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Electro

Fandom: Naruto, Marvel, Spider-Man, Los Vengadores, X-Men

Creado: 30/5/2026

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UA (Universo Alternativo)DramaAngustiaDolor/ConsueloPsicológicoAcciónCrossoverEstudio de PersonajeSupervivenciaCrimen
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Voltios de soledad en la Gran Manzana

Nueva York se encontraba nublado además de cubierto por una lluvia constante que parecía no tener intención de detenerse. Las luces de los anuncios se reflejaban sobre el asfalto mojado mientras cientos de personas caminaban apresuradas con paraguas en mano, demasiado ocupadas con sus propias vidas como para mirar dos veces a alguien más.

Y eso le convenía.

En medio de toda aquella multitud avanzaba un joven rubio con una vieja chaqueta de bombero negra cuya capucha ocultaba gran parte de su rostro. El agua resbalaba por la tela empapada mientras sus botas golpeaban los charcos con pasos tranquilos, constantes. No parecía molestarle la lluvia. De hecho, casi daba la sensación de que le gustaba.

Después de todo, pocas cosas podían afectarle ya.

Llevaba meses huyendo.

De la policía.

De los X-Men.

Y especialmente de Spider-Woman.

Naruto soltó un suspiro cansado antes de detenerse bajo la tenue luz roja de un semáforo. Alzó apenas la mirada, observando cómo las gotas chocaban contra su chaqueta y pequeñas chispas eléctricas azuladas aparecían por un instante entre la tela mojada antes de desaparecer.

—Genial... —murmuró con cansancio—. Otra vez haciendo eso.

Metió las manos en los bolsillos intentando ignorarlo. No necesitaba llamar la atención. No esta noche.

Un taxi pasó a toda velocidad levantando agua a los lados de la calle. Varias personas protestaron molestas mientras Naruto apenas se movía. Permaneció quieto, observando la ciudad frente a él. Nueva York nunca dormía. Y honestamente... él tampoco.

Sus ojos azules recorrieron los edificios iluminados. Durante unos segundos simplemente escuchó el sonido de la lluvia, las bocinas lejanas y las conversaciones apagadas de la gente alrededor. Era extraño. Meses atrás habría odiado un silencio así. Ahora casi lo apreciaba.

—Supongo que esto es mejor que escuchar sirenas todo el tiempo... —dijo para sí mismo con una pequeña sonrisa amarga.

Una chispa escapó de sus dedos.

Crack.

Naruto frunció el ceño rápidamente y escondió más las manos dentro de los bolsillos. Una mujer que pasaba cerca giró apenas la cabeza al escuchar el sonido, pero continuó caminando sin darle importancia. Por suerte.

Naruto volvió a caminar lentamente por la acera mojada, perdiéndose otra vez entre la multitud. Su respiración formaba pequeñas nubes de vapor por el frío mientras la lluvia seguía cayendo sobre la ciudad. Entonces algo llamó su atención. Un pequeño puesto callejero de ramen seguía abierto pese al clima. El anciano dentro del local acomodaba vasos de plástico mientras una radio vieja sonaba de fondo con jazz suave.

Naruto se quedó mirando el lugar durante unos segundos. Y por primera vez en días... sintió hambre.

Observó el pequeño puesto durante unos segundos más antes de finalmente acercarse. Las ruedas metálicas del local improvisado rechinaban suavemente cada vez que el viento soplaba contra la estructura, y la lluvia golpeaba el techo de lámina creando un sonido relajante y constante. La luz cálida del interior contrastaba bastante con el frío gris de la calle.

—¿Aún no cierran? —preguntó Naruto con voz tranquila al acercarse.

El anciano detrás del mostrador levantó la mirada de inmediato. Tenía una gorra vieja, lentes algo torcidos y un delantal blanco ligeramente manchado por el caldo y la salsa de soja. Sus arrugas se marcaron cuando sonrió con amabilidad.

