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Flecha arácnida
Fandom: Marvel(UCM)
Creado: 19/6/2026
Etiquetas
UA (Universo Alternativo)AngustiaAcciónCrossoverAventuraCrack / Humor ParódicoViolencia GráficaIsekai / Fantasía PortalDramaDolor/ConsueloOscuroHumorCrimenRomanceHistoria DomésticaEstudio de PersonajeArregloFluffAmbientación Canon
Cicatrices sobre el asfalto y el rugido del infierno
Nueva York nunca dormía, pero para Peter Parker, la ciudad se sentía más silenciosa que nunca. No era el silencio de la paz, sino el de un vacío ensordecedor que amenazaba con tragárselo vivo. Tras la batalla contra Thanos y el regreso de la mitad de la población, Peter pensó que lo peor había pasado. Se equivocaba. La pérdida de Tony Stark todavía era una herida abierta, un dolor punzante en su pecho que no le dejaba respirar, pero lo que acababa de presenciar en el instituto era la estocada final.
Había ido a buscar a MJ, con una flor arrugada en la mano y el corazón latiendo con la esperanza de encontrar un refugio en sus brazos. Pero lo que encontró fue la imagen que ahora se repetía en bucle tras sus párpados: MJ, su MJ, riendo mientras los brazos de Flash Thompson la rodeaban. El beso no fue un error, no fue un accidente. Fue una traición lenta y deliberada que rompió algo dentro de Peter que ni siquiera su factor de curación podía reparar.
Caminaba por Central Park con el traje de Spider-Man debajo de la ropa de civil, aunque la máscara pesaba más que el plomo en su bolsillo. Sus ojos estaban enrojecidos y su mente era un caos de recuerdos y decepciones.
—¿De qué sirve? —susurró para sí mismo, pateando una piedra—. Salvo al mundo, pierdo a mi mentor, y ni siquiera puedo mantener a la chica. Soy un chiste.
Mientras tanto, en el Sanctum Sanctorum, el Doctor Strange maldecía entre dientes. Un experimento con el Multiverso, una grieta que no debería haberse abierto y un estornudo místico habían provocado un desastre de proporciones interdimensionales.
—¡Wong! —gritó Strange, viendo cómo cinco brechas de energía carmesí se cerraban violentamente—. ¡Creo que acabo de traer basura de otros jardines!
Peter, ajeno a los problemas del Hechicero Supremo, se detuvo en seco cuando un estruendo metálico y un grito cargado de obscenidades rompieron la tranquilidad del parque. Cerca de la fuente de Bethesda, dos figuras rodaban por el suelo en una amalgama de garras, katanas y trajes ajustados.
—¡Te dije que no tocaras mi colección de Hello Kitty, Logan! —gritó un hombre vestido de rojo y negro, mientras intentaba apuñalar en el hombro a un hombre bajo y extremadamente musculoso con patillas imposibles.
—¡Cierra la boca, Wade! —gruñó el otro, cuya voz sonaba como si hubiera tragado cristales rotos—. ¡No sé quién eres ni qué es este lugar, pero voy a sacarte las tripas!
Peter se frotó los ojos. Conocía a mucha gente extraña, pero estos dos irradiaban una energía caótica que nunca había sentido. El hombre de las garras —que parecían ser de metal auténtico saliendo de sus nudillos— le hundió el puño en la cara al de rojo, pero este último simplemente se recolocó la mandíbula con un chasquido asqueroso.
—¡Oh, mira! —dijo el de rojo, señalando a Peter—. ¡Es el Spider-Boy de este universo! ¡Hola, Tom! ¿O eres Andrew? ¡Rayos, espero que no seas el de la cara de bebé!
Peter retrocedió un paso, confundido.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó con la voz quebrada—. No deberían estar peleando aquí. Es un área pública.
—Y a este le falta un hervor —murmuró el hombre de las garras, Logan, olfateando el aire—. Hueles a depresión y a hormonas, chico. Quítate de en medio antes de que te corte algo importante.
Antes de que Peter pudiera responder, otras dos figuras emergieron de entre los árboles. Uno vestía un traje negro con una calavera blanca gigante pintada en el pecho y portaba un rifle de asalto que haría que una unidad SWAT se pusiera celosa. El otro vestía de rojo oscuro, con pequeños cuernos en la frente y una máscara que cubría sus ojos.
