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Yo hija de goku caigo en el anime naruto (sasuke x yo)

Fandom: Naruto

Creado: 25/6/2026

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Destello Dorado en el Camino de Oregón

El aire en el laboratorio de la Corporación Cápsula siempre olía a una mezcla de ozono, café frío y metal pulido. Para Akira, ese era el olor de la aventura, o al menos el de las geniales locuras de Bulma. Sin embargo, en cuestión de segundos, la atmósfera cambió radicalmente. El zumbido constante de la máquina de portales se transformó en un rugido ensordecedor que hacía vibrar hasta los huesos.

—¡Bulma, apágalo! —gritó Akira, clavando sus pies en el suelo mientras el viento generado por el vórtice empezaba a desordenar su corto cabello negro.

—¡No puedo! ¡Los controles no responden! —la científica luchaba por sostenerse de una consola, pero la fuerza de succión era implacable.

Cuando Bulma perdió el equilibrio y fue arrastrada hacia el abismo azulado, Akira no lo pensó. Su cuerpo se movió por puro instinto, una explosión de velocidad que solo alguien con sangre Saiyajin podría alcanzar. Sus dedos se cerraron con fuerza sobre el brazo de Bulma, y por un instante, el tiempo pareció detenerse.

—¡No la soltaré! —rugió la joven, su orgullo y su determinación ardiendo con la misma intensidad que su energía.

El aura dorada estalló a su alrededor, iluminando el laboratorio con la fuerza de un sol naciente. Akira intentó volar en dirección contraria, luchando contra la gravedad artificial del portal, pero la máquina emitió un chirrido metálico final. El espacio-tiempo se rasgó. Una luz blanca, absoluta y cegadora, devoró la realidad.

...

El País de las Olas era un lugar húmedo, envuelto en una neblina perpetua que se filtraba entre los árboles. Para el Equipo 7, la misión de escolta a Tazuna ya era lo suficientemente tensa debido a la amenaza constante de asesinos ocultos en las sombras.

—¿Falta mucho? —se quejó Naruto por enésima vez, frotándose la nuca con fastidio—. Mis pies se sienten como si pesaran una tonelada.

—Deja de llorar, Naruto —respondió Sakura, aunque ella también parecía agotada por la humedad—. Solo concéntrate en el camino.

Sasuke, que caminaba un poco más adelante, mantenía el silencio, con la mano cerca de su bolsa de armas. Kakashi, por su parte, parecía distraído con su libro, pero su único ojo visible escaneaba el entorno con una precisión letal.

De repente, la presión atmosférica cambió. El aire se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que erizó los cabellos de todos los presentes.

—¿Qué es ese ruido? —preguntó Tazuna, deteniéndose en seco y aferrando su jarra de sake.

Un estruendo sacudió el firmamento, un sonido que no era un trueno, sino algo más sólido, más violento. Las nubes, densas y grises, se abrieron de par en par como si una mano invisible las hubiera desgarrado.

—¡Cuidado! —gritó Kakashi, cerrando su libro de golpe y poniéndose frente al grupo.

Una esfera de luz dorada, rodeada de rayos azules, descendió del cielo a una velocidad que desafiaba la vista. El impacto fue brutal. El suelo tembló bajo sus pies y una onda expansiva de aire caliente los obligó a cubrirse el rostro. El sonido del choque resonó en todo el bosque, asustando a las aves y dejando un rastro de humo que se elevaba hacia el cielo.

—¡Ay, ay, ay! ¡Mi trasero! —Naruto fue el primero en levantarse, sacudiéndose el polvo de su ropa naranja—. ¿Qué demonios fue eso? ¿Un meteorito?

—Un meteorito no brilla de esa forma, idiota —masulló Sasuke, aunque sus ojos estaban fijos en el cráter, su Sharingan activándose instintivamente.

Kakashi hizo una señal para que se mantuvieran atrás. El humo comenzó a disiparse lentamente, revelando un agujero de varios metros de diámetro en mitad del camino. En el centro, recostada sobre la tierra removida, yacía una figura pequeña.

—¡Es una chica! —exclamó Sakura, parpadeando con incredulidad—. ¿¡Una chica cayó del cielo!?

—Eso... eso es imposible —murmuró Naruto, acercándose un paso más a pesar de la advertencia de su maestro—. Nadie sobrevive a una caída así.

Kakashi se acercó al borde del cráter. Su mirada era analítica, pero por dentro estaba desconcertado. La joven no vestía como una ninja; llevaba una ropa extraña, de materiales que no reconoció, y su complexión, aunque menuda, delataba un entrenamiento físico riguroso. Pero lo más extraño no era su apariencia, sino la energía que emanaba de ella. No era chakra. Era algo más denso, más salvaje, como si tuviera un volcán dormido dentro del pecho.

Akira soltó un quejido sordo. Su cabeza daba vueltas y sentía el sabor metálico de la sangre en su boca. Lo último que recordaba era el rostro aterrorizado de Bulma y el estallido de la máquina.

—¿Bulma...? —susurró, abriendo los ojos poco a poco.

La luz del sol se filtraba entre las hojas de árboles gigantescos que no recordaba haber visto en la Capital del Oeste. Al enfocar la vista, se encontró con cuatro rostros extraños que la observaban con una mezcla de sospecha y asombro. Un chico rubio con marcas en las mejillas, una chica de cabello rosado, un chico de mirada sombría y un hombre con una máscara que le cubría media cara.

—¿Eh...? —Akira se sentó bruscamente, ignorando el dolor en sus músculos. Miró a su alrededor, buscando desesperadamente la estructura metálica del laboratorio o cualquier señal de tecnología conocida—. ¿Dónde está Bulma? ¿A dónde se fue el laboratorio?

El silencio reinó durante unos segundos, interrumpido solo por el crujir de las ramas cercanas.

—Primero dinos quién eres tú —dijo Naruto, inclinando la cabeza con curiosidad—. ¿Eres una enviada de Gato? ¿O alguna clase de invocación fallida?

Akira frunció el ceño. Se puso de pie con una agilidad que hizo que Sasuke retrocediera un paso, poniéndose en guardia. La joven sacudió el polvo de su ropa y se dio cuenta de que su comunicador estaba destrozado.

—¿Gato? ¿Invocación? No sé de qué hablas, niño —respondió Akira, cruzándose de brazos. Su orgullo herido empezaba a aflorar ahora que el susto inicial pasaba—. Soy Akira. Y más les vale decirme dónde estoy ahora mismo. Este lugar no parece la Ciudad del Oeste. Ni siquiera parece la Tierra.

—Estás en el País del Fuego, cerca de la frontera —intervino Kakashi, con voz calmada pero firme—. Y yo soy Kakashi Hatake. No pareces una ninja, Akira, pero tu entrada ha sido... poco convencional. ¿Cómo es que has caído del cielo sin un solo hueso roto?

Akira miró al hombre del cabello plateado. Su instinto le decía que él era el más fuerte del grupo, pero no sentía ese "ki" maligno que solían tener los villanos. Sin embargo, estaba irritada. Estaba perdida, lejos de su familia, y la persona a la que intentaba salvar había desaparecido.

—Soy fuerte, eso es todo —respondió ella con un deje de terquedad—. Y no caí, me... bueno, técnicamente sí caí, pero fue un accidente de laboratorio. ¡Bulma! ¡Tengo que encontrarla!

Akira cerró los ojos y se concentró. Intentó sentir el ki de Bulma, o el de su padre, o incluso el de ese testarudo de Vegeta. Nada. El mundo se sentía... vacío. Había mucha energía a su alrededor, pero era diferente. Era una energía que fluía por canales específicos, algo que ella no comprendía.

—No siento a nadie —susurró, y por primera vez, una pizca de miedo cruzó sus ojos negros—. No están aquí.

—Oye, tranquila —dijo Sakura, suavizando un poco el tono al ver la angustia de la chica—. No sabemos quién es esa Bulma, pero si estaba contigo, quizás cayó en otro lugar.

—No lo entienden —Akira apretó los puños y, sin previo aviso, sus pies se despegaron del suelo. Se elevó un par de metros en el aire, flotando con naturalidad ante los ojos desorbitados del Equipo 7.

—¡Está volando! —gritó Naruto, señalándola con el dedo—. ¡Está volando sin usar jutsu ni sellos! ¡Kakashi-sensei, mira eso!

Sasuke entrecerró los ojos. Aquello no era un Jutsu de Levitación ordinario. No había señales de consumo de chakra externo. La chica simplemente... flotaba.

—¿Qué clase de técnica es esa? —preguntó Sasuke, su voz cargada de una envidia mal disimulada por el poder desconocido.

Akira los miró desde arriba, todavía confundida.

—¿Técnica? Solo estoy volando. ¿Ustedes no saben volar? —preguntó ella con total sinceridad.

—Los ninjas podemos saltar muy alto y caminar por las paredes, pero volar de esa manera... es algo muy raro —explicó Kakashi, rascándose la mejilla—. Escucha, Akira. Estás en un lugar que claramente no conoces y pareces estar en problemas. Nosotros estamos en medio de una misión importante. No podemos dejarte aquí sola, especialmente si hay gente buscándote o si eres un peligro potencial.

Akira descendió lentamente hasta que sus botas tocaron el suelo. Odiaba admitirlo, pero el hombre tenía razón. No tenía mapa, no conocía las reglas de este mundo y su estómago empezaba a rugir de una manera que solo un Saiyajin entendería.

—Tengo hambre —dijo simplemente, su impulsividad dándole paso a sus necesidades básicas.

Naruto soltó una carcajada y buscó en su mochila, sacando una barra de raciones ninja.

—¡Eso lo entiendo perfectamente! Soy Naruto Uzumaki, el próximo Hokage. Si vienes con nosotros, te daré de comer, pero tendrás que explicarnos cómo hiciste ese truco de la luz dorada.

Akira aceptó la comida con un gesto rápido.

—No es un truco. Es mi energía. Y si me ayudan a encontrar una forma de volver a casa, tal vez les enseñe un par de cosas sobre cómo pelear de verdad.

Sasuke soltó un bufido de desdén.

—¿Pelear de verdad? Eres una niña que cayó de un agujero en el cielo. No te creas tanto.

Akira se giró hacia él, sus ojos negros centelleando con un desafío peligroso. Un pequeño estallido de aire surgió de sus pies, agrietando el suelo bajo ella.

—¿Quieres probarlo, chico de ojos raros? —preguntó ella con una sonrisa desafiante.

—Basta, los dos —ordenó Kakashi, poniéndose entre ellos—. Tenemos un constructor de puentes que proteger y asesinos que podrían atacarnos en cualquier momento. Akira, puedes venir con nosotros hasta que lleguemos al País de las Olas. Allí decidiremos qué hacer contigo. Pero te advierto: en este mundo, las cosas se resuelven con estrategia, no solo con fuerza bruta.

Akira se encogió de hombros, guardando su orgullo por el momento.

—Como digas, jefe. Pero les aviso, no me gusta quedarme de brazos cruzados si hay acción.

Mientras el grupo retomaba la marcha, Akira caminaba al lado de un Naruto parlanchín que no dejaba de hacerle preguntas sobre "su aldea oculta". Ella miraba sus manos, sintiendo el hormigueo del ki que todavía recorría sus venas. Estaba en un mundo de ninjas, de asesinos y de energías extrañas. Era un lugar peligroso, sí, pero también era nuevo.

Y si algo amaba Akira, era explorar lo desconocido.

—Papá se va a poner furioso cuando se entere de esto —murmuró para sí misma con una sonrisa traviesa—. Pero mientras tanto... veamos qué tan fuertes son estos ninjas.

A lo lejos, entre la niebla del camino, dos figuras con máscaras de demonio observaban al grupo desde las copas de los árboles. Habían visto la caída de la estrella dorada y habían sentido la presión en el aire. El plan original de asesinar al constructor de puentes acababa de volverse mucho más complicado, o quizás, mucho más interesante.

El viaje al País de las Olas acababa de ganar una aliada que no conocía los límites de la realidad, y el Equipo 7 estaba a punto de descubrir que, a veces, el mayor poder no viene del chakra, sino de la voluntad de una chica que se niega a ser detenida.
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