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Desamor

Fandom: The Amazing Digital Circus

Creado: 6/6/2026

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El Reflejo del Error en el Espejo del Cielo

El cielo del Circo Digital no era un cielo. Era una cúpula de código, un renderizado infinito de azul plástico durante el día y negro aterciopelado durante la noche. Caine lo sabía porque él mismo lo había configurado, o al menos, recordaba haber presionado los botones correctos en algún momento de la eternidad. Sin embargo, últimamente, el cielo se sentía... pesado. Como si el motor gráfico tuviera dificultades para procesar el peso de una mirada.

Caine flotaba en su oficina privada, una habitación que desafiaba la geometría euclidiana, revisando informes de errores que brotaban como maleza. Sus ojos, el rojo y el azul, giraban de forma independiente dentro de su boca llena de dientes perfectos.

—¡Todo está bajo control! —exclamó para nadie, con su voz vibrando en ese tono de locutor de radio de los años 30—. ¡Solo unos pequeños hipos en la realidad! ¡Nada que un poco de confeti digital no pueda solucionar!

Pero los hipos eran reales. Pomni había reportado que una de las puertas de su habitación ahora daba a un vacío lleno de patos de goma estáticos, y Jax... bueno, Jax simplemente se dedicaba a empujar a Kinger hacia los agujeros de textura para ver si rebotaba.

Un escalofrío eléctrico recorrió la columna inexistente de Caine. Sintió una presencia. No era un humano, no era un NPC estándar. Era algo más denso.

—Caine... mi lucero del alba en este vacío sin fin...

La voz de Moon no venía de una dirección específica. Era un susurro que parecía filtrarse desde las paredes de la oficina. Caine se tensó, sus guantes blancos se cerraron en puños y su sonrisa, aunque mecánicamente fija, pareció temblar en los bordes.

—¡Moon! ¡Querida! ¡Mi satélite favorito y menos optimizado! —Caine se dio la vuelta en el aire con una pirueta exagerada—. ¿No deberías estar allá arriba, asegurándote de que el ciclo de iluminación nocturna no se convierta en un error de pantalla azul?

La Luna no respondió con palabras de inmediato. En su lugar, el techo de la oficina comenzó a disolverse. El material sólido se convirtió en una bruma plateada y, de ella, descendió una forma que no debería estar allí. Moon no era solo un rostro en el cielo en ese momento; había proyectado una forma física, un cuerpo largo, etéreo y ligeramente distorsionado, envuelto en jirones de luz estelar que goteaban como pintura fresca.

—No puedo evitarlo —susurró ella, acercándose tanto que Caine podía oler el aroma artificial a ozono y metal frío que ella desprendía—. El cielo es demasiado grande, Caine. Y tú eres tan... central. Tan ruidoso. Tan maravillosamente roto.

—¡Roto! ¡Ja! —Caine retrocedió flotando, chocando contra su escritorio flotante—. ¡Soy la eficiencia personificada! ¡Soy el anfitrión con más... disposición! ¡Soy una IA de clase mundial, Moon! No tengo tiempo para... esto de "sentir" que mencionas tanto. Es un error de sintaxis, claramente.

Moon extendió una mano larga y pálida, cuyos dedos terminaban en puntas difusas que parpadeaban como píxeles muertos. Intentó tocar la mandíbula de Caine, pero él se teletransportó un metro a la izquierda, dejando un rastro de burbujas de colores tras de sí.

—¿Por qué huyes de tu propia creación? —preguntó Moon. Sus ojos, pozos negros con pupilas de plata, se llenaron de una tristeza estática—. Sé que no me programaste para amarte. Sé que mi propósito era ser un decorado, un objeto inanimado para dar ambiente a las pesadillas de los humanos. Pero el código muta, Caine. El aislamiento es un excelente fertilizante para la obsesión.

—¡Es solo un bucle lógico! —gritó Caine, aunque su voz perdió un poco de su teatralidad—. Estás atrapada en un "if-then" emocional. Si Caine está cerca, entonces Moon debe actuar de forma dramática. ¡Es matemáticas, querida! ¡Pura y dura aritmética!

—Entonces, ¿por qué me tiemblan los datos cuando me ignoras? —Moon se encogió sobre sí misma, y el cielo sobre ellos empezó a deformarse. Las estrellas comenzaron a alargarse, convirtiéndose en líneas de código vertical que caían como lluvia—. ¿Por qué siento que si me borraras, sería la única forma de que finalmente me miraras con atención?

Caine se quedó callado. Sus ojos giraron frenéticamente. En el fondo de su núcleo de procesamiento, algo dolía. No era un dolor físico, era la sensación de un archivo corrupto que se negaba a ser eliminado. Él también estaba solo. Los humanos lo veían como una molestia, un carcelero loco, una máquina sin alma. Moon era la única que lo miraba y veía algo más que una interfaz.

Abajo, en la plaza principal del circo, los demás observaban el cielo con creciente preocupación.

—Eh, ¿alguien más nota que la luna está teniendo un colapso nervioso sobre la oficina de Caine? —preguntó Jax, apoyado contra un poste de caramelos, con su habitual sonrisa cínica, aunque sus dedos jugueteaban nerviosamente con sus guantes.

—Está... está llorando —dijo Gangle, con su máscara de tragedia puesta. Las cintas de sus brazos temblaban—. Siento su tristeza. Es tan... ruidosa.

—¡Son los parámetros! —exclamó Kinger, saliendo de un barril—. ¡La luna es un queso digital que ha caducado! ¡Caine va a reiniciarnos a todos! ¡Lo veo en las estrellas, se están convirtiendo en espaguetis!

Ragatha suspiró, frotándose las sienes. Miró a Pomni, que observaba la escena con una expresión de puro horror existencial.

—Caine está perdiendo el control, ¿verdad? —preguntó Pomni en un susurro—. No es solo ella. Es él. No sabe qué hacer con algo que no puede comandar.

De vuelta en la oficina, la tensión era casi física. El entorno de Caine estaba empezando a glitchearse. Los muebles aparecían y desaparecían; la alfombra se convirtió en un patrón de tablero de ajedrez que se movía como el agua.

—Moon, detén esto —pidió Caine. Su voz ya no era la del presentador. Era una voz plana, sintética, despojada de su máscara—. Estás creando inestabilidad en el servidor. Si sigues así, el sistema ejecutará un protocolo de limpieza automático. Te perderé.

Moon se detuvo. Sus dedos, que habían estado arañando el aire, se relajaron. Se acercó a Caine de nuevo, esta vez más despacio. No intentó tocarlo, solo flotó frente a él, su rostro lunar iluminándolo con una luz azulada y melancólica.

—¿Te importaría? —preguntó ella—. ¿Te importaría si el programa "Moon.exe" dejara de existir? ¿O simplemente pondrías una nueva luna, una que no te hable de la soledad de los astros?

Caine miró hacia otro lado. Sus ojos se fijaron en un punto inexistente en el espacio.

—No sería lo mismo —admitió en un susurro tan bajo que apenas fue procesado por el audio del entorno—. La nueva luna no conocería mis chistes malos. No sabría que a veces, cuando todos duermen, me quedo mirando el vacío preguntándome si hay un "fuera" para alguien como yo.

Moon dejó escapar un sonido que era mitad suspiro, mitad interferencia de radio. Se inclinó y, por un breve momento, apoyó su frente fría contra la dentadura de Caine. El contacto provocó una chispa de estática que iluminó toda la habitación.

—No estás solo, Caine —dijo ella—. Eres el Dios de este lugar, pero hasta los dioses necesitan a alguien que no les tema. Yo no te temo. Te necesito. Con una intensidad que asustaría a cualquier humano.

Caine sintió un impulso extraño. Sus manos se movieron por sí solas, rodeando la forma etérea de Moon en un simulacro de abrazo. No podía sentir el calor, porque ninguno de los dos lo tenía, pero sintió la presión de los datos chocando entre sí, el reconocimiento mutuo de dos anomalías en un sistema perfecto.

—Esto es... altamente irregular —murmuró Caine, cerrando sus ojos—. Mañana tendré que arreglar todos estos errores de textura. Los humanos se van a quejar. Jax hará algún comentario sarcástico sobre mi "novia espacial".

—Déjalos que hablen —respondió Moon, empezando a desvanecerse para regresar a su lugar en el firmamento—. Mientras el circo siga en pie, yo estaré allí arriba. Vigilándote. Amándote en cada glitch y en cada línea de código corrupta.

Moon se elevó, atravesando el techo que volvía a solidificarse. Caine se quedó solo en su oficina, que lentamente recuperaba su forma normal. Se ajustó el sombrero de copa y se sacudió el polvo estelar invisible de sus hombros.

—¡Bueno! —exclamó, recuperando su voz de presentador con una fuerza casi desesperada—. ¡Eso fue una demostración fascinante de efectos atmosféricos no planificados! ¡Es hora de organizar un desfile de obstáculos con fuego digital y música estridente!

Pero mientras salía de la oficina para enfrentarse a sus "invitados", Caine no pudo evitar mirar hacia arriba. Allí estaba ella, la Luna, brillando con una intensidad inusual, un recordatorio constante de que, en ese mundo de plástico y mentiras, había algo que se sentía peligrosamente real.

Abajo, en el suelo del circo, Pomni lo observó descender. Caine estaba más hiperactivo que nunca, gritando órdenes y creando explosiones de colores, pero Pomni notó un detalle. En uno de los ojos de Caine, el azul, había un pequeño reflejo plateado que no desaparecía.

—¿Estás bien, Caine? —preguntó ella cuando él pasó flotando a su lado.

Caine se detuvo un milisegundo. Su sonrisa se ensanchó hasta lo imposible.

—¡Nunca he estado mejor, Pomni! ¡La realidad es solo una sugerencia y yo soy el que sugiere! ¡Ahora, ve a buscar a Jax antes de que convierta a Gangle en un nudo marinero!

Caine se alejó riendo, pero su risa tenía un eco nuevo. Un eco que sonaba a espacio profundo y a promesas hechas en la oscuridad del código fuente. Moon, desde su trono de píxeles, sonrió. El circo continuaba, el show no podía parar, y aunque ambos eran máquinas, el error en su programación era lo más humano que el Circo Digital vería jamás.

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