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entre dos mundos
Fandom: el mundo oscuro de sabrina
Creado: 16/6/2026
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RomanceFantasíaDramaUA (Universo Alternativo)CelosNoir GóticoDivergenciaEstudio de Personaje
Sombras, Cuero y Platinado
El aire en el despacho del Padre Blackwood olía a incienso antiguo, pergamino seco y una ambición que rozaba lo asfixiante. Belén Nightshade permanecía de pie, con la espalda tan recta como la hoja de una daga y las manos entrelazadas casualmente tras su espalda. Vestía una chaqueta de cuero oscuro sobre una camisa blanca inmaculada, rematada con unos pantalones de sastre y botas de combate que le daban un aire de autoridad que pocos a su edad —o incluso mayores— lograban proyectar.
Faustus Blackwood, el Sumo Sacerdote, la observaba desde detrás de su escritorio con una mezcla de orgullo paternal y cálculo político.
—Eres mi mejor alumna, Belén —comenzó Blackwood, rompiendo el silencio—. La joya de la corona de la Iglesia de la Noche. Tu linaje es impecable, y tus habilidades superan con creces las de tus contemporáneos.
Belén arqueó una ceja castaña, su expresión teñida de ese sarcasmo elegante que era su marca registrada.
—Dudo que me haya llamado solo para alimentar mi ego, Padre. Aunque debo admitir que siempre es un placer escucharlo.
Blackwood soltó una risa seca.
—Directa, como siempre. Sabrás que la joven Spellman, Sabrina, está causando... complicaciones. Su Bautismo Oscuro se acerca y sus dudas están empezando a ser un problema para la narrativa de nuestra Iglesia. Necesito que alguien con tu carisma y tu visión la guíe. Alguien que le muestre que el camino de la noche no es una prisión, sino un trono.
—¿Quiere que sea su niñera? —Belén soltó un suspiro dramático—. No sabía que mi formación incluía el cuidado de niñas indecisas.
—Quiero que la convenzas —sentenció Blackwood—. Acércate a ella. Hazle ver lo que se está perdiendo en ese mundo mortal de malteadas y mediocridad. Si tú no puedes seducirla hacia la oscuridad, nadie podrá.
Belén asintió con una media sonrisa, aunque por dentro la idea de lidiar con una "medio mortal" le resultaba tediosa.
—Considérelo hecho. Veré qué tiene de especial esa rubia.
***
Greendale siempre parecía estar atrapada en un otoño eterno, envuelta en una niebla que ocultaba secretos tanto humanos como inhumanos. Belén caminaba por los pasillos del Instituto Baxter sintiéndose como un lobo en un corral de ovejas. Su altura y su presencia imponente hacían que los estudiantes se apartaran a su paso, murmurando sobre "la chica nueva de la chaqueta increíble".
Localizó a Sabrina Spellman cerca de los casilleros. La chica era más baja de lo que Belén esperaba, con un cabello rubio platinado casi blanco y una mirada que, a pesar de su apariencia dulce, destilaba una determinación feroz. Estaba hablando con un chico alto y de aspecto bonachón: Harvey Kinkle.
Belén se apoyó contra un casillero cercano, observando la escena con una mueca de superioridad.
—¿Así que este es el famoso novio mortal? —murmuró para sí misma—. Un poco... básico.
Esperó a que el chico se marchara antes de avanzar. Sus pasos resonaron con firmeza sobre el linóleo. Cuando llegó a la altura de Sabrina, la sombra de Belén cubrió por completo a la pequeña rubia.
—Sabrina Spellman, supongo —dijo Belén, bajando la voz a un tono aterciopelado pero cargado de seguridad.
Sabrina se sobresaltó ligeramente y levantó la vista. Sus ojos claros se encontraron con los cafés de Belén, y por un segundo, el tiempo pareció detenerse. Belén, que había ido allí con la intención de soltar un discurso ensayado sobre el poder y la gloria de Satán, sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. No era solo que la chica fuera bonita; era la chispa de rebeldía en su mirada lo que la golpeó como un hechizo de invocación.
—Sí, soy yo —respondió Sabrina, recuperando la compostura y cruzándose de brazos—. ¿Y tú eres...? No pareces de por aquí.
