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Accomplice Of Boyfriends: There Are No Mistakes!
Fandom: One piece
Creado: 25/5/2026
Etiquetas
RomanceUA (Universo Alternativo)OmegaversoHumorFluffHistoria DomésticaRecortes de VidaCrack / Humor Paródico
Contratos de Humo y Pecas de Mentira
El pasillo de la Academia Grand Line olía a cera para suelos y al perfume empalagoso de las castas que Ace tanto despreciaba. Gol D. Ace, un omega de diecisiete años con una paciencia más corta que su mecha, caminaba con los puños hundidos en los bolsillos de su chaqueta. Tenía el ceño fruncido, una expresión que solía alejar a la gente, pero que últimamente parecía atraer a los buitres del chisme.
—Oye, Ace, ¿de verdad existe ese alfa o es como tu motivación para estudiar? —se burló Masky, caminando a su lado junto a Deuce.
—¡Cállate! —gruñó Ace, sintiendo que el calor le subía a las mejillas—. Existe. Es... muy reservado. No le gustan las multitudes.
—Ya, y yo soy el próximo Rey de los Piratas —añadió Deuce con una mueca de escepticismo—. Llevas tres meses diciendo que sales con alguien y ni una foto, ni un aroma en tu ropa, nada. A este paso, Rayleigh va a empezar a interrogarte y sabes que él huele el miedo.
Ace se detuvo en seco. La mención de su padre lo hizo palidecer. Rayleigh no solo olería el miedo; desmantelaría su mentira con una sola mirada de sus ojos plateados mientras le servía una taza de té con una sonrisa cínica. Y si Roger se enteraba, probablemente alquilaría un descapotable para ir a buscar al "novio" y darle la bienvenida a la familia con un banquete ruidoso y vergonzoso.
—Voy a presentárselo —escupió Ace, más para convencerse a sí mismo que a sus amigos—. Solo... está ocupado.
—Claro, claro —dijo Masky, palmeándole el hombro—. Tienes hasta el festival de invierno, Ace. Si no aparece, admitiremos que te lo inventaste para que los alfas de tercer año dejaran de enviarte cartas perfumadas.
Ace los vio alejarse y soltó un bufido que terminó en un bostezo repentino. Su narcolepsia siempre elegía los momentos de mayor estrés para manifestarse. Se apoyó contra una taquilla, sintiendo que los párpados le pesaban una tonelada, cuando un movimiento en el pasillo lateral llamó su atención.
Allí, bajo la luz mortecina de un ventanal, estaba Sabo.
Sabo era el epítome de la perfección académica. Un alfa de su misma edad, siempre impecable, con esa cicatriz en el ojo que le daba un aire de misterio peligroso bajo una fachada de frialdad absoluta. Era el nieto del vicerrector Garp y el hijo adoptivo del temible Dragon. Sabo vivía en un mundo de estrategias y becas internacionales, un mundo donde los sentimientos parecían ser variables irrelevantes.
En ese momento, Sabo estaba siendo acorralado por una Koala visiblemente preocupada.
—Sabo, tu abuelo no va a firmar la recomendación para la beca en el extranjero si sigues pareciendo un robot —decía Koala, cruzándose de brazos—. Garp dice que un líder necesita "estabilidad emocional" y "calor humano". Dice que si no eres capaz de cuidar de una pareja, no eres capaz de dirigir una sede internacional.
Sabo suspiró, un sonido gélido y cansado.
—Es una ridiculez, Koala. Mi rendimiento es impecable. No tengo tiempo para juegos románticos.
—Pues invéntatelo —sugirió ella—. Pero hazlo rápido. Garp es capaz de casarte con la primera persona que pase por delante solo para "ver si así maduras".
Ace, oculto tras la esquina, sintió que el universo le lanzaba un salvavidas de plomo. Si Sabo necesitaba una "estabilidad" ficticia y él necesitaba un alfa de carne y hueso para callar a sus amigos y no defraudar a sus padres...
