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Joonham suceso
Fandom: Navy
Creado: 12/6/2026
Etiquetas
RomanceRecortes de VidaHistoria DomésticaSongficPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Lenguaje ExplícitoAmbientación Canon
Cerezas, R&B y el Caos de Amarte
El vapor del ramen todavía flotaba en el aire de mi habitación, mezclándose con ese aroma a perfume caro y sudor ligero que siempre emanaba de Zhanwei. Estábamos sentados en el suelo, con las piernas cruzadas y un tablero de "Life" entre nosotros que ya a nadie le importaba. Mis ojos, sin embargo, no estaban en las fichas de plástico, sino en él. Con su cabello rojo cereza cayéndole sobre los ojos y esa expresión de cansancio que solo lo hacía ver más jodidamente atractivo, Li Zhanwei era un espectáculo.
—Te juro que si vuelvo a ver una cámara hoy, voy a romperla —gruñó él, dejando caer su cabeza hacia atrás. Su voz sonó más grave de lo habitual, una vibración profunda que me recorrió la columna—. Esa sesión de fotos para Vision Up fue eterna. El fotógrafo no dejaba de decir "más intensidad, Zhanwei", ¡como si no llevara diez horas posando!
Solté una carcajada y le lancé un palillo, que rebotó en su hombro.
—Es porque eres el visual, Weiwei. Es el precio de ser tan malditamente guapo —le dije, guiñándole un ojo mientras me estiraba como un gato. Mi cabello rubio platinado, ya algo despeinado por el día, brillaba bajo las luces led moradas que bañaban el cuarto—. Además, admite que te veías increíble con ese concepto de cuero. Casi me haces olvidar que eres un idiota en el set.
—Cállate, pedazo de imbécil —respondió él con una sonrisa perezosa, estirando su pierna para patearme suavemente el muslo—. Tú eres el que no dejaba de equivocarse en las poses porque estabas demasiado ocupado mirándome el trasero.
—No es mi culpa que lo resalten tanto en esta era de trap —me encogí de hombros, acercándome a él gateando por la alfombra—. Pero ya, descansa. Estás tenso, Bam.
Me puse detrás de él y comencé a amasar sus hombros. Zhanwei soltó un suspiro largo, casi un gemido de alivio, y dejó que su cuerpo se relajara contra mis rodillas. Éramos así: mejores amigos ante las cámaras de YG, compañeros de grupo en S-SIDE, pero tras puertas cerradas, éramos un caos de hormonas, amor y una confianza que rozaba lo peligroso.
—Joonho... —murmuró, cerrando los ojos—. Eres un pesado, pero tus manos son lo único bueno de este día.
—Soy lo único bueno de tu vida, no mientas —le susurré al oído, mordisqueando el lóbulo de su oreja. Sentí cómo se estremecía—. ¿Quieres que ponga algo de música? Para que te relajes de verdad.
—Vale, pero nada de tus listas de reproducción raras de hip-hop agresivo. Mi cabeza va a explotar.
Me levanté y caminé hacia el altavoz. Con una sonrisa de suficiencia, busqué "The Hills" de The Weeknd. Sabía perfectamente que el R&B oscuro era nuestro terreno de juego. En cuanto los primeros acordes pesados y atmosféricos llenaron la habitación, Zhanwei abrió un ojo y me miró con desdén fingido.
—¿En serio? ¿The Weeknd? Qué cliché eres, de verdad. Eres un básico, Choi Joonho.
—A ver, pedazo de actor frustrado, si no te gusta, cámbiala tú —lo reté, volviendo a su lado y sentándome frente a él, atrapando sus piernas con las mías—. Pero sé que te encanta. Te pone en el mood de "chico malo de Beijing" que tanto te gusta vender.
—Vete a la mierda —rio él, pero sus ojos ya no estaban cansados. Estaban oscuros, fijos en mis labios.
La tensión sexual en la habitación se volvió tan espesa que casi se podía cortar. Me acerqué más, invadiendo su espacio personal hasta que nuestras narices se rozaron. Zhanwei, a pesar de su fachada de tipo duro y "edgy", siempre tenía ese rastro de timidez en la mirada cuando yo tomaba la iniciativa de forma tan directa.
—Estás muy hablador hoy, ¿no, mi amor? —le dije en un susurro, pasando mi lengua por mi labio inferior—. ¿O es que el pelo rojo te subió la testosterona?
—Es que tu cara de estúpido me provoca ganas de golpearte... o de otras cosas —respondió, acortando la distancia para sellar sus labios con los míos.
