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La Risa de la Arrancar

Fandom: Bleach

Creado: 3/6/2026

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Tormenta de Relámpagos y Risas: El Quebranto de la Reina

Las frías paredes de las mazmorras del Wandenreich resonaban con el goteo metálico de la humedad. En el centro de la estancia, suspendida por pesadas cadenas de *Heilig Pfeil* que inhibían cualquier rastro de reiatsu, se encontraba Tier Harribel. La antigua Tercera Espada, la mujer que una vez gobernó las aguas de Hueco Mundo, se hallaba en una posición de vulnerabilidad absoluta. Sus brazos estaban estirados sobre su cabeza, tensando los músculos de sus hombros y dejando su torso completamente expuesto bajo la luz mortecina de las antorchas espirituales.

A pesar de su situación, la expresión de Harribel permanecía impasible. Sus ojos verde agua, cargados de una dignidad ancestral, no se apartaron de la figura que caminaba con paso rítmico hacia ella.

Candice Catnipp, la Sternritter "T", entró en la celda con una sonrisa de arrogancia que desbordaba confianza. Sus mechones verdes en forma de rayo parecían vibrar con la electricidad de su impaciencia. Se detuvo a escasos centímetros de la Arrancar, ajustándose la gorra blanca con un gesto petulante.

—Vaya, vaya... —comentó Candice, recorriendo con la mirada el cuerpo de su prisionera—. La gran Reina del Desierto reducida a un adorno de pared. Debo admitir que tienes una resistencia admirable, pero mi paciencia es tan corta como un relámpago.

Harribel no respondió. El cuello alto de su chaqueta ocultaba la mitad de su rostro, pero el desprecio en su mirada era suficiente.

—No me ignores, pedazo de basura —espetó Candice, su temperamento empezando a aflorar—. Sabemos que Aizen dejó planes de contingencia. Tú eras una de sus piezas clave. Dime dónde están los protocolos de investigación que dejó en Las Noches antes de la guerra.

—Aizen ya no es nada para mí —respondió Harribel con voz profunda y calmada—. Y aunque lo fuera, no desperdiciaría saliva hablando con una niña caprichosa que juega a ser soldado.

Las venas en la frente de Candice se hincharon. Dio un paso adelante, invadiendo el espacio personal de la Arrancar.

—¿Niña caprichosa? —Candice soltó una carcajada estridente—. Te daré una oportunidad más. Si no hablas, voy a encontrar tu punto débil. Y créeme, no será con espadas.

Harribel cerró los ojos, preparándose para el dolor físico, para las descargas eléctricas que esperaba que recorrieran su cuerpo. Sin embargo, Candice tenía un plan mucho más perverso. Había observado a la Arrancar durante días y había notado cómo se tensaba involuntariamente cuando los guardias la rozaban al encadenarla.

—Muy bien, tú lo quisiste —susurró la Sternritter con malicia.

Sin previo aviso, Candice levantó las manos y hundió sus dedos directamente en las axilas expuestas de Harribel.

—¡¡¡AHHH-JAJAJA!!! —El grito de Harribel no fue de dolor, sino una explosión de risa involuntaria que sacudió sus cadenas con violencia.

La sorpresa fue tal que la Arrancar intentó encogerse, pero las cadenas mantenían sus brazos firmemente estirados, dejando sus axilas a merced de los dedos ágiles y juguetones de Candice. La Sternritter no se detuvo; movía sus dedos con rapidez, rascando y presionando la piel aceitunada con una intensidad frenética.

—¿Qué pasa, Reina? —se burló Candice, disfrutando de la reacción—. ¡Parece que el agua no es lo único que te hace moverte!

—¡De-Detente! —suplicó Harribel entre jadeos y carcajadas histéricas—. ¡Para... jaja... es... es indigno! ¡Maldita sea... jajajaja!

—¿Indigno? —Candice intensificó el ataque, usando sus uñas para trazar círculos rápidos en el centro de la sensibilidad de Harribel—. Yo lo llamo "interrogatorio eficiente".

Durante cinco minutos interminables, la celda se llenó del sonido de las cadenas chocando contra la pared y las risas desesperadas de Harribel. Sus piernas se agitaban en el aire, tratando de encontrar un punto de apoyo que no existía. Las lágrimas empezaron a asomar en las comisuras de sus ojos, no de tristeza, sino por el esfuerzo de sus pulmones al intentar procesar la risa forzada.

Finalmente, Candice retiró las manos, dejando que Harribel colgara jadeante, con el pecho subiendo y bajando con violencia.

—¿Vas a hablar ahora? —preguntó Candice, cruzándose de brazos, aunque sus dedos aún temblaban por la energía del ataque.

—Jamás... —susurró Harribel, intentando recuperar su compostura, aunque su cuerpo aún sufría pequeños espasmos—. No... no me doblegaré ante... ante algo tan infantil.

Candice arqueó una ceja. Su sonrisa se volvió aún más depredadora.

—¿Infantil? Oh, querida, apenas estamos empezando el juego.

La Sternritter dio un paso más cerca, enfocando su atención en la sección media de la Arrancar. La chaqueta de Harribel, abierta por diseño, dejaba al descubierto su vientre plano y firme, una extensión de piel suave que subía y bajaba con su respiración agitada. Candice extendió sus manos con una elegancia felina, dejando que las puntas de sus dedos rozaran apenas la superficie de la piel antes de hundirlos con fuerza en los costados de Harribel.

—¡¡¡NOOOO! ¡JAJAJAJAJA! —Harribel se retorció como si hubiera recibido una descarga de mil voltios.

Candice comenzó un recorrido despiadado. Sus dedos viajaron por las costillas de la Arrancar, contando cada hueso con presiones rápidas y vibrantes que hacían que Harribel soltara alaridos de risa. Luego bajó hacia la cintura, apretando los costados donde la piel era más delgada y sensible.

—¡Por favor! —logró articular Harribel, cuya cabeza caía hacia atrás mientras su cuerpo se arqueaba desesperadamente—. ¡Para... jajaja... ya basta... Candice!

—¿Me llamas por mi nombre ahora? —Candice se rió, deleitada con el quiebro en la voluntad de la mujer—. ¡Eso significa que estamos progresando!

La Sternritter hundió sus manos en el vientre bajo, justo por encima del borde de la prenda de Harribel, y luego subió rápidamente hacia el centro del abdomen. Sus dedos se movían como si estuviera tocando un piano frenético sobre los músculos de la Arrancar, provocando que esta se sacudiera con tal fuerza que las cadenas chirriaban bajo la tensión.

—¡Es... es demasiado! —gritaba Harribel, sus ojos verdes fijos en el techo, nublados por el exceso de risa—. ¡No puedo... jajajaja... respirar!

—Entonces habla —ordenó Candice, aunque no detuvo sus dedos ni un segundo—. Solo tienes que decirme lo que quiero saber y te dejaré descansar.

—¡No... jajaja... no sé nada! —mintió Harribel, aunque su voz ya no tenía la firmeza de antes.

Candice decidió que era hora de usar su arma secreta. Bajó la mirada hacia el centro del vientre de Harribel, donde se encontraba su ombligo, una pequeña y perfecta hendidura en medio de la piel dorada.

—¿Sabes? He oído que esta es la zona más sensible de los Arrancar —comentó Candice con un tono falsamente inocente.

Harribel, al darse cuenta de las intenciones de la Sternritter, intentó desesperadamente encoger el abdomen y apartarse, pero su cuerpo estaba atrapado.

—No... eso no... ¡No te atrevas! —rogó, su voz quebrándose por el pánico y la risa previa.

—Demasiado tarde —sentenció Candice.

La Sternritter extendió su dedo índice y lo hundió directamente en el ombligo de Harribel. No se limitó a presionarlo; comenzó a girarlo violentamente, hurgando con una precisión cruel mientras con la otra mano seguía haciendo cosquillas en las costillas de la prisionera.

—¡¡¡¡GYAAAAAA-HA-HA-HA-HA-HA!!!! —El grito de Harribel fue ensordecedor.

Fue una sensación insoportable. Era como si mil agujas de plumas estuvieran recorriendo su interior. La risa que brotó de su garganta fue pura desesperación. Sus piernas pateaban el aire con una fuerza que amenazaba con arrancar los grilletes de la pared. Sus abdominales se contraían y se relajaban en un ciclo infinito de tortura placentera.

—¡CONFIESA! —le gritó Candice sobre el estruendo de las risas y las cadenas—. ¡Confiesa o te haré cosquillas hasta que el Wandenreich se convierta en polvo! ¡Voy a pasar mis dedos por cada centímetro de tu piel hasta que me ruegues que te mate!

—¡AJAJAJA! ¡PARA! ¡POR LO QUE MÁS QUIERAS! —Harribel ya no podía más. Su mente estaba nublada, su cuerpo era una masa de nervios expuestos y su orgullo se estaba desintegrando bajo el asalto de los dedos de la chica de verde—. ¡D-Diré... jajaja... te lo diré todo! ¡Pero saca... saca tu dedo de ahí!

Candice detuvo el movimiento de su dedo, pero no lo retiró del todo, manteniéndolo apoyado sobre el ombligo de la Arrancar como una amenaza latente. Se acercó al oído de Harribel, cuya respiración era un silbido ronco.

—Te escucho, "Reina" —susurró Candice con una sonrisa de triunfo absoluto.

Harribel bajó la cabeza, sus trenzas rubias tapando su rostro empapado en sudor y lágrimas de risa. Había sobrevivido a batallas contra capitanes, había sobrevivido a la traición de Aizen y a la invasión de los Quincy, pero nunca imaginó que su voluntad sería quebrada por algo tan simple y devastador como un par de manos juguetonas.

—Los archivos... —comenzó Harribel, su voz temblorosa—, están en la quinta torre de Las Noches... bajo el trono... hay un sello de sangre...

Candice se alejó un paso, retirando finalmente su mano del vientre de la Arrancar. Se limpió el sudor de la frente y se ajustó la chaqueta, luciendo como si acabara de ganar un torneo deportivo.

—Ves, ¿no fue tan difícil? —dijo Candice, recuperando su aire de superioridad—. Deberías haberlo dicho hace diez minutos. Te habrías ahorrado mucha... "diversión".

Harribel no respondió. Se limitó a colgar de sus cadenas, exhausta, sintiendo aún el eco de las cosquillas recorriendo su piel.

—Vendré a verte mañana para confirmar los datos —añadió Candice mientras caminaba hacia la puerta de la celda. Se detuvo en el umbral y miró por encima del hombro con una chispa traviesa en los ojos—. Y pórtate bien, Harribel. Si descubro que me has mentido, volveré... y esta vez traeré a Meninas para que me ayude. Cuatro manos son mucho más efectivas que dos.

La puerta de hierro se cerró con un estruendo metálico, dejando a la antigua Espada en el silencio de la mazmorra. Harribel cerró los ojos, todavía sintiendo un hormigueo fantasma en su ombligo y sus costillas. Suspiró profundamente, sabiendo que, aunque seguía viva, su reputación como la guerrera más estoica de Hueco Mundo acababa de morir en manos de una Sternritter con muy mal genio y dedos muy inquietos.
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