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𝙻𝚒𝚝𝚝𝚎 𝚂𝚎𝚌𝚛𝚎𝚝 | Joonham

Fandom: Navy

Creado: 7/6/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloHistoria DomésticaAmbientación CanonEstudio de Personaje
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The Beginning of the End

Sostuve el micrófono con tanta fuerza que mis nudillos se tornaron blancos, casi del mismo tono que el rubio platinado de mi cabello. El estruendo del escenario, los gritos de miles de personas coreando el nombre de S—SIDE y los bajos de la pista de "DUN DUN" retumbando en mi pecho deberían haberme mantenido enfocado, pero mis ojos, traidores y constantes, buscaron la figura a mi derecha.

Allí estaba él. Li Zhanwei. O Baham, como el mundo lo conocía ahora. Tenía el cabello teñido de un rojo oscuro, tan profundo que bajo las luces de la arena de Seúl parecía casi sangre. Su mandíbula estaba tensa, su mirada fría y penetrante fija en la cámara que lo seguía. Se veía letal, el epítome del visual perfecto que YG había moldeado desde 2017. Pero yo sabía que debajo de esa chaqueta de cuero y esa fachada de "chico de hielo", Zhanwei era el nerd que se quedaba despierto hasta las tres de la mañana leyendo sobre física cuántica o revisando guiones de dramas.

La coreografía nos obligó a acercarnos. Era el momento del "fanservice" que los directores de escena nos habían marcado semanas atrás. Me acerqué a él, rodeando su cuello con mi brazo mientras soltaba mi línea de rap. Sentí el calor que emanaba de su cuerpo y el olor a sudor mezclado con su perfume caro. Zhanwei inclinó la cabeza hacia mí, rozando mi mejilla con la suya, y soltó una sonrisa ladeada que hizo que el estadio entero estallara en un grito ensordecedor.

Para las fans, era el "Joonham" en su máximo esplendor. Para mí, era un infierno de combustión lenta.

—Lo estás haciendo bien, líder —susurró él, su voz grave y rasposa vibrando directamente en mi oído antes de apartarse para su solo.

Esa voz. Maldita sea su voz. Me quedé un segundo de más estático, recuperando el aire, antes de retomar mi posición.

Al terminar el concierto, el caos de los camerinos nos recibió. Staff corriendo de un lado a otro, estilistas con lacas de pelo, y el resto de los chicos desplomándose en los sofás. Jungmo se estaba quitando las extensiones de los hombros mientras discutía algo con Johnny, quien reía a carcajadas. Sunwoo, nuestro maknae, ya estaba devorando una caja de pollo frito junto a Tevin, mientras Daehyun estiraba sus músculos de bailarín profesional en una esquina.

Me dejé caer en una silla, cerrando los ojos. Habíamos debutado en 2019 con "Blue Flame", y desde entonces, mi vida se había convertido en un torbellino de luces y cámaras. Pero nada me agotaba tanto como el secreto que guardaba desde hacía meses.

—Joon, tienes una mancha de maquillaje en el cuello —la voz de Zhanwei me hizo abrir los ojos.

Él estaba de pie frente a mí, ya sin la chaqueta, revelando sus brazos tonificados bajo una camiseta de tirantes negra. Sostenía una toallita desmaquillante. Sin esperar permiso, se inclinó y comenzó a frotar suavemente mi piel.

—Puedo hacerlo yo solo, Zhan —dije, aunque no hice ningún movimiento para detenerlo.

—Estás cansado. No te muevas —respondió él con esa calma imperturbable suya.

—¡Hey, tortolitos! —gritó Johnny desde el otro lado del cuarto, con esa energía americana que nunca parecía agotarse—. El manager dice que mañana tenemos grabación para el contenido de YouTube. Quieren más "momentos orgánicos" entre el líder y el visual. Ya saben lo que significa.

Zhanwei ni siquiera parpadeó. Siguió limpiando mi cuello con una precisión quirúrgica.

—Lo sabemos, Johnny. No hace falta que lo repitas —dijo Zhanwei con frialdad.

—Solo digo que el barco de Joonham está pagando las cuentas de este mes —añadió Johnny guiñándome un ojo antes de volver a su conversación con Jungmo.

