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Joonham smut
Fandom: Navy
Creado: 21/6/2026
Etiquetas
RomanceDramaAngustiaPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Lenguaje ExplícitoCelosAmbientación Canon
𝓣𝓱𝓮 𝓛𝓪𝓼𝓽 𝓝𝓲𝓰𝓱𝓽 𝓲𝓷 𝓑𝓮𝓲𝓳𝓲𝓷𝓰
—Cierra la maldita puerta, Baham —gruñó Joon, su voz saliendo más ronca de lo normal debido al cansancio del tour.
El líder de S—SIDE estaba apoyado contra el escritorio del hotel en Pekín, con la corbata deshecha y el sudor aún pegado a su cuello después del concierto de esa noche. Baham, con esa elegancia natural que siempre lo hacía parecer un príncipe de un drama histórico, obedeció. El sonido del cerrojo hizo que la tensión en la habitación subiera mil grados de golpe.
Eran finales de 2021, la era *Tragic* estaba en su punto más alto y el ambiente entre ellos era cualquier cosa menos profesional.
—¿Estás de mal humor porque me voy, líder? —preguntó Baham con una sonrisa ladeada, acercándose con pasos lentos.
Joon soltó una risa amarga y se dio la vuelta para encararlo. Joon medía 1,90 cm, lo que le daba una ventaja física imponente, pero Baham, con sus 1,88 cm y esa mirada de "me importa una mierda todo", nunca se dejaba amedrentar.
—Sabes que esto es una jodida mierda —dijo Joon, agarrando a Baham por las solapas de su chaqueta de cuero—. Te vas a actuar, te vas a China, y nos dejas aquí. Me dejas aquí.
—No seas dramático, Joonho —susurró Baham, pegando su cuerpo al del mayor—. Todavía soy tuyo esta noche.
Joon no esperó más. Estrelló sus labios contra los de Baham en un beso que sabía a desesperación y a posesión. No era un beso dulce; era una pelea de lenguas, un choque de dientes que buscaba marcar territorio. Joon era el **top** y no pensaba dejar que Baham olvidara quién mandaba antes de que cruzara la frontera.
—Maldita sea... —gemido Baham cuando Joon bajó sus manos a su trasero, apretándolo con fuerza sobre los pantalones de cuero ajustados—. Vas a romperme la ropa, idiota.
—Te la voy a quitar de todas formas —respondió Joon contra su cuello, dejando una marca roja y violenta justo encima de la clavícula—. Quiero que mañana, cuando estés en el set de grabación, todos vean que estuviste conmigo.
Joon empujó a Baham hacia la cama king size. El visual del grupo cayó de espaldas, su cabello oscuro desparramado sobre las sábanas blancas. Se veía jodidamente perfecto, como una obra de arte que Joon tenía el privilegio de destruir.
—Ponte de rodillas —ordenó Joon mientras se desabrochaba el cinturón con manos temblorosas por la urgencia.
Baham lo miró con esos ojos felinos, desafiante por un segundo, antes de obedecer. Se deslizó fuera de la cama y se arrodilló frente al líder. Sus dedos largos y finos, esos que las fans adoraban en los zooms de las cámaras, desabrocharon el pantalón de Joon con una lentitud tortuosa.
—Eres un maldito enfermo, ¿lo sabías? —masculló Baham antes de sacar el miembro ya endurecido de Joon de su ropa interior.
—Cállate y úsala —gruñó el líder.
Baham envolvió su mano alrededor de él y comenzó a lamer la punta, mirando a Joon a los ojos. El contraste entre la piel pálida de Baham y la oscuridad de la habitación era demasiado. Joon soltó un insulto en inglés, algo que solía hacer cuando perdía el control.
—*Holy shit, Baham...* —Joon hundió sus dedos en el cabello del menor, forzándolo a ir más profundo—. Así, maldita sea. Más profundo.
El sonido de la succión llenaba la habitación silenciosa. Baham era experto en esto; sabía exactamente cuánta presión usar y cómo mover la lengua para hacer que Joon perdiera la cabeza. El líder sentía que se iba a correr en cualquier momento, pero no quería que terminara tan rápido. Necesitaba sentir a Baham de verdad.
—Basta —dijo Joon, tirando de él hacia arriba—. A la cama. Ahora.
Baham se dejó caer de nuevo, esta vez desnudándose con rapidez. Joon hizo lo mismo, lanzando su ropa a cualquier rincón. Se posicionó entre las piernas de Baham, admirando el cuerpo delgado pero tonificado del actor.
