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Joonham

Fandom: Navy

Creado: 21/6/2026

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𝓓𝓲𝓻𝓽𝔂 𝓖𝓪𝓶𝓮𝓼 𝓲𝓷 𝓽𝓱𝓮 𝓓𝓪𝓻𝓴 𝓑𝓵𝓾𝓮

La luz de neón azul parpadeaba rítmicamente contra las paredes de la habitación del hotel en Seúl, tiñendo todo de una atmósfera densa, casi asfixiante, muy al estilo de las escenas más crudas de Euphoria. El aire olía a perfume caro, sudor y a esa tensión eléctrica que solo existía entre ellos dos cuando las cámaras se apagaban. Era mayo de 2021, la era de "DUN DUN" estaba en su apogeo, y con ella, la adrenalina de ser los reyes del trap coreano les estaba quemando las venas.

Zhanwei estaba sentado en el borde de la cama, quitándose lentamente las botas pesadas de la presentación. Tenía el cabello oscuro ligeramente húmedo y la mirada perdida en el vacío. Joonho, por otro lado, no podía quedarse quieto. Caminaba por la habitación con esa energía errática que lo caracterizaba, todavía con el arnés de cuero sobre la camisa blanca desabrochada.

—Te vi, ¿sabes? —soltó Joonho de repente, rompiendo el silencio con una risa amarga que no llegaba a sus ojos—. Te vi riéndote con ese actor de reparto en el backstage. ¿Cómo se llamaba? ¿Minho? Qué nombre tan jodidamente genérico.

Zhanwei suspiró, echando la cabeza hacia atrás. Sabía a qué jugaba Joonho. Era su dinámica favorita: el celo, la posesión, el recordarle al otro a quién pertenecía realmente.

—Era solo un colega de mi época de dramas, Joonho. No seas un maldito crío —respondió Zhanwei, aunque una pequeña sonrisa de suficiencia curvó sus labios—. Además, ¿quién eres tú para hablar? Te vi lamiéndole el cuello a esa bailarina durante el ensayo de "THE BADDEST". Y ni hablemos de cómo le guiñaste el ojo a ese rapero de la otra empresa en la alfombra roja. Eres una puta coqueta, Joonho. Te gusta que todos te miren.

Joonho se detuvo en seco y caminó hacia él con pasos lentos y depredadores. Se detuvo justo frente a Zhanwei, obligándolo a levantar la vista. Joonho era imponente, su 1,90 de altura lo hacía ver como una torre de puro deseo y arrogancia.

—Me encanta que me miren, Zhanwei. Me encanta saber que todo el maldito mundo me desea, pero que solo tú puedes tenerme —susurró, agarrando el mentón de Zhanwei con fuerza—. Pero me jode que tú les des aunque sea un segundo de tu atención. Eres mío. Mi visual, mi chico, mi maldito todo.

—Pruébalo —desafió Zhanwei, levantándose para quedar a escasos centímetros de su rostro.

La tensión estalló. Joonho no esperó ni un segundo más para estampar sus labios contra los de Zhanwei en un beso que sabía a desesperación y a una posesión tóxica que ambos disfrutaban secretamente. No era un beso tierno; era una lucha de lenguas, un intercambio de mordiscos que buscaban marcar territorio. Joonho era claramente el **Top** en esta danza caótica, y Zhanwei, a pesar de su elegancia y su porte serio, se derretía bajo el toque de su líder, aceptando su rol de **Bottom** con una sumisión que solo mostraba entre esas cuatro paredes.

—Jodido imbécil... —jadeó Zhanwei cuando se separaron mínimamente, solo para que Joonho comenzara a lamer y morder su cuello, justo encima de la clavícula.

—Tu imbécil —gruñó Joonho contra su piel—. Vas a pedirme perdón por dejar que ese tipo te tocara el brazo.

Joonho empujó a Zhanwei hacia atrás, tirándolo sobre el edredón desordenado. Sin perder tiempo, se deshizo de su propio arnés y de la camisa, dejando al descubierto su pecho firme y sudado. Se subió encima de Zhanwei, atrapando sus manos por encima de su cabeza con una sola mano, mientras con la otra comenzaba a desabrochar el cinturón del pantalón del chico chino.

—Joonho, espera... —intentó decir Zhanwei, pero fue interrumpido por un dedo de Joonho que entró directamente en su boca.

—Chupa, Zhanwei. Hazlo bien —ordenó con voz ronca.

Zhanwei cerró los ojos y obedeció, succionando los dedos de Joonho con una lascivia que hizo que el mayor soltara un gemido bajo. La saliva mojaba los dedos de Joonho mientras Zhanwei lo miraba con ojos nublados por el deseo, una mezcla de inocencia perdida y depravación que volvía loco a Joonho.

Cuando Joonho retiró los dedos, estaban brillantes y empapados. Sin mediar palabra, bajó los pantalones de Zhanwei junto con su ropa interior, dejando su hombría expuesta y palpitante. Joonho no fue directo al grano; le gustaba torturarlo. Empezó a lamer la cara interna de los muslos de Zhanwei, subiendo lentamente, dejando un rastro de humedad que se enfriaba con el aire acondicionado de la habitación.

—Maldita sea, Joonho... no juegues —suplicó Zhanwei, arqueando la espalda cuando sintió la lengua de su novio rodear su glande.

Joonho lo ignoró y comenzó a practicarle sexo oral con una destreza que delataba cuántas veces habían hecho esto. Los sonidos de succión llenaban el cuarto, mezclándose con los gemidos ahogados de Zhanwei, quien se retorcía bajo él. Joonho usaba sus manos para masajear las bolas de Zhanwei mientras su boca trabajaba rítmicamente, llevándolo al borde del abismo.

—Vas a correrte para mí, ¿verdad? —preguntó Joonho, deteniéndose justo antes del clímax de Zhanwei, mirándolo con una sonrisa maliciosa.

—¡No te detengas, joder! —gritó Zhanwei, frustrado, intentando empujarlo hacia abajo de nuevo.

—Pídeme perdón. Di que eres mi puta —insistió Joonho, sus ojos brillando con esa intensidad maníaca que Zhanwei tanto amaba y odiaba a la vez.

—Perdón... soy tu puta, Joonho. Solo tuya —sollozó Zhanwei, completamente quebrado por la necesidad.

Satisfecho, Joonho volvió a lo suyo, pero esta vez con más intensidad, hasta que Zhanwei se corrió con un grito sordo, manchando el abdomen de Joonho y las sábanas. Zhanwei quedó jadeando, con la mirada perdida en el techo, pero Joonho aún no había terminado.

—Ahora es mi turno —dijo Joonho, dándole la vuelta a Zhanwei para que quedara a cuatro patas sobre la cama.

Zhanwei sintió los dedos de Joonho, lubricados con su propia corrida, entrar bruscamente en su interior. Soltó un gemido que fue mitad dolor y mitad placer puro. Joonho añadió un segundo y luego un tercer dedo, ensanchándolo, preparándolo para lo que venía. El movimiento era rápido, casi violento, reflejando la toxicidad de su relación: siempre al límite, siempre buscando el impacto.

—Estás tan apretado, Zhanwei... me encanta cómo te transformas cuando estamos solos —susurró Joonho al oído del menor, mordiéndole el lóbulo antes de sacar los dedos y posicionarse.

Joonho entró de una sola estocada, llenando a Zhanwei por completo. El grito de Zhanwei fue ah
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