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Fandom: Xylos-4
Creado: 27/5/2026
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RomanceCiencia FicciónRecortes de VidaHistoria DomésticaBiopunkEstudio de PersonajeFluffDolor/ConsueloLenguaje Explícito
Sinfonía de Antenas y Secretos Nocturnos
La habitación de Kazuke siempre se sentía como una pequeña burbuja de Yvos-9 atrapada en el corazón de Xylos-4. El aire era denso, cargado de una humedad controlada y un calor que, para cualquier otro habitante del planeta, resultaría asfixiante. Kasuto, sin embargo, estaba dispuesto a soportar los 28°C que Kazuke había programado en el termostato. Sabía que su novio perdía calor corporal con una facilidad alarmante, y ver a Kazuke finalmente relajado, sin ese temblor constante en sus antenas color menta, valía cada gota de sudor que resbalaba por su propia nuca.
Después de la pequeña sesión de burlas por las capas infinitas de ropa —y de aquel momento de vulnerabilidad donde Kasuto pudo admirar la silueta delgada de Kazuke bajo esa camiseta de Hello Kitty—, el silencio se había apoderado de la estancia. Se habían acomodado en la cama, una estructura amplia con sábanas de seda térmica que Kazuto encontraba un tanto resbaladizas.
—Kass... no te alejes tanto —susurró Kazuke antes de caer profundamente dormido, con la voz pastosa por el cansancio.
Kasuto, atrapado entre el cuerpo de su novio y la pared, solo pudo soltar un suspiro resignado. Sus instintos de Velde de Xylos-4 le gritaban que buscara un rincón más fresco, pero su corazón, ese órgano que había estudiado meticulosamente a Kazuke antes de admitir lo que sentía, le dictaba quedarse. Se quedó allí, observando cómo las antenas de Kazuke se curvaban rítmicamente, señal de que estaba entrando en un sueño profundo y reparador.
Pasaron las horas. La madrugada en Xylos-4 era silenciosa, solo interrumpida por el zumbido casi imperceptible del sistema de calefacción. Kasuto estaba en ese estado de duermevela donde los pensamientos se mezclan con la realidad, hasta que sintió un cambio en el peso sobre su cuerpo.
Kazuke empezó a moverse. No eran los movimientos bruscos de alguien que tiene una pesadilla, sino algo más fluido, casi instintivo. Una de las piernas delgadas de Kazuke se deslizó con lentitud, atrapando la pierna de Kasuto en un sutil candado. Al mismo tiempo, sus brazos se cerraron con más fuerza alrededor de su torso, hundiendo el rostro en el hueco del cuello de Kasuto.
—¿Kazuke? —murmuró Kasuto con voz ronca, pensando que quizás se había despertado.
No hubo respuesta verbal, al menos no una coherente. Kazuke soltó un jadeo suave, un sonido que vibró directamente contra la piel de Kasuto.
—Kasuto... —el nombre escapó de los labios del chico de piel brillante como un suspiro cargado de anhelo.
Kasuto se tensó. Sus antenas, usualmente relajadas y bajo control, se irguieron por la sorpresa. Observó el rostro de su novio bajo la tenue luz de emergencia de la habitación. Kazuke estaba profundamente dormido, pero sus mejillas lucían un tono verde mucho más intenso de lo normal, un sonrojo que no tenía nada que ver con la temperatura ambiental.
Entonces, Kasuto lo sintió. Entre sus propias piernas, allí donde la pierna de Kazuke lo presionaba con una insistencia creciente, algo rígido y cálido comenzó a hacerse notar. El roce de la tela del pijama liviano de Kazuke contra su propia piel no dejaba lugar a dudas.
—Vaya... —susurró Kasuto para sí mismo, con una sonrisa ladeada y sarcástica empezando a formarse en su rostro—. Así que esto es lo que sueñas cuando crees que no miro.
Su naturaleza analítica y observadora tomó el mando, mezclada con esa parte traviesa que tanto disfrutaba molestando a Kazuke. Movido por un impulso de pura picardía, estiró el brazo hacia la mesilla de noche y tomó su intercomunicador. Con movimientos precisos, activó la cámara y lo apoyó contra una pila de libros de botánica, asegurándose de que el ángulo capturara perfectamente la escena: el rostro arrebolado de Kazuke, sus antenas temblando de forma errática y los sonidos que empezaban a volverse más nítidos.
—Ah... Kasuto... mmm... —Kazuke volvió a jadear, frotando su cadera casi imperceptiblemente contra el muslo de su pareja.
Kasuto se quedó quieto, disfrutando del espectáculo. Era una sensación extraña de poder y ternura. Ver a Kazuke, siempre tan reservado y antisocial, tan expuesto en su subconsciente, le provocaba una satisfacción inmensa. Los gemidos de Kazuke eran melodiosos, una sinfonía de vulnerabilidad que solo Kasuto tenía el privilegio de escuchar.
—Realmente eres un caso perdido, Kazuke —dijo Kasuto en voz baja, aunque su mirada delataba cuánto le gustaba lo que veía.
Sin embargo, tras unos minutos de observación, la faceta protectora de Kasuto empezó a ganar terreno. No podía simplemente dejarlo así, debatiéndose en un sueño que claramente le estaba provocando una tensión física real. Además, Kasuto siempre prefería ser un participante activo en cualquier situación que involucrara a su novio.
Con cuidado, deslizó su mano por debajo de la cintura del pijama de Kazuke. La piel de su novio estaba ardiendo, una señal de lo mucho que su metabolismo se había acelerado. Al contacto inicial, el cuerpo de Kazuke dio un pequeño respingo, pero no se despertó; en su lugar, se arqueó instintivamente hacia la fuente de placer.
—Vamos a ayudarte un poco, ¿de acuerdo? —susurró Kasuto, acercándose al oído de Kazuke, sabiendo que sus palabras se filtrarían en su sueño.
Kasuto envolvió la erección de su novio con firmeza. Empezó con movimientos lentos, casi perezosos, disfrutando de cómo las antenas de Kazuke se agitaban con violencia ante el estímulo. Conocía el cuerpo de Kazuke casi tan bien como el suyo propio; sabía exactamente dónde presionar para obtener una reacción.
—Mmmgh... ¡Kas! —el grito ahogado de Kazuke fue música para los oídos de Kasuto.
Kasuto cambió el ritmo bruscamente. De caricias pausadas pasó a una fricción rápida y constante, sintiendo cómo el pulso de Kazuke se disparaba. El chico de Yvos-9 comenzó a jadear con más fuerza, su cabeza moviéndose de un lado a otro sobre la almohada, atrapado en ese limbo entre el placer onírico y la realidad física que su novio le estaba proporcionando.
—Eso es... suéltalo todo para mí —instó Kasuto, observando con deleite cómo el rostro de Kazuke se contraía en una expresión de puro éxtasis.
Cuando sintió que el cuerpo de Kazuke se tensaba al máximo, Kasuto redujo la velocidad de nuevo, torturándolo sutilmente antes de darle el empujón final. Un último movimiento rápido y firme fue suficiente. Kazuke soltó un gemido largo y agudo, sus antenas se quedaron rígidas por un segundo antes de caer lánguidas, y su cuerpo finalmente se relajó contra el de Kasuto, liberando toda la tensión acumulada.
Kasuto se quedó un momento así, sintiendo el corazón de Kazuke latir desbocado contra su pecho. Con la eficiencia que lo caracterizaba, utilizó una de las toallas pequeñas que siempre tenía a mano —precisamente por si el calor de la habitación lo hacía sudar demasiado— para limpiar a su novio y las sábanas antes de que cualquier rastro del momento pudiera incomodarlo al despertar.
—Duerme bien, mi pequeño volcán —murmuró Kasuto, depositando un beso suave en la frente de Kazuke.
Se estiró para recuperar su intercomunicador y detuvo la grabación. Revisó el video por unos segundos; la calidad era excelente. Una sonrisa de suficiencia iluminó su rostro verde claro. Tenía material suficiente para molestar a Kazuke durante al menos un mes, o quizás simplemente para guardarlo como un tesoro privado de esa intensidad emocional que tanto le fascinaba de su pareja.
Guardó el dispositivo y volvió a acomodarse. El calor de la habitación seguía allí, pero ahora, con Kazuke profundamente dormido y satisfecho, ya no parecía tan molesto. Kasuto cerró los ojos, sintiéndose extrañamente en paz. A pesar de sus diferencias biológicas, de sus planetas de origen opuestos y de sus personalidades contrastantes, en ese pequeño espacio de 28°C, todo encajaba a la perfección.