—Usa los dedos primero —pidió Baham, su respiración agitándose—. Estoy... estoy muy apretado.
Joon no perdió tiempo. Llevó su mano a la boca de Baham, quien chupó sus dedos índice y corazón de inmediato, lubricándolos con su propia saliva. Joon los retiró y los llevó a la entrada de Baham, que se contrajo al primer contacto.
—Relájate, precioso —susurró Joon al oído de Baham, mientras empujaba un dedo dentro—. Si no te relajas, te va a doler, y no quiero que llores... a menos que sea de placer.
—Jódete —jadeó Baham, arqueando la espalda cuando Joon metió el segundo dedo y empezó a moverlos en un gancho, buscando ese punto que lo hacía volverse loco.
—¿Aquí? —preguntó Joon con malicia, aumentando el ritmo.
—¡Ah! Sí... ahí, maldita sea... Joonho... —Baham empezó a masturbarse él mismo, incapaz de aguantar la estimulación doble.
Joon añadió un tercer dedo, estirándolo con paciencia pero con una firmeza que dejaba claro quién tenía el control. Baham estaba empapado en sudor, su rostro rojo y sus ojos nublados. Era la imagen de la perdición.
—Ya... ponlo ya —suplicó Baham, separando más sus piernas y rodeando la cintura de Joon con ellas—. Quiero sentirte dentro.
Joon se posicionó, apoyando el peso de su cuerpo sobre sus brazos. Miró a Baham una última vez, viendo al chico con el que había compartido años de entrenamiento, de miedos y de éxitos. La idea de que se fuera a China le quemaba el pecho.
—Eres mío, ZhanWei —declaró Joon antes de empujar de un solo golpe, llenándolo por completo.
—¡Mierda! —gritó Baham, clavando las uñas en los hombros de Joon—. ¡Hijo de puta, despacio!
Joon se quedó quieto un momento, dejando que Baham se acostumbrara a su tamaño. El interior del menor estaba ardiendo y lo apretaba de una forma que lo hacía querer perder el sentido. Cuando Baham empezó a mover las caderas hacia arriba, pidiendo más, Joon comenzó el movimiento.
Las estocadas eran fuertes y rítmicas. El sonido de sus cuerpos chocando era lo único que se escuchaba aparte de los gemidos roncos de Baham. Joon lo agarró de las muñecas, inmovilizándolo contra el colchón mientras lo embestía con una fuerza bruta, casi animal.
—No te vas a olvidar de esto —dijo Joon entre dientes, sudando sobre el pecho de Baham—. Cada vez que un actor intente tocarte en esos estúpidos dramas, vas a recordar cómo te sientes ahora.
—Solo... cállate y sigue —respondió Baham, con la voz rota—. ¡Más fuerte!
Joon obedeció, golpeando el fondo de Baham una y otra vez. El placer era tan intenso que Baham sentía que se iba a desmayar. Sus dedos se entrelazaron con los de Joon, buscando un ancla en medio de la tormenta de sensaciones.
—Me voy a correr... Joon, me voy a... —Baham no pudo terminar la frase. Su cuerpo se tensó violentamente y se corrió sobre su propio abdomen y el de Joon, sus músculos internos apretando el miembro del líder en un espasmo delicioso.
Joon soltó un último gruñido, dando tres estocadas finales y profundas antes de soltarse dentro de él, llenándolo con su calor. Se desplomó sobre Baham, ambos respirando como si hubieran corrido un maratón.
El silencio volvió a la habitación, pero esta vez era un silencio pesado, cargado de la melancolía de lo que vendría después.
—¿De verdad tienes que irte? —preguntó Joon después de unos minutos, su voz ahora suave, casi vulnerable.
Baham acarició el cabello húmedo del líder, mirando hacia el techo.
—Tengo que hacerlo, Joonho. Es mi carrera. Pero... —Baham se giró para besarle la mejilla— nadie me va a follar como tú lo haces.
Joon soltó una risa seca y lo abrazó más fuerte.
—Más te vale, porque si me entero de que alguien pone un dedo sobre ti en Pekín, voy a tomar el primer avión y voy a quemar el set de grabación.
—Lo sé —sonrió Baham—. Eres un celoso de mierda.
Se quedaron así, abrazados en la oscuridad de la habitación de hotel, sabiendo que a la mañana siguiente todo cambiaría, pero que esa noche, en ese rincón de China, solo existían ellos dos. Navy podía esperar, el mundo podía esperar; ellos solo necesitaban ese último rastro de sudor y pecado para sobrevivir a la distancia.
El líder de S—SIDE estaba apoyado contra el escritorio del hotel en Pekín, con la corbata deshecha y el sudor aún pegado a su cuello después del concierto de esa noche. Baham, con esa elegancia natural que siempre lo hacía parecer un príncipe de un drama histórico, obedeció. El sonido del cerrojo hizo que la tensión en la habitación subiera mil grados de golpe.
Eran finales de 2021, la era *Tragic* estaba en su punto más alto y el ambiente entre ellos era cualquier cosa menos profesional.
—¿Estás de mal humor porque me voy, líder? —preguntó Baham con una sonrisa ladeada, acercándose con pasos lentos.
Joon soltó una risa amarga y se dio la vuelta para encararlo. Joon medía 1,90 cm, lo que le daba una ventaja física imponente, pero Baham, con sus 1,88 cm y esa mirada de "me importa una mierda todo", nunca se dejaba amedrentar.
—Sabes que esto es una jodida mierda —dijo Joon, agarrando a Baham por las solapas de su chaqueta de cuero—. Te vas a actuar, te vas a China, y nos dejas aquí. Me dejas aquí.
—No seas dramático, Joonho —susurró Baham, pegando su cuerpo al del mayor—. Todavía soy tuyo esta noche.
Joon no esperó más. Estrelló sus labios contra los de Baham en un beso que sabía a desesperación y a posesión. No era un beso dulce; era una pelea de lenguas, un choque de dientes que buscaba marcar territorio. Joon era el **top** y no pensaba dejar que Baham olvidara quién mandaba antes de que cruzara la frontera.
—Maldita sea... —gemido Baham cuando Joon bajó sus manos a su trasero, apretándolo con fuerza sobre los pantalones de cuero ajustados—. Vas a romperme la ropa, idiota.
—Te la voy a quitar de todas formas —respondió Joon contra su cuello, dejando una marca roja y violenta justo encima de la clavícula—. Quiero que mañana, cuando estés en el set de grabación, todos vean que estuviste conmigo.
Joon empujó a Baham hacia la cama king size. El visual del grupo cayó de espaldas, su cabello oscuro desparramado sobre las sábanas blancas. Se veía jodidamente perfecto, como una obra de arte que Joon tenía el privilegio de destruir.
—Ponte de rodillas —ordenó Joon mientras se desabrochaba el cinturón con manos temblorosas por la urgencia.
Baham lo miró con esos ojos felinos, desafiante por un segundo, antes de obedecer. Se deslizó fuera de la cama y se arrodilló frente al líder. Sus dedos largos y finos, esos que las fans adoraban en los zooms de las cámaras, desabrocharon el pantalón de Joon con una lentitud tortuosa.
—Eres un maldito enfermo, ¿lo sabías? —masculló Baham antes de sacar el miembro ya endurecido de Joon de su ropa interior.
—Cállate y úsala —gruñó el líder.
Baham envolvió su mano alrededor de él y comenzó a lamer la punta, mirando a Joon a los ojos. El contraste entre la piel pálida de Baham y la oscuridad de la habitación era demasiado. Joon soltó un insulto en inglés, algo que solía hacer cuando perdía el control.
—*Holy shit, Baham...* —Joon hundió sus dedos en el cabello del menor, forzándolo a ir más profundo—. Así, maldita sea. Más profundo.
El sonido de la succión llenaba la habitación silenciosa. Baham era experto en esto; sabía exactamente cuánta presión usar y cómo mover la lengua para hacer que Joon perdiera la cabeza. El líder sentía que se iba a correr en cualquier momento, pero no quería que terminara tan rápido. Necesitaba sentir a Baham de verdad.
—Basta —dijo Joon, tirando de él hacia arriba—. A la cama. Ahora.
Baham se dejó caer de nuevo, esta vez desnudándose con rapidez. Joon hizo lo mismo, lanzando su ropa a cualquier rincón. Se posicionó entre las piernas de Baham, admirando el cuerpo delgado pero tonificado del actor.
—Usa los dedos primero —pidió Baham, su respiración agitándose—. Estoy... estoy muy apretado.