—Belén Nightshade —se presentó, recuperando su máscara de confianza—. Digamos que vengo de un lugar donde tu nombre es el tema de conversación favorito.
Sabrina suspiró, rodando los ojos.
—Déjame adivinar. ¿Otra enviada de Blackwood para decirme que firme el Libro de la Bestia y entregue mi alma?
Belén soltó una carcajada genuina, una que no era sarcástica ni condescendiente.
—En realidad, venía a eso. Pero ahora que te veo... —Belén dio un paso más hacia el espacio personal de Sabrina, inclinándose un poco para quedar a su altura—. Ahora que te veo, entiendo por qué estás dando tanta guerra. Tienes fuego, Spellman. Y sería una lástima que Blackwood lo apagara con sus dogmas aburridos.
Sabrina frunció el ceño, intrigada. No era la reacción que esperaba de una "bruja perfecta".
—Pensé que eras la alumna estrella de la Academia.
—Lo soy —respondió Belén con un guiño—. Pero ser la mejor no significa que tenga que ser una oveja. ¿Qué tal si me enseñas este lugar? Me han dicho que los mortales tienen cosas interesantes, como... ¿cafetería con comida comestible?
Sabrina no pudo evitar sonreír ante el tono juguetón de la otra chica.
—Está bien, Nightshade. Pero no intentes reclutarme entre clases.
***
Las semanas pasaron y el plan original de Blackwood se desmoronó de la forma más inesperada posible. Belén no solo no estaba convenciendo a Sabrina de unirse a la Academia a tiempo completo, sino que ella misma pasaba cada vez más tiempo en el mundo mortal.
Una tarde, en la casa de los Spellman, el ambiente era inusualmente relajado. Ambrose, el primo de Sabrina, observaba desde la barandilla de la escalera mientras Belén y Sabrina estudiaban —o intentaban hacerlo— en la mesa del comedor.
—Debo decir, Belén —comentó Ambrose con su habitual tono cantarín—, que tu presencia aquí es mucho más refrescante que la de esos cuervos de la Academia. Mis tías están encantadas contigo. Especialmente Hilda, dice que comes como un regimiento.
Belén levantó la vista de un libro de historia mortal, sonriendo de lado.
—La cocina de tu tía Hilda es la mejor magia que he visto en mi vida, Ambrose.
Zelda Spellman entró en la habitación con su elegancia habitual, sosteniendo un cigarrillo largo.
—Belén, querida, tu padre llamó a la Academia preguntando por tu progreso. Parece que Blackwood está impaciente.
Sabrina tensó la mandíbula, mirando a Belén con una mezcla de duda y decepción.
—¿Sigues reportando mis movimientos, Belén?
Belén cerró el libro de golpe y se levantó. Su complexión atlética y su altura la hacían ver imponente, pero su expresión se suavizó de inmediato al mirar a Sabrina. Se acercó a ella, ignorando a Zelda y Ambrose.
—No he dicho una palabra que pudiera perjudicarte, Sabrina. Lo sabes.
—Pero sigues allí —insistió Sabrina en voz baja—. Con ellos.
—Y tú sigues aquí —replicó Belén, acariciando con el dorso de la mano la mejilla de la rubia, un gesto tan tierno que hizo que Zelda arqueara ambas cejas—. Estoy empezando a pensar que este mundo tiene mucho más sentido si tú estás en él.
Sabrina se quedó sin palabras. El conflicto interno era evidente en su rostro: Harvey estaba en su corazón, pero Belén... Belén era como una tormenta que la empujaba a ser más fuerte, más libre.
***
El conflicto estalló un viernes por la noche en el Dr. Cerberus. Belén estaba sentada en una de las mesas, vistiendo una chaqueta de aviador, esperando a que Sabrina terminara su turno. El ambiente cambió cuando Nicholas Scratch, el brujo más codiciado de la Academia después de Belén, entró al local con una sonrisa de suficiencia.
—Vaya, vaya. La reina de la noche en un antro mortal —dijo Nick, sentándose frente a Belén sin invitación—. Blackwood está empezando a sospechar que te has pasado al bando de los perdedores, Nightshade.
Belén ni siquiera lo miró. Estaba demasiado ocupada observando cómo Sabrina reía con Harvey Kinkle cerca de la barra. Sus ojos cafés se oscurecieron por los celos, una emoción que nunca antes había experimentado con tal intensidad.
—Cuidado, Scratch —advirtió Belén con voz gélida—. Mis asuntos no son de tu incumbencia.
—Oh, lo son cuando involucran a la Spellman —Nick se inclinó hacia adelante—. Ella es especial. Todos lo sabemos. Pero tú... tú te estás volviendo blanda. ¿Qué diría tu padre si te viera suspirando por una chica que prefiere a un chico que huele a mina de carbón?
Belén se levantó de golpe, su silla chirriando contra el suelo. Su presencia era tan dominante que el murmullo del local se detuvo por un segundo.
—Sabrina no es un trofeo, Nicholas. Y si vuelves a hablar de ella como si fuera algo que puedes ganar o perder, te aseguro que no habrá suficiente magia curativa en la Academia para arreglar lo que te haré.
Nick levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no desapareció.
—Tranquila, fiera. Solo me divierte ver cómo la gran Belén Nightshade ha caído ante una rubia de metro sesenta.
En ese momento, Sabrina se acercó, notando la tensión.
—¿Pasa algo malo? —preguntó, mirando de Belén a Nick.
Belén se giró hacia ella, y su expresión cambió instantáneamente de furia asesina a una vulnerabilidad que solo mostraba ante ella.
—Nada, Sabrina. Solo recordándole a Nicholas que ya se le pasó la hora de dormir.
Harvey se acercó también, poniendo una mano posesiva en el hombro de Sabrina.
—¿Todo bien, Brina?
Belén apretó los puños. Odiaba ver las manos de aquel mortal sobre ella. La posesividad le quemaba en las venas, un rasgo de los Nightshade que nunca había tenido motivo para usar hasta ahora.
—Todo perfecto, Kinkle —dijo Belén, su tono cargado de un sarcasmo peligroso—. Solo estábamos hablando de lo rápido que cambian las cosas.
***
Esa noche, bajo la luz de una luna creciente, Belén y Sabrina caminaron hacia la casa de los Spellman. El silencio era denso, lleno de cosas no dichas.
—Belén —dijo Sabrina finalmente, deteniéndose bajo un viejo roble—. ¿Por qué te inscribiste en Baxter? Mi tía Zelda dice que es un escándalo en el Consejo.
Belén se detuvo y se giró. Se veía majestuosa bajo la luz plateada, su estilo masculino dándole un aire de caballero oscuro.
—Porque no podía soportar la idea de que estuvieras aquí sola —confesó Belén, dando un paso hacia ella—. No confío en Blackwood, no confío en Scratch, y ciertamente no confío en que ese chico mortal pueda protegerte de lo que viene.
—Yo puedo protegerme sola —replicó Sabrina con orgullo.
—Lo sé. Eres la persona más valiente que he conocido —Belén acortó la distancia, quedando a escasos centímetros de su rostro—. Pero no quiero que tengas que hacerlo sola. Sabrina, desde el momento en que te vi en ese pasillo, todo lo que creía saber sobre mi destino, sobre la Iglesia, sobre mí misma... todo cambió.
Sabrina sintió que el corazón le latía con fuerza contra las costillas.
—¿Qué estás diciendo?
—Digo que me importa un bledo la profecía de mi familia o lo que Blackwood quiera —Belén tomó las manos de Sabrina entre las suyas—. Digo que, si tengo que elegir entre el trono que me prometieron y estar a tu lado en este pueblo olvidado por los dioses, te elijo a ti. Siempre.
Sabrina miró hacia la casa, donde Harvey probablemente la esperaba con un mensaje de buenas noches, y luego miró a Belén. Belén era poder, era fuego, pero también era la única persona que la miraba como si fuera el centro de su universo, no por su apellido, sino por quién era.
—Harvey es un buen chico —susurró Sabrina.
—Es un niño, Sabrina —dijo Belén con suavidad—. Y tú eres una reina. Deja que alguien que pueda caminar a tu lado en la oscuridad te lo demuestre.