A la mañana siguiente, cuando el primer sol de Xylos-4 comenzó a filtrar su luz fría por las rendijas de las cortinas térmicas, Kazuke empezó a desperezarse. Se sentía inusualmente ligero, como si hubiera flotado en una nube de calor toda la noche. Abrió los ojos y se encontró con la mirada analítica y burlona de Kasuto, que ya estaba despierto y apoyado en un codo.
—Buenos días, dormilón —dijo Kasuto, su voz cargada de un sarcasmo que Kazuke reconoció de inmediato.
—Buenos días... —respondió Kazuke, frotándose los ojos y estirando sus antenas—. He dormido increíblemente bien. He tenido un sueño... raro, pero agradable.
Kasuto soltó una pequeña risita, una que hizo que Kazuke se pusiera alerta.
—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber de qué trataba ese sueño tan agradable? —preguntó Kasuto, arqueando una ceja.
Kazuke se sonrojó, recordando fragmentos de sensaciones intensas y el nombre de Kasuto repitiéndose en su mente.
—No... no me acuerdo bien. Solo que hacía mucho calor y tú estabas allí.
Kasuto se inclinó hacia él, invadiendo su espacio personal con esa confianza que solo un año de relación permitía.
—Bueno, si alguna vez olvidas los detalles, no te preocupes —susurró al oído de un Kazuke ahora completamente confundido—. Tengo una excelente memoria... y algunos registros muy interesantes que podrían refrescarte la mente.
Kazuke se quedó helado por un segundo, a pesar de la calefacción. Miró a Kasuto, quien simplemente le guiñó un ojo antes de levantarse de la cama con la agilidad de un atleta.
—¡Kasuto! ¿Qué significa eso? —exclamó Kazuke, sentándose de golpe mientras sus antenas se curvaban en señal de pánico y curiosidad.
—Significa que te amo, incluso cuando eres un pervertido inconsciente —respondió Kasuto desde la puerta, lanzándole una mirada llena de una intensidad emocional que Kazuke no pudo evitar devolver—. Ahora muévete, el desayuno no se va a hacer solo, y necesito recuperar energías después de la "noche de trabajo" que me diste.
Kazuke se quedó solo en la cama, con el rostro ardiendo y el corazón latiendo con fuerza. No sabía exactamente qué había pasado, pero al ver la sonrisa satisfecha de Kasuto, supo que, fuera lo que fuera, su novio lo tenía exactamente donde quería: bajo su atenta y protectora mirada. Y en el fondo, Kazuke no quería estar en ningún otro lugar.
Después de la pequeña sesión de burlas por las capas infinitas de ropa —y de aquel momento de vulnerabilidad donde Kasuto pudo admirar la silueta delgada de Kazuke bajo esa camiseta de Hello Kitty—, el silencio se había apoderado de la estancia. Se habían acomodado en la cama, una estructura amplia con sábanas de seda térmica que Kazuto encontraba un tanto resbaladizas.
—Kass... no te alejes tanto —susurró Kazuke antes de caer profundamente dormido, con la voz pastosa por el cansancio.
Kasuto, atrapado entre el cuerpo de su novio y la pared, solo pudo soltar un suspiro resignado. Sus instintos de Velde de Xylos-4 le gritaban que buscara un rincón más fresco, pero su corazón, ese órgano que había estudiado meticulosamente a Kazuke antes de admitir lo que sentía, le dictaba quedarse. Se quedó allí, observando cómo las antenas de Kazuke se curvaban rítmicamente, señal de que estaba entrando en un sueño profundo y reparador.
Pasaron las horas. La madrugada en Xylos-4 era silenciosa, solo interrumpida por el zumbido casi imperceptible del sistema de calefacción. Kasuto estaba en ese estado de duermevela donde los pensamientos se mezclan con la realidad, hasta que sintió un cambio en el peso sobre su cuerpo.
Kazuke empezó a moverse. No eran los movimientos bruscos de alguien que tiene una pesadilla, sino algo más fluido, casi instintivo. Una de las piernas delgadas de Kazuke se deslizó con lentitud, atrapando la pierna de Kasuto en un sutil candado. Al mismo tiempo, sus brazos se cerraron con más fuerza alrededor de su torso, hundiendo el rostro en el hueco del cuello de Kasuto.
