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Proyecto C.U.T.E.: El Activo más Peligroso de SHIELD
Fandom: Marvel
Creado: 8/6/2026
Etiquetas
UA (Universo Alternativo)Isekai / Fantasía PortalArregloHumorCiencia FicciónCambio de GéneroAcciónEstudio de Personaje
El Peón de Porcelana en el Tablero de las Reinas
La muerte, según recordaba, no había sido un evento épico. No hubo una batalla final contra un titán loco ni un sacrificio heroico para salvar el multiverso. Fue un resbalón, un golpe seco contra el pavimento y una oscuridad repentina. Sin embargo, despertar fue mucho más confuso.
Ahora, frente al espejo de un baño de lujo en la Torre Stark, Raiden Makoto contemplaba su reflejo con una mezcla de horror y resignación. Su cabello era blanco como la nieve recién caída, suave al tacto y con una tendencia natural a esponjarse de forma encantadora. Sus ojos, grandes y brillantes como el oro líquido, parecían emitir un aura de inocencia que él sabía que no poseía. Tenía la piel pálida, las facciones delicadas y una estatura que lo hacía parecer perpetuamente necesitado de un abrazo.
—Esto tiene que ser una broma cósmica —susurró, y su voz sonó tan melódica y dulce que tuvo ganas de vomitar.
No solo estaba en el universo Marvel, sino que estaba en la versión más extraña posible. En este mundo, el cromosoma Y parecía ser sinónimo de fragilidad y decoración. Había pasado las últimas cuarenta y ocho horas observando las noticias: la Presidenta de los Estados Unidos, la General Ross, la implacable Directora de SHIELD, Natasha Romanoff. Los hombres eran secretarios, modelos o trofeos. Y él, con esta apariencia, era básicamente el equivalente a un gatito de angora en un mundo de leonas hambrientas.
La puerta del baño se abrió de golpe sin previo aviso.
—¿Pequeño? ¿Sigues ahí dentro? Me estaba empezando a preocupar de que te hubieras ahogado en el lavabo.
Antonia "Tony" Stark entró en la habitación con la confianza de quien es dueña no solo del edificio, sino de la ciudad entera. Llevaba un traje de sastre hecho a medida que acentuaba su figura imponente, y sus ojos oscuros, inteligentes y afilados, se suavizaron instantáneamente al posarse en Raiden.
—Oh, mírate —dijo Tony, acercándose para revolverle el cabello blanco—. Estás pálido. ¿Es el aire acondicionado? ¿Necesitas una manta de cachemira? Puedo comprar una fábrica de cachemira ahora mismo si eso te hace sentir mejor.
Raiden suspiró, tratando de mantener su dignidad mientras la mujer más poderosa del mundo tecnológico lo trataba como a un peluche.
—Estoy bien, Stark. Solo estaba pensando.
—No pienses mucho, te saldrán arrugas en esa carita perfecta —bromeó ella, aunque había un trasfondo de posesividad en su tono—. Y dime "Tony", ya te lo he dicho. Te encontré vagando cerca de mi laboratorio con esa mirada de ciervo asustado y decidí que el mundo es demasiado cruel para alguien como tú. Desde hoy, eres oficialmente mi protegido. Mi... "consultor de bienestar emocional", si necesitas un título para Recursos Humanos.
Raiden la miró fijamente. Sabía quién era ella. Sabía que en su pecho latía un reactor arc que ella misma había perfeccionado, y sabía que bajo esa fachada de arrogancia había una mente que podía predecir el futuro de la tecnología. Pero también sabía algo que ella no: que Thanos vendría, que las Gemas del Infinito eran reales y que, en este mundo de mujeres alfa, la arrogancia podía ser su perdición.
—Tony, agradezco la hospitalidad —dijo Raiden, tratando de sonar serio—, pero no soy un adorno. Tengo conocimientos que podrían serte útiles. He estado revisando tus planos del Mark XLVII y el sistema de enfriamiento tiene una redundancia innecesaria que...
Tony soltó una carcajada genuina y lo tomó por los hombros, obligándolo a caminar hacia la sala principal del ático.
—¡Es adorable! ¡Incluso intenta hablar de ingeniería! —gritó ella hacia la nada, probablemente dirigiéndose a su IA, que en este mundo se llamaba J.A.R.V.I.S. (Just A Rather Very Intelligent Sister)—. Escucha, Raiden. Tú quédate aquí, come cosas ricas, lee libros y quédate a mi lado en las fiestas para que la gente crea que tengo corazón. Yo me encargo de salvar el mundo.
