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Pasión indiferente

Fandom: Dragón ball

Creado: 6/6/2026

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El Regreso del Loto Negro

El viento soplaba con una fuerza inusual sobre la plataforma de observación de la Corporación Cápsula. El cielo de la Capital del Oeste estaba teñido de un azul eléctrico, interrumpido únicamente por las estelas de energía que cruzaban el firmamento. Goku había convocado a los guerreros más poderosos del universo para un anuncio sin precedentes: un nuevo torneo intergaláctico para probar la estabilidad de las dimensiones. Sin embargo, el ambiente no solo estaba cargado de expectación marcial, sino de una tensión que nadie sabía explicar.

Entre los presentes, destacaba una figura que emanaba una elegancia gélida y una arrogancia ancestral. Freezer, el emperador del universo, permanecía de pie con los brazos cruzados sobre su pecho, luciendo su forma final con una distinción casi aristocrática. Su piel blanca brillaba bajo el sol y sus ojos color rubí escaneaban a los presentes con desdén. Había accedido a participar solo por la promesa de enfrentar a rivales dignos, pero hasta ahora, nada parecía captar su interés.

—¿Cuánto más planeas hacernos esperar, Son Goku? —preguntó Freezer, su voz era una caricia de terciopelo y veneno—. Mi tiempo es considerablemente más valioso que tus reuniones familiares.

Goku, rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa, miró hacia el horizonte.

—¡Ya casi, Freezer! Solo falta una persona. Ha estado entrenando fuera de Japón, en las montañas del norte y luego en el extranjero. Dijo que llegaría hoy mismo.

—Espero que valga la pena —bufó el emperador, desviando la mirada hacia el horizonte.

En ese preciso instante, un ki vibrante y puro se sintió aproximarse a una velocidad asombrosa. No era la fuerza bruta de un saiyajin promedio; era una energía refinada, controlada y extrañamente seductora. Una silueta descendió del cielo con la gracia de un pétalo de cerezo cayendo sobre el agua.

Cuando el polvo se asentó, todos los presentes guardaron silencio. Pan ya no era la niña impetuosa que recordaban. A sus diecinueve años, se había transformado en una mujer de una belleza devastadora. Su piel blanca, casi de porcelana, contrastaba con su larga cabellera negra que caía en ondas azabaches hasta su cintura. Sus ojos, oscuros y profundos como el espacio exterior, poseían una chispa de inteligencia y fuego que no pasó desapercibida para nadie. Vestía un conjunto de combate ajustado que resaltaba sus curvas maduras y atléticas, dejando ver lo justo para ser considerada tanto una guerrera como una tentación.

—Hola a todos —dijo Pan, con una voz que había perdido la agudeza infantil para convertirse en un tono melódico y firme—. Siento el retraso, abuelo. El viaje desde Europa fue más largo de lo previsto.

Goku corrió a abrazarla, pero Freezer se quedó petrificado en su lugar. Por primera vez en eones, el emperador sintió un vuelco extraño en su pecho. Sus ojos recorrieron la figura de la joven, deteniéndose en la forma en que su ropa se ceñía a su cintura y en la seguridad con la que caminaba. Era... hermosa. Pero no una belleza común, era una belleza que irradiaba poder.

Pan, sintiendo una mirada intensa sobre ella, giró la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Freezer. Ella no retrocedió, no mostró miedo ni odio visceral. En su lugar, una sonrisa enigmática curvó sus labios carnosos.

—Así que tú eres el famoso Freezer —dijo ella, acercándose con paso firme hasta quedar a escasos centímetros de él.

Freezer, que solía mirar a todos por encima del hombro, se vio obligado a reconocer que la joven tenía una presencia que rivalizaba con la suya. El aroma que desprendía, una mezcla de flores silvestres y ozono, inundó los sentidos del tirano.

—Vaya —murmuró Freezer, bajando ligeramente la guardia—, parece que los genes de los simios han decidido, por fin, producir algo estéticamente aceptable.

Pan soltó una risa suave, un sonido que vibró en los oídos de Freezer de una manera perturbadora.

—Y tú eres mucho más... interesante en persona de lo que decían los libros de historia de mi padre —respondió ella, recorriendo con la mirada el cuerpo del emperador—. Me habían dicho que eras un monstruo, pero solo veo a alguien que se toma demasiado en serio a sí mismo.

—Ten cuidado, niña —advirtió Freezer, aunque su tono carecía de verdadera amenaza. Se inclinó hacia ella, reduciendo la distancia hasta que sus alientos se mezclaron—. La curiosidad suele ser letal cuando se trata de mí.

—Me gusta el peligro —replicó Pan sin parpadear.

La tensión sexual en el aire era tan densa que incluso Vegeta, a varios metros de distancia, frunció el ceño con incomodidad. Había una chispa eléctrica saltando entre los dos, un reconocimiento silencioso de dos naturalezas depredadoras que acababan de encontrarse.

—¡Bien! —interrumpió Goku, ajeno por completo al magnetismo entre su nieta y su peor enemigo—. Ahora que estamos todos, hablemos del torneo. Formaremos equipos de dos para las rondas preliminares.

