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Gohan en dxd Temporada 1
Fandom: Gohan en high school dxd
Creado: 25/6/2026
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UA (Universo Alternativo)CrossoverAcciónAventuraFantasíaRecortes de VidaArregloIsekai / Fantasía Portal
El Pequeño Guerrero de Cabello Dorado y el Misterio de la Academia Kuoh
El sol de la mañana se filtraba a través de las ventanas de la Academia Kuoh, iluminando los pasillos de una institución conocida por su elegancia y su estricta disciplina. Sin embargo, ese día, el aire se sentía distinto. No era algo que un humano normal pudiera notar, pero para aquellos que habitaban en las sombras de lo sobrenatural, la atmósfera pesaba como el plomo.
En el salón de clases de segundo año, el murmullo era incesante. Issei Hyoudou, un joven cuya mente solía estar ocupada por pensamientos poco decorosos, estaba inusualmente distraído. A su lado, Asia Argento, la joven ex-monja de corazón puro, miraba con curiosidad el asiento vacío al frente.
—Oye, Asia, ¿escuchaste los rumores? —susurró Issei, inclinándose hacia ella—. Dicen que el nuevo estudiante es un genio, pero que apenas es un niño.
—Sí, Issei-san. Escuché que tiene solo doce años —respondió Asia con una sonrisa dulce—. Debe ser muy inteligente para estar en nuestra clase.
En ese momento, la puerta se deslizó hacia un lado y el profesor entró, seguido por una figura que rompió todos los esquemas de la preparatoria. Era un niño pequeño, vestido con un uniforme que le quedaba ligeramente grande, de cabello oscuro y alborotado que desafiaba la gravedad. Sus ojos eran grandes y expresivos, reflejando una timidez que contrastaba con la rectitud de su postura.
—Atención todos —dijo el profesor, aclarándose la garganta—. Él es Son Gohan. Debido a su excepcional coeficiente intelectual y a sus resultados en los exámenes de ingreso, ha sido adelantado varios grados. Espero que lo traten con respeto.
Gohan hizo una reverencia perfecta, de noventa grados, demostrando una educación impecable que dejó a las chicas del salón soltando suspiros de ternura.
—Mucho gusto en conocerlos —dijo Gohan con una voz suave pero clara—. Mi nombre es Son Gohan. Espero que podamos ser buenos amigos.
Gohan caminó hacia su asiento, pasando justo al lado de Issei. En ese instante, el joven demonio sintió un escalofrío que le recorrió la columna vertebral. No era miedo, era algo más primario. Fue como si, por un segundo, un volcán en erupción hubiera pasado a su lado, pero contenido dentro de una pequeña botella de cristal.
"¿Qué fue eso?", pensó Issei, sudando frío. "Ddraig, ¿sentiste eso?".
—*Compañero... mantente alerta* —la voz profunda del Dragón Galés resonó en su mente—. *Ese niño... no es un humano ordinario. Su energía es... inmensa. Nunca he sentido nada parecido. No es magia, es algo más puro y devastador.*
Mientras tanto, en lo alto de la vieja escuela, en el club de Investigación de lo Oculto, una mujer de cabello carmesí observaba la escena a través de la ventana. Rias Gremory, la heredera del clan Gremory, tenía el ceño fruncido. A su lado, Akeno Himejima, su reina, servía el té con su elegancia habitual, aunque sus ojos violetas también mostraban una chispa de inquietud.
—¿Tú también lo sientes, Akeno? —preguntó Rias sin apartar la vista del patio donde Gohan caminaba hacia el edificio principal.
—Es difícil ignorarlo, presidenta —respondió Akeno, dejando la tetera sobre la mesa—. Es como si una estrella pequeña estuviera caminando por los pasillos. Cada vez que ese niño se pone nervioso o se emociona, el aire vibra. Las barreras de la academia están reaccionando a su sola presencia.
Rias cruzó los brazos, pensativa. Como demonio de clase alta, su instinto le decía que ese joven, Son Gohan, era una anomalía. No emitía rastro de luz celestial, por lo que no era un ángel, ni tampoco la malicia de un ángel caído.
—Koneko —llamó Rias.
De las sombras del sofá, la pequeña Nekomata apareció, mordisqueando una barra de chocolate. Su expresión, usualmente apática, estaba marcada por una tensión evidente. Sus orejas, aunque ocultas, se movían bajo su cabello blanco.
—Es fuerte —dijo Koneko de forma escueta—. Su cuerpo... está entrenado a un nivel absurdo. Sus músculos están en perfecta armonía. Si él quisiera, podría derribar este edificio de un solo golpe físico.
Rias suspiró, sintiendo una mezcla de curiosidad y responsabilidad. Si un ser de ese calibre estaba en su territorio, debía saber quién era y cuáles eran sus intenciones.
