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Your lack of memory

Fandom: Bungo Stray dogs, My hero academia

Creado: 11/6/2026

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UA (Universo Alternativo)DramaAngustiaDolor/ConsueloCrossoverEstudio de PersonajeSupervivenciaPsicológicoAcciónAventuraDivergencia
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Gravedad y Esperanza en la Línea Ferroviaria

El traqueteo rítmico del tren era lo único que mantenía a Chuuya Nakahara anclado a la realidad. Sentado en un rincón del vagón, con la espalda rígida y las manos hundidas en los bolsillos de su sudadera, el adolescente de dieciséis años intentaba pasar desapercibido. Su gorra negra estaba calada hasta las cejas, ocultando sus ojos heterocromáticos —uno café, el otro de un azul gélido— de las miradas indiscretas de los pasajeros.

Para el mundo, Chuuya era solo un chico reservado, quizás un poco huraño. Nadie podía ver las cicatrices que surcaban su espalda, recuerdos grabados a fuego y golpes por Mori Ougai. Nadie podía sentir el pánico sordo que le provocaba estar rodeado de tanta gente, una consecuencia directa de años de aislamiento y abusos en nombre de la "disciplina". Mori le había dado permiso para asistir al examen de la UA, pero Chuuya sabía que no era un regalo; era una misión. Debía ser el mejor, debía ser la herramienta perfecta. Si fallaba, el castigo sería peor que cualquier cosa que hubiera experimentado antes.

A su lado, el asiento estaba ocupado por un chico que parecía ser el polo opuesto a su oscuridad.

Izuku Midoriya estaba murmurando para sí mismo, con un cuaderno abierto sobre sus rodillas y un bolígrafo que se movía a la velocidad de la luz. Su cabello verde era un desastre de rizos rebeldes y su rostro, salpicado de pecas, reflejaba una mezcla de terror absoluto y determinación feroz. Izuku estaba tan sumergido en sus notas sobre estrategias de combate y análisis de dones que apenas notaba el mundo exterior. Para él, este día era la culminación de meses de entrenamiento infernal con All Might. Tenía un poder que aún no sentía como propio, pero cargaba con las esperanzas del símbolo de la paz sobre sus hombros.

Chuuya lo observó de reojo, analizando la postura tensa del peliverde. "Es un libro abierto", pensó con esa capacidad deductiva que Mori le había obligado a pulir. "Está asustado, pero no es debilidad. Es presión". Chuuya sintió una punzada de envidia. Al menos ese chico parecía tener a alguien que creía en él por las razones correctas.

De repente, el mundo se inclinó.

Un chirrido metálico ensordecedor desgarró el aire. Los frenos de emergencia del tren se activaron con una violencia brutal, provocando que el vagón se sacudiera hacia adelante. Los pasajeros soltaron gritos de sorpresa mientras la inercia los lanzaba de sus asientos.

Izuku, que estaba inclinado sobre su cuaderno, no tuvo tiempo de reaccionar. Su cuerpo fue impulsado lateralmente con tal fuerza que perdió el equilibrio por completo.

— ¡Ah! —exclamó Izuku, cerrando los ojos con fuerza mientras esperaba el impacto contra el suelo o el asiento delantero.

Sin embargo, el golpe nunca llegó. En su lugar, sintió algo firme pero sorprendentemente suave. Al abrir los ojos, el corazón de Izuku dio un vuelco. Debido al frenazo, su cabeza había terminado aterrizando directamente sobre el regazo del chico de la gorra negra.

El silencio que siguió al estruendo fue sepulcral, solo roto por el siseo del aire comprimido del tren detenido.

Chuuya se quedó petrificado. El contacto físico era algo que asociaba estrictamente con el dolor o la sumisión. Sentir el peso de la cabeza de un extraño sobre sus piernas disparó todas sus alarmas. Su primera reacción fue de pura irritación, una chispa de ese temperamento volátil que solía esconder.

— Oye... —la voz de Chuuya salió rasposa, cargada de una advertencia que no llegó a materializarse.

Izuku, dándose cuenta de la situación, se puso rojo como un tomate. Intentó levantarse de inmediato, pero la confusión del momento lo hizo tambalearse de nuevo.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo! —balbuceó Izuku, incorporándose a toda prisa mientras agitaba las manos de forma errática—. El tren se detuvo y yo... no quería... ¡fue la inercia! ¡De verdad que no soy un pervertido ni nada parecido!

Chuuya se ajustó la gorra, ocultando el ligero rubor que también había aparecido en sus mejillas. Observó al chico peliverde: estaba temblando y sus ojos verdes estaban llenos de una disculpa tan genuina que Chuuya sintió que su paciencia, usualmente corta, se extendía un poco.

— Ya, cállate. No hace falta que grites —dijo Chuuya, bajando el tono. Su mirada analítica recorrió a Izuku—. Solo fue un accidente. ¿Estás herido?

Izuku se detuvo en seco, sorprendido por la pregunta. La mayoría de la gente en su antigua escuela le habría gritado o se habría burlado de él por ser tan torpe. Pero este chico, a pesar de su aura intimidante y su mirada afilada, parecía genuinamente preocupado de una forma extraña y distante.

— No, estoy bien —respondió Izuku, rascándose la nuca con timidez—. Solo me asusté. Soy Izuku Midoriya, por cierto.

Chuuya dudó. Mori le había prohibido crear "vínculos especiales". "Las personas son debilidades", solía decirle mientras le propinaba golpes que dejaban marcas bajo su camisa. Pero Mori no estaba aquí. En este vagón, rodeado de extraños, Chuuya sintió un destello de rebelión.

