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𝔒𝔫𝔢 𝔖𝔥𝔬𝔱 𝔖𝔪𝔲𝔱𝔰 - 𝔍𝔬𝔬𝔫𝔥𝔞𝔪

Fandom: Navy (S—SIDE FANDOM) kpop

Creado: 7/6/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Lenguaje ExplícitoCelosAmbientación Canon
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After Midnight in the Practice Room

El silencio en el edificio de la YG Entertainment a las tres de la mañana tenía un peso distinto, una densidad que solo los que vivíamos para la música podíamos comprender. Las luces de los pasillos estaban atenuadas, pero el reflejo del neón azul de la sala de prácticas principal se filtraba por debajo de la puerta. Me detuve un momento, ajustando mi gorra, sintiendo el sudor frío secándose en mi nuca tras horas de ensayo individual.

Soy Joon. El líder, el "lead rapper", el que se supone que debe mantener la cabeza fría. Pero cuando se trataba de ZhanWei, de mi Baham, toda esa estructura de líder responsable se desmoronaba como un castillo de naipes frente a un vendaval.

Abrí la puerta con cuidado. La música de "Illusion" sonaba a un volumen bajo, llenando el espacio con esos bajos profundos que te vibran en el pecho. En el centro de la sala, frente al espejo que cubría toda la pared, estaba él. Baham se movía con una fluidez que siempre me dejaba sin aliento. Medía 1,88 cm, apenas dos centímetros menos que yo, y su figura era la definición de la elegancia. Sus raíces chinas y su experiencia como actor le daban una expresividad que ningún otro miembro de S—SIDE podía replicar.

Me quedé apoyado en el marco de la puerta, observándolo. Sabía que se iría pronto. Los rumores de su salida para enfocarse en la actuación ya flotaban en el aire de la empresa, aunque estuviéramos en plena promoción de *SAD BOYZ: LOVE MONEY*. Mi corazón se apretó.

— Vas un poco lento en el segundo puente —dije, rompiendo el hechizo.

ZhanWei se detuvo en seco, girándose sobre sus talones. Su pecho subía y bajaba con rapidez, y las gotas de sudor resbalaban por su cuello, perdiéndose bajo la camiseta de tirantes negra que dejaba ver sus hombros definidos. Sonrió, esa sonrisa que solo me dedicaba a mí cuando las cámaras estaban apagadas.

— Siempre tan perfeccionista, Joon-ah —respondió con su voz profunda, acercándose a la consola para pausar la música.

El silencio que siguió fue casi doloroso. Se acercó a mí, acortando la distancia hasta que pude oler su perfume mezclado con el aroma metálico del cansancio. Él era el visual del grupo, pero para mí era mucho más que una cara bonita en un drama de éxito. Era mi ancla.

— No es perfeccionismo —murmuré, dejando mi mochila en el suelo—. Es que no quiero que nadie te quite los ojos de encima por un error, aunque sé que es imposible que dejen de mirarte.

ZhanWei soltó una risa suave y me puso una mano en el pecho. Sentí el calor de su palma a través de mi sudadera.

— Estás celoso hasta de las sombras, líder —bromeó, aunque sus ojos brillaban con una intensidad que decía otra cosa—. ¿Es por la colaboración con Drake? ¿O porque sabes que este tour es nuestro último baile largo juntos?

Sentí una punzada de amargura. Lo atraje hacia mí por la cintura, aprovechando mi estatura para obligarlo a inclinar la cabeza hacia atrás. En esta sala, bajo la luz azul que recordaba a nuestra era de *Blue Flame*, no había Navy, no había mánagers, no había un futuro incierto. Solo estábamos nosotros.

— No hables de finales —le pedí, mi voz bajando una octava—. No esta noche.

— Entonces haz que me olvide —susurró él, desafiante.

Sus labios buscaron los míos con una urgencia que me pilló desprevenido. El beso fue hambriento, cargado de todas las palabras que no nos decíamos durante las entrevistas o en los vlogs para los fans. Sus manos subieron a mi nuca, enredándose en mi cabello, mientras yo lo empujaba suavemente hacia la pared de espejos. El cristal frío contra su espalda contrastaba con el calor abrasador que emanaba de nuestros cuerpos.

— ZhanWei... —gemí contra su boca, bajando mis manos hacia sus caderas.

— Cállate y bésame, Choi Joonho —ordenó, usando mi nombre completo, algo que solo hacía cuando quería tomar el control.

Me separé apenas unos milímetros, observando su rostro. Era perfecto. Sus facciones de actor, esa mandíbula afilada y los ojos que parecían contener toda la historia de Pekín. Me sentía tan afortunado y, a la vez, tan aterrado de perderlo.

— Te vas a ir —dije, más para mí mismo que para él.

— Pero sigo aquí ahora —respondió él, tirando de mi camiseta—. Y mañana tenemos un concierto que encabezar. Aprovecha el presente, Joon.

No necesité más invitación. Mis manos se colaron bajo su camiseta, acariciando la piel firme de su abdomen. ZhanWei soltó un suspiro tembloroso, arqueando la espalda contra el espejo. El contacto era eléctrico. Cada centímetro de su cuerpo parecía responder al mío como si estuviéramos coreografiando la canción más íntima de nuestra carrera.

