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Naruto y la Kriptioniana

Fandom: Naruto x DC

Creado: 29/5/2026

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Ojos de Infinito y el Vuelo del Acero

El mundo estaba dividido por algo más que océanos; estaba fragmentado por la naturaleza misma de la energía. Mientras que en las Naciones Elementales el chakra fluía como ríos de fuego y viento, más allá de la Gran Barrera, en el continente de Metrópolis y Gotham, la ciencia y los dones divinos dictaban el destino.

Naruto Uzumaki no era un ninja ordinario. A sus trece años, ya caminaba por los pasillos de la ANBU de Konoha con la misma indiferencia con la que un dios observaría un hormiguero. A diferencia del Naruto que muchos habrían esperado —un niño ruidoso buscando atención—, este Naruto era el silencio antes de la tormenta. Era el genio que rivalizaba con Itachi Uchiha, pero con una crueldad metódica que incluso el Tercer Hokage encontraba inquietante.

Sus ojos, sin embargo, eran lo que más aterraba a sus enemigos. No eran el Sharingan ni el Byakugan. Eran los Seis Ojos, una herencia genética perdida en los anales del tiempo, que le permitían ver el flujo atómico del mundo. Para Naruto, el universo era una serie de infinitos que él podía manipular a su antojo.

—Es una misión de reconocimiento, Naruto —dijo Hiruzen Sarutobi, exhalando el humo de su pipa—. Los informes dicen que la barrera entre continentes se está debilitando. Algo cayó del cielo en el territorio de "Estados Unidos". Algo que no es de este mundo.

Naruto, apoyado contra la pared de la oficina del Hokage, ladeó la cabeza. Su cabello rubio, casi blanco bajo la luz, caía sobre una venda que cubría sus ojos. No necesitaba ver con sus pupilas para saber exactamente dónde estaba cada mota de polvo en la habitación.

—¿Algo que cayó del cielo? —Su voz era melódica, pero carente de cualquier calidez—. ¿Un meteorito? ¿Un dios? ¿O simplemente otra molestia que debo eliminar para que puedas dormir tranquilo, viejo?

—Tu actitud sigue siendo un problema —intervino Danzo desde las sombras—. Pero tus resultados son indiscutibles. Ve. Encuentra lo que sea que haya cruzado la frontera. Si es una amenaza, bórrala.

Naruto soltó una risita seca, una que no llegaba a sus labios.

—No se preocupen. Si es divertido, me lo quedaré. Si es aburrido... bueno, el infinito es un lugar muy grande para esconder un cadáver.

***

El cruce de la barrera fue una experiencia sensorial que habría vuelto loco a cualquier otro shinobi. Para Naruto, fue como sintonizar una radio. De repente, el chakra denso de las naciones elementales fue reemplazado por un aire cargado de radiación solar y una tecnología que zumbaba en una frecuencia extraña.

Se encontraba en las afueras de una ciudad que brillaba como si estuviera hecha de diamantes: Metrópolis. Pero no estaba allí por la arquitectura. Sus ojos, incluso bajo la venda, detectaron una firma de energía que desafiaba las leyes de la física. En el centro de un cráter humeante, a pocos kilómetros de la ciudad, algo —o alguien— estaba despertando.

Naruto se teletransportó en un parpadeo de espacio comprimido. Al llegar al borde del cráter, se encontró con una escena que lo hizo sonreír de esa manera depredadora que tanto asustaba a sus compañeros de equipo.

Una chica de cabello rubio platino, vestida con un traje azul y una capa roja que parecía absorber la luz del sol, intentaba ponerse en pie. Sus ojos eran de un azul eléctrico, pero estaban nublados por la confusión y el dolor.

—¿Quién... quién eres? —preguntó ella en un idioma que Naruto comprendió instantáneamente gracias a su procesamiento cerebral acelerado—. ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi primo?

Naruto bajó al cráter con una elegancia sobrenatural, sus pies flotando a unos milímetros del suelo carbonizado. Se llevó una mano a la venda y la bajó lentamente, revelando unos ojos azules que contenían galaxias enteras, brillantes y aterradores.

—Vaya, qué espécimen tan interesante —comentó Naruto, ignorando las preguntas de la chica—. No tienes chakra, pero tus células están bebiendo la radiación del sol como si fuera ambrosía. Eres fuerte, ¿verdad?

La chica, que el mundo conocería más tarde como Kara Zor-El, intentó levantarse, pero la debilidad del viaje interestelar aún la afectaba.

—Aléjate —advirtió ella, y sus ojos comenzaron a brillar con un calor rojizo—. No quiero lastimarte, humano.

—¿Humano? —Naruto soltó una carcajada genuina, una que sonó casi psicópata en el silencio del cráter—. Oh, cariño, eso es lo más insultante que me han dicho en toda la semana.

En un movimiento que Supergirl no pudo seguir, Naruto apareció frente a ella. Ella lanzó un golpe por puro instinto, un puñetazo capaz de demoler un edificio de acero. Pero su puño se detuvo a centímetros de la cara de Naruto. No había una pared, no había un escudo. Simplemente... no podía avanzar.

—Se llama Infinito —explicó Naruto, observando el puño de la chica con curiosidad académica—. Cuanto más te acercas a mí, más lenta te vuelves. Nunca me tocarás, a menos que yo lo decida.

Kara retrocedió, asustada. Nunca había visto algo así, ni siquiera en las historias de los científicos de Krypton.

—¿Qué eres? —susurró ella.

—Soy el que está por encima de todos —respondió él con una arrogancia que habría hecho que Satoru Gojo se sintiera orgulloso—. Pero puedes llamarme Naruto. Y tú, pequeña estrella caída, pareces ser el juguete más entretenido que he encontrado en años.

