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Naruto x harem
Fandom: Naruto,dragón ball
Creado: 17/6/2026
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UA (Universo Alternativo)Isekai / Fantasía PortalAventuraAcciónCrossoverDolor/ConsueloRecortes de Vida
Entre el Polvo de la Guerra y el Azul del Cielo
El campo de batalla de la Cuarta Gran Guerra Ninja era un paisaje de pesadilla, un lienzo de tierra calcinada y memorias rotas. Naruto Uzumaki, con la respiración entrecortada y el chakra de Kurama fluyendo por sus venas como lava líquida, observó el horizonte. La derrota de Kaguya Otsutsuki había dejado una fractura en la realidad misma, una grieta dimensional que siseaba con una energía que no pertenecía a su mundo.
—¡Naruto, apártate de ahí! —gritó la voz de Sasuke, cargada de una urgencia que rara vez mostraba.
Pero fue demasiado tarde. El centro de la inestabilidad, un vórtice de color púrpura y negro, se expandió con la fuerza de un sol colapsando. Naruto sintió cómo la gravedad se invertía. Sus pies dejaron de tocar el suelo y, por un instante, el rostro de sus amigos se desvaneció en un torbellino de luces blancas.
—¡Kurama! —exclamó Naruto mentalmente, buscando el ancla de su compañero.
—Aguanta, mocoso... algo no está bien... —La voz del Nueve Colas se escuchó distante, como si hablara a través de kilómetros de agua profunda.
Entonces, el silencio. Un silencio absoluto que fue reemplazado súbitamente por el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas.
Naruto cayó con un impacto sordo, hundiéndose en la hierba alta. El golpe no fue suficiente para herirlo seriamente, gracias a su resistencia sobrehumana, pero lo dejó aturdido. Se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo de su chaqueta naranja y negra, que ahora estaba hecha jirones.
—¿Dónde diablos estoy? —susurró, mirando a su alrededor.
No estaba en las llanuras desoladas de las Naciones Ninja. Se encontraba en un valle verde y exuberante, rodeado de montañas con formas extrañas, casi cilíndricas, que desafiaban la arquitectura natural que él conocía. El aire se sentía diferente; era más denso, más vibrante, cargado con una energía que no era exactamente chakra, pero que vibraba con una intensidad similar.
—Oye, Kurama, ¿puedes sentir eso? —preguntó Naruto, cerrando los ojos para concentrarse.
—Es extraño —respondió el zorro en su interior—. No siento la energía de nadie conocido. Ni rastro de Kakashi, ni de la chica de pelo rosa... ni siquiera del Uchiha. Pero hay presencias... presencias inmensas a lo lejos.
Naruto se puso de pie, estirando sus músculos doloridos. Activó el Modo Sabio por un breve segundo, y sus ojos se tornaron amarillos con las marcas naranjas características. La información inundó su mente. A cientos de kilómetros de distancia, sintió focos de energía tan masivos que lo hicieron tambalearse. No eran como los niveles de chakra de los ninjas; eran como hogueras ardiendo en la oscuridad del espacio.
—¿Qué clase de monstruos viven aquí? —se preguntó Naruto, con una mezcla de temor y emoción.
De repente, un silbido agudo cortó el aire. Naruto reaccionó por puro instinto, saltando hacia atrás justo cuando una ráfaga de energía azul impactaba en el lugar donde acababa de estar. La explosión levantó una nube de tierra y humo.
—¡Vaya! Tienes buenos reflejos para ser un tipo tan raro —dijo una voz alegre.
Naruto tosió un poco y esperó a que el humo se disipara. Frente a él, suspendido en el aire como si la gravedad fuera una sugerencia opcional, se encontraba un hombre joven. Tenía el cabello negro y puntiagudo que desafiaba la física, ojos oscuros y brillantes, y vestía un dogi de combate naranja muy similar al color de la ropa de Naruto.
—¿Quién eres tú? —preguntó Naruto, poniéndose en posición de combate—. ¿Eres un enviado de Kaguya?
El hombre descendió lentamente hasta que sus botas tocaron el suelo. Se rascó la nuca y soltó una carcajada que desarmó por completo la tensión del momento.
—¿Kaguya? No sé quién es esa, ¿es fuerte? —El desconocido extendió una mano en señal de paz—. Mi nombre es Son Goku. Sentí una energía muy extraña aparecer de la nada y vine a ver si alguien necesitaba ayuda. ¡Vaya, tienes un aspecto bastante cansado!
Naruto relajó los hombros, aunque no bajó la guardia por completo. Ese hombre, Goku, emanaba una pureza y una bondad que su entrenamiento como sensor le permitía detectar con claridad. No había malicia en él, solo una curiosidad infinita.
—Soy Naruto Uzumaki, el próximo Hokage de la Aldea de la Hoja —respondió, recuperando un poco de su orgullo habitual—. Y creo que... creo que no estoy en mi mundo, ¿verdad?
Goku ladeó la cabeza, confundido.
—¿Otro mundo? Bueno, hemos tenido visitantes del futuro, de otros planetas y hasta del reino de los muertos, así que supongo que otro mundo no es tan raro.
—¿Planetas? ¿Reino de los muertos? —Naruto se llevó las manos a la cabeza—. Definitivamente, esto no es el País del Fuego.
Goku se acercó un poco más, observando las marcas en las mejillas de Naruto con interés.
—Oye, Naruto, tienes una energía muy interesante. No es como el Ki que usamos nosotros, se siente más... natural, pero también salvaje. ¿Quieres comer algo? Siempre pienso mejor cuando tengo el estómago lleno.
El estómago de Naruto rugió en ese preciso momento con la fuerza de una bestia con cola, confirmando la propuesta de Goku. Naruto se sonrojó y soltó una risa nerviosa.
—¡De acuerdo! Pero espero que tengas ramen. Si no hay ramen, este mundo es oficialmente el peor lugar del universo.
Goku soltó una carcajada sonora y puso dos dedos en su frente.
—No sé qué es el ramen, pero mi esposa Milk cocina cosas deliciosas. ¡Sujétate de mi hombro!
Naruto, confundido, hizo lo que le pedían. En un parpadeo, el paisaje del valle desapareció. La sensación fue distinta a la del Jutsu del Dios Trueno Volador de su padre; fue más instantánea, más fluida.
Cuando Naruto volvió a abrir los ojos, estaba frente a una pequeña casa redonda en medio de un monte. El olor a comida casera inundaba el aire, y por un momento, el corazón de Naruto dolió de nostalgia. Se sentía como el hogar que siempre quiso tener.
—¡Milk, ya llegué! ¡Y traje a un invitado! —gritó Goku mientras entraba en la casa.
Una mujer de cabello negro y expresión severa pero amable salió de la cocina con un cucharón en la mano. Se detuvo en seco al ver a Naruto, con su ropa destrozada y sus protectores de antebrazo llenos de sangre seca.
—¡Cielo santo, Goku! ¿A quién has traído ahora? ¡Este pobre chico parece que ha pasado por una picadora de carne! —exclamó la mujer, corriendo hacia Naruto.
—Hola... —dijo Naruto tímidamente—. Siento las molestias.
—Nada de molestias, jovencito. Pasa, siéntate. Goku, busca algo de ropa limpia para él, no puede estar así —ordenó Milk con una autoridad que incluso Naruto, un héroe de guerra, no se atrevió a cuestionar.
Minutos después, Naruto estaba sentado a una mesa de madera, vestido con una camiseta holgada que le quedaba un poco grande. Frente a él, una montaña de comida que desafiaba las leyes de la lógica. Había carne, arroz, verduras y platos que nunca había visto.
—Y bien, Naruto —dijo Goku mientras devoraba un muslo de carne entero de un solo bocado—, cuéntame de dónde vienes. Dijiste algo de una guerra.
Naruto bajó la mirada hacia su plato. El recuerdo de Madara, de los caídos, y de la soledad que sintió antes de que sus amigos lo apoyaran, pasó por su mente como una sombra.
—Vengo de un lugar donde los ninjas usamos el chakra para proteger a nuestras aldeas —comenzó a explicar Naruto, su voz volviéndose más firme—. Estábamos en una guerra contra alguien que quería atrapar a todo el mundo en un sueño infinito. Yo... estábamos ganando, o eso creo, pero algo salió mal y terminé aquí.
Goku dejó de comer por un momento, su expresión volviéndose seria.
—Un sueño infinito... eso suena a algo que alguien muy malvado haría. Me alegra que estuvieras ahí para detenerlo.
—¿Y tú? —preguntó Naruto, mirando a Goku—. ¿Qué haces tú? No pareces un ninja, pero te mueves más rápido que cualquier persona que haya conocido.
—¿Yo? Solo soy un saiyajin que ama las artes marciales —respondió Goku con una sonrisa—. Me gusta entrenar y volverme más fuerte para proteger a mis amigos y a la Tierra. Hay mucha gente fuerte allá afuera, Naruto. Si te quedas aquí, te darás cuenta de que este universo es enorme.
Naruto sintió una chispa de determinación en su pecho. A pesar de estar lejos de casa, de Sasuke y de Sakura, la presencia de Goku le daba una extraña seguridad. Eran diferentes, sí, pero compartían el mismo fuego en sus ojos.
—Dime una cosa, Goku —dijo Naruto, dejando los palillos a un lado—. Esa energía que sentí antes, cuando me atacaste... ¿puedes enseñarme a usarla?
Goku se echó hacia atrás, riendo.
—¡Sabía que dirías eso! Tienes ese brillo en los ojos. Pero primero, termina de comer. Necesitarás toda tu energía si quieres seguirme el ritmo. Mañana iremos a buscar a un amigo mío, se llama Vegeta. No es tan amable como yo, pero es el mejor para enseñarte lo que significa el verdadero poder.
Naruto asintió, tomando un tazón de arroz y empezando a comer con la misma voracidad que su anfitrión. En su interior, Kurama gruñó, pero no era un gruñido de odio.
—Parece que nos espera un entrenamiento interesante, Naruto —dijo el zorro—. Este lugar... este mundo... no tiene límites.
—Lo sé, Kurama —pensó Naruto—. Y no pienso quedarme atrás.
Esa noche, bajo un cielo estrellado que mostraba constelaciones que Naruto no reconocía, el ninja de la hoja durmió profundamente. No sabía cómo regresaría a casa, ni si el portal seguía abierto, pero por primera vez en mucho tiempo, no sentía el peso del mundo sobre sus hombros.
A la mañana siguiente, el sol apenas asomaba por las montañas cuando Goku ya estaba fuera, realizando flexiones con una sola mano mientras sostenía una roca gigante con los pies. Naruto salió de la casa, estirándose, y sintió el aire fresco de la mañana.
—¿Listo para empezar? —preguntó Goku, soltando la roca, que causó un pequeño sismo al caer.
—¡De veras! —exclamó Naruto, ajustándose su protector de frente, que había limpiado cuidadosamente la noche anterior—. ¡No me subestimes, Goku! En mi mundo, soy el ninja número uno en sorprender a la gente.
Goku se puso en guardia, una postura relajada pero llena de potencial explosivo.
—Entonces muéstrame de qué estás hecho, Naruto Uzumaki. ¡Ven con todo lo que tengas!
Naruto sonrió. Cruzó los dedos índice y corazón de ambas manos, formando su sello más icónico.
—¡Jutsu Multiclones de Sombras!
En una explosión de humo blanco, el claro se llenó de cientos de Narutos, todos gritando al unísono. Goku abrió mucho los ojos, impresionado.
—¡Increíble! ¡No es una ilusión, todos tienen masa física! —Goku se emocionó, su sangre saiyajin hirviendo ante el nuevo desafío—. ¡Esto va a ser muy divertido!
El choque entre el chakra y el ki estaba a punto de comenzar, marcando el inicio de una leyenda que uniría dos mundos para siempre. Naruto Uzumaki no sabía qué le deparaba el futuro, pero mientras tuviera un camino que seguir y un rival fuerte a quien enfrentar, sabía que encontraría la forma de ser el héroe que su nuevo mundo, y el viejo, necesitaban.
—¡Naruto, apártate de ahí! —gritó la voz de Sasuke, cargada de una urgencia que rara vez mostraba.
Pero fue demasiado tarde. El centro de la inestabilidad, un vórtice de color púrpura y negro, se expandió con la fuerza de un sol colapsando. Naruto sintió cómo la gravedad se invertía. Sus pies dejaron de tocar el suelo y, por un instante, el rostro de sus amigos se desvaneció en un torbellino de luces blancas.
—¡Kurama! —exclamó Naruto mentalmente, buscando el ancla de su compañero.
—Aguanta, mocoso... algo no está bien... —La voz del Nueve Colas se escuchó distante, como si hablara a través de kilómetros de agua profunda.
Entonces, el silencio. Un silencio absoluto que fue reemplazado súbitamente por el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas.
Naruto cayó con un impacto sordo, hundiéndose en la hierba alta. El golpe no fue suficiente para herirlo seriamente, gracias a su resistencia sobrehumana, pero lo dejó aturdido. Se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo de su chaqueta naranja y negra, que ahora estaba hecha jirones.
—¿Dónde diablos estoy? —susurró, mirando a su alrededor.
No estaba en las llanuras desoladas de las Naciones Ninja. Se encontraba en un valle verde y exuberante, rodeado de montañas con formas extrañas, casi cilíndricas, que desafiaban la arquitectura natural que él conocía. El aire se sentía diferente; era más denso, más vibrante, cargado con una energía que no era exactamente chakra, pero que vibraba con una intensidad similar.
—Oye, Kurama, ¿puedes sentir eso? —preguntó Naruto, cerrando los ojos para concentrarse.
—Es extraño —respondió el zorro en su interior—. No siento la energía de nadie conocido. Ni rastro de Kakashi, ni de la chica de pelo rosa... ni siquiera del Uchiha. Pero hay presencias... presencias inmensas a lo lejos.
Naruto se puso de pie, estirando sus músculos doloridos. Activó el Modo Sabio por un breve segundo, y sus ojos se tornaron amarillos con las marcas naranjas características. La información inundó su mente. A cientos de kilómetros de distancia, sintió focos de energía tan masivos que lo hicieron tambalearse. No eran como los niveles de chakra de los ninjas; eran como hogueras ardiendo en la oscuridad del espacio.
—¿Qué clase de monstruos viven aquí? —se preguntó Naruto, con una mezcla de temor y emoción.
De repente, un silbido agudo cortó el aire. Naruto reaccionó por puro instinto, saltando hacia atrás justo cuando una ráfaga de energía azul impactaba en el lugar donde acababa de estar. La explosión levantó una nube de tierra y humo.
—¡Vaya! Tienes buenos reflejos para ser un tipo tan raro —dijo una voz alegre.
Naruto tosió un poco y esperó a que el humo se disipara. Frente a él, suspendido en el aire como si la gravedad fuera una sugerencia opcional, se encontraba un hombre joven. Tenía el cabello negro y puntiagudo que desafiaba la física, ojos oscuros y brillantes, y vestía un dogi de combate naranja muy similar al color de la ropa de Naruto.
—¿Quién eres tú? —preguntó Naruto, poniéndose en posición de combate—. ¿Eres un enviado de Kaguya?
El hombre descendió lentamente hasta que sus botas tocaron el suelo. Se rascó la nuca y soltó una carcajada que desarmó por completo la tensión del momento.
—¿Kaguya? No sé quién es esa, ¿es fuerte? —El desconocido extendió una mano en señal de paz—. Mi nombre es Son Goku. Sentí una energía muy extraña aparecer de la nada y vine a ver si alguien necesitaba ayuda. ¡Vaya, tienes un aspecto bastante cansado!
Naruto relajó los hombros, aunque no bajó la guardia por completo. Ese hombre, Goku, emanaba una pureza y una bondad que su entrenamiento como sensor le permitía detectar con claridad. No había malicia en él, solo una curiosidad infinita.
—Soy Naruto Uzumaki, el próximo Hokage de la Aldea de la Hoja —respondió, recuperando un poco de su orgullo habitual—. Y creo que... creo que no estoy en mi mundo, ¿verdad?
Goku ladeó la cabeza, confundido.
—¿Otro mundo? Bueno, hemos tenido visitantes del futuro, de otros planetas y hasta del reino de los muertos, así que supongo que otro mundo no es tan raro.
—¿Planetas? ¿Reino de los muertos? —Naruto se llevó las manos a la cabeza—. Definitivamente, esto no es el País del Fuego.
Goku se acercó un poco más, observando las marcas en las mejillas de Naruto con interés.
—Oye, Naruto, tienes una energía muy interesante. No es como el Ki que usamos nosotros, se siente más... natural, pero también salvaje. ¿Quieres comer algo? Siempre pienso mejor cuando tengo el estómago lleno.
El estómago de Naruto rugió en ese preciso momento con la fuerza de una bestia con cola, confirmando la propuesta de Goku. Naruto se sonrojó y soltó una risa nerviosa.
—¡De acuerdo! Pero espero que tengas ramen. Si no hay ramen, este mundo es oficialmente el peor lugar del universo.
Goku soltó una carcajada sonora y puso dos dedos en su frente.
—No sé qué es el ramen, pero mi esposa Milk cocina cosas deliciosas. ¡Sujétate de mi hombro!
Naruto, confundido, hizo lo que le pedían. En un parpadeo, el paisaje del valle desapareció. La sensación fue distinta a la del Jutsu del Dios Trueno Volador de su padre; fue más instantánea, más fluida.
Cuando Naruto volvió a abrir los ojos, estaba frente a una pequeña casa redonda en medio de un monte. El olor a comida casera inundaba el aire, y por un momento, el corazón de Naruto dolió de nostalgia. Se sentía como el hogar que siempre quiso tener.
—¡Milk, ya llegué! ¡Y traje a un invitado! —gritó Goku mientras entraba en la casa.
Una mujer de cabello negro y expresión severa pero amable salió de la cocina con un cucharón en la mano. Se detuvo en seco al ver a Naruto, con su ropa destrozada y sus protectores de antebrazo llenos de sangre seca.
—¡Cielo santo, Goku! ¿A quién has traído ahora? ¡Este pobre chico parece que ha pasado por una picadora de carne! —exclamó la mujer, corriendo hacia Naruto.
—Hola... —dijo Naruto tímidamente—. Siento las molestias.
—Nada de molestias, jovencito. Pasa, siéntate. Goku, busca algo de ropa limpia para él, no puede estar así —ordenó Milk con una autoridad que incluso Naruto, un héroe de guerra, no se atrevió a cuestionar.
Minutos después, Naruto estaba sentado a una mesa de madera, vestido con una camiseta holgada que le quedaba un poco grande. Frente a él, una montaña de comida que desafiaba las leyes de la lógica. Había carne, arroz, verduras y platos que nunca había visto.
—Y bien, Naruto —dijo Goku mientras devoraba un muslo de carne entero de un solo bocado—, cuéntame de dónde vienes. Dijiste algo de una guerra.
Naruto bajó la mirada hacia su plato. El recuerdo de Madara, de los caídos, y de la soledad que sintió antes de que sus amigos lo apoyaran, pasó por su mente como una sombra.
—Vengo de un lugar donde los ninjas usamos el chakra para proteger a nuestras aldeas —comenzó a explicar Naruto, su voz volviéndose más firme—. Estábamos en una guerra contra alguien que quería atrapar a todo el mundo en un sueño infinito. Yo... estábamos ganando, o eso creo, pero algo salió mal y terminé aquí.
Goku dejó de comer por un momento, su expresión volviéndose seria.
—Un sueño infinito... eso suena a algo que alguien muy malvado haría. Me alegra que estuvieras ahí para detenerlo.
—¿Y tú? —preguntó Naruto, mirando a Goku—. ¿Qué haces tú? No pareces un ninja, pero te mueves más rápido que cualquier persona que haya conocido.
—¿Yo? Solo soy un saiyajin que ama las artes marciales —respondió Goku con una sonrisa—. Me gusta entrenar y volverme más fuerte para proteger a mis amigos y a la Tierra. Hay mucha gente fuerte allá afuera, Naruto. Si te quedas aquí, te darás cuenta de que este universo es enorme.
Naruto sintió una chispa de determinación en su pecho. A pesar de estar lejos de casa, de Sasuke y de Sakura, la presencia de Goku le daba una extraña seguridad. Eran diferentes, sí, pero compartían el mismo fuego en sus ojos.
—Dime una cosa, Goku —dijo Naruto, dejando los palillos a un lado—. Esa energía que sentí antes, cuando me atacaste... ¿puedes enseñarme a usarla?
Goku se echó hacia atrás, riendo.
—¡Sabía que dirías eso! Tienes ese brillo en los ojos. Pero primero, termina de comer. Necesitarás toda tu energía si quieres seguirme el ritmo. Mañana iremos a buscar a un amigo mío, se llama Vegeta. No es tan amable como yo, pero es el mejor para enseñarte lo que significa el verdadero poder.
Naruto asintió, tomando un tazón de arroz y empezando a comer con la misma voracidad que su anfitrión. En su interior, Kurama gruñó, pero no era un gruñido de odio.
—Parece que nos espera un entrenamiento interesante, Naruto —dijo el zorro—. Este lugar... este mundo... no tiene límites.
—Lo sé, Kurama —pensó Naruto—. Y no pienso quedarme atrás.
Esa noche, bajo un cielo estrellado que mostraba constelaciones que Naruto no reconocía, el ninja de la hoja durmió profundamente. No sabía cómo regresaría a casa, ni si el portal seguía abierto, pero por primera vez en mucho tiempo, no sentía el peso del mundo sobre sus hombros.
A la mañana siguiente, el sol apenas asomaba por las montañas cuando Goku ya estaba fuera, realizando flexiones con una sola mano mientras sostenía una roca gigante con los pies. Naruto salió de la casa, estirándose, y sintió el aire fresco de la mañana.
—¿Listo para empezar? —preguntó Goku, soltando la roca, que causó un pequeño sismo al caer.
—¡De veras! —exclamó Naruto, ajustándose su protector de frente, que había limpiado cuidadosamente la noche anterior—. ¡No me subestimes, Goku! En mi mundo, soy el ninja número uno en sorprender a la gente.
Goku se puso en guardia, una postura relajada pero llena de potencial explosivo.
—Entonces muéstrame de qué estás hecho, Naruto Uzumaki. ¡Ven con todo lo que tengas!
Naruto sonrió. Cruzó los dedos índice y corazón de ambas manos, formando su sello más icónico.
—¡Jutsu Multiclones de Sombras!
En una explosión de humo blanco, el claro se llenó de cientos de Narutos, todos gritando al unísono. Goku abrió mucho los ojos, impresionado.
—¡Increíble! ¡No es una ilusión, todos tienen masa física! —Goku se emocionó, su sangre saiyajin hirviendo ante el nuevo desafío—. ¡Esto va a ser muy divertido!
El choque entre el chakra y el ki estaba a punto de comenzar, marcando el inicio de una leyenda que uniría dos mundos para siempre. Naruto Uzumaki no sabía qué le deparaba el futuro, pero mientras tuviera un camino que seguir y un rival fuerte a quien enfrentar, sabía que encontraría la forma de ser el héroe que su nuevo mundo, y el viejo, necesitaban.
