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Joonham
Fandom: Navy
Creado: 13/6/2026
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DramaAngustiaPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)OscuroEstudio de PersonajeAbuso de AlcoholUso de DrogasMedicina InexactaLenguaje Explícito
Líneas borrosas y vitaminas de la A a la Z
El zumbido en mis oídos todavía no se detiene. Es ese pitido constante, el eco de diez mil personas gritando mi nombre, o el de Joon, o el de S—SIDE, bajo las luces asfixiantes del Forum en Los Ángeles. Son las 1:30 de la mañana. El concierto terminó oficialmente a las 11:30, pero entre el *meet and greet* VIP, las duchas rápidas, las felicitaciones hipócritas del staff de YG y el desalojo del recinto, apenas ahora siento que puedo respirar sin que una cámara me enfoque el iris.
Estoy en una suite privada de un hotel que grita "exceso" por todos sus poros. El resto de los chicos se largaron por su cuenta. Jungmo y Johnny seguramente están en algún club de moda en West Hollywood, aprovechando que Johnny juega de local; Daehyun y Tevin probablemente fueron a buscar comida coreana porque no soportan un día sin sopa, y el pequeño Sunwoo... bueno, Sunwoo es el diamante de la empresa, seguro está durmiendo o fingiendo que lo hace bajo la vigilancia de un manager.
Pero aquí, en esta habitación con una mesa de billar de fieltro negro y luces de neón violeta, solo estamos Zhanwei y yo.
—¿Vas a seguir mirando esa bola como si fuera a pedirte perdón, Baham? —solté una carcajada, recostándome contra la pared mientras le daba una calada a mi vape. El humo con sabor a uva helada inundó mis pulmones, dándome ese pequeño golpe de nicotina que necesitaba para no desmayarme del cansancio.
Zhanwei ni siquiera me miró. Estaba inclinado sobre la mesa, con el taco de billar firme entre sus dedos largos. Ese tipo es una estatua de hielo. El "visual" del grupo, el actor que todas las adolescentes quieren como novio, el tipo que parece que no tiene pulso de lo frío que es. Pero yo lo conozco. Soy el líder, soy su amigo, y sé que detrás de esa cara de porcelana de Pekín hay un caos absoluto.
—Cállate, Joonho —murmuró con su voz profunda—. Estás haciendo ruido.
—Estás drogado, admítelo —me burlé, acercándome a él con paso inestable. Mis 190 centímetros de altura me hacían sentir pesado, como si la gravedad en Los Ángeles fuera distinta—. Tienes los ojos más rojos que el logo de la empresa.
Zhanwei soltó una risa seca, algo extraño en él, y finalmente se irguió. Me miró con esos ojos rasgados que siempre parecen estar juzgando al mundo entero.
—No estoy drogado, idiota. Es la pastilla que me tomo siempre. Vitaminas, de la A a la Z —dijo, y volvió a reírse, una risa que sonaba un poco demasiado brillante para ser real—. El médico me dijo que me daría energía. Creo que se pasó de dosis.
—Energía o un viaje a Marte —le solté, dándole un empujón amistoso en el hombro—. Estás subido, Zhanwei. Se te nota en la forma en que no dejas de mover la pierna.
Él dejó el taco sobre la mesa y se dirigió al minibar. Lo seguí. Había botellas de whisky, vodka y champán que el staff nos dejó como "regalo" por el fin del tour. El *Tragic Tour* había sido un infierno de siete meses. "My Heart Spik", "Love is Dead"... cantamos sobre corazones rotos mientras los nuestros estaban simplemente agotados.
—No deberías beber si estás con medicación —le advertí, aunque mis dedos ya estaban rodeando una botella de bourbon—. Te vas a morir en suelo americano y me va a tocar a mí explicarle a YG por qué nuestro visual es un cadáver.
—Entonces moriré feliz y lejos de los guiones de dramas mediocres —contestó él, sirviéndose un vaso corto de whisky puro—. ¿A quién le importa? Mañana seremos otra vez los "S—SIDE", los chicos perfectos que no fuman, no beben y no tienen sexo.