—Debemos invitarlo al club después de clases —sentenció Rias—. Si es una amenaza, debemos saberlo. Pero si es un aliado... un poder así cambiaría las reglas del juego para el clan Gremory.
El día transcurrió de manera extraña para Gohan. Trató de pasar desapercibido, pero ser un niño de doce años en una clase de adolescentes de diecisiete no ayudaba mucho. Además, su madre, Milk, había sido muy clara: "¡Gohan, nada de peleas, nada de volar y, por el amor de Dios, saca las mejores notas!". El pequeño Saiyajin suspiró mientras resolvía ecuaciones diferenciales en la pizarra con una velocidad que dejó al profesor boquiabierto.
Al terminar las clases, Gohan guardaba sus libros cuando sintió que alguien se acercaba. Era Issei, acompañado por la amable Asia.
—¡Oye, Gohan-kun! —exclamó Issei, tratando de sonar casual—. Soy Issei Hyoudou. Ella es Asia. Nos preguntábamos si te gustaría acompañarnos. Alguien importante quiere conocerte.
Gohan se rascó la nuca, un gesto heredado de su padre.
—Ah, hola Issei-san, Asia-san. Mucho gusto. Bueno... no tengo planes, pero mi mamá me dijo que volviera temprano para estudiar...
—¡Solo será un momento! —insistió Issei, sintiendo la presión de la orden de Rias—. Es en el edificio antiguo. Hay té y galletas.
La palabra "galletas" pareció relajar un poco a Gohan. Después de todo, seguía siendo un niño con un apetito de Saiyajin.
—Está bien, supongo que un rato no hará daño.
Caminaron hacia la sede del club de Investigación de lo Oculto. A medida que se acercaban, Gohan frunció ligeramente el ceño. Podía sentir las energías en el edificio. Eran oscuras, pero no necesariamente malvadas. Recordó lo que su padre y el señor Piccolo le habían enseñado sobre sentir el ki.
"Hay tres... no, cuatro personas allá adentro", pensó Gohan. "Sus energías son diferentes a las de los humanos. Son similares a las del señor Piccolo, pero con un matiz más... frío".
Al entrar al club, el ambiente cambió. El olor a té de rosas y madera antigua inundó sus sentidos. Rias Gremory estaba sentada en su escritorio, con la autoridad de una reina. Akeno estaba a su lado, y Koneko sentada en el sofá, observándolo fijamente.
—Bienvenido, Son Gohan —dijo Rias con una sonrisa que pretendía ser acogedora, pero que no ocultaba su escrutinio—. Por favor, toma asiento.
Gohan se sentó, sintiéndose un poco pequeño en el gran sofá. Akeno le sirvió una taza de té y un plato de galletas, que el niño aceptó con un agradecimiento educado.
—Supongo que te preguntarás por qué te hemos llamado —comenzó Rias, entrelazando sus dedos—. No andaré con rodeos. Este no es un club ordinario, y nosotros no somos estudiantes normales. Somos demonios.
Gohan dejó la taza de té en la mesa con cuidado. Para sorpresa de todos, no se asustó. No gritó ni intentó huir. Simplemente asintió con la cabeza, manteniendo su expresión serena.
—Lo sabía —dijo Gohan suavemente—. Su energía es muy distinta. Aunque no sabía que se llamaban demonios. En mi mundo, he conocido a seres muy extraños, así que esto no me sorprende tanto.
Rias intercambió una mirada de asombro con Akeno.
—¿Tu mundo? —preguntó Akeno con curiosidad—. ¿A qué te refieres con eso, Gohan-kun?
Gohan dudó un momento. Recordó las advertencias de su madre sobre no hablar de sus poderes, pero también recordó lo que su padre decía sobre la honestidad y el instinto. Estos "demonios" no parecían malas personas; de hecho, sentía una gran lealtad entre ellos.
—Vengo de un lugar donde la gente lucha para proteger la Tierra —explicó Gohan—. Mi padre es un guerrero, y yo también he tenido que pelear. No soy un humano común. Soy un híbrido. Mi padre es un Saiyajin, una raza de guerreros del espacio, y mi madre es humana.
Un silencio sepulcral cayó sobre la habitación. Issei abrió la boca tanto que casi toca el suelo. ¿Alienígenas? ¿Guerreros espaciales? Eso superaba cualquier fantasía que hubiera tenido.
—¿Saiyajin? —repitió Rias, procesando la información—. Nunca he oído hablar de esa raza en los registros del Inframundo. Sin embargo... hace poco, mi hermano, Sirzechs, el actual Lucifer, mencionó una perturbación en el tejido de la realidad. Habló de leyendas sobre guerreros de cabello dorado que podían destruir planetas.
Gohan bajó la mirada, un poco triste.
—Mi padre es uno de ellos. Él es Son Goku. Él es... muy fuerte.
