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Risas en la Oficina de Nighteye
Fandom: My Hero Academia
Creado: 3/6/2026
Etiquetas
HumorRecortes de VidaFluffCrack / Humor ParódicoAmbientación CanonCiencia Ficción
Burbujas, Creaciones y Risas Incontrolables
La tarde en la oficina de Sir Nighteye transcurría con una calma inusual, una quietud casi sepulcral que solo se veía interrumpida por el suave zumbido del aire acondicionado. Momo Yaoyorozu, la joven estudiante de la Clase 1-A de la Academia U.A., caminaba por los pasillos con su habitual postura erguida y elegante. Había sido enviada para entregar unos informes confidenciales que su agencia de pasantías había coordinado con la de Nighteye. Por una cuestión de protocolo y rapidez, ya portaba su traje de heroína: aquel atuendo de látex rojo intenso diseñado específicamente para facilitar su Don de Creación.
Al llegar al despacho principal, notó que no había nadie en la recepción. Con un suspiro de resignación, Momo dejó los documentos sobre la mesa de caoba, asegurándose de que quedaran perfectamente alineados. Sin embargo, justo cuando se disponía a marcharse, un sonido extraño rompió el silencio del edificio.
Era una risa. Pero no una risa normal; era un sonido agudo, entrecortado y cargado de una desesperación jovial.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —preguntó Momo, ladeando la cabeza.
El sonido provenía de una puerta metálica entreabierta al fondo del pasillo lateral. Intrigada y ligeramente preocupada por si algún villano se había infiltrado o si algún experimento de apoyo había salido mal, Momo se acercó con cautela. Al empujar la puerta, la escena que encontró la dejó completamente descolocada.
En el centro de la habitación, Kaoruko Awata, mejor conocida como Bubble Girl, se encontraba inmovilizada en un extraño artilugio mecánico. Sus muñecas y tobillos estaban sujetos por abrazaderas acolchadas, y su cuerpo azulado vibraba con cada sacudida. Debido al diseño de su traje de heroína, que dejaba su torso completamente al descubierto desde la parte inferior del pecho hasta la cintura, su vientre era un blanco perfecto. Un par de manos mecánicas, recubiertas con guantes de silicona de textura rugosa, se movían frenéticamente sobre su abdomen, hundiéndose en sus costados y recorriendo su piel celeste con una precisión implacable.
—¡Ja, ja, ja! ¡No, por favor! ¡Basta, Sir! ¡Ja, ja, ja! —gritaba Bubble Girl, con las mejillas encendidas y los ojos amarillos empañados por las lágrimas de risa—. ¡Me rindo, me rindo! ¡Ja, ja, ja!
Momo sintió que el rubor subía a sus propias mejillas. Sabía que Sir Nighteye utilizaba el humor y el castigo de las cosquillas para mantener la "vitalidad" en su oficina, pero verlo era algo totalmente distinto.
—¡Oh, cielos! ¡Bubble Girl! —exclamó Momo, dando un paso al frente—. ¡Voy a ayudarte ahora mismo!
La joven de la U.A. corrió hacia la consola de control, pero en su prisa, no se percató de una baldosa ligeramente elevada en el suelo. Al pisarla, se escuchó un clic metálico. De las paredes surgieron paneles ocultos y, antes de que Momo pudiera reaccionar o crear un escudo, un segundo brazo mecánico la sujetó por la cintura, elevándola y posicionándola en una estructura idéntica a la de Kaoruko.
—¿¡Qué!? ¡Esperen! —gritó Momo, sintiendo cómo las abrazaderas se cerraban suavemente pero con firmeza alrededor de sus extremidades.
—¡Cuidado, Yaoyorozu! —logró articular Bubble Girl entre carcajadas—. ¡Es una trampa de... ja, ja, ja... de seguridad reactiva! ¡Ja, ja!
Momo intentó concentrarse para crear una herramienta que cortara las sujeciones, pero antes de que pudiera visualizar la estructura molecular del acero, sintió el primer contacto. Un par de manos mecánicas, similares a las que atormentaban a la heroína azul, se abalanzaron directamente sobre su vientre expuesto.
El traje de Momo, con su gran abertura frontal que revelaba su abdomen plano y su ombligo, no ofrecía ninguna protección. Los dedos mecánicos comenzaron a tamborilear sobre su piel clara, moviéndose en círculos rápidos y erráticos.
—¡Ah! ¡No, ja, ja, ja! —Momo soltó una carcajada involuntaria que resonó en toda la sala—. ¡Eso... ja, ja... eso hace mucha cosquill... ja, ja, ja!
—¡Bienvenida al club! —gritó Bubble Girl, retorciéndose mientras las manos mecánicas le hacían "la arañita" justo debajo de las costillas—. ¡Es el sistema de... ja, ja... de entrenamiento de risa! ¡No se detiene hasta que el sensor detecta... ja, ja... máxima felicidad!
Momo no podía creerlo. Estaba atrapada, siendo sometida a un festín de cosquillas junto a una heroína profesional. Los dedos de la máquina eran implacables; se hundían en su cintura, pellizcaban suavemente sus costados y luego volvían al centro de su vientre, justo donde la piel era más sensible.
—¡Espera! ¡Ja, ja, ja! ¡Tengo que... ja, ja... concentrarme! —intentó decir Momo, pero cada vez que intentaba activar su Don, un nuevo ataque en sus flancos la hacía arquear la espalda y soltar un chillido de risa.
—¡Es inútil! —le respondió Kaoruko, cuya piel azul parecía brillar bajo el esfuerzo de la risa continua—. ¡Si te tensas es... ja, ja, ja... es mucho peor! ¡Déjate llevar! ¡Ja, ja, ja!
Pero lo peor estaba por venir. Como si la máquina hubiera detectado que las dos mujeres estaban empezando a acostumbrarse al ritmo de las manos, el mecanismo cambió de fase. Unos pequeños brazos adicionales se extendieron, cada uno portando una pluma larga y extremadamente suave.
Momo vio con horror cómo la pluma se posicionaba justo frente a su ombligo.
—No... no ahí... —suplicó Momo, con la respiración entrecortada—. ¡Cualquier sitio menos... ja, ja, ja!
La pluma descendió y comenzó a girar lentamente dentro de su ombligo, las finas hebras de la pluma rozando las terminaciones nerviosas más profundas de su vientre. Al mismo tiempo, otra pluma hacía lo mismo con Bubble Girl.
—¡NOOOOO! ¡JA, JA, JA, JA! —ambas gritaron al unísono, retorciéndose con una intensidad renovada.
—¡Ese... ja, ja... ese es mi punto débil! —confesó Momo, con las lágrimas rodando por sus mejillas mientras sus piernas pateaban el aire débilmente—. ¡Por favor, ja, ja, ja, para! ¡Es demasiado!
—¡El mío también! —chilló Bubble Girl, cuya risa se había vuelto casi silenciosa por la falta de aire—. ¡Es la zona... ja, ja... más sensible! ¡Ja, ja, ja!
Las plumas se hundían y giraban, explorando cada rincón de sus ombligos expuestos, mientras las manos originales no daban tregua a sus costados. El vientre de Momo vibraba bajo el asalto constante; su abdomen, generalmente firme debido a su entrenamiento, se contraía y relajaba en espasmos de pura hilaridad. La sensación era abrumadora, una mezcla de tortura y diversión que nublaba cualquier pensamiento lógico.
—¡Yaoyorozu! ¡Tu cara! —rio Bubble Girl, viendo cómo la sofisticada vicepresidenta de la clase 1-A perdía toda su compostura—. ¡Ja, ja... te ves... ja, ja... muy divertida!
—¡Tú no... ja, ja... no te quedas atrás! —respondió Momo, soltando una carcajada sonora que nunca se habría permitido en público—. ¡Tu piel... ja, ja... está cambiando de tono! ¡Ja, ja, ja!
De repente, la máquina pareció entrar en un "modo de finalización". Más manos aparecieron, esta vez sin guantes, con dedos que imitaban la calidez humana. Estas nuevas manos se hundieron profundamente en la carne del vientre de ambas, buscando los puntos más sensibles cerca de las caderas y el diafragma.
