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Mejores Amigos

Fandom: Soul Eater

Creado: 3/6/2026

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Resonancia de Almas: Más Allá del Vínculo

El apartamento estaba sumido en un silencio inusual, uno de esos silencios que no se sienten vacíos, sino cargados de palabras no dichas que flotan en el aire como motas de polvo bajo la luz del atardecer. Soul Eater Evans estaba sentado al piano, pero sus dedos no acariciaban las teclas. Sus ojos rojos, usualmente lánguidos y cargados de una indiferencia ensayada, estaban fijos en la espalda de la chica que, a unos metros de él, revisaba una pila de libros sobre la mesa del comedor.

Maka Albarn. Su técnica. Su compañera. Su mejor amiga.

Esa última etiqueta empezaba a sentirse como una armadura que le quedaba pequeña; le apretaba el pecho, le dificultaba la respiración y, sobre todo, le impedía ser "cool". Soul ajustó su diadema negra con un gesto perezoso, aunque por dentro sus nervios eran un caos de frecuencias discordantes. Llevaba su chaqueta negra favorita y esa camiseta naranja que Maka siempre decía que le sentaba bien, aunque ella nunca lo admitiera sin un bufido de por medio.

—Oye, Maka —soltó Soul, rompiendo el silencio con su voz rasposa.

Maka ni siquiera levantó la vista de sus apuntes. Sus coletas castañas oscilaron levemente mientras pasaba una página de su pesado libro de texto. Llevaba puesto su uniforme escolar, ese que Soul conocía de memoria, con la corbata de rayas verdes perfectamente anudada. Ella siempre era así: brillante, directa, enfocada.

—Dime, Soul. Si es sobre la cena, te toca a ti lavar los platos hoy —respondió ella con esa seguridad que a veces lo sacaba de quicio.

Soul mostró sus dientes puntiagudos en una mueca que pretendía ser una sonrisa cínica, pero que terminó siendo un gesto de frustración contenida. Se levantó del taburete del piano y caminó hacia ella, arrastrando los pies con esa parsimonia característica.

—No es sobre los platos. Es sobre... nosotros —dijo, deteniéndose justo al lado de la mesa.

Maka finalmente levantó la vista. Sus ojos verdes, grandes y expresivos, lo analizaron con la precisión de una técnica que busca la longitud de onda de su arma. Frunció ligeramente el ceño, detectando algo extraño en el ambiente.

—¿Nosotros? ¿Pasa algo con nuestra resonancia? —preguntó ella, cerrando el libro—. Me sentí un poco desconectada durante el entrenamiento de hoy, pero pensé que era porque no habías dormido bien por quedarte tocando el piano hasta tarde.

Soul suspiró, pasando una mano por su cabello blanco. Era tan típica de ella. Siempre pensando en el deber, en el combate, en ser la mejor alumna del Shibusen. Habían pasado por el infierno juntos. Habían enfrentado la locura de Medusa, el horror de Arachne y la desesperación absoluta contra Ashura. Habían mezclado sus almas tantas veces que Soul sentía que conocía cada rincón del espíritu de Maka, y aun así, estaban atrapados en esta etiqueta de "mejores amigos".

—No es la resonancia, Maka. Bueno, sí lo es, pero no del modo que crees —Soul se sentó en la silla frente a ella, adoptando una postura relajada que contrastaba con la intensidad de su mirada—. ¿No estás cansada?

Maka parpadeó, confundida.

—¿Cansada de qué? ¿De estudiar? Un poco, pero el examen de la próxima semana es crucial si queremos mantener el rango de...

—Cansada de esto —la interrumpió él, señalando el espacio entre ambos—. De ser solo "compañeros". De ser los "mejores amigos" que todo el mundo admira porque se llevan tan bien.

El silencio volvió a caer sobre la habitación, pero esta vez fue pesado, asfixiante. Maka dejó de juguetear con su bolígrafo. Su expresión alegre y segura flaqueó por un segundo, siendo reemplazada por una sombra de vulnerabilidad que rara vez permitía que otros vieran.

—Somos mejores amigos, Soul —dijo ella en voz baja, casi como un recordatorio para sí misma—. Es lo que nos hace fuertes. Es lo que nos permitió derrotar al Kishin. Nuestra confianza es...

—Nuestra confianza es absoluta, lo sé —Soul golpeó la mesa suavemente con el puño—. Pero es una maldición, Maka. Me estoy volviendo loco. Vivimos juntos, peleamos juntos, moriría por ti sin pensarlo dos veces y tú harías lo mismo. Pero luego llega la noche, cada uno se va a su habitación y mañana volvemos a ser los mismos "buenos amigos" de siempre. ¿De verdad te conformas con eso?

Maka bajó la mirada hacia sus manos. Soul notó que sus dedos temblaban ligeramente. Ella siempre era la inteligente, la que tenía todas las respuestas, pero en este terreno, ambos eran novatos asustados.

—No es que me conforme —susurró ella, tan bajo que Soul tuvo que inclinarse para oírla—. Es que tengo miedo, Soul.

Soul se sorprendió. La valiente Maka Albarn, la chica que saltó hacia el peligro una y otra vez, admitiendo miedo en la seguridad de su propio hogar.

—¿Miedo a qué? —preguntó él, suavizando el tono.

—A que si rompemos esto, si intentamos ser algo más y fallamos... lo pierda todo —Maka levantó la vista y Soul vio que sus ojos brillaban con lágrimas contenidas—. Si dejamos de ser "mejores amigos" y las cosas salen mal, no solo perderé a mi novio, perderé a mi arma, a mi compañero y a la persona que mejor me conoce en el mundo. No puedo permitirme perderte, Soul. Eres mi hogar.