Rias sintió un escalofrío. El nombre "Goku" no le decía nada, pero la mención de "destruir planetas" la hizo palidecer. En el mundo sobrenatural, incluso los diez seres más poderosos del mundo tenían límites. ¿Un guerrero que destruye planetas? Era una escala de poder cósmica.
—Gohan —dijo Rias, levantándose y caminando hacia él—. Si lo que dices es cierto, tu presencia aquí es más importante de lo que imaginaba. Pero, ¿por qué estás en una escuela? ¿Por qué ocultas tu poder?
—Porque quiero ser un gran investigador —respondió Gohan con sinceridad—. Y porque mi mamá dice que el mundo está en paz ahora y que debo estudiar. No me gusta pelear... a menos que sea para proteger a alguien.
Koneko, que había estado callada, se levantó y se acercó a Gohan. Se detuvo a pocos centímetros de él y lo miró a los ojos. Gohan no retrocedió.
—Demuéstralo —dijo Koneko—. Tu energía. Está ahí, pero está dormida. Quiero verla.
Gohan miró a Rias, quien asintió con curiosidad.
—Está bien —dijo el niño, poniéndose de pie—. Pero por favor, no se asusten. Intentaré liberar solo un poco.
Gohan cerró los ojos y separó ligeramente los pies. Respiró profundamente, concentrándose en el centro de su ser. De repente, la temperatura de la habitación subió drásticamente. Las ventanas empezaron a vibrar rítmicamente, como si un corazón gigante estuviera latiendo debajo del edificio.
—¡Haaaaa! —un rugido corto salió de la garganta de Gohan.
En un instante, un aura blanca y transparente estalló alrededor de su cuerpo, tan densa que parecía sólida. El viento generado por la energía lanzó los papeles del club por los aires y obligó a Issei y Asia a cubrirse el rostro. La presión era asfixiante; era como si la gravedad se hubiera multiplicado por diez.
Rias y Akeno tuvieron que usar su poder demoníaco solo para mantenerse en pie. No era magia, era pura fuerza vital, pura voluntad convertida en energía.
—Es... increíble —susurró Rias, con los ojos muy abiertos—. Es como si el universo mismo estuviera gritando.
Gohan relajó su postura y el aura desapareció de inmediato. El silencio que siguió fue casi doloroso. El niño volvió a su estado tímido, rascándose la cabeza y pidiendo disculpas por el desorden.
—Lo siento, es difícil controlarlo cuando trato de mostrarlo así —dijo Gohan apenado.
Rias se acercó a él, pero esta vez no lo veía como un estudiante o una curiosidad. Lo veía con un respeto profundo, casi con reverencia.
—Gohan, no tienes por qué disculparte —dijo Rias, poniendo una mano en su hombro—. Eres extraordinario. No sé qué destino te trajo a Kuoh, pero me alegra que estés aquí.
Sin embargo, la calma no duraría mucho. Un círculo mágico con el emblema de un fénix apareció en medio de la sala. De las llamas, emergió un hombre de cabello rubio, vestido con un traje elegante y una expresión de arrogancia suprema.
—Vaya, vaya, Rias —dijo el hombre, mirando a su alrededor con desprecio—. Así que aquí es donde te escondes, rodeada de basura y... ¿un niño?
Rias se tensó de inmediato, sus ojos brillando con una furia carmesí.
—Raiser Phenex —dijo ella con voz gélida—. No eres bienvenido aquí.
Gohan observó al recién llegado. Podía sentir una energía ardiente y desagradable emanando de él. Raiser, por su parte, ni siquiera se dignó a mirar a Gohan con seriedad.
—He venido a recordarte nuestro compromiso, mi querida prometida —dijo Raiser, soltando una carcajada—. No puedes huir de tu destino. Eres mía, y no hay nada que estos demonios de clase baja puedan hacer para evitarlo.
Issei dio un paso al frente, apretando los puños.
—¡Cállate, maldito! ¡Rias-buchou no le pertenece a nadie!
Raiser simplemente hizo un gesto con la mano y una ráfaga de fuego lanzó a Issei contra la pared. Gohan se movió tan rápido que nadie pudo verlo. En un parpadeo, estaba al lado de Issei, ayudándolo a levantarse.
—¿Estás bien, Issei-san? —preguntó Gohan, su voz ahora tenía un matiz de acero.
—Sí... gracias, Gohan —dijo Issei, tosiendo.
Gohan se volvió hacia Raiser. Sus ojos, que antes eran dulces y timoratos, ahora estaban fijos en el demonio de fuego con una intensidad que hizo que Raiser se estremeciera por un segundo, aunque su orgullo no le permitió admitirlo.
—No deberías golpear a tus amigos —dijo Gohan con calma, pero el aire a su alrededor empezó a chisporrotear.