—En noches como esta siempre aparece alguien con hambre —respondió con una pequeña risa—. Además, el clima espanta clientes, no cocineros.

Naruto soltó una leve risa nasal.

—Supongo que tiene sentido.

—Toma asiento, muchacho.

Naruto asintió y se sentó lentamente en uno de los bancos del mostrador. El metal estaba frío incluso a través de la ropa, pero no le molestó demasiado. Se quitó un poco la capucha, dejando visibles algunos mechones rubios húmedos que caían sobre su frente. El anciano tomó una olla y comenzó a remover el caldo con calma.

—Pareces agotado.

Naruto apoyó los codos sobre el mostrador.

—¿Tan mal me veo?

—He trabajado vendiendo ramen más de treinta años —respondió el hombre mientras señalaba con la cuchara de madera—. Aprendes a reconocer el cansancio en la gente.

Naruto desvió la mirada hacia la calle. Varias personas seguían caminando bajo la lluvia apresuradamente, cubriéndose con paraguas mientras los autos dejaban reflejos rojizos y amarillos sobre el asfalto mojado.

—Entonces debe ser un experto —murmuró.

El anciano soltó una pequeña risa.

—Algo así.

Hubo unos segundos de silencio cómodo. La radio vieja siguió reproduciendo jazz suave mientras el aroma del caldo caliente llenaba el aire. Naruto cerró los ojos un instante. Hacía mucho tiempo que no se detenía realmente a descansar. Siempre estaba moviéndose. Siempre mirando por encima del hombro. Siempre esperando escuchar sirenas o ver una telaraña caer frente a él.

Pero ahí... sentado bajo aquella pequeña luz cálida mientras la lluvia caía afuera... podía fingir por unos minutos que era una persona normal. El anciano colocó un vaso de agua frente a él.

—¿Qué vas a pedir?

Naruto observó el menú improvisado pegado en una esquina del puesto.

—El más grande que tenga.

—Eso sí que suena a hambre.

—No he comido algo caliente en dos días.

El hombre levantó ambas cejas.

—¿Problemas de dinero?

Naruto dudó apenas un instante antes de sacar algunos billetes húmedos del bolsillo de la chaqueta y dejarlos sobre el mostrador.

—No exactamente.

El anciano miró el dinero y luego a Naruto. No preguntó más. Parecía el tipo de persona que entendía cuándo alguien no quería hablar de su vida.

—Ya veo... entonces necesitas doble porción.

Naruto lo miró sorprendido.

—No hace falta.

—Muchacho, afuera hace frío, estás empapado y tienes cara de no haber dormido en una semana. Créeme, hace falta.

Naruto soltó una risa suave, genuina esta vez.

—Gracias... viejo.

—Oye, todavía no estoy tan acabado.

—Claro, claro.

El anciano comenzó a preparar el ramen con movimientos lentos y experimentados. Naruto observó cómo el vapor subía desde el caldo mientras los fideos eran colocados dentro del recipiente. Era extraño. No recordaba la última vez que alguien había sido amable con él sin esperar algo a cambio.

—¿Eres estudiante? —preguntó el anciano de repente.

Naruto apoyó la mejilla sobre su mano.

—Algo así.

—Eso sonó sospechosamente poco convincente.

—Porque lo era.

El hombre volvió a reír. Naruto simplemente observó el vapor elevarse desde la cocina mientras escuchaba la lluvia caer afuera. Por primera vez en meses... el ruido de la ciudad no se sentía tan pesado.

El anciano siguió cocinando tranquilamente mientras acomodaba algunos recipientes detrás del mostrador. La radio continuaba sonando bajito, mezclándose con el ruido de la lluvia y el murmullo distante de la ciudad. Entonces el hombre estiró el brazo hacia una pequeña televisión vieja colocada en una esquina del puesto. La pantalla tardó un par de segundos en encenderse, llenándose primero de estática antes de mostrar un canal de noticias.

Naruto apenas le prestó atención al inicio. Hasta que escuchó un nombre.

—Última hora: el mutante "Electro" continúa siendo uno de los individuos más buscados del país.

Naruto cerró lentamente los ojos.

—...Genial.

En la televisión aparecieron imágenes borrosas de calles destruidas, postes eléctricos explotando y vehículos policiales carbonizados. Luego apareció una fotografía parcialmente clara de Naruto con la capucha puesta, tomada probablemente desde alguna cámara de seguridad. "Las autoridades continúan con sus esfuerzos para lograr capturar al peligroso fugitivo". Naruto rodó los ojos disimuladamente mientras soltaba un largo suspiro cansado.

—Siempre usan esa foto horrible... —murmuró por lo bajo.

El anciano levantó apenas la mirada hacia la televisión.

—Hoy en día ya no puedes confiar en nadie —comentó mientras seguía removiendo el caldo—. Cada semana aparece otro loco con poderes destruyendo media ciudad.

Naruto apoyó la mejilla sobre su mano sin apartar la vista de la pantalla.

—Supongo.

La reportera continuó hablando. "Testigos afirman haber visto actividad eléctrica anormal cerca del Bronx hace dos noches. Aunque no hubo víctimas, varias cuadras quedaron sin energía". Naruto soltó una pequeña risa seca.

—Eso sí fue mi culpa...

—¿Hm? —preguntó el anciano sin escuchar bien.

—Nada.

La televisión mostró una imagen de Spider-Woman balanceándose entre edificios bajo la lluvia. Incluso en la baja calidad del televisor se notaba el traje negro y rojo pegado a su cuerpo por el agua mientras la reportera hablaba sobre ella. "Spider-Woman ha declarado que continuará persiguiendo a Electro hasta detenerlo". Naruto observó la pantalla unos segundos más. Y luego apartó la mirada.

—Muy terca... —murmuró.

El anciano colocó finalmente el ramen frente a él. El vapor caliente subió de inmediato, trayendo consigo un olor increíblemente bueno.

—Aquí tienes.

Naruto bajó la vista hacia el recipiente y por un instante toda la tensión en su rostro desapareció.

—...Eso se ve demasiado bien.

—El secreto está en cocinar lento y cobrar caro.

Naruto soltó una pequeña risa.

—Al menos es honesto.

Tomó los palillos y comenzó a comer despacio. El calor del caldo contrastó inmediatamente con el frío que llevaba acumulado por la lluvia. Y honestamente... casi quería llorar de lo bueno que estaba.

—Wow...

El anciano sonrió orgulloso al verlo.

—Te dije que necesitabas doble porción.

Naruto asintió mientras seguía comiendo. Durante unos momentos solo se escuchó la lluvia, la televisión de fondo y el ruido de los palillos golpeando suavemente el recipiente. Hasta que el reportaje volvió a captar la atención del anciano.

—Aunque... —dijo el hombre mientras miraba la pantalla— no sé si creer todo lo que dicen de ese chico.

Naruto levantó apenas la mirada.

—¿Hm?

—Las noticias siempre exageran. "Mutante peligroso", "amenaza nacional", "enemigo público"... —el anciano negó con la cabeza—. A veces la gente solo tiene mala suerte.

Naruto se quedó quieto por un instante.

—¿Y si realmente fuera peligroso?

El hombre se encogió de hombros.

—Entonces ya habría matado a mucha más gente.

Naruto no respondió. Sus ojos bajaron lentamente hacia el caldo caliente.

—Además —continuó el anciano— he visto suficientes criminales reales para notar la diferencia. La mayoría disfruta hacer daño. Ese chico de la televisión... honestamente me parece más cansado que malvado.

Naruto permaneció en silencio varios segundos. Luego soltó una pequeña risa casi inaudible.

—Viejo raro...

—¿Qué fue eso?

—Nada.

Pero pese a sus palabras... por primera vez en mucho tiempo alguien acababa de hablar de "Electro" sin odio en la voz. Naruto siguió comiendo en silencio mientras la televisión continuaba transmitiendo el reportaje. La voz de la reportera se volvió poco más que ruido de fondo para él, mezclándose con el sonido de la lluvia golpeando el techo del puesto y el suave jazz de la radio.

Sus ojos permanecieron fijos únicamente en la fotografía que aparecía en pantalla. Aquella imagen borrosa tomada por una cámara de seguridad. Capucha negra. Mirada cansada. Expresión vacía. "Electro". Naruto soltó un pequeño suspiro por la nariz antes de bajar apenas la mirada hacia el caldo.

Todavía recordaba perfectamente el día en que sus poderes despertaron. Y honestamente... desearía no hacerlo. Porque antes de todo aquello, él realmente había querido ser un héroe. No alguien temido. No un fugitivo. Un héroe.

Cuando los X-Men lo encontraron meses atrás, había pensado que finalmente todo empezaría a mejorar. La Academia Xavier había sido la primera vez en años donde sintió que pertenecía a algún lugar. Personas con habilidades. Mutantes como él. Gente que entendía lo que era sentirse diferente. Naruto todavía recordaba lo emocionado que estaba el primer día que cruzó las puertas de la escuela. Recordaba a los estudiantes entrenando. Las clases. Las bromas. La manera en que todos parecían vivir como una familia extrañamente caótica.

Y por primera vez en mucho tiempo... se sintió feliz. Incluso ahora podía recordar la sonrisa amable de Jean Grey cuando le mostró el lugar.

—Aquí estarás seguro, Naruto —le había dicho ella aquella vez.

Seguro. Qué palabra tan graciosa resultó ser al final. Naruto apretó ligeramente los palillos entre sus dedos. Todo había cambiado demasiado rápido. Aquella tarde parecía completamente normal. Entrenamiento. Clases. Risas. Algunos estudiantes descansando en uno de los salones comunes.

Y luego... esa maldita broma. Uno de sus compañeros decidió sorprenderlo por detrás usando una pequeña descarga eléctrica. Algo inofensivo. Una tontería entre estudiantes. Pero en el instante en que aquella corriente tocó su cuerpo... todo salió mal.

Naruto todavía podía escucharlo. El sonido. Ese horrible estallido eléctrico.

BOOM.

Las luces explotaron primero. Después vinieron las ventanas. La energía salió disparada desde su cuerpo de forma descontrolada, atravesando paredes, pisos y personas cercanas. Recuerda gritos. Muchos. Recuerda el olor a quemado. Las alarmas de emergencia sonando. Y recuerda especialmente las miradas. Miedo. Confusión. Horror.

Sus ojos azules se quedaron perdidos observando el vapor subir desde el ramen. Jean había llegado casi de inmediato. Todavía recordaba perfectamente su expresión. No enojo. No odio. Eso habría dolido menos. Era miedo. Miedo genuino.

—Naruto... aléjate de ellos —había dicho Jean lentamente mientras usaba sus poderes para apartar a varios estudiantes heridos.

Él ni siquiera entendía lo que estaba pasando. Podía sentir la electricidad recorriendo cada parte de su cuerpo sin control mientras las luces siguen explotando a su alrededor.

—¡Y-Yo no hice nada! —recordaba haber gritado desesperadamente.

Pero nadie se acercó. Nadie. Algunos estudiantes lo miraban como si fuera una bomba a punto de explotar. Y tal vez tenían razón. El anciano del puesto colocó una taza de té caliente cerca de Naruto, sacándolo lentamente de sus pensamientos.

—Te quedaste muy callado de repente.

Naruto parpadeó un par de veces antes de volver al presente.

—Solo estoy cansado.

El hombre lo observó unos segundos.

—Pareces cargar demasiadas cosas en la cabeza para alguien tan joven.

Naruto soltó una pequeña risa seca.

—Si supiera...

La televisión volvió a mostrar imágenes de "Electro" siendo perseguido por patrullas. "Las autoridades recomiendan mantenerse alejados del objetivo debido a su alto nivel de peligro". Naruto miró la pantalla una vez más. Peligroso. Esa palabra otra vez. Sus dedos se tensaron apenas sobre el recipiente.

Porque lo peor de todo... era que quizás tenían razón.

Un cosquilleo empezó en la base de su nuca. No era la electricidad. Era ese instinto, ese sexto sentido que había desarrollado después de vivir meses como una presa. El aire en el puesto de ramen pareció volverse más pesado, y no por el vapor del caldo.

—Gracias por la comida, viejo —dijo Naruto de repente, dejando los palillos de lado.

—¿Tan pronto? Ni siquiera terminaste el té.

—Me surgió un compromiso —mintió, poniéndose la capucha y ajustándola sobre sus ojos.

Salió al frío de la noche. La lluvia seguía cayendo, pero ahora se sentía diferente. Había una vibración en el ambiente. Naruto caminó unos metros, alejándose de la luz cálida del puesto, y se adentró en un callejón oscuro.

—Sabes que no puedes esconderte para siempre, ¿verdad? —Una voz femenina, firme pero con un toque de cansancio, resonó desde las alturas.

Naruto se detuvo en seco. No necesitaba mirar hacia arriba para saber quién era. El característico sonido de un hilo de seda tensándose fue suficiente.

—¿No te cansas nunca, Gwen? —preguntó Naruto sin darse la vuelta—. Hay criminales de verdad robando bancos ahora mismo.

Spider-Woman descendió lentamente, balanceándose desde un edificio hasta quedar colgada boca abajo frente a él, suspendida por una red. Su traje oscuro brillaba bajo la lluvia.

—Tú eres un criminal de verdad según el boletín de esta noche —respondió ella—. Causaste un apagón masivo en el Bronx. La gente tiene miedo, Naruto.

—Fue un accidente —gruñó él, y esta vez una chispa azul saltó de su hombro, iluminando el callejón por un segundo—. No puedo controlarlo cuando me pongo nervioso.

—Entonces ven conmigo. Los Vengadores pueden ayudarte. Stark tiene tecnología para contener... lo que sea que te esté pasando.

Naruto soltó una carcajada amarga y finalmente la miró a los ojos, o al menos a los grandes lentes blancos de su máscara.

—¿Contenerme? Esa es la palabra exacta. Quieren meterme en una caja, ponerme un collar y usarme como una batería o estudiarme como a un bicho raro. Ya pasé por eso con los X-Men. No volverá a pasar.

—Ellos solo querían proteger a los otros chicos...

—¡Ellos me tenían miedo! —exclamó Naruto, y el suelo bajo sus pies crujió con una descarga estática—. Incluso tú me tienes miedo. Puedo olerlo.

Gwen guardó silencio por un momento. No se movió.

—No te tengo miedo, Naruto. Estoy preocupada. Si no vienes por las buenas, enviarán a alguien que no sea tan amable como yo. Thor o Carol no se detendrán a comer ramen contigo.

Naruto retrocedió un paso, sus manos empezaron a brillar con una intensidad peligrosa. El agua de la lluvia que tocaba su piel se evaporaba al instante en pequeñas nubes de vapor.

—Diles que me dejen en paz. No quiero lastimar a nadie, pero si me acorralan... Nueva York se va a quedar a oscuras de verdad.

—No me dejas opción —suspiró Spider-Woman, saltando de su red y aterrizando con agilidad felina sobre el pavimento mojado.

Naruto sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos tristes.

—Siempre hay una opción, Gwen. Tú elegiste ser la heroína. Yo solo elegí sobrevivir.

En un estallido de luz azul y un trueno que sacudió las ventanas de la cuadra, Naruto desapareció en un parpadeo eléctrico, dejando tras de sí solo el olor a ozono y una Spider-Woman solitaria bajo la lluvia persistente de Manhattan. La persecución no había terminado; apenas estaba entrando en su fase más peligrosa.
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