Sin pensarlo dos veces, impulsado por esa terquedad que Roger siempre decía que era su mejor y peor rasgo, Ace salió de su escondite y caminó directo hacia el alfa.
—Tú —dijo Ace, señalando el pecho de Sabo—. Necesito que seas mi novio.
Koala parpadeó, sorprendida, mientras Sabo arqueaba una ceja con una lentitud exasperante. El silencio se prolongó tanto que Ace estuvo a punto de quedarse dormido de pie, pero un espasmo en su cuello lo mantuvo alerta.
—¿Perdona? —preguntó Sabo con voz plana.
—He oído vuestra conversación —soltó Ace, ignorando el decoro—. Tú necesitas demostrar que no eres un témpano de hielo para tu beca, y yo necesito que mis amigos dejen de llamarme mentiroso. Además, si mis padres descubren que mentí sobre tener pareja, Roger llorará durante una semana y Rayleigh me hará la vida imposible. Es un trato justo.
Sabo evaluó a Ace de arriba abajo. El omega frente a él era un caos de pecas, cabello revuelto y una mirada que ardía con un orgullo feroz. No era el tipo de persona que Sabo elegiría para un plan meticuloso, pero había algo en la desesperación honesta de Ace que resultaba... interesante.
—Un contrato —dijo Sabo finalmente, ajustándose la corbata—. Si vamos a hacer esto, habrá reglas. Nada de contacto físico innecesario, una agenda de apariciones públicas y una historia de fondo coherente.
—Lo que quieras —aceptó Ace, extendiendo la mano—. Pero no me hagas quedar mal. Mi familia es... intensa.
Sabo estrechó su mano. Su piel estaba fría, pero su agarre era firme.
—Trato hecho, Ace.
***
La primera prueba de fuego llegó más rápido de lo esperado. Ace no contó con que Sabo, siendo un estratega nato, se tomaría el papel de "novio" con una seriedad aterradora.
Dos días después, Ace estaba sentado en la cafetería con Deuce y Masky cuando Sabo apareció de la nada. Sin decir una palabra, el alfa se sentó a su lado y depositó una manzana roja sobre la mesa de Ace.
—Te olvidaste de desayunar de nuevo —dijo Sabo, con un tono de voz que sonaba peligrosamente cercano a la ternura—. No es bueno para tu condición.
Ace casi se atraganta con su propia saliva. Deuce y Masky tenían las mandíbulas por el suelo.
—¿Sabo? —logró articular Ace, con el rostro encendido—. ¿Qué haces aquí?
—Cuidar de mi pareja, ¿no es obvio? —Sabo se giró hacia los amigos de Ace con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos—. Hola. Soy Sabo. Lamento no haberme presentado antes, pero Ace es muy protector con nuestro tiempo a solas.
—¡Lo sabíamos! —exclamó Masky, golpeando la mesa—. ¡Ace, perro suertudo! ¡Te estabas guardando al mejor alfa de la academia!
Ace quería que la tierra se lo tragara. Sabo, imperturbable, le pasó un brazo por los hombros. El calor del alfa era inesperado, un contraste total con su actitud distante. Ace se tensó, pero Sabo le dio un apretón de advertencia en el brazo.
—Sonríe, Ace —susurró Sabo al oído del omega—. Nos están mirando.
—Te odio —susurró Ace entre dientes, aunque su corazón latía a una velocidad alarmante.
—Los términos del contrato, Ace. Recuérdalos.
Sin embargo, el verdadero caos comenzó cuando un grito estruendoso retumbó en la entrada de la cafetería.
—¡¡ACE!! ¡¡MI NIETO ADOPTIVO TIENE NOVIO Y NO ME DIJO NADA!!
Garp, el vicerrector, entró como un huracán, seguido de un hombre alto con una capa y un tatuaje en el rostro que parecía querer estar en cualquier otro lugar: Dragon. Y, para empeorar las cosas, un niño de doce años con una cicatriz bajo el ojo corría hacia ellos a toda velocidad.