—¿Y qué vas a hacer tú, mocoso? —se burló Raiser—. Soy un Phenex, soy inmortal. Mis llamas te convertirán en cenizas antes de que puedas pestañear.
Rias se interpuso entre ellos.
—¡Basta, Raiser! —gritó ella—. Si quieres resolver esto, lo haremos de la manera tradicional. ¡Un Rating Game!
Raiser se detuvo, una sonrisa maliciosa cruzando su rostro.
—¿Un Rating Game? ¿Tú y tu séquito de perdedores contra mi nobleza? Acepto. Tienes diez días para prepararte, Rias. Disfruta de tu libertad mientras puedas.
Con un estallido de fuego, Raiser desapareció. La habitación quedó en silencio, pero la tensión era casi tangible. Rias se dejó caer en su silla, ocultando su rostro entre sus manos. Sabía que sus posibilidades eran casi nulas. Su nobleza no tenía la experiencia ni el poder para enfrentar a un veterano como Raiser.
Gohan observó la tristeza de Rias y la frustración de sus nuevos amigos. No entendía del todo las reglas de ese "Rating Game", pero entendía una cosa: sus amigos sufrían por culpa de un abusivo.
—Rias-san —dijo Gohan, atrayendo la atención de todos—. No sé mucho de juegos, pero sé mucho de entrenamiento. Mi padre siempre dice que nadie es invencible si te esfuerzas lo suficiente.
Rias levantó la vista, encontrándose con la mirada decidida del joven Saiyajin.
—Gohan, Raiser es un demonio de clase alta... su capacidad de regeneración es absoluta —explicó Rias con desánimo.
—El señor Piccolo siempre decía que no importa si alguien puede regenerarse, solo tienes que golpearlo con una fuerza que no pueda regenerar —respondió Gohan con una lógica simple pero aplastante—. Si me lo permiten... me gustaría ayudarlos. Y creo que mi padre también querría ayudar.
—¿Tu padre? —preguntó Akeno—. ¿El guerrero del que hablaste?
Gohan asintió, su rostro iluminándose con una sonrisa.
—Sí. Él es el mejor maestro del mundo. Si él los entrena, ese señor del fuego no tendrá ninguna oportunidad.
En ese momento, una presencia masiva se sintió fuera del edificio. No era hostil, era... cálida, vibrante y llena de una alegría contagiosa. Gohan corrió hacia la ventana y la abrió de par en par.
—¡Papá! —gritó Gohan con entusiasmo.
Desde el cielo, descendiendo lentamente sobre una nube dorada que dejó a todos en el club sin palabras, apareció un hombre alto, con un traje de combate naranja y un cabello negro aún más alborotado que el de Gohan. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y saludaba con la mano.
—¡Hola, Gohan! —exclamó Son Goku mientras saltaba de la Nube Voladora y entraba por la ventana del club—. Siento llegar tarde, pero me distraje viendo unos árboles frutales muy extraños por el camino. ¡Vaya! ¿Estos son tus nuevos amigos? ¡Mucho gusto! ¡Soy Goku!
Issei, Rias, Akeno, Asia y Koneko se quedaron petrificados. El hombre frente a ellos no parecía un guerrero legendario; parecía un niño grande y despistado. Pero la energía que emanaba de él... era como estar frente al sol mismo.
—Señor Goku... —susurró Rias, sintiendo que el destino de su clan acababa de dar un giro de 180 grados.
Goku se rascó la nuca y miró a Rias.
—Gohan me contó un poco por el camino, algo sobre un tipo que escupe fuego y que es muy presumido. No se preocupen, ¡con un poco de entrenamiento, todos ustedes se volverán increíblemente fuertes! ¡Ya quiero empezar!
Koneko se acercó a Goku, mirando fijamente al hombre. Goku se agachó para estar a su altura y le dio unas palmaditas en la cabeza.
—Oye, pequeña, tienes un poder muy interesante escondido ahí dentro. Solo tienes que dejar de tenerle miedo, ¿sabes? —dijo Goku con una sabiduría instintiva que dejó a Koneko sin palabras.
Rias miró a Gohan y luego a Goku. Por primera vez en semanas, sintió una chispa de esperanza. No, no era solo esperanza. Era la certeza de que el mundo sobrenatural estaba a punto de presenciar algo que nunca olvidaría.
—Maestro Goku... Gohan —dijo Rias, haciendo una reverencia—. Por favor, enséñennos. Ayúdennos a proteger a nuestra familia.
Goku sonrió, levantando el pulgar.
—¡Hecho! Pero les advierto... ¡mi entrenamiento es un poco duro! ¡Espero que tengan mucha hambre después!
Gohan rió, sintiéndose finalmente en casa. La Academia Kuoh no iba a ser aburrida, después de todo. Los próximos diez días no solo cambiarían el destino de Rias Gremory, sino que marcarían el comienzo de una nueva era donde el Ki y la magia se entrelazarían para crear leyendas.
Y así, bajo la tutela de los Saiyajin, el Clan Gremory comenzó su camino hacia el despertar de un poder que ni siquiera los dioses del inframundo podrían haber imaginado. La batalla contra Raiser Phenex ya no parecía un final, sino el emocionante comienzo de una gran aventura.
En el salón de clases de segundo año, el murmullo era incesante. Issei Hyoudou, un joven cuya mente solía estar ocupada por pensamientos poco decorosos, estaba inusualmente distraído. A su lado, Asia Argento, la joven ex-monja de corazón puro, miraba con curiosidad el asiento vacío al frente.
—Oye, Asia, ¿escuchaste los rumores? —susurró Issei, inclinándose hacia ella—. Dicen que el nuevo estudiante es un genio, pero que apenas es un niño.
—Sí, Issei-san. Escuché que tiene solo doce años —respondió Asia con una sonrisa dulce—. Debe ser muy inteligente para estar en nuestra clase.
En ese momento, la puerta se deslizó hacia un lado y el profesor entró, seguido por una figura que rompió todos los esquemas de la preparatoria. Era un niño pequeño, vestido con un uniforme que le quedaba ligeramente grande, de cabello oscuro y alborotado que desafiaba la gravedad. Sus ojos eran grandes y expresivos, reflejando una timidez que contrastaba con la rectitud de su postura.
—Atención todos —dijo el profesor, aclarándose la garganta—. Él es Son Gohan. Debido a su excepcional coeficiente intelectual y a sus resultados en los exámenes de ingreso, ha sido adelantado varios grados. Espero que lo traten con respeto.
Gohan hizo una reverencia perfecta, de noventa grados, demostrando una educación impecable que dejó a las chicas del salón soltando suspiros de ternura.
—Mucho gusto en conocerlos —dijo Gohan con una voz suave pero clara—. Mi nombre es Son Gohan. Espero que podamos ser buenos amigos.
Gohan caminó hacia su asiento, pasando justo al lado de Issei. En ese instante, el joven demonio sintió un escalofrío que le recorrió la columna vertebral. No era miedo, era algo más primario. Fue como si, por un segundo, un volcán en erupción hubiera pasado a su lado, pero contenido dentro de una pequeña botella de cristal.
"¿Qué fue eso?", pensó Issei, sudando frío. "Ddraig, ¿sentiste eso?".
—*Compañero... mantente alerta* —la voz profunda del Dragón Galés resonó en su mente—. *Ese niño... no es un humano ordinario. Su energía es... inmensa. Nunca he sentido nada parecido. No es magia, es algo más puro y devastador.*
Mientras tanto, en lo alto de la vieja escuela, en el club de Investigación de lo Oculto, una mujer de cabello carmesí observaba la escena a través de la ventana. Rias Gremory, la heredera del clan Gremory, tenía el ceño fruncido. A su lado, Akeno Himejima, su reina, servía el té con su elegancia habitual, aunque sus ojos violetas también mostraban una chispa de inquietud.
—¿Tú también lo sientes, Akeno? —preguntó Rias sin apartar la vista del patio donde Gohan caminaba hacia el edificio principal.
—Es difícil ignorarlo, presidenta —respondió Akeno, dejando la tetera sobre la mesa—. Es como si una estrella pequeña estuviera caminando por los pasillos. Cada vez que ese niño se pone nervioso o se emociona, el aire vibra. Las barreras de la academia están reaccionando a su sola presencia.
Rias cruzó los brazos, pensativa. Como demonio de clase alta, su instinto le decía que ese joven, Son Gohan, era una anomalía. No emitía rastro de luz celestial, por lo que no era un ángel, ni tampoco la malicia de un ángel caído.
—Koneko —llamó Rias.
De las sombras del sofá, la pequeña Nekomata apareció, mordisqueando una barra de chocolate. Su expresión, usualmente apática, estaba marcada por una tensión evidente. Sus orejas, aunque ocultas, se movían bajo su cabello blanco.
—Es fuerte —dijo Koneko de forma escueta—. Su cuerpo... está entrenado a un nivel absurdo. Sus músculos están en perfecta armonía. Si él quisiera, podría derribar este edificio de un solo golpe físico.
Rias suspiró, sintiendo una mezcla de curiosidad y responsabilidad. Si un ser de ese calibre estaba en su territorio, debía saber quién era y cuáles eran sus intenciones.
—Debemos invitarlo al club después de clases —sentenció Rias—. Si es una amenaza, debemos saberlo. Pero si es un aliado... un poder así cambiaría las reglas del juego para el clan Gremory.
