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Artistas y fans

Fandom: Bts

Creado: 9/6/2026

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Entre el Brillo de los Diamantes y el Ritmo del Deseo

El aire en el backstage del Gocheok Sky Dome estaba cargado de una electricidad casi tangible. El murmullo de cientos de personas, el roce de las telas costosas y el aroma a perfumes de diseñador creaban una atmósfera embriagadora. Para Jeon Jungkook, sin embargo, el mundo se había reducido a una sola pantalla de monitor en su camerino, donde Lucía estaba terminando su prueba de sonido.

Ella era una fuerza de la naturaleza. Con tan solo veinticinco años, se movía por el escenario con una seguridad que intimidaba y atraía a partes iguales. Su voz, potente y aterciopelada, llenaba cada rincón del estadio. Jungkook la observaba con los labios ligeramente entreabiertos, ignorando a los estilistas que intentaban ajustar las cadenas de plata sobre su pecho descubierto bajo el blazer de seda negra.

—Cierra la boca, JK, vas a empezar a babear y tenemos que salir en diez minutos —bromeó Jimin, apoyando la barbilla en el hombro de su amigo mientras se miraba al espejo para retocar su propio delineado—. Sí, es guapísima. Y sí, ese vestido rojo le queda como si lo hubieran esculpido sobre ella, pero respira.

—No es solo el vestido, Jimin —murmuró Jungkook, sin apartar la vista de la pantalla—. Es la forma en que domina la canción. ¿Has escuchado el puente de "Lunar"? La composición es brillante.

—Lo sabemos, lo sabemos —intervino Yoongi desde el sofá, cruzado de brazos y con los ojos cerrados, aunque escuchaba con atención—. Sus progresiones de acordes son inusuales para el pop comercial. Tiene un cerebro privilegiado para la música. Es de los pocos artistas actuales que realmente entiendo por qué están donde están.

Namjoon, que estaba terminando de abrocharse los puños de la camisa, sonrió con nostalgia.

—Es muy agradable, además —comentó el líder—. Cuando coincidimos en la gala benéfica el año pasado, hablamos casi media hora sobre literatura latinoamericana. Es inteligente y no tiene miedo de decir lo que piensa.

Jungkook sintió una punzada de envidia sana. Namjoon ya había cruzado esa barrera; él, en cambio, seguía siendo el fan que daba "me gusta" a sus publicaciones desde una cuenta privada y mencionaba su nombre en entrevistas con las orejas rojas de vergüenza. Hoy tenía que ser el día. No podía dejar que la noche terminara sin, al menos, presentarse.

La ceremonia comenzó con una explosión de luces y gritos ensordecedores. BTS estaba sentado en la primera fila, el lugar de honor. A pocos metros, cruzando el pasillo central, estaba ella. Lucía lucía un vestido negro de encaje que gritaba elegancia y sofisticación. Estaba sentada junto a su equipo, riendo de algo que su manager le decía al oído.

—Oye, "Puppy boy" —susurró Taehyung, inclinándose hacia Jungkook—. Te está mirando.

Jungkook se tensó, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.

—Mientes —respondió entre dientes, manteniendo la vista al frente mientras aplaudía mecánicamente a un grupo que acababa de recibir un premio.

—No miento. Acaba de girar la cabeza y le ha dicho algo a su asistente mientras te señalaba discretamente con el programa —insistió Taehyung con esa sonrisa traviesa y seductora que siempre usaba cuando tramaba algo—. Deberías ir en el próximo intermedio.

—Ni hablar. No voy a interrumpirla aquí, con mil cámaras grabándonos —dijo Jungkook, aunque por dentro se moría de ganas.

La noche avanzó y la tensión creció. Llegó el turno de la presentación de Lucía. El escenario se tiñó de violeta y azul profundo. Ella apareció sentada en un trono de cristal, interpretando su último hit, una balada mid-tempo con un ritmo de R&B extremadamente sensual. Su coreografía era sutil pero cargada de intención; cada movimiento de cadera, cada mirada a la cámara, era un dardo directo al pecho de los espectadores.

Jungkook no parpadeó. Estaba hipnotizado. La forma en que ella se quitó la chaqueta de seda para quedar en un corsé que resaltaba su figura mientras alcanzaba una nota alta impecable hizo que el estadio entero rugiera.

—Vaya... —soltó J-Hope, impresionado—. Eso ha sido... intenso. Es muy buena bailando, tiene mucho flujo.

—Espectacular —añadió Jin, asintiendo con la cabeza—. Jungkook, creo que tu "celebrity crush" acaba de subir el nivel de la noche a algo inalcanzable.

Cuando terminó, Lucía hizo una reverencia elegante y, antes de desaparecer por el elevador del escenario, sus ojos se encontraron con los de Jungkook por un segundo que pareció eterno. Ella le dedicó una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero cargada de significado.

Poco después, fue el turno de BTS. Jungkook salió al escenario con una energía renovada, casi eléctrica. Presentaron su nuevo hit, una canción con un concepto oscuro y maduro que requería una coreografía exigente y una actitud provocadora. Jungkook, consciente de que ella estaba en el público, puso cada gramo de su talento en la actuación. Su voz sonó más ronca de lo habitual, y sus movimientos fueron precisos y letales. Quería que ella lo viera no solo como el "idol adorable" de los vídeos virales, sino como el hombre y el artista que era.

Al bajar del escenario, sudoroso y con la adrenalina a tope, Jungkook buscó su asiento, pero Lucía ya no estaba allí. Se había ido a cambiar para la última parte de la gala o quizás se había marchado temprano. El desánimo lo golpeó de repente.

—No pongas esa cara de perro abandonado —dijo Jimin, dándole un empujoncito mientras caminaban hacia el backstage para cambiarse para la After Party—. Namjoon acaba de recibir un mensaje. Ella va a ir a la fiesta en el hotel Shilla.

—¿En serio? —Jungkook sintió que la esperanza regresaba.

—Confirmado —dijo Namjoon, alcanzándolos—. Me ha preguntado si estaríamos allí. Parece que ella también tiene interés en saludarnos. O a alguien del grupo, al menos.

La fiesta post-premiación era un evento privado, lejos de las cámaras y los fans. El salón principal del hotel estaba decorado con un gusto exquisito, con luz tenue y música lounge de fondo. Los miembros de BTS entraron juntos, atrayendo todas las miradas, pero Jungkook solo buscaba una cabellera castaña y una risa específica.

—Allí está, en la zona VIP de la terraza —indicó Yoongi, señalando con la barbilla hacia las puertas de cristal—. Está sola con una copa de champán. Es tu oportunidad, Jeon. Si no vas ahora, te arrepentirás hasta el próximo comeback.

Jungkook respiró hondo. Se ajustó el cuello de la camisa, que ahora llevaba un poco más desabrochada, y caminó con paso firme pero el corazón galopando. Sus amigos se quedaron atrás, dándole espacio, aunque Taehyung y Jimin se quedaron cerca de la barra para observar la escena como si fuera el final de una película romántica.

Lucía estaba apoyada en la barandilla de mármol, mirando las luces de Seúl. Se veía incluso más hermosa de cerca, con la luz de la luna reflejándose en su piel.

—Es una vista increíble, ¿verdad? —dijo Jungkook, deteniéndose a un par de metros de ella.

Su voz sonó más firme de lo que esperaba. Lucía se giró lentamente, dejando ver una sonrisa genuina que iluminó su rostro.

—Mucho más bonita desde aquí que desde el escenario —respondió ella en un coreano casi perfecto, lo que dejó a Jungkook momentáneamente mudo—. He estado practicando el idioma, aunque todavía me cuesta un poco.

—Tu pronunciación es excelente —logró decir él, acercándose un paso más—. Soy Jungkook, por cierto. Aunque supongo que... bueno, Namjoon hyung dijo que nos conocías.

—Por supuesto que sé quién eres, Jungkook —ella dejó la copa en una mesa lateral y se giró por completo hacia él, cruzándose de brazos de una manera juguetona—. He visto tu presentación de esta noche. Ha sido... impresionante. Tienes una presencia escénica muy poderosa.

Jungkook sintió que el calor subía por su cuello.

—Gracias. Yo... yo soy un gran fan de tu trabajo. De verdad. "Lunar" es mi canción favorita del año. La forma en que escribiste la letra sobre la soledad en la cima... me sentí muy identificado.

Lucía suavizó la mirada. El aura de superestrella pareció disolverse para dejar paso a la mujer dulce y carismática de la que todos hablaban.

—Eso significa mucho viniendo de ti. Sé que tú también escribes mucho. Namjoon me contó que eres muy perfeccionista con tus producciones.

—A veces demasiado —admitió él con una risita nerviosa, rascándose la nuca—. Mis hyungs dicen que soy un poco obsesivo.

—En esta industria, si no eres un poco obsesivo, no sobrevives —dijo ella, dando un paso hacia él. Ahora estaban lo suficientemente cerca como para que Jungkook pudiera oler su perfume, una mezcla de sándalo y flores blancas—. Y tú has sobrevivido muy bien. He oído que me mencionaste en un par de entrevistas. Algo sobre un "celebrity crush".

Jungkook quiso que la tierra se lo tragara, pero al ver el brillo divertido en los ojos de Lucía, decidió ser valiente. Se irguió, dejando que su faceta más madura tomara el control.

—Es verdad —dijo, manteniendo el contacto visual—. Aunque las entrevistas no hacen justicia a lo que siento cuando escucho tu música. O a lo que siento ahora que te tengo delante.