En la sala, sentada en el sofá de cuero con una pierna cruzada sobre la otra y una copa de vino en la mano, estaba Natasha Romanoff. La Directora de SHIELD no vestía su uniforme táctico, sino un vestido negro que gritaba peligro. Sus ojos verdes escanearon a Raiden de arriba abajo, como un depredador evaluando una presa especialmente rara.
—Así que este es el famoso "tesoro" que encontraste, Stark —comentó Natasha con una voz aterciopelada—. Tienes razón. Es... hipnótico.
—Ni lo pienses, Romanoff —advirtió Tony, interponiéndose ligeramente entre Raiden y la espía—. No vas a reclutarlo para tus "programas de vigilancia". Es demasiado frágil para tus juegos de sombras.
—No seas ridícula, Antonia —respondió Natasha, levantándose con una elegancia felina—. Solo quiero asegurarme de que esté a salvo. Un chico con este aspecto en las calles de Nueva York no duraría diez minutos sin ser... "adoptado" por alguien con menos escrúpulos que tú.
Raiden sintió un escalofrío. La "protección" en este mundo se sentía mucho como una jaula de oro.
—No soy frágil —intervino Raiden, cruzando los brazos sobre su pecho, lo cual solo sirvió para que ambas mujeres soltaran un "Aww" sincronizado—. Sé exactamente qué está pasando en el mundo. Sé que SHIELD está infiltrado por Hydra.
El silencio que siguió fue tan pesado que se podría haber cortado con un cuchillo de vibranium. Natasha dejó su copa sobre la mesa, su expresión transformándose instantáneamente en una máscara de frialdad profesional. Tony, por su parte, frunció el ceño, su mano deteniéndose a medio camino de otra caricia en el pelo de Raiden.
—¿Qué dijiste, pequeño? —preguntó Natasha, su voz ahora era un susurro peligroso.
—Dije que están mirando hacia el espacio buscando amenazas mientras las serpientes crecen bajo sus pies —continuó Raiden, sabiendo que este era su momento. Si quería ser un jugador y no un juguete, tenía que demostrar su valor ahora—. Alexander Pierce no es el aliado que crees. El Proyecto Insight no es para la protección global, es para la ejecución masiva.
Natasha se movió tan rápido que Raiden ni siquiera la vio venir. En un parpadeo, ella estaba frente a él, a escasos centímetros, su perfume a sándalo y pólvora inundando sus sentidos. Le tomó la barbilla con delicadeza, pero sus dedos eran de acero.
—¿De dónde has sacado esos nombres? —inquirió ella—. Esa información está clasificada en niveles que ni siquiera la Presidenta maneja con soltura.
—Te lo dije —respondió Raiden, sosteniendo la mirada dorada contra la verde—, soy más que una cara bonita. Si me mantienen encerrado aquí como a un canario, Hydra ganará. Y créanme, no querrán ver lo que pasa cuando el Soldado de Invierno reciba la orden de activar los helitransportes.
Tony soltó un silbido bajo, caminando de un lado a otro.
—Nat, si lo que dice es cierto...
—Es imposible que lo sepa —cortó la espía, sin apartar los ojos de Raiden—. A menos que sea un activo de Hydra enviado para confundirnos. Pero nadie enviaría a alguien que despierta tantos instintos de protección. Es contraproducente para un asesino.
—No soy de Hydra —dijo Raiden, suspirando—. Soy un aliado. Pero necesito que me escuchen. El mundo va a cambiar. Pronto, una mujer llamada Carol Danvers regresará del espacio porque una señal la llamará, y para entonces, necesitamos que la Tierra no sea un cementerio dirigido por nazis.
Tony se detuvo y miró a Natasha.
—Bueno, esto complica mi plan de llevarlo a la gala de la Fundación Stark el sábado.
—Esto complica todo —corrigió Natasha—. Stark, este chico no sale de este edificio. No porque sea "adorable", sino porque si lo que dice es verdad, es el objetivo más valioso del planeta.
Raiden se hundió en el sofá, frustrado. Había logrado demostrar su inteligencia, pero el resultado había sido el mismo: más protección. El problema de ser tan "abrazable" era que incluso cuando soltabas verdades que destruían gobiernos, la gente solo quería envolverte en plástico de burbujas.