—¿Kazuke? —murmuró Kasuto con voz ronca, pensando que quizás se había despertado.
No hubo respuesta verbal, al menos no una coherente. Kazuke soltó un jadeo suave, un sonido que vibró directamente contra la piel de Kasuto.
—Kasuto... —el nombre escapó de los labios del chico de piel brillante como un suspiro cargado de anhelo.
Kasuto se tensó. Sus antenas, usualmente relajadas y bajo control, se irguieron por la sorpresa. Observó el rostro de su novio bajo la tenue luz de emergencia de la habitación. Kazuke estaba profundamente dormido, pero sus mejillas lucían un tono verde mucho más intenso de lo normal, un sonrojo que no tenía nada que ver con la temperatura ambiental.
Entonces, Kasuto lo sintió. Entre sus propias piernas, allí donde la pierna de Kazuke lo presionaba con una insistencia creciente, algo rígido y cálido comenzó a hacerse notar. El roce de la tela del pijama liviano de Kazuke contra su propia piel no dejaba lugar a dudas.
—Vaya... —susurró Kasuto para sí mismo, con una sonrisa ladeada y sarcástica empezando a formarse en su rostro—. Así que esto es lo que sueñas cuando crees que no miro.
Su naturaleza analítica y observadora tomó el mando, mezclada con esa parte traviesa que tanto disfrutaba molestando a Kazuke. Movido por un impulso de pura picardía, estiró el brazo hacia la mesilla de noche y tomó su intercomunicador. Con movimientos precisos, activó la cámara y lo apoyó contra una pila de libros de botánica, asegurándose de que el ángulo capturara perfectamente la escena: el rostro arrebolado de Kazuke, sus antenas temblando de forma errática y los sonidos que empezaban a volverse más nítidos.
—Ah... Kasuto... mmm... —Kazuke volvió a jadear, frotando su cadera casi imperceptiblemente contra el muslo de su pareja.
Kasuto se quedó quieto, disfrutando del espectáculo. Era una sensación extraña de poder y ternura. Ver a Kazuke, siempre tan reservado y antisocial, tan expuesto en su subconsciente, le provocaba una satisfacción inmensa. Los gemidos de Kazuke eran melodiosos, una sinfonía de vulnerabilidad que solo Kasuto tenía el privilegio de escuchar.
—Realmente eres un caso perdido, Kazuke —dijo Kasuto en voz baja, aunque su mirada delataba cuánto le gustaba lo que veía.
Sin embargo, tras unos minutos de observación, la faceta protectora de Kasuto empezó a ganar terreno. No podía simplemente dejarlo así, debatiéndose en un sueño que claramente le estaba provocando una tensión física real. Además, Kasuto siempre prefería ser un participante activo en cualquier situación que involucrara a su novio.
Con cuidado, deslizó su mano por debajo de la cintura del pijama de Kazuke. La piel de su novio estaba ardiendo, una señal de lo mucho que su metabolismo se había acelerado. Al contacto inicial, el cuerpo de Kazuke dio un pequeño respingo, pero no se despertó; en su lugar, se arqueó instintivamente hacia la fuente de placer.
—Vamos a ayudarte un poco, ¿de acuerdo? —susurró Kasuto, acercándose al oído de Kazuke, sabiendo que sus palabras se filtrarían en su sueño.
Kasuto envolvió la erección de su novio con firmeza. Empezó con movimientos lentos, casi perezosos, disfrutando de cómo las antenas de Kazuke se agitaban con violencia ante el estímulo. Conocía el cuerpo de Kazuke casi tan bien como el suyo propio; sabía exactamente dónde presionar para obtener una reacción.
—Mmmgh... ¡Kas! —el grito ahogado de Kazuke fue música para los oídos de Kasuto.
Kasuto cambió el ritmo bruscamente. De caricias pausadas pasó a una fricción rápida y constante, sintiendo cómo el pulso de Kazuke se disparaba. El chico de Yvos-9 comenzó a jadear con más fuerza, su cabeza moviéndose de un lado a otro sobre la almohada, atrapado en ese limbo entre el placer onírico y la realidad física que su novio le estaba proporcionando.
—Eso es... suéltalo todo para mí —instó Kasuto, observando con deleite cómo el rostro de Kazuke se contraía en una expresión de puro éxtasis.
