Fanfy
.studio
Imagen de fondo

qhps cayera en ishura

Fandom: komi can´t communicate x ishura

Creado: 23/5/2026

Etiquetas

Isekai / Fantasía PortalCrossoverFantasíaAcciónAventuraSupervivenciaHumorUA (Universo Alternativo)Estudio de Personaje
Índice

El silencio de la flor de cristal en el reino de las espadas

El cielo de Itan se había fragmentado como un espejo golpeado por una maza de guerra. Shoko Komi, cuyos pies apenas rozaban el suelo del pasillo escolar segundos antes, sintió que la gravedad se convertía en una broma pesada. No hubo tiempo para escribir en su libreta, ni para que Tadano estirara la mano hacia ella. Solo hubo un vacío violeta y, de repente, el aire seco y metálico de un mundo que olía a sangre, ceniza y magia antigua.

Komi aterrizó sobre un montículo de arena rojiza. Sus ojos, grandes y expresivos, temblaban con una intensidad eléctrica. Sus orejas de gato imaginarias aparecieron por un instante, tiesas por el terror puro. Miró a su alrededor y no vio el tablero de anuncios ni el salón de clases; vio un horizonte de ruinas ciclópeas y un cielo surcado por sombras que no eran nubes.

En la distancia, una figura descendió del firmamento con la gracia de un dios caído. Era Alus la Estrella Fugaz. Sus tres brazos sostenían reliquias de un poder inimaginable, y su mirada, fría y calculadora, se posó sobre la extraña joven de uniforme escolar que parecía un lirio en medio de un campo de batalla.

—Una perturbación en el flujo del éter —murmuró Alus, cuya voz resonó como el choque de metales—. No pareces un arma de los Nuevos Principados, ni una enviada de Lithia.

Komi quiso responder. Abrió la boca, pero el nudo en su garganta era una estaca de hierro. Su rostro se tornó rojo, sus hombros empezaron a vibrar y el silencio que emanaba de ella era tan denso que incluso un guerrero legendario como Alus frunció el ceño.

—¿Eres muda? —preguntó el ave de tres brazos, acercándose a ella—. ¿O es que tu miedo ha devorado tu lengua?

Antes de que Komi pudiera sacar su libreta, una sombra gigantesca cubrió el sol. El batir de alas colosales levantó una tormenta de polvo. Lucnoca el Invierno de Escarcha, el dragón cuya sola presencia congelaba el alma, aterrizó con un estruendo que hizo temblar la tierra.

—Alus —rugió la dragona, su voz era un terremoto—. Siento una anomalía. Algo que no pertenece a esta realidad ha cruzado el umbral.

Komi se quedó petrificada. Sus ojos se volvieron dos puntos diminutos. Estaba frente a un dragón que podía borrar ciudades del mapa, y ella solo tenía un bolígrafo de tinta de gel y una libreta con dibujos de gatos.

—Está justo aquí —respondió Alus, señalando a la chica—. No posee aura de combate, pero su mera existencia desafía las leyes de la causalidad.

De entre las sombras de unas ruinas cercanas, emergió una figura desgarbada y de mirada vacía. Era Uhak el Silencio Absoluto. A su lado, Mele la Flecha de Conejo observaba con curiosidad, jugueteando con una daga.

—Es... pequeña —dijo Mele, ladeando la cabeza—. Y parece que está a punto de explotar. ¿Es un tipo de bomba mágica?

Uhak no dijo nada. Se limitó a observar a Komi. Él, que negaba la magia y los milagros con su sola presencia, sintió algo extraño. El silencio de Komi no era el silencio de la anulación; era el silencio de la timidez extrema, una fuerza que, en este mundo de gritos de guerra, resultaba casi mística.

—No es una bomba —intervino una voz melodiosa y cargada de una arrogancia juguetona. Dakai la Hoja de Magpie apareció de la nada, apoyado en un pilar derruido—. Es una niña perdida. Pero miren sus ojos... hay un abismo de ansiedad ahí que podría rivalizar con la locura de un Rey Demonio.

Komi, al verse rodeada por tantos guerreros de aspecto temible, hizo lo único que su instinto le permitió: sacó su libreta a la velocidad del rayo y escribió frenéticamente.

—¡Cuidado! —gritó Regneeje de las Alas de Fuego, descendiendo desde lo alto mientras sus wyverns describían círculos en el aire—. ¡Podría estar trazando un círculo de transmutación!

Komi terminó de escribir y, con las manos temblorosas, levantó la libreta para que todos la leyeran.

"Lo siento mucho. Me llamo Shoko Komi. No sé cómo llegué aquí. Por favor, no me coman".

Hubo un silencio sepulcral. Alus parpadeó. Lucnoca resopló una nube de escarcha. Dakai soltó una carcajada genuina.

—¿Comerte? —Dakai se acercó, pero se detuvo cuando notó que Komi empezaba a vibrar como un motor averiado—. Niña, en este mundo hay cosas mucho peores que ser comida. Pero tu caligrafía es excelente.

—¿Qué debemos hacer con ella? —preguntó Mestelexil el Espectro, cuya forma etérea flotaba cerca de los restos de un muro—. No es una Shura. No tiene sed de sangre. Es un estorbo en el torneo.

