derrote a sí mismo con sus propias dudas.
— Increíble... —susurró Masaki Meguro, con lágrimas de sangre rodando por sus mejillas—. ¡Qué técnica tan hermosa!
Komi caminaba al lado de Ohma, ignorando los gritos de Saw Paing y las teorías conspirativas de Hanafusa sobre su anatomía vocal. Yamashita Kazuo los seguía, sintiéndose extrañamente aliviado de que la presencia de la chica pareciera calmar el instinto asesino de Ohma.
— Así que... Komi —dijo Ohma mientras subían las escaleras hacia la superficie—. Tienes una mirada fuerte. No dejes que estos idiotas te asusten. La mayoría ladra más de lo que muerde. Excepto Raian. A ese sí evítalo.
Komi asintió vigorosamente, anotando en su libreta: *"Evitar al hombre de ojos negros"*.
Al llegar a la salida, la luz del sol cegó a Komi por un momento. El aire fresco de la ciudad era mucho mejor que el olor a sudor y hierro del coliseo. Se detuvo y miró a Ohma una última vez.
— Bueno, aquí termina el camino —dijo Ohma—. Tengo una pelea en una hora.
Komi rápidamente escribió algo y se lo entregó.
*"Gracias por ser mi amigo número 32. Por favor, no te lastimes mucho en tu pelea."*
Ohma miró la nota y, por primera vez en mucho tiempo, una pequeña y genuina sonrisa cruzó su rostro.
— No te prometo nada sobre lo de no lastimarme. Pero... gracias por lo de ser amigos.
Komi vio cómo Ohma regresaba a las sombras del túnel, con su capa ondeando levemente. Ella se quedó allí, en la acera, con el corazón latiendo a mil por hora. Había sobrevivido a un encuentro con los hombres más fuertes del planeta y había conseguido un nuevo amigo.
De repente, un coche de lujo se detuvo frente a ella. Era su familia.
— ¡Shoko! ¿Dónde estabas? —preguntó su madre con su habitual energía—. ¡Tu padre estaba muy preocupado!
Komi subió al coche en silencio. Su madre la miró por el espejo retrovisor.
— Shoko, te ves... diferente. ¿Pasó algo bueno?
Komi simplemente sacó su libreta y escribió con una caligrafía perfecta:
*"Hoy conocí a alguien que habla el mismo idioma que yo, aunque él use los puños y yo el silencio."*
Mientras el coche se alejaba, en las profundidades del domo, los peleadores Kengan seguían discutiendo sobre la "técnica secreta" de la chica que no hablaba, sin saber que acababan de conocer a la persona más valiente que jamás hubiera pisado su arena: una chica que, a pesar de morir de miedo, se atrevió a pedir una amistad.
Y en el vestuario, Ohma Tokita se preparaba para su combate, guardando un pequeño trozo de papel en su vendaje, sintiendo que, por una vez, el silencio no era un vacío, sino una conexión.