Freezer no apartó la vista de Pan.

—Si ese es el caso —dijo el emperador, con una sonrisa de suficiencia—, exijo que la señorita Pan sea mi compañera. Quiero ver de cerca si esa confianza que muestra tiene un respaldo real en el campo de batalla.

Pan arqueó una ceja, divertida.

—¿Crees que podrás seguirme el ritmo, Freezer? —desafió ella, cruzándose de brazos, lo que acentuó su escote de manera involuntaria para el emperador.

—Querida, soy yo quien marca el ritmo en este universo —respondió él, extendiendo una mano hacia ella en un gesto extrañamente caballeroso—. ¿Aceptas el riesgo?

Pan miró la mano de Freezer, una mano que había destruido planetas, y luego volvió a mirar sus ojos rubíes. Sin dudarlo, colocó su mano sobre la de él. El contacto de la piel cálida de Pan contra la piel fría y suave de Freezer provocó una descarga eléctrica que ambos sintieron hasta la médula.

—Acepto —susurró ella.

Durante los días siguientes, los entrenamientos fueron una danza de poder y seducción velada. Freezer observaba cada movimiento de Pan: la forma en que sus músculos se tensaban al lanzar un golpe, el sudor que brillaba en su frente y la determinación en su mirada. Se encontraba a sí mismo buscando su presencia, esperando el momento en que ella lanzara algún comentario mordaz para poder responderle con su habitual sarcasmo, que ahora parecía más un juego de cortejo que una ofensa.

Por su parte, Pan estaba fascinada. Había crecido escuchando historias sobre la maldad de Freezer, pero el hombre que tenía delante era magnético. Su elegancia, su voz sedosa y esa aura de peligro constante la atraían de una manera que ningún hombre en la Tierra había logrado.

Una tarde, tras una sesión de entrenamiento particularmente intensa, ambos se quedaron solos en los jardines de la corporación. El sol se ocultaba, tiñendo el cielo de violeta y naranja.

—Luchas bien para ser una híbrida —comentó Freezer, limpiándose una mancha inexistente en su brazo—. Tienes una elegancia que tus parientes jamás poseerán.

—Gracias, supongo —dijo Pan, sentándose en la hierba y soltándose el cabello, que cayó como una cascada negra sobre sus hombros—. Tú tampoco eres tan terrible como dicen las leyendas. Eres... refinado.

Freezer se acercó a ella, quedando de pie justo a su lado.

—No te equivoques, Pan. Sigo siendo el mismo que podría reducir este planeta a cenizas con un dedo.

Pan se puso de pie lentamente, quedando frente a él. La diferencia de altura los obligaba a mantener un contacto visual intenso.

—Lo sé —dijo ella en un susurro, dando un paso hacia su espacio personal—. Eso es lo que te hace tan atractivo. No eres un héroe aburrido. Tienes oscuridad, y yo siempre he querido saber qué hay en las sombras.

Freezer sintió un impulso casi incontrolable de rodear su cintura con sus brazos y reclamar esos labios que lo desafiaban con tanta insolencia. Su cola se agitó detrás de él, traicionando su agitación interna.

—Eres una joven muy audaz —murmuró él, acercando su rostro al de ella—. Podría devorarte.

—Inténtalo —desafió Pan, con los ojos brillando de deseo.

Justo cuando el espacio entre ellos estaba a punto de desaparecer, una transmisión urgente llegó al rastreador de Freezer. Su padre, el Rey Cold, exigía su presencia inmediata en el imperio central por asuntos de estado y diplomacia.

Freezer gruñó, visiblemente molesto por la interrupción.

—Parece que el deber me llama —dijo, recuperando su compostura fría, aunque su mirada seguía anclada en la de Pan—. Debo partir hacia mi imperio esta misma noche.

Pan sintió una punzada de decepción que no pudo ocultar del todo.

—Entiendo. El emperador debe atender su reino.

—Sin embargo —continuó Freezer, con una sonrisa astuta—, hay ciertos documentos y artefactos en mi capital que tu abuelo mencionó que serían útiles para el torneo. Si te interesa, podrías viajar conmigo como representante de la Tierra.

Pan sonrió, comprendiendo el juego.

—Sería un honor visitar el Imperio de Freezer.

—Excelente. Partiremos en una hora.

Lo que Pan no sabía era que en el planeta central de Freezer, no solo encontraría tecnología y poder, sino también una complicación que no esperaba. Su padre, preocupado por la falta de herederos, había enviado a una "acompañante" para Freezer, una mujer de la nobleza de un planeta conquistado que buscaba desesperadamente el favor del emperador.

Cuando Pan llegó al imponente palacio de Freezer, quedó maravillada por la arquitectura gótica y futurista. Pero su asombro se convirtió en una fría indiferencia cuando vio a una mujer de piel azulada y vestimentas provocativas colgarse del brazo de Freezer en el gran salón.

—¡Oh, Freezer! Has vuelto —dijo la mujer, llamada Lyra, con una voz chillona que hizo que Pan entrecerrara los ojos—. Te he extrañado tanto en nuestra habitación.

