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Harem de mineta

Fandom: My hero academia

Creado: 8/6/2026

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El aroma de la uva y el destino

La Academia U.A. siempre estaba llena de sorpresas, pero nadie, ni siquiera el mismísimo Shota Aizawa, estaba preparado para lo que ocurrió un martes por la tarde en la sala común de la Clase 1-A. Todo comenzó con un pequeño accidente en el laboratorio de apoyo, una mezcla mal calculada de feromonas sintéticas y la peculiar estructura genética de Minoru Mineta.

Mineta, que apenas alcanzaba el metro diez de estatura, caminaba por el pasillo con su habitual expresión de determinación, la cual solía estar enfocada en encontrar el ángulo perfecto para ver a sus compañeras. Sin embargo, ese día algo era distinto. Un aura dorada y un aroma dulce, casi hipnótico, emanaba de las esferas púrpuras de su cabeza.

—Oigan, ¿no sienten que el aire está más... dulce? —preguntó Mina Ashido, deteniéndose en seco en medio de la sala.

Momo Yaoyorozu levantó la vista de su libro, parpadeando con confusión.

—Ahora que lo mencionas, Mina, es un aroma muy agradable. Como a uvas frescas bajo el sol.

En ese momento, la puerta se deslizó y Mineta entró. No traía su traje de héroe, sino el uniforme escolar, que siempre le quedaba un poco holgado. Se rascó la nuca y miró a su alrededor, buscando a Kaminari para ir a jugar videojuegos.

—¿Han visto a Denki? —preguntó Mineta con su voz chillona, pero que en ese momento sonó extrañamente melódica a los oídos de las chicas.

Mina, Momo, Tsuyu y Ochaco se quedaron congeladas. El pequeño estudiante, a quien usualmente evitaban debido a sus comentarios fuera de lugar, de repente parecía irradiar una luz heroica y una ternura irresistible. Sus ojos grandes y brillantes ya no parecían los de un pervertido, sino los de un alma incomprendida y valiente.

—Mineta-kun... —susurró Ochaco, sintiendo un calor inusual en sus mejillas—. No sabía que tus ojos eran tan... profundos.

Mineta se detuvo, confundido. Miró a Ochaco y luego a las demás. Su instinto de supervivencia le decía que algo iba mal, pero su corazón de adolescente honesto y desesperado por afecto dio un vuelco.

—¿Eh? ¿Mis ojos? —Mineta sonrió tímidamente—. Bueno, siempre trato de ver lo mejor de la vida, especialmente cuando estoy frente a chicas tan sexys como ustedes.

Normalmente, ese comentario le habría ganado un lengüetazo de Tsuyu o un golpe de Jiro, pero esta vez el efecto fue el opuesto.

—¡Oh, Minoru! —exclamó Mina, lanzándose hacia él y abrazándolo contra su pecho—. ¡Eres tan honesto! ¡Esa honestidad es tan refrescante en un mundo lleno de secretos!

—¿Minoru? —El pequeño héroe estaba hundiéndose en la suavidad de Mina, sintiendo que había llegado al paraíso—. Esto... esto es lo que siempre soñé, pero se siente extrañamente fácil.

Tsuyu Asui se acercó, colocando un dedo en su barbilla con su expresión pensativa de siempre, aunque sus mejillas estaban teñidas de un rosa intenso.

—Kero... Mineta-chan, siempre pensé que eras un poco molesto, pero ahora me doy cuenta de que solo eres un espíritu libre. Tu tamaño es perfecto para llevarte en el bolsillo y protegerte para siempre.

—¿Protegerme? —Mineta logró sacar la cabeza del abrazo de Mina—. ¡Yo soy un héroe! ¡Yo soy el que debería protegerlas a ustedes! Aunque si quieren cargarme, no me opondré.

Momo Yaoyorozu se levantó con elegancia, aunque sus manos temblaban ligeramente. Se acercó al grupo y miró a Mineta con una admiración que rozaba la devoción.

—Es tu determinación, Minoru-san. A pesar de las dificultades y de tu estatura, nunca te rindes. Eres... eres como un pequeño titán de la honestidad.

Mineta estaba en shock. El aroma que desprendía se intensificó. No sabía que el gas del laboratorio había reaccionado con su quirk, convirtiendo su deseo interno en una señal química irresistible. Pero, por una vez, Mineta no quería solo mirar; quería ser el hombre que ellas creían que era.

—Chicas, yo... —Mineta se puso firme, tratando de estirarse lo más posible para alcanzar el metro quince—. Siempre he sido sincero con lo que siento. Me gustan las chicas, me encantan, especialmente las que son fuertes y hermosas como ustedes. Si eso me hace un bicho raro, pues soy el bicho raro más feliz del mundo.

—¡Es tan tierno! —gritó Ochaco, uniendo sus manos—. ¡No puedo soportarlo!

Mientras tanto, en la entrada de la sala común, Bakugo, Midoriya y Todoroki observaban la escena con absoluta incredulidad.

—¿Qué demonios le pasa a ese enano? —gruñó Bakugo, con pequeñas explosiones saltando de sus palmas—. ¿Por qué están todas pegadas a él como si fuera un imán de carne?

—Parece que es algún tipo de efecto químico, Kacchan —analizó Midoriya, sacando su libreta rápidamente—. Mira el brillo en el aire. Mineta-kun debe estar emitiendo algo. Deberíamos llamar a Recovery Girl.

—No lo sé, Midoriya —intervino Todoroki con su tono monótono—. Se ven felices. Tal vez Mineta finalmente encontró su verdadero quirk: el carisma extremo.

De vuelta en el centro del caos, las chicas habían sentado a Mineta en el sofá más grande, tratándolo como si fuera un rey. Jiro, que acababa de llegar, intentó resistirse al principio, pero en cuanto el aroma llegó a su nariz, dejó caer sus auriculares.

—Mineta... —dijo Jiro, rascándose la nuca con timidez—. Ese solo de guitarra que intentaste tocar el otro día... en realidad no fue tan malo. Tienes ritmo.

—¿En serio, Jiro-san? —Mineta sonrió de oreja a oreja—. ¡Puedo aprender más! ¡Puedo escribir canciones sobre lo geniales que son tus conectores!

—¡Es tan considerado! —sollozó Mina, secándose una lágrima—. ¡Incluso se fija en los detalles técnicos de nuestros quirks!

Mineta, aunque disfrutaba de la atención, empezó a sentir una punzada de honestidad pura. Él era un pervertido, sí, pero también era un estudiante de la U.A. y, en el fondo, un buen chico que valoraba a sus amigos. Ver a sus compañeras actuando de forma tan errática empezó a preocuparle.

—Oigan, chicas —dijo Mineta, bajándose del sofá con esfuerzo—. Me encanta esto, de verdad. Es el mejor día de mi vida. Pero... ustedes no son así. Momo, tú eres súper seria y brillante. Ochaco, tú siempre estás pensando en ayudar a tu familia. No quiero que me quieran porque hay algo raro en el aire. Quiero que me quieran porque soy Minoru Mineta, el héroe que algún día será genial.

El silencio cayó sobre la sala común. Las palabras de Mineta, cargadas de una sinceridad que rara vez mostraba, parecieron romper ligeramente la niebla mental de las chicas. El aroma empezó a disiparse lentamente, mientras el efecto del químico perdía fuerza.

—¿Mineta-kun? —Ochaco parpadeó varias veces, como si despertara de un sueño—. ¿Por qué estoy tan cerca de ti?

—¡Ah! —Mina saltó hacia atrás, dándose cuenta de que lo estaba abrazando—. ¡Mis manos! ¡Están llenas de pegamento de uva!

Momo se aclaró la garganta, recuperando su compostura habitual, aunque un leve rubor persistía en sus mejillas.

—Creo que hubo algún tipo de incidente químico en el departamento de apoyo. Deberíamos ir a la enfermería de inmediato.

Tsuyu asintió, aunque miró a Mineta con una pequeña sonrisa, una que no era producto de ningún gas.

—Fue extraño, kero. Pero lo que dijiste al final... eso fue muy valiente, Mineta-chan.

Mineta se quedó allí, pequeño y solo en medio de la alfombra, mientras las chicas se dispersaban, todavía un poco aturdidas y comentando lo sucedido en voz baja. Se sintió un poco triste por el fin del "hechizo", pero al mismo tiempo, sintió un calor diferente en el pecho.

—¡Oye, Mineta! —llamó Denki Kaminari, entrando por fin en la sala—. No vas a creerlo, dicen que en el laboratorio explotó una bomba de feromonas y... ¡Espera! ¿Por qué hueles así? ¿Y por qué Jiro te está mirando de reojo sin querer matarte?

Mineta se encogió de hombros, metiendo las manos en sus bolsillos.

—Es el precio de ser un galán, Denki. A veces, la honestidad es el quirk más poderoso de todos.

—Sí, claro —se rio Kaminari, rodeando el cuello de su amigo con el brazo—. Vamos a jugar. Pero en serio, dame un poco de ese perfume antes de la próxima clase.

—Ni hablar —respondió Mineta, mirando hacia donde se habían ido las chicas—. Creo que prefiero ganármelo de la forma difícil. Aunque... un par de abrazos más no habrían estado mal.

Esa noche, Mineta no pudo dormir bien. No por las hormonas o el deseo, sino por el recuerdo de cómo se sintió ser respetado y admirado. Se dio cuenta de que, aunque medía 1.10m y tenía una mente que siempre divagaba hacia lo prohibido, su corazón era capaz de albergar algo más grande.

Al día siguiente, en el entrenamiento, Mineta se esforzó más que nunca. No para mirar a las chicas mientras saltaban, sino para que ellas vieran que el "pequeño titán de la honestidad" no era solo un efecto secundario de un gas, sino alguien que realmente pertenecía a la Clase 1-A.

—¡Mira eso! —comentó Kirishima, viendo a Mineta atrapar a un robot de entrenamiento usando una cadena de esferas con una precisión asombrosa—. ¡Mineta está encendido hoy!

Mina y Ochaco se miraron desde la distancia.

—Sabes... —dijo Mina en voz baja—. El efecto ya pasó, pero sigo pensando que es bastante lindo cuando se esfuerza tanto.

—Sí —asintió Ochaco con una sonrisa—. Es un buen chico, a su manera.

Mineta, desde el otro lado del campo, movió sus orejas. No había escuchado las palabras exactas, pero pudo ver las sonrisas dirigidas hacia él. Por primera vez, no sintió la necesidad de hacer un comentario lascivo. Solo levantó el pulgar, orgulloso de su estatura y de su camino.

Porque al final del día, Minoru Mineta sabía que no necesitaba pociones mágicas para hacerse notar. Solo necesitaba ser él mismo: amable, honesto y, por supuesto, un eterno admirador de la belleza, pero con el corazón de un verdadero héroe.

—¡Cuidado, mundo! —gritó mientras lanzaba otra esfera—. ¡Aquí viene Grape Juice, y no es solo dulce, es pegajoso como el destino!

La risa de sus compañeros llenó el aire, y aunque el aroma a uva se había ido, la esencia de un nuevo respeto comenzaba a florecer en la Academia U.A.
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