Cuando sintió que el cuerpo de Kazuke se tensaba al máximo, Kasuto redujo la velocidad de nuevo, torturándolo sutilmente antes de darle el empujón final. Un último movimiento rápido y firme fue suficiente. Kazuke soltó un gemido largo y agudo, sus antenas se quedaron rígidas por un segundo antes de caer lánguidas, y su cuerpo finalmente se relajó contra el de Kasuto, liberando toda la tensión acumulada.
Kasuto se quedó un momento así, sintiendo el corazón de Kazuke latir desbocado contra su pecho. Con la eficiencia que lo caracterizaba, utilizó una de las toallas pequeñas que siempre tenía a mano —precisamente por si el calor de la habitación lo hacía sudar demasiado— para limpiar a su novio y las sábanas antes de que cualquier rastro del momento pudiera incomodarlo al despertar.
—Duerme bien, mi pequeño volcán —murmuró Kasuto, depositando un beso suave en la frente de Kazuke.
Se estiró para recuperar su intercomunicador y detuvo la grabación. Revisó el video por unos segundos; la calidad era excelente. Una sonrisa de suficiencia iluminó su rostro verde claro. Tenía material suficiente para molestar a Kazuke durante al menos un mes, o quizás simplemente para guardarlo como un tesoro privado de esa intensidad emocional que tanto le fascinaba de su pareja.
Guardó el dispositivo y volvió a acomodarse. El calor de la habitación seguía allí, pero ahora, con Kazuke profundamente dormido y satisfecho, ya no parecía tan molesto. Kasuto cerró los ojos, sintiéndose extrañamente en paz. A pesar de sus diferencias biológicas, de sus planetas de origen opuestos y de sus personalidades contrastantes, en ese pequeño espacio de 28°C, todo encajaba a la perfección.
A la mañana siguiente, cuando el primer sol de Xylos-4 comenzó a filtrar su luz fría por las rendijas de las cortinas térmicas, Kazuke empezó a desperezarse. Se sentía inusualmente ligero, como si hubiera flotado en una nube de calor toda la noche. Abrió los ojos y se encontró con la mirada analítica y burlona de Kasuto, que ya estaba despierto y apoyado en un codo.
—Buenos días, dormilón —dijo Kasuto, su voz cargada de un sarcasmo que Kazuke reconoció de inmediato.
—Buenos días... —respondió Kazuke, frotándose los ojos y estirando sus antenas—. He dormido increíblemente bien. He tenido un sueño... raro, pero agradable.
Kasuto soltó una pequeña risita, una que hizo que Kazuke se pusiera alerta.
—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber de qué trataba ese sueño tan agradable? —preguntó Kasuto, arqueando una ceja.
Kazuke se sonrojó, recordando fragmentos de sensaciones intensas y el nombre de Kasuto repitiéndose en su mente.
—No... no me acuerdo bien. Solo que hacía mucho calor y tú estabas allí.
Kasuto se inclinó hacia él, invadiendo su espacio personal con esa confianza que solo un año de relación permitía.
—Bueno, si alguna vez olvidas los detalles, no te preocupes —susurró al oído de un Kazuke ahora completamente confundido—. Tengo una excelente memoria... y algunos registros muy interesantes que podrían refrescarte la mente.
Kazuke se quedó helado por un segundo, a pesar de la calefacción. Miró a Kasuto, quien simplemente le guiñó un ojo antes de levantarse de la cama con la agilidad de un atleta.
—¡Kasuto! ¿Qué significa eso? —exclamó Kazuke, sentándose de golpe mientras sus antenas se curvaban en señal de pánico y curiosidad.
—Significa que te amo, incluso cuando eres un pervertido inconsciente —respondió Kasuto desde la puerta, lanzándole una mirada llena de una intensidad emocional que Kazuke no pudo evitar devolver—. Ahora muévete, el desayuno no se va a hacer solo, y necesito recuperar energías después de la "noche de trabajo" que me diste.
Kazuke se quedó solo en la cama, con el rostro ardiendo y el corazón latiendo con fuerza. No sabía exactamente qué había pasado, pero al ver la sonrisa satisfecha de Kasuto, supo que, fuera lo que fuera, su novio lo tenía exactamente donde quería: bajo su atenta y protectora mirada. Y en el fondo, Kazuke no quería estar en ningún otro lugar.
