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Marvel DC Boys

Fandom: Marvel DC Boys

Creado: 22/6/2026

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El Triángulo de la Convergencia

El cielo de la Tierra-616 dejó de ser azul al mediodía. No hubo una explosión, ni un estruendo que sacudiera los cimientos del mundo; solo un silencio sepulcral que enfrió la atmósfera en cuestión de segundos. En la Torre de los Vengadores, Tony Stark dejó caer su taza de café mientras los monitores holográficos de Jarvis —ahora operados por Friday— parpadeaban en un rojo violento.

—Señor, los sensores gravitacionales están colapsando —anunció la voz sintética, teñida de una urgencia inusual—. No es una invasión. Es una superposición.

Tony se acercó al ventanal y lo que vio desafiaba toda lógica física. Sobre el horizonte de Nueva York, rasgando el tejido mismo de la realidad, se vislumbraban dos esferas colosales. No estaban lejos, en el espacio profundo, sino allí mismo, compartiendo el mismo espacio orbital pero sin tocarse, como si fueran fantasmas de mundos que se negaban a chocar.

A miles de kilómetros de distancia, en una Metrópolis que hasta hace un segundo disfrutaba de una mañana soleada, Clark Kent se detuvo en seco en medio de la redacción del Daily Planet. Su oído superdesarrollado captó un zumbido que no provenía de la Tierra. Alzó la vista y, atravesando el techo con su visión de rayos X, vio lo imposible: otros dos planetas, uno vibrando con una energía cósmica azulada y otro que parecía envuelto en una bruma grisácea y sucia, se cernían sobre ellos.

—Esto no es un fenómeno natural —susurró Clark, desabrochándose la camisa para revelar el emblema de la esperanza bajo la tela.

Mientras tanto, en un mundo mucho más cínico y oscuro, Billy Butcher escupió un trozo de palillo mientras miraba hacia arriba desde un callejón de Nueva York. A su lado, Hughie temblaba visiblemente.

—¿Eso es lo que creo que es, Butcher? —preguntó Hughie con la voz quebrada—. ¿Es el fin del maldito mundo?

—No, Hughie —respondió Butcher, apretando los puños mientras observaba las siluetas de los otros dos planetas—. Es solo que el vecindario se ha vuelto mucho más concurrido. Y apuesto mi huevo izquierdo a que esos otros planetas tienen sus propios "Supes" de mierda de los que preocuparse.

En el helicarrier de S.H.I.E.L.D., Nick Fury contemplaba el mapa estelar que ahora mostraba tres Tierras en el mismo cuadrante. El análisis era aterrador: las tres Tierras ocupaban el mismo punto en el espacio-tiempo, pero estaban separadas por una membrana vibratoria que impedía la colisión física. Sin embargo, los puentes cuánticos ya se estaban abriendo.

—Quiero a los Vengadores en el puente —ordenó Fury—. Y llamen a Strange. Si esto es magia, quiero saberlo. Si es ciencia, quiero que Stark lo arregle antes de que nos convirtamos en puré interdimensional.

—Señor —interrumpió Maria Hill—, estamos recibiendo señales de radio de... de las otras Tierras. Una se identifica como la Liga de la Justicia. La otra... la otra parece ser una transmisión corporativa de una empresa llamada Vought International.

Steve Rogers, que acababa de entrar en el puente, intercambió una mirada de preocupación con Natasha Romanoff.

—¿Vought? —preguntó Steve—. No me suena a ninguna organización de paz.

—No lo es —dijo Natasha, revisando los datos que empezaban a filtrarse a través de las brechas—. Según sus señales, tienen héroes, pero los tratan como estrellas de cine. Y hay algo más... una señal de socorro de un hombre llamado Homelander. Pero no suena como un héroe pidiendo ayuda. Suena como una amenaza.

En la Tierra de DC, la Atalaya de la Liga de la Justicia era un caos de alertas. Batman trabajaba a una velocidad frenética en la computadora central, mientras Wonder Woman observaba los otros dos mundos a través del cristal reforzado.

—Diana, la estructura atómica de esos planetas es ligeramente diferente a la nuestra —explicó Bruce sin apartar la vista de la pantalla—. Si intentamos cruzar sin un estabilizador, nuestras moléculas podrían deshacerse. Pero alguien ya lo está intentando desde el tercer planeta.

—¿El planeta con la gran torre de Vought? —preguntó Diana.

—Sí —asintió Batman—. He detectado una firma de energía volátil. Alguien con capacidades de vuelo supersónico está golpeando las barreras dimensionales. Está tratando de forzar la entrada a nuestro mundo.

En efecto, en el cielo de la Tierra de "The Boys", Homelander flotaba entre las nubes, con los ojos inyectados en sangre y brillando con un rojo intenso. Estaba furioso. Su mundo, su patio de recreo donde él era un dios, estaba siendo eclipsado por dos esferas que prometían algo que él odiaba: competencia.

—¿Qué demonios es esto? —rugió Homelander, lanzando una ráfaga de calor hacia el vacío que separaba los mundos—. ¡Este es mi cielo! ¡Nadie me quita el sol!

A pocos kilómetros, en un escondite subterráneo, Butcher y su equipo observaban las noticias.

—Mira a ese psicópata —dijo Butcher, señalando la pantalla donde se veía a Homelander atacando el aire—. Está intentando pelear con un planeta. Es un maldito genio, ¿verdad?

—Butcher, si esas barreras caen... —empezó Hughie.

—Si esas barreras caen, Hughie, vamos a tener a un tipo con una capa roja y una "S" en el pecho, y a otro tipo con una armadura de hierro viniendo aquí a decirnos cómo vivir —lo interrumpió Butcher—. O mejor aún, quizá ellos maten a Homelander por nosotros.

De repente, un portal de chispas naranjas se abrió en medio de la habitación de los Boys. Butcher sacó su escopeta de inmediato, pero se detuvo al ver a un hombre con una capa roja y un ojo de oro colgando de su cuello.

—William Butcher —dijo el Doctor Strange con una calma gélida—. Mi nombre es Stephen Strange. Vengo de una de las otras Tierras. Tenemos un problema que requiere que personas de los tres mundos colaboren antes de que la realidad se colapse.

Butcher soltó una carcajada seca, cargada de desprecio.

—¿Un mago? ¿En serio? —escupió el palillo—. Mira, Harry Potter, ya tenemos suficientes tipos con disfraces ridículos en este planeta. No necesitamos otro más.

—No soy un "Supe" de Vought —respondió Strange, ignorando el insulto—. Soy el Hechicero Supremo. Y si no me escuchas, el hombre que está volando ahí fuera, ese tal Homelander, va a provocar una reacción en cadena que destruirá los tres universos. Ha estado golpeando el punto más débil de la membrana.

En ese momento, el suelo tembló violentamente. En la Tierra de DC, Superman sintió el impacto en su propia estructura celular.

—Bruce, alguien está rompiendo el sello —dijo Clark por el comunicador—. Viene del mundo gris. Es una fuerza llena de odio.

—Lo sé —respondió Batman—. Estoy abriendo un tubo de luz controlado para interceptarlo. No podemos dejar que entre en nuestra atmósfera sin supervisión. Flash está en camino para estabilizar el portal.

En el cielo de Nueva York (616), Iron Man volaba a toda velocidad hacia el punto de convergencia.

—Friday, prepárame el protocolo de contacto —ordenó Tony—. Si son amistosos, les invitamos a comer shawarma. Si no...

—Señor, detecto una firma de energía masiva emergiendo de la brecha —anunció la IA—. Es... es un hombre. Lleva una bandera como capa.

Homelander atravesó la membrana dimensional con un estallido de energía azul y blanca. Se encontró de repente en un cielo que olía diferente, más limpio. Frente a él, un hombre con una armadura roja y dorada flotaba tranquilamente.

—Vaya, vaya —dijo Tony, abriendo la placa facial de su casco—. Tienes una capa muy bonita, aunque un poco pretenciosa. ¿Eres el comité de bienvenida o el que limpia los cristales?

Homelander se detuvo, sus ojos brillando peligrosamente.

—¿Quién diablos eres tú? —preguntó con esa sonrisa falsa y aterradora que usaba en las cámaras—. ¿Y por qué estás en mi camino?

—Soy Iron Man. Y técnicamente, tú estás en mi espacio aéreo, rubio —respondió Tony con sarcasmo—. Así que, ¿por qué no guardamos los láseres de los ojos para otra ocasión y hablamos como adultos?

Antes de que Homelander pudiera responder, un destello azul cruzó el cielo y un hombre con un traje azul y una capa roja se posicionó entre ambos. La presencia de Superman era tan imponente que incluso Homelander retrocedió un centímetro por puro instinto.

—Basta —dijo Superman con una voz que irradiaba una autoridad natural—. No estamos aquí para pelear. Nuestros mundos se están fusionando. Si no encontramos una forma de revertirlo, miles de millones morirán.

Homelander miró a Superman de arriba abajo. Vio la perfección, vio el poder genuino, y sintió algo que no había sentido en años: envidia pura y asco.

—¿Otro más? —dijo Homelander, soltando una risita histérica—. ¿Cuántos de ustedes, santurrones de mierda, hay por ahí?

—Demasiados para que tú puedas manejarlos solo —dijo una voz nueva.

Desde un portal circular, aparecieron el Doctor Strange y un tipo con gabardina negra que parecía no haber dormido en una década.

—¿Butcher? —se sorprendió Homelander, su rostro transformándose en una máscara de furia—. ¿Qué haces con estos fenómenos?

—Solo echando un vistazo al menú, John —respondió Butcher, mirando a Superman y a Iron Man—. Tengo que decir que estos dos parecen mucho más profesionales que los idiotas con los que trabajo.

—Escuchen —intervino Strange, poniéndose serio—. La convergencia de los tres planetas no fue un accidente. Alguien, o algo, ha tirado de los hilos de la realidad para juntarnos. Los planetas no se tocan porque están en diferentes frecuencias vibratorias, pero esa estabilidad es temporal.

—¿Quién podría hacer algo así? —preguntó Steve Rogers, llegando en un Quinjet que se mantenía a una distancia prudencial.

—En mi mundo, tenemos seres capaces de manipular el multiverso —dijo Superman, mirando a Batman, que aparecía en un holograma desde la Atalaya—. Pero esto parece más... artificial.

—Es Vought —dijo Butcher de repente, ganándose la mirada de todos—. Esos bastardos siempre están buscando nuevos mercados. ¿Qué mejor mercado que otros dos planetas llenos de gente a la que venderle su mierda?

—Vought no tiene esta tecnología —espetó Homelander, aunque en su interior dudaba.

—Quizá no solos —dijo Batman desde el holograma—. Mis sensores detectan una señal residual de una tecnología que no pertenece a ninguno de nuestros mundos. Es una firma de energía que mi base de datos identifica como... Latveria.

Tony Stark se tensó visiblemente dentro de su armadura.

—Doom —susurró—. Ese maldito ególatra ha intentado jugar a ser dios otra vez.

—No fue solo él —añadió Strange—. Detecto rastros de la Zona Negativa y de algo llamado la Fuerza de la Velocidad. Se han combinado tres fuerzas distintas para anclar estos mundos.

—¿Y cómo lo arreglamos? —preguntó Hughie, que se asomaba tímidamente por detrás de Strange—. Porque, ya saben, no quiero morir hoy.

—Tenemos que ir a los tres puntos focales —explicó Batman—. Uno en cada Tierra. Deben ser desactivados simultáneamente. Si uno falla, el desequilibrio gravitacional hará que los planetas se atraigan físicamente. Y entonces, sí que será el fin.

Superman miró a Iron Man y luego a Homelander.

—Tendremos que dividirnos —propuso Clark—. Un equipo para cada planeta. Necesitaremos fuerza, tecnología y conocimiento místico.

—Ni de coña voy a trabajar con este psicópata —dijo Butcher señalando a Homelander.

—No tienes opción, Butcher —dijo Strange—. Si Homelander se queda solo en uno de los planetas, probablemente intentará coronarse rey antes de que el mundo explote.

Homelander sonrió, una expresión que no llegó a sus ojos.

—Rey... me gusta cómo suena eso. Pero está bien, jugaré a sus estúpidos juegos. Solo porque quiero ver qué tan fuerte es realmente el tipo de la "S".

Steve Rogers descendió del Quinjet usando su paracaídas y aterrizó en una plataforma flotante que Stark había desplegado.

—Bien —dijo el Capitán América, asumiendo el mando por instinto—. Vengadores, Liga de la Justicia... y ustedes, los "Boys". Tenemos un multiverso que salvar. Stark, coordina las frecuencias con el hombre del murciélago. Strange, mantén los portales abiertos.

El cielo seguía teñido de colores imposibles, y las tres Tierras vibraban con una intensidad creciente. La alianza más extraña de la historia de la ficción acababa de formarse, no por elección, sino por pura necesidad de supervivencia.

—Esto va a ser un desastre absoluto —murmuró Butcher mientras cargaba su arma—. No puedo esperar a ver cómo termina.

—Menos charla y más movimiento, Butcher —dijo Tony Stark, mientras su armadura brillaba bajo la luz de tres soles diferentes—. Tenemos un dios del trueno, un hombre de acero y un maníaco con complejo de Edipo. ¿Qué podría salir mal?

A medida que los equipos se formaban y cruzaban los portales, el tejido de la realidad soltó un último gemido. El Triángulo de la Convergencia estaba completo, y el destino de tres universos dependía ahora de que héroes, antihéroes y villanos pudieran trabajar juntos sin matarse entre ellos primero.
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