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Un demonio hermoso

Fandom: Kimetsu no yaiba

Creado: 18/6/2026

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RomanceDramaDolor/ConsueloFantasíaAcciónCelosDivergenciaAmbientación Canon
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Frío de Cristal y Corazón de Sangre

La sede de los Cazadores de Demonios nunca había estado tan silenciosa. El aire era denso, cargado de una tensión que casi podía cortarse con el filo de una Nichirin. Frente a la mansión Ubuyashiki, los Pilares estaban reunidos, pero sus miradas no estaban puestas en el Patrón, sino en la figura que permanecía arrodillada a su lado.

Alyssa Aori era una visión que desafiaba la lógica de aquel mundo de guerra y muerte. Su cabello, negro con reflejos azulados, caía por su espalda como una cascada de medianoche. Su piel era tan pálida que parecía tallada en mármol, resaltando unos labios rosados y unas pestañas largas que enmarcaban unos ojos verdes azulados de una profundidad abismal. Pero no era su belleza lo que mantenía a los Pilares en guardia. Era el olor.

Un aroma dulce, metálico y antiguo emanaba de ella. El olor de un demonio. Y no de uno cualquiera.

—Hijos míos —la voz de Kagaya Ubuyashiki, suave y melodiosa, rompió el silencio—, hoy les presento formalmente a la novena integrante de su rango. Alyssa Aori, el Pilar del Hielo.

Un murmullo de descontento recorrió el grupo. Sanemi Shinazugawa dio un paso al frente, con la mano en la empuñadura de su espada y las venas de su cuello hinchadas.

—¿El Pilar del Hielo? ¡Patrón, con todo el respeto, esta mujer apesta a sangre! ¡Es un demonio! ¿Cómo podemos permitir que alguien así camine entre nosotros?

Alyssa no se inmutó. Levantó la vista, mostrando una expresión de arrogancia gélida. Sus ojos recorrieron a Sanemi con un desdén que lo enfureció aún más.

—Si mi olor te molesta tanto, Shinazugawa, quizás deberías lavarte la nariz —respondió ella con una voz aterciopelada pero cargada de sarcasmo—. O mejor aún, mantente a tres metros de distancia. Me vendría bien el espacio personal.

—¡Maldita...!

—Basta —dijo Kagaya con firmeza, aunque sin perder la dulzura—. Alyssa ha sido mi hija adoptiva desde que la encontré hace años. Su lealtad está conmigo y con la humanidad. Sin embargo, entiendo sus dudas. Por ello, he decidido que Giyu Tomioka será su supervisor directo. Él será el encargado de vigilar su desempeño y su estado.

Tomioka, que siempre parecía estar en su propio mundo, asintió levemente con la cabeza, sin cambiar su expresión impasible. Alyssa soltó un suspiro dramático.

—¿El chico que parece que acaba de perder a su mascota? —preguntó Alyssa, mirando a Giyu de arriba abajo—. Bueno, al menos es guapo. Supongo que podré soportarlo.

—¡Oh, por Dios! —Una voz chillona y llena de emoción interrumpió la tensión. Mitsuri Kanroji, el Pilar del Amor, se acercó a Alyssa con las mejillas encendidas—. ¡Eres tan hermosa! ¡Es maravilloso tener a otra mujer tan fuerte y bella entre nosotros! ¡Tus ojos son como joyas!

Alyssa parpadeó, sorprendida por la calidez genuina de la pelirrosa. Su fachada arrogante flaqueó por un segundo, y un leve tinte carmesí apareció en sus mejillas.

—Ah... gracias, supongo —murmuró Alyssa, volviéndose repentinamente torpe—. Tu pelo también es... llamativo. Me gusta.

—¡Seamos mejores amigas! —exclamó Mitsuri, tomándole las manos—. ¡Tengo tanto que contarte! ¡Sobre todo de amor! Como Pilar del Amor, ¡puedo ayudarte a encontrar a alguien especial!

Alyssa recuperó su compostura y una sonrisa traviesa bailó en sus labios. Se inclinó hacia el oído de Mitsuri, lo suficientemente alto para que los demás escucharan.

—¿Amor, Mitsuri? —ronroneó—. Yo soy más de las que prefieren saltarse las cenas y pasar directamente a los gemidos y al sudor entre las sábanas. ¿Tienes consejos para eso también?

Mitsuri se puso roja como un tomate, soltando las manos de Alyssa y cubriéndose la cara, mientras emitía pequeños sonidos de vergüenza.

—¡A-Alyssa-chan! ¡E-eso es muy atrevido! —chilló la joven, nerviosa.

—¡JA, JA, JA! —Kyojuro Rengoku soltó una carcajada vibrante, cruzando los brazos sobre su pecho—. ¡Tienes un espíritu ardiente, joven Aori! ¡Te doy una cálida bienvenida a los Pilares! ¡Tu fuerza será de gran ayuda para nuestra causa!

—¡Espero que tu estilo de pelea sea tan extravagante como tu belleza! —añadió Tengen Uzui, guiñándole un ojo—. Si alguna vez te cansas del tipo silencioso, mis tres esposas y yo siempre tenemos espacio para una cuarta belleza.

Alyssa soltó una risita, disfrutando del caos. Sin embargo, sintió una mirada punzante. Shinobu Kocho la observaba con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Había un brillo de celos y desconfianza en la Hashira del Insecto, especialmente al ver cómo Tomioka no apartaba la vista de la nueva integrante.

***

Semanas después, la misión que todos temían llegó. Los informes hablaban de una presencia poderosa en un bosque al norte. Tomioka, Shinobu y Alyssa fueron enviados para investigar.

Lo que no sabían era que no era una misión ordinaria. Entre las sombras de los árboles, una figura de ojos rojos y pupilas verticales observaba desde la distancia. Muzan Kibutsuji no buscaba a una hija para abrazarla. Buscaba su "Obra Maestra".

—Vuelve a casa, Alyssa —susurró el Rey de los Demonios al viento—. Deja de jugar a ser humana.

En el claro del bosque, la batalla fue feroz. Docenas de demonios menores atacaron, pero la verdadera presión venía del aire mismo. La sangre de demonio en las venas de Alyssa comenzó a hervir, reaccionando a la proximidad de su creador biológico.

—¡Alyssa, retrocede! —gritó Shinobu, clavando su aguijón en un enemigo—. ¡Tu olor está cambiando!

Pero Alyssa no escuchaba. Su cuerpo comenzó a transformarse. Patrones de flores azules y escarcha empezaron a extenderse por su piel pálida, recorriendo sus brazos y su cuello como tatuajes vivientes. Sus pupilas se rasgaron, volviéndose felinas, y un aura de frío absoluto congeló la hierba a su alrededor.

—¡Mátenlos... a todos...! —gruñó ella, su voz ahora distorsionada por un eco demoníaco.

Lanzó un ataque de hielo tan devastador que pulverizó a los enemigos cercanos, pero no se detuvo ahí. Sus ojos se fijaron en Shinobu. La sed de sangre estaba nublando su juicio.

—¡Es una amenaza! —gritó Shinobu, desenvainando su espada con intención de atacar—. ¡Sabía que no podíamos confiar en ella! ¡Voy a acabar con esto antes de que nos mate!

Shinobu se lanzó hacia adelante, pero una mano firme la detuvo por el brazo.

—No la toques —dijo Tomioka. Su voz era plana, pero sus ojos azules brillaban con una intensidad inusual.

—¡Giyu, quítate! ¡Va a perder el control por completo!

Tomioka ignoró a Shinobu y caminó directamente hacia el centro de la tormenta de hielo. Alyssa rugió, levantando su espada de hielo, lista para cortarlo a la mitad.

—¡Aléjate! —gritó ella, aunque sus ojos mostraban una lucha interna desesperada—. ¡Te mataré! ¡Vete, Tomioka!

Giyu no se detuvo. Caminó hasta quedar a centímetros de ella, ignorando los cortes de escarcha que le rasgaron la mejilla. Con una calma sobrenatural, levantó la mano y la puso suavemente sobre la cabeza de Alyssa, acariciando su cabello negro azulado.

—No lo harás —dijo él en un susurro.

Alyssa se quedó paralizada. Tomioka inclinó la cabeza hacia adelante, rozando su nariz con la de ella. El contacto físico fue como un ancla en medio de un océano embravecido. Alyssa sintió la calidez de su piel, el ritmo constante de su corazón.

—Sincroniza tu respiración con la mía —ordenó él en voz baja—. Respira, Alyssa.

Ella lo intentó. El aire frío salió de sus pulmones en soplos erráticos hasta que, poco a poco, empezó a seguir el ritmo pausado de Giyu. Los patrones de flores azules en su piel comenzaron a desvanecerse y sus ojos recuperaron su tono verde azulado original.

La mano de Tomioka bajó hasta la nuca de la joven, atrayéndola suavemente hacia su hombro. Alyssa se desplomó contra él, aferrándose a su haori con manos temblorosas.

—Tengo... tengo miedo —sollozó ella, su voz apenas un susurro quebrado—. Tengo miedo de lastimarte... de ser como él.

Tomioka la rodeó con sus brazos, estrechándola contra su pecho en un abrazo protector que dejó a Shinobu, que observaba a pocos metros, con el corazón apretado por una mezcla de rabia y celos.

—Sé que nunca me harías daño —dijo Giyu, apoyando su barbilla sobre la cabeza de Alyssa—. Eres Alyssa, el Pilar del Hielo. Y eres mía para proteger.

A lo lejos, en la oscuridad, Muzan cerró los ojos y desapareció en las sombras del Castillo Infinito. La semilla estaba plantada, pero por ahora, el hielo de la voluntad de su hija era más fuerte que la sangre que compartían. Pero él sabía esperar.

Alyssa siguió llorando en silencio, sintiendo por primera vez que, a pesar de la oscuridad que llevaba dentro, había encontrado un lugar donde el frío no podía alcanzarla.
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