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Tamjin

Fandom: Gachiakuta

Creado: 20/6/2026

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Nudos Desatados y Promesas de Sangre

El aire en la habitación privada de la sede de los Limpiadores estaba saturado, denso y cargado con el aroma metálico y dulce que solo un Alfa y un Omega en pleno frenesí podían generar. No era solo deseo; era una colisión de fuerzas, un reclamo territorial que hacía que las paredes parecieran vibrar.

Enjin, el imponente líder del equipo Akuta, tenía sus manos grandes y tatuadas ancladas firmemente en la cintura de Tamsy. Su gabardina gris yacía olvidada en un rincón, y su musculosa roja estaba empapada de sudor, pegándose a su pecho ancho como una segunda piel. Cada movimiento suyo era rudo, guiado por un instinto que normalmente mantenía bajo un control férreo, pero que frente a Tamsy se desbordaba sin remedio.

Tamsy Caines, el líder del equipo Eager, era la antítesis visual de Enjin, pero su igual en intensidad. Su largo cabello bicolor, rubio platinado y azul marino, se extendía por las sábanas revueltas como una red de hilos de seda, enredándose entre los dedos de Enjin. Sus ojos amarillos estaban nublados por el placer, y su espalda delgada se arqueaba con cada embestida, buscando más, exigiendo todo lo que el Alfa tenía para ofrecer.

—Dilo... —gruñó Enjin, su voz una vibración profunda que resonaba en el pecho de Tamsy—. Dilo otra vez.

Tamsy soltó una risa entrecortada, una mezcla de jadeo y seducción, mientras echaba la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello y la gargantilla que apretaba su garganta.

—Sabes lo que quiero, Enjin —susurró Tamsy, clavando sus uñas en los hombros musculosos del Alfa—. Quiero que me llenes. Quiero llevar tu marca, tu olor y... quiero tu descendencia. Quiero llevar a tu hijo aquí dentro.

Enjin rugió, un sonido animal que no admitía discusiones. La idea de ver a Tamsy, tan letal y elegante, cargando con el fruto de su unión, era lo único que mantenía su mente cuerda en medio del caos de sus vidas como Limpiadores.

—Eres mío —sentenció Enjin, besando la cicatriz en su propia sien antes de bajar a morder el hombro de Tamsy—. Solo tú.

—Lo sé —respondió Tamsy con una sonrisa cruel y satisfecha—. Y esa mujer... esa Beta insignificante no es nada. Solo un estorbo que pronto eliminaremos.

Fue en ese preciso instante cuando el sonido de la puerta abriéndose de golpe fracturó la burbuja de intensidad. El estruendo de la cerradura forzada fue seguido por un grito agudo, un sonido que Enjin reconoció al instante y que le provocó una punzada de irritación pura.

Chouchou estaba de pie en el umbral, con el rostro desencajado y los ojos desorbitados por el horror. Su apariencia, siempre impecable y algo pretenciosa, se desmoronaba mientras asimilaba la escena: su novio, el hombre que ella creía controlar, estaba entregado cuerpo y alma a otro hombre, a un Omega que ella siempre había despreciado.

—¿¡Enjin!? —chilló ella, su voz alcanzando una nota estridente que hizo que Tamsy hiciera una mueca de disgusto—. ¿¡Qué es esto!? ¡Tú... tú eres mío! ¡Se supone que me amas a mí!

Enjin no se detuvo de inmediato. Se tomó un segundo para exhalar, apoyando su frente contra la de Tamsy, ignorando la presencia de la mujer como si fuera un insecto zumbando en una tarde de verano. Finalmente, se giró a medias, dejando ver su torso sudado y los tatuajes que parecían cobrar vida bajo la luz tenue.

—Chouchou —dijo Enjin, su voz fría y carente de cualquier afecto—. Te dije que no vinieras hoy.

—¡Me dijiste que tenías una reunión de líderes! —gritó ella, dando un paso hacia adelante, con las manos temblando—. ¡Y te encuentro revolcándote con este... con este monstruo de cabello largo! ¡Es una falta de respeto! ¡Después de todo lo que he hecho por ti!

Tamsy se incorporó lentamente, sentándose sobre sus talones con una gracia felina, sin molestarse en cubrirse. Su mirada hacia Chouchou era de puro desprecio, la personalidad "encantadora" que mostraba al público se había evaporado, dejando atrás al hombre sádico y honesto que solo Enjin conocía de verdad.

—¿"Hecho por él"? —se burló Tamsy, pasando una mano por su cabello azulado—. Lo único que has hecho, querida, es ser una molestia constante. Tus quejas, tus berrinches, tu incapacidad para entender el mundo en el que vivimos... Enjin no te soporta. Nadie en la sede te soporta.

—¡Cállate! —sollozó Chouchou, mirando a Enjin esperando una defensa que no llegaría—. ¡Dile algo, Enjin! ¡Dile que me amas! ¡Dile que esto es solo un error, un desliz de Alfa!

Enjin suspiró, pasándose una mano por el cabello rubio echado hacia atrás. Se levantó de la cama con una parsimonia que ponía los pelos de punta. Su altura y su físico imponente llenaron la habitación, empequeñeciendo a la mujer.

—No es un error, Chouchou —dijo Enjin con una honestidad brutal—. Nunca te amé. Estar contigo fue una conveniencia, un intento de mantener cierta "normalidad" que ya no necesito. Tamsy es el único que entiende lo que llevo dentro. Él es mi compañero. Tú solo eres... ruido.

Chouchou retrocedió, golpeándose contra el marco de la puerta. El dolor en su rostro era evidente, pero no encontró eco en ninguno de los dos hombres. En los pasillos, otros miembros de los Limpiadores pasaban de largo, escuchando los gritos, pero ninguno se detuvo. Todos sabían de la relación entre Enjin y Tamsy; todos habían visto las miradas, los roces y la complicidad. Y, sobre todo, todos estaban cansados del drama constante de Chouchou. Para el resto del equipo, ella era una extraña que no pertenecía a su mundo de basura, Jinkis y supervivencia.

—¡Voy a decírselo a todos! —amenazó ella, recuperando un poco de su veneno—. ¡Haré un escándalo que arruinará tu reputación como líder! ¡Diré que me engañaste con un Omega de mala muerte!

Tamsy soltó una carcajada cristalina y afilada. Se levantó también, caminando hacia ella con la elegancia de un depredador.

—¿Y quién te va a creer? —preguntó Tamsy, inclinándose hacia ella—. Soy el líder del equipo Eager. Enjin es el héroe del equipo Akuta. Todos saben que nos cuidamos las espaldas. Si intentas ensuciar su nombre, usaré mi Tokushin para coserte la boca antes de que puedas pronunciar la primera sílaba.

Tamsy extendió una mano y, con un movimiento casi imperceptible, un hilo fino y resistente de su Jinki apareció entre sus dedos, brillando con una luz peligrosa.

—Vete de aquí, Chouchou —sentenció Enjin, dándole la espalda para regresar al lado de Tamsy—. Coge tus cosas de mi habitación y lárgate de la sede. No quiero volver a ver tu cara cerca de mis hombres ni de mi Omega.

—¡No puedes hacerme esto! —gritó ella, intentando abalanzarse sobre él, pero los hilos de Tamsy se tensaron en el aire, bloqueándole el paso como una red invisible—. ¡Soy tu novia!

—Eras un hábito, y los hábitos se rompen —respondió Enjin sin mirarla—. Tamsy me dará lo que tú nunca podrías. Él llevará mi sangre. Él luchará a mi lado. Tú solo eres una Beta que no sabe cuándo callarse.

Chouchou miró a su alrededor, buscando algún rastro de lástima, algún aliado en las sombras del pasillo, pero solo encontró ojos amarillos que la observaban con indiferencia o desdén. Ella no era parte de la "familia" que Enjin protegía con su Umbreaker. Ella era basura que necesitaba ser limpiada.

Con un grito de frustración y derrota, Chouchou dio media vuelta y salió corriendo por el pasillo, sus pasos resonando con un eco patético.

Tamsy dejó caer los hilos y se giró hacia Enjin, su expresión suavizándose solo un poco, aunque la crueldad seguía bailando en sus ojos.

—Eso fue... refrescante —admitió Tamsy, rodeando el cuello de Enjin con sus brazos—. Aunque tardaste demasiado en deshacerte de ella.

Enjin lo tomó por la cintura de nuevo, atrayéndolo hacia su cuerpo caliente.

—Sabes que odio los escándalos innecesarios —murmuró Enjin, hundiendo su rostro en el hombro de Tamsy, aspirando su aroma—. Pero ya no podía ocultar lo que siento por ti. Me estaba volviendo loco tener que compartir mi tiempo con alguien tan vacío.

Tamsy sonrió, una sonrisa que prometía devoción y peligro a partes iguales.

—Ahora no hay distracciones —dijo Tamsy, guiando la mano de Enjin hacia su vientre—. Cumple tu promesa, Alfa. Dame ese hijo. Haz que el mundo sepa que el linaje de Enjin solo puede ser llevado por alguien tan fuerte como yo.

Enjin no necesitó más palabras. La honestidad de su deseo superaba cualquier norma social o moral. La levantó en peso, regresando a la cama donde el calor aún persistía. Afuera, la lluvia empezaba a caer, el sonido que Enjin tanto odiaba, pero en ese momento, con Tamsy bajo él, el estruendo del agua contra el techo no era más que un susurro insignificante comparado con el latido de dos corazones que finalmente se habían despojado de todas las mentiras.

—Te amo, Tamsy —dijo Enjin, y era la primera vez que esas palabras sonaban tan verdaderas, tan pesadas como el hierro de su paraguas.

—Lo sé —respondió el Omega, cerrando los ojos mientras se entregaba de nuevo al ritmo salvaje de su Alfa—. Y yo te amo a ti, mi protector.

En la sede de los Limpiadores, el orden se había restaurado. La pieza que no encajaba había sido expulsada, y el lazo que todos conocían pero nadie mencionaba, se había sellado con la promesa de una nueva vida. Chouchou era ahora un recuerdo borroso, un nudo desatado en la compleja red de hilos que Tamsy y Enjin habían tejido para proteger su propio y retorcido paraíso.
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