Lo levanté con facilidad, sus largas piernas se enredaron alrededor de mi cintura. A pesar de ser casi de mi misma altura, en mis brazos parecía encajar perfectamente. Caminé con él hasta las colchonetas de estiramiento en la esquina más oscura de la sala, donde las cámaras de seguridad tenían un punto ciego que habíamos estudiado hace meses.

— ¿Aquí? —preguntó él, con la respiración entrecortada.

— Aquí —confirmé.

Me deshice de mi sudadera con movimientos torpes, presa de la desesperación. Quería marcarlo, quería que el aroma de mi piel se quedara impregnado en él tanto tiempo que ningún set de grabación pudiera borrarlo. Cuando nuestras pieles se tocaron sin barreras, el mundo exterior desapareció.

— Eres tan hermoso —susurré, recorriendo con mis labios la línea de su mandíbula hasta llegar a su oreja—. Mi Baham.

Él soltó un jadeo cuando mis dedos encontraron su punto débil. Su cabeza cayó hacia atrás y sus ojos se cerraron, entregándose por completo. No había sutilezas entre nosotros; nos conocíamos demasiado bien. Sabía exactamente cuánta presión aplicar, dónde besar, cómo hacer que pronunciara mi nombre con ese tono quebrado que me volvía loco.

El sonido de nuestros cuerpos chocando rítmicamente se mezclaba con el zumbido del aire acondicionado. Era una danza mucho más real que cualquier cosa que hubiéramos presentado en el escenario de un Inkigayo o un MAMA. Era crudo, era real, era S—SIDE en su estado más puro: dos chicos rotos por la industria encontrando consuelo el uno en el otro.

— Joon... más fuerte —pidió él, sus uñas enterrándose en mis hombros.

Lo complací, perdiendo el sentido de la realidad. En ese momento, no era el líder de un grupo de éxito mundial, ni el rapero que escupía rimas veloces junto a Sunwoo. Era simplemente un hombre enamorado de alguien que estaba a punto de volar lejos. Cada embestida era una promesa, un "no me olvides", un "siempre seré tuyo".

El clímax nos alcanzó como una explosión de luces, dejándonos jadeantes y entrelazados sobre la colchoneta. El sudor nos unía, haciendo que nuestras pieles se pegaran mientras intentábamos recuperar el aliento. ZhanWei escondió su rostro en el hueco de mi cuello, su respiración cálida calmando los latidos desbocados de mi corazón.

— Si Jungmo entra ahora, nos mata —susurró ZhanWei después de unos minutos, con un rastro de diversión en la voz.

— Jungmo está demasiado ocupado practicando sus notas altas en el estudio 4 —respondí, acariciando su cabello negro—. Y los demás deben estar durmiendo después del ensayo de "Safety Net".

ZhanWei se incorporó un poco, mirándome a los ojos. La vulnerabilidad que vi en ellos me dolió.

— Joon-ah... lo de febrero... —empezó a decir, refiriéndose a su salida oficial.

Le puse un dedo en los labios, deteniéndolo.

— Lo sé. Lo sé todo. Pero Navy nos llama los "Joonham" por algo, ¿no? —Intenté bromear, aunque mi voz tembló—. Los barcos siempre vuelven al puerto, ZhanWei.

Él sonrió con tristeza y me dio un beso casto en la frente.

— Tú eres mi puerto. Siempre.

Nos vestimos en silencio, compartiendo pequeñas caricias y miradas cómplices. El ambiente cargado de lujuria se había transformado en una melancolía dulce. Antes de salir de la sala, ZhanWei se detuvo frente al espejo y se arregló el cabello, volviendo a ponerse la máscara de "Baham", el idol internacional.

— ¿Listo para el ensayo general de mañana? —preguntó, volviendo a su tono profesional, aunque sus ojos seguían brillando por lo ocurrido.

— Siempre que estés a mi lado en la formación —respondí, alcanzando su mano por un segundo antes de abrir la puerta.

Caminamos por los pasillos de la YG, manteniendo la distancia reglamentaria por si nos cruzábamos con algún staff nocturno. Pero en la oscuridad del ascensor, nuestras manos se buscaron y se apretaron con fuerza.

S—SIDE era nuestra vida, nuestro sueño compartido desde 2019. Habíamos pasado por el concepto oscuro de *Bloody Moon Rise*, por el rosa de *Cupid’s Club* y el rock de *Tragic*. Habíamos crecido juntos, de niños a hombres. Y aunque el futuro de Navy y el nuestro pareciera cambiar de rumbo, esa noche en la sala de prácticas se quedaría grabada en el espejo, como un secreto que ni el tiempo ni la distancia podrían borrar.

Al llegar a los dormitorios, cada uno se dirigió a su habitación. Pero antes de cerrar mi puerta, escuché su voz en un susurro que solo yo podía oír.

— Te quiero, líder.

Cerré los ojos, sonriendo para mis adentros. Mañana el mundo volvería a ser caos, cámaras y gritos de fans. Pero esta noche, el "ship" más hot de la industria había sido mucho más que una fantasía de Wattpad. Había sido real.
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