Lucía arqueó una ceja, claramente impresionada por su honestidad.

—Vaya, Jeon Jungkook. Eres mucho más directo de lo que imaginaba por los vídeos que circulan en internet. Te hacían parecer un chico tímido.

—Puedo serlo —concedió él, con una sonrisa ladeada que tenía ese toque seductor que volvía locas a las fans—. Pero he esperado mucho tiempo para este momento. No quería desperdiciarlo siendo tímido.

Lucía soltó una carcajada cristalina y, por un momento, Jungkook olvidó que estaban en una fiesta rodeados de la élite de la música. Solo existían ellos dos.

—Me gusta eso —dijo ella, extendiendo una mano para tocar ligeramente el brazo de él—. Me gusta la gente que sabe lo que quiere. He pasado por unos meses complicados... ya sabes, la prensa no es amable con las rupturas públicas. Estar aquí hoy, hablando de música y no de mi ex, es un alivio.

—Él se lo pierde —soltó Jungkook antes de poder filtrarlo. Se quedó helado, pero Lucía solo sonrió con un deje de melancolía y gratitud.

—Sí, supongo que sí.

—Oye —continuó él, queriendo cambiar de tema—, mis amigos están allí en la barra intentando no parecer que nos están espiando, pero fallando estrepitosamente. ¿Te gustaría unirte a nosotros? O si prefieres algo más tranquilo, hay un salón privado al fondo donde Yoongi hyung está analizando la lista de reproducción del DJ.

Lucía miró hacia donde los demás miembros de BTS saludaban con la mano efusivamente (especialmente Taehyung y J-Hope) y luego volvió a mirar a Jungkook.

—Me encantaría conocer a tus amigos, pero... —hizo una pausa, acercándose un poco más a su oído, de modo que su aliento cálido rozó la piel de Jungkook—, quizás más tarde podríamos escaparnos a algún sitio donde no haya coreógrafos ni managers. He oído que hay un sitio de ramen abierto las veinticuatro horas que es el favorito de cierto "Golden Maknae".

Jungkook sintió una descarga eléctrica recorrerle la columna. Ella no solo sabía quién era, sino que se había tomado el tiempo de conocer sus gustos.

—¿Me estás invitando a una cita, Lucía? —preguntó él, con la voz un poco más grave.

—Consideralo una colaboración personal —respondió ella con un guiño—. ¿Aceptas?

—Acepto —dijo él sin dudarlo—. Pero primero, deja que te presente al resto. Si no los saludo contigo ahora, Jimin no me dejará dormir en una semana.

Lucía rió y aceptó el brazo que Jungkook le ofrecía. Mientras caminaban de regreso hacia el grupo, Jungkook sintió que la noche, que había empezado con nervios y admiración a distancia, se convertía en el inicio de algo mucho más real y emocionante. No era solo un fan conociendo a su ídolo; eran dos artistas encontrando una conexión en medio del caos, y Jungkook no pensaba soltar esa oportunidad por nada del mundo.

—¡Chicos! —exclamó Jungkook al llegar a la barra, con una confianza que no tenía hace una hora—. Creo que ya conocen a Lucía.

—¡La reina en persona! —exclamó Jin, haciendo una reverencia exagerada que hizo que ella riera de inmediato—. Un honor, de verdad. Tu nota alta en la tercera canción fue... bueno, casi tan buena como las mías.

—¡Jin hyung! —lo regañó Namjoon, aunque sonreía—. No le hagas caso. Bienvenida, Lucía. Me alegra mucho verte de nuevo.

—Gracias, Namjoon. Es un placer estar aquí con todos ustedes —dijo ella, saludando uno a uno con una calidez que terminó de conquistar a los miembros restantes.

Yoongi, que normalmente se mantenía al margen, se acercó a ella con una mirada de respeto.

—Ese sintetizador que usaste en el estribillo de tu último single... ¿era un Moog analógico o una emulación digital? —preguntó sin preámbulos.

Lucía sonrió, sus ojos brillando por el interés profesional.

—Un Moog de los años setenta que encontré en un estudio de Londres. Me costó tres días conseguir que no sonara desafinado, pero valió la pena.

—Lo sabía —asintió Yoongi, satisfecho—. Buen oído.

Mientras el grupo se sumergía en una conversación animada sobre música, giras y las dificultades de la fama, Jungkook se mantuvo al lado de Lucía, sintiendo su cercanía como un ancla. De vez en cuando, sus manos se rozaban "accidentalmente", y cada vez que ella reía y lo miraba, él sabía que esa noche en Seúl sería recordada no por los premios ganados, sino por la mujer que caminaba a su lado.

La fiesta seguía, la música vibraba en las paredes y el champán fluía, pero para Jungkook, el mejor hit de la noche acababa de empezar.
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