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naruto reencarnacion de yugiro hanma

Fandom: naruto

Creado: 31/5/2026

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El Despertar de la Criatura Más Fuerte: El Legado de la Sangre y el Demonio

La lluvia caía con una inclemencia casi poética sobre las calles de Konoha, como si el cielo mismo intentara lavar el pecado que la aldea cometía noche tras noche. En un callejón oscuro, lejos de las luces cálidas de las mansiones del clan Namikaze, un niño de apenas seis años yacía sobre el barro y su propia sangre.

Naruto Uzumaki no entendía el odio. No entendía por qué sus padres, Minato Namikaze y Kushina Uzumaki, lo habían dejado en un orfanato de mala muerte mientras criaban a sus hermanas, Mito y Narumi, como las salvadoras del mundo. Las niñas portaban el chakra del Kyubi, eran las "Jinchurikis de la Esperanza". A él, sin embargo, le habían sellado el alma del demonio, una carga invisible que los aldeanos confundían con la presencia misma del monstruo.

—¡Muere, engendro demoníaco! —gritó un civil, asestando una última patada en las costillas del pequeño antes de alejarse junto a la turba.

Naruto no gritó. Sus ojos azules, antes brillantes, estaban nublados por la agonía. El frío comenzó a apoderarse de su cuerpo, y justo cuando sintió que la oscuridad lo reclamaba, su conciencia se hundió en un abismo profundo.

No despertó en el cielo, sino en una alcantarilla inmensa y oscura. Frente a él, tras unas rejas gigantescas, un ojo carmesí del tamaño de una casa lo observaba con desprecio.

—Así que mi carcelero es un cachorro moribundo —rugió una voz que hizo vibrar el agua estancada. Era el Kyubi—. Qué patético.

—No es el único que habita este basurero —intervino otra voz, una que no emanaba malicia demoníaca, sino una presión física tan abrumadora que el propio Kyubi guardó silencio.

De las sombras surgió un hombre cuya sola presencia parecía desafiar las leyes de la naturaleza. Tenía una musculatura que rozaba lo imposible, un cabello rojo salvaje y una sonrisa que emanaba una arrogancia absoluta.

—¿Quién eres? —susurró Naruto, incorporándose con dificultad.

—Me llaman Yujiro Hanma, la "Criatura más fuerte de la Tierra" —respondió el hombre, cruzándose de brazos—. He observado tu vida, niño. Eres débil, lloras por amor que no recibirás y permites que basura humana te pisotee. En mi mundo, eso es un pecado capital.

—No tengo poder... —sollozó el niño.

—El poder no se tiene, se arrebata —sentenció Yujiro, caminando hacia él—. El zorro tiene el poder destructivo, pero yo tengo la técnica y la voluntad de hierro. Si quieres dejar de ser una presa, te convertiré en el depredador más grande que este mundo ninja haya visto jamás.

El Kyubi soltó una carcajada ronca.

—Interesante. Si este humano te enseña a luchar, yo me encargaré de que tu cuerpo no se rompa bajo su entrenamiento. No permitiré que mi contenedor muera de forma tan mediocre.

Así comenzó el infierno personal de Naruto. Durante cuatro años, mientras el mundo exterior lo ignoraba, dentro de su espacio mental el tiempo fluía de manera distinta. Yujiro no tuvo piedad. Lo golpeó, lo rompió y lo volvió a armar. Le enseñó que el chakra era una herramienta, pero que los músculos y el instinto eran la verdadera verdad. El Kyubi, por su parte, alimentaba las células de Naruto con su energía, permitiendo que el niño desarrollara una densidad muscular sobrehumana.

Al cumplir los diez años, el entrenamiento llegó a su fin. Yujiro se paró frente a un Naruto que ya no se parecía en nada al niño desnutrido de antes.

—Ya no tengo nada más que enseñarte —dijo Yujiro, y por primera vez, hubo un destello de respeto en sus ojos—. Mi alma se fundirá con la tuya. Mi fuerza, mis memorias y mi esencia serán tuyas. A partir de hoy, tú eres el Ogro.

El cuerpo de Yujiro se deshizo en partículas de luz que se incrustaron en el pecho de Naruto. El dolor fue insoportable, pero el joven no gritó; en su lugar, soltó una carcajada salvaje mientras su estructura ósea cambiaba, sus hombros se ensanchaban y su cabello se tornaba de un rojo oscuro y vibrante.

Dos años más pasaron. Naruto, ahora de doce años, caminaba por las calles de Konoha hacia la Academia Ninja. Ya no era el niño que se escondía. Vestía unos pantalones negros holgados y una camisa sin mangas que apenas contenía sus músculos pectorales. Su rostro era anguloso, con una mandíbula fuerte y unos ojos que miraban a todos como si fueran simples insectos.

Para sobrevivir, Naruto no había aceptado la caridad de nadie. Había aprendido a robar a los comerciantes corruptos y a los ninjas arrogantes con tal velocidad que nadie podía atraparlo. Pagó su inscripción en la academia, pero solo asistía cuando había exámenes. El resto del tiempo lo pasaba en los bosques, cazando bestias salvajes con sus manos desnudas.

Al entrar al salón de clases, el silencio fue inmediato. Sus antiguos compañeros no lo reconocieron.

—Oye, tú, este es un salón para estudiantes, no para vagabundos —dijo Kiba Inuzuka, levantándose con arrogancia.

Naruto ni siquiera lo miró. Caminó hacia el fondo del salón, su sola presencia haciendo que el aire se sintiera pesado, difícil de respirar.

—Te estoy hablando, fenómeno —insistió Kiba, poniendo una mano en el hombro de Naruto.

En un movimiento que nadie pudo seguir con la vista, Naruto tomó la muñeca de Kiba. El sonido de los huesos crujiendo levemente hizo que el Inuzuka soltara un grito de dolor.

—No me toques —dijo Naruto con una voz profunda, cargada de una vibración amenazante—. A menos que quieras que te arranque el brazo y se lo dé de comer a tu perro.

Kiba retrocedió, temblando, mientras Akamaru se escondía dentro de su chaqueta, gimiendo de puro terror instintivo.

En la primera fila, Sasuke Uchiha observaba la escena con el ceño fruncido. Podía sentirlo; ese chico no era normal. No sentía una gran reserva de chakra emanando de él, pero su cuerpo emitía una presión física que nunca había sentido ni siquiera en los Jounin.

Cerca de Sasuke, una mujer de cabello negro azabache y ojos onix observaba desde la puerta trasera. Era Mikoto Uchiha, quien había venido a traerle el almuerzo a su hijo. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver a Naruto. Ella recordaba al hijo de Kushina, aquel niño triste. Pero este joven... emanaba una masculinidad y una fuerza que despertaron un interés inusual en ella.

—Ese chico... —susurró Mikoto para sí misma, sintiendo un extraño calor en sus mejillas al notar la espalda de Naruto, que a través de la tela de su camisa, parecía dibujar la cara de un demonio debido a la hipertrofia muscular.

Iruka-sensei entró al salón, rompiendo la tensión.

—Bien, hoy es el examen final. Si aprueban, serán Genin. Naruto... me alegra que hayas decidido venir.

Naruto solo asintió con una sonrisa de lado, una que recordaba demasiado a la de Yujiro Hanma.

El examen teórico fue una pérdida de tiempo para él, pero lo completó usando la lógica fría que Yujiro le había inculcado. En la prueba de Ninjutsu, cuando le pidieron un Bunshin, Naruto simplemente canalizó una mínima parte del chakra del Kyubi combinado con su propia voluntad.

—¡Jutsu de Clon de Sombra! —exclamó.

Diez clones aparecieron, pero no eran simples ilusiones. Eran sólidos, y cada uno de ellos emanaba la misma sed de sangre que el original. Iruka se quedó sin habla.

Finalmente, llegó la prueba de Taijutsu. Los combates eran supervisados por varios Jounin, incluyendo a Kakashi Hatake y, para sorpresa de Naruto, a sus propios padres, que habían venido a ver el progreso de sus hijas "prodigio".

Minato Namikaze, el Cuarto Hokage, miraba a los estudiantes con una sonrisa amable, hasta que sus ojos se posaron en el joven de cabello rojo y espalda ancha.

—Kushina... ¿ese es él? —preguntó Minato en voz baja, con un tono lleno de culpa y desconcierto.

Kushina Uzumaki se llevó las manos a la boca.

—No puede ser... Naruto es... él era tan pequeño...

Naruto pasó frente a ellos para dirigirse al área de combate. No les dedicó ni una mirada, ni un rastro de odio. Para él, ellos simplemente no existían. Eran irrelevantes.

—Siguiente combate: Naruto contra Sasuke Uchiha —anunció Iruka.

Sasuke bajó a la arena con confianza. Activó su Sharingan de dos aspas de inmediato, decidido a no subestimar al extraño.

—No sé quién eres realmente, pero te mostraré el poder de un Uchiha —declaró Sasuke, lanzándose al ataque con una serie de patadas rápidas.

Naruto no se movió. Recibió cada golpe con su cuerpo, pero los impactos sonaban como si Sasuke estuviera golpeando una placa de acero sólido. Sasuke retrocedió, con los nudillos y las espinillas doliéndole.

—¿Eso es todo? —preguntó Naruto, su voz resonando en todo el patio—. Mi turno.

Naruto desapareció. No fue un Shunshin; fue pura velocidad física. Apareció frente a Sasuke y lanzó un golpe de palma hacia el pecho del Uchiha. Sasuke intentó bloquearlo, pero la fuerza fue tal que salió disparado hacia atrás, chocando contra la pared de la academia y dejando una grieta profunda en el concreto.

El silencio fue sepulcral. Los Jounin estaban de pie, incrédulos. No había usado chakra.

—¡Sasuke! —gritó Mikoto, corriendo hacia la arena, pero se detuvo al ver que Naruto se acercaba a su hijo.

Naruto extendió una mano, pero no para atacar. Agarró a Sasuke por el cuello de la camisa y lo levantó como si no pesara nada.

—Tienes buenos ojos, Uchiha —dijo Naruto, mirando a Mikoto de reojo con una expresión depredadora que hizo que la mujer se estremeciera—. Pero tus músculos son de papel.

Naruto soltó a Sasuke y comenzó a caminar hacia la salida.

—¡Espera, Naruto! —gritó Minato, bajando de la plataforma—. Tenemos que hablar. Tu madre y yo...

Naruto se detuvo y giró levemente la cabeza. Sus ojos azules ahora tenían un tinte dorado, y la pupila estaba rasgada.

—¿Hablar? —Naruto soltó una carcajada seca—. El Hokage quiere hablar con el "niño demonio" al que abandonó en un callejón. Qué curioso.

—Naruto, por favor, lo hicimos por el bien de la aldea, para proteger a tus hermanas —dijo Kushina con lágrimas en los ojos, intentando acercarse.

Naruto se dio la vuelta por completo. La presión en el aire aumentó hasta el punto de que los civiles en las gradas comenzaron a desmayarse.

—Ustedes criaron a dos niñas para ser armas —dijo Naruto, señalando a Mito y Narumi, quienes miraban con miedo—. Yo me crié para ser el más fuerte. No me busquen por amor filial, porque no lo siento. No me busquen por deber, porque mi única lealtad es hacia mi propia fuerza.

Mikoto Uchiha, observando desde la arena, sintió una fascinación prohibida. Ella siempre había vivido bajo las reglas de su clan y de su esposo Fugaku, un hombre frío y calculador. Ver a este joven desafiar al Hokage con tanta seguridad, ver esa musculatura salvaje y esa mirada que prometía dominar todo a su paso, despertó en ella un anhelo que creía muerto.

Naruto notó la mirada de Mikoto. Le dedicó una sonrisa arrogante, casi posesiva, antes de fijar su vista en sus padres.

—Si quieren que vuelva a ser parte de su "familia", tendrán que obligarme. Y les advierto... —Naruto flexionó los músculos de su espalda, y por un segundo, todos juraron ver la cara de un demonio rugiendo en su musculatura—, incluso los dioses sangran cuando el Ogro decide cazar.

Sin decir más, Naruto saltó sobre el muro de la academia y desapareció en dirección a los bosques.

Minato se quedó allí, temblando. No era miedo a la muerte, sino el terror de darse cuenta de que el hijo que habían desechado se había convertido en algo que iba más allá de su comprensión. Un ser que no necesitaba al Kyubi, porque él mismo era una fuerza de la naturaleza.

Esa noche, mientras Naruto meditaba bajo la luz de la luna en la cima del monumento Hokage, una figura se acercó silenciosamente.

—Es peligroso estar aquí solo después de haber humillado al Hokage y al heredero Uchiha —dijo una voz femenina y suave.

Naruto no abrió los ojos. Reconocía el aroma. Lavanda y un toque de misterio.

—No estoy solo, Mikoto-san —respondió él, abriendo un ojo para observar a la mujer Uchiha, que vestía un kimono oscuro que resaltaba su belleza madura—. Sabía que vendrías. Las mujeres como tú siempre buscan la fuerza que sus maridos no pueden darles.

Mikoto se sonrojó, pero no retrocedió. Se acercó más, atraída por el magnetismo animal que el joven exhalaba.

—Eres arrogante, Naruto Namikaze.

—Soy Naruto Hanma —corrigió él, poniéndose de pie y dominando el espacio con su altura—. Y la arrogancia es solo un hecho cuando se tiene el poder para respaldarla.

El mundo ninja aún no lo sabía, pero la era de los Jinchurikis y los clanes antiguos estaba llegando a su fin. La era del Ogro acababa de comenzar.
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