—¡AY, JA, JA, JA! —Momo se retorció frenéticamente, sintiendo cómo los dedos se enterraban en su abdomen—. ¡Siento que... ja, ja... voy a explotar!
—¡Es el final del ciclo! —explicó Bubble Girl, aunque apenas se le entendía—. ¡Solo... ja, ja... aguanta un poco más! ¡Ja, ja, ja!
El festín de cosquillas alcanzó un clímax frenético. Las plumas en los ombligos, los dedos en los costados y las manos en el vientre crearon una sinfonía de sensaciones que hizo que ambas heroínas perdieran la noción del tiempo. El despacho de Sir Nighteye, usualmente un lugar de estrategia y seriedad, se había convertido en el escenario de un martirio de risas incontrolables.
Finalmente, tras lo que parecieron horas pero que solo fueron unos minutos de intensa estimulación, la máquina emitió un pitido alegre y las abrazaderas se abrieron de golpe.
Momo y Kaoruko cayeron al suelo, aterrizando sobre una alfombra mullida que convenientemente se había desplegado debajo de ellas. Ambas se quedaron allí tumbadas, jadeando, con los estómagos todavía temblando por los espasmos residuales de la risa.
—Eso... —comenzó Momo, limpiándose las lágrimas de los ojos y tratando de recomponer su traje rojo— ...ha sido la experiencia más extraña de mi vida.
Bubble Girl se sentó, despeinada y con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bienvenida a la agencia de Nighteye, Yaoyorozu. Aquí, si no te ríes, no sobrevives.
Momo miró su vientre, que aún conservaba un ligero tono rosado por la fricción de las manos mecánicas. Se tocó el ombligo con timidez, recordando la sensación de la pluma, y no pudo evitar soltar una pequeña risita nerviosa.
—Debo admitir —dijo Momo, levantándose con la ayuda de Bubble Girl— que, aunque fue un martirio, me siento extrañamente relajada.
—Es el efecto secundario —dijo Kaoruko, guiñándole un ojo—. Pero no le digas a nadie que tu punto débil es el ombligo, o Sir Nighteye lo usará en cada informe de progreso.
Momo se puso seria por un segundo, imaginando al imponente héroe profesional con una pluma en la mano, y luego ambas estallaron en risas de nuevo, esta vez de forma natural, mientras caminaban de regreso a la oficina principal para, ahora sí, entregar los informes.
—Lo tendré muy en cuenta, Bubble Girl —concluyó Momo, ajustándose el cinturón de su traje—. Muy en cuenta.
Al llegar al despacho principal, notó que no había nadie en la recepción. Con un suspiro de resignación, Momo dejó los documentos sobre la mesa de caoba, asegurándose de que quedaran perfectamente alineados. Sin embargo, justo cuando se disponía a marcharse, un sonido extraño rompió el silencio del edificio.
Era una risa. Pero no una risa normal; era un sonido agudo, entrecortado y cargado de una desesperación jovial.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —preguntó Momo, ladeando la cabeza.
El sonido provenía de una puerta metálica entreabierta al fondo del pasillo lateral. Intrigada y ligeramente preocupada por si algún villano se había infiltrado o si algún experimento de apoyo había salido mal, Momo se acercó con cautela. Al empujar la puerta, la escena que encontró la dejó completamente descolocada.
En el centro de la habitación, Kaoruko Awata, mejor conocida como Bubble Girl, se encontraba inmovilizada en un extraño artilugio mecánico. Sus muñecas y tobillos estaban sujetos por abrazaderas acolchadas, y su cuerpo azulado vibraba con cada sacudida. Debido al diseño de su traje de heroína, que dejaba su torso completamente al descubierto desde la parte inferior del pecho hasta la cintura, su vientre era un blanco perfecto. Un par de manos mecánicas, recubiertas con guantes de silicona de textura rugosa, se movían frenéticamente sobre su abdomen, hundiéndose en sus costados y recorriendo su piel celeste con una precisión implacable.
—¡Ja, ja, ja! ¡No, por favor! ¡Basta, Sir! ¡Ja, ja, ja! —gritaba Bubble Girl, con las mejillas encendidas y los ojos amarillos empañados por las lágrimas de risa—. ¡Me rindo, me rindo! ¡Ja, ja, ja!
Momo sintió que el rubor subía a sus propias mejillas. Sabía que Sir Nighteye utilizaba el humor y el castigo de las cosquillas para mantener la "vitalidad" en su oficina, pero verlo era algo totalmente distinto.
—¡Oh, cielos! ¡Bubble Girl! —exclamó Momo, dando un paso al frente—. ¡Voy a ayudarte ahora mismo!
La joven de la U.A. corrió hacia la consola de control, pero en su prisa, no se percató de una baldosa ligeramente elevada en el suelo. Al pisarla, se escuchó un clic metálico. De las paredes surgieron paneles ocultos y, antes de que Momo pudiera reaccionar o crear un escudo, un segundo brazo mecánico la sujetó por la cintura, elevándola y posicionándola en una estructura idéntica a la de Kaoruko.
—¿¡Qué!? ¡Esperen! —gritó Momo, sintiendo cómo las abrazaderas se cerraban suavemente pero con firmeza alrededor de sus extremidades.
—¡Cuidado, Yaoyorozu! —logró articular Bubble Girl entre carcajadas—. ¡Es una trampa de... ja, ja, ja... de seguridad reactiva! ¡Ja, ja!
Momo intentó concentrarse para crear una herramienta que cortara las sujeciones, pero antes de que pudiera visualizar la estructura molecular del acero, sintió el primer contacto. Un par de manos mecánicas, similares a las que atormentaban a la heroína azul, se abalanzaron directamente sobre su vientre expuesto.
El traje de Momo, con su gran abertura frontal que revelaba su abdomen plano y su ombligo, no ofrecía ninguna protección. Los dedos mecánicos comenzaron a tamborilear sobre su piel clara, moviéndose en círculos rápidos y erráticos.
—¡Ah! ¡No, ja, ja, ja! —Momo soltó una carcajada involuntaria que resonó en toda la sala—. ¡Eso... ja, ja... eso hace mucha cosquill... ja, ja, ja!
—¡Bienvenida al club! —gritó Bubble Girl, retorciéndose mientras las manos mecánicas le hacían "la arañita" justo debajo de las costillas—. ¡Es el sistema de... ja, ja... de entrenamiento de risa! ¡No se detiene hasta que el sensor detecta... ja, ja... máxima felicidad!
Momo no podía creerlo. Estaba atrapada, siendo sometida a un festín de cosquillas junto a una heroína profesional. Los dedos de la máquina eran implacables; se hundían en su cintura, pellizcaban suavemente sus costados y luego volvían al centro de su vientre, justo donde la piel era más sensible.
—¡Espera! ¡Ja, ja, ja! ¡Tengo que... ja, ja... concentrarme! —intentó decir Momo, pero cada vez que intentaba activar su Don, un nuevo ataque en sus flancos la hacía arquear la espalda y soltar un chillido de risa.
—¡Es inútil! —le respondió Kaoruko, cuya piel azul parecía brillar bajo el esfuerzo de la risa continua—. ¡Si te tensas es... ja, ja, ja... es mucho peor! ¡Déjate llevar! ¡Ja, ja, ja!
Pero lo peor estaba por venir. Como si la máquina hubiera detectado que las dos mujeres estaban empezando a acostumbrarse al ritmo de las manos, el mecanismo cambió de fase. Unos pequeños brazos adicionales se extendieron, cada uno portando una pluma larga y extremadamente suave.
Momo vio con horror cómo la pluma se posicionaba justo frente a su ombligo.
—No... no ahí... —suplicó Momo, con la respiración entrecortada—. ¡Cualquier sitio menos... ja, ja, ja!
La pluma descendió y comenzó a girar lentamente dentro de su ombligo, las finas hebras de la pluma rozando las terminaciones nerviosas más profundas de su vientre. Al mismo tiempo, otra pluma hacía lo mismo con Bubble Girl.
—¡NOOOOO! ¡JA, JA, JA, JA! —ambas gritaron al unísono, retorciéndose con una intensidad renovada.
—¡Ese... ja, ja... ese es mi punto débil! —confesó Momo, con las lágrimas rodando por sus mejillas mientras sus piernas pateaban el aire débilmente—. ¡Por favor, ja, ja, ja, para! ¡Es demasiado!
—¡El mío también! —chilló Bubble Girl, cuya risa se había vuelto casi silenciosa por la falta de aire—. ¡Es la zona... ja, ja... más sensible! ¡Ja, ja, ja!
Las plumas se hundían y giraban, explorando cada rincón de sus ombligos expuestos, mientras las manos originales no daban tregua a sus costados. El vientre de Momo vibraba bajo el asalto constante; su abdomen, generalmente firme debido a su entrenamiento, se contraía y relajaba en espasmos de pura hilaridad. La sensación era abrumadora, una mezcla de tortura y diversión que nublaba cualquier pensamiento lógico.
—¡Yaoyorozu! ¡Tu cara! —rio Bubble Girl, viendo cómo la sofisticada vicepresidenta de la clase 1-A perdía toda su compostura—. ¡Ja, ja... te ves... ja, ja... muy divertida!
—¡Tú no... ja, ja... no te quedas atrás! —respondió Momo, soltando una carcajada sonora que nunca se habría permitido en público—. ¡Tu piel... ja, ja... está cambiando de tono! ¡Ja, ja, ja!
De repente, la máquina pareció entrar en un "modo de finalización". Más manos aparecieron, esta vez sin guantes, con dedos que imitaban la calidez humana. Estas nuevas manos se hundieron profundamente en la carne del vientre de ambas, buscando los puntos más sensibles cerca de las caderas y el diafragma.
—¡AY, JA, JA, JA! —Momo se retorció frenéticamente, sintiendo cómo los dedos se enterraban en su abdomen—. ¡Siento que... ja, ja... voy a explotar!
—¡Es el final del ciclo! —explicó Bubble Girl, aunque apenas se le entendía—. ¡Solo... ja, ja... aguanta un poco más! ¡Ja, ja, ja!
El festín de cosquillas alcanzó un clímax frenético. Las plumas en los ombligos, los dedos en los costados y las manos en el vientre crearon una sinfonía de sensaciones que hizo que ambas heroínas perdieran la noción del tiempo. El despacho de Sir Nighteye, usualmente un lugar de estrategia y seriedad, se había convertido en el escenario de un martirio de risas incontrolables.
Finalmente, tras lo que parecieron horas pero que solo fueron unos minutos de intensa estimulación, la máquina emitió un pitido alegre y las abrazaderas se abrieron de golpe.
Momo y Kaoruko cayeron al suelo, aterrizando sobre una alfombra mullida que convenientemente se había desplegado debajo de ellas. Ambas se quedaron allí tumbadas, jadeando, con los estómagos todavía temblando por los espasmos residuales de la risa.
—Eso... —comenzó Momo, limpiándose las lágrimas de los ojos y tratando de recomponer su traje rojo— ...ha sido la experiencia más extraña de mi vida.
Bubble Girl se sentó, despeinada y con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bienvenida a la agencia de Nighteye, Yaoyorozu. Aquí, si no te ríes, no sobrevives.
Momo miró su vientre, que aún conservaba un ligero tono rosado por la fricción de las manos mecánicas. Se tocó el ombligo con timidez, recordando la sensación de la pluma, y no pudo evitar soltar una pequeña risita nerviosa.
—Debo admitir —dijo Momo, levantándose con la ayuda de Bubble Girl— que, aunque fue un martirio, me siento extrañamente relajada.
—Es el efecto secundario —dijo Kaoruko, guiñándole un ojo—. Pero no le digas a nadie que tu punto débil es el ombligo, o Sir Nighteye lo usará en cada informe de progreso.
Momo se puso seria por un segundo, imaginando al imponente héroe profesional con una pluma en la mano, y luego ambas estallaron en risas de nuevo, esta vez de forma natural, mientras caminaban de regreso a la oficina principal para, ahora sí, entregar los informes.
—Lo tendré muy en cuenta, Bubble Girl —concluyó Momo, ajustándose el cinturón de su traje—. Muy en cuenta.