El día transcurrió de manera extraña para Gohan. Trató de pasar desapercibido, pero ser un niño de doce años en una clase de adolescentes de diecisiete no ayudaba mucho. Además, su madre, Milk, había sido muy clara: "¡Gohan, nada de peleas, nada de volar y, por el amor de Dios, saca las mejores notas!". El pequeño Saiyajin suspiró mientras resolvía ecuaciones diferenciales en la pizarra con una velocidad que dejó al profesor boquiabierto.
Al terminar las clases, Gohan guardaba sus libros cuando sintió que alguien se acercaba. Era Issei, acompañado por la amable Asia.
—¡Oye, Gohan-kun! —exclamó Issei, tratando de sonar casual—. Soy Issei Hyoudou. Ella es Asia. Nos preguntábamos si te gustaría acompañarnos. Alguien importante quiere conocerte.
Gohan se rascó la nuca, un gesto heredado de su padre.
—Ah, hola Issei-san, Asia-san. Mucho gusto. Bueno... no tengo planes, pero mi mamá me dijo que volviera temprano para estudiar...
—¡Solo será un momento! —insistió Issei, sintiendo la presión de la orden de Rias—. Es en el edificio antiguo. Hay té y galletas.
La palabra "galletas" pareció relajar un poco a Gohan. Después de todo, seguía siendo un niño con un apetito de Saiyajin.
—Está bien, supongo que un rato no hará daño.
Caminaron hacia la sede del club de Investigación de lo Oculto. A medida que se acercaban, Gohan frunció ligeramente el ceño. Podía sentir las energías en el edificio. Eran oscuras, pero no necesariamente malvadas. Recordó lo que su padre y el señor Piccolo le habían enseñado sobre sentir el ki.
"Hay tres... no, cuatro personas allá adentro", pensó Gohan. "Sus energías son diferentes a las de los humanos. Son similares a las del señor Piccolo, pero con un matiz más... frío".
Al entrar al club, el ambiente cambió. El olor a té de rosas y madera antigua inundó sus sentidos. Rias Gremory estaba sentada en su escritorio, con la autoridad de una reina. Akeno estaba a su lado, y Koneko sentada en el sofá, observándolo fijamente.
—Bienvenido, Son Gohan —dijo Rias con una sonrisa que pretendía ser acogedora, pero que no ocultaba su escrutinio—. Por favor, toma asiento.
Gohan se sentó, sintiéndose un poco pequeño en el gran sofá. Akeno le sirvió una taza de té y un plato de galletas, que el niño aceptó con un agradecimiento educado.
—Supongo que te preguntarás por qué te hemos llamado —comenzó Rias, entrelazando sus dedos—. No andaré con rodeos. Este no es un club ordinario, y nosotros no somos estudiantes normales. Somos demonios.
Gohan dejó la taza de té en la mesa con cuidado. Para sorpresa de todos, no se asustó. No gritó ni intentó huir. Simplemente asintió con la cabeza, manteniendo su expresión serena.
—Lo sabía —dijo Gohan suavemente—. Su energía es muy distinta. Aunque no sabía que se llamaban demonios. En mi mundo, he conocido a seres muy extraños, así que esto no me sorprende tanto.
Rias intercambió una mirada de asombro con Akeno.
—¿Tu mundo? —preguntó Akeno con curiosidad—. ¿A qué te refieres con eso, Gohan-kun?
Gohan dudó un momento. Recordó las advertencias de su madre sobre no hablar de sus poderes, pero también recordó lo que su padre decía sobre la honestidad y el instinto. Estos "demonios" no parecían malas personas; de hecho, sentía una gran lealtad entre ellos.
—Vengo de un lugar donde la gente lucha para proteger la Tierra —explicó Gohan—. Mi padre es un guerrero, y yo también he tenido que pelear. No soy un humano común. Soy un híbrido. Mi padre es un Saiyajin, una raza de guerreros del espacio, y mi madre es humana.
Un silencio sepulcral cayó sobre la habitación. Issei abrió la boca tanto que casi toca el suelo. ¿Alienígenas? ¿Guerreros espaciales? Eso superaba cualquier fantasía que hubiera tenido.
—¿Saiyajin? —repitió Rias, procesando la información—. Nunca he oído hablar de esa raza en los registros del Inframundo. Sin embargo... hace poco, mi hermano, Sirzechs, el actual Lucifer, mencionó una perturbación en el tejido de la realidad. Habló de leyendas sobre guerreros de cabello dorado que podían destruir planetas.
Gohan bajó la mirada, un poco triste.
—Mi padre es uno de ellos. Él es Son Goku. Él es... muy fuerte.
Rias sintió un escalofrío. El nombre "Goku" no le decía nada, pero la mención de "destruir planetas" la hizo palidecer. En el mundo sobrenatural, incluso los diez seres más poderosos del mundo tenían límites. ¿Un guerrero que destruye planetas? Era una escala de poder cósmica.
—Gohan —dijo Rias, levantándose y caminando hacia él—. Si lo que dices es cierto, tu presencia aquí es más importante de lo que imaginaba. Pero, ¿por qué estás en una escuela? ¿Por qué ocultas tu poder?
—Porque quiero ser un gran investigador —respondió Gohan con sinceridad—. Y porque mi mamá dice que el mundo está en paz ahora y que debo estudiar. No me gusta pelear... a menos que sea para proteger a alguien.
Koneko, que había estado callada, se levantó y se acercó a Gohan. Se detuvo a pocos centímetros de él y lo miró a los ojos. Gohan no retrocedió.
—Demuéstralo —dijo Koneko—. Tu energía. Está ahí, pero está dormida. Quiero verla.
Gohan miró a Rias, quien asintió con curiosidad.
—Está bien —dijo el niño, poniéndose de pie—. Pero por favor, no se asusten. Intentaré liberar solo un poco.
Gohan cerró los ojos y separó ligeramente los pies. Respiró profundamente, concentrándose en el centro de su ser. De repente, la temperatura de la habitación subió drásticamente. Las ventanas empezaron a vibrar rítmicamente, como si un corazón gigante estuviera latiendo debajo del edificio.
—¡Haaaaa! —un rugido corto salió de la garganta de Gohan.
En un instante, un aura blanca y transparente estalló alrededor de su cuerpo, tan densa que parecía sólida. El viento generado por la energía lanzó los papeles del club por los aires y obligó a Issei y Asia a cubrirse el rostro. La presión era asfixiante; era como si la gravedad se hubiera multiplicado por diez.
Rias y Akeno tuvieron que usar su poder demoníaco solo para mantenerse en pie. No era magia, era pura fuerza vital, pura voluntad convertida en energía.
—Es... increíble —susurró Rias, con los ojos muy abiertos—. Es como si el universo mismo estuviera gritando.
Gohan relajó su postura y el aura desapareció de inmediato. El silencio que siguió fue casi doloroso. El niño volvió a su estado tímido, rascándose la cabeza y pidiendo disculpas por el desorden.
—Lo siento, es difícil controlarlo cuando trato de mostrarlo así —dijo Gohan apenado.
Rias se acercó a él, pero esta vez no lo veía como un estudiante o una curiosidad. Lo veía con un respeto profundo, casi con reverencia.
—Gohan, no tienes por qué disculparte —dijo Rias, poniendo una mano en su hombro—. Eres extraordinario. No sé qué destino te trajo a Kuoh, pero me alegra que estés aquí.
Sin embargo, la calma no duraría mucho. Un círculo mágico con el emblema de un fénix apareció en medio de la sala. De las llamas, emergió un hombre de cabello rubio, vestido con un traje elegante y una expresión de arrogancia suprema.
—Vaya, vaya, Rias —dijo el hombre, mirando a su alrededor con desprecio—. Así que aquí es donde te escondes, rodeada de basura y... ¿un niño?
Rias se tensó de inmediato, sus ojos brillando con una furia carmesí.
—Raiser Phenex —dijo ella con voz gélida—. No eres bienvenido aquí.
Gohan observó al recién llegado. Podía sentir una energía ardiente y desagradable emanando de él. Raiser, por su parte, ni siquiera se dignó a mirar a Gohan con seriedad.
—He venido a recordarte nuestro compromiso, mi querida prometida —dijo Raiser, soltando una carcajada—. No puedes huir de tu destino. Eres mía, y no hay nada que estos demonios de clase baja puedan hacer para evitarlo.
Issei dio un paso al frente, apretando los puños.
—¡Cállate, maldito! ¡Rias-buchou no le pertenece a nadie!
Raiser simplemente hizo un gesto con la mano y una ráfaga de fuego lanzó a Issei contra la pared. Gohan se movió tan rápido que nadie pudo verlo. En un parpadeo, estaba al lado de Issei, ayudándolo a levantarse.
—¿Estás bien, Issei-san? —preguntó Gohan, su voz ahora tenía un matiz de acero.
—Sí... gracias, Gohan —dijo Issei, tosiendo.
Gohan se volvió hacia Raiser. Sus ojos, que antes eran dulces y timoratos, ahora estaban fijos en el demonio de fuego con una intensidad que hizo que Raiser se estremeciera por un segundo, aunque su orgullo no le permitió admitirlo.
—No deberías golpear a tus amigos —dijo Gohan con calma, pero el aire a su alrededor empezó a chisporrotear.
—¿Y qué vas a hacer tú, mocoso? —se burló Raiser—. Soy un Phenex, soy inmortal. Mis llamas te convertirán en cenizas antes de que puedas pestañear.
Rias se interpuso entre ellos.
—¡Basta, Raiser! —gritó ella—. Si quieres resolver esto, lo haremos de la manera tradicional. ¡Un Rating Game!
Raiser se detuvo, una sonrisa maliciosa cruzando su rostro.