Fue un beso hambriento, cargado de la frustración de haber tenido que mantener la distancia todo el día frente al staff. Sus manos, grandes y firmes, subieron a mi nuca, enredándose en mi cabello platino mientras mi lengua buscaba la suya con desesperación. El sabor a ramen y a él era la mejor combinación del mundo.
—Mmm, Zhan... —gemí contra su boca, empujándolo suavemente hacia la cama.
Nos movimos con torpeza y risas contenidas hasta quedar sobre las sábanas deshechas. Me posicioné sobre él, apoyando mis antebrazos a cada lado de su cabeza. Zhanwei me miraba desde abajo, con el pecho subiendo y bajando erráticamente.
—¿Vas a seguir burlándote o vas a hacer algo útil, líder? —me provocó, su voz coreana mezclándose con ese acento chino que me volvía loco.
—Voy a hacer que te olvides hasta de cómo te llamas, Weiwei —le respondí, bajando mi mano para empezar a desabrochar su pantalón.
Él no se quedó atrás. Sus manos se metieron bajo mi camiseta, acariciando mi abdomen con una urgencia que me hizo jadear. Nos quitamos la ropa entre insultos juguetones y besos robados. Cuando ambos quedamos desnudos bajo la luz morada, me detuve un segundo para admirarlo. Su piel clara contrastaba con las sombras de la habitación, y ese cabello rojo esparcido sobre la almohada lo hacía ver como un pecado.
—Eres un jodido visual, de verdad —solté, bajando para lamer su cuello—. Qué suerte tengo de que seas mío.
—Cierra la boca y bésame, idiota —respondió él, aunque sus manos me apretaban la cintura con una ternura que contradecía sus palabras.
Bajé por su cuerpo, dejando un rastro de besos húmedos por su pecho y abdomen. Cuando llegué a su entrepierna, lo miré a los ojos. Zhanwei estaba mordiéndose el labio, intentando mantener esa expresión de control que tanto le gustaba. Me llevé dos dedos a la boca, mojándolos lentamente mientras mantenía el contacto visual. Sus ojos se dilataron.
—¿Te gusta esto, Bam? —le pregunté antes de empezar a prepararlo.
—Joder, Joon... —su voz se quebró. Echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta—. *Wǒ de tiān ā* (Dios mío)... muévete más rápido.
—No me des órdenes en chino, que sabes que no te entiendo y me pones más —me burlé, aunque hice lo que me pedía.
El ambiente se volvió puramente físico. El sonido de los besos, el roce de la piel y la música de fondo creaban una burbuja donde solo existíamos nosotros. Me gustaba provocarlo, burlarme de cómo sus gemidos se volvían más agudos a pesar de que intentaba sonar grave.
—Pareces una nena, Zhannie —le susurré al oído mientras me movía dentro de él, sintiendo cómo sus paredes me rodeaban con un calor asfixiante.
—Y tú... eres un... un animal —jadeó él, clavando sus uñas en mi espalda—. ¡Ah! ¡Más... dale más fuerte, maldito seas!
El ritmo se volvió frenético. No era un sexo delicado; era una lucha de poder, una descarga de toda la energía que acumulábamos como idols. Nos insultábamos de broma, soltando palabras sucias en coreano que nos hacían reír entre jadeos, pero el amor subyacente estaba ahí, en la forma en que nuestras manos se buscaban y se entrelazaban.
—Mírame —le pedí, sujetando sus caderas con fuerza—. Zhanwei, mírame.
Él abrió los ojos, empañados por el placer, y por un momento la máscara de chico malo cayó por completo.
—Te amo, Joonho —susurró, tan bajo que casi se pierde entre los beats de la música.
Esa confesión fue el detonante. Me corrí dentro de él con un gemido que rasgó el aire, mientras él se venía sobre su propio abdomen, temblando bajo mi cuerpo. Me desplomé sobre él, buscando su cuello para esconder mi rostro, respirando su aroma mientras el corazón me martilleaba en las costillas.
Pasaron varios minutos en los que solo se escuchaba nuestra respiración pesada y la siguiente canción de la playlist. Zhanwei pasó sus dedos por mi cabello, desenredando los nudos que él mismo había hecho.
—Sigues siendo un idiota —dijo finalmente, aunque su voz era pura dulzura.
—Y tú sigues siendo un dramático —respondí, levantando la cabeza para darle un beso corto en la punta de la nariz—. ¿Mejor del cansancio?
—Mucho mejor. Aunque ahora me duele todo por tu culpa, animal.
Me reí y rodé para quedar a su lado, atrayéndolo hacia mi pecho. Él se acurrucó contra mí, esa timidez post-sexo que siempre me derretía haciendo acto de presencia.
—Mañana tenemos ensayo a las siete —recordé, suspirando.