—No pueden mantenerme aquí —protestó Raiden—. Necesito acceder a la red de SHIELD para mostrarles las pruebas. Puedo hackear los servidores de Arnim Zola si me dan una terminal con suficiente potencia.
Tony se acercó y, para desesperación de Raiden, volvió a pellizcarle una mejilla.
—Claro que sí, genio. Te pondré una terminal en tu habitación, con una silla muy cómoda y todos los bocadillos que quieras. Pero de aquí no sales. Natasha, trae a un equipo de limpieza de confianza. Si Hydra está en SHIELD, la Torre Stark es el único lugar seguro.
—Estoy de acuerdo —dijo Natasha, sacando su teléfono—. Voy a movilizar a Maria Hill. Ella es de las pocas que pondría mi mano en el fuego.
Raiden observó cómo las dos mujeres más poderosas de la ciudad empezaban a conspirar para convertir su vida en un búnker de máxima seguridad. Sabía que tenía la ventaja de la información, pero su cuerpo era su mayor obstáculo. En este mundo de amazonas y heroínas, él era la pieza más rara del tablero: un rey que todos querían proteger, pero que nadie dejaba mover.
—Esto va a ser más difícil de lo que pensaba —murmuró para sí mismo.
—¿Decías algo, cielo? —preguntó Tony, mientras proyectaba hologramas de seguridad alrededor de la habitación.
—Dije que quiero pizza —mintió Raiden, poniendo su mejor cara de niño abandonado.
—¡J.A.R.V.I.S.! —exclamó Tony—. La mejor pizza de Italia, traída en jet privado. Ahora mismo.
Raiden sonrió para sus adentros mientras se recostaba en el sofá. Si querían tratarlo como a un príncipe, aceptaría los lujos por ahora. Pero mientras ellas vigilaban las puertas, él desmantelaría a Hydra desde una computadora, y para cuando se dieran cuenta de que el "pequeño Raiden" era el estratega más peligroso del mundo, ya sería demasiado tarde para detenerlo.
Después de todo, nadie sospecha del peón de porcelana hasta que este llega al final del tablero y se convierte en la pieza más letal de todas.
Horas más tarde, mientras Tony se quedaba dormida sobre sus planos y Natasha vigilaba desde las sombras del balcón, Raiden abrió una ventana de comandos oculta en la terminal que le habían proporcionado. Sus dedos volaban sobre el teclado con una destreza que no correspondía a su apariencia frágil.
—Bien, Arnim —susurró Raiden, sus ojos dorados reflejando el código verde que corría por la pantalla—. Veamos qué tan bien escondido estás en el sistema de SHIELD.
Una notificación apareció en la esquina de su pantalla. Era un acceso remoto no autorizado. Alguien más estaba observando.
—¿Hola? —escribió Raiden en la consola.
La respuesta tardó apenas unos segundos.
"¿Quién es este usuario? ¿Y por qué Stark tiene a un ángel blanco hackeando mis sistemas?"
Raiden reconoció el rastro digital. Era audaz, caótico y brillante. Era Shuri, o quizás en este universo, la genio detrás de Wakanda. Sonrió. El tablero se estaba expandiendo.
—Soy el que va a salvarles el cuello a todas —tecleó él—. Pero primero, necesito que dejes de intentar rastrear mi IP y me ayudes a borrar un algoritmo de asesinato masivo. ¿Te interesa, princesa?
La respuesta fue inmediata:
"Me gusta tu estilo, Copo de Nieve. Hablemos."
Raiden cerró la comunicación justo cuando Natasha entraba de nuevo en la sala para comprobar que seguía allí. Él cerró la pestaña del navegador y fingió estar viendo un video de gatitos.
—¿Sigues despierto? —preguntó la espía, suavizando su expresión.
—No podía dormir —respondió él con su voz más inocente—. El mundo es un lugar muy grande y ruidoso, Natasha.
Ella se acercó y le puso una mano en el hombro, un gesto que en ella era casi una declaración de amor fraternal.
—No te preocupes. Mientras yo respire, nada te va a pasar.
Raiden asintió, ocultando una sonrisa cínica. "Exacto", pensó. "Nada me va a pasar porque ustedes van a estar demasiado ocupadas peleando las batallas que yo voy a planear para ustedes".
La mente brillante en el cuerpo adorable volvió a su almohada, sabiendo que el primer paso para salvar el mundo era, irónicamente, dejar que el mundo creyera que él necesitaba ser salvado. El juego apenas comenzaba, y Raiden Makoto ya tenía a la Reina de las Espías y a la Reina de la Tecnología comiendo de la palma de su mano.
Solo faltaba el resto del universo. Y él estaba más que listo para jugar.
Ahora, frente al espejo de un baño de lujo en la Torre Stark, Raiden Makoto contemplaba su reflejo con una mezcla de horror y resignación. Su cabello era blanco como la nieve recién caída, suave al tacto y con una tendencia natural a esponjarse de forma encantadora. Sus ojos, grandes y brillantes como el oro líquido, parecían emitir un aura de inocencia que él sabía que no poseía. Tenía la piel pálida, las facciones delicadas y una estatura que lo hacía parecer perpetuamente necesitado de un abrazo.
—Esto tiene que ser una broma cósmica —susurró, y su voz sonó tan melódica y dulce que tuvo ganas de vomitar.
No solo estaba en el universo Marvel, sino que estaba en la versión más extraña posible. En este mundo, el cromosoma Y parecía ser sinónimo de fragilidad y decoración. Había pasado las últimas cuarenta y ocho horas observando las noticias: la Presidenta de los Estados Unidos, la General Ross, la implacable Directora de SHIELD, Natasha Romanoff. Los hombres eran secretarios, modelos o trofeos. Y él, con esta apariencia, era básicamente el equivalente a un gatito de angora en un mundo de leonas hambrientas.
La puerta del baño se abrió de golpe sin previo aviso.
—¿Pequeño? ¿Sigues ahí dentro? Me estaba empezando a preocupar de que te hubieras ahogado en el lavabo.
Antonia "Tony" Stark entró en la habitación con la confianza de quien es dueña no solo del edificio, sino de la ciudad entera. Llevaba un traje de sastre hecho a medida que acentuaba su figura imponente, y sus ojos oscuros, inteligentes y afilados, se suavizaron instantáneamente al posarse en Raiden.
—Oh, mírate —dijo Tony, acercándose para revolverle el cabello blanco—. Estás pálido. ¿Es el aire acondicionado? ¿Necesitas una manta de cachemira? Puedo comprar una fábrica de cachemira ahora mismo si eso te hace sentir mejor.
Raiden suspiró, tratando de mantener su dignidad mientras la mujer más poderosa del mundo tecnológico lo trataba como a un peluche.
—Estoy bien, Stark. Solo estaba pensando.
—No pienses mucho, te saldrán arrugas en esa carita perfecta —bromeó ella, aunque había un trasfondo de posesividad en su tono—. Y dime "Tony", ya te lo he dicho. Te encontré vagando cerca de mi laboratorio con esa mirada de ciervo asustado y decidí que el mundo es demasiado cruel para alguien como tú. Desde hoy, eres oficialmente mi protegido. Mi... "consultor de bienestar emocional", si necesitas un título para Recursos Humanos.
Raiden la miró fijamente. Sabía quién era ella. Sabía que en su pecho latía un reactor arc que ella misma había perfeccionado, y sabía que bajo esa fachada de arrogancia había una mente que podía predecir el futuro de la tecnología. Pero también sabía algo que ella no: que Thanos vendría, que las Gemas del Infinito eran reales y que, en este mundo de mujeres alfa, la arrogancia podía ser su perdición.
—Tony, agradezco la hospitalidad —dijo Raiden, tratando de sonar serio—, pero no soy un adorno. Tengo conocimientos que podrían serte útiles. He estado revisando tus planos del Mark XLVII y el sistema de enfriamiento tiene una redundancia innecesaria que...
Tony soltó una carcajada genuina y lo tomó por los hombros, obligándolo a caminar hacia la sala principal del ático.
—¡Es adorable! ¡Incluso intenta hablar de ingeniería! —gritó ella hacia la nada, probablemente dirigiéndose a su IA, que en este mundo se llamaba J.A.R.V.I.S. (Just A Rather Very Intelligent Sister)—. Escucha, Raiden. Tú quédate aquí, come cosas ricas, lee libros y quédate a mi lado en las fiestas para que la gente crea que tengo corazón. Yo me encargo de salvar el mundo.
En la sala, sentada en el sofá de cuero con una pierna cruzada sobre la otra y una copa de vino en la mano, estaba Natasha Romanoff. La Directora de SHIELD no vestía su uniforme táctico, sino un vestido negro que gritaba peligro. Sus ojos verdes escanearon a Raiden de arriba abajo, como un depredador evaluando una presa especialmente rara.
—Así que este es el famoso "tesoro" que encontraste, Stark —comentó Natasha con una voz aterciopelada—. Tienes razón. Es... hipnótico.
—Ni lo pienses, Romanoff —advirtió Tony, interponiéndose ligeramente entre Raiden y la espía—. No vas a reclutarlo para tus "programas de vigilancia". Es demasiado frágil para tus juegos de sombras.
—No seas ridícula, Antonia —respondió Natasha, levantándose con una elegancia felina—. Solo quiero asegurarme de que esté a salvo. Un chico con este aspecto en las calles de Nueva York no duraría diez minutos sin ser... "adoptado" por alguien con menos escrúpulos que tú.
Raiden sintió un escalofrío. La "protección" en este mundo se sentía mucho como una jaula de oro.
—No soy frágil —intervino Raiden, cruzando los brazos sobre su pecho, lo cual solo sirvió para que ambas mujeres soltaran un "Aww" sincronizado—. Sé exactamente qué está pasando en el mundo. Sé que SHIELD está infiltrado por Hydra.
El silencio que siguió fue tan pesado que se podría haber cortado con un cuchillo de vibranium. Natasha dejó su copa sobre la mesa, su expresión transformándose instantáneamente en una máscara de frialdad profesional. Tony, por su parte, frunció el ceño, su mano deteniéndose a medio camino de otra caricia en el pelo de Raiden.
—¿Qué dijiste, pequeño? —preguntó Natasha, su voz ahora era un susurro peligroso.
—Dije que están mirando hacia el espacio buscando amenazas mientras las serpientes crecen bajo sus pies —continuó Raiden, sabiendo que este era su momento. Si quería ser un jugador y no un juguete, tenía que demostrar su valor ahora—. Alexander Pierce no es el aliado que crees. El Proyecto Insight no es para la protección global, es para la ejecución masiva.
Natasha se movió tan rápido que Raiden ni siquiera la vio venir. En un parpadeo, ella estaba frente a él, a escasos centímetros, su perfume a sándalo y pólvora inundando sus sentidos. Le tomó la barbilla con delicadeza, pero sus dedos eran de acero.
—¿De dónde has sacado esos nombres? —inquirió ella—. Esa información está clasificada en niveles que ni siquiera la Presidenta maneja con soltura.
—Te lo dije —respondió Raiden, sosteniendo la mirada dorada contra la verde—, soy más que una cara bonita. Si me mantienen encerrado aquí como a un canario, Hydra ganará. Y créanme, no querrán ver lo que pasa cuando el Soldado de Invierno reciba la orden de activar los helitransportes.
Tony soltó un silbido bajo, caminando de un lado a otro.
—Nat, si lo que dice es cierto...
—Es imposible que lo sepa —cortó la espía, sin apartar los ojos de Raiden—. A menos que sea un activo de Hydra enviado para confundirnos. Pero nadie enviaría a alguien que despierta tantos instintos de protección. Es contraproducente para un asesino.
—No soy de Hydra —dijo Raiden, suspirando—. Soy un aliado. Pero necesito que me escuchen. El mundo va a cambiar. Pronto, una mujer llamada Carol Danvers regresará del espacio porque una señal la llamará, y para entonces, necesitamos que la Tierra no sea un cementerio dirigido por nazis.
Tony se detuvo y miró a Natasha.
—Bueno, esto complica mi plan de llevarlo a la gala de la Fundación Stark el sábado.
—Esto complica todo —corrigió Natasha—. Stark, este chico no sale de este edificio. No porque sea "adorable", sino porque si lo que dice es verdad, es el objetivo más valioso del planeta.
Raiden se hundió en el sofá, frustrado. Había logrado demostrar su inteligencia, pero el resultado había sido el mismo: más protección. El problema de ser tan "abrazable" era que incluso cuando soltabas verdades que destruían gobiernos, la gente solo quería envolverte en plástico de burbujas.
—No pueden mantenerme aquí —protestó Raiden—. Necesito acceder a la red de SHIELD para mostrarles las pruebas. Puedo hackear los servidores de Arnim Zola si me dan una terminal con suficiente potencia.
Tony se acercó y, para desesperación de Raiden, volvió a pellizcarle una mejilla.
—Claro que sí, genio. Te pondré una terminal en tu habitación, con una silla muy cómoda y todos los bocadillos que quieras. Pero de aquí no sales. Natasha, trae a un equipo de limpieza de confianza. Si Hydra está en SHIELD, la Torre Stark es el único lugar seguro.
—Estoy de acuerdo —dijo Natasha, sacando su teléfono—. Voy a movilizar a Maria Hill. Ella es de las pocas que pondría mi mano en el fuego.
Raiden observó cómo las dos mujeres más poderosas de la ciudad empezaban a conspirar para convertir su vida en un búnker de máxima seguridad. Sabía que tenía la ventaja de la información, pero su cuerpo era su mayor obstáculo. En este mundo de amazonas y heroínas, él era la pieza más rara del tablero: un rey que todos querían proteger, pero que nadie dejaba mover.
—Esto va a ser más difícil de lo que pensaba —murmuró para sí mismo.
—¿Decías algo, cielo? —preguntó Tony, mientras proyectaba hologramas de seguridad alrededor de la habitación.
—Dije que quiero pizza —mintió Raiden, poniendo su mejor cara de niño abandonado.
—¡J.A.R.V.I.S.! —exclamó Tony—. La mejor pizza de Italia, traída en jet privado. Ahora mismo.
Raiden sonrió para sus adentros mientras se recostaba en el sofá. Si querían tratarlo como a un príncipe, aceptaría los lujos por ahora. Pero mientras ellas vigilaban las puertas, él desmantelaría a Hydra desde una computadora, y para cuando se dieran cuenta de que el "pequeño Raiden" era el estratega más peligroso del mundo, ya sería demasiado tarde para detenerlo.
Después de todo, nadie sospecha del peón de porcelana hasta que este llega al final del tablero y se convierte en la pieza más letal de todas.
Horas más tarde, mientras Tony se quedaba dormida sobre sus planos y Natasha vigilaba desde las sombras del balcón, Raiden abrió una ventana de comandos oculta en la terminal que le habían proporcionado. Sus dedos volaban sobre el teclado con una destreza que no correspondía a su apariencia frágil.
—Bien, Arnim —susurró Raiden, sus ojos dorados reflejando el código verde que corría por la pantalla—. Veamos qué tan bien escondido estás en el sistema de SHIELD.
Una notificación apareció en la esquina de su pantalla. Era un acceso remoto no autorizado. Alguien más estaba observando.
—¿Hola? —escribió Raiden en la consola.
La respuesta tardó apenas unos segundos.
"¿Quién es este usuario? ¿Y por qué Stark tiene a un ángel blanco hackeando mis sistemas?"
Raiden reconoció el rastro digital. Era audaz, caótico y brillante. Era Shuri, o quizás en este universo, la genio detrás de Wakanda. Sonrió. El tablero se estaba expandiendo.
—Soy el que va a salvarles el cuello a todas —tecleó él—. Pero primero, necesito que dejes de intentar rastrear mi IP y me ayudes a borrar un algoritmo de asesinato masivo. ¿Te interesa, princesa?
La respuesta fue inmediata:
"Me gusta tu estilo, Copo de Nieve. Hablemos."
Raiden cerró la comunicación justo cuando Natasha entraba de nuevo en la sala para comprobar que seguía allí. Él cerró la pestaña del navegador y fingió estar viendo un video de gatitos.
—¿Sigues despierto? —preguntó la espía, suavizando su expresión.
—No podía dormir —respondió él con su voz más inocente—. El mundo es un lugar muy grande y ruidoso, Natasha.
Ella se acercó y le puso una mano en el hombro, un gesto que en ella era casi una declaración de amor fraternal.
—No te preocupes. Mientras yo respire, nada te va a pasar.
Raiden asintió, ocultando una sonrisa cínica. "Exacto", pensó. "Nada me va a pasar porque ustedes van a estar demasiado ocupadas peleando las batallas que yo voy a planear para ustedes".
La mente brillante en el cuerpo adorable volvió a su almohada, sabiendo que el primer paso para salvar el mundo era, irónicamente, dejar que el mundo creyera que él necesitaba ser salvado. El juego apenas comenzaba, y Raiden Makoto ya tenía a la Reina de las Espías y a la Reina de la Tecnología comiendo de la palma de su mano.
Solo faltaba el resto del universo. Y él estaba más que listo para jugar.
