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Multiverso "Kawaii": El Pequeño Hilo que Mantiene Unido el Destino

Fandom: Marvel, Harry Potter, dc, invencible

Creado: 8/6/2026

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Entre Crayones y Decretos Multiversales

La oficina principal de la Torre de la Convergencia era, por definición, el centro neurálgico del multiverso. Las paredes de cristal reforzado con vibranium y hechizos de protección rúnica ofrecían una vista panorámica de un cielo donde las nebulosas de Marvel se mezclaban con las constantes de tiempo de la Realidad de DC. Sin embargo, dentro de la oficina, el ambiente no era de una seriedad burocrática, sino más bien el de una guardería de altísima tecnología.

Raiden Makoto, el Director Ejecutivo del Multiverso, suspiró mientras ajustaba su postura en la silla de cuero que, francamente, le quedaba tres tallas demasiado grande. Su cabello blanco, puro como la nieve recién caída, caía sobre sus hombros, y sus ojos dorados brillaban con una inteligencia que nadie parecía querer reconocer.

En ese momento, Raiden no estaba firmando una declaración de guerra. Estaba usando un bolígrafo de punta fina de Stark Industries —que también funcionaba como un cortador láser de precisión— para colorear cuidadosamente dentro de las líneas de un dibujo de un gatito.

La puerta de seguridad se abrió de par en par. Antonia Stark entró con su armadura de nanotecnología replegándose en un elegante traje de sastre rojo.

—¡Mi pequeño genio! —exclamó Antonia, ignorando por completo la pila de informes sobre la incursión de la Zona Negativa que descansaba en la esquina del escritorio—. Mira lo que te traje. Es un prototipo de tableta holográfica con inteligencia artificial integrada. Solo para que dibujes en 4D. No quiero que te canses usando papel físico, es tan... del siglo veinte.

Antes de que Raiden pudiera articular una palabra, una sombra se desprendió de los rincones oscuros de la habitación. Batwoman —o Bryce Wayne, como prefería que la llamaran en las reuniones de presupuesto— dio un paso al frente. Sus ojos recorrieron la habitación con la paranoica precisión de la mejor detective del mundo.

—Stark, deja de intentar sobornar al Director con juguetes —dijo Bryce con su voz ronca y autoritaria—. Raiden necesita estímulos cognitivos reales. He preparado un nuevo conjunto de acertijos criptográficos disfrazados de laberintos. Si logra resolverlos todos para la tarde, sabré que su capacidad táctica está evolucionando según lo previsto.

Raiden levantó la vista, sus ojos dorados parpadearon con una inocencia que era, en realidad, su defensa más poderosa. El "Protocolo de Ternura" se activó instantáneamente. Antonia y Bryce, dos de las mujeres más peligrosas y decididas de sus respectivos universos, sintieron ese pinchazo biológico en el corazón.

—Pero... me gusta el gatito —murmuró Raiden con una voz suave que derretiría un glaciar.

—¡Oh, por supuesto que te gusta el gatito! —Antonia casi se abalanza sobre el escritorio para apretarle las mejillas, pero se detuvo ante la mirada gélida de Bryce—. Es un gatito precioso. Bryce, eres un monstruo, ¿cómo puedes hablar de criptografía cuando él está en medio de su hora de arte?

—Es por su propio bien —insistió Bryce, aunque su mano temblaba levemente por el deseo de acomodarle un mechón de cabello blanco a Raiden.

De repente, un estallido de luz verde y el olor a pergamino antiguo llenaron la sala. La profesora Minerva McGonagall emergió de una red de chispas mágicas, luciendo su túnica esmeralda y una expresión de desaprobación absoluta.

—Suficiente, ambas —sentenció Minerva, golpeando el suelo con su bastón—. El heredero no necesita ni circuitos ni acertijos mundanos. Es hora de su lección sobre la ética de la transmutación. Además, le he traído unos pastelitos de calabaza hechos por los elfos domésticos de Hogwarts. Todavía están calientes.

—¡Minerva! —protestó Antonia—. El azúcar a esta hora le dará un bajón de energía.

—Mi magia protege su metabolismo, Stark, algo que su "tecnología" claramente no puede replicar —replicó la bruja con altivez.

En la esquina de la oficina, Marka Grayson, la guardia de seguridad personal y la mujer más fuerte del planeta, se cruzó de brazos. Su traje de Viltrumita brillaba bajo las luces led. Ella no participaba en las discusiones, pero sus ojos escaneaban cada movimiento de las otras tres.

—Si alguien eleva el tono de voz un decibelio más —advirtió Marka con una calma aterradora—, las sacaré de esta oficina volando a través de las paredes. El Director necesita paz para su... —miró el dibujo del gatito— ...importante labor administrativa.

Raiden aprovechó el caos de la discusión para deslizar un documento oficial debajo de su libro de colorear. Era un decreto que fusionaba las redes de suministro de energía de Metrópolis con las de Nueva York, eliminando de un plumazo la escasez de recursos que estaba provocando una fricción innecesaria entre los héroes locales. Con un movimiento rápido, estampó su sello oficial mientras fingía buscar un crayón azul.

—¡Disculpen! —Una voz estridente y melodiosa interrumpió la pelea.

En el umbral de la puerta apareció Loki, la Diosa de las Mentiras, luciendo su corona de cuernos dorados y una capa que parecía hecha de sombras líquidas. Detrás de ella, Lex Luthor, en su versión femenina y con un traje empresarial que costaba más que un país pequeño, caminaba con una sonrisa depredadora.

—Hemos venido a discutir los términos de nuestra rendición... o quizás de su abdicación —anunció Lex, ajustándose las gafas—. Este multiverso necesita una mano firme, no a un... un...

Lex se detuvo en seco. Sus ojos se encontraron con los de Raiden. El Director la miró con una pizca de curiosidad, ladeando la cabeza. Sus grandes ojos dorados parecieron brillar con una luz celestial y pura.

—Hola, Lexie —dijo Raiden, dándole una sonrisa tímida—. ¿Quieres un pastelito? Minerva trajo muchos.

El silencio que siguió fue absoluto. Lex Luthor, la mujer que había diseñado planes para matar a dioses, sintió que sus rodillas flaqueaban. El Protocolo de Ternura la golpeó como un camión de carga.

—Yo... —Lex carraspeó, tratando de recuperar su compostura, pero su mirada se desvió hacia el cabello blanco de Raiden—. Yo... aceptaré el pastelito. Pero solo porque la glucosa es necesaria para el cerebro.

Loki, por su parte, ya estaba arrodillada junto al escritorio, mirando el dibujo de Raiden.

—¿Por qué el gato no tiene alas, pequeño mortal? —preguntó Loki con una suavidad que nunca usaba con Thor—. Con un par de alas y un toque de verde esmeralda, sería un depredador digno de los nueve reinos. ¿Quieres que le dé vida? Puedo hacerlo por ti.

—¡Loki, aleja tu magia caótica de él! —gritó Antonia, interponiéndose—. ¡Y Lex, ni se te ocurra intentar manipularlo con tus discursos de superioridad humana!

—¿Manipularlo? —Lex se indignó—. ¡Solo quiero asegurarme de que esté sentado en una silla ergonómica! Mirad eso, su espalda va a sufrir. Stark, si fueras tan inteligente como dices, le habrías diseñado un trono flotante con soporte lumbar.

—¡Yo ya estoy trabajando en eso! —rugió Antonia.

En cuestión de segundos, la oficina se convirtió en un campo de batalla dialéctico. Las seis mujeres más poderosas de varios universos estaban enzarzadas en una disputa frenética sobre quién tenía el derecho de cuidar a Raiden, qué dieta era la más saludable para un "ser de su pureza" y quién lo llevaría al parque interdimensional el próximo domingo.

—¡Yo tengo el Jet invisible! —gritó una voz desde el pasillo. Diana Prince, Wonder Woman, entró trotando, seguida de cerca por Carol Danvers—. ¡Es el transporte más seguro!

—¡Seguro, pero aburrido! —replicó Carol—. Yo puedo llevarlo a ver las auroras boreales de Júpiter en diez segundos.

Raiden, mientras tanto, suspiró con resignación. Tomó su sello oficial y, con una precisión quirúrgica, firmó tres decretos más. Uno para desmantelar las fábricas de armas ilegales en Gotham, otro para establecer un fondo de becas mágicas en Kamar-Taj y un tercero para enviar suministros de socorro a los planetas devastados por la última invasión de Omni-Man.

—Es tan difícil trabajar con estas distracciones —pensó Raiden, mientras hacía un garabato de una flor junto al gatito.

—¡Director! —Marka Grayson se acercó a él, ignorando la pelea que ahora incluía a Wonder Woman y Carol discutiendo horarios de siesta—. ¿Está bien? ¿Desea que las saque a todas a la estratosfera?

Raiden miró a Marka y luego a la horda de superheroínas y villanas que ahora estaban comparando las tablas nutricionales de diferentes marcas de leche orgánica.

—No, Marka. Está bien —dijo Raiden, extendiendo su dibujo terminado—. Mira, he terminado el dibujo. ¿Crees que es bonito?

Marka Grayson, la mujer que podía mover montañas, sintió que se le humedecían los ojos.

—Es... es la obra de arte más importante de este milenio, señor —susurró ella con total sinceridad.

—¡Enseñame eso! —Antonia Stark se lanzó sobre el dibujo—. ¡Voy a escanearlo y proyectarlo en la luna para que todos lo vean!

—¡Ni hablar! —intervino Bryce—. Ese dibujo pertenece a los archivos de seguridad de la Torre. Es una pieza de valor incalculable.

Mientras las mujeres comenzaban una nueva ronda de discusiones sobre el destino del dibujo del gatito, Raiden se deslizó fuera de su silla. Caminó hacia el gran ventanal, observando cómo las realidades se entrelazaban pacíficamente gracias a sus reformas administrativas ocultas.

Nadie sospechaba que el "adorable" Director Ejecutivo era, en realidad, el arquitecto de una utopía forzada. Nadie se daba cuenta de que, mientras ellas peleaban por quién le ponía la bufanda más suave, él estaba eliminando las causas raíz del conflicto multiversal.

—Director, ¿a dónde va? —preguntó Minerva, deteniendo su discusión con Loki.

Raiden se giró, mostrando su mejor sonrisa de "no rompo un plato".

—Tengo hambre —dijo simplemente—. ¿Podemos ir todos por helado?

Hubo un silencio sepulcral. Luego, un estallido de actividad.

—¡Yo pago! —gritó Lex Luthor, sacando una tarjeta de crédito de platino negro.

—¡Mi armadura tiene un compartimento de refrigeración criogénica para que no se derrita! —añadió Antonia.

—Yo conozco una heladería en el siglo XIX que es exquisita —propuso Minerva, preparando un traslador.

Raiden Makoto caminó hacia la salida, rodeado por su séquito de protectoras sobrehumanas, diosas y genios. Mientras bajaban en el ascensor, él revisó mentalmente su agenda. Mañana tendría que convencer a Thanos de que dejara de buscar las Gemas del Infinito y se dedicara a la jardinería hidropónica. Probablemente solo tendría que pedirlo con un puchero y una mirada triste.

Ser el Director Ejecutivo era un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo. Y si ese alguien tenía que ser adorablemente perfecto para mantener la paz, Raiden estaba dispuesto a aceptar el sacrificio. Después de todo, el helado de chocolate de la Tierra-616 era realmente insuperable.
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