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Marvel DC Boys

Fandom: Marvel DC Boys

Creado: 22/6/2026

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El Firmamento de los Tres Soles

El aire no debería saber a ozono y cenizas, pensó Billy Butcher mientras abría los ojos con dificultad. Lo último que recordaba era el brillo cegador de una anomalía en un laboratorio de Vought, una de esas chapuzas experimentales que Homelander había decidido ignorar. Ahora, el suelo bajo sus botas no era cemento, sino una arena de color violeta que crujía como cristal roto.

Se puso en pie, sacudiendo el polvo de su gabardina negra. Al levantar la vista, el aliento se le quedó atrapado en la garganta. El cielo no era azul, ni negro, ni tenía una sola luna. Era un lienzo de colores imposibles donde tres planetas masivos colgaban en el vacío, tan cerca que podía ver las cordilleras y los océanos de cada uno. Pero lo más extraño no era su proximidad, sino la tensión que se sentía en el ambiente: los planetas parecían repelarse magnéticamente, suspendidos en un equilibrio precario, como si el universo mismo hubiera decidido que ninguno de esos mundos debía tocar jamás al otro.

—¿Dónde demonios estoy? —gruñó Butcher, buscando instintivamente su frasco de Compuesto V temporal en el bolsillo interior.

—En un lugar donde tus insultos no tienen jurisdicción, supongo.

Butcher se giró rápidamente. A unos pocos metros, apoyado contra una formación rocosa que brillaba con luz propia, se encontraba un hombre envuelto en una capa roja que ondeaba a pesar de que no soplaba ni una pizca de viento. El símbolo del pecho, esa "S" que Butcher tanto despreciaba en su propio mundo, brillaba con una nobleza que le dio náuseas.

—Genial —escupió Butcher—, otro "supe" con capa. ¿Qué pasa, te has perdido de camino a salvar un gatito de un árbol?

Superman, el Hombre de Acero, lo observó con una mezcla de curiosidad y cautela. Sus ojos azules no mostraban la arrogancia psicópata de Homelander, sino una profunda preocupación.

—No sé quién eres, pero detecto una hostilidad en tu ritmo cardíaco que no es saludable —dijo Clark Kent con calma—. Y para tu información, no sé cómo he llegado aquí. Estaba patrullando Metrópolis cuando el cielo se rasgó.

—Sí, bueno, únete al club de los desorientados —respondió Butcher, escrutando el horizonte.

De repente, un destello rojo y azul cruzó el cielo a una velocidad que hizo que la arena violeta se elevara en remolinos. Un joven aterrizó con una agilidad asombrosa, lanzando una red de seda hacia una roca para frenar su impulso.

—¡Chicos! ¡Díganme que esto es una convención de cosplay muy extraña y que no me han teletransportado a otro sistema solar! —exclamó Peter Parker, ajustándose la máscara de Spider-Man—. Porque mi sentido arácnido está vibrando tanto que creo que se me va a derretir el cerebro.

Butcher soltó una carcajada seca y amarga.

—Un boy scout de azul, un mocoso en mallas y yo. Esto empieza a parecer un mal chiste de bar.

Superman ignoró el comentario de Butcher y se acercó al joven héroe.

—Tranquilo, hijo. Parece que estamos en una zona de convergencia. Mira hacia arriba.

Peter miró los tres planetas que dominaban el firmamento.

—Esos... esos son nuestros mundos, ¿verdad? —preguntó Peter con voz temblorosa—. Reconozco ese continente en el planeta de la izquierda. Es Nueva York, o al menos parte de ella.

—Y el de la derecha parece ser mi Tierra —añadió Clark, entrecerrando los ojos—. Pero hay un tercero. Uno que emite una energía... inestable.

Butcher dio un paso al frente, entornando los ojos hacia el tercer planeta, que vibraba con una luz dorada y enfermiza.

—Ese debe de ser el mío —dijo Butcher—. Lleno de tipos con mallas que se creen dioses y corporaciones que venden su propia madre por un punto en la bolsa.

—¿Por qué no se chocan? —preguntó Peter, acercándose al borde de un precipicio que daba a un vacío infinito—. Están tan cerca que la gravedad debería estar despedazándolos.

—Porque algo, o alguien, los mantiene separados —intervino una voz nueva, profunda y cargada de autoridad.

De las sombras de un cráter cercano emergió Batman. Su armadura estaba cubierta de un polvo fino, pero su postura era tan imponente como siempre. No parecía sorprendido; parecía estar analizando una ecuación matemática compleja.

—Bruce —dijo Superman, aliviado.

—Clark. No intentes volar hacia ellos —advirtió Batman de inmediato—. Hay una barrera de energía cuántica entre los planetas. Si intentas cruzarla, la fricción molecular te desintegraría antes de que llegaras a la atmósfera.

Butcher se cruzó de brazos, mirando al Caballero Oscuro con desprecio.

—Otro disfrazado. ¿Es que en vuestros mundos regalan las capas con el desayuno?

Batman clavó su mirada en Butcher. No necesitó superpoderes para que Billy sintiera un escalofrío.

—Tú hueles a sangre y a químicos —dijo Batman con frialdad—. No eres un héroe. Pero tampoco pareces trabajar para los que causaron esto.

—Yo no trabajo para nadie, Batman —respondió Butcher con un veneno especial en el nombre—. Solo me dedico a limpiar la basura que dejan los tipos como vosotros.

—Oigan, oigan —intervino Spider-Man, levantando las manos—, ¿podemos dejar de medirnos las capas un segundo? Esos planetas se están alejando.

Era cierto. El delicado equilibrio se estaba rompiendo, pero no hacia una colisión, sino hacia una separación violenta. Los planetas comenzaron a vibrar, y el suelo bajo sus pies empezó a agrietarse.

—La convergencia está terminando —explicó Batman, consultando un dispositivo en su muñeca—. Si no encontramos una forma de anclarnos a nuestras respectivas realidades, nos quedaremos atrapados en este "espacio entre espacios" para siempre.

—¿Y cómo lo hacemos, genio? —preguntó Butcher, sacando finalmente el frasco de V24—. Porque no pienso morir en un planeta de color púrpura con un grupo de tipos que usan los calzoncillos por fuera.

Superman aterrizó suavemente junto a ellos.

—Siento una fuente de energía debajo de nosotros. En el núcleo de este planetoide. Es lo que está alimentando la barrera.

—Si la sobrecargamos, la explosión podría actuar como un muelle —sugirió Peter, captando la idea—. Nos lanzaría de vuelta a nuestras coordenadas originales.

—O podría borrarnos de la existencia —añadió Batman—. Es un riesgo del cincuenta por ciento.

Butcher destapó el frasco y se bebió el contenido de un trago. Sus ojos empezaron a brillar con un tono amarillento y sus venas se marcaron en su cuello.

—Me gustan esas probabilidades —dijo Butcher, sonriendo con ferocidad—. Vamos a romper algo.

El grupo se dirigió hacia una grieta que conducía a las profundidades del planetoide. A medida que descendían, la realidad misma parecía distorsionarse. Peter veía versiones alternativas de sí mismo en las paredes de cristal; Superman escuchaba ecos de conversaciones de un mundo que ya no existía.

—Este lugar es un nexo —murmuró Batman—. No es solo un planeta, es una cicatriz en el tejido del multiverso.

Finalmente, llegaron a una cámara inmensa donde un orbe de luz pura pulsaba con un ritmo frenético. Tres rayos de energía salían del orbe, conectando con los planetas en el cielo.

—Allí está —dijo Superman—. Si golpeamos el orbe con suficiente fuerza simultánea, romperemos el ancla.

—Yo me encargo de la precisión —dijo Spider-Man, preparando sus disparadores de telaraña cargados con energía estática.

—Yo del impacto cinético —añadió Clark, apretando los puños.

Batman preparó una carga de disrupción térmica.

—¿Y tú, Butcher? —preguntó Batman.

Billy sintió el poder del V24 recorriendo su cuerpo. El dolor era insoportable, pero la fuerza era embriagadora.

—Yo simplemente voy a descargar toda la rabia que le tengo a este universo de mierda —respondió Butcher.

—A la de tres —ordenó Superman.

—Uno.

Spider-Man se tensó, sus músculos listos para el salto.

—Dos.

Batman activó el detonador. Butcher sintió que sus ojos se calentaban, listos para disparar ráfagas de calor.

—¡Tres!

El estallido fue ensordecedor. Superman golpeó el orbe con la fuerza de una estrella colapsando. Spider-Man lanzó una red de energía que canalizó la vibración. Batman detonó su carga en el punto de falla estructural. Y Butcher... Butcher liberó un grito primitivo mientras sus rayos láser impactaban en el centro del orbe, mezclando su furia con la energía pura del nexo.

Por un instante, el tiempo se detuvo. Los tres planetas en el cielo brillaron con una intensidad insoportable. Butcher vio a Superman mirarlo una última vez, no con desprecio, sino con una extraña lástima. Spider-Man saludó con la mano antes de desvanecerse en un píxel de luz. Batman simplemente cerró los ojos, aceptando el destino.

Entonces, el vacío los reclamó.

Butcher sintió que caía a través de capas de cristal roto. El olor a ozono desapareció, reemplazado por el olor a lluvia sucia y alcantarilla. El golpe contra el suelo fue duro, rompiéndole un par de costillas a pesar del V24 que aún corría por sus venas.

Se levantó con dificultad, tosiendo sangre. Estaba en un callejón oscuro de Nueva York. Pero no la Nueva York brillante que había visto en los ojos del chico araña. Esta era su Nueva York. Gris, cínica y bajo la sombra de la Torre Vought.

Se tocó la cara y sintió que el efecto del V24 empezaba a remitir, dejándolo con el habitual vacío y las náuseas. Miró hacia el cielo. Las estrellas volvían a ser puntos distantes y solitarios. No había tres planetas. No había capas rojas.

—Maldita sea —susurró Butcher, sacando un cigarrillo arrugado de su bolsillo y encendiéndolo con manos temblorosas—. Casi llego a extrañar al boy scout.

Caminó hacia la salida del callejón, desapareciendo en la niebla de la ciudad. El multiverso se había cerrado de nuevo, pero Butcher sabía que, en algún lugar allá afuera, el equilibrio seguía siendo frágil. Y la próxima vez que los mundos se tocaran, no estaría allí para salvarlos, sino para asegurarse de que los "supes", sin importar de qué universo vinieran, pagaran la cuenta.
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