—¡Sabo! ¡Ace! —gritó Luffy, lanzándose sobre ellos y derribándolos de la silla—. ¡¿Es verdad?! ¡¿Ahora somos hermanos de verdad?!
Ace terminó en el suelo, con el cuerpo de Sabo encima de él y Luffy aplastándolos a ambos. En medio del desorden, Ace sintió que su conciencia empezaba a desvanecerse. El estrés, el peso de Luffy y el aroma a pino y tormenta que desprendía Sabo fueron demasiados.
—Oh, no... —susurró Ace antes de que su cabeza cayera hacia atrás, profundamente dormido.
Sabo, que intentaba zafarse de Luffy, se quedó congelado al sentir el peso muerto de Ace contra su pecho. Miró hacia arriba y se encontró con la mirada inquisitiva de su padre, Dragon, y la risa estruendosa de Garp.
—¡Bwahaha! ¡Parece que el amor agota a los jóvenes! —rugió Garp, dándole una palmada en la espalda a Dragon que casi lo hace tambalear—. ¡Buen trabajo, Sabo! ¡Parece que tienes estabilidad de sobra!
Sabo suspiró, sosteniendo la cabeza de Ace para que no se golpeara contra el suelo. Koala, que observaba desde la distancia, se tapó la cara con las manos.
***
Tres horas después, Ace se despertó en el sofá de su propia casa. El olor a estofado de su padre Roger inundaba el aire, pero había otro aroma, uno extraño y sofisticado, mezclado con el ambiente.
Abrió los ojos y se encontró con la peor pesadilla posible.
En el salón, Roger estaba sentado frente a Sabo, con los ojos brillando de una manera que Ace conocía bien: el modo "interrogatorio entusiasta". Rayleigh estaba de pie junto a la chimenea, sosteniendo una copa de vino y observando a Sabo como si fuera un espécimen de laboratorio interesante.
—Entonces, Sabo... —decía Roger, inclinándose hacia adelante con una sonrisa que mostraba todos sus dientes—. Dices que te enamoraste de mi Ace por su "integridad moral" y no porque es el omega más guapo de este lado del Grand Line.
—Papá, para... —balbuceó Ace, incorporándose con esfuerzo.
—¡Ace! ¡Despertaste! —Roger saltó de su asiento y envolvió a su hijo en un abrazo asfixiante—. ¡Tu novio es encantador! ¡Y tan educado! ¡Incluso trajo un vino que Rayleigh no ha criticado todavía!
Rayleigh soltó una risita seca.
—Es un buen vino —admitió el omega mayor, fijando su mirada en Sabo—. Y el muchacho tiene una capacidad impresionante para mantener la calma bajo presión. Casi parece que ha ensayado sus respuestas.
Sabo no se inmutó. Se levantó y caminó hacia Ace, ayudándolo a estabilizarse.
—Me alegra que estés bien, Ace. Tu padre Roger me ha estado contando historias muy... ilustrativas sobre tu infancia.
Ace sintió que quería morir.
—¿Le contaste lo del barril? —preguntó Ace, mirando a Roger con horror.
—¡Y lo de cuando intentó cazar aquel jabalí con un tenedor! —añadió Roger, riendo a carcajadas.
Sabo miró a Ace. Por un breve segundo, la máscara de frialdad del alfa se rompió, dejando ver una chispa de algo que no estaba en el contrato. No era burla, era... calidez. Una calidez auténtica que Sabo no encontraba en las cenas silenciosas con Dragon ni en los gritos de Garp.
—Es una familia interesante la que tienes, Ace —dijo Sabo en voz baja.
—Es un desastre —corrigió Ace, aunque se pegó un poco más al costado de Sabo, buscando inconscientemente su apoyo.
Rayleigh, desde su rincón, entrecerró los ojos. Vio cómo Ace buscaba el contacto y cómo Sabo, a pesar de su postura rígida, relajaba los hombros al tener al omega cerca.
—Bueno —dijo Rayleigh, rompiendo el momento—, ya que están aquí, Sabo se quedará a cenar. Tenemos mucho de qué hablar sobre el futuro.
—¡Sí! —exclamó Roger—. ¡Hay que planear las vacaciones! ¡Podemos ir todos a la isla de Dawn! ¡Garp dice que tiene una cabaña allí!
Ace y Sabo compartieron una mirada de puro terror. El plan se les estaba escapando de las manos a una velocidad vertiginosa. Lo que empezó como un trato conveniente se estaba convirtiendo en un compromiso familiar a gran escala.
—Tenemos que hablar —susurró Ace mientras sus padres se alejaban hacia la cocina.
—Lo sé —respondió Sabo, mirando hacia la puerta por donde Luffy acababa de entrar corriendo, gritando por comida—. Pero creo que ya es tarde para dar marcha atrás, Ace. Tu padre acaba de añadirme al grupo de chat de la familia.
Ace sacó su teléfono y vio la notificación: *“Roger D. ha añadido a 'Yerno Sabo' al grupo 'Los D. Dominarán el Mundo (y la Cocina)'”*.
—Estamos muertos —sentenció Ace, dejándose caer de nuevo en el sofá.
—No —dijo Sabo, sentándose a su lado y, por primera vez, permitiéndose una sonrisa real, pequeña y algo torcida—. Solo estamos bajo un nuevo tipo de contrato. Uno sin cláusulas de salida.
Ace lo miró, y por un momento, el orgullo y la mentira quedaron en segundo plano. El calor en su pecho no era por la narcolepsia ni por el enfado. Era algo nuevo, algo que Sabo, con su inteligencia calculadora, probablemente ya había empezado a notar.
—Más te vale que esa beca valga la pena, Sabo —refunfuñó Ace, aunque no se alejó cuando el alfa le tomó la mano bajo el cojín del sofá.
—Te aseguro que esto está empezando a valer mucho más que una beca —respondió Sabo.
En la cocina, Rayleigh sonrió para sí mismo mientras servía el estofado. Roger seguía hablando de nietos y barcos, pero Rayleigh sabía la verdad. Sabía que su hijo era un mentiroso terrible, y que el joven alfa era un estratega brillante. Pero también sabía que, a veces, las mejores verdades nacen de las mentiras más desesperadas.
—Oye, Ace, ¿de verdad existe ese alfa o es como tu motivación para estudiar? —se burló Masky, caminando a su lado junto a Deuce.
—¡Cállate! —gruñó Ace, sintiendo que el calor le subía a las mejillas—. Existe. Es... muy reservado. No le gustan las multitudes.
—Ya, y yo soy el próximo Rey de los Piratas —añadió Deuce con una mueca de escepticismo—. Llevas tres meses diciendo que sales con alguien y ni una foto, ni un aroma en tu ropa, nada. A este paso, Rayleigh va a empezar a interrogarte y sabes que él huele el miedo.
Ace se detuvo en seco. La mención de su padre lo hizo palidecer. Rayleigh no solo olería el miedo; desmantelaría su mentira con una sola mirada de sus ojos plateados mientras le servía una taza de té con una sonrisa cínica. Y si Roger se enteraba, probablemente alquilaría un descapotable para ir a buscar al "novio" y darle la bienvenida a la familia con un banquete ruidoso y vergonzoso.
—Voy a presentárselo —escupió Ace, más para convencerse a sí mismo que a sus amigos—. Solo... está ocupado.
—Claro, claro —dijo Masky, palmeándole el hombro—. Tienes hasta el festival de invierno, Ace. Si no aparece, admitiremos que te lo inventaste para que los alfas de tercer año dejaran de enviarte cartas perfumadas.
Ace los vio alejarse y soltó un bufido que terminó en un bostezo repentino. Su narcolepsia siempre elegía los momentos de mayor estrés para manifestarse. Se apoyó contra una taquilla, sintiendo que los párpados le pesaban una tonelada, cuando un movimiento en el pasillo lateral llamó su atención.
