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𝔒𝔫𝔢 𝔖𝔥𝔬𝔱 𝔖𝔪𝔲𝔱𝔰 - 𝔍𝔬𝔬𝔫𝔥𝔞𝔪
Fandom: Navy
Creado: 7/6/2026
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RomanceDramaRecortes de VidaPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Ambientación CanonLenguaje Explícito
Locked In The Studio
Era mayo de 2021. La fiebre de *DUN DUN* estaba en su punto más alto y el ambiente en el edificio de YG Entertainment vibraba con una energía pesada, cargada de ritmos de trap y coreografías agresivas. Yo sentía esa adrenalina corriendo por mis venas cada vez que me miraba al espejo y veía mi cabello rubio platinado, casi blanco, contrastando con las luces de neón del estudio. Ser el líder de S—SIDE no era tarea fácil, pero ser Choi Joonho significaba que siempre tenía que dar el ciento diez por ciento, especialmente cuando se trataba de mantener la moral alta.
Sin embargo, mi atención siempre terminaba desviándose hacia el mismo lugar. O mejor dicho, hacia la misma persona.
Baham estaba sentado en el sofá del rincón del estudio de grabación, con la mirada fija en su tablet, repasando sus líneas para el próximo drama. Su cabello rojo oscuro, ese tono borgoña intenso que le habían puesto para este comeback, caía sobre su frente de una manera que me daban ganas de apartárselo con los dedos. Él era el visual, el actor, el chico serio y reservado que parecía tener un muro de hielo alrededor. Y yo, bueno, yo era el que disfrutaba derretirlo.
—ZhanWei, si sigues frunciendo el ceño así, se te va a quedar la marca para siempre —dije, acercándome a él con esa sonrisa juguetona que sabía que le irritaba y le gustaba a partes iguales.
Él ni siquiera levantó la vista.
—Tengo mucho que memorizar, Joon. Y tú deberías estar revisando los arreglos de *UNDEFEATED* con los productores.
—Ya lo hice. Soy un líder eficiente, ¿recuerdas? —Me senté a su lado, invadiendo su espacio personal sin ningún rastro de vergüenza. Me pegué a su brazo, sintiendo el calor que desprendía a pesar de su actitud fría—. Además, los demás ya se fueron al dormitorio. Estamos solos.
Baham finalmente suspiró y dejó la tablet a un lado. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos. Tenía esa elegancia natural, una distancia aristocrática que me volvía loco. Medía casi lo mismo que yo, pero cuando se ponía serio, parecía dominar toda la habitación.
—¿Por qué eres tan pegajoso? —preguntó, aunque no hizo ningún intento por apartarme.
—Porque eres mi miembro favorito —susurré, acercándome a su oído—. Y porque ese color rojo te queda tan bien que me cuesta concentrarme en la música.
Sentí cómo su respiración se entrecortaba apenas un segundo. Baham era experto en ocultar sus emociones, pero yo llevaba años estudiándolo. Sabía que su punto débil era la atención directa, el descaro con el que yo lo buscaba.
—Joon, estamos en el trabajo —advirtió, pero su voz había bajado una octava, volviéndose más profunda, más ronca.
—Nadie va a venir. Son las dos de la mañana —le recordé, pasando mi mano por su nuca, jugando con los mechones rojos—. ¿No estás cansado de ser siempre el chico perfecto y reservado?
Me levanté sin previo aviso y caminé hacia la puerta del estudio, echando el cierre con un clic sonoro que resonó en el silencio del lugar. Cuando me giré, Baham me observaba con una intensidad que habría intimidado a cualquiera. Pero a mí solo me encendía más.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, aunque ambos sabíamos la respuesta.
—Asegurándome de que tengamos privacidad —respondí, caminando de regreso hacia él con pasos lentos y decididos.
Me detuve frente a él y separé sus piernas para colocarme en medio. Baham seguía sentado, lo que me daba una ligera ventaja de altura. Le obligué a levantar la barbilla para mirarme. El contraste entre mi cabello platino y su rojo oscuro era hipnótico bajo las luces tenues del estudio.
—Eres un idiota —murmuró él, pero sus manos subieron finalmente a mi cintura, apretando con fuerza.
—Tu idiota favorito —corregí antes de inclinarme y sellar sus labios con los míos.
El beso no fue suave. Nunca lo era con nosotros. Había una urgencia acumulada de semanas de promociones, de rozarnos "accidentalmente" en el escenario durante la coreografía de *DUN DUN*, de miradas compartidas a través de las cámaras. Baham me devolvió el beso con una ferocidad que me hizo gemir contra su boca. Su lengua reclamó la mía, explorando con una autoridad que siempre me sorprendía viniendo de alguien tan callado.
