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Everon y Giga

Fandom: Jujutsu kaisen y Umamusume

Creado: 6/6/2026

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El Umbral de la Evolución: Entre la Pista y el Infierno

La Academia Tracen, usualmente un hervidero de risas, cascos resonando contra el pavimento y el aroma dulce de la victoria en las pistas, se había transformado en un mausoleo de silencio sepulcral. En el gran auditorio y en cada televisor de los dormitorios, las pantallas parpadeaban con una señal que no debería existir. No era una carrera, no era un concierto de "Winning Live". Era un mensaje de Kenjaku.

—Bienvenidos, habitantes de este mundo —la voz del hombre con la cicatriz en la frente resonaba con una calma aterradora—. Lo que están a punto de presenciar no es un espectáculo, sino el nacimiento de la nueva Época Dorada de la Hechicería. El caos es el fertilizante del potencial humano. Disfruten de la evolución.

Kogane, esa pequeña criatura alada y mecánica, apareció en las esquinas de las pantallas, desplegando ventanas de datos. Explicó conceptos que desafiaban la lógica: Energía Maldita, Técnicas Malditas, y la jerarquía de Grados. "Grado 4: un bate de madera es suficiente. Grado 1: incluso un tanque podría no bastar".

En la primera fila del salón principal, T.M. Opera O apretaba los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. A su lado, Meisho Doto sollozaba en silencio, mientras Rice Shower se abrazaba a sus propias rodillas, temblando.

—¿Entrenador? —susurró Haru Urara, con sus ojos usualmente brillantes empañados por la confusión—. ¿Por qué el Entrenador Everon está en la televisión? ¡Él debería estar aquí para nuestra práctica de la tarde!

En otra sección, el equipo de Giga estaba igual de devastado. Nice Nature miraba la pantalla con una expresión de vacío absoluto. Twin Turbo golpeaba el suelo con frustración, gritando que quería ir a buscarlo, mientras Grass Wonder y El Cóndor Pasa mantenían una compostura tensa, aunque sus colas delataban su ansiedad nerviosa.

—¡Miren! —gritó Symboli Rudolf, la Presidenta del Consejo Estudiantil, cuya voz autoritaria apenas lograba ocultar su preocupación—. La transmisión se divide. Son ellos.

***

Colonia Tokyo 1.

Everon sintió que su cerebro iba a estallar. El dolor era una presión constante detrás de sus ojos, como si alguien estuviera inyectando gigabytes de información cruda directamente en sus neuronas. "Técnica de Proyección de Cuadros", decía una voz en su instinto. "Divide un segundo en veinticuatro cuadros. Traza el camino. No rompas la regla".

—¿Dónde... dónde estoy? —jadeó el joven de diecinueve años.

Su cabello negro estaba revuelto y su ropa de entrenamiento de Tracen estaba sucia por la caída. Se encontraba en medio de una calle desolada de Shinjuku, rodeada por un velo negro opaco que se alzaba hasta el cielo. Recordaba estar caminando hacia los establos y, de repente, una punzada en la nuca y el vacío.

De repente, el aire se volvió pesado. Frente a él, una criatura de pesadilla surgió de un callejón. Era una masa de carne con múltiples ojos y extremidades largas que goteaban un líquido púrpura. Una maldición de grado bajo, pero para un humano normal, era la muerte encarnada.

—¡Ayuda! —gritó una mujer desde un escaparate roto cercano. Había civiles atrapados que no habían logrado salir antes de que las barreras se cerraran.

Everon sintió que el pánico le cerraba la garganta. Su ansiedad social, esa vieja enemiga, intentó arrastrarlo al suelo. "No puedo hacer esto. Solo soy un entrenador. Solo soy un humano que quería correr". Pero entonces, recordó a Opera O. Recordó su magnificencia en la pista. Siempre le había dicho que él era el director de su teatro.

—Si no me muevo... —susurró Everon, sintiendo cómo una corriente de energía fría empezaba a fluir desde su estómago—. Si no me muevo, moriré. ¡Y ellas se quedarán solas!

La maldición saltó.

En la pantalla de Tracen, miles de chicas contuvieron el aliento.

—¡ENTRENADOR, CORRA! —gritó Haru Urara a la pantalla.

Pero Everon no corrió. Al menos, no de forma normal. Su cuerpo pareció vibrar. En su mente, trazó una trayectoria de veinticuatro pasos. La energía maldita, instintivamente, reforzó sus piernas.

*¡Flash!*

En un abrir y cerrar de ojos, Everon ya no estaba donde la maldición aterrizó. Estaba diez metros detrás de ella. No sabía cómo, pero su cuerpo se sentía ligero, casi como si el tiempo se hubiera ralentizado para él.

—¿Qué fue eso? —preguntó Oguri Cap en la academia, dejando caer su dónut—. Se movió... como una de nosotras. No, fue más rápido.