Freezer, con una expresión de absoluto fastidio, se soltó del agarre de la mujer con una brusquedad que habría intimidado a cualquiera.

—Lyra, retírate. Tengo asuntos importantes con mi invitada.

Lyra miró a Pan de arriba abajo, con evidente desprecio.

—¿Esta es la invitada? Una simple humana. No sé qué podrías querer de alguien tan... insignificante.

Pan dio un paso al frente, su belleza eclipsando por completo la presencia de la otra mujer. Su porte era el de una reina, no el de una simple guerrera.

—Soy Pan, nieta de Son Goku —dijo con una voz gélida que habría enorgullecido al propio Freezer—. Y si fuera tú, cuidaría mis palabras. No querrías descubrir por qué mi linaje es el más temido del universo.

Freezer observó la escena con un deleite secreto. Le encantaba ver a Pan defender su territorio, aunque técnicamente ella no fuera "suya" todavía.

—Lyra solo está aquí por insistencia de mi padre —aclaró Freezer, mirando a Pan a los ojos, ignorando por completo a la mujer azulada—. Ella no significa nada para mí. No permito que nadie me toque si no es bajo mi voluntad.

Pan arqueó una ceja, manteniendo su máscara de indiferencia ante la supuesta "pareja" de Freezer.

—No tienes que darme explicaciones, Freezer. Tus asuntos personales no me incumben... a menos que interfieran con nuestro objetivo.

Pero por dentro, Pan sentía un fuego de celos que nunca había experimentado. Ver a otra mujer intentar reclamar al emperador despertaba en ella un instinto de posesión salvaje.

Esa noche, el palacio estaba sumido en un silencio sepulcral. Pan no podía dormir. Caminó por los pasillos de mármol negro hasta llegar al balcón privado de Freezer, que daba a una vista impresionante de las tres lunas del planeta.

Él ya estaba allí, esperándola.

—Sabía que vendrías —dijo Freezer, sin girarse.

—No podía dormir en esa habitación tan fría —mintió ella, acercándose.

Freezer se giró, y en la penumbra, su figura se veía más imponente que nunca.

—¿Te molestó ver a Lyra? —preguntó él, con un tono burlón.

—Me pareció patética —respondió Pan, deteniéndose a pocos centímetros de él—. Alguien como tú merece algo mucho mejor que una mujer que solo busca poder y sexo.

Freezer soltó una carcajada baja y peligrosa.

—¿Y qué sugieres tú, pequeña saiyajin?

Pan acortó la distancia final, colocando sus manos sobre el pecho firme de Freezer. Podía sentir la energía vibrando bajo su piel.

—Sugiero que dejes de jugar y tomes lo que realmente deseas.

Freezer no esperó más. Rodeó la cintura de Pan con un brazo de hierro, atrayéndola violentamente contra su cuerpo. La diferencia de texturas, el calor de ella y la frescura de él, creó una combustión instantánea.

—He deseado destruirte o poseerte desde el momento en que te vi bajar de ese cielo —susurró Freezer contra sus labios.

—Pues no me destruyas —respondió Pan, enredando sus dedos en la nuca del emperador—. Posee.

El beso fue una explosión de necesidad contenida. No fue un beso suave; fue una batalla de lenguas y voluntades, un reclamo mutuo de dos seres que sabían que estaban destinados a colisionar. Freezer la besaba con una ferocidad que delataba sus siglos de soledad y su reciente obsesión. Pan respondía con la misma intensidad, dejando que su sangre saiyajin hirviera de placer.

Freezer la cargó con facilidad, llevándola hacia su enorme lecho de seda negra. Allí, bajo la luz de las lunas alienígenas, el emperador del universo y la princesa de los saiyajin se entregaron a una pasión que desafiaba toda lógica y toda historia.

Cada caricia de Freezer era precisa, explorando el cuerpo de Pan como si fuera el mapa de un nuevo imperio que estaba conquistando. Pan, por su parte, se entregó al éxtasis de ser deseada por el ser más poderoso y temido, encontrando en su frialdad un fuego que la consumía por completo.

Hicieron el amor con una intensidad que sacudió los cimientos del palacio. No era solo sexo; era la unión de dos fuerzas de la naturaleza que habían encontrado su par. En el clímax de su unión, Freezer supo que ninguna otra mujer, ni Lyra ni ninguna reina galáctica, volvería a interesarle. Pan se había convertido en su debilidad y en su mayor tesoro.

Al amanecer, Pan descansaba sobre el pecho de Freezer, su cabello negro esparcido sobre las sábanas oscuras. El emperador le acariciaba el hombro con una suavidad que nadie habría creído posible en él.

—Parece que el torneo será mucho más interesante de lo que planeamos —murmuró Pan, con una sonrisa de satisfacción.

Freezer besó su frente, un gesto de una ternura inesperada.

—El universo entero puede arder, Pan. Mientras tú estés a mi lado, seré el soberano de las cenizas con gusto.

A partir de ese momento, el destino de los guerreros Z y del imperio de Freezer cambiaría para siempre. El loto negro había florecido en el corazón del tirano, y la guerrera saiyajin había encontrado su lugar en el trono de las estrellas.
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