—Joon... —jadeó él cuando nos separamos apenas unos milímetros—. Si empezamos esto, no voy a parar.
—Esa es la idea, ZhanWei —respondí, bajando mis manos para desabrochar los botones de su camisa de seda negra.
Él no perdió el tiempo. Sus manos se deslizaron bajo mi sudadera, quemando mi piel con su tacto. Me levantó con una facilidad pasmosa, sentándome sobre la mesa de mezclas. Los botones y controles se sentían fríos contra mis muslos, pero el calor que emanaba de Baham era todo lo que me importaba.
—Te ves tan jodidamente bien con este pelo —dijo él, enterrando su rostro en mi cuello y dejando una marca que seguramente el equipo de maquillaje tendría que cubrir mañana con mucho corrector—. Me das asco de lo mucho que me gustas.
—Cállate y muérdeme otra vez —le pedí, arqueando la espalda cuando sus dientes rozaron mi clavícula.
Baham obedeció. Era un hombre de pocas palabras, pero sus acciones siempre hablaban por él. Sus manos, largas y elegantes, las manos de un actor de éxito, ahora se movían con una intención mucho más carnal por todo mi cuerpo. Se deshizo de mi ropa con una eficiencia que me hizo temblar.
Cuando ambos estuvimos desnudos en la penumbra del estudio, rodeados de miles de dólares en equipo de audio, el mundo exterior dejó de existir. No había Navy, no había YG, no había listas de éxitos. Solo estábamos nosotros dos.
—Mírame —ordenó Baham, su voz era puro terciopelo y mando.
Le obedecí. Sus ojos brillaban con un deseo crudo, despojado de toda esa reserva que mostraba ante las cámaras. Me abrió de piernas, acomodándose entre ellas, y sentí su dureza contra la mía. El roce fue suficiente para hacerme ver estrellas.
—Eres tan ruidoso, Joonie —susurró, rozando sus labios con los míos mientras sus dedos empezaban a prepararme con una lentitud tortuosa—. Vamos a ver cuánto ruido puedes hacer antes de que alguien nos escuche.
—No me importa... que escuchen —logré decir, con la respiración entrecortada mientras sentía cómo me invadía.
Baham no tuvo piedad. Cuando finalmente se hundió en mí, solté un grito que quedó ahogado por su mano sobre mi boca. Sus ojos se clavaron en los míos, desafiándome, devorándome. Empezó a moverse con un ritmo constante, potente, que me hacía golpear rítmicamente contra la superficie de la mesa.
—Eres mío —gruñó él en mi oído, su acento chino marcándose ligeramente en su coreano, algo que solo pasaba cuando perdía el control—. Solo mío, ¿entiendes?
—Sí... siempre —respondí, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura para atraerlo más, queriendo borrar cualquier espacio entre nosotros.
El estudio estaba en silencio, a excepción de nuestros jadeos, el sonido de la carne chocando contra la carne y los gemidos que yo no podía contener. Joon, el líder extrovertido y seguro de sí mismo, se deshacía bajo el toque de la única persona que realmente conocía lo que había detrás de la fachada.
El clímax nos alcanzó casi al mismo tiempo, una explosión de sensaciones que me dejó sin aire, aferrado a sus hombros anchos mientras él se corría dentro de mí con un gruñido profundo que vibró en todo mi pecho.
Minutos después, el silencio volvió a reinar, pero era un silencio diferente. Uno cargado de satisfacción y de ese vínculo inquebrantable que solo nosotros compartíamos. Baham apoyó su frente contra la mía, su cabello rojo ahora despeinado y su respiración volviendo a la normalidad.
—Mañana vamos a tener problemas con la coreografía si no puedes caminar bien —dijo, recuperando su tono serio, aunque había una chispa de diversión en sus ojos.
—Valdrá la pena —respondí, dándole un corto beso en la punta de la nariz—. Además, eres el visual. Solo quédate ahí parado y sé guapo, yo me encargo del resto.
Él soltó una pequeña risa, una de esas raras y genuinas que solo guardaba para mí.
—Eres imposible, Choi Joonho.
—Y tú me amas por eso, Li ZhanWei.
Nos vestimos en silencio, compartiendo pequeñas caricias y sonrisas cómplices. Sabíamos que, al cruzar esa puerta, volveríamos a ser el líder y el visual de S—SIDE, los idols profesionales que el mundo conocía. Pero en la oscuridad de ese estudio, bajo la era de *DUN DUN*, habíamos dejado claro que nuestra conexión iba mucho más allá de la música.
Salimos del edificio casi al amanecer, con el frío de Seúl golpeando nuestros rostros. Caminamos hacia la camioneta que nos esperaba, manteniendo la distancia profesional, pero cuando nuestras manos se rozaron "accidentalmente" al subir al vehículo, supe que este era solo uno de los muchos capítulos que escribiríamos juntos.
Porque Joonham no era solo un ship de las fans; era nuestra realidad, ardiente y secreta, en el corazón de la industria.
Sin embargo, mi atención siempre terminaba desviándose hacia el mismo lugar. O mejor dicho, hacia la misma persona.
Baham estaba sentado en el sofá del rincón del estudio de grabación, con la mirada fija en su tablet, repasando sus líneas para el próximo drama. Su cabello rojo oscuro, ese tono borgoña intenso que le habían puesto para este comeback, caía sobre su frente de una manera que me daban ganas de apartárselo con los dedos. Él era el visual, el actor, el chico serio y reservado que parecía tener un muro de hielo alrededor. Y yo, bueno, yo era el que disfrutaba derretirlo.
—ZhanWei, si sigues frunciendo el ceño así, se te va a quedar la marca para siempre —dije, acercándome a él con esa sonrisa juguetona que sabía que le irritaba y le gustaba a partes iguales.
Él ni siquiera levantó la vista.
—Tengo mucho que memorizar, Joon. Y tú deberías estar revisando los arreglos de *UNDEFEATED* con los productores.
—Ya lo hice. Soy un líder eficiente, ¿recuerdas? —Me senté a su lado, invadiendo su espacio personal sin ningún rastro de vergüenza. Me pegué a su brazo, sintiendo el calor que desprendía a pesar de su actitud fría—. Además, los demás ya se fueron al dormitorio. Estamos solos.
Baham finalmente suspiró y dejó la tablet a un lado. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos. Tenía esa elegancia natural, una distancia aristocrática que me volvía loco. Medía casi lo mismo que yo, pero cuando se ponía serio, parecía dominar toda la habitación.
—¿Por qué eres tan pegajoso? —preguntó, aunque no hizo ningún intento por apartarme.
—Porque eres mi miembro favorito —susurré, acercándome a su oído—. Y porque ese color rojo te queda tan bien que me cuesta concentrarme en la música.
Sentí cómo su respiración se entrecortaba apenas un segundo. Baham era experto en ocultar sus emociones, pero yo llevaba años estudiándolo. Sabía que su punto débil era la atención directa, el descaro con el que yo lo buscaba.
—Joon, estamos en el trabajo —advirtió, pero su voz había bajado una octava, volviéndose más profunda, más ronca.
—Nadie va a venir. Son las dos de la mañana —le recordé, pasando mi mano por su nuca, jugando con los mechones rojos—. ¿No estás cansado de ser siempre el chico perfecto y reservado?
Me levanté sin previo aviso y caminé hacia la puerta del estudio, echando el cierre con un clic sonoro que resonó en el silencio del lugar. Cuando me giré, Baham me observaba con una intensidad que habría intimidado a cualquiera. Pero a mí solo me encendía más.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, aunque ambos sabíamos la respuesta.
—Asegurándome de que tengamos privacidad —respondí, caminando de regreso hacia él con pasos lentos y decididos.
Me detuve frente a él y separé sus piernas para colocarme en medio. Baham seguía sentado, lo que me daba una ligera ventaja de altura. Le obligué a levantar la barbilla para mirarme. El contraste entre mi cabello platino y su rojo oscuro era hipnótico bajo las luces tenues del estudio.
—Eres un idiota —murmuró él, pero sus manos subieron finalmente a mi cintura, apretando con fuerza.
—Tu idiota favorito —corregí antes de inclinarme y sellar sus labios con los míos.
El beso no fue suave. Nunca lo era con nosotros. Había una urgencia acumulada de semanas de promociones, de rozarnos "accidentalmente" en el escenario durante la coreografía de *DUN DUN*, de miradas compartidas a través de las cámaras. Baham me devolvió el beso con una ferocidad que me hizo gemir contra su boca. Su lengua reclamó la mía, explorando con una autoridad que siempre me sorprendía viniendo de alguien tan callado.
—Joon... —jadeó él cuando nos separamos apenas unos milímetros—. Si empezamos esto, no voy a parar.
—Esa es la idea, ZhanWei —respondí, bajando mis manos para desabrochar los botones de su camisa de seda negra.
