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Fandom: Club América

Creado: 17/6/2026

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Entre el Deber y el Deseo

El sol de la tarde caía con fuerza sobre las canchas de entrenamiento de Coapa, tiñendo el césped de un verde vibrante que contrastaba con el azul y crema de los uniformes. Kevin Álvarez se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano, respirando con dificultad tras una sesión intensa de ejercicios tácticos. A pocos metros, su mejor amigo, Brian Rodríguez, dominaba el balón con una elegancia que parecía no requerir esfuerzo alguno. El uruguayo, con su cabello rubio siempre perfectamente peinado incluso bajo el sol, le guiñó un ojo antes de lanzar un pase largo.

—¡Despierta, Kevin! —exclamó Brian con una sonrisa burlona—. Que si te quedas dormido, el profe te va a mandar a la banca.

Kevin rió, recuperando el aliento.

—No me estoy durmiendo, "Rayito". Solo pensaba en que mi mamá me llamó tres veces esta mañana. Ya sabes cómo se pone cuando Joss tiene algún plan nuevo.

La mención de Joss hizo que el ritmo de Brian flaqueara por una fracción de segundo, casi imperceptible para cualquiera que no lo conociera bien. Joss Álvarez, la hermana menor de Kevin, era la viva imagen de su hermano: el mismo cabello castaño sedoso y esos ojos color café que parecían brillar con una mezcla de inocencia y travesura. Pero para Brian, Joss era mucho más que la hermana de su mejor amigo; era la razón por la que últimamente le costaba tanto concentrarse en los partidos.

—¿Y ahora qué hizo Joss? —preguntó Brian, tratando de sonar casual mientras caminaban hacia las bancas para beber agua.

—Nada malo, solo que hoy empieza sus prácticas profesionales y mi mamá me hizo jurar, por enésima vez, que la cuidaría —suspiró Kevin, sentándose y abriendo una botella de agua—. Sabes cómo es la jefa. "Kevin, ella es tu responsabilidad", "Kevin, no dejes que nadie se le acerque", "Kevin, prométeme que la protegerás". Siento que soy su guardaespaldas, no su hermano.

Brian bebió un largo trago de agua, sintiendo una punzada de culpa mezclada con una creciente ansiedad.

—Es tu hermana pequeña, Kev. Es normal que quieran protegerla. Además, Coapa puede ser un lugar... complicado para una chica tan linda.

Kevin asintió, ajeno a las intenciones de su amigo.

—Lo sé. Por eso confío en que tú también le eches un ojo si yo estoy ocupado. Eres como mi hermano, Brian. Eres el único aquí en quien confío plenamente para que no intente nada raro con ella.

Brian se atragantó ligeramente con el agua, tosiendo para disimular su incomodidad.

—Claro, hermano... sabes que puedes contar conmigo.

En ese momento, una figura rubia y esbelta se acercó a ellos desde la zona de las gradas. Nailea Vidrio, con sus ojos azules brillando bajo el sol y una sonrisa radiante, caminaba hacia Kevin con la confianza de quien se sabe amada. Kevin se levantó de inmediato, su rostro iluminándose al ver a su novia.

—¡Hola, guapo! —dijo Nailea, rodeando el cuello de Kevin con sus brazos y dándole un beso rápido en la mejilla—. ¿Listos para irnos? Joss me envió un mensaje diciendo que ya terminó su primer día y que nos espera en el estacionamiento.

—Hola, Nai —respondió Kevin, abrazándola por la cintura—. Sí, ya terminamos. Solo déjame pasar por mis cosas al vestidor.

—Hola, Brian —saludó Nailea con un gesto amable—. ¿Vienes con nosotros a cenar algo? Joss dijo que tiene mucha hambre y que quiere celebrar su primer día.

Brian sintió que el corazón le daba un vuelco. Ver a Joss siempre era un arma de doble filo: un placer visual y un tormento emocional por el secreto que guardaba.

—Seguro, me encantaría —respondió Brian, tratando de que su voz no sonara demasiado entusiasmada.

Minutos después, el grupo se dirigía al estacionamiento. Allí, apoyada contra el auto de Kevin, estaba Joss. Llevaba unos jeans ajustados y una blusa blanca sencilla, pero su belleza radicaba en la naturalidad de sus gestos. Cuando vio a su hermano, su rostro se iluminó.

—¡Al fin! —exclamó Joss, corriendo a abrazar a Kevin—. Pensé que se habían quedado a vivir en la cancha.

—No exageres, pequeña —dijo Kevin, revolviéndole el cabello con cariño—. ¿Cómo te fue? ¿Nadie te molestó?

Joss rodó los ojos, soltando una risita.

—Kevin, tengo veinte años, no diez. Todo salió perfecto. Los del departamento de marketing son muy amables.

Luego, sus ojos se encontraron con los de Brian. El mundo pareció detenerse por un instante. Joss sintió ese cosquilleo familiar en el estómago, el mismo que sentía cada vez que el uruguayo estaba cerca.

—Hola, Brian —dijo ella en voz baja, con una timidez que solo él lograba provocarle.

—Hola, Joss —respondió Brian, dedicándole una de esas sonrisas que solían derretir a la afición, pero que para ella era exclusiva—. Felicidades por tu primer día. Sabía que te iría genial.

—Gracias —susurró ella, bajando la mirada para ocultar el leve sonrojo de sus mejillas.

Nailea, que observaba la escena con una agudeza que Kevin no poseía, sonrió para sus adentros. Ella sabía perfectamente lo que pasaba entre esos dos, pero también conocía la sobreprotección casi asfixiante de su novio.

—Bueno, ¡basta de charlas! —intervino Nailea, tomando el brazo de Kevin—. Muero de hambre y Joss también. Vamos a ese lugar de pastas que nos gusta.

Durante la cena, la dinámica era una danza peligrosa. Kevin hablaba con Nailea sobre el próximo partido contra Chivas, mientras que Brian y Joss compartían miradas furtivas por encima de sus platos de espagueti. En un momento dado, bajo la seguridad del mantel, la mano de Brian rozó accidentalmente la rodilla de Joss. Ella no se apartó; al contrario, buscó el contacto, sintiendo una descarga eléctrica que le recorrió la columna.

—¿Y qué tal los compañeros de trabajo, Joss? —preguntó Kevin de repente, cortando la tensión silenciosa—. ¿Hay muchos tipos de tu edad por ahí?

Joss retiró la mano rápidamente, aclarándose la garganta.

—Eh... sí, hay algunos becarios. Pero todos están muy concentrados en lo suyo, Kev. No tienes de qué preocuparte.

—Más les vale —gruñó Kevin, aunque con un tono medio en broma—. Ya saben lo que dice mi mamá. Yo soy el responsable de que no te rompan el corazón... ni que nadie se pase de listo.

Brian sintió una punzada de arrepentimiento. Kevin era su mejor hermano, el hombre que le había abierto las puertas de su casa y de su familia. Traicionar su confianza sintiendo algo por Joss se sentía como una falta de respeto, pero el amor, o lo que fuera que sentía por ella, era una fuerza de la naturaleza que no podía controlar.

—Kevin, relájate —dijo Nailea, dándole un apretón en la mano—. Joss es inteligente y sabe cuidarse. Además, tiene a Brian para que la cuide cuando tú no estés, ¿verdad, Brian?

Brian casi escupe su bebida. Nailea le lanzó una mirada cómplice que le heló la sangre. Ella lo sabía.

—Por supuesto —logró decir Brian—. Siempre estaré ahí para ella.

El resto de la noche transcurrió entre risas y anécdotas del club, pero la tensión entre el rubio y la castaña era casi palpable. Al terminar la cena, Kevin se ofreció a llevar a Nailea a su casa, mientras que Brian se ofreció a llevar a Joss a la suya, ya que vivían en la misma dirección.

—¿Estás seguro, hermano? —preguntó Kevin, entrecerrando los ojos mientras buscaba las llaves de su auto.

—Sí, Kev. No te preocupes, la dejaré en la puerta de tu casa sana y salva —aseguró Brian, tratando de sonar lo más neutral posible.

Kevin dudó un segundo, pero luego asintió.

—Está bien. Joss, pórtate bien. Brian, te encargo mi vida, ¿eh?

—Lo sé, hermano. Lo sé.

Una vez que el auto de Kevin se alejó, el silencio en el coche de Brian se volvió denso, cargado de todo lo que no se habían dicho. Joss miraba por la ventana, viendo pasar las luces de la Ciudad de México, sintiendo el aroma del perfume de Brian inundar sus sentidos.

—¿Estás bien? —preguntó Brian finalmente, rompiendo el silencio mientras se detenía en un semáforo en rojo.

Joss se giró hacia él, sus ojos cafés brillando con una mezcla de frustración y anhelo.

—Es difícil, Brian. Ver cómo mi hermano confía en ti ciegamente mientras nosotros... mientras yo siento esto. Me siento mal por ocultárselo, pero sé que si se entera, se volvería loco.

Brian suspiró, golpeando rítmicamente el volante con los dedos.

—Lo sé, Joss. Créeme que me mata por dentro. Kevin es mi mejor amigo, es como mi hermano de sangre. Pero cada vez que te veo, se me olvida todo lo demás. No puedo evitar lo que siento por ti.

Joss estiró la mano y la puso sobre la de él.

—¿Y qué vamos a hacer? No podemos seguir así para siempre. Kevin no es tonto, y Nailea ya se dio cuenta. La forma en que nos miraba hoy... ella lo sabe.

Brian aprovechó que el semáforo seguía en rojo para girarse por completo hacia ella. Tomó su rostro con una mano, acariciando su mejilla con el pulgar. Joss cerró los ojos, disfrutando del contacto.

—No quiero esconderme más, Joss. Pero tampoco quiero perder a mi mejor amigo. Dame un poco más de tiempo. Quiero encontrar la forma correcta de decírselo sin que sienta que lo traicioné.

—Él te hizo prometer que me protegerías —susurró Joss, con una sonrisa triste—. Y lo que estás haciendo es lo opuesto. Me estás robando el corazón.

Brian se acercó lentamente, acortando la distancia entre sus labios.

—Tal vez protegerte también signifique asegurarme de que estés con alguien que te quiera de verdad —murmuró él antes de besarla.

Fue un beso suave, cargado de promesas y miedos. En ese pequeño espacio del auto, el mundo exterior, las promesas de Kevin y las advertencias de su madre desaparecieron. Solo existían ellos dos.

Sin embargo, la realidad volvió a golpearlos cuando el auto de atrás tocó la bocina. Brian se separó lentamente, respirando agitado.

—Te quiero, Joss. Y voy a hacer las cosas bien.

—Yo también te quiero, Brian. Pero tengo miedo de lo que pase cuando la burbuja estalle.

Brian reanudó la marcha, conduciendo hacia la casa de los Álvarez. Al llegar, vio que las luces de la sala estaban encendidas. Kevin ya estaba en casa.

—Llegamos —dijo Brian, con un tono de voz apagado.

Joss asintió, tomando su bolso. Antes de bajar, le dio un beso rápido en la mejilla.

—Gracias por traerme. Mañana nos vemos en el club.

—Descansa, bonita.

Brian esperó a que Joss entrara a la casa y viera a Kevin saludarla desde la ventana antes de arrancar. Mientras se alejaba, no podía dejar de pensar en las palabras de su amigo: "Eres el único aquí en quien confío plenamente".

La lealtad y el amor estaban en curso de colisión, y Brian sabía que, tarde o temprano, tendría que elegir entre su mejor amigo y la mujer que amaba. Pero mientras miraba el horizonte de la ciudad, una cosa era segura: no estaba dispuesto a renunciar a Joss Álvarez, sin importar el precio que tuviera que pagar.

Dentro de la casa, Kevin observaba a su hermana cerrar la puerta con una sonrisa soñadora.

—¿Y esa cara? —preguntó Kevin, cruzándose de brazos con una ceja levantada—. ¿Tan bien te cayó la cena o es que Brian te contó algún chiste uruguayo de esos que solo él entiende?

Joss se sobresaltó, pero logró mantener la compostura.

—Solo estoy cansada, Kev. Fue un día largo y emocionante. Brian fue muy amable, como siempre.

Kevin asintió, satisfecho.

—Es un buen tipo. Me alegra que se lleven tan bien. Me quita un peso de encima saber que estás en buenas manos cuando yo no estoy.

Joss sintió una punzada de culpa en el pecho. Subió las escaleras sin decir nada más, dejando a Kevin solo en la sala. El capitán del América se quedó mirando la puerta un momento, una extraña sensación de duda cruzando su mente por un segundo, antes de sacudir la cabeza y apagar las luces. Después de todo, Brian era su hermano. Y los hermanos no se traicionan. O eso era lo que él quería creer.
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