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Lápices y competencias
Fandom: Zootopia
Creado: 24/6/2026
Etiquetas
RomanceUA (Universo Alternativo)Recortes de VidaFluffHumorEstudio de PersonajePelícula de Amigos
Entre Canastas y Libros
El Instituto Nacional de Zootopia no era solo un edificio de ladrillos rojos y grandes ventanales; era un ecosistema vibrante donde las jerarquías parecían estar grabadas en piedra. En la cima de esa pirámide, aunque en extremos opuestos, se encontraban Judy Hopps y Nick Wilde.
Judy caminaba por el pasillo principal con la determinación de un mamífero que tiene el mundo bajo sus pies. Con su uniforme impecable y una carpeta llena de apuntes perfectamente organizados, la coneja era la personificación de la excelencia académica. Para ella, el éxito no era una opción, sino una obligación que se había impuesto desde que puso una pata en la preparatoria.
—¡Buenos días, Sharla! ¡Hola, Benjamin! —saludaba Judy con una sonrisa radiante, contagiando su optimismo a cualquiera que se cruzara en su camino.
Sin embargo, su buen humor se topó con un muro de arrogancia justo antes de llegar a la biblioteca. Apoyado contra los casilleros, rodeado de un grupo de admiradoras y sosteniendo un balón de baloncesto bajo el brazo, estaba él.
Nick Wilde, el zorro que parecía haber nacido con una sonrisa sarcástica pegada al rostro. Nick no solo era el capitán del equipo de los "Predators", sino que, para frustración constante de Judy, era el único que lograba pisarle los talones en las calificaciones.
—Vaya, pero si es la futura presidenta de Zootopia —dijo Nick, su voz arrastrada y teñida de esa confianza que Judy encontraba tan irritante—. ¿Ya terminaste el ensayo de historia, Zanahorias? Escuché que el profesor busca algo con "sustancia", no solo una lista de fechas memorizadas.
Judy se detuvo en seco y lo miró fijamente, ajustándose las gafas con un gesto desafiante.
—Para tu información, Wilde, mi ensayo tiene un análisis sociopolítico que tú no podrías comprender ni aunque te lo leyera en voz alta —respondió ella, cruzándose de brazos—. Y deja de llamarme Zanahorias.
Nick soltó una carcajada ligera, haciendo que el balón girara sobre su dedo índice con una habilidad envidiable.
—Tan predecible. Relájate un poco, Hopps. Si sigues así, tus orejas se van a quedar tiesas para siempre por el estrés.
Judy soltó un bufido y siguió de largo, ignorando las risitas de las compañeras de Nick. No entendía qué le veían. Era un holgazán talentoso, alguien que parecía obtener todo sin esfuerzo mientras ella trabajaba el doble. Pero lo que más le molestaba no era su sarcasmo, sino el hecho de que, en el fondo, Nick era brillante. Y esa rivalidad era la chispa que mantenía a Judy en un estado de alerta constante.
La verdadera pesadilla comenzó en la última hora de clase. El profesor Rhino se aclaró la garganta frente a la pizarra, captando la atención de todos los estudiantes de último año.
—Como saben, el festival de fin de curso requiere una coordinación impecable entre el cuerpo estudiantil y la administración —anunció el profesor con su voz profunda—. Tras una votación cerrada entre sus compañeros, se ha decidido quiénes serán los representantes de la clase para este semestre.
Judy sintió un pequeño salto de emoción en el pecho. Ella siempre ganaba estas cosas.
—Judy Hopps —dijo el profesor, y ella sonrió con modestia mientras sus amigos aplaudían—. Y Nick Wilde.
El silencio que siguió en la mente de Judy fue absoluto. Miró hacia atrás y vio a Nick, quien por primera vez en el día parecía tan sorprendido como ella. El zorro arqueó una ceja, procesando la información.
—¿Perdón? —exclamó Judy, levantando la pata—. Profesor, con todo respeto, el señor Wilde tiene... obligaciones deportivas. Su agenda debe estar muy llena.
—Y la señorita Hopps tiene tantos clubes que dudo que pueda dedicarle tiempo a la logística —añadió Nick, recobrando su compostura y dedicándole una mirada de reojo a la coneja.
—La decisión está tomada —sentenció el profesor Rhino—. Se reunirán hoy después de las clases en el aula de juntas para empezar con el presupuesto del festival. No acepto renuncias.
Al sonar el timbre, Judy salió disparada del aula, pero Nick la alcanzó en el pasillo con sus zancadas largas.
—Parece que vamos a pasar mucho tiempo juntos, Zanahorias —dijo él, metiendo las patas en los bolsillos de su chaqueta escolar.
—No me llames así —masculló ella sin detenerse—. Y escucha bien, Wilde. No voy a dejar que arruines el festival con tu actitud despreocupada. Vamos a hacer esto de manera eficiente, ordenada y siguiendo el manual.
—¿Hay un manual para ser aburrida? Porque creo que te lo aprendiste de memoria —se burló él, aunque había una chispa de curiosidad en sus ojos verdes.
La primera reunión fue, por decir lo menos, un desastre. Se sentaron en extremos opuestos de una mesa larga y polvorienta. Judy había traído tres cuadernos, cinco bolígrafos de diferentes colores y una computadora portátil. Nick solo trajo una manzana y su actitud cínica.
—Bien —comenzó Judy, abriendo su archivo—. He dividido el festival en doce secciones operativas. Necesitamos contactar a los proveedores de comida, organizar el torneo de "Blitz-Ball" y asegurar los permisos para la música en vivo.
Nick la observó mientras ella hablaba a toda velocidad. Notó cómo sus orejas se movían con entusiasmo y cómo sus ojos brillaban cuando mencionaba la importancia de la inclusión para las especies pequeñas del instituto.
—Es demasiado —dijo Nick de repente, interrumpiéndola.
Judy lo miró ofendida.
—¿Demasiado? Es lo necesario.
—No, es demasiado rígido —explicó Nick, inclinándose hacia adelante—. Si obligas a todos a seguir este horario militar, nadie se va a divertir. El festival se trata de la energía, de la comunidad. Necesitas menos cuadros de Excel y más... alma.
—¿Alma? —Judy soltó una risa sarcástica—. "Alma" no paga las facturas del catering, Nick.
—Pero el entusiasmo sí —replicó él—. Mira, si nos enfocamos en que el equipo de baloncesto haga una exhibición, atraeremos a más patrocinadores locales. Los negocios de la ciudad aman el deporte. Eso nos daría el presupuesto que te falta para tus "secciones operativas".
Judy se quedó callada un momento, procesando la idea. Odiaba admitirlo, pero Nick tenía razón. El deporte era el motor económico de la escuela.
—Podría funcionar —admitió ella en voz baja—, siempre y cuando el presupuesto se gestione bajo mi supervisión.
—Trato hecho, jefa —dijo Nick con una sonrisa, esta vez menos burlona y un poco más genuina.
Con el paso de las semanas, las reuniones de tarde se convirtieron en una rutina. Lo que empezó como una guerra de egos se transformó lentamente en una colaboración fluida. Judy descubrió que Nick no era solo un bromista; tenía una mente estratégica impresionante y una capacidad para leer a las personas que ella envidiaba. Por su parte, Nick empezó a admirar la inquebrantable ética de trabajo de Judy y su capacidad para preocuparse genuinamente por cada estudiante, desde el elefante más grande hasta el hámster más pequeño.
Una tarde, mientras trabajaban hasta tarde bajo la luz amarillenta de la biblioteca, el silencio era solo interrumpido por el sonido del teclado de Judy.
—¿Por qué lo haces, Nick? —preguntó ella de repente, sin levantar la vista.
—¿Hacer qué? ¿Ser increíblemente guapo? Es un don natural, Zanahorias.
Judy rodó los ojos y se giró hacia él.
—No, me refiero a las notas. Te esfuerzas por parecer que no te importa nada, pero eres el segundo mejor de la clase. Casi el primero. ¿Por qué ocultar que eres inteligente detrás de esa máscara de chico despreocupado?
Nick se quedó helado por un segundo. Dejó de jugar con su bolígrafo y miró hacia la ventana, donde el sol se ponía sobre los edificios de Zootopia.
—Si la gente espera que seas un zorro astuto y nada más, es más fácil darles lo que quieren —respondió él con una voz inusualmente seria—. Si nadie espera que seas brillante, nadie se decepciona cuando fallas.
Judy sintió una punzada de tristeza en el pecho. Se acercó un poco más a él, olvidando por completo los folletos del festival.
—Bueno, yo espero que seas brillante —dijo ella con firmeza—. De hecho, me molesta que no lo intentes más. Eres mi único rival digno en esta escuela, Nick. No me hagas sentir que estoy compitiendo sola.
Nick la miró, sorprendido por la sinceridad en sus ojos amatista. Por un momento, el sarcasmo desapareció por completo.
—Eres un caso perdido, Hopps —susurró él, pero había una suavidad en su tono que Judy nunca había escuchado—. Eres tan... optimista que asusta.
—Alguien tiene que serlo —respondió ella, sintiendo que sus mejillas se calentaban.
Se quedaron mirando el uno al otro durante lo que pareció una eternidad. La distancia entre ellos se sentía más pequeña que nunca. Judy notó el aroma a sándalo y aire libre que desprendía Nick, y él notó la determinación vibrante que emanaba de ella.
—¿Sabes? —dijo Nick, rompiendo el hechizo con una pequeña sonrisa—. Creo que eres la única persona que se ha atrevido a regañarme por no sacar mejores notas.
—Alguien tiene que mantenerte a raya, Wilde. No puedes ir por la vida solo con esa cara bonita y tus tiros de tres puntos.
—¿Acabas de decir que tengo una cara bonita? —preguntó él, recuperando su tono burlón de inmediato.
Judy se puso roja hasta la punta de las orejas.
—¡Yo no dije eso! O sea, objetivamente, para un zorro, podrías considerarte... ¡Cállate, Nick!
Él se rió, una risa limpia y honesta que hizo que el corazón de Judy diera un vuelco extraño.
—Está bien, te dejaré pasar esa. Pero solo porque me ayudaste con el diseño de las camisetas del equipo.
—Fue un intercambio justo por conseguir que el club de teatro aceptara el escenario compartido —replicó ella, tratando de recuperar la compostura.
A medida que el festival se acercaba, el instituto empezó a notar el cambio. Los representantes de la clase ya no discutían por los pasillos; ahora se les veía caminando juntos, compartiendo un café o discutiendo planes con una complicidad que nadie esperaba. Las amigas de Judy le preguntaban constantemente qué pasaba entre ellos, mientras que los compañeros de equipo de Nick le daban codazos sugerentes cada vez que la coneja aparecía en los entrenamientos.
—Solo somos compañeros de trabajo —repetía Judy, aunque cada vez se lo creía menos.
—Es solo por el festival —decía Nick, aunque ahora buscaba cualquier excusa para pasar por el casillero de Judy entre clases.
La noche antes del gran evento, se quedaron en el gimnasio terminando de colgar las decoraciones. Todo estaba listo. El lugar se veía espectacular, un equilibrio perfecto entre la eficiencia de Judy y el estilo de Nick.
—Lo logramos —dijo Judy, sentándose en el suelo del gimnasio, agotada pero satisfecha.
Nick se sentó a su lado, estirando sus largas piernas.
—Lo lograste tú, Zanahorias. Yo solo puse las luces donde me dijiste.
—No es cierto. No habría salido así de bien sin tus ideas. Tenías razón sobre el "alma" del festival.
Nick la miró y, en la penumbra del gimnasio iluminado solo por las luces de colores, se dio cuenta de que ya no quería ser solo su rival.
—Judy —dijo él, usando su nombre real por primera vez en mucho tiempo.
Ella lo miró, intrigada por la seriedad de su voz.
—Dime, Nick.
—Mañana, cuando todo esto termine... y ya no tengamos que ser representantes de la clase... —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Me gustaría que siguiéramos pasando tiempo juntos. Ya sabes, para que puedas seguir vigilando mis notas.
Judy sintió una calidez expandirse por todo su cuerpo. Sonrió, y esta vez no fue una sonrisa de triunfo académico, sino algo mucho más profundo.
—Me parece que eso se puede arreglar, Wilde. Pero te advierto, soy una tutora muy estricta.
—No esperaba menos de ti —respondió él, acercándose lo suficiente para que sus hombros se rozaran.
En ese momento, en el gimnasio vacío del Instituto Nacional de Zootopia, la estudiante de honor y el líder del equipo de baloncesto comprendieron que, aunque eran especies diferentes y mundos opuestos, habían encontrado algo que ninguno de los dos había planeado: un equipo perfecto. El festival sería un éxito, pero lo que estaba naciendo entre ellos era, sin duda, el mejor proyecto que jamás habían iniciado.
Judy caminaba por el pasillo principal con la determinación de un mamífero que tiene el mundo bajo sus pies. Con su uniforme impecable y una carpeta llena de apuntes perfectamente organizados, la coneja era la personificación de la excelencia académica. Para ella, el éxito no era una opción, sino una obligación que se había impuesto desde que puso una pata en la preparatoria.
—¡Buenos días, Sharla! ¡Hola, Benjamin! —saludaba Judy con una sonrisa radiante, contagiando su optimismo a cualquiera que se cruzara en su camino.
Sin embargo, su buen humor se topó con un muro de arrogancia justo antes de llegar a la biblioteca. Apoyado contra los casilleros, rodeado de un grupo de admiradoras y sosteniendo un balón de baloncesto bajo el brazo, estaba él.
Nick Wilde, el zorro que parecía haber nacido con una sonrisa sarcástica pegada al rostro. Nick no solo era el capitán del equipo de los "Predators", sino que, para frustración constante de Judy, era el único que lograba pisarle los talones en las calificaciones.
—Vaya, pero si es la futura presidenta de Zootopia —dijo Nick, su voz arrastrada y teñida de esa confianza que Judy encontraba tan irritante—. ¿Ya terminaste el ensayo de historia, Zanahorias? Escuché que el profesor busca algo con "sustancia", no solo una lista de fechas memorizadas.
Judy se detuvo en seco y lo miró fijamente, ajustándose las gafas con un gesto desafiante.
—Para tu información, Wilde, mi ensayo tiene un análisis sociopolítico que tú no podrías comprender ni aunque te lo leyera en voz alta —respondió ella, cruzándose de brazos—. Y deja de llamarme Zanahorias.
Nick soltó una carcajada ligera, haciendo que el balón girara sobre su dedo índice con una habilidad envidiable.
—Tan predecible. Relájate un poco, Hopps. Si sigues así, tus orejas se van a quedar tiesas para siempre por el estrés.
Judy soltó un bufido y siguió de largo, ignorando las risitas de las compañeras de Nick. No entendía qué le veían. Era un holgazán talentoso, alguien que parecía obtener todo sin esfuerzo mientras ella trabajaba el doble. Pero lo que más le molestaba no era su sarcasmo, sino el hecho de que, en el fondo, Nick era brillante. Y esa rivalidad era la chispa que mantenía a Judy en un estado de alerta constante.
La verdadera pesadilla comenzó en la última hora de clase. El profesor Rhino se aclaró la garganta frente a la pizarra, captando la atención de todos los estudiantes de último año.
—Como saben, el festival de fin de curso requiere una coordinación impecable entre el cuerpo estudiantil y la administración —anunció el profesor con su voz profunda—. Tras una votación cerrada entre sus compañeros, se ha decidido quiénes serán los representantes de la clase para este semestre.
Judy sintió un pequeño salto de emoción en el pecho. Ella siempre ganaba estas cosas.
—Judy Hopps —dijo el profesor, y ella sonrió con modestia mientras sus amigos aplaudían—. Y Nick Wilde.
El silencio que siguió en la mente de Judy fue absoluto. Miró hacia atrás y vio a Nick, quien por primera vez en el día parecía tan sorprendido como ella. El zorro arqueó una ceja, procesando la información.
—¿Perdón? —exclamó Judy, levantando la pata—. Profesor, con todo respeto, el señor Wilde tiene... obligaciones deportivas. Su agenda debe estar muy llena.
—Y la señorita Hopps tiene tantos clubes que dudo que pueda dedicarle tiempo a la logística —añadió Nick, recobrando su compostura y dedicándole una mirada de reojo a la coneja.
—La decisión está tomada —sentenció el profesor Rhino—. Se reunirán hoy después de las clases en el aula de juntas para empezar con el presupuesto del festival. No acepto renuncias.
Al sonar el timbre, Judy salió disparada del aula, pero Nick la alcanzó en el pasillo con sus zancadas largas.
—Parece que vamos a pasar mucho tiempo juntos, Zanahorias —dijo él, metiendo las patas en los bolsillos de su chaqueta escolar.
—No me llames así —masculló ella sin detenerse—. Y escucha bien, Wilde. No voy a dejar que arruines el festival con tu actitud despreocupada. Vamos a hacer esto de manera eficiente, ordenada y siguiendo el manual.
—¿Hay un manual para ser aburrida? Porque creo que te lo aprendiste de memoria —se burló él, aunque había una chispa de curiosidad en sus ojos verdes.
La primera reunión fue, por decir lo menos, un desastre. Se sentaron en extremos opuestos de una mesa larga y polvorienta. Judy había traído tres cuadernos, cinco bolígrafos de diferentes colores y una computadora portátil. Nick solo trajo una manzana y su actitud cínica.
—Bien —comenzó Judy, abriendo su archivo—. He dividido el festival en doce secciones operativas. Necesitamos contactar a los proveedores de comida, organizar el torneo de "Blitz-Ball" y asegurar los permisos para la música en vivo.
Nick la observó mientras ella hablaba a toda velocidad. Notó cómo sus orejas se movían con entusiasmo y cómo sus ojos brillaban cuando mencionaba la importancia de la inclusión para las especies pequeñas del instituto.
—Es demasiado —dijo Nick de repente, interrumpiéndola.
Judy lo miró ofendida.
—¿Demasiado? Es lo necesario.
—No, es demasiado rígido —explicó Nick, inclinándose hacia adelante—. Si obligas a todos a seguir este horario militar, nadie se va a divertir. El festival se trata de la energía, de la comunidad. Necesitas menos cuadros de Excel y más... alma.
—¿Alma? —Judy soltó una risa sarcástica—. "Alma" no paga las facturas del catering, Nick.
—Pero el entusiasmo sí —replicó él—. Mira, si nos enfocamos en que el equipo de baloncesto haga una exhibición, atraeremos a más patrocinadores locales. Los negocios de la ciudad aman el deporte. Eso nos daría el presupuesto que te falta para tus "secciones operativas".
Judy se quedó callada un momento, procesando la idea. Odiaba admitirlo, pero Nick tenía razón. El deporte era el motor económico de la escuela.
—Podría funcionar —admitió ella en voz baja—, siempre y cuando el presupuesto se gestione bajo mi supervisión.
—Trato hecho, jefa —dijo Nick con una sonrisa, esta vez menos burlona y un poco más genuina.
Con el paso de las semanas, las reuniones de tarde se convirtieron en una rutina. Lo que empezó como una guerra de egos se transformó lentamente en una colaboración fluida. Judy descubrió que Nick no era solo un bromista; tenía una mente estratégica impresionante y una capacidad para leer a las personas que ella envidiaba. Por su parte, Nick empezó a admirar la inquebrantable ética de trabajo de Judy y su capacidad para preocuparse genuinamente por cada estudiante, desde el elefante más grande hasta el hámster más pequeño.
Una tarde, mientras trabajaban hasta tarde bajo la luz amarillenta de la biblioteca, el silencio era solo interrumpido por el sonido del teclado de Judy.
—¿Por qué lo haces, Nick? —preguntó ella de repente, sin levantar la vista.
—¿Hacer qué? ¿Ser increíblemente guapo? Es un don natural, Zanahorias.
Judy rodó los ojos y se giró hacia él.
—No, me refiero a las notas. Te esfuerzas por parecer que no te importa nada, pero eres el segundo mejor de la clase. Casi el primero. ¿Por qué ocultar que eres inteligente detrás de esa máscara de chico despreocupado?
Nick se quedó helado por un segundo. Dejó de jugar con su bolígrafo y miró hacia la ventana, donde el sol se ponía sobre los edificios de Zootopia.
—Si la gente espera que seas un zorro astuto y nada más, es más fácil darles lo que quieren —respondió él con una voz inusualmente seria—. Si nadie espera que seas brillante, nadie se decepciona cuando fallas.
Judy sintió una punzada de tristeza en el pecho. Se acercó un poco más a él, olvidando por completo los folletos del festival.
—Bueno, yo espero que seas brillante —dijo ella con firmeza—. De hecho, me molesta que no lo intentes más. Eres mi único rival digno en esta escuela, Nick. No me hagas sentir que estoy compitiendo sola.