Él no perdió el tiempo. Sus manos se deslizaron bajo mi sudadera, quemando mi piel con su tacto. Me levantó con una facilidad pasmosa, sentándome sobre la mesa de mezclas. Los botones y controles se sentían fríos contra mis muslos, pero el calor que emanaba de Baham era todo lo que me importaba.
—Te ves tan jodidamente bien con este pelo —dijo él, enterrando su rostro en mi cuello y dejando una marca que seguramente el equipo de maquillaje tendría que cubrir mañana con mucho corrector—. Me das asco de lo mucho que me gustas.
—Cállate y muérdeme otra vez —le pedí, arqueando la espalda cuando sus dientes rozaron mi clavícula.
Baham obedeció. Era un hombre de pocas palabras, pero sus acciones siempre hablaban por él. Sus manos, largas y elegantes, las manos de un actor de éxito, ahora se movían con una intención mucho más carnal por todo mi cuerpo. Se deshizo de mi ropa con una eficiencia que me hizo temblar.
Cuando ambos estuvimos desnudos en la penumbra del estudio, rodeados de miles de dólares en equipo de audio, el mundo exterior dejó de existir. No había Navy, no había YG, no había listas de éxitos. Solo estábamos nosotros dos.
—Mírame —ordenó Baham, su voz era puro terciopelo y mando.
Le obedecí. Sus ojos brillaban con un deseo crudo, despojado de toda esa reserva que mostraba ante las cámaras. Me abrió de piernas, acomodándose entre ellas, y sentí su dureza contra la mía. El roce fue suficiente para hacerme ver estrellas.
—Eres tan ruidoso, Joonie —susurró, rozando sus labios con los míos mientras sus dedos empezaban a prepararme con una lentitud tortuosa—. Vamos a ver cuánto ruido puedes hacer antes de que alguien nos escuche.
—No me importa... que escuchen —logré decir, con la respiración entrecortada mientras sentía cómo me invadía.
Baham no tuvo piedad. Cuando finalmente se hundió en mí, solté un grito que quedó ahogado por su mano sobre mi boca. Sus ojos se clavaron en los míos, desafiándome, devorándome. Empezó a moverse con un ritmo constante, potente, que me hacía golpear rítmicamente contra la superficie de la mesa.
—Eres mío —gruñó él en mi oído, su acento chino marcándose ligeramente en su coreano, algo que solo pasaba cuando perdía el control—. Solo mío, ¿entiendes?
—Sí... siempre —respondí, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura para atraerlo más, queriendo borrar cualquier espacio entre nosotros.
El estudio estaba en silencio, a excepción de nuestros jadeos, el sonido de la carne chocando contra la carne y los gemidos que yo no podía contener. Joon, el líder extrovertido y seguro de sí mismo, se deshacía bajo el toque de la única persona que realmente conocía lo que había detrás de la fachada.
El clímax nos alcanzó casi al mismo tiempo, una explosión de sensaciones que me dejó sin aire, aferrado a sus hombros anchos mientras él se corría dentro de mí con un gruñido profundo que vibró en todo mi pecho.
Minutos después, el silencio volvió a reinar, pero era un silencio diferente. Uno cargado de satisfacción y de ese vínculo inquebrantable que solo nosotros compartíamos. Baham apoyó su frente contra la mía, su cabello rojo ahora despeinado y su respiración volviendo a la normalidad.
—Mañana vamos a tener problemas con la coreografía si no puedes caminar bien —dijo, recuperando su tono serio, aunque había una chispa de diversión en sus ojos.
—Valdrá la pena —respondí, dándole un corto beso en la punta de la nariz—. Además, eres el visual. Solo quédate ahí parado y sé guapo, yo me encargo del resto.
Él soltó una pequeña risa, una de esas raras y genuinas que solo guardaba para mí.
—Eres imposible, Choi Joonho.
—Y tú me amas por eso, Li ZhanWei.
Nos vestimos en silencio, compartiendo pequeñas caricias y sonrisas cómplices. Sabíamos que, al cruzar esa puerta, volveríamos a ser el líder y el visual de S—SIDE, los idols profesionales que el mundo conocía. Pero en la oscuridad de ese estudio, bajo la era de *DUN DUN*, habíamos dejado claro que nuestra conexión iba mucho más allá de la música.
Salimos del edificio casi al amanecer, con el frío de Seúl golpeando nuestros rostros. Caminamos hacia la camioneta que nos esperaba, manteniendo la distancia profesional, pero cuando nuestras manos se rozaron "accidentalmente" al subir al vehículo, supe que este era solo uno de los muchos capítulos que escribiríamos juntos.
Porque Joonham no era solo un ship de las fans; era nuestra realidad, ardiente y secreta, en el corazón de la industria.
