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QHPS naruto dejaba de entrenar con kakashi y es la rencarnacion del Dios otsutsuki ( shibai otsutsuki)
Fandom: naruto y naruto shippudem
Creado: 17/6/2026
Etiquetas
UA (Universo Alternativo)AcciónFantasíaDolor/ConsueloIntento de SuicidioArregloDivergenciaAventura
El Despertar de la Divinidad: El Retorno del Dios del Todo
El sol comenzaba a ocultarse tras los rostros de piedra del Monumento Hokage, tiñendo la aldea de Konoha con un tono anaranjado que, para Naruto Uzumaki, se sentía más como una despedida que como un nuevo comienzo. Las preliminares de los Exámenes Chunin habían terminado, y aunque había derrotado a Kiba, el sabor de la victoria era amargo.
Naruto corría por las calles, con el corazón latiendo con esperanza. Necesitaba volverse más fuerte para enfrentar a Neji Hyuga, el prodigio que había destrozado a Hinata. Solo había una persona que podía ayudarlo: su maestro.
— ¡Kakashi-sensei! —gritó Naruto al ver la silueta del jōnin de cabello plateado cerca del campo de entrenamiento—. ¡Por favor, entréneme! Tengo que vencer a Neji, ¡tengo que demostrarles a todos de lo que soy capaz!
Kakashi se detuvo, pero no se dio la vuelta de inmediato. Su mirada estaba fija en el horizonte, cargada de una preocupación que no incluía al chico rubio.
— Lo siento, Naruto —dijo Kakashi con una voz plana, casi indiferente—. Ya he hecho arreglos para entrenar a Sasuke. Él tiene el Sharingan y debe enfrentarse a Gaara. Es una prioridad mayor en este momento.
— Pero... ¿y yo? —la voz de Naruto tembló—. Yo también soy su alumno, sensei.
— Te he buscado un tutor —continuó Kakashi, finalmente mirándolo de reojo—. Ebisu se encargará de ti. Él es un instructor de élite. Ahora vete, tengo mucho que preparar.
Naruto se quedó estático mientras veía a su maestro alejarse. No era solo el rechazo; era la mirada de los aldeanos que pasaban por allí. Murmullos que siempre habían estado presentes, pero que hoy dolían más que nunca. "El perdedor", "el estorbo", "el niño huérfano que solo causa problemas". Incluso entre sus compañeros, sentía que nadie esperaba nada de él. Era un vacío en el mapa de la aldea, un error que todos preferirían ignorar.
Sin rumbo fijo, sus pies lo llevaron hacia el lugar más peligroso que conocía: el Bosque de la Muerte. Se internó en la espesura, ignorando los rugidos de las bestias, hasta llegar a la orilla de un río de aguas turbulentas.
Se desplomó sobre sus rodillas, y las lágrimas que había contenido durante años finalmente brotaron.
— ¿Por qué? —sollozó, golpeando el suelo con sus puños—. ¿Por qué nadie me quiere? Solo el abuelo... solo el Viejo Hokage me mira a los ojos. Soy un estorbo... un perdedor sin talento.
El dolor era tan agudo que, por un momento, la oscuridad pareció una salida tentadora. Se acercó al borde del acantilado que daba al río, con los ojos nublados. Si desaparecía, ¿alguien se daría cuenta realmente? Estaba a punto de dejarse caer cuando una presión cálida y poderosa se posó sobre su hombro.
— No permitas que la ceguera de los mortales apague la luz de lo eterno, joven alma.
Naruto se sobresaltó y giró la cabeza. Ante él se encontraba un hombre de apariencia majestuosa. Vestía túnicas blancas que parecían hechas de luz estelar, y su presencia emanaba una calma que Naruto jamás había sentido. No era un ninja, era algo... más.
— ¿Quién eres tú? —preguntó Naruto, limpiándose las lágrimas apresuradamente.
— Me llaman Senshi Otsutsuki —respondió el extraño con una sonrisa llena de sabiduría—. Soy el guardián de aquello que el tiempo olvidó. He viajado a través de las dimensiones buscándote, Naruto. O mejor dicho, buscando lo que duerme dentro de ti.
— ¿Dentro de mí? —Naruto retrocedió un paso—. Si hablas del zorro...
— No hablo de una bestia de chakra —lo interrumpió Senshi, extendiendo una mano—. Hablo de tu verdadera esencia. Ven conmigo. Este mundo es una prisión de percepciones limitadas. Te mostraré la verdad.