Sin esperar respuesta, Belén se inclinó y unió sus labios con los de Sabrina. Fue un beso que sabía a rebelión y a magia antigua, un beso que selló un destino que ninguna de las dos esperaba. Cuando se separaron, Sabrina estaba sin aliento, su determinación mortal tambaleándose.
—Vete a casa, Spellman —dijo Belén con una sonrisa tierna y posesiva—. Mañana tenemos clase. Y no quiero que llegues tarde porque estabas pensando en mí.
—Eres una engreída, Nightshade —respondió Sabrina, aunque no podía dejar de sonreír.
—Y tú estás enamorada —Belén le guiñó un ojo antes de desaparecer en la niebla con una elegancia que dejaba claro que, a partir de esa noche, las reglas de Greendale habían cambiado para siempre.
***
Al día siguiente, en la Academia, el ambiente era eléctrico. Damian y Victoria, los mejores amigos de Belén, la esperaban en el vestíbulo principal.
—¿Es cierto? —preguntó Victoria, ajustándose los guantes de seda—. ¿Te besaste con la mestiza en público?
—No fue en público —corrigió Belén, caminando hacia el aula de Demonología con paso firme—. Pero no pienso ocultarlo.
Damian soltó una carcajada, golpeando el hombro de su amiga.
—Blackwood va a tener un infarto. ¿Sabes que esto es básicamente una declaración de guerra contra la tradición?
Belén se detuvo frente a las grandes puertas de madera oscura y miró a sus amigos con una expresión de absoluta seguridad.
—Entonces que así sea. Si la Iglesia de la Noche no puede aceptar que la bruja más poderosa de su generación elija su propio camino, entonces tal vez la Iglesia necesite una nueva administración.
Victoria y Damian se intercambiaron una mirada de asombro. Belén Nightshade ya no era la estudiante perfecta. Era algo mucho más peligroso: una mujer con un propósito y alguien a quien proteger.
Mientras tanto, en el Instituto Baxter, Sabrina Spellman terminaba de escribir una carta para Harvey. Sus manos temblaban un poco, pero su mirada era clara. Sabía que lo que sentía por Belén era una fuerza de la naturaleza que no podía ignorar.
El mundo oscuro de Sabrina estaba a punto de volverse mucho más brillante, y el mundo de Belén Nightshade estaba a punto de arder por amor. Juntas, no solo desafiarían a Blackwood o al Señor Oscuro; reconstruirían el cielo y el infierno a su imagen y semejanza. Porque cuando una Nightshade ama, no hay poder en los tres reinos que pueda interponerse en su camino.
Faustus Blackwood, el Sumo Sacerdote, la observaba desde detrás de su escritorio con una mezcla de orgullo paternal y cálculo político.
—Eres mi mejor alumna, Belén —comenzó Blackwood, rompiendo el silencio—. La joya de la corona de la Iglesia de la Noche. Tu linaje es impecable, y tus habilidades superan con creces las de tus contemporáneos.
Belén arqueó una ceja castaña, su expresión teñida de ese sarcasmo elegante que era su marca registrada.
—Dudo que me haya llamado solo para alimentar mi ego, Padre. Aunque debo admitir que siempre es un placer escucharlo.
Blackwood soltó una risa seca.
—Directa, como siempre. Sabrás que la joven Spellman, Sabrina, está causando... complicaciones. Su Bautismo Oscuro se acerca y sus dudas están empezando a ser un problema para la narrativa de nuestra Iglesia. Necesito que alguien con tu carisma y tu visión la guíe. Alguien que le muestre que el camino de la noche no es una prisión, sino un trono.
—¿Quiere que sea su niñera? —Belén soltó un suspiro dramático—. No sabía que mi formación incluía el cuidado de niñas indecisas.
—Quiero que la convenzas —sentenció Blackwood—. Acércate a ella. Hazle ver lo que se está perdiendo en ese mundo mortal de malteadas y mediocridad. Si tú no puedes seducirla hacia la oscuridad, nadie podrá.
Belén asintió con una media sonrisa, aunque por dentro la idea de lidiar con una "medio mortal" le resultaba tediosa.
—Considérelo hecho. Veré qué tiene de especial esa rubia.
***
Greendale siempre parecía estar atrapada en un otoño eterno, envuelta en una niebla que ocultaba secretos tanto humanos como inhumanos. Belén caminaba por los pasillos del Instituto Baxter sintiéndose como un lobo en un corral de ovejas. Su altura y su presencia imponente hacían que los estudiantes se apartaran a su paso, murmurando sobre "la chica nueva de la chaqueta increíble".
Localizó a Sabrina Spellman cerca de los casilleros. La chica era más baja de lo que Belén esperaba, con un cabello rubio platinado casi blanco y una mirada que, a pesar de su apariencia dulce, destilaba una determinación feroz. Estaba hablando con un chico alto y de aspecto bonachón: Harvey Kinkle.
Belén se apoyó contra un casillero cercano, observando la escena con una mueca de superioridad.
—¿Así que este es el famoso novio mortal? —murmuró para sí misma—. Un poco... básico.
Esperó a que el chico se marchara antes de avanzar. Sus pasos resonaron con firmeza sobre el linóleo. Cuando llegó a la altura de Sabrina, la sombra de Belén cubrió por completo a la pequeña rubia.
—Sabrina Spellman, supongo —dijo Belén, bajando la voz a un tono aterciopelado pero cargado de seguridad.
Sabrina se sobresaltó ligeramente y levantó la vista. Sus ojos claros se encontraron con los cafés de Belén, y por un segundo, el tiempo pareció detenerse. Belén, que había ido allí con la intención de soltar un discurso ensayado sobre el poder y la gloria de Satán, sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. No era solo que la chica fuera bonita; era la chispa de rebeldía en su mirada lo que la golpeó como un hechizo de invocación.
—Sí, soy yo —respondió Sabrina, recuperando la compostura y cruzándose de brazos—. ¿Y tú eres...? No pareces de por aquí.
—Belén Nightshade —se presentó, recuperando su máscara de confianza—. Digamos que vengo de un lugar donde tu nombre es el tema de conversación favorito.
Sabrina suspiró, rodando los ojos.
—Déjame adivinar. ¿Otra enviada de Blackwood para decirme que firme el Libro de la Bestia y entregue mi alma?
Belén soltó una carcajada genuina, una que no era sarcástica ni condescendiente.
—En realidad, venía a eso. Pero ahora que te veo... —Belén dio un paso más hacia el espacio personal de Sabrina, inclinándose un poco para quedar a su altura—. Ahora que te veo, entiendo por qué estás dando tanta guerra. Tienes fuego, Spellman. Y sería una lástima que Blackwood lo apagara con sus dogmas aburridos.
Sabrina frunció el ceño, intrigada. No era la reacción que esperaba de una "bruja perfecta".
—Pensé que eras la alumna estrella de la Academia.
—Lo soy —respondió Belén con un guiño—. Pero ser la mejor no significa que tenga que ser una oveja. ¿Qué tal si me enseñas este lugar? Me han dicho que los mortales tienen cosas interesantes, como... ¿cafetería con comida comestible?
Sabrina no pudo evitar sonreír ante el tono juguetón de la otra chica.
—Está bien, Nightshade. Pero no intentes reclutarme entre clases.
***
Las semanas pasaron y el plan original de Blackwood se desmoronó de la forma más inesperada posible. Belén no solo no estaba convenciendo a Sabrina de unirse a la Academia a tiempo completo, sino que ella misma pasaba cada vez más tiempo en el mundo mortal.
Una tarde, en la casa de los Spellman, el ambiente era inusualmente relajado. Ambrose, el primo de Sabrina, observaba desde la barandilla de la escalera mientras Belén y Sabrina estudiaban —o intentaban hacerlo— en la mesa del comedor.
—Debo decir, Belén —comentó Ambrose con su habitual tono cantarín—, que tu presencia aquí es mucho más refrescante que la de esos cuervos de la Academia. Mis tías están encantadas contigo. Especialmente Hilda, dice que comes como un regimiento.
Belén levantó la vista de un libro de historia mortal, sonriendo de lado.
—La cocina de tu tía Hilda es la mejor magia que he visto en mi vida, Ambrose.
Zelda Spellman entró en la habitación con su elegancia habitual, sosteniendo un cigarrillo largo.
—Belén, querida, tu padre llamó a la Academia preguntando por tu progreso. Parece que Blackwood está impaciente.
