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Your lack of memory (again)

Fandom: Bungo Stray dogs, My hero academia

Creado: 11/6/2026

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RomanceAcciónCrossoverDolor/ConsueloDramaExperimentación HumanaAventuraAmbientación Canon
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Gravedad y Destino en el Camino a la Catástrofe

El autobús escolar de la clase 1-A avanzaba con un traqueteo rítmico hacia las instalaciones de la USJ. A pesar de que los asientos estaban dispuestos de forma que todos pudieran interactuar, el destino —o quizás una fuerza magnética más poderosa que el One For All y la Gravedad Manipulada— había hecho que Izuku Midoriya y Chuuya Nakahara terminaran sentados uno al lado del otro.

Izuku estaba sumido en un mar de nervios. Sus dedos jugueteaban con el dobladillo de su traje de héroe, mientras su mente repasaba cada estrategia posible para el entrenamiento de rescate. Sin embargo, su concentración se veía constantemente interrumpida por la presencia del chico a su lado. Chuuya, con su característica gorra negra calada hasta casi ocultar sus ojos heterocromáticos, mantenía los brazos cruzados y la mirada fija en la ventana.

Desde aquel incidente en el tren, donde la cabeza de Izuku terminó accidentalmente en el regazo de Chuuya, una tensión extraña se había instalado entre ambos. No era una tensión incómoda, sino más bien algo eléctrico, un silencio cargado de palabras que ninguno se atrevía a pronunciar.

—Estás murmurando otra vez, Midoriya —soltó Chuuya sin apartar la vista del paisaje. Su voz era áspera, pero carecía de verdadera molestia—. Si sigues así, te vas a sobrecalentar el cerebro antes de que lleguemos.

Izuku dio un respingo, sintiendo cómo el calor subía por su cuello hasta teñir sus mejillas de un rojo intenso.

—¡Lo siento, Nakahara-kun! —exclamó, agitando las manos frenéticamente—. Solo estaba pensando en cómo optimizar el uso de mi fuerza en un entorno acuático o de derrumbe... Es que, bueno, todavía no controlo muy bien mi quirk y...

—Cállate un segundo —interrumpió Chuuya, girando finalmente la cabeza. El ojo azul brilló con una intensidad fría pero observadora bajo la sombra de la gorra—. Lo harás bien. Tienes instinto. Lo vi en el examen de entrada. Eres un idiota temerario, pero tus pies se mueven antes de que tu miedo te detenga. Eso no se enseña.

Izuku se quedó mudo. No esperaba un cumplido, y menos uno que viniera de alguien tan reservado y aparentemente distante como Chuuya. El pelirrojo volvió a mirar hacia afuera, pero Izuku notó cómo sus dedos se apretaban levemente sobre sus propios antebrazos. Había algo en Chuuya que le recordaba a un animal herido que intentaba parecer una fiera indomable; una soledad profunda que Izuku, en su infinita empatía, deseaba alcanzar.

—Gracias, Nakahara-kun —susurró Izuku con una sonrisa pequeña y sincera—. Tú también eres increíble. Tu control sobre la gravedad es tan preciso... es como si fueras parte de ella.

Chuuya soltó un bufido que pretendía ser una burla, pero que terminó sonando más como un suspiro contenido.

—No tienes idea de lo que dices, peloverde.

El viaje continuó con una conversación grupal sobre los quirks de todos, pero para Izuku, el espacio de diez centímetros que lo separaba de Chuuya se sentía como el centro del universo. Cada vez que el autobús giraba bruscamente, sus hombros chocaban, y una chispa de estática parecía recorrer la piel de Izuku, dejándolo sin aliento.

Al llegar a la USJ, la majestuosidad del domo y la presencia de No. 13 distrajeron momentáneamente sus pensamientos. Pero la paz duró poco. El aire se volvió pesado, la luz se distorsionó y una neblina oscura comenzó a emerger en el centro de la plaza.

—¡Reúnanse y no se muevan! —gritó Aizawa-sensei, bajándose las gafas de protección—. ¡Esos son villanos reales!