Antes de que Naruto pudiera protestar, Senshi tocó su frente. El mundo se fragmentó como un cristal roto. El bosque, el cielo y el aire de Konoha desaparecieron, reemplazados por un vacío infinito salpicado de nebulosas doradas y estructuras geométricas que desafiaban la lógica.
En el centro de este plano dimensional, sentado en un trono de energía pura, se encontraba un ser cuya sola presencia hacía que el espacio-tiempo vibrara. Tenía múltiples ojos, y su piel era de un blanco lunar, con cuernos que coronaban su cabeza como una diadema divina.
— Naruto —dijo Senshi, arrodillándose ante la figura—. Te presento a Shibai Otsutsuki. El Dios que alcanzó la trascendencia absoluta.
Naruto estaba atónito. No sentía miedo, sino una extraña sensación de familiaridad, como si se estuviera mirando en un espejo después de una eternidad.
— No entiendo... ¿qué hago aquí? —susurró el rubio.
— Estás aquí porque tú y él son uno mismo —explicó Senshi—. Shibai no murió; él abandonó su cuerpo físico para alcanzar una dimensión superior. Pero para mantener el equilibrio de la creación, proyectó su esencia de nuevo en el ciclo de la vida. Tú, Naruto Uzumaki, eres la reencarnación directa de Shibai Otsutsuki. Eres el Dios del Todo viviendo el sueño de un humano.
La figura en el trono, Shibai, abrió sus ojos. No hubo palabras, pero una cascada de conocimiento inundó la mente de Naruto. El Shinjutsu, las artes divinas que daban origen a la realidad misma, fluyeron por sus venas, reemplazando el chakra ordinario por una energía primordial.
— Tu entrenamiento comienza ahora —sentenció Senshi—. Tienes un mes antes de las finales. En este lugar, el tiempo fluye de manera distinta. Aprenderás a reclamar lo que es tuyo.
Durante lo que parecieron años en ese plano, Naruto entrenó. Aprendió a usar el *Omnipotencia* para alterar la voluntad, el *Reflejo* para devolver cualquier ataque, y a manifestar las garras que podían desgarrar el espacio. Bajo la tutela de Senshi, Naruto dejó de ser el niño que buscaba aprobación. Su cabello creció ligeramente, sus ojos azules adquirieron un brillo plateado profundo y su postura se volvió la de un soberano.
Aprendió a acceder a su "Primera Forma", donde su cuerpo se cubría de un aura blanca y marcas negras divinas rodeaban sus ojos. Y más allá, vislumbró su "Forma Final", un estado de existencia pura donde el universo entero obedecía su voluntad.
— Es hora —dijo Senshi un día, mientras el vacío comenzaba a desvanecerse—. Ve y muéstrales el error de su juicio.
***
El estadio de Konoha estaba a reventar. La tensión era palpable. Neji Hyuga esperaba en el centro de la arena, con los brazos cruzados y una expresión de superioridad absoluta.
— ¿Dónde está el perdedor? —preguntó Neji al examinador—. El destino ya ha decidido que no tiene oportunidad. Su ausencia es la prueba.
— ¡Aquí estoy! —una voz tranquila, pero que resonó en cada rincón del estadio, interrumpió el murmullo.
Naruto apareció en el centro de la arena. No llegó corriendo, ni gritando. Simplemente estaba allí, como si el espacio se hubiera doblado para permitir su entrada. Vestía una túnica negra y blanca, y su mirada era tan profunda que Neji sintió un escalofrío por primera vez en su vida.
— Llegas tarde, Naruto —dijo Genma, el examinador—. Prepárate.
— No necesito preparación para lo inevitable —respondió Naruto, mirando a Neji con una compasión que enfureció al Hyuga.
— ¡Tu arrogancia será tu caída! —gritó Neji, activando su Byakugan—. ¡Ocho Trigramas, Sesenta y Cuatro Palmas!
Neji se lanzó con una velocidad asombrosa, pero para Naruto, el genio Hyuga se movía como si estuviera atrapado en miel. Sin siquiera activar su forma divina, Naruto esquivó cada golpe con movimientos mínimos, casi imperceptibles.
— El destino es solo una palabra que los débiles usan para justificar su falta de voluntad —dijo Naruto.
Con un solo dedo, Naruto tocó el pecho de Neji. Una onda expansiva de energía pura mandó al Hyuga volando contra el muro del estadio, agrietando la estructura. El silencio fue absoluto. El "perdedor" había derrotado al "genio" con un solo toque.
Los combates siguieron. Sasuke y Gaara lucharon, pero antes de que terminara, el caos estalló. Plumas blancas cayeron del cielo: el genjutsu de la invasión había comenzado.
— ¡La invasión de Suna y el Sonido! —gritaron los ninjas de Konoha mientras se lanzaban a la batalla.
En el techo de la torre, Hiruzen Sarutobi, el Tercer Hokage, se encontraba atrapado en una barrera de cuatro puntos, enfrentando a su antiguo alumno, Orochimaru. El Sannin de las serpientes había invocado a los dos primeros Hokages mediante el Edo Tensei.
— Es el fin, maestro —siseó Orochimaru, mientras el Primer y Segundo Hokage se preparaban para atacar.
— No lo creo —una voz celestial resonó dentro de la barrera.
Naruto apareció al lado de Hiruzen. La barrera, que se suponía impenetrable para cualquiera, se desintegró al simple contacto de la presencia de Naruto.
— ¡Naruto! ¡Huye! —gritó Hiruzen, agotado—. ¡Esto es demasiado para ti!
— Descanse, abuelo —dijo Naruto, colocando una mano sobre el hombro del anciano. Al instante, las heridas de Hiruzen se cerraron y su vitalidad regresó—. Yo me encargo de estas sombras del pasado.
Orochimaru rió con locura.
— ¿Tú? ¿El mocoso del Kyubi? ¡Hashirama, Tobirama, mátenlo!
Los dos legendarios Hokages se lanzaron al ataque. Hashirama desató un bosque entero de madera, mientras Tobirama lanzaba dragones de agua de una escala masiva.
Naruto cerró los ojos y dejó que su esencia divina fluyera. Su cuerpo brilló con una luz blanca cegadora.
— *Shinjutsu: Disolución de la Existencia* —susurró.
Con un simple movimiento de su mano, el bosque de madera se convirtió en polvo cósmico y el agua se evaporó instantáneamente. Antes de que los Hokages revividos pudieran reaccionar, Naruto apareció frente a ellos. Colocó sus manos en sus pechos y, con un destello de luz plateada, las almas de Hashirama y Tobirama fueron liberadas del control de Orochimaru, enviándolas de regreso al descanso eterno con una sonrisa de paz en sus rostros.
Orochimaru retrocedió, el sudor frío recorriendo su rostro.
— ¿Qué... qué eres tú? —tartamudeó el Sannin—. ¡Eso no es ninjutsu!
— Tienes razón —dijo Naruto, su voz ahora una amalgama de la suya y la de Shibai—. Esto es la voluntad del origen.
Naruto extendió su mano y la gravedad alrededor de Orochimaru aumentó un millón de veces. El Sannin cayó al suelo, sus huesos crujiendo bajo la presión divina. Con un pensamiento, Naruto selló los brazos de Orochimaru permanentemente, pero no con un sello de parca, sino borrando el concepto de "brazos" de su existencia misma.
— Vete —ordenó Naruto—. Y dile al mundo que el Dios ha regresado.
Orochimaru, aterrorizado y humillado, huyó entre las sombras, dejando atrás sus ambiciones.
Mientras tanto, en las afueras de la aldea, Gaara se había transformado completamente en el Shukaku, sembrando la destrucción. Naruto apareció en el aire, flotando sobre la enorme bestia de arena.
— Duerme, pequeña criatura —dijo Naruto con suavidad.
Extendió su mano y una esfera de luz blanca envolvió a la bestia. El Shukaku rugió, pero la luz era irresistible. En segundos, la transformación se deshizo y Gaara cayó al suelo, ileso pero inconsciente, con el sello de su bestia reforzado por una energía que ningún Jinchuriki había conocido jamás.
Cuando el humo de la batalla se disipó, Naruto aterrizó en el centro de la aldea. Los aldeanos, los ninjas y sus propios compañeros lo miraban con una mezcla de temor y reverencia. Ya no era el niño que pintaba las estatuas para llamar la atención.
Hiruzen se acercó a él, con lágrimas en los ojos.
— Naruto... ¿qué ha pasado contigo?
Naruto miró al cielo, donde las nubes se abrían para dejar pasar los rayos del sol.
— Solo he recordado quién soy, abuelo —respondió Naruto, y por primera vez, su sonrisa no era la de un niño travieso, sino la de un ser que sostenía el destino del mundo en la palma de su mano—. Y esta vez, nadie volverá a estar solo.
La era de los ninjas continuaría, pero bajo la sombra protectora de un Dios que una vez fue llamado el perdedor de la aldea. Naruto Uzumaki había vuelto, y el universo entero temblaba de alegría ante su presencia.
Naruto corría por las calles, con el corazón latiendo con esperanza. Necesitaba volverse más fuerte para enfrentar a Neji Hyuga, el prodigio que había destrozado a Hinata. Solo había una persona que podía ayudarlo: su maestro.
— ¡Kakashi-sensei! —gritó Naruto al ver la silueta del jōnin de cabello plateado cerca del campo de entrenamiento—. ¡Por favor, entréneme! Tengo que vencer a Neji, ¡tengo que demostrarles a todos de lo que soy capaz!
Kakashi se detuvo, pero no se dio la vuelta de inmediato. Su mirada estaba fija en el horizonte, cargada de una preocupación que no incluía al chico rubio.
— Lo siento, Naruto —dijo Kakashi con una voz plana, casi indiferente—. Ya he hecho arreglos para entrenar a Sasuke. Él tiene el Sharingan y debe enfrentarse a Gaara. Es una prioridad mayor en este momento.
— Pero... ¿y yo? —la voz de Naruto tembló—. Yo también soy su alumno, sensei.
— Te he buscado un tutor —continuó Kakashi, finalmente mirándolo de reojo—. Ebisu se encargará de ti. Él es un instructor de élite. Ahora vete, tengo mucho que preparar.
Naruto se quedó estático mientras veía a su maestro alejarse. No era solo el rechazo; era la mirada de los aldeanos que pasaban por allí. Murmullos que siempre habían estado presentes, pero que hoy dolían más que nunca. "El perdedor", "el estorbo", "el niño huérfano que solo causa problemas". Incluso entre sus compañeros, sentía que nadie esperaba nada de él. Era un vacío en el mapa de la aldea, un error que todos preferirían ignorar.
Sin rumbo fijo, sus pies lo llevaron hacia el lugar más peligroso que conocía: el Bosque de la Muerte. Se internó en la espesura, ignorando los rugidos de las bestias, hasta llegar a la orilla de un río de aguas turbulentas.
Se desplomó sobre sus rodillas, y las lágrimas que había contenido durante años finalmente brotaron.
— ¿Por qué? —sollozó, golpeando el suelo con sus puños—. ¿Por qué nadie me quiere? Solo el abuelo... solo el Viejo Hokage me mira a los ojos. Soy un estorbo... un perdedor sin talento.
El dolor era tan agudo que, por un momento, la oscuridad pareció una salida tentadora. Se acercó al borde del acantilado que daba al río, con los ojos nublados. Si desaparecía, ¿alguien se daría cuenta realmente? Estaba a punto de dejarse caer cuando una presión cálida y poderosa se posó sobre su hombro.
— No permitas que la ceguera de los mortales apague la luz de lo eterno, joven alma.
Naruto se sobresaltó y giró la cabeza. Ante él se encontraba un hombre de apariencia majestuosa. Vestía túnicas blancas que parecían hechas de luz estelar, y su presencia emanaba una calma que Naruto jamás había sentido. No era un ninja, era algo... más.
— ¿Quién eres tú? —preguntó Naruto, limpiándose las lágrimas apresuradamente.
— Me llaman Senshi Otsutsuki —respondió el extraño con una sonrisa llena de sabiduría—. Soy el guardián de aquello que el tiempo olvidó. He viajado a través de las dimensiones buscándote, Naruto. O mejor dicho, buscando lo que duerme dentro de ti.
— ¿Dentro de mí? —Naruto retrocedió un paso—. Si hablas del zorro...
— No hablo de una bestia de chakra —lo interrumpió Senshi, extendiendo una mano—. Hablo de tu verdadera esencia. Ven conmigo. Este mundo es una prisión de percepciones limitadas. Te mostraré la verdad.
Antes de que Naruto pudiera protestar, Senshi tocó su frente. El mundo se fragmentó como un cristal roto. El bosque, el cielo y el aire de Konoha desaparecieron, reemplazados por un vacío infinito salpicado de nebulosas doradas y estructuras geométricas que desafiaban la lógica.
En el centro de este plano dimensional, sentado en un trono de energía pura, se encontraba un ser cuya sola presencia hacía que el espacio-tiempo vibrara. Tenía múltiples ojos, y su piel era de un blanco lunar, con cuernos que coronaban su cabeza como una diadema divina.
— Naruto —dijo Senshi, arrodillándose ante la figura—. Te presento a Shibai Otsutsuki. El Dios que alcanzó la trascendencia absoluta.
Naruto estaba atónito. No sentía miedo, sino una extraña sensación de familiaridad, como si se estuviera mirando en un espejo después de una eternidad.
— No entiendo... ¿qué hago aquí? —susurró el rubio.
— Estás aquí porque tú y él son uno mismo —explicó Senshi—. Shibai no murió; él abandonó su cuerpo físico para alcanzar una dimensión superior. Pero para mantener el equilibrio de la creación, proyectó su esencia de nuevo en el ciclo de la vida. Tú, Naruto Uzumaki, eres la reencarnación directa de Shibai Otsutsuki. Eres el Dios del Todo viviendo el sueño de un humano.
La figura en el trono, Shibai, abrió sus ojos. No hubo palabras, pero una cascada de conocimiento inundó la mente de Naruto. El Shinjutsu, las artes divinas que daban origen a la realidad misma, fluyeron por sus venas, reemplazando el chakra ordinario por una energía primordial.
— Tu entrenamiento comienza ahora —sentenció Senshi—. Tienes un mes antes de las finales. En este lugar, el tiempo fluye de manera distinta. Aprenderás a reclamar lo que es tuyo.
Durante lo que parecieron años en ese plano, Naruto entrenó. Aprendió a usar el *Omnipotencia* para alterar la voluntad, el *Reflejo* para devolver cualquier ataque, y a manifestar las garras que podían desgarrar el espacio. Bajo la tutela de Senshi, Naruto dejó de ser el niño que buscaba aprobación. Su cabello creció ligeramente, sus ojos azules adquirieron un brillo plateado profundo y su postura se volvió la de un soberano.
Aprendió a acceder a su "Primera Forma", donde su cuerpo se cubría de un aura blanca y marcas negras divinas rodeaban sus ojos. Y más allá, vislumbró su "Forma Final", un estado de existencia pura donde el universo entero obedecía su voluntad.
— Es hora —dijo Senshi un día, mientras el vacío comenzaba a desvanecerse—. Ve y muéstrales el error de su juicio.
***
El estadio de Konoha estaba a reventar. La tensión era palpable. Neji Hyuga esperaba en el centro de la arena, con los brazos cruzados y una expresión de superioridad absoluta.
— ¿Dónde está el perdedor? —preguntó Neji al examinador—. El destino ya ha decidido que no tiene oportunidad. Su ausencia es la prueba.
— ¡Aquí estoy! —una voz tranquila, pero que resonó en cada rincón del estadio, interrumpió el murmullo.
Naruto apareció en el centro de la arena. No llegó corriendo, ni gritando. Simplemente estaba allí, como si el espacio se hubiera doblado para permitir su entrada. Vestía una túnica negra y blanca, y su mirada era tan profunda que Neji sintió un escalofrío por primera vez en su vida.
— Llegas tarde, Naruto —dijo Genma, el examinador—. Prepárate.
— No necesito preparación para lo inevitable —respondió Naruto, mirando a Neji con una compasión que enfureció al Hyuga.
— ¡Tu arrogancia será tu caída! —gritó Neji, activando su Byakugan—. ¡Ocho Trigramas, Sesenta y Cuatro Palmas!
Neji se lanzó con una velocidad asombrosa, pero para Naruto, el genio Hyuga se movía como si estuviera atrapado en miel. Sin siquiera activar su forma divina, Naruto esquivó cada golpe con movimientos mínimos, casi imperceptibles.
— El destino es solo una palabra que los débiles usan para justificar su falta de voluntad —dijo Naruto.
Con un solo dedo, Naruto tocó el pecho de Neji. Una onda expansiva de energía pura mandó al Hyuga volando contra el muro del estadio, agrietando la estructura. El silencio fue absoluto. El "perdedor" había derrotado al "genio" con un solo toque.
Los combates siguieron. Sasuke y Gaara lucharon, pero antes de que terminara, el caos estalló. Plumas blancas cayeron del cielo: el genjutsu de la invasión había comenzado.
— ¡La invasión de Suna y el Sonido! —gritaron los ninjas de Konoha mientras se lanzaban a la batalla.
En el techo de la torre, Hiruzen Sarutobi, el Tercer Hokage, se encontraba atrapado en una barrera de cuatro puntos, enfrentando a su antiguo alumno, Orochimaru. El Sannin de las serpientes había invocado a los dos primeros Hokages mediante el Edo Tensei.
— Es el fin, maestro —siseó Orochimaru, mientras el Primer y Segundo Hokage se preparaban para atacar.
— No lo creo —una voz celestial resonó dentro de la barrera.
Naruto apareció al lado de Hiruzen. La barrera, que se suponía impenetrable para cualquiera, se desintegró al simple contacto de la presencia de Naruto.
— ¡Naruto! ¡Huye! —gritó Hiruzen, agotado—. ¡Esto es demasiado para ti!
— Descanse, abuelo —dijo Naruto, colocando una mano sobre el hombro del anciano. Al instante, las heridas de Hiruzen se cerraron y su vitalidad regresó—. Yo me encargo de estas sombras del pasado.
Orochimaru rió con locura.
— ¿Tú? ¿El mocoso del Kyubi? ¡Hashirama, Tobirama, mátenlo!
Los dos legendarios Hokages se lanzaron al ataque. Hashirama desató un bosque entero de madera, mientras Tobirama lanzaba dragones de agua de una escala masiva.
Naruto cerró los ojos y dejó que su esencia divina fluyera. Su cuerpo brilló con una luz blanca cegadora.
— *Shinjutsu: Disolución de la Existencia* —susurró.
Con un simple movimiento de su mano, el bosque de madera se convirtió en polvo cósmico y el agua se evaporó instantáneamente. Antes de que los Hokages revividos pudieran reaccionar, Naruto apareció frente a ellos. Colocó sus manos en sus pechos y, con un destello de luz plateada, las almas de Hashirama y Tobirama fueron liberadas del control de Orochimaru, enviándolas de regreso al descanso eterno con una sonrisa de paz en sus rostros.
Orochimaru retrocedió, el sudor frío recorriendo su rostro.
— ¿Qué... qué eres tú? —tartamudeó el Sannin—. ¡Eso no es ninjutsu!
— Tienes razón —dijo Naruto, su voz ahora una amalgama de la suya y la de Shibai—. Esto es la voluntad del origen.
Naruto extendió su mano y la gravedad alrededor de Orochimaru aumentó un millón de veces. El Sannin cayó al suelo, sus huesos crujiendo bajo la presión divina. Con un pensamiento, Naruto selló los brazos de Orochimaru permanentemente, pero no con un sello de parca, sino borrando el concepto de "brazos" de su existencia misma.
— Vete —ordenó Naruto—. Y dile al mundo que el Dios ha regresado.
Orochimaru, aterrorizado y humillado, huyó entre las sombras, dejando atrás sus ambiciones.
Mientras tanto, en las afueras de la aldea, Gaara se había transformado completamente en el Shukaku, sembrando la destrucción. Naruto apareció en el aire, flotando sobre la enorme bestia de arena.
— Duerme, pequeña criatura —dijo Naruto con suavidad.
Extendió su mano y una esfera de luz blanca envolvió a la bestia. El Shukaku rugió, pero la luz era irresistible. En segundos, la transformación se deshizo y Gaara cayó al suelo, ileso pero inconsciente, con el sello de su bestia reforzado por una energía que ningún Jinchuriki había conocido jamás.
Cuando el humo de la batalla se disipó, Naruto aterrizó en el centro de la aldea. Los aldeanos, los ninjas y sus propios compañeros lo miraban con una mezcla de temor y reverencia. Ya no era el niño que pintaba las estatuas para llamar la atención.
Hiruzen se acercó a él, con lágrimas en los ojos.
— Naruto... ¿qué ha pasado contigo?
Naruto miró al cielo, donde las nubes se abrían para dejar pasar los rayos del sol.
— Solo he recordado quién soy, abuelo —respondió Naruto, y por primera vez, su sonrisa no era la de un niño travieso, sino la de un ser que sostenía el destino del mundo en la palma de su mano—. Y esta vez, nadie volverá a estar solo.
La era de los ninjas continuaría, pero bajo la sombra protectora de un Dios que una vez fue llamado el perdedor de la aldea. Naruto Uzumaki había vuelto, y el universo entero temblaba de alegría ante su presencia.