—No me hables del mañana —gruñó él, cerrando los ojos—. Ahora solo somos Navy blue y nosotros, Joon. Quédate así.
Me quedé. Lo abracé con más fuerza, sabiendo que mientras estuviéramos en esta habitación, bajo estas luces y con este secreto, el mundo exterior no podía tocarnos. Éramos S-SIDE, éramos estrellas, pero aquí, solo éramos dos chicos de veinte años perdidamente enamorados.
—Te juro que si vuelvo a ver una cámara hoy, voy a romperla —gruñó él, dejando caer su cabeza hacia atrás. Su voz sonó más grave de lo habitual, una vibración profunda que me recorrió la columna—. Esa sesión de fotos para Vision Up fue eterna. El fotógrafo no dejaba de decir "más intensidad, Zhanwei", ¡como si no llevara diez horas posando!
Solté una carcajada y le lancé un palillo, que rebotó en su hombro.
—Es porque eres el visual, Weiwei. Es el precio de ser tan malditamente guapo —le dije, guiñándole un ojo mientras me estiraba como un gato. Mi cabello rubio platinado, ya algo despeinado por el día, brillaba bajo las luces led moradas que bañaban el cuarto—. Además, admite que te veías increíble con ese concepto de cuero. Casi me haces olvidar que eres un idiota en el set.
—Cállate, pedazo de imbécil —respondió él con una sonrisa perezosa, estirando su pierna para patearme suavemente el muslo—. Tú eres el que no dejaba de equivocarse en las poses porque estabas demasiado ocupado mirándome el trasero.
—No es mi culpa que lo resalten tanto en esta era de trap —me encogí de hombros, acercándome a él gateando por la alfombra—. Pero ya, descansa. Estás tenso, Bam.
Me puse detrás de él y comencé a amasar sus hombros. Zhanwei soltó un suspiro largo, casi un gemido de alivio, y dejó que su cuerpo se relajara contra mis rodillas. Éramos así: mejores amigos ante las cámaras de YG, compañeros de grupo en S-SIDE, pero tras puertas cerradas, éramos un caos de hormonas, amor y una confianza que rozaba lo peligroso.
—Joonho... —murmuró, cerrando los ojos—. Eres un pesado, pero tus manos son lo único bueno de este día.
—Soy lo único bueno de tu vida, no mientas —le susurré al oído, mordisqueando el lóbulo de su oreja. Sentí cómo se estremecía—. ¿Quieres que ponga algo de música? Para que te relajes de verdad.
—Vale, pero nada de tus listas de reproducción raras de hip-hop agresivo. Mi cabeza va a explotar.
Me levanté y caminé hacia el altavoz. Con una sonrisa de suficiencia, busqué "The Hills" de The Weeknd. Sabía perfectamente que el R&B oscuro era nuestro terreno de juego. En cuanto los primeros acordes pesados y atmosféricos llenaron la habitación, Zhanwei abrió un ojo y me miró con desdén fingido.
—¿En serio? ¿The Weeknd? Qué cliché eres, de verdad. Eres un básico, Choi Joonho.
—A ver, pedazo de actor frustrado, si no te gusta, cámbiala tú —lo reté, volviendo a su lado y sentándome frente a él, atrapando sus piernas con las mías—. Pero sé que te encanta. Te pone en el mood de "chico malo de Beijing" que tanto te gusta vender.
—Vete a la mierda —rio él, pero sus ojos ya no estaban cansados. Estaban oscuros, fijos en mis labios.
La tensión sexual en la habitación se volvió tan espesa que casi se podía cortar. Me acerqué más, invadiendo su espacio personal hasta que nuestras narices se rozaron. Zhanwei, a pesar de su fachada de tipo duro y "edgy", siempre tenía ese rastro de timidez en la mirada cuando yo tomaba la iniciativa de forma tan directa.
—Estás muy hablador hoy, ¿no, mi amor? —le dije en un susurro, pasando mi lengua por mi labio inferior—. ¿O es que el pelo rojo te subió la testosterona?
—Es que tu cara de estúpido me provoca ganas de golpearte... o de otras cosas —respondió, acortando la distancia para sellar sus labios con los míos.
Fue un beso hambriento, cargado de la frustración de haber tenido que mantener la distancia todo el día frente al staff. Sus manos, grandes y firmes, subieron a mi nuca, enredándose en mi cabello platino mientras mi lengua buscaba la suya con desesperación. El sabor a ramen y a él era la mejor combinación del mundo.
—Mmm, Zhan... —gemí contra su boca, empujándolo suavemente hacia la cama.
Nos movimos con torpeza y risas contenidas hasta quedar sobre las sábanas deshechas. Me posicioné sobre él, apoyando mis antebrazos a cada lado de su cabeza. Zhanwei me miraba desde abajo, con el pecho subiendo y bajando erráticamente.