Soul sintió un nudo en la garganta. El orgullo que siempre intentaba mantener, esa fachada de chico despreocupado, se desmoronó por completo. Se dio cuenta de que ella también había estado pensando en esto, que ella también sentía el peso de la etiqueta, pero que su miedo a la pérdida era mayor que su deseo de cambio.

—Maka, mírame —pidió él.

Ella lo hizo. Soul se estiró sobre la mesa y tomó las manos de Maka entre las suyas. Sus manos eran más pequeñas, marcadas por el esfuerzo de años de entrenamiento, pero para él eran lo más valioso que existía.

—No vas a perderme. Es imposible —dijo con una convicción que resonó en su propia alma—. Hemos sobrevivido a la locura misma. Hemos compartido el mismo latido de corazón en medio de la batalla. ¿Crees que una etiqueta va a destruir lo que somos? No quiero ser solo tu amigo porque ya soy mucho más que eso, y tú también lo sabes.

Maka soltó un suspiro trémulo, una pequeña sonrisa triste asomando en sus labios.

—Eres un idiota, Soul. Un idiota que intenta ser demasiado "cool" todo el tiempo.

—Lo sé —admitió él, mostrando sus dientes puntiagudos en una sonrisa genuina—. Pero soy tu idiota. Y estoy harto de actuar como si no me importara cuando otros chicos te miran, o cuando tú actúas como si solo fuera el tipo que toca el piano en la sala.

Maka se rió, una risa pequeña y cristalina que rompió la tensión acumulada. Se secó una lágrima rebelde con el dorso de la mano, sin soltar la mano de Soul con la otra.

—A veces eres tan directo que asustas —dijo ella, recuperando un poco de su chispa habitual—. Pero supongo que tienes razón. La monotonía... es molesta. He estado fingiendo que ser "mejores amigos" era suficiente porque era lo más seguro. Pero cuando te veo ahí sentado, o cuando me proteges en una misión... yo también quiero más.

Soul sintió como si un peso inmenso se levantara de sus hombros. La resonancia entre ambos en ese momento era perfecta, pura, sin interferencias de dudas o miedos ocultos.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Soul, aunque ya sabía la respuesta.

Maka se levantó de la silla, rodeó la mesa y se detuvo frente a él. Su gabardina se agitó levemente con el movimiento. Ella siempre era la que tomaba la iniciativa en los planes de batalla, y esta vez no sería diferente.

—Rompemos la maldición —declaró ella con firmeza.

Antes de que Soul pudiera reaccionar, Maka se inclinó y lo besó. Fue un beso torpe al principio, cargado de la inexperiencia de dos adolescentes que habían dedicado sus vidas a cazar almas en lugar de a entender sus corazones. Pero pronto, el beso se transformó en algo más profundo, una extensión de su resonancia de almas. Soul sintió el calor de Maka, su aroma a libros viejos y a la fresca brisa de la mañana, y supo que no había vuelta atrás.

Cuando se separaron, Soul tenía una expresión que distaba mucho de su habitual indiferencia. Estaba ligeramente sonrojado y sus ojos rojos brillaban con una intensidad nueva.

—Eso... eso fue bastante "cool", Maka —logró decir, tratando de recuperar su compostura.

Maka soltó una carcajada y le dio un pequeño golpe en el hombro, el tipo de gesto que solían hacerse como amigos, pero que ahora se sentía cargado de un significado diferente.

—Cállate, Soul. Solo admítelo, estabas muriéndote por esto.

—No voy a negarlo —Soul se levantó y la rodeó con sus brazos, atrayéndola hacia su pecho. Maka apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos—. Pero ahora tenemos un problema.

Maka se tensó un poco, mirándolo con curiosidad.

—¿Qué problema?

—Black☆Star y Kid —Soul hizo una mueca de disgusto—. Si se enteran, nunca nos dejarán en paz. Black☆Star intentará darnos consejos sobre citas "al nivel de un dios" y Kid probablemente se quejará de que nuestra relación no es perfectamente simétrica.

Maka se imaginó la escena y no pudo evitar reírse a carcajadas. La imagen de Black☆Star gritando desde un tejado sobre el amor de sus amigos era demasiado real.

—Tienes razón. Será un caos —dijo ella, abrazándolo con más fuerza—. Pero podemos manejarlo. Después de todo, somos el mejor equipo del Shibusen, ¿no?

—El mejor —confirmó Soul, besando la coronilla de su cabeza—. Y ya no solo somos "mejores amigos".

—No —susurró Maka, sintiendo una paz que no había experimentado en años—. Somos mucho más que eso.

Se quedaron así por un largo rato, viendo cómo el sol se ocultaba tras los edificios de Death City, tiñendo el cielo de tonos púrpuras y naranjas. La etiqueta de "mejores amigos" seguía ahí, en el fondo de sus historias, pero ahora era solo la base de algo mucho más grande, un vínculo que no necesitaba nombres ni definiciones, solo la certeza de que sus almas siempre vibrarían al mismo ritmo.

Soul sonrió para sí mismo. Había sido difícil, había tenido que tragarse su orgullo y enfrentar el miedo al rechazo, pero finalmente lo habían logrado. La monotonía se había roto, y el futuro, aunque incierto y lleno de peligros como siempre, se veía mucho más brillante ahora que caminaban de la mano, no solo como técnica y arma, sino como dos personas que se amaban sin reservas.

—Oye, Maka —dijo Soul después de un rato.

—¿Sí?

—Sigo pensando que te toca a ti lavar los platos.

—¡Soul! —el grito de Maka resonó en todo el apartamento, seguido rápidamente por el sonido de un libro impactando contra la cabeza del joven arma.

Sí, definitivamente algunas cosas nunca cambiarían, y Soul no lo querría de ninguna otra manera.
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