—Bueno, lo de no tener sexo es casi cierto para ti —le pinché, dándole un trago largo a mi propia botella. El alcohol me quemó la garganta, mezclándose con la nicotina—. Estás tan ocupado siendo un actor serio que te olvidaste de cómo divertirte. Deberíamos llamar a unas zorras. Conozco a un promotor aquí que puede traernos a quien queramos en diez minutos.
Zhanwei me miró de reojo mientras encendía un cigarrillo normal. El olor del tabaco fuerte invadió el aire, mezclándose con el dulce aroma de mi vape.
—No —dijo tajante—. No quiero a nadie más aquí. Me dan asco. Todas quieren una foto, todas quieren una historia. Solo... quédate aquí y bebe.
La tensión en la habitación cambió de repente. No era la tensión de una pelea, era algo más espeso, algo que veníamos arrastrando desde los ensayos en Seúl. El *fanservice* que nos obligan a hacer —miraditas en el escenario, abrazos por la espalda para que las *Navy* griten y escriban sus fanfics— a veces se filtraba en la realidad como tinta en agua clara.
—¿Desde cuándo eres tan antisocial? —me acerqué a él, invadiendo su espacio personal. Soy más alto que él por un par de centímetros, pero su presencia siempre ha sido imponente—. ¿O es que te da miedo que te vean perder el control?
Zhanwei soltó el humo del cigarrillo directamente en mi cara.
—No me tientes, Joonho. No estás tan sobrio como crees.
—No estoy sobrio en absoluto —admití con una sonrisa ladeada—. Pero sigo siendo el mejor líder que podrías tener.
Nos sentamos en el sofá de cuero negro que presidía la estancia. La televisión estaba encendida sin volumen, mostrando luces de colores de algún programa de karaoke local. Eran casi las 2:30 de la mañana. El alcohol estaba haciendo su efecto, y la pastilla de "vitaminas" de Zhanwei parecía haberlo llevado a un estado de euforia contenida.
—¿Recuerdas cuando debutamos? —preguntó él de la nada, con la voz arrastrada—. "SAD BOYZ". Qué nombre tan estúpido.
—Éramos unos niños de dieciocho años creyendo que íbamos a comernos el mundo —respondí, sintiendo un nudo de amargura en el estómago—. Ahora el mundo nos mastica y nos escupe cada noche. ¿Viste a los de la primera fila hoy? Estaban llorando. Lloran por una imagen que ni siquiera existe.
—Tú tienes novia, ¿no? —Zhanwei cambió de tema bruscamente, mirándome fijamente.
—Tenía. Cortamos hace dos semanas. Me dijo que no podía salir con alguien que pertenece más a su empresa que a sí mismo. Tenía razón.
Zhanwei se rió, pero esta vez fue una risa amarga. Se acercó más a mí en el sofá. Nuestras rodillas se rozaban.
—A mí ni siquiera me dejan intentarlo. "Mantén la imagen pura, Zhanwei. Eres el actor del grupo, Zhanwei". Estoy harto de ser el muñeco de porcelana de todos.
—Pues rompe la porcelana de una vez —le solté, con la voz más grave de lo normal.
La tensión sexual era ahora una pared física entre los dos. Habíamos pasado años tocándonos para las cámaras, fingiendo una intimidad que solo existía para vender álbumes. Pero aquí, bajo el efecto del bourbon y lo que sea que él hubiera tomado, la línea entre el contrato y el deseo se había borrado.
—¿Sabes qué es lo más gracioso? —Zhanwei dejó su vaso en la mesa ratona y se giró completamente hacia mí—. Que las fans se mueren por vernos hacer esto.
—¿Hacer qué? —pregunté, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
—Esto.
Zhanwei se lanzó hacia adelante y me besó. No fue un beso de drama coreano, de esos que él protagoniza. Fue un choque de dientes, sabor a whisky, tabaco y una desesperación que me golpeó en el pecho como un tren de carga. Sus manos, siempre tan cuidadas, se enterraron en mi pelo con una fuerza que me hizo soltar un gruñido.
—Mierda, Zhanwei... —logré decir entre sus labios, pero no me aparté. Al contrario, lo agarré por la cintura y lo atraje más hacia mí.
Nunca me habían gustado los chicos. Siempre me gustaron las mujeres, las curvas, la suavidad. Pero Zhanwei era... era otra cosa. Era la adrenalina del escenario, era el secreto compartido, era la única persona que entendía lo podrido que estaba todo este sistema.
—Cállate y sigue —me ordenó él, empujándome contra el respaldo del sofá.
Nos empezamos a reír. Fue una risa histérica, casi demente. Nos estábamos volviendo locos. Estábamos rompiendo la regla de oro, la que nos mantenía a salvo de nosotros mismos.
—Si el manager entra ahora, estamos despedidos —dije, riendo mientras él me desabrochaba la camisa con torpeza.
—Que nos despidan. Tengo suficiente dinero para comprar esta planta del hotel —respondió él, atacando mi cuello con una agresividad que me hizo jadear—. Además, ¿no es esto lo que querían? *Queerbaiting* al máximo nivel, Joonho. Hagámoslo real por una maldita vez.
El lenguaje se volvió sucio. Nos insultamos, nos burlamos de nuestra propia situación mientras nuestras manos exploraban cuerpos que conocíamos de memoria por las coreografías, pero que nunca habíamos sentido así. El sofá de cuero crujía bajo nuestro peso.
—Eres un maldito arrogante —me susurró Zhanwei al oído, su respiración quemándome la piel—. Siempre creyéndote el dueño del grupo.
—Y tú eres un témpano de hielo que se está derritiendo muy rápido, Baham —le devolví, girándonos para quedar yo encima de él—. Vamos a ver si actúas tan bien en la cama como en la tele.
El sexo fue caótico. Fue un choque de excesos, de frustraciones acumuladas durante años de giras, de dietas estrictas y de sonrisas falsas. No hubo nada de la elegancia que mostrábamos en los videos de "Cupid’s Club" o "Vision Up". Fue crudo, ruidoso y desordenado. Nos reíamos en mitad del acto, tal vez por el efecto de las sustancias, tal vez porque la situación era tan absurda que no quedaba otra opción.
—Mírate... —jadeé, mirándolo a los ojos mientras lo sujetaba contra el cuero del sofá—. El gran Li ZhanWei, perdiendo los papeles con su líder.
—Cierra la boca y termina lo que empezaste —me espetó él, con el rostro encendido y el cabello negro totalmente revuelto.
En ese momento, no éramos los idols de S—SIDE. No éramos el rapero de Busan ni el actor de Pekín. Éramos dos tipos de veinte años explotados por una industria que nos robó la juventud, tratando de sentir algo real en una habitación de hotel en Los Ángeles a las tres de la mañana.
Cuando finalmente terminamos, nos quedamos tirados en el sofá, jadeando, con el sudor pegándonos a la piel. El silencio volvió a la habitación, pero ya no era incómodo. Era el silencio después de la tormenta.
Zhanwei se estiró para alcanzar su cigarrillo, que se había apagado en el cenicero. Lo encendió de nuevo, con la mano temblando ligeramente.
—Mañana voy a odiarte —dijo, soltando una nube de humo gris hacia las luces de neón.
—Y yo a ti —respondí, pasando un brazo por mis ojos—. Pero hoy... hoy ha sido la mejor parte del tour.
Me incorporé un poco y lo miré. Zhanwei tenía esa mirada perdida otra vez, la mirada de alguien que ya no está allí.
—Oye, Zhanwei.
—¿Qué?
—¿De verdad eran vitaminas?
Él se giró hacia mí, con una sonrisa lenta y maliciosa que nunca mostraría en una entrevista.
—No tengo ni idea, Joonho. Solo sé que todavía veo luces de colores y que el mundo ha dejado de darme asco por un momento.
Me reí y le arrebaté el cigarrillo para darle una calada. Afuera, la ciudad de Los Ángeles seguía brillando, ignorante de que dos de sus estrellas más brillantes acababan de quemarse por completo en la oscuridad de una suite. Mañana volveríamos a ser Navy, volveríamos a los pasos perfectos y a las miradas ensayadas. Pero por ahora, en este limbo de alcohol y pastillas, éramos libres.
