Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Mine

Fandom: Baffy looney tunes

Creado: 26/5/2026

Etiquetas

RomanceUA (Universo Alternativo)CrimenOscuroHumorHistoria DomésticaCelosEstudio de Personaje
Índice

Conejito de la suerte y el precio de la exclusividad

La Academia Acme no era simplemente una escuela preparatoria para la élite de los dibujos animados; era un ecosistema jerárquico donde la cadena alimenticia estaba claramente definida. En la cima, sentado en una mesa de la cafetería que nadie más se atrevía a tocar, estaba Bugs Bunny. No era solo el capitán del equipo de atletismo o el estudiante con las mejores notas sin siquiera esforzarse; Bugs era, para quienes sabían mirar detrás de su masticar de zanahoria despreocupado, el dueño absoluto de los pasillos.

Bugs tenía ese carisma magnético del original, esa calma imperturbable que rozaba la arrogancia, pero con un matiz moderno. Sus ojos, usualmente entrecerrados en una expresión de aburrimiento divertido, solo se afilaban cuando cierta figura emplumada entraba en su campo de visión.

Lucas caminaba por el pasillo principal cargando una pila de libros que amenazaba con sepultarlo. Llevaba sus gafas de pasta gruesa, un suéter de rombos que le quedaba ligeramente grande y esa expresión de indignación perpetua que lo caracterizaba. Lucas era el "nerd" oficial, el genio incomprendido que corregía a los profesores y terminaba en el casillero tres veces por semana, aunque extrañamente, esos incidentes habían cesado desde que Bugs empezó a "vigilarlo".

—¡Quítate de mi camino, Barnyard! —gritó Lucas, tratando de esquivar al enorme gallo Claudio—. ¡Tengo un promedio que mantener y una dignidad que... bueno, la dignidad es negociable, pero el promedio no!

Bugs, que estaba apoyado contra la pared a unos metros de distancia, dejó de masticar su zanahoria. Sus orejas se irguieron. Observó cómo Claudio levantaba a Lucas por el cuello de su suéter.

—Escucha, pequeño sabelotodo —tronó Claudio—, digo, escucha bien, hijo. Me estorbaste en el entrenamiento y...

Antes de que Claudio pudiera terminar, una mano enguantada y blanca se posó sobre su hombro. El ambiente en el pasillo cambió instantáneamente. El aire se volvió pesado, casi gélido.

—¿Hay algún problema aquí, Claudio? —preguntó Bugs. Su voz era suave, casi un susurro, pero tenía el filo de una navaja de afeitar.

Claudio soltó a Lucas de inmediato, quien cayó al suelo con un graznido de protesta.

—¡Bugs! No, no, digo, solo estábamos bromeando. Ya sabes cómo es el pequeño Lucas, siempre tan... elocuente.

Bugs no sonrió. Se acercó a Lucas y, con una elegancia que bordeaba lo cinematográfico, le extendió la mano para ayudarlo a levantarse. Lucas, fiel a su naturaleza, le dio un manotazo a la mano y se levantó solo, sacudiéndose el polvo.

—No necesitaba tu ayuda, conejo —bufó Lucas, ajustándose las gafas—. Podía haberlo manejado. Tengo un plan de contingencia que involucra leyes de física y un yunque que...

—Claro que sí, Lucas —lo interrumpió Bugs, atrapándolo por los hombros y atrayéndolo hacia sí con una fuerza posesiva que no admitía réplica—. Pero recuerda lo que acordamos. Eres mío para molestar, y de nadie más. ¿Verdad?

Lucas se puso rojo hasta la punta del pico.

—¡Yo no soy de nadie! ¡Soy un agente libre! ¡Un alma indomable!

Bugs se inclinó hacia su oído, ignorando a la multitud que los observaba con asombro y miedo.

—Sigue diciendo eso, doc. Me encanta cuando te pones difícil.

Lo que nadie en la Academia Acme sabía, excepto ellos dos, era que esta dinámica no era nueva. Se conocían desde que eran apenas un gazapo y un patito en el jardín de infantes de la Abuelita. Bugs siempre había sido el protector, el que robaba las galletas para Lucas, y Lucas siempre había sido el cómplice ruidoso que se quejaba de que la porción de Bugs era más grande.

Pero había algo más. Algo que Bugs ocultaba tras su fachada de estudiante popular.

Al caer la noche, el uniforme escolar se cambiaba por trajes de seda hechos a medida. Bugs Bunny no era solo un adolescente carismático; era el heredero de la mayor organización de "entretenimiento y logística" (mafia, para los entendidos) del mundo de los Looney Tunes. Y Lucas, a pesar de sus protestas y su fachada de nerd, era su esposo legalmente unido en una ceremonia privada que haría palidecer a cualquier estrella de Hollywood.

—¿Otra vez con el asunto de la posesividad en el pasillo? —preguntó Lucas esa noche, mientras se quitaba las gafas en el ático de la mansión Bunny—. Casi haces que Claudio se orine en sus pantalones de gimnasia. Fue humillante. Para él, y para mí.

Bugs estaba sentado en un sillón de cuero, revisando unos documentos que detallaban la última adquisición de Industrias Acme. Se quitó la chaqueta del traje y desabrochó los primeros botones de su camisa.

—No me gusta que te toquen, Lucas —dijo Bugs con una frialdad que rara vez mostraba en la escuela—. Eres mi posesión más valiosa. Si alguien pone un dedo sobre ti, es un insulto personal a mi autoridad.

Lucas caminó hacia él, cruzándose de brazos.

—¡No soy un objeto, Bugs! ¡Soy un pato! ¡Un pato muy inteligente y con un vocabulario envidiable! —Se subió al regazo del conejo, desafiante—. Si vas a ser un jefe de la mafia celoso, al menos hazlo con estilo.

Bugs rodeó la cintura de Lucas con sus brazos, hundiendo el rostro en el cuello del pato. Su obsesión por Lucas no era algo racional; era una fuerza de la naturaleza. Era la misma energía maníaca de cuando perseguían el diamante "Mono Azul", pero multiplicada por años de historia compartida.

—¿Recuerdas cuando teníamos seis años? —susurró Bugs—. Un niño te quitó tu lonchera de Batman.

—Me la devolviste en diez minutos —recordó Lucas, suavizando su tono—. Y el niño se mudó de ciudad al día siguiente. Nunca supe por qué.

—Yo sí —respondió Bugs con una sonrisa depredadora—. Nadie le quita nada a Lucas, porque Lucas me pertenece a mí.

—Eres un psicópata —dijo Lucas, aunque se acurrucó contra el pecho del conejo.

—Soy tu psicópata —corrigió Bugs—. Mañana tenemos el examen de cálculo. Quiero que te sientes a mi lado.

—¡No! —Lucas se incorporó—. ¡Harás trampa mirando mi hoja! ¡Estudia por una vez en tu vida, conejo holgazán!

Bugs soltó una carcajada, esa risa icónica y desenfadada.

—¿Para qué estudiar cuando tengo al esposo más brillante del mundo para que me pase las respuestas? Además, si el profesor me reprueba, siempre puedo comprar la escuela... o hacer que el profesor "desaparezca" en unas vacaciones pagadas permanentes en el desierto con el Coyote.

Lucas suspiró, dramático como siempre.

—Es agotador estar casado con el poder absoluto. Pero supongo que es el precio que pago por mi belleza y mi intelecto superior.

Bugs lo miró fijamente. Sus ojos ya no tenían rastro de burla. Había una intensidad allí que siempre lograba callar a Lucas.

—No bromees con eso, Lucas. Sabes que el mundo exterior es peligroso. Los otros sindicatos, los cazadores... todos saben que eres mi debilidad. Por eso en la escuela actúo así. Por eso necesito que todos sepan que eres propiedad privada.

Lucas tragó saliva. A veces olvidaba que, bajo las zanahorias y los chistes, Bugs era el ser más peligroso del planeta.

—Lo sé —murmuró el pato, picoteando suavemente la mejilla de Bugs—. Pero al menos podrías dejar de decirme "doc" frente a las animadoras. Es degradante.

—Lo pensaré —dijo Bugs, volviendo a su tono juguetón—. Pero solo si me dejas ayudarte con ese problema de química que no pudiste resolver hoy.

—¡Yo resolví todo! ¡Fue un error de imprenta del libro! —gritó Lucas, saltando del regazo de Bugs y empezando a gesticular salvajemente.

Bugs lo observó con una sonrisa satisfecha. Ese era su Lucas. Ruidoso, egocéntrico, brillante y absolutamente suyo. Mientras el mundo viera a un nerd y a un chico popular, o a un jefe de la mafia y su consorte, Bugs sabía la verdad: eran simplemente un conejo y un pato que no podían existir el uno sin el otro, unidos por un hilo de locura que ni siquiera el propio Acme podría romper.

—Mañana —dijo Bugs, levantándose para seguirlo—, te compraré esa edición limitada del cómic que querías. Pero a cambio, quiero que ignores a Porky durante el almuerzo. Se te quedó mirando demasiado tiempo hoy.

—¡Porky es mi mejor amigo! —exclamó Lucas desde el pasillo.

—Era tu mejor amigo —corrigió Bugs en voz baja, con una chispa de celos divirtiéndole la mirada—. Ahora es solo alguien que camina sobre hielo muy delgado.

Bugs Bunny siempre conseguía lo que quería. Y lo que más quería en el mundo, ya fuera en un pasillo de escuela o en un trono de oro, era al pato Lucas a su lado, quejándose de cada segundo, pero sin soltarle nunca la mano.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic