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el legado de la magia

Fandom: drarry

Creado: 27/5/2026

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Lazos de Sangre y Plata

El timbre de la casa en el número 4 de Privet Drive no había sonado en casi quince años, al menos no para anunciar la llegada de alguien como Harry Potter. Sin embargo, Harry no estaba en Surrey, sino en una pequeña y acogedora casa en las afueras de Londres, mirando su teléfono móvil con una mezcla de desconcierto y nostalgia.

Dudley Dursley lo había llamado. No para insultarlo, no para pedirle dinero, sino con una voz quebrada que Harry no había escuchado desde que los dementores casi le arrebatan el alma a su primo en aquel callejón.

—Harry, por favor —había dicho Dudley—. Algo está pasando con Rose. No sabemos qué hacer.

Harry se ajustó las gafas redondas y se alisó la túnica de seda ligera que llevaba bajo su abrigo largo. A sus treinta y tantos años, Harry Potter desprendía un aura de elegancia serena; su cabello negro seguía tan revuelto como siempre, pero sus ojos color esmeralda ahora reflejaban la sabiduría de un hombre que había reconstruido un mundo.

Al llegar a la casa de Dudley, se sintió como un gigante entrando en una casa de muñecas. Dudley lo esperaba en la puerta, más delgado que en su juventud, con el rostro pálido.

—Gracias por venir —susurró Dudley, estrechando la mano de Harry con una fuerza que denotaba puro terror.

—Está bien, Big D. Cuéntame qué pasó —dijo Harry con voz amable, entrando al salón.

Allí estaba Sarah, la esposa de Dudley, una mujer de aspecto práctico y cabello castaño que sostenía a una niña de unos siete años. Rose tenía el cabello rubio de los Evans y miraba un jarrón de flores que, en ese momento, estaba flotando a medio metro del suelo, cambiando de color del rojo al azul eléctrico rítmicamente.

—¡Harry! —exclamó Sarah, levantándose—. Dudley dice que tú... que tú sabes de estas cosas. Yo... he llamado a un médico, pero Dudley me quitó el teléfono. ¡Mira eso! ¡Es imposible!

Harry sonrió con una calidez que pareció calmar la temperatura de la habitación. Se acercó a la niña y se puso a su altura.

—Hola, Rose. Soy tu tío Harry —dijo suavemente—. Es un truco muy bonito, ¿verdad?

La niña asintió, asustada pero fascinada.

—No quería hacerlo, tío Harry. Solo quería que las flores estuvieran felices.

—Y lo están —aseguró Harry, extendiendo una mano. Con un movimiento casi imperceptible de sus dedos, sin necesidad de varita a la vista, el jarrón descendió suavemente hasta la mesa—. Tienes un don, Rose. Se llama magia.

Sarah soltó un grito ahogado y se dejó caer en el sofá. Dudley se sentó a su lado, rodeándola con un brazo.

—Te lo dije, Sarah —murmuró Dudley—. Mi primo... él es un mago. Un héroe en su mundo.

Harry se sentó frente a ellos. Sabía que este era el momento de la verdad. Sacó de su abrigo un libro encuadernado en cuero oscuro, con escudos grabados en plata y oro.

—Sé que esto es mucho para procesar —comenzó Harry, mirando a Sarah—. Dudley sabía que yo era diferente, pero nunca conoció los detalles. Sarah, yo soy el Jefe de la Noble y Ancestral Casa Potter. Y mi esposo... bueno, él pertenece a una de las linajes más antiguos de nuestra sociedad.

Abrió el libro en una página que mostraba un árbol genealógico mágico, donde las fotografías se movían y saludaban.

—Este soy yo —señaló Harry una imagen de sí mismo, vestido con túnicas de gala—. Y este es mi marido, Draco Malfoy. Él es el Jefe de la Casa Malfoy. Yo soy el Consorte de su casa, y él de la mía.

Dudley se inclinó para ver la foto de Draco. Un hombre de cabello largo, blanco como la nieve, con ojos color gris mercurio que destilaban una elegancia aristocrática. En la foto, el hombre de cabello blanco le daba un beso en la sien a un Harry que sonreía con absoluta felicidad.

—Vaya —dijo Dudley—. Se ve... importante.

—Lo es —rio Harry—. Draco puede ser un poco difícil al principio, pero tiene el corazón más grande que he conocido. Y tenemos una familia bastante numerosa.

Harry pasó la página para mostrar las fotos de sus hijos.

—James es el mayor, ya está en su quinto año en Hogwarts —explicó con orgullo—. Luego están los gemelos, Albus y Scorpius. Son inseparables, aunque Albus heredó mis ojos y Scorpius es la viva imagen de Draco. Después vienen las gemelas, Lily y Narcissa... son un torbellino de energía. Y bueno —Harry sonrió con una ternura especial—, hay uno más en camino. Draco está en casa descansando, el embarazo mágico puede ser agotador hacia el final.

—¿Siete hijos? —preguntó Sarah, saliendo de su estupor—. ¿Y todos hacen... eso? —señaló el jarrón.

—Todos —confirmó Harry—. Y Rose también irá a la misma escuela que ellos cuando cumpla once años. Hasta entonces, necesitará orientación. No quiero que crezca escondiendo lo que es, como me pasó a mí en esta familia.

Dudley bajó la cabeza, avergonzado.

—No dejaré que eso pase, Harry. Por eso te llamé.

***

Punto de vista de Sarah

Sarah no podía dejar de mirar el libro que Harry les había dejado. Las fotos se movían. ¡Se movían! El hombre que Harry llamó Draco Malfoy parecía un príncipe de un cuento de hadas, pero con una mirada afilada que sugería que no aceptaba tonterías de nadie.

—Dudley —dijo ella esa noche, mientras Rose dormía—, ¿por qué nunca me dijiste que tu primo era... un lord? Ese libro dice que es el "Jefe de una Casa Noble".

Dudley suspiró, revolviendo su té.

—Para ser honesto, Sarah, mis padres lo trataron como a un criado. Yo lo traté como a un saco de boxeo. No sabía nada de su estatus hasta que la guerra terminó y vi cómo la gente lo miraba. Es un hombre importante, pero para mí... es solo Harry, el chico que sobrevivió a todo lo que mi familia le lanzó.

Sarah miró la foto de la familia Potter-Malfoy. Siete niños. Una vida llena de magia y lujos que ella ni siquiera podía imaginar. Y sin embargo, Harry había sido tan amable, tan... normal.

—Dijo que nos invitaría a su mansión —recordó Sarah—. Malfoy Manor. Dice que es mejor que Rose empiece a convivir con otros niños mágicos.

—Tengo miedo, Sarah —confesó Dudley—. Miedo de que ese mundo sea demasiado para nosotros. Pero por Rose... iré a donde sea.

***

Punto de vista de Harry

Cuando Harry regresó a Malfoy Manor, el aire estaba impregnado del aroma a sándalo y lluvia, el perfume característico de Draco. Caminó por los amplios pasillos, pasando bajo los retratos de los ancestros Malfoy que le hacían sutiles reverencias.

Encontró a Draco en la biblioteca privada, sentado en un diván de terciopelo verde. Su largo cabello blanco caía sobre sus hombros como una cascada de seda, y sostenía un libro sobre pociones prenatales. Albus y Scorpius estaban sentados en la alfombra a sus pies, practicando hechizos de levitación con plumas.

—Has tardado, Potter —dijo Draco, sin levantar la vista del libro, pero con una sonrisa juguetona en los labios.

—Dudley estaba... en shock —dijo Harry, acercándose para besar la frente de su esposo—. Pero aceptaron la situación. Rose es una bruja, Draco. Una muy potente, por lo que vi.

Draco cerró el libro y miró a Harry con sus ojos grises, ahora suavizados por los años de paz.

—Un Dursley con magia —sangre de mi sangre, supongo. El destino tiene un sentido del humor retorcido. ¿Le mostraste el libro de la casa?

—Lo hice. Sarah quedó impresionada contigo. Creo que piensa que soy un plebeyo que se casó con la realeza.

Draco soltó una carcajada elegante, una que siempre hacía que el corazón de Harry diera un vuelco.

—Bueno, técnicamente, lo eres. Pero eres mi plebeyo favorito. Ven aquí, el pequeño está inquieto hoy.

Harry puso su mano sobre el vientre de Draco, sintiendo una pequeña pero firme patada.

—Hola, pequeño —susurró Harry—. Vas a tener una prima nueva. Se llama Rose, y creo que te va a gustar mucho.

—¡Papá! —exclamó Scorpius, levantando su pluma—. ¡Mira! ¡La he hecho brillar!

—Excelente, Scorpius —alabó Draco—. Pero recuerda el movimiento de la muñeca. La elegancia es la clave de la precisión.

Harry observó la escena. James entraría pronto en su fase de exámenes, las gemelas estaban probablemente en el jardín persiguiendo gnomos, y él estaba allí, con el amor de su vida y un nuevo miembro de la familia en camino. El mundo mágico era seguro, y ahora, la hija de Dudley también formaría parte de él.

***

Punto de vista de Dudley

El día de la visita a Malfoy Manor llegó más rápido de lo que Dudley hubiera deseado. Se vistió con su mejor traje, aunque se sentía pequeño y gordo comparado con el recuerdo de la elegancia de Harry.

Cuando llegaron a las puertas de hierro de la mansión, estas se abrieron solas. El camino de entrada estaba flanqueado por pavos reales blancos.

—Papá, ¡mira! —gritó Rose, señalando a las aves—. ¡Son como la nieve!

Al final del camino, Harry y Draco los esperaban. Harry vestía túnicas de un verde profundo que resaltaba sus ojos, y Draco... Dudley nunca había visto a un hombre tan imponente. Su cabello blanco brillaba bajo el sol de la tarde y sostenía un bastón con cabeza de serpiente de plata, aunque más como un accesorio de poder que por necesidad.

—Bienvenidos a Malfoy Manor —dijo Draco. Su voz era arrastrada y aristocrática, pero no fría—. Dudley, Sarah. Es un placer.

Sarah estrechó la mano de Draco con timidez.

—Gracias por recibirnos, Sr. Malfoy.

—Por favor, llámenme Draco. Somos familia, después de todo —dijo él, y por un momento, Dudley vio un destello de genuina amabilidad en esos ojos grises—. Rose, querida, mis hijas Narcissa y Lily están en el salón de té. Tienen muchas ganas de conocerte.

—¿Tienen magia como yo? —preguntó Rose con timidez.

—Mucha más de la que sus niñeras pueden manejar —respondió Draco con una mueca divertida.

Mientras entraban en la inmensa mansión, Dudley se dio cuenta de que su mundo acababa de expandirse de una manera irreversible. Vio cuadros que le gritaban consejos de etiqueta, armaduras que se ponían firmes al pasar y, finalmente, un salón lleno de niños que reían y hacían flotar dulces por el aire.

James, el mayor, se acercó a Dudley. Era una mezcla perfecta de Harry y Draco: el cabello negro de Harry pero con la estructura facial refinada de los Malfoy.

—Tío Dudley, es un gusto volver a verlo —dijo el joven con una educación impecable—. Soy James. Si me permiten, llevaré a Rose con mis hermanas.

Dudley asintió, incapaz de articular palabra. Harry le puso una mano en el hombro.

—Relájate, Dudley. Estás en casa.

Durante la tarde, Dudley observó cómo Harry y Draco interactuaban. No eran solo dos hombres casados; eran los pilares de un legado. Harry, con su calidez humana, suavizaba los bordes afilados de la aristocracia de Draco, mientras que Draco le daba a Harry la estructura y el apoyo que nunca tuvo de niño.

—Harry —susurró Dudley mientras veían a Rose reír con las gemelas—, gracias. Por no olvidarte de nosotros.

Harry miró a su primo, luego a su esposo, que estaba explicando a Sarah las propiedades curativas de las rosas mágicas del jardín.

—La familia es lo más importante, Dudley. Me tomó mucho tiempo tener una de verdad. No voy a dejar que nadie se quede fuera.

Ese fue el comienzo de una nueva era para los Dursley y los Potter-Malfoy. Una era donde las cartas de Hogwarts no serían motivo de miedo, sino de celebración. Y mientras Rose volaba por primera vez en una escoba de juguete bajo la supervisión de Scorpius, Dudley supo que su hija estaba exactamente donde pertenecía. En un mundo de maravillas, protegida por el Jefe de la Casa Potter y el Consorte de la Casa Malfoy.
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