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Secreto en Hogwarts

Fandom: Harry Potter

Creado: 15/6/2026

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Reflejos en el agua y verdades que escuecen

El sol de la tarde caía sobre los terrenos de Hogwarts con una calidez inusual para la época, tiñendo de dorado las torres del castillo y haciendo que la superficie del Lago Negro brillara como si alguien hubiera derramado una poción de oro líquido sobre ella. Era uno de esos días raros en los que el colegio parecía estar en paz, sin amenazas tenebrosas ni exámenes finales a la vuelta de la esquina.

Cerca de la orilla, bajo la sombra de un haya de gran tamaño, el grupo se había acomodado sobre el césped. Sera Bletchey, la perfecta de Hufflepuff y autoproclamada "mamá" del grupo, estaba un poco apartada, fingiendo leer un libro de Transformaciones Avanzadas. En realidad, simplemente disfrutaba de la brisa, ignorando olímpicamente las payasadas de los demás para no tener que regañarlos cada cinco minutos.

Harry estaba sentado con Kass, su novia de Slytherin. Se les veía cómodos, un contraste notable con la época en la que Harry se juntaba con aquel grupo insufrible de "Las jarras coquettes". Ron a veces sentía un escalofrío de puro clasismo mágico al recordar a esos Slytherins que se creían el centro del universo, pero Kass era diferente; al menos ella no necesitaba atención constante para respirar.

— ¡Te digo que Azhael me envió una lechuza esta mañana! —exclamó Simon Vael, agitando las manos con entusiasmo. Su cabello azul brillaba bajo el sol—. Me dijo que no podía venir al lago porque está practicando un hechizo de levitación súper secreto en la Torre de Astronomía.

Ron puso los ojos en blanco, acomodándose la túnica que, para su desgracia, siempre parecía un poco más corta de lo que debería.

— Simon, por el amor de Merlín, nadie ha visto nunca a Azhael —dijo Ron con un suspiro—. Llevas meses diciendo que va a Gryffindor, pero estoy en la sala común todas las noches y ese chico no existe. Es producto de tu imaginación, o de comer demasiados sapos de chocolate caducados.

— ¡Eso es porque eres un envidioso, Weasley! —replicó Simon con una sonrisa tonta, sin ofenderse realmente—. Azhael es muy reservado. Además, él dice que los de tu familia tienen un olor... peculiar. Como a pergamino viejo y humildad.

— ¡Oye! —protestó Ron, aunque no pudo evitar que se le escapara una risa ante la estupidez de Simon—. Eres un tonto, Vael. Un tonto con suerte de que no te lance un moco-murciélago.

— ¡Basta de peleas! —intervino Kass, riendo mientras se apoyaba en el hombro de Harry—. Estamos aquí para relajarnos. ¿Por qué no jugamos a algo? ¿Verdad o reto?

— ¡Sí! —saltó Evan Bletchey, que hasta ese momento había estado entretenido lanzando piedras al lago para intentar despertar al calamar gigante—. Pero nada de retos aburridos como "ve y toca el sauce boxeador". Quiero algo con jugo, algo que nos haga arrepentirnos de haber nacido.

Evan se sentó frente a Ron, con esa sonrisa ladeada que siempre lograba sacarlo de sus casillas. Evan era alto, castaño y poseía una confianza que a Ron le resultaba irritante y, a veces, inexplicablemente fascinante. Desde que Evan había terminado con Fred —lo cual había sido un alivio para la cordura de la familia Weasley— y tras su breve e intenso ligue con Sunny, el amigo de Sera, el chico no había dejado de coquetear con medio Hogwarts.

— Muy bien, Evans —dijo Ron, enfatizando el apellido como siempre hacía para molestarlo—. Empieza tú, si tanto te crees el rey de la diversión.

Evan entrecerró los ojos, divertido.

— Bien, Weasley. Simon, verdad o reto.

— ¡Verdad! —gritó Simon, casi cayéndose de espaldas por la emoción.