—No soy un juguete —gruñó Kara, recuperando sus fuerzas. Se impulsó hacia arriba, rompiendo la barrera del sonido, y voló hacia el cielo para ganar distancia.

Naruto miró hacia arriba, su sonrisa ensanchándose.

—¿Vuelo? Encantador. Veamos si puedes seguirle el ritmo a la física real.

Naruto juntó sus dedos en un sello que ningún ninja de Konoha reconocería.

—Azul.

Un orbe de energía negativa apareció en su mano, y de repente, la gravedad alrededor de Kara se distorsionó. Ella sintió que el espacio mismo la succionaba hacia abajo. Con un grito de frustración, estabilizó su vuelo y descendió como un meteoro, decidida a embestir al intruso.

El impacto creó una onda de choque que niveló los árboles cercanos. Cuando el polvo se asentó, Kara estaba de pie en el centro, pero Naruto no estaba allí.

—¿Buscas a alguien? —La voz venía de arriba.

Naruto estaba flotando, sentado en el aire como si estuviera en un trono invisible, con las manos en los bolsillos.

—Eres rápida, eres fuerte y pareces indestructible —enumeró Naruto—. Eres básicamente un dios entre estos mortales. Qué coincidencia. Yo también lo soy.

Kara voló hacia él de nuevo, esta vez usando su visión de calor. Dos haces de energía roja pura cortaron el aire. Naruto ni siquiera se movió. El calor simplemente se disipó al entrar en contacto con su territorio de infinito.

—¿Eso es todo? —preguntó Naruto, apareciendo de repente detrás de ella y susurrándole al oído—. Me decepcionas un poco. Esperaba que una alienígena fuera más... creativa.

Kara giró, intentando atraparlo, pero Naruto le dio un ligero toque en la frente. El impacto, imbuido con una fracción de su energía, la envió volando contra la pared del cráter con la fuerza de un tren de carga.

Ella se levantó, jadeando, más sorprendida que herida. Su orgullo kryptoniano estaba empezando a arder.

—¿Por qué haces esto? —preguntó ella, limpiándose un rastro de sangre azulada de la comisura de sus labios—. No te he hecho nada.

—Diversión —respondió Naruto con una frialdad que heló la sangre de Kara—. El mundo es tan predecible, tan aburrido. Itachi es demasiado serio, el viejo Hokage es demasiado blando... pero tú... tú eres una anomalía. Eres algo que no debería existir en mi mapa del mundo.

Se acercó a ella de nuevo, pero esta vez no atacó. Se detuvo a unos pasos, observándola con esos ojos que parecían leer su código genético.

—Además —añadió con una sonrisa más suave, pero no menos peligrosa—, eres bastante bonita para ser un ser de otro planeta. Sería un desperdicio matarte antes de saber de qué eres capaz.

Kara lo miró, confundida por el cambio de tono. Este chico era un monstruo, podía sentir la oscuridad y la desconexión emocional en su interior, pero también había una soledad inmensa, una que ella misma empezaba a sentir al darse cuenta de que estaba en un mundo extraño.

—Mi nombre es Kara —dijo ella, tratando de mantener la compostura—. Y no soy tu juguete, Naruto Uzumaki.

—Ya lo veremos, Kara —dijo él, volviendo a colocarse la venda sobre los ojos—. Por ahora, parece que tenemos compañía.

A lo lejos, el sonido de helicópteros y sirenas se acercaba. El gobierno de este continente no tardaría en llegar para reclamar los restos de la nave.

—Vámonos de aquí —dijo Naruto, extendiendo una mano—. Si te quedas, te meterán en una jaula de cristal y te estudiarán como a un insecto. Conmigo, al menos, tendrás un asiento en primera fila para ver cómo este mundo se arrodilla.

Kara miró la mano extendida. Sabía que no debía confiar en él. Sabía que era inestable, calculador y probablemente un psicópata. Pero también sabía que, en este planeta desconocido, él era el único ser que no la miraba con miedo, sino con una curiosidad que la hacía sentir viva.

—¿A dónde iríamos? —preguntó ella, dudando.

Naruto sonrió, una expresión que por primera vez no parecía una amenaza, sino una invitación al caos.

—A donde queramos. Después de todo, el infinito no tiene límites.

Kara tomó su mano. En ese instante, el espacio se plegó. El ninja y la kryptoniana desaparecieron justo cuando los primeros equipos de rescate llegaban al cráter vacío.

Lejos de allí, en la cima de un rascacielos en una ciudad llamada Gotham, Naruto y Kara aparecieron. El viento agitaba sus cabellos rubios.

—Bienvenida a mi vida, Kara —dijo Naruto, mirando las luces de la ciudad con un brillo depredador—. Espero que seas tan indestructible como pareces, porque voy a poner este mundo patas arriba, y necesitaré a alguien que no se rompa en el proceso.

Kara observó el horizonte, dándose cuenta de que su llegada a la Tierra no sería la historia de una heroína salvadora, sino el comienzo de una alianza que las naciones, tanto elementales como modernas, aprenderían a temer.

—No me romperé —respondió ella, endureciendo su mirada—. Pero no creas que te seguiré ciegamente.

Naruto soltó una risita burlona y se rascó la nuca con despreocupación.

—Eso es lo que todos dicen al principio. Pero al final, todos terminan mirando hacia arriba. Es la naturaleza de los Seis Ojos.

El genio de Konoha y la hija de Krypton permanecieron allí, dos seres de poder inconmensurable, observando un mundo que aún no sabía que su destino acababa de cambiar para siempre. Naruto no buscaba la paz, ni la gloria; buscaba el entretenimiento de un dios aburrido. Y en Kara, había encontrado el rompecabezas más perfecto del universo.
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