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Kaa en dxd

Fandom: Kaa del libro de la selva en high scol dxd..

Creado: 22/6/2026

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La Sombra en el Jardín y el Tormento del Joven Vampiro

El Club de la Investigación de lo Oculto siempre había sido un lugar de misterio y elegancia, pero hoy, el aire dentro de la vieja mansión escolar se sentía pesado, cargado de una preocupación palpable. En la habitación privada de Gasper Vladi, el ambiente era sombrío. El joven medio-vampiro yacía en su cama, con el rostro inusualmente pálido y perlas de sudor frío recorriendo su frente.

—No entiendo qué le sucede —susurró Rias Gremory, cruzando los brazos sobre su pecho mientras observaba a su subordinado con ojos llenos de angustia—. Su poder parece estable, pero su cuerpo está ardiendo en fiebre.

Akeno Himejima, siempre serena, humedecía un paño en un cuenco con agua fresca. Su semblante, usualmente pícaro, estaba teñido de una seriedad impropia de ella.

—He intentado estabilizar su flujo de energía, Presidenta, pero es como si algo estuviera bloqueando su recuperación desde el interior —comentó Akeno mientras colocaba el paño sobre la frente de Gasper—. Pobre pequeño, ni siquiera puede mantenerse despierto por más de unos minutos.

Asia Argento, con las manos juntas en una oración silenciosa, dejaba que sus lágrimas rodaran por sus mejillas.

—He usado mis habilidades de curación una y otra vez —sollozó Asia—, pero Twilight Healing no parece surtir efecto. ¡Gasper-san, por favor, resiste!

Koneko, sentada en un rincón comiendo un dulce de forma mecánica para ocultar su nerviosismo, solo asintió en silencio. La atmósfera de impotencia era total. Ninguna de ellas sabía que, desde el exterior, oculto entre el denso follaje de un árbol ancestral que se erguía frente a la ventana de la habitación, un par de ojos amarillos y vibrantes las observaba con una paciencia milenaria.

Kaa, la enorme serpiente de escamas irisadas, se deslizaba con una gracia sobrenatural por las ramas. No era una criatura de este mundo, o al menos, no de esta dimensión de demonios y ángeles caídos. Su presencia era una anomalía que nadie había detectado aún.

—Sssssí... —siseó Kaa para sí mismo, su voz era un susurro sedoso que se perdía en el viento—. Pobres ssservidoras... tan preocupadasss por el pequeño chupasangre... No sssaben que su debilidad esss solo el comienzo de mi banquete de entretenimientooo...

Kaa extendió su lengua bífida, saboreando el aire cargado de la magia de las chicas. Su plan era retorcido. No buscaba devorarlas físicamente; el hambre de Kaa era más sutil. Quería ver cómo la voluntad de estas poderosas guerreras se doblaba ante sus caprichos, y qué mejor manera de divertirse que utilizando al indefenso Gasper como el centro de sus juegos más íntimos y humillantes.

—Primero, la de los lazosss de ssseda... —murmuró Kaa, fijando su vista en Akeno, quien se alejaba un momento del grupo para buscar más agua fresca en el pasillo.

Akeno caminaba por el corredor vacío del club, sumida en sus pensamientos. De repente, una voz suave, como el roce de la seda sobre la piel, la llamó desde una de las ventanas abiertas que daban al jardín.

—Hermossaa joven... ¿por qué sssufres tanto por un mal que no tienesss poder para curar?

Akeno se detuvo en seco. Su instinto de batalla se activó, pero antes de que pudiera canalizar su rayo, sus ojos se encontraron con los que acechaban tras el cristal.

—¿Quién está ahí? —preguntó Akeno, intentando mantener la firmeza en su voz—. Identifícate o te verás envuelto en una tormenta.

Kaa se deslizó lentamente hacia el marco de la ventana. Su cabeza emergió de las sombras, revelando aquellos ojos que eran un abismo de colores concéntricos.

—Solo ssoy un viajero... uno que puede darte la pazzz que tanto anhelasss... Mira misss ojoss, pequeña sacerdotissssa...

Akeno intentó apartar la mirada, pero durante un instante observó aquellas espirales. Eran hipnóticas, doradas y verdes, girando en un baile infinito que parecía succionar su conciencia.

—No debo... mirar... —susurró Akeno, sintiendo que sus piernas se volvían de gelatina.