— ¿Es cierto que intentaste sobornar al profesor Flitwick con una tarta de melaza para que te nombrara prefecto? —preguntó Evan con malicia.

Simon se puso rojo, haciendo que su pelo azul resaltara aún más.

— ¡No fue un soborno! Fue un... regalo de agradecimiento anticipado. Pero no aceptó. Dijo que mi "estabilidad emocional" era cuestionable para el cargo. ¡Él se lo pierde! Azhael dice que yo sería un líder nato.

El grupo estalló en carcajadas. Incluso Sera, desde su puesto de vigilancia, dejó escapar una risita contenida tras su libro.

El juego continuó durante un rato entre retos absurdos y verdades sin importancia. Harry tuvo que hacer el pino mientras recitaba el himno de Hogwarts (lo cual terminó con él cayendo sobre Kass), y Kass tuvo que confesar cuál era la túnica más fea que le había visto a Harry (una que tenía bordados de snitch doradas que su tía abuela le había regalado).

— Te toca, Evans —dijo Ron, sintiéndose más relajado de lo habitual—. Verdad o reto.

Evan se frotó la barbilla, mirando a Ron con una intensidad que hizo que el pelirrojo se removiera incómodo en su sitio.

— Verdad —respondió Evan con voz pausada—. Sorpréndeme, Weasley.

Ron pensó por un momento. Quería preguntar algo que lo pusiera en evidencia, algo sobre sus constantes ligues o su incapacidad para estarse quieto.

— ¿Quién fue la última persona a la que besaste de verdad? —preguntó Ron, intentando sonar casual—. Y no me refiero a un pico de esos que das en las fiestas de Slytherin, sino a alguien que... bueno, ya sabes.

El ambiente cambió sutilmente. Harry y Kass intercambiaron una mirada, y Simon dejó de juguetear con una brizna de hierba. Evan mantuvo la mirada de Ron, y por un segundo, la máscara de bromista desapareció.

— Vaya, Weasley, no sabía que te interesaba tanto mi vida amorosa —dijo Evan, recuperando su sonrisa, aunque esta vez era diferente—. Pero una verdad es una verdad. Fue Sunny.

Ron sintió un pinchazo extraño en el estómago, algo frío y agudo. Sabía lo de Sunny, por supuesto. Todo el mundo lo sabía. Sunny era un prefecto, era guapo, era amigo de Sera... era perfecto.

— Oh —fue todo lo que Ron pudo decir.

— Pero —continuó Evan, inclinándose hacia delante, rompiendo el espacio personal de Ron—, si me preguntas a quién tengo ganas de besar ahora mismo... esa es otra pregunta diferente.

— No he preguntado eso —masculló Ron, sintiendo que las orejas le ardían.

— Bueno, me toca a mí —dijo Evan, ignorando la protesta de Ron—. Harry, verdad o reto.

— Reto —dijo Harry con valentía.

— Te reto a que le pidas a Weasley que nos cuente qué piensa realmente de mis "conquistas". Porque cada vez que alguien se me acerca, pone una cara como si hubiera olido un caldero lleno de huevos podridos.

Harry soltó una carcajada nerviosa.

— Ron, el escenario es tuyo.

Ron sintió que la presión aumentaba. Miró a Evan, que lo observaba con una ceja levantada, esperando.

— No pienso nada —mintió Ron—. Solo creo que eres un imprudente. Vas por ahí coqueteando con cualquiera, como si fuera un juego. Primero mi hermano, luego Sunny, y ahora... quién sabe. Solo me parece que eres un pesado, Evans. Un pesado que no sabe lo que quiere.

— ¿Seguro que es eso, Ron? —preguntó Kass con una sonrisita cómplice que a Ron no le gustó nada—. Porque pareces muy informado sobre cada paso que da Evan.

— ¡Porque es el hermano de Sera! —exclamó Ron, señalando a la chica de Hufflepuff—. Alguien tiene que vigilar que no cause un desastre internacional.

