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Risas de Recuerdos

Fandom: Fairy Tail

Creado: 3/6/2026

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Ecos del Corazón y el Reencuentro del Lago

El sol de la tarde se filtraba a través de las copas de los árboles, bañando el bosque cercano a Magnolia con un tono dorado y nostálgico. El sonido del agua golpeando suavemente la orilla del lago era el único acompañante para el silencio que reinaba en aquel lugar tan especial. Allí, frente a la pequeña cabaña de madera que habían construido con sus propias manos cuando apenas eran unos niños, se encontraban Natsu Dragneel y Lisanna Strauss.

Había pasado mucho tiempo. Demasiado. Entre la supuesta muerte de Lisanna en Edolas, el regreso triunfal, las batallas contra gremios oscuros y el entrenamiento de un año de Natsu, los momentos de paz se habían vuelto un lujo escaso. El ajetreo del gremio, con sus peleas de taberna y misiones explosivas, rara vez les permitía sentarse a solas para simplemente... ser ellos mismos.

Natsu, con su característico chaleco negro abierto y su bufanda de escamas siempre presente, estaba sentado sobre la hierba fresca, con las piernas cruzadas. A su lado, Lisanna lucía radiante; su cabello blanco corto brillaba bajo el sol y sus ojos azules reflejaban una serenidad que solo encontraba en compañía del Dragon Slayer.

—Es extraño, ¿verdad? —comentó Lisanna, rompiendo el silencio con una voz dulce y melodiosa—. Parece que fue ayer cuando estábamos aquí planeando cómo cuidar el huevo de Happy.

—Sí —asintió Natsu, mostrando sus colmillos afilados en una sonrisa nostálgica—. Todo ha cambiado un montón. El gremio es más grande, somos más fuertes... pero este lugar sigue igual. Huele a madera vieja y a agua dulce.

—Han pasado dos años desde que volví, y siento que todavía nos faltan miles de cosas por contarnos —dijo ella, soltando una pequeña risa—. Me hablaste de Tártaros y de tu entrenamiento, pero todavía no puedo creer que hayas quemado todo el estadio de los Grandes Juegos Mágicos.

—¡Es que estaba encendido, Lisanna! —exclamó Natsu, agitando un puño en el aire con su imprudencia habitual—. Tenía que demostrar que nadie podía vencernos.

Ambos rieron, compartiendo anécdotas de sus viajes y de cómo la vida en Fairy Tail nunca dejaba de ser una locura. Sin embargo, tras la risa, llegó un momento de calma. Natsu observó a Lisanna de reojo. Ella se veía tan tranquila, tan real. A veces, todavía temía que si parpadeaba demasiado rápido, ella desaparecería de nuevo.

Lisanna, sintiendo el calor del sol, levantó los brazos por encima de su cabeza para estirarse con un suspiro de satisfacción. Al hacerlo, su blusa corta de tirantes se deslizó hacia arriba, revelando una pequeña franja de su piel pálida y suave en el costado.

Natsu sintió un chispazo de travesura en su interior. Recordó las tardes de su infancia, cuando las discusiones sobre quién sería "el papá" o "la mamá" terminaban invariablemente en feroces guerras de cosquillas. Lisanna, a pesar de no tener la fuerza bruta de Natsu, siempre lograba ganar aquellas batallas, conociendo exactamente los puntos débiles del pelirrosa.

—Oye, Lisanna... —dijo Natsu con un tono juguetón que ella reconoció de inmediato.

Sin previo aviso, Natsu extendió su mano y dio un leve "pincho" con sus dedos en el costado expuesto de la chica.

—¡Ah! —Lisanna dio un respingo, soltando un chillido de sorpresa y encogiéndose instintivamente.

—¿Te acuerdas de nuestra última pelea de cosquillas? —preguntó Natsu, poniéndose de rodillas con una chispa de desafío en sus ojos negros—. Quedó inconclusa. Creo que es momento del desempate.

—¡No, Natsu! ¡Ni se te ocurra! —advirtió ella, aunque una sonrisa delataba que estaba lista para el juego—. ¡Ya no soy la niña que podías atrapar fácilmente!

—¡Eso ya lo veremos!

Con la velocidad de un dragón, Natsu se abalanzó sobre ella. Lisanna intentó escapar rodando sobre la hierba, pero Natsu fue más rápido. En un movimiento ágil, la inmovilizó, sujetando sus muñecas con firmeza pero cuidado por encima de su cabeza.

—¡Te tengo! —exclamó él, triunfante.

—¡Tramposo! ¡Usaste tus reflejos de Dragon Slayer! —protestó Lisanna entre risas, forcejeando inútilmente.

Natsu no perdió tiempo. Con una mano aún sujetando ambas muñecas de la chica, comenzó a hundir los dedos de su mano libre en los huecos de las axilas de Lisanna.

—¡No! ¡Jajajaja! ¡Natsu, para! —gritó ella, retorciéndose violentamente bajo él. Sus piernas se agitaban y su espalda se arqueaba mientras la risa incontrolable llenaba el aire del lago.

—¿Qué pasa, Lisanna? ¿No eras tú la campeona? —bromeó Natsu, intensificando el movimiento de sus dedos. Sus manos, endurecidas por las batallas pero extrañamente suaves en ese momento, no daban tregua—. ¡Voy a recuperar mi trono hoy mismo!

—¡Jajajaja! ¡Vale, vale! ¡Eres... jajaja... eres el mejor! —suplicó ella, con el rostro enrojecido por el esfuerzo de reír y respirar al mismo tiempo.

Natsu soltó una carcajada ronca, disfrutando de la alegría genuina de su amiga. Decidido a ganar definitivamente, soltó sus muñecas para tener ambas manos libres. Tomó el dobladillo de la blusa de Lisanna y la subió un poco más, dejando al descubierto su vientre plano, blando y pálido.

—¡Natsu, eso es juego sucio! —chilló Lisanna, tratando de cubrirse, pero él fue más rápido.

Hundió sus dedos en la suave carne del vientre de la peliblanca, recorriendo sus costados y las costillas con movimientos rápidos y expertos. Lisanna se rompió por completo. Sus carcajadas se volvieron más agudas, casi chillidos de puro deleite y tortura juguetona. Se retorcía como una anguila, intentando escapar del ataque incesante.

—¡Por favor! ¡Jajajaja! ¡Natsu, me voy a... jajaja... a desmayar!

—¡Todavía no hemos terminado! —dijo él con una sonrisa de oreja a oreja.

Para dar el golpe de gracia, Natsu extendió su dedo índice y lo hundió directamente en el ombligo de Lisanna, haciéndolo girar con suavidad. El efecto fue inmediato: la chica soltó un grito de risa tan fuerte que un grupo de aves cercanas levantó el vuelo espantado. Lisanna se encogió sobre sí misma, con las lágrimas de risa asomando en sus ojos azules, totalmente derrotada por la técnica del Dragon Slayer.

Natsu continuó por unos minutos más, explorando cada rincón sensible de su cintura y barriga, hasta que finalmente, viendo que ella ya no tenía fuerzas ni para protestar, se detuvo.

Se dejó caer a su lado sobre la hierba, jadeando un poco por el esfuerzo, mientras Lisanna intentaba recuperar el aliento. El silencio volvió a descender sobre el lago, pero esta vez era un silencio vibrante, lleno de la energía que acababan de compartir.

Pasaron unos minutos en los que solo se escuchaba la respiración agitada de ambos. Lisanna, aún con el rostro encendido y el cabello revuelto, se incorporó lentamente. Miró a Natsu, quien tenía los ojos cerrados y una expresión de paz absoluta en el rostro.

Sin decir una palabra, ella se abalanzó sobre él. Natsu abrió los ojos de golpe, esperando un contraataque de cosquillas o un golpe amistoso en el hombro por su "juego sucio". Se puso tenso, listo para rodar y defenderse.

Sin embargo, lo que recibió no fue un ataque.

Lisanna rodeó su cuello con los brazos y presionó sus labios contra los de él en un beso tierno, suave y cargado de sentimientos que habían estado guardados durante años. Fue un contacto breve pero profundo, una confirmación de que, a pesar de todo el tiempo perdido, el vínculo entre ellos seguía intacto.

Cuando se separaron, Natsu se quedó congelado, con los ojos muy abiertos y un evidente sonrojo extendiéndose por sus mejillas bronceadas.

—Extrañaba todo de ti, Natsu —susurró Lisanna, mirándolo con una dulzura infinita—. Incluso tus tonterías y tus juegos pesados. Extrañaba estar así, contigo.

Natsu, que solía ser impulsivo y ruidoso, se quedó sin palabras por un segundo. Sintió el latido de su corazón martilleando contra su pecho, más fuerte que en cualquier batalla. Lentamente, su expresión se suavizó y una sonrisa cálida, diferente a sus habituales muecas de combate, apareció en su rostro.

—Yo también te extrañé, Lisanna —respondió él en voz baja.

Extendió sus brazos y la atrajo hacia sí, envolviéndola en un abrazo protector. Lisanna escondió el rostro en el hueco de su cuello, aspirando el aroma a fuego y aventura que siempre desprendía el Dragon Slayer. Natsu la besó de nuevo, esta vez con más seguridad, sellando una promesa silenciosa bajo el cielo de Magnolia.

—No volverás a irte —dijo él contra su cabello—. Y yo no volveré a dejarte atrás.

—Prometido —respondió ella, aferrándose a su chaleco—. Nunca más nos separaremos.

Allí, frente a la cabaña de su infancia, el fuego y el cielo volvieron a ser uno solo, mientras el sol terminaba de ocultarse tras las montañas, dejando que la luna fuera testigo del reencuentro de dos almas que, a pesar de la distancia y el tiempo, siempre supieron volver a casa.
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