Sabrina tensó la mandíbula, mirando a Belén con una mezcla de duda y decepción.
—¿Sigues reportando mis movimientos, Belén?
Belén cerró el libro de golpe y se levantó. Su complexión atlética y su altura la hacían ver imponente, pero su expresión se suavizó de inmediato al mirar a Sabrina. Se acercó a ella, ignorando a Zelda y Ambrose.
—No he dicho una palabra que pudiera perjudicarte, Sabrina. Lo sabes.
—Pero sigues allí —insistió Sabrina en voz baja—. Con ellos.
—Y tú sigues aquí —replicó Belén, acariciando con el dorso de la mano la mejilla de la rubia, un gesto tan tierno que hizo que Zelda arqueara ambas cejas—. Estoy empezando a pensar que este mundo tiene mucho más sentido si tú estás en él.
Sabrina se quedó sin palabras. El conflicto interno era evidente en su rostro: Harvey estaba en su corazón, pero Belén... Belén era como una tormenta que la empujaba a ser más fuerte, más libre.
***
El conflicto estalló un viernes por la noche en el Dr. Cerberus. Belén estaba sentada en una de las mesas, vistiendo una chaqueta de aviador, esperando a que Sabrina terminara su turno. El ambiente cambió cuando Nicholas Scratch, el brujo más codiciado de la Academia después de Belén, entró al local con una sonrisa de suficiencia.
—Vaya, vaya. La reina de la noche en un antro mortal —dijo Nick, sentándose frente a Belén sin invitación—. Blackwood está empezando a sospechar que te has pasado al bando de los perdedores, Nightshade.
Belén ni siquiera lo miró. Estaba demasiado ocupada observando cómo Sabrina reía con Harvey Kinkle cerca de la barra. Sus ojos cafés se oscurecieron por los celos, una emoción que nunca antes había experimentado con tal intensidad.
—Cuidado, Scratch —advirtió Belén con voz gélida—. Mis asuntos no son de tu incumbencia.
—Oh, lo son cuando involucran a la Spellman —Nick se inclinó hacia adelante—. Ella es especial. Todos lo sabemos. Pero tú... tú te estás volviendo blanda. ¿Qué diría tu padre si te viera suspirando por una chica que prefiere a un chico que huele a mina de carbón?
Belén se levantó de golpe, su silla chirriando contra el suelo. Su presencia era tan dominante que el murmullo del local se detuvo por un segundo.
—Sabrina no es un trofeo, Nicholas. Y si vuelves a hablar de ella como si fuera algo que puedes ganar o perder, te aseguro que no habrá suficiente magia curativa en la Academia para arreglar lo que te haré.
Nick levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no desapareció.
—Tranquila, fiera. Solo me divierte ver cómo la gran Belén Nightshade ha caído ante una rubia de metro sesenta.
En ese momento, Sabrina se acercó, notando la tensión.
—¿Pasa algo malo? —preguntó, mirando de Belén a Nick.
Belén se giró hacia ella, y su expresión cambió instantáneamente de furia asesina a una vulnerabilidad que solo mostraba ante ella.
—Nada, Sabrina. Solo recordándole a Nicholas que ya se le pasó la hora de dormir.
Harvey se acercó también, poniendo una mano posesiva en el hombro de Sabrina.
—¿Todo bien, Brina?
Belén apretó los puños. Odiaba ver las manos de aquel mortal sobre ella. La posesividad le quemaba en las venas, un rasgo de los Nightshade que nunca había tenido motivo para usar hasta ahora.
—Todo perfecto, Kinkle —dijo Belén, su tono cargado de un sarcasmo peligroso—. Solo estábamos hablando de lo rápido que cambian las cosas.
***
Esa noche, bajo la luz de una luna creciente, Belén y Sabrina caminaron hacia la casa de los Spellman. El silencio era denso, lleno de cosas no dichas.
—Belén —dijo Sabrina finalmente, deteniéndose bajo un viejo roble—. ¿Por qué te inscribiste en Baxter? Mi tía Zelda dice que es un escándalo en el Consejo.
Belén se detuvo y se giró. Se veía majestuosa bajo la luz plateada, su estilo masculino dándole un aire de caballero oscuro.