—Es su técnica —explicó la Directora Yayoi Akikawa, con el abanico cerrado firmemente—. Kogane lo está explicando en los subtítulos. "Proyección de Cuadros". Está convirtiendo su deseo de correr en una realidad física mediante la hechicería.

***

Colonia Tokyo 2.

Giga, un año mayor que Everon y con una mirada mucho más afilada, aterrizó de pie, aunque sus piernas temblaron por el impacto. A diferencia del pánico de Everon, la mente de Giga se movía con una frialdad analítica. La información que recibió le decía una cosa: "Manipulación de Sangre".

—Así que esto es lo que ese tipo de la cicatriz quería —gruñó Giga, limpiándose un rastro de sangre que bajaba por su frente debido al dolor de cabeza inicial—. Un juego de supervivencia.

Se encontraba cerca de los muelles. El olor a salitre se mezclaba con el hedor de la muerte. Tres hombres, jugadores despertados con miradas desquiciadas, lo rodearon.

—Vaya, otro novato —dijo uno, cuya mano brillaba con una luz amarillenta—. Danos tus puntos, niño, y quizás te matemos rápido.

Giga pensó en sus chicas. En la terquedad de Twin Turbo y en la calma de Grass Wonder. Él siempre les decía que la clave para ganar era el control absoluto del ritmo de la carrera, el control del propio cuerpo.

—Manipular el cuerpo... —murmuró Giga. Juntó sus palmas y presionó la sangre que salía de su frente—. Si puedo controlar el flujo, puedo controlar el resultado.

—¡No nos ignores! —el atacante se lanzó hacia él.

Giga no retrocedió. Usando el refuerzo de energía maldita que su instinto le dictaba, endureció la sangre en sus manos, dándole la forma de pequeñas esferas comprimidas.

—*¡Piercing Blood!* —no, aún no era tan potente, pero lanzó un chorro de sangre a alta presión que atravesó el hombro del atacante como una bala.

—¡AAAAGH! —el hombre cayó al suelo, gritando.

Giga respiraba con dificultad. Su reserva de energía era inmensa, comparable a la de un hechicero de grado 1, pero su eficiencia era un desastre. Sentía que cada ataque le drenaba la vida.

En Tracen, Nice Nature tenía las manos entrelazadas sobre su pecho.

—Giga... siempre tan imprudente —susurró con lágrimas en los ojos—. Por favor, no intentes ser un héroe solo por nosotras.

***

—¡Mira eso, Gold Ship! —gritó Mejiro McQueen, señalando la pantalla de Everon—. ¡Está rescatando a esos civiles!

Everon, en la Colonia 1, estaba usando su velocidad para sacar a una familia de un edificio que estaba siendo atacado por maldiciones de grado 2. No sabía pelear, no realmente. Sus movimientos eran torpes, pero su velocidad era tan absoluta que las maldiciones simplemente no podían tocarlo. Cada vez que se movía, el aire estallaba con un sonido sónico.

—¡Tengo que sacarlos de aquí! —gritó Everon, cargando a un niño mientras su técnica lo impulsaba a través de las calles—. ¡Kogane! ¡Dime dónde está la salida!

—¡Las reglas son las reglas, jugador Everon! —chilló el pequeño ser flotante—. ¡Nadie sale de la colonia a menos que se añada una regla! ¡Tienes que conseguir 100 puntos! ¡Cada hechicero vale 5 puntos, cada no hechicero 1 punto!

Everon se detuvo en seco, dejando a la familia en un lugar seguro temporalmente. Sus ojos se abrieron con horror.

—¿Tengo que... matar? —su voz tembló.

En la pantalla, la expresión de Everon rompió el corazón de las Umamusumes. Él era el chico que se disculpaba por llegar cinco minutos tarde, el que les llevaba dulces cuando estaban tristes. No era un asesino.

—No lo hará —dijo T.M. Opera O, poniéndose de pie con su capa ondeando dramáticamente, aunque sus ojos estaban llenos de una tristeza profunda—. Mi entrenador encontrará otra forma. Él siempre encuentra el camino hacia el final de la carrera sin pisotear a los demás.

***

Mientras tanto, en las sombras de las colonias, otros jugadores observaban las transmisiones. Hechiceros antiguos encarnados en cuerpos modernos miraban con desprecio o curiosidad a estos dos nuevos "entrenadores". Para ellos, eran solo carne de cañón con técnicas interesantes.

Pero para la Academia Tracen, eran su única conexión con un mundo que se estaba desmoronando. Tazuna-san, la secretaria, estaba al teléfono intentando contactar a las autoridades, pero las comunicaciones estaban bloqueadas por los velos.

—Directora —dijo Tazuna con voz grave—, no es solo que estén participando. La gente en internet está empezando a apostar por sus vidas. Los humanos están viendo esto como un reality show de horror.

—Lo sé —respondió Akikawa, apretando su abanico con tanta fuerza que la madera crujió—. Pero nuestras chicas no los ven así. Ellas están aprendiendo. Miren sus ojos.

Las Umamusumes no solo miraban con miedo. Estaban analizando. Estaban viendo cómo Everon usaba la energía para aumentar su velocidad de arranque, cómo Giga endurecía su cuerpo para resistir golpes que deberían haberle roto los huesos. Inconscientemente, la energía maldita residual en el ambiente de la academia empezaba a reaccionar con la voluntad de las chicas.

—Si ellos están luchando allá adentro —dijo El Cóndor Pasa, ajustándose su máscara con determinación—, nosotras no podemos quedarnos aquí solo a llorar. Tenemos que entender qué es esa energía. ¡Si el entrenador Giga puede usar su sangre para luchar, nosotras debemos poder hacer algo!

***

De vuelta en Tokyo 1, Everon se encontró acorralado. Un hechicero despertado, un hombre de mediana edad que parecía haber perdido la razón, lo miraba con una sonrisa macabra. Su técnica le permitía convertir sus extremidades en cuchillas de obsidiana.

—Puntos... necesito puntos para salvar a mi hija —decía el hombre, tambaleándose—. Lo siento, chico.

—¡Espere! ¡No tenemos que hacer esto! —suplicó Everon, retrocediendo—. ¡Podemos buscar otra forma!

—¡No hay otra forma!

El hombre se lanzó. Everon activó su técnica. *Uno, dos, tres cuadros...* Pero el miedo lo hizo dudar. El camino se rompió en su mente.

—¡Maldición! —Everon sintió el impacto. El dolor fue agudo. Una de las cuchillas le cortó el costado.

Cayó al suelo, rodando sobre el asfalto. La sangre empezó a manchar su camisa.

—¡ENTRENADOR! —el grito de Rice Shower resonó en el auditorio de Tracen, un grito desgarrador que hizo que muchas chicas se cubrieran la boca.

Everon miró al cielo, viendo el velo negro. Por un momento, pensó en rendirse. "No soy un héroe. Soy solo Everon". Pero entonces, vio a Kogane flotando cerca, y recordó que la cámara estaba ahí. Recordó que *ellas* lo estaban viendo.

—No puedo... —se puso de pie lentamente, su energía maldita empezando a arder con un tinte azulado más intenso—. No puedo dejar que Rice me vea morir así. No puedo dejar que Opera O piense que su director se rindió en el primer acto.

Su producción de energía maldita se disparó. El potencial de "Semi-Especial" mencionado por los datos de Kogane empezó a manifestarse. El aire alrededor de Everon comenzó a distorsionarse por el calor de su energía.

—Usted dijo que necesita puntos para salvar a alguien —dijo Everon, su voz ahora firme, aunque sus manos seguían temblando—. Yo necesito salir de aquí para volver con ellas. No voy a matarlo, pero voy a detenerlo.

El hombre de las cuchillas rugió y cargó de nuevo.

Everon cerró los ojos un milisegundo. Vio la pista de Tracen. Vio la meta.

*Técnica de Proyección: Secuencia de 24 cuadros.*

Esta vez, no hubo errores. Everon se convirtió en un borrón de velocidad pura. Para los espectadores, simplemente desapareció y reapareció detrás del atacante. Un segundo después, una onda de choque golpeó al hombre, lanzándolo contra una pared y dejándolo inconsciente por la fuerza del desplazamiento de aire.

Everon cayó de rodillas, respirando con dificultad, sosteniéndose el costado herido.

—Lo hice... —susurró.

En Tracen, el silencio fue roto por un estallido de vítores y llantos de alivio. Pero la alegría fue corta. En la otra pantalla, Giga estaba rodeado por tres maldiciones de Grado 1 que acababan de aparecer, atraídas por su inmensa reserva de energía.

—Esto se va a poner feo —dijo Giga en la Colonia 2, escupiendo sangre y preparándose para una lucha que sabía que apenas podía ganar—. Pero si ese idiota de Everon pudo hacerlo, yo no me voy a quedar atrás.

El juego apenas comenzaba. Las Umamusumes miraban fijamente, dándose cuenta de que sus entrenadores estaban en el epicentro de una guerra que cambiaría el mundo para siempre. Y mientras Kenjaku observaba desde las sombras, sonriendo ante el crecimiento de sus nuevos "juguetes", la voluntad de las chicas de Tracen empezaba a arder con una intensidad que ni siquiera el propio hechicero milenario había previsto.

—Corran —susurró Symboli Rudolf, mirando a ambos entrenadores en las pantallas—. Corran y sobrevivan. Porque cuando salgan, nosotras estaremos listas para recibirlos.

La transmisión continuó, mostrando a dos jóvenes entrenadores convertidos en guerreros por necesidad, marcando el inicio de una odisea donde la velocidad de las pistas y la crueldad de la hechicería se entrelazaban en un baile mortal.
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