Nick la miró, sorprendido por la sinceridad en sus ojos amatista. Por un momento, el sarcasmo desapareció por completo.
—Eres un caso perdido, Hopps —susurró él, pero había una suavidad en su tono que Judy nunca había escuchado—. Eres tan... optimista que asusta.
—Alguien tiene que serlo —respondió ella, sintiendo que sus mejillas se calentaban.
Se quedaron mirando el uno al otro durante lo que pareció una eternidad. La distancia entre ellos se sentía más pequeña que nunca. Judy notó el aroma a sándalo y aire libre que desprendía Nick, y él notó la determinación vibrante que emanaba de ella.
—¿Sabes? —dijo Nick, rompiendo el hechizo con una pequeña sonrisa—. Creo que eres la única persona que se ha atrevido a regañarme por no sacar mejores notas.
—Alguien tiene que mantenerte a raya, Wilde. No puedes ir por la vida solo con esa cara bonita y tus tiros de tres puntos.
—¿Acabas de decir que tengo una cara bonita? —preguntó él, recuperando su tono burlón de inmediato.
Judy se puso roja hasta la punta de las orejas.
—¡Yo no dije eso! O sea, objetivamente, para un zorro, podrías considerarte... ¡Cállate, Nick!
Él se rió, una risa limpia y honesta que hizo que el corazón de Judy diera un vuelco extraño.
—Está bien, te dejaré pasar esa. Pero solo porque me ayudaste con el diseño de las camisetas del equipo.
—Fue un intercambio justo por conseguir que el club de teatro aceptara el escenario compartido —replicó ella, tratando de recuperar la compostura.
A medida que el festival se acercaba, el instituto empezó a notar el cambio. Los representantes de la clase ya no discutían por los pasillos; ahora se les veía caminando juntos, compartiendo un café o discutiendo planes con una complicidad que nadie esperaba. Las amigas de Judy le preguntaban constantemente qué pasaba entre ellos, mientras que los compañeros de equipo de Nick le daban codazos sugerentes cada vez que la coneja aparecía en los entrenamientos.
—Solo somos compañeros de trabajo —repetía Judy, aunque cada vez se lo creía menos.
—Es solo por el festival —decía Nick, aunque ahora buscaba cualquier excusa para pasar por el casillero de Judy entre clases.
La noche antes del gran evento, se quedaron en el gimnasio terminando de colgar las decoraciones. Todo estaba listo. El lugar se veía espectacular, un equilibrio perfecto entre la eficiencia de Judy y el estilo de Nick.
—Lo logramos —dijo Judy, sentándose en el suelo del gimnasio, agotada pero satisfecha.
Nick se sentó a su lado, estirando sus largas piernas.
—Lo lograste tú, Zanahorias. Yo solo puse las luces donde me dijiste.
—No es cierto. No habría salido así de bien sin tus ideas. Tenías razón sobre el "alma" del festival.
Nick la miró y, en la penumbra del gimnasio iluminado solo por las luces de colores, se dio cuenta de que ya no quería ser solo su rival.
—Judy —dijo él, usando su nombre real por primera vez en mucho tiempo.
Ella lo miró, intrigada por la seriedad de su voz.
—Dime, Nick.
—Mañana, cuando todo esto termine... y ya no tengamos que ser representantes de la clase... —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Me gustaría que siguiéramos pasando tiempo juntos. Ya sabes, para que puedas seguir vigilando mis notas.
Judy sintió una calidez expandirse por todo su cuerpo. Sonrió, y esta vez no fue una sonrisa de triunfo académico, sino algo mucho más profundo.
—Me parece que eso se puede arreglar, Wilde. Pero te advierto, soy una tutora muy estricta.
—No esperaba menos de ti —respondió él, acercándose lo suficiente para que sus hombros se rozaran.
En ese momento, en el gimnasio vacío del Instituto Nacional de Zootopia, la estudiante de honor y el líder del equipo de baloncesto comprendieron que, aunque eran especies diferentes y mundos opuestos, habían encontrado algo que ninguno de los dos había planeado: un equipo perfecto. El festival sería un éxito, pero lo que estaba naciendo entre ellos era, sin duda, el mejor proyecto que jamás habían iniciado.