—Porque no podía soportar la idea de que estuvieras aquí sola —confesó Belén, dando un paso hacia ella—. No confío en Blackwood, no confío en Scratch, y ciertamente no confío en que ese chico mortal pueda protegerte de lo que viene.
—Yo puedo protegerme sola —replicó Sabrina con orgullo.
—Lo sé. Eres la persona más valiente que he conocido —Belén acortó la distancia, quedando a escasos centímetros de su rostro—. Pero no quiero que tengas que hacerlo sola. Sabrina, desde el momento en que te vi en ese pasillo, todo lo que creía saber sobre mi destino, sobre la Iglesia, sobre mí misma... todo cambió.
Sabrina sintió que el corazón le latía con fuerza contra las costillas.
—¿Qué estás diciendo?
—Digo que me importa un bledo la profecía de mi familia o lo que Blackwood quiera —Belén tomó las manos de Sabrina entre las suyas—. Digo que, si tengo que elegir entre el trono que me prometieron y estar a tu lado en este pueblo olvidado por los dioses, te elijo a ti. Siempre.
Sabrina miró hacia la casa, donde Harvey probablemente la esperaba con un mensaje de buenas noches, y luego miró a Belén. Belén era poder, era fuego, pero también era la única persona que la miraba como si fuera el centro de su universo, no por su apellido, sino por quién era.
—Harvey es un buen chico —susurró Sabrina.
—Es un niño, Sabrina —dijo Belén con suavidad—. Y tú eres una reina. Deja que alguien que pueda caminar a tu lado en la oscuridad te lo demuestre.
Sin esperar respuesta, Belén se inclinó y unió sus labios con los de Sabrina. Fue un beso que sabía a rebelión y a magia antigua, un beso que selló un destino que ninguna de las dos esperaba. Cuando se separaron, Sabrina estaba sin aliento, su determinación mortal tambaleándose.
—Vete a casa, Spellman —dijo Belén con una sonrisa tierna y posesiva—. Mañana tenemos clase. Y no quiero que llegues tarde porque estabas pensando en mí.
—Eres una engreída, Nightshade —respondió Sabrina, aunque no podía dejar de sonreír.
—Y tú estás enamorada —Belén le guiñó un ojo antes de desaparecer en la niebla con una elegancia que dejaba claro que, a partir de esa noche, las reglas de Greendale habían cambiado para siempre.
***
Al día siguiente, en la Academia, el ambiente era eléctrico. Damian y Victoria, los mejores amigos de Belén, la esperaban en el vestíbulo principal.
—¿Es cierto? —preguntó Victoria, ajustándose los guantes de seda—. ¿Te besaste con la mestiza en público?
—No fue en público —corrigió Belén, caminando hacia el aula de Demonología con paso firme—. Pero no pienso ocultarlo.
Damian soltó una carcajada, golpeando el hombro de su amiga.
—Blackwood va a tener un infarto. ¿Sabes que esto es básicamente una declaración de guerra contra la tradición?
Belén se detuvo frente a las grandes puertas de madera oscura y miró a sus amigos con una expresión de absoluta seguridad.
—Entonces que así sea. Si la Iglesia de la Noche no puede aceptar que la bruja más poderosa de su generación elija su propio camino, entonces tal vez la Iglesia necesite una nueva administración.
Victoria y Damian se intercambiaron una mirada de asombro. Belén Nightshade ya no era la estudiante perfecta. Era algo mucho más peligroso: una mujer con un propósito y alguien a quien proteger.
Mientras tanto, en el Instituto Baxter, Sabrina Spellman terminaba de escribir una carta para Harvey. Sus manos temblaban un poco, pero su mirada era clara. Sabía que lo que sentía por Belén era una fuerza de la naturaleza que no podía ignorar.
El mundo oscuro de Sabrina estaba a punto de volverse mucho más brillante, y el mundo de Belén Nightshade estaba a punto de arder por amor. Juntas, no solo desafiarían a Blackwood o al Señor Oscuro; reconstruirían el cielo y el infierno a su imagen y semejanza. Porque cuando una Nightshade ama, no hay poder en los tres reinos que pueda interponerse en su camino.
