Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Lactancia

Fandom: Otaku

Creado: 22/6/2026

Etiquetas

RomanceUA (Universo Alternativo)OmegaversoFluffDolor/ConsueloHistoria DomésticaMpregDramaAngustiaOscuroPsicológicoEmbarazo No Planificado/No Deseado
Índice

El Dulce Tesoro de la Mansión Uchiha

Seúl era una ciudad demasiado grande y ruidosa para alguien como Naruto. El joven rubio caminaba por las calles iluminadas por el neón, apretando contra su pecho a "Kurama", un peluche de zorro naranja algo desgastado que era su único consuelo en el mundo. Naruto no tenía familia, no tenía un trabajo estable y, a sus diecinueve años, conservaba una inocencia que rozaba lo infantil. Sus mejillas siempre estaban sonrosadas y sus ojos azules brillaban con una ternura que atraía miradas, aunque él, por su timidez, siempre bajaba la vista.

Esa noche, el frío calaba hasta los huesos. Naruto se detuvo frente a un callejón, buscando un atajo hacia el pequeño cuarto que alquilaba, cuando un sedán negro de cristales tintados frenó en seco frente a él. Antes de que pudiera gritar o correr, dos hombres de traje oscuro bajaron y, con movimientos precisos, lo rodearon.

—¿Q-qué pasa? —balbuceó Naruto, abrazando más fuerte a su peluche—. Yo no hice nada malo...

No hubo respuesta. Un pañuelo con un aroma dulce y pesado cubrió su nariz y boca. Lo último que Naruto vio antes de que el mundo se volviera negro fue el bordado de un abanico rojo y blanco en la manga del hombre que lo sostenía.

Cuando despertó, no estaba en su cama desvencijada. Estaba recostado sobre sábanas de seda que se sentían como nubes. La habitación era inmensa, decorada con un lujo que Naruto solo había visto en dramas de televisión. Se incorporó lentamente, tallándose los ojos y buscando desesperadamente a su zorro de felpa. Lo encontró a su lado y suspiró aliviado.

—Vaya, finalmente despiertas.

Naruto dio un respingo. En una silla de cuero frente a la cama, un hombre mayor, de cabello largo y oscuro recogido en una coleta baja, lo observaba con una expresión severa pero no cruel. Era Fugaku Uchiha, el patriarca de una de las familias más ricas y poderosas del continente.

—¿Dónde estoy? —preguntó Naruto con voz temblorosa, encogiéndose de hombros—. Quiero irme a casa...

—Esta es tu casa ahora, pequeño —respondió Fugaku, levantándose—. Mi nombre es Fugaku Uchiha. Te hemos traído aquí por una razón muy específica. Una necesidad biológica de mi hijo menor, Sasuke.

Naruto ladeó la cabeza, confundido. Sus ojos se humedecieron un poco por el miedo.

—¿Sasuke? No lo conozco... Yo solo quiero mi peluche y mi ramen...

Fugaku se acercó y, tras un suspiro, comenzó a explicarle lo increíble. Naruto no era un chico normal. Poseía una condición genética extremadamente rara que le permitía concebir hijos y, lo más importante en ese momento, producir una leche con propiedades únicas, capaz de calmar una condición nerviosa y adictiva que aquejaba a Sasuke desde su nacimiento.

—Mis médicos te han estado rastreando por meses —explicó el hombre—. Sasuke es un hombre difícil. Es multimillonario, maneja empresas con puño de hierro y es... seco. No tiene paciencia. Pero tiene una adicción. Necesita esa leche para mantener su cordura y su salud. Tus pechos... ellos proveerán lo que él anhela.

Naruto se sonrojó hasta las orejas, cubriéndose el pecho con las manos, aún sosteniendo a Kurama.

—¡Pero eso es vergonzoso! —exclamó con un puchero infantil—. ¡Soy un chico!

—Un chico muy especial —corrigió Fugaku—. Escúchame bien, Naruto. Sasuke es intimidante. Es cortante y no tiene tacto. Si no le das lo que quiere, puede ser muy aterrador. Pero si lo complaces, no te faltará nada en la vida. Serás su tesoro, su fuente de alivio. No intentes escapar, las puertas están cerradas y el jardín está vigilado.

Fugaku salió de la habitación sin decir más, dejando a un Naruto sollozante y confundido. El pequeño rubio se quedó hecho un ovillo en la cama, esperando lo peor.