—Un estorbo que cruzó las dimensiones —replicó Toroa del Paso de Montaña, emergiendo de la maleza con su imponente presencia—. Si el mundo la ha traído aquí, es por algo. Quizás su "silencio" es una señal.

Komi seguía con la libreta en alto, ocultando la mitad de su rostro. Sus ojos suplicantes miraban a Toroa, quien era el que parecía más "humano" entre el grupo, a pesar de su aura de espadachín invencible.

—¿Puedes hablar, Shoko Komi? —preguntó Toroa con una suavidad inusual en él.

Komi negó con la cabeza frenéticamente. Sus orejas de gato (imaginarias) se bajaron con tristeza.

—Entiendo —dijo Toroa—. Eres como Uhak, pero por razones distintas. Él borra el mundo con su voz; tú pareces temer que el mundo te borre a ti si hablas.

—¡Qué poético! —exclamó Mele, saltando para quedar frente a Komi—. Oye, ¿tienes comida en ese bolso? Los viajes interdimensionales dan hambre.

Komi, recordando sus modales incluso en el fin del mundo, metió la mano en su mochila y sacó un paquete de panes de yakisoba que había comprado para el almuerzo. Se lo tendió a Mele con manos temblorosas.

—¿Qué es esto? —preguntó Mele, olfateando el paquete—. Huele... dulce y salado a la vez.

—Es un tributo —sentenció Alus, observando el objeto con sus ojos de lince—. Una ofrenda de paz.

Regneeje aterrizó y se transformó en su forma más humana, observando a la chica con desconfianza.

—No podemos dejarla aquí. Si un grupo de soldados de la guarnición la encuentra, la matarán solo por su ropa extraña. O peor, pensarán que es una espía de los espadachines de Trazas.

—Yo la llevaré —dijo de pronto Uhak. Su voz, plana y sin emociones, cortó el aire.

Todos se giraron hacia él. Uhak, el verdugo que no necesitaba armas, el hombre que caminaba por la destrucción sin inmutarse, estaba mirando fijamente a Komi.

—Su silencio... no me molesta —añadió Uhak.

Komi sintió un escalofrío. Uhak le daba miedo, pero había algo en su mirada que le recordaba a los chicos que se sentaban al fondo de la clase y no hablaban con nadie. Un tipo de soledad que ella conocía bien.

Komi volvió a escribir en su libreta: "Gracias, señor Uhak. Pero, ¿dónde estamos?".

—En el campo de batalla de los elegidos —respondió Alus, elevándose de nuevo—. Estás en un mundo que busca un nuevo Verdadero Rey Demonio. Y me temo, Shoko Komi, que tu llegada ha alterado las apuestas.

De repente, la tierra se sacudió. Un rugido lejano anunció la aproximación de una horda de cadáveres animados por la nigromancia, restos de un ejército que buscaba carne fresca.

—Vienen por la anomalía —dijo Dakai, desenvainando su espada con una sonrisa depredadora—. Esto se va a poner feo.

Komi se encogió, abrazando su libreta contra el pecho. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Quería estar en su habitación, viendo fotos de gatos o estudiando para el examen de matemáticas.

—No llores —dijo Mele, poniéndose en posición de combate—. Si sobrevives a esto, serás la primera persona sin poderes que sobrevive a un encuentro con los Shura. ¡Eso te haría muy popular!

La palabra "popular" resonó en la mente de Komi. Ella quería tener cien amigos. ¿Contaban los guerreros legendarios y los dragones milenarios como amigos?

Komi respiró hondo. Su cara de "comunicación extrema" apareció: una expresión de seriedad absoluta que, para los demás, parecía la determinación de una guerrera mística.

—Miren eso —susurró Toroa—. Su postura ha cambiado.

Komi no tenía poderes, pero su voluntad de no molestar a los demás era inquebrantable. Se puso de pie, ajustó su falda y escribió una última nota antes de que la horda llegara.

"No quiero ser una carga. Por favor, enséñenme a sobrevivir".

Alus soltó un graznido que podría haber sido una risa.

—Interesante. Muy bien, Shoko Komi. Veamos si el silencio de tu mundo puede sobrevivir al estrépito del nuestro.

Y así, mientras los Shura se lanzaban al combate para proteger (o estudiar) a la extraña visitante, Komi Shoko se dio cuenta de que su objetivo de hacer cien amigos acababa de volverse mucho más difícil... y mucho más peligroso. Pero, por primera vez en su vida, el miedo a hablar era menor que el miedo a morir, y esa chispa, en el mundo de Ishura, era lo único que se necesitaba para convertirse en una leyenda.

—¡Prepárate, niña! —gritó Dakai mientras decapitaba a tres no-muertos de un solo tajo—. ¡Tu primera lección de supervivencia comienza ahora!

Komi asintió vigorosamente, con los ojos cerrados y los puños apretados, mientras Lucnoca exhalaba un aliento de hielo que congeló el horizonte, protegiendo a la pequeña flor de cristal que acababa de caer en un jardín de acero.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic