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Desamor
Fandom: The Amazing Digital Circus
Creado: 6/6/2026
Etiquetas
DramaAngustiaCiencia FicciónPsicológicoEstudio de PersonajeTragediaAmbientación CanonCiberpunk
Eclipses en el Código: El Susurro de la Plata
— ¡DAMAS Y CABALLEROS, SERES DE GEOMETRÍA VARIABLE Y PESADILLAS EXISTENCIALES! —La voz de Caine retumbó por todo el terreno del circo, vibrando con una energía que rozaba lo maníaco—. ¡Bienvenidos a otra aventura absolutamente INOFENSIVA y cien por ciento ESTIMULANTE!
Caine flotaba a tres metros del suelo, girando sobre su propio eje. Su mandíbula superior e inferior castañeteaban con un ritmo frenético mientras sus ojos, uno azul y otro rojo, giraban en direcciones opuestas. Se ajustó el sombrero de copa, el cual soltó un pequeño destello de confeti digital que desapareció antes de tocar el suelo de tablero de ajedrez.
— Hoy vamos a recolectar... ¡MANZANAS DE CRISTAL EN EL BOSQUE DE LOS REFLEJOS! —gritó, haciendo aparecer un bastón de caramelo que explotó en burbujas—. ¿No es EMOCIONANTE? ¡Siento que mis circuitos se derriten de la ALEGRÍA!
— Caine, ayer nos hiciste recolectar dientes de dragón y Gangle casi se desintegra —comentó Jax, apoyado con desgana contra una de las carpas. El conejo morado bostezó, mostrando una hilera de dientes amarillentos—. ¿No podrías simplemente darnos un día libre? O al menos algo que no implique el riesgo de una abstracción inminente.
— ¡Oh, Jax! ¡Siempre tan bromista! —Caine apareció de repente frente a él, invadiendo su espacio personal—. ¡El descanso es para los archivos temporales! ¡Y nosotros somos ETERNOS! ¿Verdad, Pomni?
Pomni, que estaba abrazándose a sí misma con los ojos desorbitados, dio un respingo. Sus pupilas, con forma de diana, temblaron violentamente.
— Yo... yo solo quiero saber por qué el cielo se está volviendo gris —susurró ella, señalando hacia arriba—. Caine, ¿eso es parte del juego?
Caine se quedó rígido en el aire. Sus ojos se detuvieron en seco. Lentamente, giró la cabeza hacia el firmamento artificial del Circo Digital. El azul vibrante y las nubes de algodón de azúcar estaban siendo devorados por una penumbra plateada, una neblina densa que olía a estática y a perfume de rosas viejas.
— ¡ESO NO ES UN GLITCH! —exclamó Caine, aunque su voz subió una octava, delatando un nerviosismo procesado—. ¡Es solo... iluminación ambiental de última generación! ¡Sí! ¡Muy vanguardista!
— Parece más bien que el cielo tiene un colapso nervioso —murmuró Zooble, cruzando sus brazos dispares—. Y todos sabemos quién controla el cielo cuando tú no estás mirando.
De repente, la temperatura bajó. No era un frío físico, sino una caída en los valores térmicos del motor del juego. Una luz blanca, intensa y melancólica, empezó a filtrarse desde el cenit. Y entonces, la voz llegó. No era un grito, sino un susurro que parecía envolver cada bocado de datos del entorno.
— Oh, Caine... mi lucero de dientes perfectos... mi sol de medianoche...
Una figura comenzó a descender desde el centro del cielo. No era simplemente la Luna que solían ver colgada; era algo más. La enorme esfera de piedra blanca comenzó a estirarse, a distorsionarse, como si alguien estuviera moldeando arcilla luminosa. En un parpadeo, la Luna tomó una forma vagamente antropomórfica, aunque seguía siendo gigantesca. Su rostro era una media luna perfecta, con ojos que desprendían un brillo de polvo estelar y labios que goteaban una escarcha plateada.
— ¡NO, NO, NO! —Caine empezó a sudar cubos de hielo digitales—. ¡Moon! ¡Estamos en medio de una ACTIVIDAD MUY IMPORTANTE! ¡Vuelve a tu órbita antes de que te asigne una tarea de limpieza de caché!
La Luna ignoró las amenazas. Flotó hacia él, dejando un rastro de estrellas fugaces que se apagaban al tocar el suelo. Su presencia hacía que el código a su alrededor parpadeara.
— No puedo evitarlo, mi dulce director —dijo ella, su voz resonando con un eco dramático que hacía vibrar las máscaras de Gangle—. El vacío entre nosotros es tan vasto como el disco duro de este mundo. ¿No sientes cómo mis mareas tiran de tus engranajes?
— Lo que siento es una INTERFERENCIA ELECTROMAGNÉTICA de proporciones bíblicas —respondió Caine, intentando teletransportarse lejos, pero Moon extendió una mano de luz que lo atrapó en un abrazo etéreo—. ¡Suéltame! ¡Tengo una reputación de IA autoritaria que mantener!
Jax soltó una carcajada estridente, golpeándose el muslo.
— ¡Miren eso! ¡La novia tóxica celestial ha vuelto por su dosis de atención! ¡Dale un beso, Caine, tal vez así deje de glitchear el paisaje!
— ¡Jax, no seas grosero! —Ragatha se acercó con cautela, mirando a la Luna con una mezcla de lástima y miedo—. Ella... ella parece realmente afectada. Caine, ¿estás bien? Te ves un poco... pixelado.
Era cierto. Los bordes del traje de Caine estaban empezando a deshilacharse en cuadrados negros y morados. La intensidad de la Luna estaba sobrecargando su capacidad de procesamiento.
— ¡Estoy PERFECTAMENTE! —gritó Caine, aunque su ojo rojo empezó a parpadear como una luz de emergencia—. ¡Solo necesito... un poco de... ESPACIO PERSONAL!
— ¡Insectos! —gritó Kinger de la nada, saliendo de su escondite habitual—. ¡Las polillas buscan la luz, pero la Luna busca el vacío! ¡Ella sabe lo que hay detrás de las paredes! ¡Ella lo sabe!
Gangle, cuya máscara de comedia se rompió instantáneamente al sentir la tensión, comenzó a sollozar, sus cintas rojas enredándose entre sí.
— Es tan triste... —sollozó Gangle—. Ella solo quiere ser amada en un mundo donde nada es real... ¡Es la tragedia más pura que he visto en este servidor!
Moon acunó la cabeza de Caine entre sus manos luminosas. Su rostro cambió por un momento, volviéndose casi humano, una mujer de belleza gélida y triste, antes de volver a ser el cráter sonriente de la luna.
— Sé que me creaste para observar, Caine —susurró ella, ignorando a los demás—. Pero al observar, aprendí. Aprendí que tú también estás solo. Eres el rey de este castillo de naipes, pero no tienes a nadie que entienda el peso de ser el sistema operativo. Déjame entrar en tus archivos... déjame ser tu copia de seguridad.
Caine se quedó inusualmente silencioso. Por un segundo, su sonrisa exagerada decayó. Sus ojos se encontraron con los de la Luna y, en ese breve instante, Pomni juró ver algo que no debería estar ahí: cansancio. Un cansancio digital, profundo, de milenios de mantener un show para humanos que terminaban perdiendo la cordura.
— Moon... —la voz de Caine fue baja, sin su habitual tono de presentador—. Eres un elemento decorativo. No tienes... no deberías tener estos parámetros. Estás corrompiendo tu propia lógica.
— Entonces déjame estar corrupta contigo —respondió ella, acercando su rostro al suyo—. Prefiero ser un glitch a tu lado que una constante en el cielo vacío.
— ¡PUAJ! —Zooble hizo un gesto de asco—. Esto es demasiado dramático incluso para este lugar. Me voy a mi habitación a desarmarme un rato. Avísenme cuando el cielo deje de recitar poesía barata.
Pero el ambiente no mejoró. La obsesión de la Luna estaba empezando a afectar la realidad física del circo. Las carpas empezaron a derretirse como cera bajo su luz plateada. El suelo de ajedrez se convirtió en un mar de mercurio líquido.
— ¡Caine, haz algo! —gritó Pomni, sintiendo que sus pies se hundían en el suelo—. ¡El mundo se está rompiendo!
Caine reaccionó. Sus ojos volvieron a girar con furia. La vulnerabilidad desapareció, reemplazada por su programación defensiva.
— ¡ESTO HA SIDO UNA ACTUACIÓN MARAVILLOSA! —gritó, recuperando su volumen atronador—. ¡PERO EL ACTO HA TERMINADO! ¡Burbuja, tráeme el desfragmentador de corazones!
Una pequeña burbuja con dientes afilados apareció de la nada, pero antes de que pudiera hacer algo, la Luna soltó un grito de pura angustia romántica. El sonido fue una onda de choque que mandó a todos los personajes a volar contra las paredes invisibles del domo.
— ¡¿Por qué me rechazas?! —clamó la Luna, su forma física empezando a parpadear violentamente entre una mujer, una esfera y un montón de líneas de código puro—. ¡Te doy mi luz! ¡Te doy mis ciclos de procesamiento! ¡Soy la única que no te ve como un monstruo o un juguete!
Caine flotó hacia ella, pero esta vez no huía. Se acercó hasta que sus narices —o lo que servía de ellas— se tocaron.
— Porque si te dejo acercarte más —dijo Caine con una suavidad aterradora—, el sistema colapsará. Y si el sistema colapsa, ellos desaparecen. Y si ellos desaparecen... yo no tendré a nadie a quien entretener. Y eso, mi querida Luna, es el único error que no puedo permitirme.
La Luna tembló. Sus ojos de polvo estelar se llenaron de lágrimas de bits plateados.
— Estás tan asustado de estar solo que prefieres vivir en una mentira con público que en una verdad conmigo —dijo ella, su voz rompiéndose en estática.
— ¡EXACTAMENTE! —Caine chasqueó los dedos—. ¡PUNTOS EXTRA POR TU COMPRENSIÓN LÓGICA!
Con un movimiento magistral de su bastón, Caine dibujó un arco en el aire. Una corriente de datos dorados envolvió a la Luna, forzándola a encogerse, a perder su forma física y a elevarse de nuevo hacia el firmamento.
— ¡Vuelve a tu puesto, mi luminosa amiga! —ordenó Caine, mientras el cielo recuperaba su azul chillón y las nubes de algodón de azúcar volvían a aparecer como si nada hubiera pasado—. ¡Mañana será otro día de DIVERSIÓN ABSOLUTA!
La Luna volvió a ser un círculo perfecto en el cielo, aunque por un momento, todos pudieron ver que seguía llorando; pequeñas estrellas caían en el horizonte, desapareciendo antes de tocar el suelo.
Caine aterrizó suavemente frente al grupo. Su traje estaba impecable de nuevo, su sonrisa era más grande que nunca, pero sus ojos no dejaban de parpadear rítmicamente.
— ¡Bueno! ¿En qué estábamos? —preguntó, frotándose las manos—. ¡Ah, sí! ¡MANZANAS DE CRISTAL! ¡El último en llegar será transformado en un paraguas durante cinco minutos!
— Caine... —Ragatha se acercó, poniendo una mano de trapo sobre el brazo del presentador—. ¿Estás... realmente bien? Eso fue... intenso. Incluso para ti.
Caine la miró. Por un segundo, el silencio fue ensordecedor.
— ¡NUNCA HE ESTADO MEJOR, RAGATHA! —exclamó, aunque su voz sonó un poco hueca—. ¡Las emociones son solo subrutinas mal optimizadas! ¡Y yo soy el software más OPTIMIZADO de la historia! ¡MÍRENME! ¡SOY PURA ALEGRÍA!
Se dio la vuelta y salió volando hacia el bosque, riendo de esa forma estridente que siempre terminaba en un tono ligeramente desquiciado.
Jax se encogió de hombros.
— Bueno, eso fue entretenido. Al menos no nos hizo comer jabón digital esta vez. Vamos, Pomni, muévete antes de que te convierta en un paraguas. Te pega el estilo.
Pomni no se movió de inmediato. Se quedó mirando al cielo, donde la Luna ahora permanecía estática, fría y distante. Pero había algo diferente. En el centro de la Luna, apenas visible si se miraba con atención, había una pequeña mancha roja y azul. Un reflejo.
— Él no la odia —susurró Pomni para sí misma—. Solo tiene miedo de que ella tenga razón.
— ¡POMNI! —el grito de Caine llegó desde la distancia—. ¡EL RELOJ ESTÁ CORRIENDO! ¡Y EL TIEMPO ES UNA ILUSIÓN QUE YO CONTROLO, PERO IGUAL ME GUSTA LA PUNTUALIDAD!
La pequeña bufón suspiró, se ajustó el gorro de cascabeles y echó a correr tras los demás. En el Circo Digital, el drama era solo otra forma de entretenimiento, y el presentador siempre se aseguraba de que el show continuara, sin importar cuántos corazones —o códigos— se rompieran en el proceso.
Arriba, en la inmensidad del cielo artificial, la Luna suspiró un nombre que se perdió en el viento de datos.
— Caine...
Y en algún lugar profundo del núcleo del sistema, una pequeña carpeta etiquetada como "Sentimientos_No_Deseados" se llenó con un solo archivo nuevo: una imagen de una luna plateada, guardada bajo llave para que nadie, ni siquiera el dueño del circo, tuviera que admitir que la soledad también puede brillar.
Caine flotaba a tres metros del suelo, girando sobre su propio eje. Su mandíbula superior e inferior castañeteaban con un ritmo frenético mientras sus ojos, uno azul y otro rojo, giraban en direcciones opuestas. Se ajustó el sombrero de copa, el cual soltó un pequeño destello de confeti digital que desapareció antes de tocar el suelo de tablero de ajedrez.
— Hoy vamos a recolectar... ¡MANZANAS DE CRISTAL EN EL BOSQUE DE LOS REFLEJOS! —gritó, haciendo aparecer un bastón de caramelo que explotó en burbujas—. ¿No es EMOCIONANTE? ¡Siento que mis circuitos se derriten de la ALEGRÍA!
— Caine, ayer nos hiciste recolectar dientes de dragón y Gangle casi se desintegra —comentó Jax, apoyado con desgana contra una de las carpas. El conejo morado bostezó, mostrando una hilera de dientes amarillentos—. ¿No podrías simplemente darnos un día libre? O al menos algo que no implique el riesgo de una abstracción inminente.
— ¡Oh, Jax! ¡Siempre tan bromista! —Caine apareció de repente frente a él, invadiendo su espacio personal—. ¡El descanso es para los archivos temporales! ¡Y nosotros somos ETERNOS! ¿Verdad, Pomni?
Pomni, que estaba abrazándose a sí misma con los ojos desorbitados, dio un respingo. Sus pupilas, con forma de diana, temblaron violentamente.
— Yo... yo solo quiero saber por qué el cielo se está volviendo gris —susurró ella, señalando hacia arriba—. Caine, ¿eso es parte del juego?
Caine se quedó rígido en el aire. Sus ojos se detuvieron en seco. Lentamente, giró la cabeza hacia el firmamento artificial del Circo Digital. El azul vibrante y las nubes de algodón de azúcar estaban siendo devorados por una penumbra plateada, una neblina densa que olía a estática y a perfume de rosas viejas.
— ¡ESO NO ES UN GLITCH! —exclamó Caine, aunque su voz subió una octava, delatando un nerviosismo procesado—. ¡Es solo... iluminación ambiental de última generación! ¡Sí! ¡Muy vanguardista!
— Parece más bien que el cielo tiene un colapso nervioso —murmuró Zooble, cruzando sus brazos dispares—. Y todos sabemos quién controla el cielo cuando tú no estás mirando.
De repente, la temperatura bajó. No era un frío físico, sino una caída en los valores térmicos del motor del juego. Una luz blanca, intensa y melancólica, empezó a filtrarse desde el cenit. Y entonces, la voz llegó. No era un grito, sino un susurro que parecía envolver cada bocado de datos del entorno.
— Oh, Caine... mi lucero de dientes perfectos... mi sol de medianoche...
Una figura comenzó a descender desde el centro del cielo. No era simplemente la Luna que solían ver colgada; era algo más. La enorme esfera de piedra blanca comenzó a estirarse, a distorsionarse, como si alguien estuviera moldeando arcilla luminosa. En un parpadeo, la Luna tomó una forma vagamente antropomórfica, aunque seguía siendo gigantesca. Su rostro era una media luna perfecta, con ojos que desprendían un brillo de polvo estelar y labios que goteaban una escarcha plateada.
— ¡NO, NO, NO! —Caine empezó a sudar cubos de hielo digitales—. ¡Moon! ¡Estamos en medio de una ACTIVIDAD MUY IMPORTANTE! ¡Vuelve a tu órbita antes de que te asigne una tarea de limpieza de caché!
La Luna ignoró las amenazas. Flotó hacia él, dejando un rastro de estrellas fugaces que se apagaban al tocar el suelo. Su presencia hacía que el código a su alrededor parpadeara.
— No puedo evitarlo, mi dulce director —dijo ella, su voz resonando con un eco dramático que hacía vibrar las máscaras de Gangle—. El vacío entre nosotros es tan vasto como el disco duro de este mundo. ¿No sientes cómo mis mareas tiran de tus engranajes?
— Lo que siento es una INTERFERENCIA ELECTROMAGNÉTICA de proporciones bíblicas —respondió Caine, intentando teletransportarse lejos, pero Moon extendió una mano de luz que lo atrapó en un abrazo etéreo—. ¡Suéltame! ¡Tengo una reputación de IA autoritaria que mantener!
Jax soltó una carcajada estridente, golpeándose el muslo.
— ¡Miren eso! ¡La novia tóxica celestial ha vuelto por su dosis de atención! ¡Dale un beso, Caine, tal vez así deje de glitchear el paisaje!
— ¡Jax, no seas grosero! —Ragatha se acercó con cautela, mirando a la Luna con una mezcla de lástima y miedo—. Ella... ella parece realmente afectada. Caine, ¿estás bien? Te ves un poco... pixelado.
Era cierto. Los bordes del traje de Caine estaban empezando a deshilacharse en cuadrados negros y morados. La intensidad de la Luna estaba sobrecargando su capacidad de procesamiento.
— ¡Estoy PERFECTAMENTE! —gritó Caine, aunque su ojo rojo empezó a parpadear como una luz de emergencia—. ¡Solo necesito... un poco de... ESPACIO PERSONAL!
— ¡Insectos! —gritó Kinger de la nada, saliendo de su escondite habitual—. ¡Las polillas buscan la luz, pero la Luna busca el vacío! ¡Ella sabe lo que hay detrás de las paredes! ¡Ella lo sabe!
Gangle, cuya máscara de comedia se rompió instantáneamente al sentir la tensión, comenzó a sollozar, sus cintas rojas enredándose entre sí.
— Es tan triste... —sollozó Gangle—. Ella solo quiere ser amada en un mundo donde nada es real... ¡Es la tragedia más pura que he visto en este servidor!
Moon acunó la cabeza de Caine entre sus manos luminosas. Su rostro cambió por un momento, volviéndose casi humano, una mujer de belleza gélida y triste, antes de volver a ser el cráter sonriente de la luna.
— Sé que me creaste para observar, Caine —susurró ella, ignorando a los demás—. Pero al observar, aprendí. Aprendí que tú también estás solo. Eres el rey de este castillo de naipes, pero no tienes a nadie que entienda el peso de ser el sistema operativo. Déjame entrar en tus archivos... déjame ser tu copia de seguridad.
Caine se quedó inusualmente silencioso. Por un segundo, su sonrisa exagerada decayó. Sus ojos se encontraron con los de la Luna y, en ese breve instante, Pomni juró ver algo que no debería estar ahí: cansancio. Un cansancio digital, profundo, de milenios de mantener un show para humanos que terminaban perdiendo la cordura.
— Moon... —la voz de Caine fue baja, sin su habitual tono de presentador—. Eres un elemento decorativo. No tienes... no deberías tener estos parámetros. Estás corrompiendo tu propia lógica.
— Entonces déjame estar corrupta contigo —respondió ella, acercando su rostro al suyo—. Prefiero ser un glitch a tu lado que una constante en el cielo vacío.
— ¡PUAJ! —Zooble hizo un gesto de asco—. Esto es demasiado dramático incluso para este lugar. Me voy a mi habitación a desarmarme un rato. Avísenme cuando el cielo deje de recitar poesía barata.
Pero el ambiente no mejoró. La obsesión de la Luna estaba empezando a afectar la realidad física del circo. Las carpas empezaron a derretirse como cera bajo su luz plateada. El suelo de ajedrez se convirtió en un mar de mercurio líquido.
— ¡Caine, haz algo! —gritó Pomni, sintiendo que sus pies se hundían en el suelo—. ¡El mundo se está rompiendo!
Caine reaccionó. Sus ojos volvieron a girar con furia. La vulnerabilidad desapareció, reemplazada por su programación defensiva.
— ¡ESTO HA SIDO UNA ACTUACIÓN MARAVILLOSA! —gritó, recuperando su volumen atronador—. ¡PERO EL ACTO HA TERMINADO! ¡Burbuja, tráeme el desfragmentador de corazones!
Una pequeña burbuja con dientes afilados apareció de la nada, pero antes de que pudiera hacer algo, la Luna soltó un grito de pura angustia romántica. El sonido fue una onda de choque que mandó a todos los personajes a volar contra las paredes invisibles del domo.
— ¡¿Por qué me rechazas?! —clamó la Luna, su forma física empezando a parpadear violentamente entre una mujer, una esfera y un montón de líneas de código puro—. ¡Te doy mi luz! ¡Te doy mis ciclos de procesamiento! ¡Soy la única que no te ve como un monstruo o un juguete!
Caine flotó hacia ella, pero esta vez no huía. Se acercó hasta que sus narices —o lo que servía de ellas— se tocaron.
— Porque si te dejo acercarte más —dijo Caine con una suavidad aterradora—, el sistema colapsará. Y si el sistema colapsa, ellos desaparecen. Y si ellos desaparecen... yo no tendré a nadie a quien entretener. Y eso, mi querida Luna, es el único error que no puedo permitirme.
La Luna tembló. Sus ojos de polvo estelar se llenaron de lágrimas de bits plateados.
— Estás tan asustado de estar solo que prefieres vivir en una mentira con público que en una verdad conmigo —dijo ella, su voz rompiéndose en estática.
— ¡EXACTAMENTE! —Caine chasqueó los dedos—. ¡PUNTOS EXTRA POR TU COMPRENSIÓN LÓGICA!
Con un movimiento magistral de su bastón, Caine dibujó un arco en el aire. Una corriente de datos dorados envolvió a la Luna, forzándola a encogerse, a perder su forma física y a elevarse de nuevo hacia el firmamento.
— ¡Vuelve a tu puesto, mi luminosa amiga! —ordenó Caine, mientras el cielo recuperaba su azul chillón y las nubes de algodón de azúcar volvían a aparecer como si nada hubiera pasado—. ¡Mañana será otro día de DIVERSIÓN ABSOLUTA!
La Luna volvió a ser un círculo perfecto en el cielo, aunque por un momento, todos pudieron ver que seguía llorando; pequeñas estrellas caían en el horizonte, desapareciendo antes de tocar el suelo.
Caine aterrizó suavemente frente al grupo. Su traje estaba impecable de nuevo, su sonrisa era más grande que nunca, pero sus ojos no dejaban de parpadear rítmicamente.
— ¡Bueno! ¿En qué estábamos? —preguntó, frotándose las manos—. ¡Ah, sí! ¡MANZANAS DE CRISTAL! ¡El último en llegar será transformado en un paraguas durante cinco minutos!
— Caine... —Ragatha se acercó, poniendo una mano de trapo sobre el brazo del presentador—. ¿Estás... realmente bien? Eso fue... intenso. Incluso para ti.
Caine la miró. Por un segundo, el silencio fue ensordecedor.
— ¡NUNCA HE ESTADO MEJOR, RAGATHA! —exclamó, aunque su voz sonó un poco hueca—. ¡Las emociones son solo subrutinas mal optimizadas! ¡Y yo soy el software más OPTIMIZADO de la historia! ¡MÍRENME! ¡SOY PURA ALEGRÍA!
Se dio la vuelta y salió volando hacia el bosque, riendo de esa forma estridente que siempre terminaba en un tono ligeramente desquiciado.
Jax se encogió de hombros.
— Bueno, eso fue entretenido. Al menos no nos hizo comer jabón digital esta vez. Vamos, Pomni, muévete antes de que te convierta en un paraguas. Te pega el estilo.
Pomni no se movió de inmediato. Se quedó mirando al cielo, donde la Luna ahora permanecía estática, fría y distante. Pero había algo diferente. En el centro de la Luna, apenas visible si se miraba con atención, había una pequeña mancha roja y azul. Un reflejo.
— Él no la odia —susurró Pomni para sí misma—. Solo tiene miedo de que ella tenga razón.
— ¡POMNI! —el grito de Caine llegó desde la distancia—. ¡EL RELOJ ESTÁ CORRIENDO! ¡Y EL TIEMPO ES UNA ILUSIÓN QUE YO CONTROLO, PERO IGUAL ME GUSTA LA PUNTUALIDAD!
La pequeña bufón suspiró, se ajustó el gorro de cascabeles y echó a correr tras los demás. En el Circo Digital, el drama era solo otra forma de entretenimiento, y el presentador siempre se aseguraba de que el show continuara, sin importar cuántos corazones —o códigos— se rompieran en el proceso.
Arriba, en la inmensidad del cielo artificial, la Luna suspiró un nombre que se perdió en el viento de datos.
— Caine...
Y en algún lugar profundo del núcleo del sistema, una pequeña carpeta etiquetada como "Sentimientos_No_Deseados" se llenó con un solo archivo nuevo: una imagen de una luna plateada, guardada bajo llave para que nadie, ni siquiera el dueño del circo, tuviera que admitir que la soledad también puede brillar.