Unas horas después, la puerta se abrió de golpe. Naruto dio un salto y se ocultó tras su peluche. Un hombre joven entró. Era alto, de piel pálida como el mármol y ojos negros tan profundos que parecían pozos sin fondo. Vestía un traje de diseñador hecho a medida, pero se había aflojado la corbata, revelando una tensión evidente en su mandíbula.

Era Sasuke Uchiha.

El pelinegro no dijo nada al principio. Se limitó a caminar hacia la cama con una elegancia depredadora. Naruto temblaba visiblemente, sus ojos azules fijos en el intruso.

—¿Así que tú eres el "regalo" de mi padre? —La voz de Sasuke era fría, cortante como un cristal roto.

—H-hola... —susurró Naruto, tratando de ser amable a pesar del miedo—. Me llamo Naruto... ¿Quieres ser mi amigo?

Sasuke soltó un bufido despectivo, ignorando la mano que Naruto extendía tímidamente. Se sentó en el borde de la cama, invadiendo el espacio personal del rubio. El aroma de Sasuke, una mezcla de sándalo y dinero, inundó los sentidos de Naruto.

—No estoy aquí para ser tu amigo, mocoso —dijo Sasuke, fijando su mirada en el pecho del rubio, que se agitaba bajo la fina camisa de seda que le habían puesto—. Estoy aquí porque tengo sed. Y me han dicho que tú tienes lo que necesito.

—El señor Fugaku dijo que... que eres adicto —murmuró Naruto, sintiendo una extraña punzada de lástima—. ¿Te duele algo? Puedo darte un abrazo, Kurama siempre me ayuda cuando me siento mal.

Sasuke miró el peluche con desprecio.

—No digas estupideces. Quítate la camisa.

—¡Es muy pronto! —chilló Naruto, poniéndose rojo—. ¡Ni siquiera hemos cenado! ¡Eres muy seco, Sasuke-teme!

Sasuke arqueó una ceja. Nadie en su vida lo había llamado "teme" o se había atrevido a gritarle. Su paciencia, ya de por sí escasa, se agotó. Agarró a Naruto por las muñecas y lo atrajo hacia sí. La fuerza del pelinegro era intimidante, y Naruto se sintió pequeño y frágil en comparación.

—No te lo estoy pidiendo por favor —gruñó Sasuke cerca de su oído—. Lo necesito ahora. Mi cabeza estalla y tú eres el único remedio.

Naruto, al sentir la desesperación oculta tras la frialdad de Sasuke, dejó de resistirse. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero asintió lentamente. Con manos temblorosas, comenzó a desabotonar la camisa. A medida que la tela caía, sus pechos, inusualmente desarrollados y suaves para un hombre, quedaron al descubierto. Estaban hinchados, pesados por la leche que su cuerpo había empezado a producir debido a las hormonas que le habían administrado sutilmente durante su sueño.

Sasuke soltó un suspiro ronco. Su mirada se volvió oscura, hambrienta. Sin esperar permiso, se inclinó y capturó uno de los pezones rosados entre sus labios.

—¡Ah! —Naruto soltó un pequeño grito, arqueando la espalda. La sensación era extraña, una mezcla de alivio y una calidez que no conocía—. ¡Despacio, me haces cosquillas!

Sasuke no escuchaba. Succionaba con una urgencia febril, sus manos apretando la cintura de Naruto para mantenerlo cerca. La leche, dulce y tibia, comenzó a fluir, calmando instantáneamente los nervios de acero del Uchiha. Naruto, a pesar de la vergüenza, sintió una necesidad instintiva de cuidar al hombre que ahora se aferraba a él como un niño perdido.

—Ya, ya... —susurró Naruto, olvidando su miedo y acariciando el cabello negro de Sasuke—. Todo está bien. No seas tan rudo, Sasuke-chan.

Sasuke se detuvo un momento, mirándolo con intensidad mientras un hilo de leche resbalaba por la comisura de sus labios.

—No me llames así —dijo con voz ronca, aunque no se apartó.

—Pero eres como un bebé grande —rió Naruto, recuperando un poco de su alegría natural—. Eres muy guapo, pero muy gruñón. Deberías sonreír más.

Sasuke volvió a su tarea, pasando al otro pecho con la misma voracidad. Naruto se sentía cada vez más relajado, su cuerpo respondiendo a la cercanía del multimillonario. Era una escena bizarra: el hombre más poderoso de la ciudad, de rodillas en una cama, alimentándose de un chico que aún sostenía un peluche de zorro.

Cuando Sasuke finalmente se sació, se separó y se limpió la boca con el dorso de la mano. Su expresión seguía siendo seria, pero la tensión en sus hombros había desaparecido. Se recostó en la cama, arrastrando a Naruto con él.

—¿Qué haces? —preguntó el rubio, parpadeando.

—Duérmete —ordenó Sasuke, cerrando los ojos—. Te quedarás aquí. No intentes salir de esta habitación sin mi permiso.

—¡Pero quiero ver los dibujos animados! —protestó Naruto, haciendo un puchero—. Y tengo hambre, quiero ramen de Ichiraku.

Sasuke abrió un ojo, observando la cara empalagosa y tierna del chico. Nunca había conocido a alguien tan infantil y directo. En su mundo de traiciones y negocios, la pureza de Naruto era... irritante, pero extrañamente adictiva.

—Mañana haré que traigan todo el ramen que quieras —dijo Sasuke, rodeando la cintura de Naruto con un brazo protector—. Ahora cállate y duerme.

Naruto sonrió, una sonrisa amplia y radiante que pareció iluminar la habitación. Se acurrucó contra el pecho de Sasuke, colocando a Kurama entre los dos.

—Eres seco y cortante, Sasuke —murmuró Naruto bostezando—, pero creo que en el fondo eres bueno. Gracias por el ramen de mañana.

Sasuke no respondió, pero no lo soltó. Mientras Naruto caía en un sueño profundo, el Uchiha se quedó observándolo. Sabía que su padre lo había traído como una herramienta, como una medicina. Pero al sentir el calor del cuerpo de Naruto y el aroma dulce que emanaba de su piel, Sasuke supo que no dejaría que nadie más tocara a su pequeño tesoro. Naruto no solo le daría leche; le daría la familia que siempre había deseado en secreto, aunque su orgullo nunca le permitiera admitirlo.

A la mañana siguiente, Naruto despertó con el sol entrando por los grandes ventanales. Sasuke ya no estaba en la cama, pero en la mesa de noche había un tazón humeante de ramen y una nota escrita con caligrafía perfecta:

"No te acostumbres. Come y prepárate, vendré al mediodía. No pierdas al zorro".

Naruto rió, saltando de la cama con alegría.

—¡Es un amargado adorable! —exclamó, empezando a comer con entusiasmo.

A pesar de haber sido raptado, el pequeño rubio empezaba a sentir que, tal vez, su vida en esa mansión no sería tan mala después de todo. Tenía comida, un lugar hermoso y a un hombre guapo que, aunque fuera un poco intimidante, lo necesitaba más de lo que quería reconocer.

Sin embargo, las palabras de Fugaku resonaban en su cabeza: "Se puede embarazar". Naruto se tocó el vientre, preguntándose qué significaría eso para su futuro con el serio Sasuke. ¿Podría él, un chico que amaba los peluches, ser capaz de llevar un bebé del hombre más frío de Korea?

La puerta se abrió de nuevo y Sasuke entró, ya vestido con otro traje impecable. Se detuvo al ver a Naruto con la cara manchada de caldo.

—Eres un desastre —dijo Sasuke, acercándose para limpiar la mejilla del rubio con su pulgar. Su toque fue breve, pero Naruto pudo jurar que vio un destello de ternura en esos ojos oscuros.

—¡Es que estaba muy rico! —respondió Naruto, abrazándose al brazo de Sasuke—. ¿Vas a trabajar? ¿Puedo ir contigo?

—No —cortó Sasuke—. Es peligroso. Te quedarás aquí donde pueda protegerte.

—¡Eres muy mandón! —Naruto infló las mejillas—. Si me quedo, ¿me darás un beso cuando vuelvas?

Sasuke se quedó helado. La audacia de Naruto no tenía límites. Sin decir una palabra, se inclinó y presionó sus labios contra la frente del rubio, un gesto sorprendentemente suave.

—Si te portas bien y me esperas con suficiente leche... lo pensaré —dijo antes de salir de la habitación, dejando a un Naruto radiante y con el corazón latiendo a mil por hora.

La vida en la mansión Uchiha apenas comenzaba, y el dulce Naruto estaba decidido a derretir el corazón de hielo de su adicto y serio dueño.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic