
← Volver a la lista de fanfics
0 me gusta
Las feromonas de Gasper
Fandom: Hig Scoll DXD
Creado: 21/6/2026
Etiquetas
FantasíaHumorCrack / Humor ParódicoPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)OOC (Fuera de Personaje)Ambientación CanonOmegaverso
El Aroma del Vampiro: Un Caos de Deseo en el Club de lo Oculto
La tarde en la Academia Kuoh transcurría con la tranquilidad habitual que precedía a las reuniones del Club de Investigación de lo Oculto. El sol se filtraba por los ventanales de la vieja escuela, bañando la sala con un tono anaranjado y cálido. En una esquina, Gasper Vladi, el joven dhampir de apariencia frágil y vestimenta femenina, se encontraba acurrucado dentro de su caja de cartón, su "zona de seguridad".
Gasper estaba concentrado intentando controlar su Sacred Gear, el *Forbidden Balor View*, cuando una extraña sensación comenzó a hormiguear en su nariz. No era la presencia de un enemigo, ni un flujo irregular de poder demoníaco. Era algo mucho más mundano, pero que en su cuerpo híbrido reaccionó de forma imprevista.
—¡A-Atchús! —estornudó Gasper, sacudiendo todo su pequeño cuerpo.
El estornudo no fue normal. Al salir de sus pulmones, una onda de choque invisible, acompañada de una neblina casi imperceptible de color rosáceo, se expandió por la habitación. Gasper se frotó la nariz, parpadeando con sus grandes ojos rojos, sin notar que el aire a su alrededor se había vuelto denso, cargado con una fragancia dulce, embriagadora y peligrosamente potente.
La primera en entrar a la sala fue Asia Argento. La joven ex-monja traía consigo una bandeja con té y galletas, tarareando una melodía suave. Al cruzar el umbral, su nariz captó el primer rastro del aroma.
—¿Gasper-san? Ya he traído el... —Asia se detuvo en seco.
La bandeja tembló levemente en sus manos. Al principio, el aroma le pareció como flores frescas, pero a medida que daba un paso hacia el centro de la habitación, el olor se transformó en algo mucho más profundo, algo que apelaba a sus instintos más primarios. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso y sus ojos comenzaron a brillar con una humedad inusual.
—Gasper-san... —susurró Asia, dejando la bandeja sobre la mesa con movimientos torpes—. ¿Qué es este olor? Es... es muy agradable. Me hace sentir... extraña.
—¿Eh? ¿Asia-san? —Gasper asomó la cabeza desde su caja, preocupado—. ¿Te encuentras bien? Tienes la cara muy roja.
Asia no respondió de inmediato. Se acercó a la caja de Gasper con pasos lentos, casi como si estuviera en trance. Cada centímetro que acortaba la distancia hacía que su corazón latiera con más fuerza. El instinto de la monja pura estaba siendo devorado por una ola de calor que nacía en su vientre.
—Gasper-san... hueles tan bien —dijo Asia, arrodillándose frente a la caja. Su voz había bajado una octava, volviéndose ronca—. Nunca me había fijado en lo lindo que eres de cerca. Tus ojos... tu piel...
—¡A-Asia-san! ¡Estás demasiado cerca! —Gasper retrocedió, golpeando el fondo de su caja—. ¡Me das miedo cuando me miras así!
Asia estiró una mano y, con una audacia que nunca antes había mostrado, acarició la mejilla del dhampir. Sus dedos temblaban de deseo.
—Solo un poco... déjame olerte un poco más —murmuró ella, inclinándose hacia el cuello de Gasper.
—¡Waaaaah! ¡Ayuda! —gritó Gasper, justo cuando la puerta se abría de nuevo.
Akeno Himejima entró con su elegancia habitual, pero su sonrisa burlona se congeló al inhalar el aire de la estancia. A diferencia de Asia, que experimentaba una confusión romántica mezclada con deseo, Akeno sintió el efecto de las feromonas como un disparo de adrenalina directo a su lado más sádico y lujurioso.
—Ara, ara... —Akeno soltó un suspiro largo, su cuerpo estremeciéndose visiblemente—. ¿Qué es esto? El aire está tan cargado que casi puedo saborearlo.
Akeno ignoró por completo a Asia, que seguía intentando "olfatear" a un aterrorizado Gasper, y caminó hacia ellos. Sus ojos violetas estaban oscurecidos por una neblina de pasión. Se llevó una mano al pecho, apretando su uniforme, sintiendo cómo su propia temperatura corporal subía a niveles alarmantes.
—Gasper-kun... —dijo Akeno, y el tono de su voz hizo que los pelos del chico se pusieran de punta—. No sabía que escondías un aroma tan... provocativo. Me está dando unas ideas muy, muy traviesas.
—¡Akeno-san, tú también no! —suplicó Gasper, tratando de cubrirse con su manta—. ¡Algo le pasa a todo el mundo!
Akeno se colocó detrás de Asia, poniendo una mano en el hombro de la rubia.
—Asia-chan, no seas egoísta —dijo Akeno con una sonrisa depredadora—. Compartir es de buenos amigos, ¿verdad? Aunque creo que Gasper-kun necesita un castigo por ponernos en este estado... un castigo muy largo y placentero.
Akeno comenzó a liberar un poco de su energía eléctrica, pero no para atacar, sino porque su excitación estaba desbordando su control mágico. Pequeñas chispas saltaban de sus dedos mientras se acercaba a la caja, empujando suavemente a Asia a un lado para tener acceso directo al "tesoro".
—¡No, no, no! —Gasper intentó usar su poder para detener el tiempo, pero el estornudo parecía haber bloqueado su habilidad, dejando solo la emisión constante de aquellas feromonas—. ¡Issei-san, sálvame!
En ese momento, la puerta principal se abrió de par en par. Rias Gremory, la heredera de la casa Gremory y líder del club, entró con paso firme.
—¿Qué es todo este alboroto? Los gritos se escuchan desde el pasillo y... —Rias se detuvo.
El impacto de las feromonas en Rias fue el más potente de todos. Como un demonio de clase alta con una sangre poderosa, sus sentidos estaban mucho más desarrollados. El aroma de Gasper la golpeó como un mazo de puro deseo. Sus pupilas se dilataron instantáneamente hasta que casi no quedó rastro del color azul de sus ojos, y un rubor carmesí, idéntico al color de su cabello, cubrió su cuello y rostro.
—Esto... esto es... —Rias se tambaleó, apoyándose en el marco de la puerta. Sus piernas se sentían como gelatina, pero su mente gritaba por acercarse a la fuente de ese olor—. Gasper... Vladi...
Rias caminó hacia el grupo, ignorando las miradas posesivas de Akeno y la confusión lasciva de Asia. Como la "Ama" de la casa, su instinto de propiedad se disparó.
—Akeno, Asia... apártense —ordenó Rias. Su voz no era la de una líder autoritaria, sino la de una mujer consumida por la necesidad—. Gasper es mi siervo... y yo debo encargarme de esto personalmente.
—Oh, Rias... —Akeno se giró, desafiante, algo que nunca haría en condiciones normales—. No creo que el rango importe mucho ahora. Mi cuerpo me duele de lo mucho que lo desea. No voy a dejar que te lo quedes todo para ti.
—¡Yo también quiero estar con Gasper-san! —exclamó Asia, abrazando una de las piernas de Gasper, quien lloriqueaba desesperado—. ¡Se siente tan cálido y huele tan dulce!
Gasper estaba atrapado. Rias se arrodilló frente a él, tomándolo por la barbilla con una delicadeza que ocultaba una fuerza tremenda. La pelirroja se acercó tanto que Gasper podía sentir el aliento caliente de su ama sobre sus labios.
—Gasper... —susurró Rias, sus ojos fijos en los del chico—. No sé qué has hecho, pero me estás volviendo loca. Como tu dueña, exijo que me ayudes a calmar este fuego... ahora mismo.
—¡P-Pero Rias-buchou! ¡Soy yo, Gasper! —el pobre chico estaba al borde del colapso—. ¡Es solo un estornudo! ¡Por favor, recuperen el juicio!
Rias no escuchaba. Se inclinó y comenzó a lamer el lóbulo de la oreja de Gasper, soltando un gemido de satisfacción al sentir el aroma directamente de la piel del chico. Akeno, por su parte, aprovechó para deslizar sus manos por los hombros de Gasper, masajeándolos con una insistencia pecaminosa, mientras Asia se acurrucaba contra su pecho, frotando su mejilla contra la tela de su ropa.
—Es tan suave... —decía Asia, con los ojos entrecerrados.
—Y tan pequeño... —añadía Akeno, mordisqueando su propio labio—. Me dan ganas de romperlo un poquito, solo para ver qué cara pone.
—Es mío —sentenció Rias, pasando sus manos por debajo de la camisa de Gasper, buscando el contacto directo con su piel—. Todo este aroma... toda esta esencia... es de la familia Gremory.
El caos era total. Gasper estaba siendo asediado por las tres mujeres más poderosas y hermosas del club, quienes habían perdido toda inhibición debido a las feromonas químicas que su cuerpo seguía expulsando sin control.
—¡Issei-saaaaaaan! —gritó Gasper por última vez, esperando que su senpai llegara para salvarlo de lo que prometía ser una tarde de "juegos" extremadamente intensos y agotadores.
Sin embargo, en el pasillo, Issei Hyoudou acababa de llegar a la puerta. Al poner la mano en el pomo, olisqueó el aire.
—¿Eh? ¿A qué huele tan bien? —dijo Issei, sintiendo cómo su *Boosted Gear* comenzaba a reaccionar por sí solo—. Un segundo... este olor... ¡es el paraíso!
Issei abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que estaba a punto de entrar en una habitación donde las jerarquías habían desaparecido y donde Gasper, muy a su pesar, se había convertido en el centro de un torbellino de lujuria incontrolable.
—¡Chicas, ya llegué! —anunció Issei, pero sus palabras se perdieron cuando vio a Rias, Akeno y Asia abalanzadas sobre un Gasper que parecía un conejo asustado entre tres leonas hambrientas.
El aroma golpeó a Issei con la fuerza de un camión. Pero a diferencia de las chicas, su reacción fue de pura camaradería pervertida antes de darse cuenta de que él también estaba empezando a ver a Gasper de una forma... extrañamente atractiva.
—Gasper... —dijo Issei, con un hilo de baba escapando de su boca—. No sé qué perfume usas, pero... ¡dame un abrazo, hermano!
—¡NOOOOOO! —el grito de Gasper resonó en toda la academia, mientras la puerta del club se cerraba, dejando tras de sí un ambiente cargado de feromonas, risas traviesas y suspiros de deseo que no se detendrían en mucho tiempo.
Gasper estaba concentrado intentando controlar su Sacred Gear, el *Forbidden Balor View*, cuando una extraña sensación comenzó a hormiguear en su nariz. No era la presencia de un enemigo, ni un flujo irregular de poder demoníaco. Era algo mucho más mundano, pero que en su cuerpo híbrido reaccionó de forma imprevista.
—¡A-Atchús! —estornudó Gasper, sacudiendo todo su pequeño cuerpo.
El estornudo no fue normal. Al salir de sus pulmones, una onda de choque invisible, acompañada de una neblina casi imperceptible de color rosáceo, se expandió por la habitación. Gasper se frotó la nariz, parpadeando con sus grandes ojos rojos, sin notar que el aire a su alrededor se había vuelto denso, cargado con una fragancia dulce, embriagadora y peligrosamente potente.
La primera en entrar a la sala fue Asia Argento. La joven ex-monja traía consigo una bandeja con té y galletas, tarareando una melodía suave. Al cruzar el umbral, su nariz captó el primer rastro del aroma.
—¿Gasper-san? Ya he traído el... —Asia se detuvo en seco.
La bandeja tembló levemente en sus manos. Al principio, el aroma le pareció como flores frescas, pero a medida que daba un paso hacia el centro de la habitación, el olor se transformó en algo mucho más profundo, algo que apelaba a sus instintos más primarios. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso y sus ojos comenzaron a brillar con una humedad inusual.
—Gasper-san... —susurró Asia, dejando la bandeja sobre la mesa con movimientos torpes—. ¿Qué es este olor? Es... es muy agradable. Me hace sentir... extraña.
—¿Eh? ¿Asia-san? —Gasper asomó la cabeza desde su caja, preocupado—. ¿Te encuentras bien? Tienes la cara muy roja.
Asia no respondió de inmediato. Se acercó a la caja de Gasper con pasos lentos, casi como si estuviera en trance. Cada centímetro que acortaba la distancia hacía que su corazón latiera con más fuerza. El instinto de la monja pura estaba siendo devorado por una ola de calor que nacía en su vientre.
—Gasper-san... hueles tan bien —dijo Asia, arrodillándose frente a la caja. Su voz había bajado una octava, volviéndose ronca—. Nunca me había fijado en lo lindo que eres de cerca. Tus ojos... tu piel...
—¡A-Asia-san! ¡Estás demasiado cerca! —Gasper retrocedió, golpeando el fondo de su caja—. ¡Me das miedo cuando me miras así!
Asia estiró una mano y, con una audacia que nunca antes había mostrado, acarició la mejilla del dhampir. Sus dedos temblaban de deseo.
—Solo un poco... déjame olerte un poco más —murmuró ella, inclinándose hacia el cuello de Gasper.
—¡Waaaaah! ¡Ayuda! —gritó Gasper, justo cuando la puerta se abría de nuevo.
Akeno Himejima entró con su elegancia habitual, pero su sonrisa burlona se congeló al inhalar el aire de la estancia. A diferencia de Asia, que experimentaba una confusión romántica mezclada con deseo, Akeno sintió el efecto de las feromonas como un disparo de adrenalina directo a su lado más sádico y lujurioso.
—Ara, ara... —Akeno soltó un suspiro largo, su cuerpo estremeciéndose visiblemente—. ¿Qué es esto? El aire está tan cargado que casi puedo saborearlo.
Akeno ignoró por completo a Asia, que seguía intentando "olfatear" a un aterrorizado Gasper, y caminó hacia ellos. Sus ojos violetas estaban oscurecidos por una neblina de pasión. Se llevó una mano al pecho, apretando su uniforme, sintiendo cómo su propia temperatura corporal subía a niveles alarmantes.
—Gasper-kun... —dijo Akeno, y el tono de su voz hizo que los pelos del chico se pusieran de punta—. No sabía que escondías un aroma tan... provocativo. Me está dando unas ideas muy, muy traviesas.
—¡Akeno-san, tú también no! —suplicó Gasper, tratando de cubrirse con su manta—. ¡Algo le pasa a todo el mundo!
Akeno se colocó detrás de Asia, poniendo una mano en el hombro de la rubia.
—Asia-chan, no seas egoísta —dijo Akeno con una sonrisa depredadora—. Compartir es de buenos amigos, ¿verdad? Aunque creo que Gasper-kun necesita un castigo por ponernos en este estado... un castigo muy largo y placentero.
Akeno comenzó a liberar un poco de su energía eléctrica, pero no para atacar, sino porque su excitación estaba desbordando su control mágico. Pequeñas chispas saltaban de sus dedos mientras se acercaba a la caja, empujando suavemente a Asia a un lado para tener acceso directo al "tesoro".
—¡No, no, no! —Gasper intentó usar su poder para detener el tiempo, pero el estornudo parecía haber bloqueado su habilidad, dejando solo la emisión constante de aquellas feromonas—. ¡Issei-san, sálvame!
En ese momento, la puerta principal se abrió de par en par. Rias Gremory, la heredera de la casa Gremory y líder del club, entró con paso firme.
—¿Qué es todo este alboroto? Los gritos se escuchan desde el pasillo y... —Rias se detuvo.
El impacto de las feromonas en Rias fue el más potente de todos. Como un demonio de clase alta con una sangre poderosa, sus sentidos estaban mucho más desarrollados. El aroma de Gasper la golpeó como un mazo de puro deseo. Sus pupilas se dilataron instantáneamente hasta que casi no quedó rastro del color azul de sus ojos, y un rubor carmesí, idéntico al color de su cabello, cubrió su cuello y rostro.
—Esto... esto es... —Rias se tambaleó, apoyándose en el marco de la puerta. Sus piernas se sentían como gelatina, pero su mente gritaba por acercarse a la fuente de ese olor—. Gasper... Vladi...
Rias caminó hacia el grupo, ignorando las miradas posesivas de Akeno y la confusión lasciva de Asia. Como la "Ama" de la casa, su instinto de propiedad se disparó.
—Akeno, Asia... apártense —ordenó Rias. Su voz no era la de una líder autoritaria, sino la de una mujer consumida por la necesidad—. Gasper es mi siervo... y yo debo encargarme de esto personalmente.
—Oh, Rias... —Akeno se giró, desafiante, algo que nunca haría en condiciones normales—. No creo que el rango importe mucho ahora. Mi cuerpo me duele de lo mucho que lo desea. No voy a dejar que te lo quedes todo para ti.
—¡Yo también quiero estar con Gasper-san! —exclamó Asia, abrazando una de las piernas de Gasper, quien lloriqueaba desesperado—. ¡Se siente tan cálido y huele tan dulce!
Gasper estaba atrapado. Rias se arrodilló frente a él, tomándolo por la barbilla con una delicadeza que ocultaba una fuerza tremenda. La pelirroja se acercó tanto que Gasper podía sentir el aliento caliente de su ama sobre sus labios.
—Gasper... —susurró Rias, sus ojos fijos en los del chico—. No sé qué has hecho, pero me estás volviendo loca. Como tu dueña, exijo que me ayudes a calmar este fuego... ahora mismo.
—¡P-Pero Rias-buchou! ¡Soy yo, Gasper! —el pobre chico estaba al borde del colapso—. ¡Es solo un estornudo! ¡Por favor, recuperen el juicio!
Rias no escuchaba. Se inclinó y comenzó a lamer el lóbulo de la oreja de Gasper, soltando un gemido de satisfacción al sentir el aroma directamente de la piel del chico. Akeno, por su parte, aprovechó para deslizar sus manos por los hombros de Gasper, masajeándolos con una insistencia pecaminosa, mientras Asia se acurrucaba contra su pecho, frotando su mejilla contra la tela de su ropa.
—Es tan suave... —decía Asia, con los ojos entrecerrados.
—Y tan pequeño... —añadía Akeno, mordisqueando su propio labio—. Me dan ganas de romperlo un poquito, solo para ver qué cara pone.
—Es mío —sentenció Rias, pasando sus manos por debajo de la camisa de Gasper, buscando el contacto directo con su piel—. Todo este aroma... toda esta esencia... es de la familia Gremory.
El caos era total. Gasper estaba siendo asediado por las tres mujeres más poderosas y hermosas del club, quienes habían perdido toda inhibición debido a las feromonas químicas que su cuerpo seguía expulsando sin control.
—¡Issei-saaaaaaan! —gritó Gasper por última vez, esperando que su senpai llegara para salvarlo de lo que prometía ser una tarde de "juegos" extremadamente intensos y agotadores.
Sin embargo, en el pasillo, Issei Hyoudou acababa de llegar a la puerta. Al poner la mano en el pomo, olisqueó el aire.
—¿Eh? ¿A qué huele tan bien? —dijo Issei, sintiendo cómo su *Boosted Gear* comenzaba a reaccionar por sí solo—. Un segundo... este olor... ¡es el paraíso!
Issei abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que estaba a punto de entrar en una habitación donde las jerarquías habían desaparecido y donde Gasper, muy a su pesar, se había convertido en el centro de un torbellino de lujuria incontrolable.
—¡Chicas, ya llegué! —anunció Issei, pero sus palabras se perdieron cuando vio a Rias, Akeno y Asia abalanzadas sobre un Gasper que parecía un conejo asustado entre tres leonas hambrientas.
El aroma golpeó a Issei con la fuerza de un camión. Pero a diferencia de las chicas, su reacción fue de pura camaradería pervertida antes de darse cuenta de que él también estaba empezando a ver a Gasper de una forma... extrañamente atractiva.
—Gasper... —dijo Issei, con un hilo de baba escapando de su boca—. No sé qué perfume usas, pero... ¡dame un abrazo, hermano!
—¡NOOOOOO! —el grito de Gasper resonó en toda la academia, mientras la puerta del club se cerraba, dejando tras de sí un ambiente cargado de feromonas, risas traviesas y suspiros de deseo que no se detendrían en mucho tiempo.