Allí, bajo la luz mortecina de un ventanal, estaba Sabo.
Sabo era el epítome de la perfección académica. Un alfa de su misma edad, siempre impecable, con esa cicatriz en el ojo que le daba un aire de misterio peligroso bajo una fachada de frialdad absoluta. Era el nieto del vicerrector Garp y el hijo adoptivo del temible Dragon. Sabo vivía en un mundo de estrategias y becas internacionales, un mundo donde los sentimientos parecían ser variables irrelevantes.
En ese momento, Sabo estaba siendo acorralado por una Koala visiblemente preocupada.
—Sabo, tu abuelo no va a firmar la recomendación para la beca en el extranjero si sigues pareciendo un robot —decía Koala, cruzándose de brazos—. Garp dice que un líder necesita "estabilidad emocional" y "calor humano". Dice que si no eres capaz de cuidar de una pareja, no eres capaz de dirigir una sede internacional.
Sabo suspiró, un sonido gélido y cansado.
—Es una ridiculez, Koala. Mi rendimiento es impecable. No tengo tiempo para juegos románticos.
—Pues invéntatelo —sugirió ella—. Pero hazlo rápido. Garp es capaz de casarte con la primera persona que pase por delante solo para "ver si así maduras".
Ace, oculto tras la esquina, sintió que el universo le lanzaba un salvavidas de plomo. Si Sabo necesitaba una "estabilidad" ficticia y él necesitaba un alfa de carne y hueso para callar a sus amigos y no defraudar a sus padres...
Sin pensarlo dos veces, impulsado por esa terquedad que Roger siempre decía que era su mejor y peor rasgo, Ace salió de su escondite y caminó directo hacia el alfa.
—Tú —dijo Ace, señalando el pecho de Sabo—. Necesito que seas mi novio.
Koala parpadeó, sorprendida, mientras Sabo arqueaba una ceja con una lentitud exasperante. El silencio se prolongó tanto que Ace estuvo a punto de quedarse dormido de pie, pero un espasmo en su cuello lo mantuvo alerta.
—¿Perdona? —preguntó Sabo con voz plana.
—He oído vuestra conversación —soltó Ace, ignorando el decoro—. Tú necesitas demostrar que no eres un témpano de hielo para tu beca, y yo necesito que mis amigos dejen de llamarme mentiroso. Además, si mis padres descubren que mentí sobre tener pareja, Roger llorará durante una semana y Rayleigh me hará la vida imposible. Es un trato justo.
Sabo evaluó a Ace de arriba abajo. El omega frente a él era un caos de pecas, cabello revuelto y una mirada que ardía con un orgullo feroz. No era el tipo de persona que Sabo elegiría para un plan meticuloso, pero había algo en la desesperación honesta de Ace que resultaba... interesante.
—Un contrato —dijo Sabo finalmente, ajustándose la corbata—. Si vamos a hacer esto, habrá reglas. Nada de contacto físico innecesario, una agenda de apariciones públicas y una historia de fondo coherente.
—Lo que quieras —aceptó Ace, extendiendo la mano—. Pero no me hagas quedar mal. Mi familia es... intensa.
Sabo estrechó su mano. Su piel estaba fría, pero su agarre era firme.
—Trato hecho, Ace.
***
La primera prueba de fuego llegó más rápido de lo esperado. Ace no contó con que Sabo, siendo un estratega nato, se tomaría el papel de "novio" con una seriedad aterradora.
Dos días después, Ace estaba sentado en la cafetería con Deuce y Masky cuando Sabo apareció de la nada. Sin decir una palabra, el alfa se sentó a su lado y depositó una manzana roja sobre la mesa de Ace.
—Te olvidaste de desayunar de nuevo —dijo Sabo, con un tono de voz que sonaba peligrosamente cercano a la ternura—. No es bueno para tu condición.
Ace casi se atraganta con su propia saliva. Deuce y Masky tenían las mandíbulas por el suelo.
—¿Sabo? —logró articular Ace, con el rostro encendido—. ¿Qué haces aquí?
—Cuidar de mi pareja, ¿no es obvio? —Sabo se giró hacia los amigos de Ace con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos—. Hola. Soy Sabo. Lamento no haberme presentado antes, pero Ace es muy protector con nuestro tiempo a solas.
—¡Lo sabíamos! —exclamó Masky, golpeando la mesa—. ¡Ace, perro suertudo! ¡Te estabas guardando al mejor alfa de la academia!
Ace quería que la tierra se lo tragara. Sabo, imperturbable, le pasó un brazo por los hombros. El calor del alfa era inesperado, un contraste total con su actitud distante. Ace se tensó, pero Sabo le dio un apretón de advertencia en el brazo.
—Sonríe, Ace —susurró Sabo al oído del omega—. Nos están mirando.
—Te odio —susurró Ace entre dientes, aunque su corazón latía a una velocidad alarmante.
—Los términos del contrato, Ace. Recuérdalos.
Sin embargo, el verdadero caos comenzó cuando un grito estruendoso retumbó en la entrada de la cafetería.
—¡¡ACE!! ¡¡MI NIETO ADOPTIVO TIENE NOVIO Y NO ME DIJO NADA!!
Garp, el vicerrector, entró como un huracán, seguido de un hombre alto con una capa y un tatuaje en el rostro que parecía querer estar en cualquier otro lugar: Dragon. Y, para empeorar las cosas, un niño de doce años con una cicatriz bajo el ojo corría hacia ellos a toda velocidad.
—¡Sabo! ¡Ace! —gritó Luffy, lanzándose sobre ellos y derribándolos de la silla—. ¡¿Es verdad?! ¡¿Ahora somos hermanos de verdad?!
Ace terminó en el suelo, con el cuerpo de Sabo encima de él y Luffy aplastándolos a ambos. En medio del desorden, Ace sintió que su conciencia empezaba a desvanecerse. El estrés, el peso de Luffy y el aroma a pino y tormenta que desprendía Sabo fueron demasiados.
—Oh, no... —susurró Ace antes de que su cabeza cayera hacia atrás, profundamente dormido.
Sabo, que intentaba zafarse de Luffy, se quedó congelado al sentir el peso muerto de Ace contra su pecho. Miró hacia arriba y se encontró con la mirada inquisitiva de su padre, Dragon, y la risa estruendosa de Garp.
—¡Bwahaha! ¡Parece que el amor agota a los jóvenes! —rugió Garp, dándole una palmada en la espalda a Dragon que casi lo hace tambalear—. ¡Buen trabajo, Sabo! ¡Parece que tienes estabilidad de sobra!
Sabo suspiró, sosteniendo la cabeza de Ace para que no se golpeara contra el suelo. Koala, que observaba desde la distancia, se tapó la cara con las manos.
***
Tres horas después, Ace se despertó en el sofá de su propia casa. El olor a estofado de su padre Roger inundaba el aire, pero había otro aroma, uno extraño y sofisticado, mezclado con el ambiente.
Abrió los ojos y se encontró con la peor pesadilla posible.
En el salón, Roger estaba sentado frente a Sabo, con los ojos brillando de una manera que Ace conocía bien: el modo "interrogatorio entusiasta". Rayleigh estaba de pie junto a la chimenea, sosteniendo una copa de vino y observando a Sabo como si fuera un espécimen de laboratorio interesante.
—Entonces, Sabo... —decía Roger, inclinándose hacia adelante con una sonrisa que mostraba todos sus dientes—. Dices que te enamoraste de mi Ace por su "integridad moral" y no porque es el omega más guapo de este lado del Grand Line.
—Papá, para... —balbuceó Ace, incorporándose con esfuerzo.