—Sssí... mira... confía en mí... —la voz de Kaa era un arrullo persuasivo—. Olvida tu preocupación... olvida tu orgullo... ssolo hay descanso en el color de misss ojoss...

Poco a poco, pequeñas espirales comenzaron a reflejarse también en los propios ojos de Akeno. Su expresión de alerta se desvaneció, siendo reemplazada por una sonrisa vacía y vidriosa.

—S-sí... descanso... —repitió Akeno con voz monótona.

—Buenaaa ssservidora... —siseó Kaa con deleite—. Vuelve a la habitación... el pequeño vampiro nechesssita que le demuesstres tu "afecto"... de una manera que nunca olvidará... Haz que sse sssienta vivo a travésss de la vergüenza...

Akeno asintió rígidamente. Dio media vuelta y regresó a la habitación de Gasper. Rias y Asia la miraron con sorpresa al verla entrar sin el agua y con una expresión tan extraña.

—¿Akeno? ¿Te encuentras bien? —preguntó Rias, frunciendo el ceño.

Akeno no respondió. Caminó directamente hacia la cama donde Gasper empezaba a despertar, confundido y débil.

—Akeno-san... ¿qué pasa? —balbuceó el joven, viendo cómo la pelinegra se acercaba a él con una mirada que nunca antes le había dirigido.

Sin mediar palabra, Akeno se sentó en el borde de la cama y, ante el asombro de Rias y Asia, comenzó a desabrocharse lentamente los botones superiores de su uniforme de la Academia Kuoh, dejando ver el encaje negro de su sostén.

—Akeno, ¿qué estás haciendo? —exclamó Rias, dando un paso adelante—. ¡Detente ahora mismo!

Pero Akeno parecía estar en otro mundo. Se inclinó sobre Gasper, quien estaba rojo como un tomate, temblando de puro nerviosismo.

—Gasper-kun... —susurró Akeno, su voz cargada de un erotismo artificial—, voy a hacer que te sssientas mucho mejor...

Akeno se giró y, con un movimiento fluido, se sentó directamente sobre la cara de Gasper, dejando que el peso de sus caderas y la suavidad de su falda asfixiaran los gemidos de sorpresa del chico. Gasper intentó apartarla con sus manos débiles, pero Akeno le sujetó las muñecas contra el colchón.

—¡Akeno-san! ¡Mmph! —los sonidos de Gasper eran ahogados.

Rias intentó intervenir, pero una sensación de mareo la invadió. Miró hacia la ventana y vio a la gran serpiente observando la escena.

—Tú... —logró decir Rias, pero antes de que pudiera atacar, Asia ya estaba caminando hacia la ventana como si estuviera en trance.

—Asia, ¡no mires! —gritó Rias, pero era tarde.

Asia Argento ya estaba frente a Kaa. La inocente ex-monja observaba las espirales con una fascinación infantil. En su mente, la voz de Kaa era la de un ángel que le pedía que se uniera a la "terapia" de Gasper.

—Él nechesssita tu calor, pequeña Asia... —susurraba Kaa desde el exterior—. Únete a tu amiga... haz que el joven sssienta la sssuavidad de tu cuerpo...

—Sí... el calor... de mi cuerpo... —murmuró Asia, con sus ojos ahora también brillando con el patrón de la espiral dorada.

Asia se dio la vuelta y se acercó a la cama. Rias, luchando contra la pesadez de sus propios párpados, vio con horror cómo Asia comenzaba a levantarse la falda, revelando sus bragas blancas y sencillas, para luego sentarse sobre el pecho de Gasper, justo debajo de donde Akeno seguía frotando su trasero contra el rostro del vampiro.

—¡No... deténganse! —rogaba Gasper, cuya voz apenas se oía entre las dos chicas que lo dominaban—. ¡Es demasiado... me va a dar algo!

Gasper estaba al borde del colapso. El placer era innegable; sentir la suavidad de las dos chicas más hermosas del club sobre él era algo que cualquier chico soñaría, pero la situación era tan bizarra y forzada que su mente no podía procesarlo. Su corazón latía con una fuerza que amenazaba con estallar.

Mientras tanto, Rias Gremory sentía que el mundo daba vueltas. Se apoyó en la pared, tratando de mantener la compostura.

—Debo... salvarlos... —dijo Rias, pero su voz sonaba lejana incluso para ella misma.

Kaa, viendo que la líder era la más resistente, decidió entrar físicamente en la habitación. Sus enormes anillos se deslizaron por el suelo con un siseo metálico. Se irguió frente a Rias, su cabeza a la altura de la de ella.

—Riasss Gremory... la heredera del carmesssí... —siseó Kaa, abriendo sus ojos al máximo—. Tu voluntad esss fuerte... pero mi mirada lo esss másss... Mira el infinito... mira el final de tusss preocupaciones...

Rias intentó conjurar su Poder de la Destrucción, pero sus manos solo emitieron unas chispas débiles antes de quedar lacias a sus costados. Sus ojos verdes lucharon por un segundo, parpadeando con desesperación, hasta que finalmente se fijaron en las espirales amarillas de Kaa.

—Eso esss... ssuéltalo todo... —susurró la serpiente, rodeando el cuerpo de Rias con sus anillos, sin apretar, solo acariciando su uniforme—. Mira a tu sssubordinado... mira lo bien que sse lo passsa... ¿No quieress participar?

Rias, con la mirada perdida y el patrón hipnótico instalándose en sus pupilas, asintió lentamente.

—Quiero... participar... —dijo con una voz carente de emoción.

—Ve entonchesss... —ordenó Kaa, soltándola—. El efecto en lasss otrass sse desvaneche pronto... pero tú tomaráss el relevo...

En ese momento, el efecto en Asia y Akeno comenzó a disiparse debido a que Kaa concentró toda su energía en Rias. Las dos chicas parpadearon, recuperando la consciencia de golpe. Al verse en posturas tan comprometedoras sobre un Gasper que parecía estar a punto de desmayarse por la sobreestimulación, ambas saltaron de la cama con el rostro encendido de vergüenza.

—¡Ah! ¡Gasper-kun, lo siento mucho! —gritó Asia, cubriéndose la cara con las manos.

—¿Pero qué... qué estábamos haciendo? —Akeno estaba temblando, tocándose los labios y ajustándose el uniforme con torpeza—. Yo... no sé qué me pasó...

—Tenemos que salir... necesito aire... —dijo Asia, sintiéndose mareada por el residuo de la hipnosis.

Ambas salieron de la habitación a toda prisa, demasiado avergonzadas para mirar a Gasper a los ojos. El joven vampiro se quedó allí, jadeando, con el rostro rojo y el uniforme desordenado.

—¿Se... se acabó? —susurró Gasper, tratando de calmar su respiración.

Pero la puerta se cerró suavemente. Rias Gremory, que se había mantenido en la sombra, caminó hacia la cama. Su mirada no era la de la Presidenta compasiva, sino la de una muñeca bajo el control de un titiritero.

—Presidenta... ¿usted también? —Gasper retrocedió hasta chocar con el cabecero de la cama.

Rias no dijo nada. Se subió a la cama con una parsimonia aterradora. Se colocó a horcajadas sobre las piernas de Gasper, sintiendo la dureza de la excitación del chico que él no podía controlar. Rias comenzó a mover sus caderas lentamente, frotando su trasero contra la zona íntima de Gasper a través de la tela de su uniforme.

—P-presidenta... por favor... —suplicó Gasper, cerrando los ojos con fuerza.

Rias se inclinó, susurrándole al oído con el aliento caliente:

—Sssh... Gasper-kun... solo relájate...

Mientras esto ocurría, en el exterior de la academia, Asia se encontró nuevamente con Kaa. La serpiente no le dio tiempo a reaccionar; un solo destello de sus ojos y Asia volvió a caer en el abismo de la sumisión.

—Vuelve adentro, pequeña... —ordenó Kaa—. Tu Presidenta te nechesssita...

Asia regresó al club. Al entrar en la habitación, vio a Rias encima de Gasper, moviéndose con un ritmo constante que hacía que el vampiro soltara gemidos de pura agonía placentera. Asia, sin dudarlo, se acercó y volvió a sentarse sobre la cara de Gasper, coordinando sus movimientos con los de Rias.

Gasper estaba al límite. La presión de Rias abajo y la suavidad de Asia arriba lo estaban volviendo loco. El placer era tan intenso que era doloroso.

—¡Mmmph! ¡Mmmph! —intentaba gritar Gasper, mientras sus manos se aferraban a las sábanas con fuerza.

En el pasillo, Akeno estaba siendo interceptada de nuevo por Kaa, quien se había deslizado por las paredes hasta el techo.