— A mí no me metas en esto, Ronald —dijo Sera sin levantar la vista del libro—. Evan es mayorcito para sus propios desastres. Además, tú eres el que siempre acaba gritándole en los pasillos por cualquier tontería.

— ¡Porque se mete conmigo! —se defendió Ron, aunque sentía que estaba perdiendo la batalla.

— Me meto contigo porque eres el único que me sigue el ritmo, Weasley —dijo Evan, y su voz sonó extrañamente suave—. Los demás se ríen o se asustan. Tú te pones rojo, te enfadas y me devuelves el golpe. Es divertido.

Ron guardó silencio. El pinchazo en su estómago no se iba, y ahora se transformaba en algo más pesado. Ver a Evan tan relajado, tan seguro de sí mismo, mientras él sentía que su mundo se tambaleaba por una simple mención a Sunny... era frustrante.

— Bueno —interrumpió Simon, rompiendo la tensión de forma abrupta—, ¡mi turno! Evan, verdad o reto.

— Verdad otra vez —dijo Evan, aunque sus ojos seguían fijos en Ron.

— ¿Es cierto que Sunny te pidió volver ayer después de la clase de Pociones y tú le dijiste que te lo ibas a pensar?

Esa fue la gota que colmó el vaso para Ron. La imagen de Evan y Sunny juntos de nuevo, besándose en algún rincón oscuro de la biblioteca o paseando por los jardines, le provocó una oleada de irritación tan fuerte que casi se levanta y se marcha.

— ¿Te lo estás pensando? —saltó Ron, antes de poder morderse la lengua.

Evan se giró hacia él, con una chispa de triunfo en los ojos.

— ¿Y si fuera así? Sunny es un buen chico. Es atento, es inteligente... y besa muy bien, por si tenías la duda.

— Pues genial —dijo Ron, con un tono mucho más borde de lo que pretendía—. Haced buena pareja. Al menos él es más educado que tú. Seguro que Sera está encantada de tenerte de "cuñado" oficial otra vez.

— Ron, te va a estallar una vena —comentó Harry, mirando a su amigo con preocupación y una pizca de diversión—. Estás muy tenso.

— ¡No estoy tenso! —gritó Ron—. Solo digo que este juego es una estupidez. Simon se inventa novios, Evan se cree el rompecorazones de Hogwarts y nosotros estamos aquí perdiendo el tiempo.

Ron se puso de pie bruscamente, sacudiéndose la hierba de los pantalones.

— Me voy a la cabaña de Hagrid. Me prometió que me enseñaría unos Bowtruckles nuevos.

— ¡Pero Ron, si acabamos de empezar! —protestó Simon—. ¡Todavía no he contado la vez que Azhael y yo casi derrotamos a un troll en los baños!

— Otro día, Simon —dijo Ron, sin mirar atrás.

Caminó a zancadas por la hierba, sintiendo que el calor en su rostro no era solo por el sol. Estaba furioso. Estaba furioso con Evan por ser tan... tan él. Estaba furioso con Sunny por existir. Y, sobre todo, estaba furioso consigo mismo porque no entendía por qué le importaba tanto.

— ¡Eh, Weasley! —la voz de Evan resonó a sus espaldas.

Ron no se detuvo. Escuchó los pasos rápidos de Evan alcanzándolo.

— ¡Weasley, para! —Evan lo agarró del brazo, obligándolo a girarse.

Ron se zafó del agarre con un movimiento brusco.

— ¿Qué quieres, Evans? Ve a pensar en tu respuesta para Sunny. No querrás hacerlo esperar, ¿no? Es tan "perfecto".

Evan se quedó callado un momento, estudiando el rostro de Ron. La burla había desaparecido, sustituida por una expresión de asombro que rápidamente se transformó en una sonrisa de pura satisfacción.

— Estás celoso —sentenció Evan, como si hubiera descubierto la fórmula para convertir el plomo en oro.

— No digas tonterías —replicó Ron, aunque su voz tembló ligeramente—. No estoy celoso. Solo me molesta que seas tan egocéntrico.

— Estás celoso —repitió Evan, dando un paso hacia él—. Por eso me llamas "Evans" con ese tono de desprecio que en realidad es puro nerviosismo. Por eso saltas cada vez que menciono a Sunny. Merlín, Ron... si lo llego a saber antes, habría mencionado a Sunny mucho más a menudo.

— Vete al diablo —masculló Ron, intentando dar media vuelta.

Pero Evan fue más rápido y se interpuso en su camino, bloqueándole el paso. Estaban lo suficientemente lejos del grupo como para que sus voces no llegaran a ellos, aunque Ron podía sentir la mirada curiosa de Harry desde la distancia.

— No le dije que sí —soltó Evan de repente.

Ron se detuvo, parpadeando.

— ¿Qué?

— A Sunny. Le dije que no —explicó Evan, encogiéndose de hombros—. Le dije que había otra persona que me resultaba mucho más... interesante. Alguien que me lleva la contraria, que se pelea conmigo por cualquier tontería y que tiene la piel llena de pecas que me muero por contar.

Ron sintió que el corazón le daba un vuelco violento contra las costillas. El aire parecía haberse vuelto más espeso de repente.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó Ron en un susurro, temiendo la respuesta y deseándola al mismo tiempo.

Evan se acercó un poco más, rompiendo esa última barrera de seguridad. Ron podía oler el aroma a madera y a algo dulce que siempre desprendía el Slytherin.

— Hablo de que eres un idiota, Ronald Weasley —dijo Evan con una sonrisa suave—. Un idiota que se ha pasado toda la tarde echando chispas porque no soporta la idea de que mire a otro. Y lo mejor de todo es que yo tampoco soporto la idea de mirar a otro si tú estás delante.

Ron se quedó sin palabras. Toda la rabia, el clasismo mal entendido y la confusión de los últimos meses parecieron cristalizar en ese único momento. Sus peleas constantes, los insultos, la atención desmedida que le prestaba a cada movimiento de Evan... no era odio. Nunca lo había sido.

— Yo... —empezó Ron, pero se interrumpió al ver a Simon saludando efusivamente desde lejos.

— ¡Chicos! —gritó Simon—. ¡Sera dice que si no volvéis ahora mismo os va a quitar puntos a los dos, aunque ella sea de Hufflepuff y no tenga jurisdicción sobre Gryffindor! ¡Y Azhael dice que os estáis perdiendo una puesta de sol increíble!

El momento se rompió, pero la tensión permaneció en el aire, vibrante y eléctrica. Evan soltó una carcajada y le dio un toque juguetón en la nariz a Ron.

— Piénsalo, Weasley —dijo Evan, empezando a caminar de espaldas hacia el grupo—. La próxima vez que juguemos a verdad o reto, asegúrate de elegir "reto". Podría sorprenderte.

Ron se quedó allí de pie, solo, viendo cómo Evan regresaba con los demás con esa seguridad exasperante. Se llevó una mano a la cara, notando que el calor no había disminuido.

— Maldito Evans —susurró para sí mismo, aunque esta vez no había ni rastro de desprecio en su voz.

Se giró y, tras respirar hondo para intentar recomponer su dignidad, caminó de vuelta hacia sus amigos. El sol se estaba ocultando, pero para Ron, el día apenas parecía estar comenzando. Sabía que Harry le haría preguntas, que Simon diría alguna estupidez sobre Azhael y que Sera le daría un sermón por su comportamiento infantil. Pero por primera vez, nada de eso le importaba.

Porque mientras caminaba, pudo ver cómo Evan lo miraba de reojo, esperando por él, y Ron supo que la próxima partida de verdad o reto iba a ser, sin duda, la más interesante de su vida.
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