—¿Vas a seguir burlándote o vas a hacer algo útil, líder? —me provocó, su voz coreana mezclándose con ese acento chino que me volvía loco.
—Voy a hacer que te olvides hasta de cómo te llamas, Weiwei —le respondí, bajando mi mano para empezar a desabrochar su pantalón.
Él no se quedó atrás. Sus manos se metieron bajo mi camiseta, acariciando mi abdomen con una urgencia que me hizo jadear. Nos quitamos la ropa entre insultos juguetones y besos robados. Cuando ambos quedamos desnudos bajo la luz morada, me detuve un segundo para admirarlo. Su piel clara contrastaba con las sombras de la habitación, y ese cabello rojo esparcido sobre la almohada lo hacía ver como un pecado.
—Eres un jodido visual, de verdad —solté, bajando para lamer su cuello—. Qué suerte tengo de que seas mío.
—Cierra la boca y bésame, idiota —respondió él, aunque sus manos me apretaban la cintura con una ternura que contradecía sus palabras.
Bajé por su cuerpo, dejando un rastro de besos húmedos por su pecho y abdomen. Cuando llegué a su entrepierna, lo miré a los ojos. Zhanwei estaba mordiéndose el labio, intentando mantener esa expresión de control que tanto le gustaba. Me llevé dos dedos a la boca, mojándolos lentamente mientras mantenía el contacto visual. Sus ojos se dilataron.
—¿Te gusta esto, Bam? —le pregunté antes de empezar a prepararlo.
—Joder, Joon... —su voz se quebró. Echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta—. *Wǒ de tiān ā* (Dios mío)... muévete más rápido.
—No me des órdenes en chino, que sabes que no te entiendo y me pones más —me burlé, aunque hice lo que me pedía.
El ambiente se volvió puramente físico. El sonido de los besos, el roce de la piel y la música de fondo creaban una burbuja donde solo existíamos nosotros. Me gustaba provocarlo, burlarme de cómo sus gemidos se volvían más agudos a pesar de que intentaba sonar grave.
—Pareces una nena, Zhannie —le susurré al oído mientras me movía dentro de él, sintiendo cómo sus paredes me rodeaban con un calor asfixiante.
—Y tú... eres un... un animal —jadeó él, clavando sus uñas en mi espalda—. ¡Ah! ¡Más... dale más fuerte, maldito seas!
El ritmo se volvió frenético. No era un sexo delicado; era una lucha de poder, una descarga de toda la energía que acumulábamos como idols. Nos insultábamos de broma, soltando palabras sucias en coreano que nos hacían reír entre jadeos, pero el amor subyacente estaba ahí, en la forma en que nuestras manos se buscaban y se entrelazaban.
—Mírame —le pedí, sujetando sus caderas con fuerza—. Zhanwei, mírame.
Él abrió los ojos, empañados por el placer, y por un momento la máscara de chico malo cayó por completo.
—Te amo, Joonho —susurró, tan bajo que casi se pierde entre los beats de la música.
Esa confesión fue el detonante. Me corrí dentro de él con un gemido que rasgó el aire, mientras él se venía sobre su propio abdomen, temblando bajo mi cuerpo. Me desplomé sobre él, buscando su cuello para esconder mi rostro, respirando su aroma mientras el corazón me martilleaba en las costillas.
Pasaron varios minutos en los que solo se escuchaba nuestra respiración pesada y la siguiente canción de la playlist. Zhanwei pasó sus dedos por mi cabello, desenredando los nudos que él mismo había hecho.
—Sigues siendo un idiota —dijo finalmente, aunque su voz era pura dulzura.
—Y tú sigues siendo un dramático —respondí, levantando la cabeza para darle un beso corto en la punta de la nariz—. ¿Mejor del cansancio?
—Mucho mejor. Aunque ahora me duele todo por tu culpa, animal.
Me reí y rodé para quedar a su lado, atrayéndolo hacia mi pecho. Él se acurrucó contra mí, esa timidez post-sexo que siempre me derretía haciendo acto de presencia.
—Mañana tenemos ensayo a las siete —recordé, suspirando.
—No me hables del mañana —gruñó él, cerrando los ojos—. Ahora solo somos Navy blue y nosotros, Joon. Quédate así.
Me quedé. Lo abracé con más fuerza, sabiendo que mientras estuviéramos en esta habitación, bajo estas luces y con este secreto, el mundo exterior no podía tocarnos. Éramos S-SIDE, éramos estrellas, pero aquí, solo éramos dos chicos de veinte años perdidamente enamorados.