—Feliz tour, idiota —susurré.
—Feliz tour, líder.
Eran las 3:15 de la mañana. El rastro de nuestra locura estaba esparcido por toda la habitación, y por primera vez en años, no me importaba quién pudiera verlo.
Estoy en una suite privada de un hotel que grita "exceso" por todos sus poros. El resto de los chicos se largaron por su cuenta. Jungmo y Johnny seguramente están en algún club de moda en West Hollywood, aprovechando que Johnny juega de local; Daehyun y Tevin probablemente fueron a buscar comida coreana porque no soportan un día sin sopa, y el pequeño Sunwoo... bueno, Sunwoo es el diamante de la empresa, seguro está durmiendo o fingiendo que lo hace bajo la vigilancia de un manager.
Pero aquí, en esta habitación con una mesa de billar de fieltro negro y luces de neón violeta, solo estamos Zhanwei y yo.
—¿Vas a seguir mirando esa bola como si fuera a pedirte perdón, Baham? —solté una carcajada, recostándome contra la pared mientras le daba una calada a mi vape. El humo con sabor a uva helada inundó mis pulmones, dándome ese pequeño golpe de nicotina que necesitaba para no desmayarme del cansancio.
Zhanwei ni siquiera me miró. Estaba inclinado sobre la mesa, con el taco de billar firme entre sus dedos largos. Ese tipo es una estatua de hielo. El "visual" del grupo, el actor que todas las adolescentes quieren como novio, el tipo que parece que no tiene pulso de lo frío que es. Pero yo lo conozco. Soy el líder, soy su amigo, y sé que detrás de esa cara de porcelana de Pekín hay un caos absoluto.
—Cállate, Joonho —murmuró con su voz profunda—. Estás haciendo ruido.
—Estás drogado, admítelo —me burlé, acercándome a él con paso inestable. Mis 190 centímetros de altura me hacían sentir pesado, como si la gravedad en Los Ángeles fuera distinta—. Tienes los ojos más rojos que el logo de la empresa.
Zhanwei soltó una risa seca, algo extraño en él, y finalmente se irguió. Me miró con esos ojos rasgados que siempre parecen estar juzgando al mundo entero.
—No estoy drogado, idiota. Es la pastilla que me tomo siempre. Vitaminas, de la A a la Z —dijo, y volvió a reírse, una risa que sonaba un poco demasiado brillante para ser real—. El médico me dijo que me daría energía. Creo que se pasó de dosis.
—Energía o un viaje a Marte —le solté, dándole un empujón amistoso en el hombro—. Estás subido, Zhanwei. Se te nota en la forma en que no dejas de mover la pierna.
Él dejó el taco sobre la mesa y se dirigió al minibar. Lo seguí. Había botellas de whisky, vodka y champán que el staff nos dejó como "regalo" por el fin del tour. El *Tragic Tour* había sido un infierno de siete meses. "My Heart Spik", "Love is Dead"... cantamos sobre corazones rotos mientras los nuestros estaban simplemente agotados.
—No deberías beber si estás con medicación —le advertí, aunque mis dedos ya estaban rodeando una botella de bourbon—. Te vas a morir en suelo americano y me va a tocar a mí explicarle a YG por qué nuestro visual es un cadáver.
—Entonces moriré feliz y lejos de los guiones de dramas mediocres —contestó él, sirviéndose un vaso corto de whisky puro—. ¿A quién le importa? Mañana seremos otra vez los "S—SIDE", los chicos perfectos que no fuman, no beben y no tienen sexo.
—Bueno, lo de no tener sexo es casi cierto para ti —le pinché, dándole un trago largo a mi propia botella. El alcohol me quemó la garganta, mezclándose con la nicotina—. Estás tan ocupado siendo un actor serio que te olvidaste de cómo divertirte. Deberíamos llamar a unas zorras. Conozco a un promotor aquí que puede traernos a quien queramos en diez minutos.
Zhanwei me miró de reojo mientras encendía un cigarrillo normal. El olor del tabaco fuerte invadió el aire, mezclándose con el dulce aroma de mi vape.
—No —dijo tajante—. No quiero a nadie más aquí. Me dan asco. Todas quieren una foto, todas quieren una historia. Solo... quédate aquí y bebe.
La tensión en la habitación cambió de repente. No era la tensión de una pelea, era algo más espeso, algo que veníamos arrastrando desde los ensayos en Seúl. El *fanservice* que nos obligan a hacer —miraditas en el escenario, abrazos por la espalda para que las *Navy* griten y escriban sus fanfics— a veces se filtraba en la realidad como tinta en agua clara.
—¿Desde cuándo eres tan antisocial? —me acerqué a él, invadiendo su espacio personal. Soy más alto que él por un par de centímetros, pero su presencia siempre ha sido imponente—. ¿O es que te da miedo que te vean perder el control?
Zhanwei soltó el humo del cigarrillo directamente en mi cara.
—No me tientes, Joonho. No estás tan sobrio como crees.
—No estoy sobrio en absoluto —admití con una sonrisa ladeada—. Pero sigo siendo el mejor líder que podrías tener.
Nos sentamos en el sofá de cuero negro que presidía la estancia. La televisión estaba encendida sin volumen, mostrando luces de colores de algún programa de karaoke local. Eran casi las 2:30 de la mañana. El alcohol estaba haciendo su efecto, y la pastilla de "vitaminas" de Zhanwei parecía haberlo llevado a un estado de euforia contenida.
—¿Recuerdas cuando debutamos? —preguntó él de la nada, con la voz arrastrada—. "SAD BOYZ". Qué nombre tan estúpido.
—Éramos unos niños de dieciocho años creyendo que íbamos a comernos el mundo —respondí, sintiendo un nudo de amargura en el estómago—. Ahora el mundo nos mastica y nos escupe cada noche. ¿Viste a los de la primera fila hoy? Estaban llorando. Lloran por una imagen que ni siquiera existe.
—Tú tienes novia, ¿no? —Zhanwei cambió de tema bruscamente, mirándome fijamente.
—Tenía. Cortamos hace dos semanas. Me dijo que no podía salir con alguien que pertenece más a su empresa que a sí mismo. Tenía razón.
Zhanwei se rió, pero esta vez fue una risa amarga. Se acercó más a mí en el sofá. Nuestras rodillas se rozaban.
—A mí ni siquiera me dejan intentarlo. "Mantén la imagen pura, Zhanwei. Eres el actor del grupo, Zhanwei". Estoy harto de ser el muñeco de porcelana de todos.
—Pues rompe la porcelana de una vez —le solté, con la voz más grave de lo normal.
La tensión sexual era ahora una pared física entre los dos. Habíamos pasado años tocándonos para las cámaras, fingiendo una intimidad que solo existía para vender álbumes. Pero aquí, bajo el efecto del bourbon y lo que sea que él hubiera tomado, la línea entre el contrato y el deseo se había borrado.
—¿Sabes qué es lo más gracioso? —Zhanwei dejó su vaso en la mesa ratona y se giró completamente hacia mí—. Que las fans se mueren por vernos hacer esto.
—¿Hacer qué? —pregunté, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
—Esto.
Zhanwei se lanzó hacia adelante y me besó. No fue un beso de drama coreano, de esos que él protagoniza. Fue un choque de dientes, sabor a whisky, tabaco y una desesperación que me golpeó en el pecho como un tren de carga. Sus manos, siempre tan cuidadas, se enterraron en mi pelo con una fuerza que me hizo soltar un gruñido.
—Mierda, Zhanwei... —logré decir entre sus labios, pero no me aparté. Al contrario, lo agarré por la cintura y lo atraje más hacia mí.
Nunca me habían gustado los chicos. Siempre me gustaron las mujeres, las curvas, la suavidad. Pero Zhanwei era... era otra cosa. Era la adrenalina del escenario, era el secreto compartido, era la única persona que entendía lo podrido que estaba todo este sistema.
—Cállate y sigue —me ordenó él, empujándome contra el respaldo del sofá.
Nos empezamos a reír. Fue una risa histérica, casi demente. Nos estábamos volviendo locos. Estábamos rompiendo la regla de oro, la que nos mantenía a salvo de nosotros mismos.
—Si el manager entra ahora, estamos despedidos —dije, riendo mientras él me desabrochaba la camisa con torpeza.
—Que nos despidan. Tengo suficiente dinero para comprar esta planta del hotel —respondió él, atacando mi cuello con una agresividad que me hizo jadear—. Además, ¿no es esto lo que querían? *Queerbaiting* al máximo nivel, Joonho. Hagámoslo real por una maldita vez.
El lenguaje se volvió sucio. Nos insultamos, nos burlamos de nuestra propia situación mientras nuestras manos exploraban cuerpos que conocíamos de memoria por las coreografías, pero que nunca habíamos sentido así. El sofá de cuero crujía bajo nuestro peso.
—Eres un maldito arrogante —me susurró Zhanwei al oído, su respiración quemándome la piel—. Siempre creyéndote el dueño del grupo.
—Y tú eres un témpano de hielo que se está derritiendo muy rápido, Baham —le devolví, girándonos para quedar yo encima de él—. Vamos a ver si actúas tan bien en la cama como en la tele.
El sexo fue caótico. Fue un choque de excesos, de frustraciones acumuladas durante años de giras, de dietas estrictas y de sonrisas falsas. No hubo nada de la elegancia que mostrábamos en los videos de "Cupid’s Club" o "Vision Up". Fue crudo, ruidoso y desordenado. Nos reíamos en mitad del acto, tal vez por el efecto de las sustancias, tal vez porque la situación era tan absurda que no quedaba otra opción.
—Mírate... —jadeé, mirándolo a los ojos mientras lo sujetaba contra el cuero del sofá—. El gran Li ZhanWei, perdiendo los papeles con su líder.
—Cierra la boca y termina lo que empezaste —me espetó él, con el rostro encendido y el cabello negro totalmente revuelto.
En ese momento, no éramos los idols de S—SIDE. No éramos el rapero de Busan ni el actor de Pekín. Éramos dos tipos de veinte años explotados por una industria que nos robó la juventud, tratando de sentir algo real en una habitación de hotel en Los Ángeles a las tres de la mañana.
Cuando finalmente terminamos, nos quedamos tirados en el sofá, jadeando, con el sudor pegándonos a la piel. El silencio volvió a la habitación, pero ya no era incómodo. Era el silencio después de la tormenta.
Zhanwei se estiró para alcanzar su cigarrillo, que se había apagado en el cenicero. Lo encendió de nuevo, con la mano temblando ligeramente.
—Mañana voy a odiarte —dijo, soltando una nube de humo gris hacia las luces de neón.
—Y yo a ti —respondí, pasando un brazo por mis ojos—. Pero hoy... hoy ha sido la mejor parte del tour.
Me incorporé un poco y lo miré. Zhanwei tenía esa mirada perdida otra vez, la mirada de alguien que ya no está allí.
—Oye, Zhanwei.
—¿Qué?
—¿De verdad eran vitaminas?
Él se giró hacia mí, con una sonrisa lenta y maliciosa que nunca mostraría en una entrevista.
—No tengo ni idea, Joonho. Solo sé que todavía veo luces de colores y que el mundo ha dejado de darme asco por un momento.
Me reí y le arrebaté el cigarrillo para darle una calada. Afuera, la ciudad de Los Ángeles seguía brillando, ignorante de que dos de sus estrellas más brillantes acababan de quemarse por completo en la oscuridad de una suite. Mañana volveríamos a ser Navy, volveríamos a los pasos perfectos y a las miradas ensayadas. Pero por ahora, en este limbo de alcohol y pastillas, éramos libres.
—Feliz tour, idiota —susurré.
—Feliz tour, líder.
Eran las 3:15 de la mañana. El rastro de nuestra locura estaba esparcido por toda la habitación, y por primera vez en años, no me importaba quién pudiera verlo.