El pánico estalló en el ambiente, pero antes de que los estudiantes pudieran evacuar, fueron dispersados por el quirk de transporte de Kurogiri.

Izuku sintió el vacío bajo sus pies y, por puro instinto, estiró la mano hacia lo más cercano. Sus dedos se cerraron sobre una tela resistente. Al segundo siguiente, el mundo se volvió negro y luego una ráfaga de viento helado lo golpeó mientras caía hacia la zona de inundación.

—¡Maldita sea, suéltame! —escuchó un grito familiar.

Antes de impactar contra el agua, una fuerza invisible detuvo su caída. Izuku quedó suspendido en el aire, a pocos centímetros de la superficie. Chuuya flotaba a su lado, envuelto en un aura rojiza tenue, sujetando a Izuku por el cuello del traje.

—¿Estás bien, Midoriya? —preguntó Chuuya. Su voz ya no era reservada; era la voz de alguien que había nacido en el conflicto, fría y eficiente.

—Sí... gracias —respondió Izuku, recuperando el aliento mientras Chuuya los depositaba con cuidado sobre el barco que se encontraba en medio del lago artificial.

Tsuyu y Mineta ya estaban allí, pero la atención de Izuku volvió rápidamente al pelirrojo. Chuuya se ajustó la gorra, que milagrosamente no se había caído, y observó el agua rodeada de villanos.

—Estamos rodeados —observó Chuuya, entrecerrando los ojos—. Estos tipos no son profesionales, pero son muchos.

—Tenemos que idear un plan —dijo Izuku, entrando en su modo de análisis—. Si combinamos la lengua de Asui-san, las esferas de Mineta-kun y mi fuerza...

—Y mi gravedad —añadió Chuuya, con una sonrisa ladeada que hizo que el corazón de Izuku diera un vuelco—. Escucha, Midoriya. Yo despejaré el camino. Tú asegúrate de que esos dos no se ahoguen.

—¡No puedes ir solo! —protestó Izuku, agarrándolo del brazo sin pensar—. Son demasiados, y no sabemos qué quirks tienen.

Chuuya miró la mano de Izuku sobre su brazo. Por un momento, el tiempo pareció detenerse. La urgencia de la batalla quedó en segundo plano frente a la intensidad de esa mirada heterocromática. Chuuya sintió un calor extraño en el pecho, una sensación de protección que nunca había experimentado en la organización de Mori. Nadie se había preocupado nunca por si él "podía" o "no podía" hacer algo solo; simplemente se esperaba que lo hiciera.

—No estoy solo —murmuró Chuuya, y por primera vez, su voz fue suave—. Tú estás aquí, ¿no? Confía en mí.

Izuku asintió lentamente, soltándolo, aunque sus dedos todavía hormigueaban por el contacto.

La batalla en la zona de inundación fue una coreografía de caos controlado. Chuuya saltó del barco, caminando literalmente sobre el aire, y con cada toque de sus pies sobre el agua, creaba ondas de presión que hundían a los villanos bajo la superficie. Izuku, inspirado por la determinación del pelirrojo, coordinó el ataque con Tsuyu y Mineta, usando un Delaware Smash para crear un torbellino que succionó a los enemigos hacia el centro, donde quedaron atrapados por las esferas pegajosas.

Cuando finalmente lograron llegar a la orilla, todos estaban exhaustos. Pero la vista principal era aterradora: Aizawa-sensei estaba siendo aplastado por una criatura monstruosa de piel oscura y cerebro expuesto.

—Esa cosa... —susurró Chuuya, apretando los puños. Sus ojos estaban fijos en el Nomu—. No es humana. Es un experimento.

El tono de Chuuya se volvió sombrío, cargado de un odio antiguo que Izuku no comprendía, pero que podía sentir vibrar en el aire. Los recuerdos de los laboratorios donde Chuuya pasó su infancia relampaguearon en su mente. El dolor, las agujas, la sensación de ser solo un arma.

—Nakahara-kun, tu piel... —Izuku se dio cuenta de que pequeñas marcas oscuras empezaban a aparecer en las manos de Chuuya.

—Estoy bien —siseó Chuuya, aunque su respiración se volvía errática—. Solo necesito... necesito romperle la cara a ese tipo de las manos.

Antes de que Chuuya pudiera lanzarse en un ataque suicida, Shigaraki se giró hacia ellos.

—Vaya, parece que algunos niños sobrevivieron —dijo el villano, rascándose el cuello con violencia—. Kurogiri, encárgate de ellos.

La neblina oscura se abalanzó sobre el grupo. Chuuya se interpuso entre Izuku y el peligro, activando su quirk al máximo. El suelo bajo sus pies se agrietó debido al aumento de la densidad gravitatoria.

—¡Aléjate de él! —rugió Chuuya.

El impacto de la gravedad de Chuuya contra la niebla de Kurogiri creó una onda de choque que lanzó a Izuku hacia atrás. Sin embargo, en medio del caos, Izuku vio cómo Chuuya flaqueaba. El uso excesivo de su poder, sumado al estrés emocional de ver a una criatura experimental como el Nomu, estaba pasando factura a su cuerpo aún en crecimiento.

Izuku no lo pensó. Activó el One For All en sus piernas y saltó, atrapando a Chuuya por la cintura justo cuando un ataque de Shigaraki estaba a punto de alcanzarlo. Ambos rodaron por el suelo, alejándose del centro de la plaza.

Quedaron enredados el uno con el otro, con Izuku protegiendo la cabeza de Chuuya contra su pecho. El silencio cayó sobre ellos por un instante, a pesar de los gritos y las explosiones que resonaban a lo lejos.

Chuuya levantó la vista, encontrándose con los ojos verdes de Izuku. Estaban tan cerca que podía contar las pecas en su nariz y sentir el calor de su respiración agitada.

—Te dije que te alejaras —susurró Chuuya, aunque no hizo ningún intento por soltarse.

—Y yo te dije que no te dejaría solo —respondió Izuku con una firmeza que sorprendió al pelirrojo.

En ese momento, la tensión romántica fue tan tangible como el humo en el aire. Había una promesa implícita en la forma en que se sostenían, una conexión que iba más allá de ser simples compañeros de clase. Eran dos almas marcadas por el destino y el dolor, encontrando un ancla el uno en el otro en medio de la tormenta.

—Eres un idiota, Midoriya —dijo Chuuya, y esta vez, había una pizca de ternura en su voz.

—Puede ser —admitió Izuku, regalándole una sonrisa débil—. Pero soy tu compañero idiota.

La llegada de All Might interrumpió el momento, rompiendo la burbuja en la que se encontraban. El Símbolo de la Paz irrumpió con un rugido, captando toda la atención de los villanos.

Chuuya se puso de pie con dificultad, ofreciéndole una mano a Izuku. Cuando sus palmas se unieron, Chuuya no la soltó de inmediato. Le dio un apretón firme, un gesto silencioso de gratitud y algo más que ninguno de los dos estaba listo para nombrar todavía.

—Vamos —dijo Chuuya, recuperando su compostura, aunque sus mejillas conservaban un leve rastro de color—. Hay que ayudar en lo que podamos. Pero después de esto... me debes una explicación de por qué tu quirk te rompe los huesos cada vez que lo usas.

Izuku rió nerviosamente, rascándose la nuca mientras lo seguía.

—¡Y tú me debes una explicación de cómo puedes caminar por el techo sin que se te caiga la gorra!

Mientras se dirigían hacia la batalla final para apoyar a su mentor, ambos sabían que las cosas habían cambiado. La USJ no solo sería recordada como el día en que los villanos atacaron la UA, sino como el día en que la gravedad y la esperanza se entrelazaron de forma irreversible.

El camino a ser héroes era largo y peligroso, pero mientras caminaran uno al lado del otro, el peso del mundo se sentía un poco más ligero.

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