— Chuuya —murmuró finalmente—. Chuuya Nakahara.

— Es un gusto, Nakahara-kun —dijo Izuku, dedicándole una sonrisa pequeña pero brillante. Luego, miró hacia las ventanas del tren—. Parece que algo bloquea la vía. Espero que no tardemos mucho, el examen de ingreso de la UA empieza pronto.

Chuuya arqueó una ceja.

— Así que tú también vas a la UA.

— ¡Sí! —los ojos de Izuku se iluminaron con una pasión que Chuuya encontró fascinante—. Es mi sueño desde que era niño. Quiero ser un héroe que pueda salvar a todos con una sonrisa. ¿Y tú?

Chuuya desvió la mirada hacia sus propias manos. No podía decirle que estaba allí porque su figura paterna abusiva quería infiltrar un "arma perfecta" en el sistema de héroes. No podía decirle que no sabía lo que era un sueño.

— Solo quiero... encontrar un lugar donde no me digan qué hacer todo el tiempo —respondió Chuuya, con una honestidad que lo sorprendió incluso a él mismo.

— Entiendo —dijo Izuku suavemente, sorprendiendo a Chuuya—. A veces el mundo se siente como si intentara empujarte hacia un camino que no elegiste. Pero el hecho de que estés aquí hoy significa que estás intentando cambiar eso, ¿verdad?

Chuuya levantó la vista. Por un momento, sus ojos se encontraron. El azul y el café de Chuuya chocaron con el verde esmeralda de Izuku. Por primera vez en sus dieciséis años, Chuuya no sintió que lo estaban evaluando para ver si era útil o si merecía un castigo. Izuku simplemente lo estaba viendo.

— Eres un tipo raro, Midoriya —comentó Chuuya, aunque no había veneno en sus palabras.

— ¡Eso me dicen mucho! —rio Izuku, rompiendo la tensión.

El tren dio una sacudida y volvió a ponerse en marcha lentamente. La megafonía anunció que el retraso se debía a un pequeño incidente con un villano menor que ya había sido resuelto por los héroes de la zona.

Durante el resto del trayecto, algo cambió. Izuku, en su entusiasmo nervioso, comenzó a hablar sobre diferentes héroes y teorías de dones. Normalmente, Chuuya habría mandado a callar a cualquiera que hablara tanto, pero había algo en la voz de Izuku que era... tranquilizador. Era como una melodía que acallaba los gritos de Mori en su cabeza.

Chuuya, por su parte, comenzó a señalar fallas lógicas en las estrategias que Izuku mencionaba.

— Si ese héroe hubiera usado el entorno a su favor en lugar de atacar frontalmente, habría terminado la pelea en la mitad del tiempo —comentó Chuuya, señalando un dibujo en el cuaderno de Izuku.

— ¡Tienes razón! —exclamó Izuku, anotando frenéticamente—. ¡No lo había visto así! Tienes una capacidad de observación increíble, Nakahara-kun.

— Es supervivencia básica —respondió Chuuya con amargura contenida, aunque por dentro, un extraño calorcito empezaba a formarse en su pecho.

Cuando el tren finalmente llegó a la estación más cercana a la UA, ambos bajaron juntos. El imponente edificio de la academia se alzaba frente a ellos, un símbolo de autoridad y futuro.

Chuuya sintió un escalofrío. El miedo a fallar a Mori volvió a golpearlo como una ola de agua fría. Sus manos comenzaron a temblar imperceptiblemente.

De repente, sintió una mano sobre su hombro. Fue un toque ligero, apenas un roce, pero suficiente para sacarlo de su espiral de ansiedad.

— Lo haremos bien —dijo Izuku. Su rostro ya no mostraba duda, sino esa valentía torpe que lo caracterizaba—. Nos vemos adentro, ¿de acuerdo?

Chuuya lo miró. La luz del sol hacía que el cabello de Izuku pareciera aún más brillante. Por un segundo, Chuuya se permitió creer que quizás, solo quizás, este examen no era solo una orden de Mori. Quizás era su oportunidad de ser algo más que una víctima marcada por cicatrices.

— Más te vale no quedar eliminado en la primera ronda, Midoriya —dijo Chuuya, recuperando su tono desafiante y ajustándose la gorra con una sonrisa de lado—. Porque si entramos, voy a ser yo quien esté en la cima.

Izuku soltó una carcajada y asintió con energía.

— ¡Es una promesa!

Mientras caminaban hacia las puertas de la UA, Chuuya Nakahara se dio cuenta de algo importante. Mori Ougai le había enseñado que el mundo era un lugar de dolor y obediencia. Pero en un tren lleno de extraños, un chico de pelo verde y corazón amable le había mostrado que el mundo también podía tener accidentes afortunados.

Y por primera vez, Chuuya no odió el hecho de haber tenido que tomar ese tren.

El examen de ingreso estaba a punto de comenzar, y aunque sus pasados eran abismos de diferencia, el futuro empezaba a tejerse con hilos de gravedad y esperanza. Chuuya sabía que el camino sería difícil, que las marcas en su cuerpo tardarían en sanar y que Mori no lo dejaría ir tan fácilmente. Pero mientras veía la espalda de Izuku avanzar con determinación, sintió que, tal vez, ya no tendría que cargar con todo ese peso él solo.

Después de todo, la gravedad siempre atraía a los cuerpos entre sí, y Chuuya acababa de encontrar su centro de atracción.
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