—¿Ya te vasss? —siseó Kaa sobre su cabeza—. Aún no hemosss terminado...

Akeno levantó la vista y, una vez más, las espirales doradas reclamaron su mente.

—Vuelve... y enséñale al pequeño lo que es el verdadero "calor" de una mujer...

Akeno entró en la habitación minutos después. Gasper, exhausto, vio cómo la pelinegra se acercaba por detrás de él. Akeno se pegó a su espalda, rodeándolo con sus brazos y frotando sus generosos pechos contra su espalda, mientras le susurraba palabras calientes y pecaminosas al oído, describiendo todo lo que quería hacerle.

—Tres de ellas... esto no puede estar pasando... —pensó Gasper, sintiendo que el vapor empezaba a salir de su boca por el calor interno.

En ese momento, la puerta principal del club se abrió con fuerza. Koneko Toujou había regresado de su larga misión. Estaba cansada y solo quería un dulce y silencio. Pero al acercarse a la ventana del salón principal, vio una figura larga y sinuosa.

—¿Qué eres tú? —preguntó Koneko, preparando sus puños.

Kaa se giró lentamente.

—Ssssoy tu nuevo maessstro, pequeña gatita... —Kaa abrió sus ojos con una intensidad que nunca había usado antes—. No luchesss... el cansancio de tu misssión te hace débil... deja que misss ojoss te cuiden...

Koneko, a pesar de su resistencia física, estaba mentalmente agotada. Las espirales doradas se reflejaron en sus pupilas ámbar casi instantáneamente.

—Sí... el descanso... —murmuró Koneko, dejando caer sus brazos.

—Ve con los demásss... —ordenó Kaa con una sonrisa malévola—. El joven vampiro nechesssita un poco de "fuerza" bruta para terminar la ssesión...

Koneko entró en la habitación de Gasper. El cuadro era dantesco: Rias moviéndose sobre él, Asia asfixiándolo con su cara, y Akeno provocándolo desde atrás. Koneko se acercó y, con su fuerza sobrehumana, sujetó las piernas de Gasper para que no pudiera moverse ni un milímetro, mientras ella misma comenzaba a lamer el cuello del chico con una frialdad hipnótica.

De repente, como si un interruptor se hubiera apagado, el efecto de la hipnosis se detuvo para Rias, Akeno y Asia simultáneamente. Las tres recuperaron la lucidez y se dieron cuenta de la montaña humana de lujuria en la que se habían convertido.

—¡Oh, por los dioses! —Rias se apartó de un salto, roja hasta la raíz del cabello—. ¡Gasper! ¡Lo siento tanto!

—¡Gasper-san! ¡Perdónanos! —gritó Asia, llorando de nuevo.

—Fue... fue esa cosa... —dijo Akeno, temblando de indignación y vergüenza.

Pero antes de que pudieran siquiera ayudar a Gasper a levantarse, la sombra de Kaa cubrió la habitación desde la ventana.

—¿A dónde creen que van...? —la voz de Kaa resonó con una autoridad sobrenatural—. El juego... apenasss comienza...

Kaa desató todo el poder de su mirada. Las cuatro chicas, incluyendo a Koneko, intentaron resistir, pero la proximidad y la intensidad eran demasiadas. Una a una, sus ojos volvieron a mostrar las espirales doradas. Sus disculpas se transformaron en suspiros de sumisión.

Gasper Vladi, el pequeño vampiro, estaba completamente acabado. Miró hacia arriba y vio a las cuatro chicas rodeándolo de nuevo, sus ojos brillando con ese patrón hipnótico, listas para continuar con una intensidad redoblada.

—No... más... por favor... —balbuceó Gasper.

Pero ya no había escapatoria. Las chicas se abalanzaron sobre él una vez más, siguiendo las órdenes silenciosas de la serpiente que reía desde la oscuridad. El vapor comenzó a salir no solo de la boca de Gasper, sino también de sus orejas. Su rostro era un poema de color escarlata, sus ojos estaban en blanco y su cuerpo temblaba en un colapso de placer y agotamiento absoluto.

Kaa, satisfecho, observaba desde la rama, saboreando el caos y la intimidad forzada que había creado. El Club de la Investigación de lo Oculto se había convertido en su patio de recreo privado, y el joven vampiro nunca volvería a ser el mismo.
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