—Bajen las armas —ordenó el hombre de rojo, Daredevil, con una calma tensa—. Este lugar no es su campo de batalla.
—Dile eso al payaso de la máscara —gruñó Frank Castle, el Punisher, apuntando con su rifle directamente a la cabeza de Deadpool—. Ya me cansé de oírlo hablar. En mi mundo, los tipos como él ya estarían bajo tierra.
—¡Uy, qué rudo! —exclamó Deadpool, haciendo un corazón con las manos—. Franky, cariño, si me matas, solo volveré para cenar contigo. Tengo una regeneración que haría que tu trauma infantil pareciera un rasguño.
—¡Basta ya! —gritó Peter, sintiendo que la cabeza le iba a estallar—. ¡No me importa quiénes son ni de dónde vienen! ¡Solo... cállense!
El silencio duró apenas un segundo. Daredevil ladeó la cabeza, sus sentidos agudizados detectando algo que los demás aún no percibían. Un sonido rítmico, un latido mecánico que crecía en intensidad.
—Algo viene —dijo Daredevil, su voz cargada de advertencia—. Algo... caliente.
—¿Tu madre? —preguntó Deadpool esperanzado.
—No —respondió Matt Murdock, dando un paso atrás—. Es metal. Y fuego. Mucho fuego.
De repente, el asfalto del camino peatonal estalló. Una estela de llamas infernales surcó la hierba, dejando un rastro de tierra quemada a su paso. El rugido de un motor de mil demonios resonó en todo Central Park, haciendo vibrar los huesos de los presentes.
Peter, sumido en su propia miseria y distraído por la discusión de los recién llegados, no reaccionó a tiempo. Su sentido arácnido vibró, pero fue como un susurro en una tormenta; su mente estaba demasiado nublada por la imagen de MJ y Flash.
—¡Chico, muévete! —rugió Logan.
Fue demasiado tarde. Una motocicleta envuelta en llamas, conducida por un esqueleto con el cráneo ardiendo en fuego azul y naranja, impactó directamente contra Peter. El golpe fue brutal. El cuerpo del joven arácnido salió despedido por los aires como una muñeca de trapo, golpeando un roble centenario con un crujido sordo antes de caer pesadamente al suelo.
La motocicleta se detuvo derrapando, levantando una nube de ceniza y azufre. Johnny Blaze, el Ghost Rider, descendió de su montura, su mirada vacía y llameante fijándose en los otros cuatro hombres.
—Huelen a pecado —sentenció el Espíritu de la Venganza, su voz resonando como mil almas gritando en el abismo.
—¡Oye, cara de antorcha! —gritó Deadpool, corriendo hacia donde Peter yacía inmóvil—. ¡Acabas de atropellar al protagonista! ¡Eso es un error de guion gravísimo!
Logan se acercó a Peter y se arrodilló a su lado. El chico estaba pálido, con un hilo de sangre recorriendo su frente. Sus ojos estaban entreabiertos, pero no veía nada. El dolor físico finalmente había superado al emocional, y por un momento, Peter agradeció la oscuridad que empezaba a rodearlo.
—Sigue vivo —dijo Logan, mirando a Ghost Rider con los ojos inyectados en sangre—. Pero está muy mal.
Punisher no esperó a las presentaciones. Abrió fuego contra el Ghost Rider, pero las balas simplemente se derretían al tocar el aura de fuego del motociclista. Daredevil intentó intervenir, lanzando su bastón, pero Ghost Rider lo atrapó en el aire, reduciéndolo a cenizas en un instante.
—El chico... —susurró Peter, intentando levantarse. Sus costillas protestaron y un sabor metálico inundó su boca—. Yo... yo solo quería...
—No te muevas, niño —le ordenó Logan, poniendo una mano pesada sobre su hombro—. Deja que los adultos se encarguen de la calavera con ruedas.
—¿Adultos? —Deadpool sacó sus dos pistolas—. ¡Logan, somos una boy band disfuncional! ¡Punisher es el serio, tú eres el gruñón, Daredevil es el religioso, yo soy el guapo y el chico es... bueno, el chico es el que recibe los golpes!
Ghost Rider dio un paso adelante, y el suelo bajo sus pies se convirtió en lava.
—Todos ustedes serán juzgados —declaró la entidad.
Peter, apoyado contra el árbol, miró a su alrededor. Estaba rodeado de asesinos, antihéroes y monstruos. El mundo que conocía se había desmoronado en una sola tarde. MJ ya no estaba. Tony no regresaría. Y ahora, un esqueleto en llamas quería juzgar su alma.
Algo cambió dentro de Peter. La tristeza que lo inundaba empezó a transformarse en una rabia fría y cortante. Se puso de pie con dificultad, apartando la mano de Logan. Sus dedos buscaron la máscara en su bolsillo y se la puso con un movimiento lento, casi ceremonial.
—Ya he tenido suficiente por hoy —dijo Spider-Man, su voz filtrada por la tela, sonando más grave y peligrosa de lo habitual.
—¡Ese es mi chico! —celebró Deadpool—. ¡Saca las mallas de la justicia y enséñale a Nicholas Cage quién manda!
Logan se puso de pie, extendiendo sus garras con un *snikt* metálico que cortó el aire. Punisher recargó su arma. Daredevil adoptó una posición de combate, confiando en sus oídos para rastrear el calor.
—No sé cómo llegamos aquí —dijo Daredevil—, pero si queremos sobrevivir a este espíritu, tendremos que trabajar juntos.
—Yo no trabajo con nadie —gruñó Castle.
—Harás una excepción, Frank —intervino Peter, dando un paso al frente, ignorando el dolor de sus costillas rotas—. Porque si esa cosa nos mata, no habrá nadie para limpiar esta ciudad.
Ghost Rider rugió, y una cadena de hierro al rojo vivo apareció en su mano.
—¡Venganza! —clamó el espíritu.
—¡Venganza mis pelotas! —gritó Deadpool, lanzándose al ataque—. ¡Es hora del crossover que nadie pidió pero todos necesitaban!
El enfrentamiento estalló en el corazón de Central Park. El fuego infernal chocó contra el acero de las garras de adamantium, mientras Spider-Man se columpiaba entre los árboles, usando su agilidad para distraer al jinete mientras Punisher y Daredevil buscaban una apertura.
Peter Parker estaba roto por dentro, pero Spider-Man todavía tenía una pelea que ganar. Y en ese momento, rodeado de los hombres más peligrosos del multiverso, se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, el vacío en su corazón solo podía llenarse con el caos de la batalla.
La noche apenas comenzaba, y Nueva York estaba a punto de descubrir que cuando juntas a un arácnido deprimido, un mutante furioso, un mercenario bocazas, un vigilante ciego, un verdugo y un demonio motorizado, las reglas de la realidad dejan de existir.
Había ido a buscar a MJ, con una flor arrugada en la mano y el corazón latiendo con la esperanza de encontrar un refugio en sus brazos. Pero lo que encontró fue la imagen que ahora se repetía en bucle tras sus párpados: MJ, su MJ, riendo mientras los brazos de Flash Thompson la rodeaban. El beso no fue un error, no fue un accidente. Fue una traición lenta y deliberada que rompió algo dentro de Peter que ni siquiera su factor de curación podía reparar.
Caminaba por Central Park con el traje de Spider-Man debajo de la ropa de civil, aunque la máscara pesaba más que el plomo en su bolsillo. Sus ojos estaban enrojecidos y su mente era un caos de recuerdos y decepciones.
—¿De qué sirve? —susurró para sí mismo, pateando una piedra—. Salvo al mundo, pierdo a mi mentor, y ni siquiera puedo mantener a la chica. Soy un chiste.
Mientras tanto, en el Sanctum Sanctorum, el Doctor Strange maldecía entre dientes. Un experimento con el Multiverso, una grieta que no debería haberse abierto y un estornudo místico habían provocado un desastre de proporciones interdimensionales.
—¡Wong! —gritó Strange, viendo cómo cinco brechas de energía carmesí se cerraban violentamente—. ¡Creo que acabo de traer basura de otros jardines!
Peter, ajeno a los problemas del Hechicero Supremo, se detuvo en seco cuando un estruendo metálico y un grito cargado de obscenidades rompieron la tranquilidad del parque. Cerca de la fuente de Bethesda, dos figuras rodaban por el suelo en una amalgama de garras, katanas y trajes ajustados.
—¡Te dije que no tocaras mi colección de Hello Kitty, Logan! —gritó un hombre vestido de rojo y negro, mientras intentaba apuñalar en el hombro a un hombre bajo y extremadamente musculoso con patillas imposibles.
—¡Cierra la boca, Wade! —gruñó el otro, cuya voz sonaba como si hubiera tragado cristales rotos—. ¡No sé quién eres ni qué es este lugar, pero voy a sacarte las tripas!
Peter se frotó los ojos. Conocía a mucha gente extraña, pero estos dos irradiaban una energía caótica que nunca había sentido. El hombre de las garras —que parecían ser de metal auténtico saliendo de sus nudillos— le hundió el puño en la cara al de rojo, pero este último simplemente se recolocó la mandíbula con un chasquido asqueroso.
—¡Oh, mira! —dijo el de rojo, señalando a Peter—. ¡Es el Spider-Boy de este universo! ¡Hola, Tom! ¿O eres Andrew? ¡Rayos, espero que no seas el de la cara de bebé!
Peter retrocedió un paso, confundido.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó con la voz quebrada—. No deberían estar peleando aquí. Es un área pública.
—Y a este le falta un hervor —murmuró el hombre de las garras, Logan, olfateando el aire—. Hueles a depresión y a hormonas, chico. Quítate de en medio antes de que te corte algo importante.
Antes de que Peter pudiera responder, otras dos figuras emergieron de entre los árboles. Uno vestía un traje negro con una calavera blanca gigante pintada en el pecho y portaba un rifle de asalto que haría que una unidad SWAT se pusiera celosa. El otro vestía de rojo oscuro, con pequeños cuernos en la frente y una máscara que cubría sus ojos.
—Bajen las armas —ordenó el hombre de rojo, Daredevil, con una calma tensa—. Este lugar no es su campo de batalla.
—Dile eso al payaso de la máscara —gruñó Frank Castle, el Punisher, apuntando con su rifle directamente a la cabeza de Deadpool—. Ya me cansé de oírlo hablar. En mi mundo, los tipos como él ya estarían bajo tierra.
—¡Uy, qué rudo! —exclamó Deadpool, haciendo un corazón con las manos—. Franky, cariño, si me matas, solo volveré para cenar contigo. Tengo una regeneración que haría que tu trauma infantil pareciera un rasguño.
—¡Basta ya! —gritó Peter, sintiendo que la cabeza le iba a estallar—. ¡No me importa quiénes son ni de dónde vienen! ¡Solo... cállense!
El silencio duró apenas un segundo. Daredevil ladeó la cabeza, sus sentidos agudizados detectando algo que los demás aún no percibían. Un sonido rítmico, un latido mecánico que crecía en intensidad.
—Algo viene —dijo Daredevil, su voz cargada de advertencia—. Algo... caliente.
—¿Tu madre? —preguntó Deadpool esperanzado.
—No —respondió Matt Murdock, dando un paso atrás—. Es metal. Y fuego. Mucho fuego.
De repente, el asfalto del camino peatonal estalló. Una estela de llamas infernales surcó la hierba, dejando un rastro de tierra quemada a su paso. El rugido de un motor de mil demonios resonó en todo Central Park, haciendo vibrar los huesos de los presentes.
Peter, sumido en su propia miseria y distraído por la discusión de los recién llegados, no reaccionó a tiempo. Su sentido arácnido vibró, pero fue como un susurro en una tormenta; su mente estaba demasiado nublada por la imagen de MJ y Flash.
—¡Chico, muévete! —rugió Logan.
Fue demasiado tarde. Una motocicleta envuelta en llamas, conducida por un esqueleto con el cráneo ardiendo en fuego azul y naranja, impactó directamente contra Peter. El golpe fue brutal. El cuerpo del joven arácnido salió despedido por los aires como una muñeca de trapo, golpeando un roble centenario con un crujido sordo antes de caer pesadamente al suelo.
La motocicleta se detuvo derrapando, levantando una nube de ceniza y azufre. Johnny Blaze, el Ghost Rider, descendió de su montura, su mirada vacía y llameante fijándose en los otros cuatro hombres.
—Huelen a pecado —sentenció el Espíritu de la Venganza, su voz resonando como mil almas gritando en el abismo.
—¡Oye, cara de antorcha! —gritó Deadpool, corriendo hacia donde Peter yacía inmóvil—. ¡Acabas de atropellar al protagonista! ¡Eso es un error de guion gravísimo!
Logan se acercó a Peter y se arrodilló a su lado. El chico estaba pálido, con un hilo de sangre recorriendo su frente. Sus ojos estaban entreabiertos, pero no veía nada. El dolor físico finalmente había superado al emocional, y por un momento, Peter agradeció la oscuridad que empezaba a rodearlo.
—Sigue vivo —dijo Logan, mirando a Ghost Rider con los ojos inyectados en sangre—. Pero está muy mal.
Punisher no esperó a las presentaciones. Abrió fuego contra el Ghost Rider, pero las balas simplemente se derretían al tocar el aura de fuego del motociclista. Daredevil intentó intervenir, lanzando su bastón, pero Ghost Rider lo atrapó en el aire, reduciéndolo a cenizas en un instante.
—El chico... —susurró Peter, intentando levantarse. Sus costillas protestaron y un sabor metálico inundó su boca—. Yo... yo solo quería...
—No te muevas, niño —le ordenó Logan, poniendo una mano pesada sobre su hombro—. Deja que los adultos se encarguen de la calavera con ruedas.
—¿Adultos? —Deadpool sacó sus dos pistolas—. ¡Logan, somos una boy band disfuncional! ¡Punisher es el serio, tú eres el gruñón, Daredevil es el religioso, yo soy el guapo y el chico es... bueno, el chico es el que recibe los golpes!
Ghost Rider dio un paso adelante, y el suelo bajo sus pies se convirtió en lava.
—Todos ustedes serán juzgados —declaró la entidad.
Peter, apoyado contra el árbol, miró a su alrededor. Estaba rodeado de asesinos, antihéroes y monstruos. El mundo que conocía se había desmoronado en una sola tarde. MJ ya no estaba. Tony no regresaría. Y ahora, un esqueleto en llamas quería juzgar su alma.
Algo cambió dentro de Peter. La tristeza que lo inundaba empezó a transformarse en una rabia fría y cortante. Se puso de pie con dificultad, apartando la mano de Logan. Sus dedos buscaron la máscara en su bolsillo y se la puso con un movimiento lento, casi ceremonial.
—Ya he tenido suficiente por hoy —dijo Spider-Man, su voz filtrada por la tela, sonando más grave y peligrosa de lo habitual.
—¡Ese es mi chico! —celebró Deadpool—. ¡Saca las mallas de la justicia y enséñale a Nicholas Cage quién manda!
Logan se puso de pie, extendiendo sus garras con un *snikt* metálico que cortó el aire. Punisher recargó su arma. Daredevil adoptó una posición de combate, confiando en sus oídos para rastrear el calor.
—No sé cómo llegamos aquí —dijo Daredevil—, pero si queremos sobrevivir a este espíritu, tendremos que trabajar juntos.
—Yo no trabajo con nadie —gruñó Castle.
—Harás una excepción, Frank —intervino Peter, dando un paso al frente, ignorando el dolor de sus costillas rotas—. Porque si esa cosa nos mata, no habrá nadie para limpiar esta ciudad.
Ghost Rider rugió, y una cadena de hierro al rojo vivo apareció en su mano.
—¡Venganza! —clamó el espíritu.
—¡Venganza mis pelotas! —gritó Deadpool, lanzándose al ataque—. ¡Es hora del crossover que nadie pidió pero todos necesitaban!
El enfrentamiento estalló en el corazón de Central Park. El fuego infernal chocó contra el acero de las garras de adamantium, mientras Spider-Man se columpiaba entre los árboles, usando su agilidad para distraer al jinete mientras Punisher y Daredevil buscaban una apertura.
Peter Parker estaba roto por dentro, pero Spider-Man todavía tenía una pelea que ganar. Y en ese momento, rodeado de los hombres más peligrosos del multiverso, se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, el vacío en su corazón solo podía llenarse con el caos de la batalla.
La noche apenas comenzaba, y Nueva York estaba a punto de descubrir que cuando juntas a un arácnido deprimido, un mutante furioso, un mercenario bocazas, un vigilante ciego, un verdugo y un demonio motorizado, las reglas de la realidad dejan de existir.
