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La Melodía Secreta del Corazón
Fandom: Animation VS Animator
Creado: 5/6/2026
Etiquetas
RomanceRecortes de VidaFluffDolor/ConsueloIsekai / Fantasía PortalAventuraAmbientación Canon
Trazos de Azahar y un Destello Celeste
El lienzo en blanco de la pantalla de Alan se extendía como un desierto infinito de posibilidades. Era una tarde tranquila, de esas en las que el cursor parpadeaba con pereza y el sol de la tarde se filtraba de forma invisible a través de los datos del ordenador. Second, el stickman naranja, estiró sus brazos por encima de su cabeza, soltando un bostezo que pareció vibrar en sus líneas minimalistas. Como el más responsable del grupo, ya había terminado de organizar las carpetas de pinceles y de limpiar los restos de píxeles muertos en el escritorio.
—Una siesta no me vendría nada mal —murmuró Second para sí mismo, mirando de reojo un icono de carpeta que solía usar como almohada improvisada.
Sin embargo, la paz duró poco. Un estruendo proveniente del sector de archivos de Minecraft anunció la llegada del resto de la banda.
Yellow llegó primero, deslizándose sobre una línea de comandos que él mismo había programado, seguido de cerca por Blue, quien venía masticando un trozo de "Nether Wart" con una expresión de euforia culinaria. Detrás de ellos, Green venía tarareando una melodía compleja, usando un lápiz digital como si fuera una batuta, mientras Red corría en círculos persiguiendo lo que parecía ser un pequeño virus con forma de escarabajo que había encontrado en la papelera de reciclaje.
—¡Second! ¡Tienes que ver esto! —exclamó Yellow, ajustando sus gafas invisibles mientras desplegaba una ventana de navegación—. Estaba rastreando una anomalía en el servidor de arte externo y encontré una firma de datos que nunca habíamos visto. No es un virus, ni tampoco un archivo del sistema de Alan.
Second se frotó los ojos, abandonando su sueño de una siesta reparadora.
—¿Una anomalía? Yellow, dijimos que no tocaríamos los servidores externos después del incidente con el Rey Naranja —recordó Second con un tono de advertencia.
—¡Pero es hermosa! —intervino Red, dejando de perseguir al escarabajo—. ¡Tiene orejas! ¡Y una cola! ¡Como los animales de mis libros!
Second frunció el ceño, confundido. ¿Un stickman con rasgos animales? Eso no era común en su mundo de líneas puras. Antes de que pudiera protestar, Green dio un golpe rítmico en el suelo.
—Viene hacia aquí —dijo Green con tono melodioso pero alerta—. Puedo sentir la vibración de sus pasos. Son constantes, pero suaves... como una balada tranquila.
De repente, un rincón de la pantalla comenzó a distorsionarse. Píxeles de color rosa suave empezaron a entrelazarse, formando una figura que no se parecía a nada que hubieran visto antes. De la estática surgió una stickgirl de un tono rosa vibrante. Tenía unas delicadas orejas de lobo que se movían con nerviosismo y una cola esponjosa que se agitaba levemente detrás de ella. Sus ojos, grandes y expresivos, recorrieron la habitación con una mezcla de asombro y terror.
—Hola... —susurró la recién llegada. Su voz era tan suave que Blue casi deja caer su hongo.
Second se quedó paralizado. En el momento en que sus ojos naranjas se encontraron con la figura rosa, sintió un chispazo extraño en su pecho, algo similar a cuando sus poderes verdes amenazaban con salir, pero mucho más cálido y menos caótico. Se quedó mudo, con la mano extendida a medio camino de un saludo que se le olvidó cómo completar.
—¡Increíble! —Yellow se acercó a ella con una ventana de inspección de código—. Tus metadatos son fascinantes. ¿Eres de una aplicación de dibujo diferente? ¿Un mod de rol?
La chica retrocedió un paso, bajando las orejas.
—Yo... no lo sé —respondió ella, jugueteando con sus manos—. Me llamo Rose. Estaba en un lienzo abandonado y... vi un portal de enlace. Me sentía muy sola allí.
—¡No tengas miedo! —Red saltó hacia adelante con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Soy Red! Y este es Blue, el que come cosas raras; Yellow, el que habla con los números; y Green, que es básicamente una radio humana.
Rose soltó una pequeña risita tímida, ocultando su rostro tras sus manos. Second sintió que sus líneas se volvían un poco más brillantes de lo normal.
—Y él es Second —añadió Blue, señalando al stickman naranja que seguía en trance—. Es el jefe. Bueno, no el jefe, pero es el que evita que quememos el disco duro por accidente.
Second reaccionó por fin, sacudiendo la cabeza para despejarse.
—Hola, Rose —dijo Second, tratando de que su voz sonara firme y no como un garabato tembloroso—. Bienvenido al... bueno, a nuestro escritorio. No te preocupes, aquí estás a salvo.
—Gracias —dijo Rose, mirando a Second con una intensidad que lo hizo retroceder un milímetro—. Eres muy amable. Tu color... es muy cálido.
Green, que siempre tenía un oído afinado para las emociones, comenzó a silbar una melodía romántica de fondo. Second le lanzó una mirada asesina, pero Green solo le guiñó un ojo mientras seguía con su ritmo.
—¡Rose! ¿Quieres probar esto? —preguntó Blue, ofreciéndole un pedazo de Nether Wart—. Es un poco picante y te hace ver colores que no existen, pero es genial para la creatividad.
—¡Blue, no le des eso! —regañó Second, interviniendo de inmediato—. Rose, lo siento. A veces no tienen filtros.
—Está bien —dijo Rose con una sonrisa pequeña, aunque sus hombros seguían algo tensos—. Estoy acostumbrada a las cosas extrañas. Solo que... a veces siento que no encajo en ninguna parte. Soy un poco diferente, supongo.
Rose señaló sus orejas de lobo. Yellow asintió con interés científico.
—Es una modificación estética permanente en tu código base —explicó Yellow—. Es inusual, pero estéticamente armonioso.
Rose bajó la mirada, un poco avergonzada.
—A veces... también pasan cosas cuando me asusto —confesó ella en voz baja—. Sale una energía celeste de mis manos, pero no sé cómo controlarla. Es un desastre.
Second sintió una conexión inmediata. Él también guardaba ese secreto, esa fuerza verde que dormía en su interior y que solo despertaba en momentos de extrema necesidad o dolor, una fuerza que todavía no comprendía del todo.
—Te entiendo —dijo Second, acercándose un poco más a ella, ignorando las burlas silenciosas de sus amigos a sus espaldas—. Yo también tengo algo así. Una energía verde. Tampoco sé muy bien qué hacer con ella la mayor parte del tiempo.
Rose levantó la vista, y por un momento, el tiempo pareció detenerse en el escritorio de Alan. El naranja y el rosa se mezclaban en un contraste visual que parecía sacado de una de las mejores animaciones del autor.
—¿De verdad? —preguntó ella, con sus ojos brillando de esperanza—. ¿No crees que soy... un error de programa?
—Rose, en este ordenador, todos somos un poco "errores" para el estándar normal —dijo Second con sinceridad—. Y eso es lo que nos hace especiales. No eres un error, eres... eres arte.
Rose se sonrojó intensamente, un tono carmesí cubriendo sus mejillas rosadas. Red soltó un "¡Aww!" tan fuerte que Yellow tuvo que taparle la boca.
—¡Bueno! —interrumpió Green, rompiendo el momento con energía—. ¡Suficiente charla sentimental! Rose necesita un recorrido oficial. ¡Podemos ir al mundo de Minecraft! ¡O al servidor de música!
—¡Sí! ¡Quiero mostrarle los lobos de Minecraft! —gritó Red, emocionado—. ¡Seguro que se lleva bien con ellos!
El grupo comenzó a moverse hacia el icono del juego, pero Rose se quedó un momento atrás, mirando a Second.
—¿Vienes? —preguntó ella, extendiendo una mano hacia él.
Second miró la mano de Rose y luego a sus amigos, que ya estaban saltando dentro del portal de píxeles cúbicos. Por primera vez en mucho tiempo, la responsabilidad de mantener el orden no era lo primero en su mente.
—Claro —respondió Second, tomando su mano.
Al contacto, un pequeño destello, una chispa donde el naranja se encontraba con el rosa, iluminó el suelo del escritorio. No fue una explosión de poder, sino algo más sutil, como el primer trazo de una obra maestra que apenas comienza.
—Oye, Second —dijo Rose mientras caminaban hacia el portal.
—¿Sí?
—Gracias por no dejarme sola en el lienzo abandonado.
Second sonrió, sintiendo que su corazón de stickman latía con una frecuencia nueva y emocionante.
—Nunca más estarás sola, Rose. Te lo prometo.
Y así, mientras se sumergían en el mundo de bloques y aventuras, Second supo que su vida en el escritorio de Alan acababa de volverse mucho más colorida. Ya no importaba si no sabía cómo activar sus poderes verdes hoy; con Rose a su lado, sentía que ya había encontrado una fuerza mucho más importante.
Mientras tanto, en el fondo, Green ya estaba componiendo una balada épica sobre el naranja y el rosa, mientras Blue intentaba convencer a Yellow de que las orejas de lobo de Rose podrían ser una nueva forma de antena Wi-Fi. La rutina había vuelto a la normalidad, pero con un brillo celeste y rosa que prometía cambiarlo todo para siempre.
—Una siesta no me vendría nada mal —murmuró Second para sí mismo, mirando de reojo un icono de carpeta que solía usar como almohada improvisada.
Sin embargo, la paz duró poco. Un estruendo proveniente del sector de archivos de Minecraft anunció la llegada del resto de la banda.
Yellow llegó primero, deslizándose sobre una línea de comandos que él mismo había programado, seguido de cerca por Blue, quien venía masticando un trozo de "Nether Wart" con una expresión de euforia culinaria. Detrás de ellos, Green venía tarareando una melodía compleja, usando un lápiz digital como si fuera una batuta, mientras Red corría en círculos persiguiendo lo que parecía ser un pequeño virus con forma de escarabajo que había encontrado en la papelera de reciclaje.
—¡Second! ¡Tienes que ver esto! —exclamó Yellow, ajustando sus gafas invisibles mientras desplegaba una ventana de navegación—. Estaba rastreando una anomalía en el servidor de arte externo y encontré una firma de datos que nunca habíamos visto. No es un virus, ni tampoco un archivo del sistema de Alan.
Second se frotó los ojos, abandonando su sueño de una siesta reparadora.
—¿Una anomalía? Yellow, dijimos que no tocaríamos los servidores externos después del incidente con el Rey Naranja —recordó Second con un tono de advertencia.
—¡Pero es hermosa! —intervino Red, dejando de perseguir al escarabajo—. ¡Tiene orejas! ¡Y una cola! ¡Como los animales de mis libros!
Second frunció el ceño, confundido. ¿Un stickman con rasgos animales? Eso no era común en su mundo de líneas puras. Antes de que pudiera protestar, Green dio un golpe rítmico en el suelo.
—Viene hacia aquí —dijo Green con tono melodioso pero alerta—. Puedo sentir la vibración de sus pasos. Son constantes, pero suaves... como una balada tranquila.
De repente, un rincón de la pantalla comenzó a distorsionarse. Píxeles de color rosa suave empezaron a entrelazarse, formando una figura que no se parecía a nada que hubieran visto antes. De la estática surgió una stickgirl de un tono rosa vibrante. Tenía unas delicadas orejas de lobo que se movían con nerviosismo y una cola esponjosa que se agitaba levemente detrás de ella. Sus ojos, grandes y expresivos, recorrieron la habitación con una mezcla de asombro y terror.
—Hola... —susurró la recién llegada. Su voz era tan suave que Blue casi deja caer su hongo.
Second se quedó paralizado. En el momento en que sus ojos naranjas se encontraron con la figura rosa, sintió un chispazo extraño en su pecho, algo similar a cuando sus poderes verdes amenazaban con salir, pero mucho más cálido y menos caótico. Se quedó mudo, con la mano extendida a medio camino de un saludo que se le olvidó cómo completar.
—¡Increíble! —Yellow se acercó a ella con una ventana de inspección de código—. Tus metadatos son fascinantes. ¿Eres de una aplicación de dibujo diferente? ¿Un mod de rol?
La chica retrocedió un paso, bajando las orejas.
—Yo... no lo sé —respondió ella, jugueteando con sus manos—. Me llamo Rose. Estaba en un lienzo abandonado y... vi un portal de enlace. Me sentía muy sola allí.
—¡No tengas miedo! —Red saltó hacia adelante con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Soy Red! Y este es Blue, el que come cosas raras; Yellow, el que habla con los números; y Green, que es básicamente una radio humana.
Rose soltó una pequeña risita tímida, ocultando su rostro tras sus manos. Second sintió que sus líneas se volvían un poco más brillantes de lo normal.
—Y él es Second —añadió Blue, señalando al stickman naranja que seguía en trance—. Es el jefe. Bueno, no el jefe, pero es el que evita que quememos el disco duro por accidente.
Second reaccionó por fin, sacudiendo la cabeza para despejarse.
—Hola, Rose —dijo Second, tratando de que su voz sonara firme y no como un garabato tembloroso—. Bienvenido al... bueno, a nuestro escritorio. No te preocupes, aquí estás a salvo.
—Gracias —dijo Rose, mirando a Second con una intensidad que lo hizo retroceder un milímetro—. Eres muy amable. Tu color... es muy cálido.
Green, que siempre tenía un oído afinado para las emociones, comenzó a silbar una melodía romántica de fondo. Second le lanzó una mirada asesina, pero Green solo le guiñó un ojo mientras seguía con su ritmo.
—¡Rose! ¿Quieres probar esto? —preguntó Blue, ofreciéndole un pedazo de Nether Wart—. Es un poco picante y te hace ver colores que no existen, pero es genial para la creatividad.
—¡Blue, no le des eso! —regañó Second, interviniendo de inmediato—. Rose, lo siento. A veces no tienen filtros.
—Está bien —dijo Rose con una sonrisa pequeña, aunque sus hombros seguían algo tensos—. Estoy acostumbrada a las cosas extrañas. Solo que... a veces siento que no encajo en ninguna parte. Soy un poco diferente, supongo.
Rose señaló sus orejas de lobo. Yellow asintió con interés científico.
—Es una modificación estética permanente en tu código base —explicó Yellow—. Es inusual, pero estéticamente armonioso.
Rose bajó la mirada, un poco avergonzada.
—A veces... también pasan cosas cuando me asusto —confesó ella en voz baja—. Sale una energía celeste de mis manos, pero no sé cómo controlarla. Es un desastre.
Second sintió una conexión inmediata. Él también guardaba ese secreto, esa fuerza verde que dormía en su interior y que solo despertaba en momentos de extrema necesidad o dolor, una fuerza que todavía no comprendía del todo.
—Te entiendo —dijo Second, acercándose un poco más a ella, ignorando las burlas silenciosas de sus amigos a sus espaldas—. Yo también tengo algo así. Una energía verde. Tampoco sé muy bien qué hacer con ella la mayor parte del tiempo.
Rose levantó la vista, y por un momento, el tiempo pareció detenerse en el escritorio de Alan. El naranja y el rosa se mezclaban en un contraste visual que parecía sacado de una de las mejores animaciones del autor.
—¿De verdad? —preguntó ella, con sus ojos brillando de esperanza—. ¿No crees que soy... un error de programa?
—Rose, en este ordenador, todos somos un poco "errores" para el estándar normal —dijo Second con sinceridad—. Y eso es lo que nos hace especiales. No eres un error, eres... eres arte.
Rose se sonrojó intensamente, un tono carmesí cubriendo sus mejillas rosadas. Red soltó un "¡Aww!" tan fuerte que Yellow tuvo que taparle la boca.
—¡Bueno! —interrumpió Green, rompiendo el momento con energía—. ¡Suficiente charla sentimental! Rose necesita un recorrido oficial. ¡Podemos ir al mundo de Minecraft! ¡O al servidor de música!
—¡Sí! ¡Quiero mostrarle los lobos de Minecraft! —gritó Red, emocionado—. ¡Seguro que se lleva bien con ellos!
El grupo comenzó a moverse hacia el icono del juego, pero Rose se quedó un momento atrás, mirando a Second.
—¿Vienes? —preguntó ella, extendiendo una mano hacia él.
Second miró la mano de Rose y luego a sus amigos, que ya estaban saltando dentro del portal de píxeles cúbicos. Por primera vez en mucho tiempo, la responsabilidad de mantener el orden no era lo primero en su mente.
—Claro —respondió Second, tomando su mano.
Al contacto, un pequeño destello, una chispa donde el naranja se encontraba con el rosa, iluminó el suelo del escritorio. No fue una explosión de poder, sino algo más sutil, como el primer trazo de una obra maestra que apenas comienza.
—Oye, Second —dijo Rose mientras caminaban hacia el portal.
—¿Sí?
—Gracias por no dejarme sola en el lienzo abandonado.
Second sonrió, sintiendo que su corazón de stickman latía con una frecuencia nueva y emocionante.
—Nunca más estarás sola, Rose. Te lo prometo.
Y así, mientras se sumergían en el mundo de bloques y aventuras, Second supo que su vida en el escritorio de Alan acababa de volverse mucho más colorida. Ya no importaba si no sabía cómo activar sus poderes verdes hoy; con Rose a su lado, sentía que ya había encontrado una fuerza mucho más importante.
Mientras tanto, en el fondo, Green ya estaba componiendo una balada épica sobre el naranja y el rosa, mientras Blue intentaba convencer a Yellow de que las orejas de lobo de Rose podrían ser una nueva forma de antena Wi-Fi. La rutina había vuelto a la normalidad, pero con un brillo celeste y rosa que prometía cambiarlo todo para siempre.