—¡Ace! ¡Despertaste! —Roger saltó de su asiento y envolvió a su hijo en un abrazo asfixiante—. ¡Tu novio es encantador! ¡Y tan educado! ¡Incluso trajo un vino que Rayleigh no ha criticado todavía!
Rayleigh soltó una risita seca.
—Es un buen vino —admitió el omega mayor, fijando su mirada en Sabo—. Y el muchacho tiene una capacidad impresionante para mantener la calma bajo presión. Casi parece que ha ensayado sus respuestas.
Sabo no se inmutó. Se levantó y caminó hacia Ace, ayudándolo a estabilizarse.
—Me alegra que estés bien, Ace. Tu padre Roger me ha estado contando historias muy... ilustrativas sobre tu infancia.
Ace sintió que quería morir.
—¿Le contaste lo del barril? —preguntó Ace, mirando a Roger con horror.
—¡Y lo de cuando intentó cazar aquel jabalí con un tenedor! —añadió Roger, riendo a carcajadas.
Sabo miró a Ace. Por un breve segundo, la máscara de frialdad del alfa se rompió, dejando ver una chispa de algo que no estaba en el contrato. No era burla, era... calidez. Una calidez auténtica que Sabo no encontraba en las cenas silenciosas con Dragon ni en los gritos de Garp.
—Es una familia interesante la que tienes, Ace —dijo Sabo en voz baja.
—Es un desastre —corrigió Ace, aunque se pegó un poco más al costado de Sabo, buscando inconscientemente su apoyo.
Rayleigh, desde su rincón, entrecerró los ojos. Vio cómo Ace buscaba el contacto y cómo Sabo, a pesar de su postura rígida, relajaba los hombros al tener al omega cerca.
—Bueno —dijo Rayleigh, rompiendo el momento—, ya que están aquí, Sabo se quedará a cenar. Tenemos mucho de qué hablar sobre el futuro.
—¡Sí! —exclamó Roger—. ¡Hay que planear las vacaciones! ¡Podemos ir todos a la isla de Dawn! ¡Garp dice que tiene una cabaña allí!
Ace y Sabo compartieron una mirada de puro terror. El plan se les estaba escapando de las manos a una velocidad vertiginosa. Lo que empezó como un trato conveniente se estaba convirtiendo en un compromiso familiar a gran escala.
—Tenemos que hablar —susurró Ace mientras sus padres se alejaban hacia la cocina.
—Lo sé —respondió Sabo, mirando hacia la puerta por donde Luffy acababa de entrar corriendo, gritando por comida—. Pero creo que ya es tarde para dar marcha atrás, Ace. Tu padre acaba de añadirme al grupo de chat de la familia.
Ace sacó su teléfono y vio la notificación: *“Roger D. ha añadido a 'Yerno Sabo' al grupo 'Los D. Dominarán el Mundo (y la Cocina)'”*.
—Estamos muertos —sentenció Ace, dejándose caer de nuevo en el sofá.
—No —dijo Sabo, sentándose a su lado y, por primera vez, permitiéndose una sonrisa real, pequeña y algo torcida—. Solo estamos bajo un nuevo tipo de contrato. Uno sin cláusulas de salida.
Ace lo miró, y por un momento, el orgullo y la mentira quedaron en segundo plano. El calor en su pecho no era por la narcolepsia ni por el enfado. Era algo nuevo, algo que Sabo, con su inteligencia calculadora, probablemente ya había empezado a notar.
—Más te vale que esa beca valga la pena, Sabo —refunfuñó Ace, aunque no se alejó cuando el alfa le tomó la mano bajo el cojín del sofá.
—Te aseguro que esto está empezando a valer mucho más que una beca —respondió Sabo.
En la cocina, Rayleigh sonrió para sí mismo mientras servía el estofado. Roger seguía hablando de nietos y barcos, pero Rayleigh sabía la verdad. Sabía que su hijo era un mentiroso terrible, y que el joven alfa era un estratega brillante. Pero también sabía que, a veces, las mejores verdades nacen de las mentiras más desesperadas.