—¿Un Rating Game? ¿Tú y tu séquito de perdedores contra mi nobleza? Acepto. Tienes diez días para prepararte, Rias. Disfruta de tu libertad mientras puedas.
Con un estallido de fuego, Raiser desapareció. La habitación quedó en silencio, pero la tensión era casi tangible. Rias se dejó caer en su silla, ocultando su rostro entre sus manos. Sabía que sus posibilidades eran casi nulas. Su nobleza no tenía la experiencia ni el poder para enfrentar a un veterano como Raiser.
Gohan observó la tristeza de Rias y la frustración de sus nuevos amigos. No entendía del todo las reglas de ese "Rating Game", pero entendía una cosa: sus amigos sufrían por culpa de un abusivo.
—Rias-san —dijo Gohan, atrayendo la atención de todos—. No sé mucho de juegos, pero sé mucho de entrenamiento. Mi padre siempre dice que nadie es invencible si te esfuerzas lo suficiente.
Rias levantó la vista, encontrándose con la mirada decidida del joven Saiyajin.
—Gohan, Raiser es un demonio de clase alta... su capacidad de regeneración es absoluta —explicó Rias con desánimo.
—El señor Piccolo siempre decía que no importa si alguien puede regenerarse, solo tienes que golpearlo con una fuerza que no pueda regenerar —respondió Gohan con una lógica simple pero aplastante—. Si me lo permiten... me gustaría ayudarlos. Y creo que mi padre también querría ayudar.
—¿Tu padre? —preguntó Akeno—. ¿El guerrero del que hablaste?
Gohan asintió, su rostro iluminándose con una sonrisa.
—Sí. Él es el mejor maestro del mundo. Si él los entrena, ese señor del fuego no tendrá ninguna oportunidad.
En ese momento, una presencia masiva se sintió fuera del edificio. No era hostil, era... cálida, vibrante y llena de una alegría contagiosa. Gohan corrió hacia la ventana y la abrió de par en par.
—¡Papá! —gritó Gohan con entusiasmo.
Desde el cielo, descendiendo lentamente sobre una nube dorada que dejó a todos en el club sin palabras, apareció un hombre alto, con un traje de combate naranja y un cabello negro aún más alborotado que el de Gohan. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y saludaba con la mano.
—¡Hola, Gohan! —exclamó Son Goku mientras saltaba de la Nube Voladora y entraba por la ventana del club—. Siento llegar tarde, pero me distraje viendo unos árboles frutales muy extraños por el camino. ¡Vaya! ¿Estos son tus nuevos amigos? ¡Mucho gusto! ¡Soy Goku!
Issei, Rias, Akeno, Asia y Koneko se quedaron petrificados. El hombre frente a ellos no parecía un guerrero legendario; parecía un niño grande y despistado. Pero la energía que emanaba de él... era como estar frente al sol mismo.
—Señor Goku... —susurró Rias, sintiendo que el destino de su clan acababa de dar un giro de 180 grados.
Goku se rascó la nuca y miró a Rias.
—Gohan me contó un poco por el camino, algo sobre un tipo que escupe fuego y que es muy presumido. No se preocupen, ¡con un poco de entrenamiento, todos ustedes se volverán increíblemente fuertes! ¡Ya quiero empezar!
Koneko se acercó a Goku, mirando fijamente al hombre. Goku se agachó para estar a su altura y le dio unas palmaditas en la cabeza.
—Oye, pequeña, tienes un poder muy interesante escondido ahí dentro. Solo tienes que dejar de tenerle miedo, ¿sabes? —dijo Goku con una sabiduría instintiva que dejó a Koneko sin palabras.
Rias miró a Gohan y luego a Goku. Por primera vez en semanas, sintió una chispa de esperanza. No, no era solo esperanza. Era la certeza de que el mundo sobrenatural estaba a punto de presenciar algo que nunca olvidaría.
—Maestro Goku... Gohan —dijo Rias, haciendo una reverencia—. Por favor, enséñennos. Ayúdennos a proteger a nuestra familia.
Goku sonrió, levantando el pulgar.
—¡Hecho! Pero les advierto... ¡mi entrenamiento es un poco duro! ¡Espero que tengan mucha hambre después!
Gohan rió, sintiéndose finalmente en casa. La Academia Kuoh no iba a ser aburrida, después de todo. Los próximos diez días no solo cambiarían el destino de Rias Gremory, sino que marcarían el comienzo de una nueva era donde el Ki y la magia se entrelazarían para crear leyendas.
Y así, bajo la tutela de los Saiyajin, el Clan Gremory comenzó su camino hacia el despertar de un poder que ni siquiera los dioses del inframundo podrían haber imaginado. La batalla contra Raiser Phenex ya no parecía un final, sino el emocionante comienzo de una gran aventura.
