Fanfy
.studio
Imagen de fondo

El amor lo cura todo

Fandom: Kengan ashura

Creado: 8/6/2026

Etiquetas

DramaAngustiaDolor/ConsueloPsicológicoOscuroOmegaversoMpregEmbarazo No Planificado/No DeseadoHorror CorporalViolaciónExperimentación HumanaViolencia GráficaBiopunk
Índice

Sombras en la Sangre de la Victoria

El aire en el bar de la Asociación Kengan estaba saturado de humo, risas estrepitosas y el olor metálico de la adrenalina que aún no se disipaba tras los combates. Kiryu Setsuna observaba el fondo de su copa con una mirada ausente. La victoria contra Nikaido Ren había sido satisfactoria, un baile de sangre y técnica que lo acercaba más a su "Dios", a Ohma. A su lado, Tomoko reía animadamente, celebrando el triunfo con una efusividad que Setsuna apenas toleraba.

—¡Setsuna, estuviste increíble! —exclamó Tomoko, dándole una palmada en el hombro—. Esa forma en que retorciste su brazo... ¡Fue arte puro!

Setsuna esbozó una sonrisa lánguida, sus ojos fijos en la nada.

—Solo fue un paso más, Tomoko. Nada más.

—Bueno, el "paso más" merece un brindis. Iré al baño un momento, no te muevas de aquí —dijo ella, levantándose y desapareciendo entre la multitud sudorosa.

Setsuna se quedó solo. El murmullo del bar se convirtió en un zumbido blanco. Fue entonces cuando una sombra se proyectó sobre la mesa. Un hombre de gran envergadura, cuya presencia emanaba una hostilidad primitiva, se sentó frente a él. No era un peleador que Setsuna reconociera de inmediato, pero su cuerpo estaba cubierto de cicatrices que hablaban de una violencia similar a la que se vivía en la arena.

—Has dado un buen espectáculo hoy, muchacho —dijo el hombre con una voz ronca—. Toma, una invitación de la casa para el ganador.

Deslizó un vaso con un líquido ámbar oscuro hacia él. Setsuna dudó. Su instinto le decía que algo no estaba bien, pero la euforia post-combate y una extraña lasitud lo llevaron a aceptar. Bebió el contenido de un solo trago.

Apenas unos minutos después, el mundo empezó a girar. Un calor abrasador nació en su bajo vientre, extendiéndose como veneno por sus venas. Sus extremidades se sintieron pesadas, y la visión se le nubló.

—¿Qué... qué me has dado? —susurró Setsuna, intentando levantarse.

El hombre se puso de pie y lo agarró del brazo con una fuerza bruta.

—Parece que el alcohol te ha pegado fuerte, precioso. Vamos, te llevaré a descansar.

Setsuna intentó zafarse, pero su técnica, el Estilo Koei, requería una precisión que su cuerpo drogado no podía ejecutar. El desconocido lo arrastró fuera del bar, ignorando las protestas débiles del joven. Lo llevó por los pasillos del hotel donde se alojaban los peleadores, un lugar que debería haber sido seguro, hasta una habitación apartada.

Una vez dentro, la puerta se cerró con un estrépito final. El hombre arrojó a Setsuna violentamente sobre la cama. El impacto le sacó el aire de los pulmones.

—¡Suéltame! —gritó Setsuna, intentando reunir fuerzas para un *Rakshasa's Palm*, pero sus dedos apenas se doblaron.

El agresor no perdió el tiempo. Con un movimiento violento, le arrancó la ropa, dejando la piel pálida de Setsuna expuesta a la luz fría de la habitación. El joven luchó, arañando y pateando, pero eso solo pareció alimentar la lujuria del hombre.

—Me gusta que te resistas —gruñó el tipo, agarrándolo del cabello para estampar su rostro contra las sábanas—. Te hace parecer más una presa.

El primer golpe fue seco, directo a las costillas de Setsuna, dejándolo sin aliento. Sin preámbulos, sin una pizca de humanidad, el hombre lo penetró con una brutalidad que desgarró el silencio de la noche. Un grito desgarrador escapó de los labios de Setsuna, pero fue ahogado por la mano del agresor.

—¡Cállate! —le espetó al oído—. Has nacido para ser esto. Una puta para los guerreros de verdad. No eres más que un juguete.

La violación fue un ciclo interminable de dolor y degradación. El hombre lo insultaba, golpeaba su cuerpo con saña y lo sometía a actos que buscaban destruir no solo su carne, sino su espíritu. Setsuna gemía, suplicaba que se detuviera, pero sus palabras solo provocaban risas en su captor. En medio del trauma, la mente de Setsuna buscaba refugio en la imagen de Ohma, pero incluso esa visión se sentía profanada por la violencia del acto.

Al amanecer, el silencio regresó a la habitación. Setsuna abrió los ojos, sintiendo cada centímetro de su cuerpo como una herida abierta. El hombre se había ido. Con movimientos mecánicos y temblorosos, se vistió como pudo, evitando mirar las manchas de sangre y fluido en las sábanas. Salió de la habitación, deslizándose por los pasillos como un fantasma, rogando no cruzarse con nadie.

Al llegar a su propia habitación, se encerró y se metió en la ducha. El agua caliente golpeaba su piel, pero no lograba quitarle la sensación de suciedad. Frotó su cuerpo hasta que la piel se puso roja, intentando borrar el rastro del desconocido.

—Esto nunca pasó —se dijo a sí mismo, mirando su reflejo roto en el espejo—. Fue solo un mal sueño.

Las semanas pasaron en el torneo Kengan. Setsuna continuó con su fachada de calma maníaca, pero algo dentro de él estaba cambiando. Su apetito desapareció, seguido de náuseas matutinas que intentaba ocultar a Tomoko y a los demás. Sin embargo, lo más evidente fue el cambio en su fisionomía. Sus pechos, antes firmes y definidos por el entrenamiento, comenzaron a crecer de manera inusual, volviéndose sensibles al menor roce de su ropa.

Un día, mientras caminaba por los jardines del recinto, se topó con el Dr. Hanafusa y Shion Akiyama.

—Kiryu-kun, te ves pálido —comentó Shion con preocupación—. ¿Te sientes bien?

—Estoy perfectamente, Shion-san —respondió él, forzando una sonrisa.

Hanafusa, con su mirada clínica y desapasionada, lo observó fijamente.

—Tus niveles hormonales parecen estar en un estado de fluctuación extrema, Kiryu. Tu postura ha cambiado para compensar un cambio en tu centro de gravedad.

—No sé de qué habla, doctor —dijo Setsuna, intentando alejarse.

Pero no pudo evitar encontrarse con Raian Kure en el pasillo principal. El miembro del clan Kure lo miró de arriba abajo con una sonrisa maliciosa.

—Vaya, vaya... el "hermoso" Kiryu se está poniendo blando —se burló Raian, acercándose demasiado—. ¿Qué pasa? ¿Te has estado dando banquetes o es que finalmente te has convertido en la mujer que siempre pareciste?

—Cierra la boca, Raian —siseó Setsuna, aunque su voz carecía de su habitual veneno.

—¡Oh! ¿Y esos pechos? —Raian extendió una mano rápida como un látigo, apretando el pecho de Setsuna a través de la camisa.

Setsuna soltó un jadeo involuntario, una mezcla de dolor y una extraña sensibilidad que lo dejó paralizado. Raian soltó una carcajada.

—Estás preñado, ¿verdad? Qué asco me das.

El mundo de Setsuna se derrumbó. La sospecha que había intentado enterrar bajo capas de negación fue expuesta por el hombre más volátil del torneo.

Esa misma tarde, Yamashita Kazuo y Kaede lo encontraron sentado en un banco, con la mirada perdida. Yamashita, con su habitual amabilidad, se sentó a su lado.

—Kiryu-san... si hay algo que te preocupe, puedes decírnoslo. El señor Nogi está preocupado por el rendimiento de sus peleadores.

Setsuna no respondió. Solo se abrazó a sí mismo, sintiendo la hinchazón de su vientre, un bulto que empezaba a ser innegable.

La situación llegó a un punto crítico cuando Ohma Tokita apareció. Setsuna lo vio acercarse y, por primera vez, sintió miedo de su "Dios". No quería que Ohma lo viera así, impuro, portando el fruto de una violación brutal.

—Setsuna —dijo Ohma, su voz profunda y tranquila—. Hanafusa me ha contado sus sospechas. ¿Es verdad?

Setsuna se derrumbó de rodillas, sollozando.

—¡Perdóname, Ohma! ¡No quería que esto pasara! Él me obligó... fue tan violento... yo no soy digno de ti.

Ohma se acercó y, para sorpresa de todos, puso una mano sobre la cabeza de Setsuna. No había amor romántico en sus ojos, pero sí una aceptación elemental, la de un guerrero reconociendo el sufrimiento de otro.

—No eres una puta, Setsuna —dijo Ohma—. Eres un peleador. Lo que ese hombre te hizo no define quién eres.

Setsuna levantó la vista, las lágrimas surcando su rostro. El dolor de la violación seguía ahí, la humillación de la sumisión forzada y la brutalidad del acto que había cambiado su cuerpo, pero en las palabras de Ohma encontró un ancla.

Sin embargo, el proceso no sería fácil. Su cuerpo seguía transformándose, sus pechos creciendo más, la sensibilidad convirtiéndose en un recordatorio constante de su vulnerabilidad. Tomoko intentó consolarlo, ayudándolo a lidiar con los cambios físicos, pero el trauma estaba profundamente arraigado.

—Tienes que ser fuerte por lo que viene —le dijo Tomoko una noche, mientras le ayudaba a vendarse el pecho para ocultar su estado—. No dejes que ese tipo gane destruyéndote desde adentro.

Setsuna asintió débilmente. El camino hacia la redención y la aceptación de su nueva realidad sería largo y doloroso. La brutalidad de aquella noche en el hotel lo perseguiría en sus sueños, pero mientras tuviera la mirada de Ohma sobre él, aunque fuera una mirada de fría compasión, Setsuna encontraría la manera de seguir adelante, cargando con el peso de la vida que crecía en su interior, fruto de la sombra y la violencia.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic