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2 padres heroicos
Fandom: Marvel(UCM)
Creado: 19/6/2026
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UA (Universo Alternativo)Recortes de VidaFluffHumorCiencia FicciónHistoria DomésticaArregloLenguaje Explícito
Palabras prohibidas y telarañas tecnológicas
La oficina principal del Helicarrier de S.H.I.E.L.D. no se parecía en nada a la que Nick Fury o Maria Hill habían ocupado en el pasado. Aunque mantenía esa aura de autoridad y vigilancia global, el despacho del actual Director Ejecutivo, Peter Parker, tenía toques personales que lo hacían sentir... vivo. Había fotos de una boda en una azotea de Nueva York, dibujos infantiles pegados con imanes en los archivadores de vibranio y, por supuesto, un lanzatelarañas de última generación sirviendo como pisapapeles.
Peter suspiró, frotándose los ojos cansados tras las lentes de sus gafas. Habían pasado años desde que el hechizo de Strange lo aisló del mundo, pero tras las guerras contra Doom y la reconstrucción del multiverso, Peter no solo había recuperado su lugar, sino que había ascendido. Con la tecnología de Industrias Stark —que Pepper Potts le había confiado legalmente tras demostrar su identidad y valía— y su intelecto, había transformado S.H.I.E.L.D. en una fuerza de paz científica.
— Muy bien, Karen —susurró Peter, dirigiéndose a la IA integrada en la sala—. Si redirigimos el flujo de energía de los motores de retroreacción hacia el núcleo de contención cuántica, deberíamos poder estabilizar la brecha sin necesidad de intervención física.
— Los cálculos sugieren una probabilidad de éxito del noventa y ocho por ciento, Director Parker —respondió la voz sintética.
Peter tecleó frenéticamente en la pantalla holográfica. Sus dedos volaban. Estaba a punto de lograr un avance que permitiría viajes interdimensionales seguros para misiones de rescate. El sudor perlaba su frente. Un último ajuste, un giro de muñeca virtual y...
Un chispazo azul saltó de la consola, quemándole ligeramente la punta del dedo y provocando que el holograma colapsara en una lluvia de píxeles rojos de error.
— ¡Mierda! —exclamó Peter, sacudiendo la mano con dolor mientras el progreso de tres horas se desvanecía en la pantalla.
El silencio que siguió no fue el de la oficina vacía, sino ese silencio pesado y cargado que solo ocurre cuando te das cuenta de que has cometido un error táctico fatal. Peter se congeló. Lentamente, como si temiera que su sentido arácnido le advirtiera de un peligro inminente, giró la silla de cuero.
Sentada en el sofá de cuero de la esquina, con un cómic de "Hawkeye" al revés en las manos y una piruleta en la boca, estaba May-day Parker Bishop. A su lado, su hermano gemelo, Derek Junior, lo miraba con los ojos muy abiertos, sosteniendo un peluche de un perro con un solo ojo que solía pertenecer a su madre.
May-day, que a sus cinco años ya heredado la mirada inquisitiva de Kate y la agilidad mental de Peter, bajó el cómic lentamente.
— Papi —dijo la niña con una solemnidad aterradora—, has dicho la palabra de la caja.
Peter sintió que el frío le recorría la espalda. Ser el líder de la organización de espionaje más grande del mundo era pan comido comparado con esto.
— ¡No! No, May, yo... yo dije... "miércoles" —mintió Peter, su voz subiendo un octava—. Sí, miércoles. Es que hoy es miércoles y me olvidé de que... de que hay que sacar la basura.
— Hoy es martes, papá —intervino Derek Junior con una precisión despiadada—. Y mamá dice que cuando dices esa palabra, tienes que poner cinco dólares en el frasco de los insultos.
— Y también dijo que si la decías tú, que eres el "ejemplo a seguir" —May-day hizo comillas en el aire con una destreza impropia de su edad—, tenías que limpiar la torre de entrenamiento de los Vengadores. Sin usar los poderes.
Peter se hundió en su silla, derrotado.
— ¿Dónde está vuestra madre? —preguntó, esperando que Kate no hubiera estado escuchando a través del comunicador.
— Entrenando con el abuelo Clint —respondió Derek—. El abuelo dice que eres un blandengue y que por eso dices palabrotas cuando te estresas.
— Oh, genial —murmuró Peter—. El abuelo Clint sigue siendo el alma de la fiesta.
En ese momento, las puertas automáticas del despacho se deslizaron con un siseo. Kate Bishop entró caminando con esa confianza atlética que siempre hacía que el corazón de Peter diera un vuelco. Llevaba su traje morado de combate, el arco colgado al hombro y una sonrisa que Peter conocía demasiado bien: la sonrisa de alguien que había ganado una apuesta.
Detrás de ella, Clint Barton entró cojeando ligeramente, luciendo su habitual expresión de "estoy demasiado viejo para esto", pero con un brillo de burla en los ojos.
— ¿Así que "mierda", eh, Parker? —Clint soltó una carcajada seca—. Y yo que pensaba que eras el Chico Scout de Queens. Me debes veinte pavos, Kate. Te dije que aguantaría menos de una hora con los niños en la oficina.
— ¡Ganaste, viejo! —Kate se acercó a Peter y le dio un beso rápido en la mejilla antes de revolverle el pelo—. Aunque técnicamente, Peter, me has fallado. Habíamos quedado en que el primero que dijera una palabrota delante de los gemelos pagaba la cena de Navidad en casa de tu tía May.
— ¡Fue un accidente tecnológico! —se defendió Peter, señalando la consola chamuscada—. ¡Casi resuelvo la estabilidad cuántica!
— Y en su lugar, resolviste cómo ampliar el vocabulario de mi hija —dijo Kate, sentándose en el borde del escritorio de Peter—. May-day, ¿qué dijo papá?
— ¡Mierda! —gritó la niña con entusiasmo, saltando del sofá.
— ¡May-day! —exclamaron Peter y Kate al unísono, aunque Kate estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírse.
— ¡Ella lo dijo! —Derek señaló a su hermana—. ¡Cinco dólares para May!
Clint se sentó en una de las sillas frente al escritorio, mirando a Peter con suficiencia.
— Sabes, Parker, cuando me dijiste que ibas a ser el jefe de S.H.I.E.L.D., pensé que finalmente madurarías. Pero aquí estás, escondiendo planos de Stark bajo dibujos de palotes y gritando como un marinero porque un cable te ha dado un calambre.
— Clint, con todo el respeto —dijo Peter, recuperando un poco de su compostura de Director—, estoy gestionando tres crisis internacionales y una posible incursión dimensional. Además, tus nietos son... inquietos.
— Son Parker-Bishop —corrigió Kate con orgullo, tomando a Derek en brazos—. Tienen el sentido arácnido de su padre y la puntería de su madre. Es una combinación peligrosa. El otro día, Derek le dio al gato de la vecina con un guisante desde treinta metros.
— ¡Fue un tiro parabólico, mami! —exclamó el pequeño Derek.
Peter suavizó la mirada. A pesar del estrés, de la responsabilidad y de la metedura de pata lingüística, ver a su familia allí, en el corazón del centro de mando, le recordaba por qué hacía todo aquello. Después de perderlo todo tras la batalla con Mysterio y de luchar en las Guerras Secretas, este futuro parecía un sueño del que temía despertar.
— Está bien, lo admito —dijo Peter, levantando las manos en señal de rendición—. He perdido. Pagaré la cena, pondré el dinero en el frasco y... ¿qué era lo otro? ¿Limpiar la torre de entrenamiento?
— Sin telarañas —añadió Clint con una sonrisa maliciosa—. Quiero ver cómo usas la mopa, "Director".
— Eres un suegro terrible, Clint —suspiró Peter.
— Es parte de mi encanto. Además, alguien tiene que mantenerte humilde ahora que tienes un Helicarrier propio.
Kate se acercó a Peter, rodeándole el cuello con los brazos mientras los niños empezaban a jugar a "atrapar al villano" (que usualmente era la pierna de Clint) por toda la oficina.
— Lo estás haciendo bien, Pete —susurró ella—. El mundo no se va a acabar porque hayas dicho una mala palabra. May-day lo olvidará en diez minutos si le ofreces un helado.
— ¿Y Derek?
— Derek ya te ha grabado con su reloj inteligente de juguete. Probablemente intente chantajearte para que le dejes usar el simulador de vuelo del Quinjet.
Peter se rió, abrazando a su esposa.
— Dios, amo a estos niños. Pero a veces desearía que no fueran tan listos.
— Eso es culpa tuya por los genes de genio —respondió Kate, dándole un beso corto pero tierno—. Ahora, Director Parker, creo que es hora de cerrar la oficina. Tenemos una misión importante.
— ¿Qué misión? —preguntó Peter, alerta.
— Pizza. Y explicarle a May-day por qué no debe repetir esa palabra en la escuela mañana si no quiere que la llamen a la oficina del director... que, técnicamente, sería tu oficina, pero ya me entiendes.
Peter miró a sus hijos. May-day estaba intentando trepar por la espalda de Clint, quien fingía gruñir de molestia pero la sostenía con cuidado. Derek estaba analizando el lanzatelarañas del escritorio con una curiosidad científica que a Peter le recordaba a sí mismo a esa edad.
— Karen —dijo Peter en voz alta.
— ¿Sí, Director?
— Borra los últimos cinco minutos de los registros de audio del despacho. Protocolo "Padre en apuros".
— Entendido, Peter. Archivos eliminados.
— ¡Tramposo! —gritó Kate riendo.
— No es trampa, Kate. Es gestión de recursos —replicó él con una guiñada.
Mientras la familia Parker-Bishop salía del despacho, dejando atrás la tecnología de punta y las preocupaciones del mundo, Peter sintió que, a pesar de los errores, las batallas y las palabras prohibidas, finalmente había logrado el mayor éxito de su carrera: un hogar.
Aunque, por supuesto, mientras caminaban por el pasillo, se oyó la voz pequeña de May-day susurrando:
— Papi, si te doy diez dólares, ¿puedo decir "mierda" cuando el abuelo Clint pierda al escondite?
Peter cerró los ojos y suspiró.
— No, May. Definitivamente no.
— Vale... ¿Y "miércoles"?
— "Miércoles" está bien —cedió Peter, derrotado una vez más por su propia hija.
Kate y Clint compartieron una mirada de complicidad. Ser un superhéroe era difícil, dirigir S.H.I.E.L.D. era agotador, pero criar a la siguiente generación de héroes... eso sí que requería poderes especiales.
Peter suspiró, frotándose los ojos cansados tras las lentes de sus gafas. Habían pasado años desde que el hechizo de Strange lo aisló del mundo, pero tras las guerras contra Doom y la reconstrucción del multiverso, Peter no solo había recuperado su lugar, sino que había ascendido. Con la tecnología de Industrias Stark —que Pepper Potts le había confiado legalmente tras demostrar su identidad y valía— y su intelecto, había transformado S.H.I.E.L.D. en una fuerza de paz científica.
— Muy bien, Karen —susurró Peter, dirigiéndose a la IA integrada en la sala—. Si redirigimos el flujo de energía de los motores de retroreacción hacia el núcleo de contención cuántica, deberíamos poder estabilizar la brecha sin necesidad de intervención física.
— Los cálculos sugieren una probabilidad de éxito del noventa y ocho por ciento, Director Parker —respondió la voz sintética.
Peter tecleó frenéticamente en la pantalla holográfica. Sus dedos volaban. Estaba a punto de lograr un avance que permitiría viajes interdimensionales seguros para misiones de rescate. El sudor perlaba su frente. Un último ajuste, un giro de muñeca virtual y...
Un chispazo azul saltó de la consola, quemándole ligeramente la punta del dedo y provocando que el holograma colapsara en una lluvia de píxeles rojos de error.
— ¡Mierda! —exclamó Peter, sacudiendo la mano con dolor mientras el progreso de tres horas se desvanecía en la pantalla.
El silencio que siguió no fue el de la oficina vacía, sino ese silencio pesado y cargado que solo ocurre cuando te das cuenta de que has cometido un error táctico fatal. Peter se congeló. Lentamente, como si temiera que su sentido arácnido le advirtiera de un peligro inminente, giró la silla de cuero.
Sentada en el sofá de cuero de la esquina, con un cómic de "Hawkeye" al revés en las manos y una piruleta en la boca, estaba May-day Parker Bishop. A su lado, su hermano gemelo, Derek Junior, lo miraba con los ojos muy abiertos, sosteniendo un peluche de un perro con un solo ojo que solía pertenecer a su madre.
May-day, que a sus cinco años ya heredado la mirada inquisitiva de Kate y la agilidad mental de Peter, bajó el cómic lentamente.
— Papi —dijo la niña con una solemnidad aterradora—, has dicho la palabra de la caja.
Peter sintió que el frío le recorría la espalda. Ser el líder de la organización de espionaje más grande del mundo era pan comido comparado con esto.
— ¡No! No, May, yo... yo dije... "miércoles" —mintió Peter, su voz subiendo un octava—. Sí, miércoles. Es que hoy es miércoles y me olvidé de que... de que hay que sacar la basura.
— Hoy es martes, papá —intervino Derek Junior con una precisión despiadada—. Y mamá dice que cuando dices esa palabra, tienes que poner cinco dólares en el frasco de los insultos.
— Y también dijo que si la decías tú, que eres el "ejemplo a seguir" —May-day hizo comillas en el aire con una destreza impropia de su edad—, tenías que limpiar la torre de entrenamiento de los Vengadores. Sin usar los poderes.
Peter se hundió en su silla, derrotado.
— ¿Dónde está vuestra madre? —preguntó, esperando que Kate no hubiera estado escuchando a través del comunicador.
— Entrenando con el abuelo Clint —respondió Derek—. El abuelo dice que eres un blandengue y que por eso dices palabrotas cuando te estresas.
— Oh, genial —murmuró Peter—. El abuelo Clint sigue siendo el alma de la fiesta.
En ese momento, las puertas automáticas del despacho se deslizaron con un siseo. Kate Bishop entró caminando con esa confianza atlética que siempre hacía que el corazón de Peter diera un vuelco. Llevaba su traje morado de combate, el arco colgado al hombro y una sonrisa que Peter conocía demasiado bien: la sonrisa de alguien que había ganado una apuesta.
Detrás de ella, Clint Barton entró cojeando ligeramente, luciendo su habitual expresión de "estoy demasiado viejo para esto", pero con un brillo de burla en los ojos.
— ¿Así que "mierda", eh, Parker? —Clint soltó una carcajada seca—. Y yo que pensaba que eras el Chico Scout de Queens. Me debes veinte pavos, Kate. Te dije que aguantaría menos de una hora con los niños en la oficina.
— ¡Ganaste, viejo! —Kate se acercó a Peter y le dio un beso rápido en la mejilla antes de revolverle el pelo—. Aunque técnicamente, Peter, me has fallado. Habíamos quedado en que el primero que dijera una palabrota delante de los gemelos pagaba la cena de Navidad en casa de tu tía May.
— ¡Fue un accidente tecnológico! —se defendió Peter, señalando la consola chamuscada—. ¡Casi resuelvo la estabilidad cuántica!
— Y en su lugar, resolviste cómo ampliar el vocabulario de mi hija —dijo Kate, sentándose en el borde del escritorio de Peter—. May-day, ¿qué dijo papá?
— ¡Mierda! —gritó la niña con entusiasmo, saltando del sofá.
— ¡May-day! —exclamaron Peter y Kate al unísono, aunque Kate estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírse.
— ¡Ella lo dijo! —Derek señaló a su hermana—. ¡Cinco dólares para May!
Clint se sentó en una de las sillas frente al escritorio, mirando a Peter con suficiencia.
— Sabes, Parker, cuando me dijiste que ibas a ser el jefe de S.H.I.E.L.D., pensé que finalmente madurarías. Pero aquí estás, escondiendo planos de Stark bajo dibujos de palotes y gritando como un marinero porque un cable te ha dado un calambre.
— Clint, con todo el respeto —dijo Peter, recuperando un poco de su compostura de Director—, estoy gestionando tres crisis internacionales y una posible incursión dimensional. Además, tus nietos son... inquietos.
— Son Parker-Bishop —corrigió Kate con orgullo, tomando a Derek en brazos—. Tienen el sentido arácnido de su padre y la puntería de su madre. Es una combinación peligrosa. El otro día, Derek le dio al gato de la vecina con un guisante desde treinta metros.
— ¡Fue un tiro parabólico, mami! —exclamó el pequeño Derek.
Peter suavizó la mirada. A pesar del estrés, de la responsabilidad y de la metedura de pata lingüística, ver a su familia allí, en el corazón del centro de mando, le recordaba por qué hacía todo aquello. Después de perderlo todo tras la batalla con Mysterio y de luchar en las Guerras Secretas, este futuro parecía un sueño del que temía despertar.
— Está bien, lo admito —dijo Peter, levantando las manos en señal de rendición—. He perdido. Pagaré la cena, pondré el dinero en el frasco y... ¿qué era lo otro? ¿Limpiar la torre de entrenamiento?
— Sin telarañas —añadió Clint con una sonrisa maliciosa—. Quiero ver cómo usas la mopa, "Director".
— Eres un suegro terrible, Clint —suspiró Peter.
— Es parte de mi encanto. Además, alguien tiene que mantenerte humilde ahora que tienes un Helicarrier propio.
Kate se acercó a Peter, rodeándole el cuello con los brazos mientras los niños empezaban a jugar a "atrapar al villano" (que usualmente era la pierna de Clint) por toda la oficina.
— Lo estás haciendo bien, Pete —susurró ella—. El mundo no se va a acabar porque hayas dicho una mala palabra. May-day lo olvidará en diez minutos si le ofreces un helado.
— ¿Y Derek?
— Derek ya te ha grabado con su reloj inteligente de juguete. Probablemente intente chantajearte para que le dejes usar el simulador de vuelo del Quinjet.
Peter se rió, abrazando a su esposa.
— Dios, amo a estos niños. Pero a veces desearía que no fueran tan listos.
— Eso es culpa tuya por los genes de genio —respondió Kate, dándole un beso corto pero tierno—. Ahora, Director Parker, creo que es hora de cerrar la oficina. Tenemos una misión importante.
— ¿Qué misión? —preguntó Peter, alerta.
— Pizza. Y explicarle a May-day por qué no debe repetir esa palabra en la escuela mañana si no quiere que la llamen a la oficina del director... que, técnicamente, sería tu oficina, pero ya me entiendes.
Peter miró a sus hijos. May-day estaba intentando trepar por la espalda de Clint, quien fingía gruñir de molestia pero la sostenía con cuidado. Derek estaba analizando el lanzatelarañas del escritorio con una curiosidad científica que a Peter le recordaba a sí mismo a esa edad.
— Karen —dijo Peter en voz alta.
— ¿Sí, Director?
— Borra los últimos cinco minutos de los registros de audio del despacho. Protocolo "Padre en apuros".
— Entendido, Peter. Archivos eliminados.
— ¡Tramposo! —gritó Kate riendo.
— No es trampa, Kate. Es gestión de recursos —replicó él con una guiñada.
Mientras la familia Parker-Bishop salía del despacho, dejando atrás la tecnología de punta y las preocupaciones del mundo, Peter sintió que, a pesar de los errores, las batallas y las palabras prohibidas, finalmente había logrado el mayor éxito de su carrera: un hogar.
Aunque, por supuesto, mientras caminaban por el pasillo, se oyó la voz pequeña de May-day susurrando:
— Papi, si te doy diez dólares, ¿puedo decir "mierda" cuando el abuelo Clint pierda al escondite?
Peter cerró los ojos y suspiró.
— No, May. Definitivamente no.
— Vale... ¿Y "miércoles"?
— "Miércoles" está bien —cedió Peter, derrotado una vez más por su propia hija.
Kate y Clint compartieron una mirada de complicidad. Ser un superhéroe era difícil, dirigir S.H.I.E.L.D. era agotador, pero criar a la siguiente generación de héroes... eso sí que requería poderes especiales.