Me sentí como una mierda. Ser "bisexual en el clóset" ni siquiera era un término que me hubiera atrevido a usar para describirme, pero la etiqueta quemaba en mi mente. Ni siquiera sabía si Zhanwei sentía algo parecido. Éramos mejores amigos desde 2017. Él llegó de China sin saber casi nada de coreano y yo, que llevaba en YG desde 2013, fui quien lo ayudó a adaptarse. Crecimos juntos. Sangramos juntos en las salas de práctica.

—¿En qué piensas? —preguntó Zhanwei, apartando la toallita. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos.

—En que odio que nos digan cómo actuar frente a las cámaras —mentí a medias.

Zhanwei se encogió de hombros, sentándose en la silla de al lado.

—Es el negocio, Joonho. A la gente le gusta la fantasía. Si ellos quieren ver que nos queremos, les damos lo que quieren. No cambia lo que somos fuera de esto.

"Ese es el problema", pensé. Que para él, el contacto físico, las miradas intensas y las manos entrelazadas eran solo parte del trabajo, una extensión de su carrera como actor. Para mí, cada vez que su mano rozaba la mía, sentía que mi corazón iba a salirse de mi pecho de un salto.

—¿Y qué somos fuera de esto? —pregunté, mi voz apenas un susurro que se perdió entre el ruido del camerino.

Zhanwei se quedó callado un momento. Sus dedos jugaron con un hilo suelto de su pantalón.

—Somos los mejores amigos, ¿no? —dijo, aunque por un segundo, su voz rasposa flaqueó—. Los únicos que se entienden de verdad en este lugar de mierda.

—Sí. Mejores amigos —repetí, sintiendo el sabor amargo de la palabra en mi lengua.

—¡Vámonos ya! —exclamó Sunwoo, saltando de su asiento—. ¡Quiero dormir diez horas seguidas antes de que Vision Up nos mate a todos!

El trayecto de regreso a los dormitorios fue silencioso. Me senté al fondo de la camioneta, con la frente apoyada contra el cristal frío. La ciudad de Seúl pasaba como un borrón de luces de neón. Zhanwei se sentó a mi lado, como siempre. A mitad del camino, su cabeza cayó pesadamente sobre mi hombro. Se había quedado dormido.

Me quedé rígido, conteniendo el aliento. Su respiración era lenta y acompasada. Me permití el lujo de mirarlo de cerca, algo que no podía hacer cuando las cámaras estaban encendidas. Tenía una pequeña cicatriz cerca de la ceja y sus pestañas eran ridículamente largas. Se veía tan vulnerable, tan diferente al "Baham" que devoraba el escenario.

Sin pensarlo, apoyé mi cabeza sobre la suya.

—Maldita sea, Zhanwei —susurré para mí mismo—. ¿Por qué tuviste que ser tú?

Sabía que esto era peligroso. Estábamos en 2021, nuestra carrera estaba en su punto más alto con el éxito de "DUN DUN" y el trap oscuro que estábamos manejando. Un escándalo de este tipo no solo me destruiría a mí, sino a los siete. A Jungmo, que trabajaba más que nadie en sus vocales; a Tevin, que había dejado Japón por este sueño; a todos.

Pero el corazón no entiende de contratos de exclusividad ni de imagen pública.

Llegamos al edificio de dormitorios y desperté a Zhanwei con un suave toque en el brazo. Él parpadeó, desorientado, y me dedicó una sonrisa somnolienta que me dolió más que cualquier desplante.

—Ya llegamos, dormilón —le dije, intentando sonar casual.

—Gracias, Joonie —murmuró él, usando el apodo que solo usaba cuando estábamos solos.

Subimos al departamento. El grupo se dividía en dos pisos, y por suerte o por desgracia, Zhanwei y yo compartíamos habitación. Los demás se fueron a sus respectivos cuartos tras breves quejas sobre el cansancio.

Una vez dentro de nuestra habitación, el silencio se volvió denso. Zhanwei se quitó la camiseta y la lanzó al cesto de la ropa sucia, quedando solo en pantalones de chándal. Yo traté de no mirar, concentrándome en sacar mi pijama del cajón.

—Joonho —me llamó. Estaba sentado en el borde de su cama, mirándome con una expresión seria.

—¿Qué pasa?

—Lo que dijo Johnny en el camerino... —hizo una pausa, buscando las palabras—. ¿Te molesta? Que nos shippeen, quiero decir.

Me quedé helado, con la camiseta a medio poner.

—No es que me moleste —respondí, dándome la vuelta para enfrentarlo—. Es solo que a veces se siente... falso. Como si todo lo que hacemos tuviera que tener un propósito comercial.

Zhanwei se levantó y caminó hacia mí. Es un poco más bajo que yo, pero su presencia siempre ha sido imponente. Se detuvo a escasos centímetros, obligándome a inclinar ligeramente la cabeza hacia abajo.

—No todo es falso —dijo en voz baja. Su voz grave parecía vibrar en el aire—. Cuando te cuido en las entrevistas, o cuando busco tu mano en el escenario porque estoy nervioso... eso no es para las cámaras, Joonho. Eso es porque eres tú.

Mi pulso se aceleró. El lenguaje inapropiado que solía usar para bromear con los chicos desapareció de mi mente, reemplazado por una urgencia que no podía controlar.

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté, mi voz temblando ligeramente.

Zhanwei dio un paso más, invadiendo mi espacio personal por completo. Podía oler el jabón de hotel en su piel. Era un nerd inteligente, siempre analizando todo, pero en ese momento, parecía estar actuando por puro instinto.

—Quiero decir que soy un idiota —respondió él—. Un idiota que se dio cuenta hace mucho tiempo de que mi mejor amigo es la única persona que me importa en este maldito mundo.

No hubo tiempo para procesarlo. Zhanwei acortó la distancia y me besó.

Fue un beso torpe al principio, cargado de años de tensión no resuelta y sentimientos enterrados bajo capas de coreografías y rimas de rap. Sus labios estaban secos, pero la calidez que desprendían me prendió fuego por dentro. Respondí al beso con una desesperación que no sabía que tenía, mis manos subiendo por su espalda desnuda, atrayéndolo más hacia mí.

Él soltó un jadeo contra mis labios, un sonido que me hizo perder la cabeza. Nos movimos hacia atrás hasta que mis piernas chocaron con mi cama y caímos juntos sobre el colchón.

—Zhan... —logré decir entre besos, mi mano enredándose en su cabello rojo oscuro—. Si los chicos nos escuchan...

—Que se jodan los chicos —gruñó él, su voz más rasposa que nunca—. Llevo cuatro años queriendo hacer esto. No voy a parar ahora.

En ese momento, la línea entre el líder Joon y el visual Baham se borró por completo. Solo quedábamos Choi Joonho y Li Zhanwei, dos chicos de veinte años perdidos en un sentimiento que era mucho más grande que cualquier contrato de la YG.

El mundo exterior, con sus giras mundiales, sus álbumes como "Tragic" o "Afterlife", y las constantes cámaras, desapareció. El secreto que habíamos guardado incluso de nosotros mismos acababa de estallar, y no había forma de volver atrás.

Zhanwei me miró desde arriba, sus ojos brillando con una intensidad que nunca había visto en los escenarios.

—Te amo, Joonho —susurró, y por primera vez, no hubo cámaras para grabarlo, ni fans para celebrarlo.

—Yo también te amo, Zhan —respondí, sabiendo que este era el comienzo de algo que nos daría la mayor felicidad y, posiblemente, el mayor de los problemas.

Pero mientras él volvía a bajar la cabeza para besarme, decidí que el riesgo valía la pena. Éramos S—SIDE, éramos una dupla imparable, y ahora, éramos mucho más que mejores amigos. Éramos un secreto que valía la pena proteger.

Afuera, la lluvia de Seúl comenzaba a caer contra la ventana, ocultando los susurros y los jadeos de dos idols que acababan de descubrir que la realidad podía ser mucho mejor que el fanservice.

—Mañana vamos a tener problemas —dijo Zhanwei horas después, con la respiración aún agitada, apoyado en mi pecho.

—Mañana no me importa —respondí, acariciando su cabello—. Mañana solo seremos Joon y Baham para el resto del mundo. Pero aquí dentro... aquí dentro somos solo nosotros.

Y en la oscuridad de nuestra habitación en Seúl, a inicios de 2021, el "Little Secret" comenzó su historia. Una historia de amor, música y la lucha por ser uno mismo en un mundo que solo quería que fuéramos perfectos.

—Duerme, Zhan —le dije, dándole un beso en la frente.

Él asintió, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción que jamás mostraría en un video musical. Me quedé despierto un rato más, escuchando su respiración, sabiendo que a partir de ahora, cada "fanservice" en el escenario tendría un significado completamente diferente. Cada mirada, cada toque, cada sonrisa... sería nuestro pequeño código secreto frente a millones de personas.

Y eso, de alguna manera, lo hacía mucho más emocionante.
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