Joon no perdió tiempo. Llevó su mano a la boca de Baham, quien chupó sus dedos índice y corazón de inmediato, lubricándolos con su propia saliva. Joon los retiró y los llevó a la entrada de Baham, que se contrajo al primer contacto.
—Relájate, precioso —susurró Joon al oído de Baham, mientras empujaba un dedo dentro—. Si no te relajas, te va a doler, y no quiero que llores... a menos que sea de placer.
—Jódete —jadeó Baham, arqueando la espalda cuando Joon metió el segundo dedo y empezó a moverlos en un gancho, buscando ese punto que lo hacía volverse loco.
—¿Aquí? —preguntó Joon con malicia, aumentando el ritmo.
—¡Ah! Sí... ahí, maldita sea... Joonho... —Baham empezó a masturbarse él mismo, incapaz de aguantar la estimulación doble.
Joon añadió un tercer dedo, estirándolo con paciencia pero con una firmeza que dejaba claro quién tenía el control. Baham estaba empapado en sudor, su rostro rojo y sus ojos nublados. Era la imagen de la perdición.
—Ya... ponlo ya —suplicó Baham, separando más sus piernas y rodeando la cintura de Joon con ellas—. Quiero sentirte dentro.
Joon se posicionó, apoyando el peso de su cuerpo sobre sus brazos. Miró a Baham una última vez, viendo al chico con el que había compartido años de entrenamiento, de miedos y de éxitos. La idea de que se fuera a China le quemaba el pecho.
—Eres mío, ZhanWei —declaró Joon antes de empujar de un solo golpe, llenándolo por completo.
—¡Mierda! —gritó Baham, clavando las uñas en los hombros de Joon—. ¡Hijo de puta, despacio!
Joon se quedó quieto un momento, dejando que Baham se acostumbrara a su tamaño. El interior del menor estaba ardiendo y lo apretaba de una forma que lo hacía querer perder el sentido. Cuando Baham empezó a mover las caderas hacia arriba, pidiendo más, Joon comenzó el movimiento.
Las estocadas eran fuertes y rítmicas. El sonido de sus cuerpos chocando era lo único que se escuchaba aparte de los gemidos roncos de Baham. Joon lo agarró de las muñecas, inmovilizándolo contra el colchón mientras lo embestía con una fuerza bruta, casi animal.
—No te vas a olvidar de esto —dijo Joon entre dientes, sudando sobre el pecho de Baham—. Cada vez que un actor intente tocarte en esos estúpidos dramas, vas a recordar cómo te sientes ahora.
—Solo... cállate y sigue —respondió Baham, con la voz rota—. ¡Más fuerte!
Joon obedeció, golpeando el fondo de Baham una y otra vez. El placer era tan intenso que Baham sentía que se iba a desmayar. Sus dedos se entrelazaron con los de Joon, buscando un ancla en medio de la tormenta de sensaciones.
—Me voy a correr... Joon, me voy a... —Baham no pudo terminar la frase. Su cuerpo se tensó violentamente y se corrió sobre su propio abdomen y el de Joon, sus músculos internos apretando el miembro del líder en un espasmo delicioso.
Joon soltó un último gruñido, dando tres estocadas finales y profundas antes de soltarse dentro de él, llenándolo con su calor. Se desplomó sobre Baham, ambos respirando como si hubieran corrido un maratón.
El silencio volvió a la habitación, pero esta vez era un silencio pesado, cargado de la melancolía de lo que vendría después.
—¿De verdad tienes que irte? —preguntó Joon después de unos minutos, su voz ahora suave, casi vulnerable.
Baham acarició el cabello húmedo del líder, mirando hacia el techo.
—Tengo que hacerlo, Joonho. Es mi carrera. Pero... —Baham se giró para besarle la mejilla— nadie me va a follar como tú lo haces.
Joon soltó una risa seca y lo abrazó más fuerte.
—Más te vale, porque si me entero de que alguien pone un dedo sobre ti en Pekín, voy a tomar el primer avión y voy a quemar el set de grabación.
—Lo sé —sonrió Baham—. Eres un celoso de mierda.
Se quedaron así, abrazados en la oscuridad de la habitación de hotel, sabiendo que a la mañana siguiente todo cambiaría, pero que esa noche, en ese rincón de China, solo existían ellos dos. Navy podía esperar, el mundo podía esperar; ellos solo necesitaban ese último rastro de sudor y pecado para sobrevivir a la distancia.
